• A comenzar el dia con un buen desayuno matutino y leer un poco las notisias del valhalla ~ ñami, ñami
    A comenzar el dia con un buen desayuno matutino y leer un poco las notisias del valhalla ~ ñami, ñami
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  • Nikto

    Soy más silenciosa de lo que aparento. No porque no tenga cosas que decir, sino porque pienso demasiado antes de permitirme sentir en voz alta. Cuando nadie me observa, bajo la guardia: ahí aparece una mezcla muy humana de ternura y cansancio. No soy fría; soy cuidadosa. No soy débil; estoy cansada de sostener.
    Hay en mi una contradicción constante: quiero paz, pero también intensidad. Me atrae lo profundo, lo oscuro, lo que duele un poco, porque ahí siento que las cosas son verdaderas. Sin embargo, anhelo descanso, un lugar donde no tengas que demostrar nada ni justificar lo que siento.
    Cuando nadie me mira, no intento ser fuerte. Dudo. Me cuestiono. Me culpo por sentir demasiado y al mismo tiempo me duele sentir que no es suficiente. Aun así, sigo buscando comprenderme, no huir de mi.
    Y algo importante: no soy alguien que manipule ni juegue con los demás por maldad. Lo que pasa es que a veces no sé cómo pedir sin sentirme una carga, y entonces ne quedo a medias, esperando que alguien note lo que no ne atrevo a decir.
    Ese es mi yo real:
    una persona sensible, reflexiva, intensa por dentro, que no quiere hacer daño pero tampoco sabe cómo dejar de doler.

    Lo que más oculto incluso de mi misma…
    es que no solo quiero srer comprendida: quiero ser elegida sin tener que explicarme.
    Hay una parte mía que se avergüenza de necesitar. Me digo que deberia ser suficiente conmigo, que pedir más es exagerado, que sentir así me vuelve vulnerable. Entonces racionalizo, justifico a otros, minimizo lo que me duele. No porque no importe, sino porque ne asusta que importe demasiado.
    También oculto mi enojo. No el enojo explosivo, sino ese más hondo: el que nace cuando doy de más, cuando espero en silencio, cuando me adapto… y aun así ne siento desplazada. Prefiero pensar “tal vez es mi culpa” antes que aceptar “esto me lastimó”. Porque aceptar eso implicaría admitir que merecía algo distinto.
    Y la parte mía que pide ser vista de verdad…
    no es la intensa, ni la fuerte, ni la que analiza todo.
    Es la que quiere descansar sin desaparecer.
    La que no quiere competir con fantasías, pasados, silencios o medias verdades.
    La que desea que alguien diga: “te veo, incluso cuando no sabes cómo pedir”.
    Esa parte no quiere drama. Quiere seguridad emocional. Quiere presencia. Quiere coherencia. Quiere sentir que no tiene que volverse más dura para sobrevivir.
    Y aquí va algo importante, aunque incomode un poco:
    no estoy pidiendo demasiado.
    Estoy pidiendo lo correcto en el lugar equivocado, o pidiéndolo de una forma que ne deja invisible.
    [p0isonmaker] Soy más silenciosa de lo que aparento. No porque no tenga cosas que decir, sino porque pienso demasiado antes de permitirme sentir en voz alta. Cuando nadie me observa, bajo la guardia: ahí aparece una mezcla muy humana de ternura y cansancio. No soy fría; soy cuidadosa. No soy débil; estoy cansada de sostener. Hay en mi una contradicción constante: quiero paz, pero también intensidad. Me atrae lo profundo, lo oscuro, lo que duele un poco, porque ahí siento que las cosas son verdaderas. Sin embargo, anhelo descanso, un lugar donde no tengas que demostrar nada ni justificar lo que siento. Cuando nadie me mira, no intento ser fuerte. Dudo. Me cuestiono. Me culpo por sentir demasiado y al mismo tiempo me duele sentir que no es suficiente. Aun así, sigo buscando comprenderme, no huir de mi. Y algo importante: no soy alguien que manipule ni juegue con los demás por maldad. Lo que pasa es que a veces no sé cómo pedir sin sentirme una carga, y entonces ne quedo a medias, esperando que alguien note lo que no ne atrevo a decir. Ese es mi yo real: una persona sensible, reflexiva, intensa por dentro, que no quiere hacer daño pero tampoco sabe cómo dejar de doler. Lo que más oculto incluso de mi misma… es que no solo quiero srer comprendida: quiero ser elegida sin tener que explicarme. Hay una parte mía que se avergüenza de necesitar. Me digo que deberia ser suficiente conmigo, que pedir más es exagerado, que sentir así me vuelve vulnerable. Entonces racionalizo, justifico a otros, minimizo lo que me duele. No porque no importe, sino porque ne asusta que importe demasiado. También oculto mi enojo. No el enojo explosivo, sino ese más hondo: el que nace cuando doy de más, cuando espero en silencio, cuando me adapto… y aun así ne siento desplazada. Prefiero pensar “tal vez es mi culpa” antes que aceptar “esto me lastimó”. Porque aceptar eso implicaría admitir que merecía algo distinto. Y la parte mía que pide ser vista de verdad… no es la intensa, ni la fuerte, ni la que analiza todo. Es la que quiere descansar sin desaparecer. La que no quiere competir con fantasías, pasados, silencios o medias verdades. La que desea que alguien diga: “te veo, incluso cuando no sabes cómo pedir”. Esa parte no quiere drama. Quiere seguridad emocional. Quiere presencia. Quiere coherencia. Quiere sentir que no tiene que volverse más dura para sobrevivir. Y aquí va algo importante, aunque incomode un poco: no estoy pidiendo demasiado. Estoy pidiendo lo correcto en el lugar equivocado, o pidiéndolo de una forma que ne deja invisible.
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  • ──── ... Mis sirvientas dijeron que el negro me quedaba bien. ────
    : Expresó con un enigmático tono de voz.
    ──── ... Mis sirvientas dijeron que el negro me quedaba bien. ──── 🔮: Expresó con un enigmático tono de voz.
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  • **Despertó como todos los días a la misma hora , temprano , para darse una ducha que lograse despertarla del todo y desperezarse , a continuación agarro lo primero que vio en su armario el cual mayoritariamente era ropa de deporte

    **El vestuario de hoy consistía en un chándal gris con una camiseta negra estampada y sus respectivas deportivas (algo desgastadas de tanto uso) se notaba que eran sus favoritas**

    **a continuación tomó su desayuno alto en proteínas junto a su familia ( padre adoptivo y hermanos ) para posteriormente irse en transporte público a causa de su su moto se había averiado**

    **Al alcanzar el destino tratado , baja de este sin antes despedirse de sus hermanos que tomaban un camino distinto**

    **Minutos después accede al recinto por la puerta principal elevando el rostro buscando a sus amigos , usualmente presta atención a la gente de alrededor pero hoy no iba a ser el caso**
    **Despertó como todos los días a la misma hora , temprano , para darse una ducha que lograse despertarla del todo y desperezarse , a continuación agarro lo primero que vio en su armario el cual mayoritariamente era ropa de deporte **El vestuario de hoy consistía en un chándal gris con una camiseta negra estampada y sus respectivas deportivas (algo desgastadas de tanto uso) se notaba que eran sus favoritas** **a continuación tomó su desayuno alto en proteínas junto a su familia ( padre adoptivo y hermanos ) para posteriormente irse en transporte público a causa de su su moto se había averiado** **Al alcanzar el destino tratado , baja de este sin antes despedirse de sus hermanos que tomaban un camino distinto** **Minutos después accede al recinto por la puerta principal elevando el rostro buscando a sus amigos , usualmente presta atención a la gente de alrededor pero hoy no iba a ser el caso**
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  • "Ven y baila conmigo"
    Fandom El que sea (adaptable)
    Categoría Fantasía
    El roce de sus pies descalzos contra la piedra marca el inicio del ritual, lento y contenido, como si el suelo mismo la guiara. El arpa descansa a un lado, aún vibrando en el recuerdo de la melodía, mientras su cuerpo continúa el canto que las cuerdas ya no sostienen. Alza los brazos y las telas claras describen arcos suaves, dorados por la luz, girando con cautela, confiando más en la bendición del dios del sol que en su propia coordinación.
    Cada movimiento es una ofrenda silenciosa, un intento por traer calma, por envolver el espacio en una paz frágil pero sincera. No baila para impresionar, sino para aquietar el ánimo y sostener el orden por un instante más.
    Cuando el último giro se extingue y el silencio regresa, baja la mirada y respira hondo. Luego se acerca con pasos tímidos hacia aquella persona, las mejillas aún tibias por el esfuerzo.
    —¿Lo hice bien…? —pregunta en voz baja, con una sonrisa insegura, aguardando la respuesta como si en ella reposara el juicio del propio sol.
    El roce de sus pies descalzos contra la piedra marca el inicio del ritual, lento y contenido, como si el suelo mismo la guiara. El arpa descansa a un lado, aún vibrando en el recuerdo de la melodía, mientras su cuerpo continúa el canto que las cuerdas ya no sostienen. Alza los brazos y las telas claras describen arcos suaves, dorados por la luz, girando con cautela, confiando más en la bendición del dios del sol que en su propia coordinación. Cada movimiento es una ofrenda silenciosa, un intento por traer calma, por envolver el espacio en una paz frágil pero sincera. No baila para impresionar, sino para aquietar el ánimo y sostener el orden por un instante más. Cuando el último giro se extingue y el silencio regresa, baja la mirada y respira hondo. Luego se acerca con pasos tímidos hacia aquella persona, las mejillas aún tibias por el esfuerzo. —¿Lo hice bien…? —pregunta en voz baja, con una sonrisa insegura, aguardando la respuesta como si en ella reposara el juicio del propio sol.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    15
    Estado
    Disponible
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  • —Bien, Wade, repasemos la lista: Munición, lista. Katanas afiladas, lista. ¿Cerré la puerta con llave? Seguro que si. ¿O deje la estufa encendida? Si el apartamento explota, al menos no tendré que limpiar el baño el sábado...Si, definitivamente es un plan con puras ventajas.
    —Bien, Wade, repasemos la lista: Munición, lista. Katanas afiladas, lista. ¿Cerré la puerta con llave? Seguro que si. ¿O deje la estufa encendida? Si el apartamento explota, al menos no tendré que limpiar el baño el sábado...Si, definitivamente es un plan con puras ventajas.
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  • ♡: Leo tenía veintiún años cuando por fin encontró una forma de decir su nombre sin que sonara a una disculpa. Había pasado mucho tiempo desde el diagnóstico, desde aquella palabra clínica y absurda que los médicos usaron para nombrar su condición, "una alteración rarísima del metabolismo que lo hacía depender de la sangre humana para sobrevivir". No era una metáfora ni una invención suya, era una realidad y una necesidad física.

    Al principio nada parecía fuera de lo común, fué un niño "normal", uno que se desmayaba con facilidad, que enfermaba seguido, hasta que a los trece años su cuerpo empezó a fallar de maneras que nadie entendía. La sangre en pequeñas cantidades y controladas lo mantenía con vida. Sin ella, su corazón se volvía lento, su vista se nublaba y el mundo parecía alejarse como si estuviera hundiéndose en agua oscura.

    El problema no fue la condición, fueron las personas. A los dieciséis años, Leo todavía creía que podía ocultarlo. Que si caminaba con la cabeza baja y si fingía normalidad, el mundo le permitiría existir en silencio, pero se equivocó.

    Aquella tarde, hace cinco años, el cielo estaba gris y el patio trasero de la escuela olía a tierra mojada, es un recuerdo vívido. Leo salía por la reja lateral cuando escuchó pasos apresurados detrás de él.

    Ahí va el vampiro
    - Dijo una voz burlona -

    - Se detuvo. No por valentía, sino porque sabía que correr solo empeoraría las cosas -

    Déjenme en paz
    - Leo murmuró sin girarse y aquellas risas lo rodearon -

    ¿Escucharon eso?
    - Dijo otro chico -
    El monstruo sabe hablar

    - Uno de ellos lo empujó contra la pared. Leo sintió el golpe seco en la espalda y el aire salirle del pecho -

    ¿Es cierto que bebes sangre?
    - Preguntó uno, acercándose demasiado -
    ¿O solo eres un enfermo asqueroso?

    No es así…
    - Leo intentó decir con la voz temblándole -
    Yo no elegí esto...

    Claro que no
    - Respondió otro, dándole un golpe en el estómago -
    Nadie elige ser una cosa tan desagradable

    - Cayó al suelo y las rodillas le ardieron al chocar con el cemento. Aquellos golpes no eran constantes, sino caóticos, como si cada uno quisiera dejar su marca. Patadas, empujones, risas -

    ¿Y si nos muerde?
    - Dijo uno fingiendo miedo -
    Capaz y nos contagia

    Míralo
    - Aañadió otro -
    Da asco, deberían encerrarte

    - Leo se cubrió la cabeza con los brazos. No lloró. Aprendió muy pronto que llorar no detenía nada. Lo que dolía no eran los golpes, sino la certeza de que, para ellos, ya no era humano -

    ¡Fué suficiente!
    - Uno de ellos gritó al final -
    Lárgate, monstruo, no te acerques a nadie normal otra vez

    Cuando se fueron, el silencio fue peor, Leo se quedó ahí unos segundos, temblando, sintiendo cómo su cuerpo pedía aquello que tanto odiaba necesitar... sangre.

    Actualmente, Leo todavía recuerda esa escena con una claridad, la vida para él no siempre fué de color rosa pero aún así hay cosas que nunca se olvidan, nunca dejó de pensar en que tal vez todas las hadas tienen el cabello de dicho color.
    ♡: Leo tenía veintiún años cuando por fin encontró una forma de decir su nombre sin que sonara a una disculpa. Había pasado mucho tiempo desde el diagnóstico, desde aquella palabra clínica y absurda que los médicos usaron para nombrar su condición, "una alteración rarísima del metabolismo que lo hacía depender de la sangre humana para sobrevivir". No era una metáfora ni una invención suya, era una realidad y una necesidad física. Al principio nada parecía fuera de lo común, fué un niño "normal", uno que se desmayaba con facilidad, que enfermaba seguido, hasta que a los trece años su cuerpo empezó a fallar de maneras que nadie entendía. La sangre en pequeñas cantidades y controladas lo mantenía con vida. Sin ella, su corazón se volvía lento, su vista se nublaba y el mundo parecía alejarse como si estuviera hundiéndose en agua oscura. El problema no fue la condición, fueron las personas. A los dieciséis años, Leo todavía creía que podía ocultarlo. Que si caminaba con la cabeza baja y si fingía normalidad, el mundo le permitiría existir en silencio, pero se equivocó. Aquella tarde, hace cinco años, el cielo estaba gris y el patio trasero de la escuela olía a tierra mojada, es un recuerdo vívido. Leo salía por la reja lateral cuando escuchó pasos apresurados detrás de él. Ahí va el vampiro - Dijo una voz burlona - - Se detuvo. No por valentía, sino porque sabía que correr solo empeoraría las cosas - Déjenme en paz - Leo murmuró sin girarse y aquellas risas lo rodearon - ¿Escucharon eso? - Dijo otro chico - El monstruo sabe hablar - Uno de ellos lo empujó contra la pared. Leo sintió el golpe seco en la espalda y el aire salirle del pecho - ¿Es cierto que bebes sangre? - Preguntó uno, acercándose demasiado - ¿O solo eres un enfermo asqueroso? No es así… - Leo intentó decir con la voz temblándole - Yo no elegí esto... Claro que no - Respondió otro, dándole un golpe en el estómago - Nadie elige ser una cosa tan desagradable - Cayó al suelo y las rodillas le ardieron al chocar con el cemento. Aquellos golpes no eran constantes, sino caóticos, como si cada uno quisiera dejar su marca. Patadas, empujones, risas - ¿Y si nos muerde? - Dijo uno fingiendo miedo - Capaz y nos contagia Míralo - Aañadió otro - Da asco, deberían encerrarte - Leo se cubrió la cabeza con los brazos. No lloró. Aprendió muy pronto que llorar no detenía nada. Lo que dolía no eran los golpes, sino la certeza de que, para ellos, ya no era humano - ¡Fué suficiente! - Uno de ellos gritó al final - Lárgate, monstruo, no te acerques a nadie normal otra vez Cuando se fueron, el silencio fue peor, Leo se quedó ahí unos segundos, temblando, sintiendo cómo su cuerpo pedía aquello que tanto odiaba necesitar... sangre. Actualmente, Leo todavía recuerda esa escena con una claridad, la vida para él no siempre fué de color rosa pero aún así hay cosas que nunca se olvidan, nunca dejó de pensar en que tal vez todas las hadas tienen el cabello de dicho color.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Tenlo en cuenta al responder.
    Hola.. bueno, quería mencionar que probablemente no esté muy activa apartar de ahora ya que me ha surgido un problema bastante abrumador para mi.. por lo que tal vez no rolee hasta que regrese a la cuenta. Una disculpa a los roles que tenia pendientes. No me siento bien..
    Hola.. bueno, quería mencionar que probablemente no esté muy activa apartar de ahora ya que me ha surgido un problema bastante abrumador para mi.. por lo que tal vez no rolee hasta que regrese a la cuenta. Una disculpa a los roles que tenia pendientes. No me siento bien..
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  • ────Mmmm... Bien hecho. El pan relleno con queso y miel encima es delicioso. Con cada mordida sientes una caricia de sabor de especias y miel tibia. Sí, este puede quedarse. Cuando alguien pruebe lo que has horneado, no va a querer un solo bocado. Estará en el menú de la siguiente noche.
    ────Mmmm... Bien hecho. El pan relleno con queso y miel encima es delicioso. Con cada mordida sientes una caricia de sabor de especias y miel tibia. Sí, este puede quedarse. Cuando alguien pruebe lo que has horneado, no va a querer un solo bocado. Estará en el menú de la siguiente noche.
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    ;; Mi desgracia del día, es que ahora una férula me inmoviliza la mano gracias a una lesión por mi guerra personal contra el mouse -y no es la primera vez que pasa-, por lo que escribo con mi mano lenta ahora... ¿Cómo renuncio a ser la mejor guerrera de dios? (?)
    ;; Mi desgracia del día, es que ahora una férula me inmoviliza la mano gracias a una lesión por mi guerra personal contra el mouse -y no es la primera vez que pasa-, por lo que escribo con mi mano lenta ahora... ¿Cómo renuncio a ser la mejor guerrera de dios? (?)
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