• La hija del presidente, Irina, queda bajo la estricta protección de Jacob, un militar y guardaespaldas frío, disciplinado e implacable, al que ella apoda “estatua” por su falta de emociones aparentes. Desde el principio su relación es tensa: Irina ansía libertad y se rebela constantemente, mientras que Jacob, atado por su deber profesional y por el chantaje del presidente —que amenaza con destruir su carrera si algo le ocurre a su hija—, no puede permitirse ceder. Durante más de un año viven un continuo tira y afloja: ella lo manipula para escaparse, él quiere creerla y dejarla vivir, pero siempre termina encontrándola y trayéndola de vuelta.

    Con el tiempo, esa convivencia forzada va transformándose. Empiezan a verse con otros ojos, a respetarse y a comprenderse. Jacob no solo la protege físicamente, sino que también empieza a hacerlo emocionalmente, enfrentándose incluso al cruel y manipulador padre de Irina, aunque eso implique amenazas directas hacia él. Lo que comienza como una obligación se convierte en una relación prohibida, intensa y secreta.

    En Navidad, Jacob consigue que el presidente permita que Irina se vaya unos días con la princesa de Noruega, aunque en realidad ambos se esconden juntos en un barco para vivir su relación lejos de miradas y controles. Sin embargo, la frágil calma se rompe cuando una noticia sacude el mundo: el padre de Irina ha capturado a otro presidente, rompiendo tratados de paz y provocando una grave crisis internacional. La brutalidad de su padre despierta en Irina un profundo miedo y un estado de disociación; su fachada fuerte se quiebra y deja ver el trauma que arrastra desde siempre.

    Ante el peligro real de represalias, secuestros o incluso el inicio de una guerra, Jacob actúa con rapidez y sangre fría. Desconecta dispositivos, evita comunicaciones rastreables y decide trasladarla a un piso franco, donde ambos podrán desaparecer temporalmente y mantenerse a salvo. Allí, aislados del mundo, seguirán juntos sin saber cuánto tiempo durará el encierro, aunque todo apunta a que será más de un mes.

    En medio del caos político y la amenaza constante del padre, Irina se refugia en Jacob, temblando y llorando por el miedo acumulado, por su madre y por el futuro incierto. Él, firme pero protector, se convierte en su único ancla. Lo que empezó como una misión obligatoria termina siendo una convivencia forzada, peligrosa y profundamente íntima, donde ambos descubren que, incluso en medio del miedo y la guerra, su vínculo es lo único real y seguro que les queda.
    La hija del presidente, Irina, queda bajo la estricta protección de Jacob, un militar y guardaespaldas frío, disciplinado e implacable, al que ella apoda “estatua” por su falta de emociones aparentes. Desde el principio su relación es tensa: Irina ansía libertad y se rebela constantemente, mientras que Jacob, atado por su deber profesional y por el chantaje del presidente —que amenaza con destruir su carrera si algo le ocurre a su hija—, no puede permitirse ceder. Durante más de un año viven un continuo tira y afloja: ella lo manipula para escaparse, él quiere creerla y dejarla vivir, pero siempre termina encontrándola y trayéndola de vuelta. Con el tiempo, esa convivencia forzada va transformándose. Empiezan a verse con otros ojos, a respetarse y a comprenderse. Jacob no solo la protege físicamente, sino que también empieza a hacerlo emocionalmente, enfrentándose incluso al cruel y manipulador padre de Irina, aunque eso implique amenazas directas hacia él. Lo que comienza como una obligación se convierte en una relación prohibida, intensa y secreta. En Navidad, Jacob consigue que el presidente permita que Irina se vaya unos días con la princesa de Noruega, aunque en realidad ambos se esconden juntos en un barco para vivir su relación lejos de miradas y controles. Sin embargo, la frágil calma se rompe cuando una noticia sacude el mundo: el padre de Irina ha capturado a otro presidente, rompiendo tratados de paz y provocando una grave crisis internacional. La brutalidad de su padre despierta en Irina un profundo miedo y un estado de disociación; su fachada fuerte se quiebra y deja ver el trauma que arrastra desde siempre. Ante el peligro real de represalias, secuestros o incluso el inicio de una guerra, Jacob actúa con rapidez y sangre fría. Desconecta dispositivos, evita comunicaciones rastreables y decide trasladarla a un piso franco, donde ambos podrán desaparecer temporalmente y mantenerse a salvo. Allí, aislados del mundo, seguirán juntos sin saber cuánto tiempo durará el encierro, aunque todo apunta a que será más de un mes. En medio del caos político y la amenaza constante del padre, Irina se refugia en Jacob, temblando y llorando por el miedo acumulado, por su madre y por el futuro incierto. Él, firme pero protector, se convierte en su único ancla. Lo que empezó como una misión obligatoria termina siendo una convivencia forzada, peligrosa y profundamente íntima, donde ambos descubren que, incluso en medio del miedo y la guerra, su vínculo es lo único real y seguro que les queda.
    0 turnos 0 maullidos
  • En las noches de luna llena bajo al subsuelo.

    Él sigue encerrado, donde nadie se atreve a entrar, castigado por algo que dejó manchas difíciles de borrar.

    Me acerco a la reja, tan cerca como permite el hierro.
    No pregunto nada.

    Solo compruebo que sigue ahí, que respira… y que aún me espera.
    En las noches de luna llena bajo al subsuelo. Él sigue encerrado, donde nadie se atreve a entrar, castigado por algo que dejó manchas difíciles de borrar. Me acerco a la reja, tan cerca como permite el hierro. No pregunto nada. Solo compruebo que sigue ahí, que respira… y que aún me espera.
    Me encocora
    Me gusta
    Me endiabla
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • Ese no eres tu,Eres un rey acua como tal .....
    Ese no eres tu,Eres un rey acua como tal .....
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • La mosca en la nuca
    Categoría Contemporáneo
    El asfalto mojado bajo las ruedas de la motocicleta parecía un espejo oscuro que reflejaba un cielo que no le pertenecía. Alberto apretó el embrague, sintiendo la vibración del motor entre sus muslos como un recordatorio de que, en este mundo, todo era mecánico, tangible y finito. Exactamente como él quería que fuera.

    Había dejado atrás la ciudad hacía tres horas, pero el olor a ozono y azufre —ese rastro invisible que solo los de su clase podían detectar— no se despegaba de su nuca. No era una persecución ruidosa; era una sombra que se alargaba, un susurro entre el viento que le recordaba que la sangre de Belcebú no se limpia con agua, ni se esconde con identidades falsas.

    Se detuvo en una gasolinera olvidada, una mancha de luces de neón parpadeantes en mitad de la carretera nacional. Al bajar de la moto, sus manos temblaron ligeramente. No de miedo, sino de fatiga. Cada vez que usaba su don, cada vez que esa "anomalía" de su linaje brotaba para salvar una vida humana, su rastro en el mapa infernal brillaba como una bengala en la noche.

    «Curar es destruir el orden natural de la decadencia», le decía su ancestro. Alberto escupió a un lado, desafiando a la memoria.

    Entró en el pequeño local, compró un café aguado que sabía a plástico y regresó a su moto. El silencio del lugar era absoluto, roto solo por el clic metálico del motor enfriándose. Fue entonces cuando sintió la vibración en el bolsillo de su chaqueta de cuero.

    Sacó el móvil. No había número de remitente. No había prefijo. Solo un mensaje de texto que iluminó su rostro cansado con una luz blanca y aséptica.

    [Desconocido]: "La podredumbre siempre vuelve a su origen, Alberto. No importa cuántas veces remiendes la carne, el alma sigue teniendo nuestra marca. Mira detrás de ti."

    Alberto no se giró. Bloqueó la pantalla, guardó el teléfono y arrancó la moto de una patada, haciendo que el motor rugiera contra la oscuridad del bosque circundante. Sabía que la tregua se había terminado. Otro mensaje le llegó, pero ésta vez no se trataba de uno hostil:
    El asfalto mojado bajo las ruedas de la motocicleta parecía un espejo oscuro que reflejaba un cielo que no le pertenecía. Alberto apretó el embrague, sintiendo la vibración del motor entre sus muslos como un recordatorio de que, en este mundo, todo era mecánico, tangible y finito. Exactamente como él quería que fuera. Había dejado atrás la ciudad hacía tres horas, pero el olor a ozono y azufre —ese rastro invisible que solo los de su clase podían detectar— no se despegaba de su nuca. No era una persecución ruidosa; era una sombra que se alargaba, un susurro entre el viento que le recordaba que la sangre de Belcebú no se limpia con agua, ni se esconde con identidades falsas. Se detuvo en una gasolinera olvidada, una mancha de luces de neón parpadeantes en mitad de la carretera nacional. Al bajar de la moto, sus manos temblaron ligeramente. No de miedo, sino de fatiga. Cada vez que usaba su don, cada vez que esa "anomalía" de su linaje brotaba para salvar una vida humana, su rastro en el mapa infernal brillaba como una bengala en la noche. «Curar es destruir el orden natural de la decadencia», le decía su ancestro. Alberto escupió a un lado, desafiando a la memoria. Entró en el pequeño local, compró un café aguado que sabía a plástico y regresó a su moto. El silencio del lugar era absoluto, roto solo por el clic metálico del motor enfriándose. Fue entonces cuando sintió la vibración en el bolsillo de su chaqueta de cuero. Sacó el móvil. No había número de remitente. No había prefijo. Solo un mensaje de texto que iluminó su rostro cansado con una luz blanca y aséptica. [Desconocido]: "La podredumbre siempre vuelve a su origen, Alberto. No importa cuántas veces remiendes la carne, el alma sigue teniendo nuestra marca. Mira detrás de ti." Alberto no se giró. Bloqueó la pantalla, guardó el teléfono y arrancó la moto de una patada, haciendo que el motor rugiera contra la oscuridad del bosque circundante. Sabía que la tregua se había terminado. Otro mensaje le llegó, pero ésta vez no se trataba de uno hostil:
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    0 turnos 0 maullidos
  • — Que hermoso es vivir en desesperación y tención, te diré algo... —

    *Habla mientras estira su cuerpo como si se hubiera acabado de levantar de la cama, sus palabras traían algo de heridas que habían sido cerradas con el tiempo*

    — No te creas fuerte por sonreir aunque estés destruido por dentro, eso no lo valora nadie, no por que sean malos, sino por que no les dices por lo que están pasando, es imposible que entiendan algo que no les explicas, ni siquiera los payasos actúan su sonrisa luego de que cierra el circo*

    *Te observa con una ligera sonrisa y mirada suave mientras su cabello blanco ondea en el aire frío*

    — Aunque obviamente no pienso que seas exactamente un payaso, no me mal intérpretes... solo te pido que seas tú y solo tú, no deseo hablar con tu máscara, deseo hablar contigo, si te quitas esa máscara verás quien es tu amigo y quien no, te lo aseguro —

    *Esta relajadamente apoya su cabeza en sus manos detrás mirando al cielo, aunque en realidad sólo está recordando, ni el mismo cielo contiene tanto como su mente, pues este mismo cielo azul no es capaz de pensar ni de sentir*
    — Que hermoso es vivir en desesperación y tención, te diré algo... — *Habla mientras estira su cuerpo como si se hubiera acabado de levantar de la cama, sus palabras traían algo de heridas que habían sido cerradas con el tiempo* — No te creas fuerte por sonreir aunque estés destruido por dentro, eso no lo valora nadie, no por que sean malos, sino por que no les dices por lo que están pasando, es imposible que entiendan algo que no les explicas, ni siquiera los payasos actúan su sonrisa luego de que cierra el circo* *Te observa con una ligera sonrisa y mirada suave mientras su cabello blanco ondea en el aire frío* — Aunque obviamente no pienso que seas exactamente un payaso, no me mal intérpretes... solo te pido que seas tú y solo tú, no deseo hablar con tu máscara, deseo hablar contigo, si te quitas esa máscara verás quien es tu amigo y quien no, te lo aseguro — *Esta relajadamente apoya su cabeza en sus manos detrás mirando al cielo, aunque en realidad sólo está recordando, ni el mismo cielo contiene tanto como su mente, pues este mismo cielo azul no es capaz de pensar ni de sentir*
    Me gusta
    Me encocora
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • Se asoma como de costumbre.

    ──── ¡𝘏𝘦𝘺! ¿𝘔𝘦 𝘭𝘭𝘢𝘮𝘢𝘳𝘰𝘯?. . . ¿𝘕𝘰? ¡𝘖𝘩! 𝘠𝘢 𝘥𝘦𝘣𝘰 𝘵𝘦𝘯𝘦𝘳 𝘱𝘳𝘰𝘣𝘭𝘦𝘮𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘢𝘶𝘥𝘪𝘤𝘪ó𝘯. 𝘓𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘭𝘢𝘴 𝘮𝘰𝘭𝘦𝘴𝘵𝘪𝘢𝘴 𝘺 𝘵𝘦𝘯𝘨𝘢𝘯 𝘣𝘰𝘯𝘪𝘵𝘰 𝘥í𝘢. ──── [?]

    Se vuelve por donde vino.
    Se asoma como de costumbre. ──── ¡𝘏𝘦𝘺! ¿𝘔𝘦 𝘭𝘭𝘢𝘮𝘢𝘳𝘰𝘯?. . . ¿𝘕𝘰? ¡𝘖𝘩! 𝘠𝘢 𝘥𝘦𝘣𝘰 𝘵𝘦𝘯𝘦𝘳 𝘱𝘳𝘰𝘣𝘭𝘦𝘮𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘢𝘶𝘥𝘪𝘤𝘪ó𝘯. 𝘓𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘭𝘢𝘴 𝘮𝘰𝘭𝘦𝘴𝘵𝘪𝘢𝘴 𝘺 𝘵𝘦𝘯𝘨𝘢𝘯 𝘣𝘰𝘯𝘪𝘵𝘰 𝘥í𝘢. ──── [?] Se vuelve por donde vino.
    Me enjaja
    Me gusta
    Me encocora
    Me shockea
    13
    0 turnos 0 maullidos
  • "Aún con tus bracitos de gelatina, cortarle la cabeza a un oni es pan comido, mocosa. ¿No te sientes afortunada de tenerme como tu acompañante? ¡Jah!"

    - S-Sólo intenta no manchar la ropa de sangre tanto esta vez...
    "Aún con tus bracitos de gelatina, cortarle la cabeza a un oni es pan comido, mocosa. ¿No te sientes afortunada de tenerme como tu acompañante? ¡Jah!" - S-Sólo intenta no manchar la ropa de sangre tanto esta vez...
    Me gusta
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • **Era una noche clara donde la luna iluminaba en su totalidad el cielo, la Kryptoniana decidió pasar un tiempo en el balcón de aquella habitación. Como era costumbre...el sueño no hizo acto de presencia para ella por lo que prefirió pasar un momento en contemplar las estrellas disfrutando de la fresca brisa.**
    **Era una noche clara donde la luna iluminaba en su totalidad el cielo, la Kryptoniana decidió pasar un tiempo en el balcón de aquella habitación. Como era costumbre...el sueño no hizo acto de presencia para ella por lo que prefirió pasar un momento en contemplar las estrellas disfrutando de la fresca brisa.**
    Me encocora
    Me gusta
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • Su mirada fija en su muñeca dorada, ortopédica, fijando su atención en una decoración que hasta hacía no mucho había portado pero que ahora misteriosamente había desaparecido; la aureola de Adán. Estaba segura, recordaba perfectamente, cómo aquel día que lo dió por muerto había tomado aquel halo de su cabeza antes de dar la orden de retirada al resto de exterminadoras. Un halo que hasta entonces había adornado su muñeca como un recordatorio constante de su ausencia en el que había buscado consuelo incontables veces al tocarlo cuando su corazón dolía demasiado.

    ¿Adán tendría razón? ¿Sería acaso que todo había sido una pesadilla? Sin embargo, allí estaba la prueba de la batalla en su brazo faltante. La pelea que había tenido lugar en el hotel de la princesita infernal y que le había arrancado una extremidad a manos de su patética novia.
    Además, estaba su pesar que era tan real como la vida misma pues jamás podría olvidar el momento cuando, sosteniéndolo en brazos, Adán se desvaneció frente a ella tan solo sonriéndole una última vez antes de cerrar sus ojos. Había visto su sangre dorada y se había manchado con ella. Sera también había admitido su muerte tras poner al inútil de su hijo en su lugar... Uno que parecía haber invocado. Pues, sin ver el camino por el que iba, acabó por chocar contra alguien, levantando la mirada con ceño fruncido.

    — Ugh... —

    Fue lo primero que soltó, su rostro denotando irritación al ver que, precisamente, se trataba de 𝑨𝒃𝒆𝒍 𝑨𝒅𝒂𝒏𝒔 𝑺𝒆𝒄𝒐𝒏𝒅 𝑺𝒐𝒏 , a su lado, un desconocido que no reconoció (Maximilian ).
    Lo único que impidió que se cruzara de brazos con espada erguida era que, en su única mano buena, aún llevaba su espada. Así que, limitándose a chasquear la lengua continuó su camino no sin antes golpearlo con el hombro de forma deliberada.

    — No molestes, inútil —

    Siseó por lo bajo al pasar por su lado, por supuesto, ignorando de forma adrede al otro ángel que no reconoció
    Su mirada fija en su muñeca dorada, ortopédica, fijando su atención en una decoración que hasta hacía no mucho había portado pero que ahora misteriosamente había desaparecido; la aureola de Adán. Estaba segura, recordaba perfectamente, cómo aquel día que lo dió por muerto había tomado aquel halo de su cabeza antes de dar la orden de retirada al resto de exterminadoras. Un halo que hasta entonces había adornado su muñeca como un recordatorio constante de su ausencia en el que había buscado consuelo incontables veces al tocarlo cuando su corazón dolía demasiado. ¿Adán tendría razón? ¿Sería acaso que todo había sido una pesadilla? Sin embargo, allí estaba la prueba de la batalla en su brazo faltante. La pelea que había tenido lugar en el hotel de la princesita infernal y que le había arrancado una extremidad a manos de su patética novia. Además, estaba su pesar que era tan real como la vida misma pues jamás podría olvidar el momento cuando, sosteniéndolo en brazos, Adán se desvaneció frente a ella tan solo sonriéndole una última vez antes de cerrar sus ojos. Había visto su sangre dorada y se había manchado con ella. Sera también había admitido su muerte tras poner al inútil de su hijo en su lugar... Uno que parecía haber invocado. Pues, sin ver el camino por el que iba, acabó por chocar contra alguien, levantando la mirada con ceño fruncido. — Ugh... — Fue lo primero que soltó, su rostro denotando irritación al ver que, precisamente, se trataba de [Adans_Least_Favorite_Son], a su lado, un desconocido que no reconoció ([Maxi8]). Lo único que impidió que se cruzara de brazos con espada erguida era que, en su única mano buena, aún llevaba su espada. Así que, limitándose a chasquear la lengua continuó su camino no sin antes golpearlo con el hombro de forma deliberada. — No molestes, inútil — Siseó por lo bajo al pasar por su lado, por supuesto, ignorando de forma adrede al otro ángel que no reconoció
    Me gusta
    Me shockea
    4
    1 turno 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    No se que imagen de infante subi
    Porque no eh subido ninguna, si es una de Belle es era una versión chibi
    Y si es por esta, este pequeño rs lo un Bangbu, es un ser mecánico
    Sería como un furby pero con inteligencia.

    ¿Podria quitarme la sanción que fue inmerecida?
    Por favor
    No se que imagen de infante subi Porque no eh subido ninguna, si es una de Belle es era una versión chibi Y si es por esta, este pequeño rs lo un Bangbu, es un ser mecánico Sería como un furby pero con inteligencia. ¿Podria quitarme la sanción que fue inmerecida? Por favor
    Pobrecito... Tranquilo, enseguida te ayudo.
    Me shockea
    Me entristece
    2
    0 comentarios 0 compartidos
Ver más resultados
Patrocinados