• El Juicio del Purgador
    Fandom Oc
    Categoría Acción
    Zelk Hagok💧

    *Estaba esposado mágicamente con grilletes sobrenaturales en los pies y manos para no poder escapar, sin embargo, el mayor peso que llevaba en el alma, era el haber decepcionado a Bianca Bianca Auditore y a Shane Shane Miller. Quizás ya no me verían nunca más a los ojos. Quizás ya no las vuelva a ver. Quizás sus vidas serían mejor sin mi presencia, ya que solo les traigo problemas. Incluso hasta mi mente me traiciona con esos pensamientos.*

    *En ese momento, después de eones, volvía a aquella palestra, a aquel campo de batalla Verbal donde en antaño se tomaban las desiciones de como se debía moldear el universo, aún vacío, solamente la energía incesante de los 5 soles que rigen el poder como estrellas insaciables ante el cosmos.*

    *Aún con la cabeza baja observé la vieja sala de Reuniones, y a pesar de todo, no pude evitar soltar cierto sarcasmo.*

    "Parece que aún no te encuentras con el resto Dromar....."
    [Zelkhagok01] *Estaba esposado mágicamente con grilletes sobrenaturales en los pies y manos para no poder escapar, sin embargo, el mayor peso que llevaba en el alma, era el haber decepcionado a Bianca [Freaky_Ghost_Ovni_531] y a Shane [ShaneMiller2000]. Quizás ya no me verían nunca más a los ojos. Quizás ya no las vuelva a ver. Quizás sus vidas serían mejor sin mi presencia, ya que solo les traigo problemas. Incluso hasta mi mente me traiciona con esos pensamientos.* *En ese momento, después de eones, volvía a aquella palestra, a aquel campo de batalla Verbal donde en antaño se tomaban las desiciones de como se debía moldear el universo, aún vacío, solamente la energía incesante de los 5 soles que rigen el poder como estrellas insaciables ante el cosmos.* *Aún con la cabeza baja observé la vieja sala de Reuniones, y a pesar de todo, no pude evitar soltar cierto sarcasmo.* "Parece que aún no te encuentras con el resto Dromar....."
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  • Hay muchas cosas que pueden parecer pasadas de moda, pero en realidad son un recuerdo de lo más romántico. Por ejemplo, hacerse no una, si no dos sesiones de fotos de fotomatón seguidas. Y, por otro, llevar una tira de fotos en el parasol del coche. Pero ver la tira de fotos algo avejentada a causa del polvo y el demasiado uso del parasol todos los dias en el impala de Dean Winchester hace que me sienta... no sé, parte real de su mundo.

    No ha sido facil amoldar nuestros dos universos... Por supuesto que no. Ha costado trabajo.

    ¿Sobrenatural y humano? ¿Tríbrida y cazador? Cualquiera diría que hay material para sitcom, o para película de drama de Hallmark. Pero para nosotros funciona. A pesar de lo tercos que somos (los dos), a pesar de la innumerable cantidad de veces que nos sacamos de quicio, a pesar de lo mucho que el otro puede frustrarnos a veces.... funciona. Porque le quiero. Y porque me quiere.
    Hay muchas cosas que pueden parecer pasadas de moda, pero en realidad son un recuerdo de lo más romántico. Por ejemplo, hacerse no una, si no dos sesiones de fotos de fotomatón seguidas. Y, por otro, llevar una tira de fotos en el parasol del coche. Pero ver la tira de fotos algo avejentada a causa del polvo y el demasiado uso del parasol todos los dias en el impala de [BxbyDriver] hace que me sienta... no sé, parte real de su mundo. No ha sido facil amoldar nuestros dos universos... Por supuesto que no. Ha costado trabajo. ¿Sobrenatural y humano? ¿Tríbrida y cazador? Cualquiera diría que hay material para sitcom, o para película de drama de Hallmark. Pero para nosotros funciona. A pesar de lo tercos que somos (los dos), a pesar de la innumerable cantidad de veces que nos sacamos de quicio, a pesar de lo mucho que el otro puede frustrarnos a veces.... funciona. Porque le quiero. Y porque me quiere.
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  • Jamás se había caracterizado por ser un médico petulante, ni había abusado de su autoridad frente a sus colegas, a pesar del abrumador peso que suponía ostentar la Jefatura de Cirugía a su edad. Poseía la facultad de delegar el trabajo, pero su estoica devoción siempre lo empujaba a colocarse en la primera línea de los casos más críticos.

    Hacía todo lo humana y científicamente posible. El noventa por ciento de sus intervenciones culminaba en éxito, desafiando a menudo las nefastas estadísticas... Elias se desvivía por ser un cirujano de excelencia, un buen hombre, un ser humano competente. ¿Entonces por qué? ¿Por qué el universo se ensañaba con él? ¿Por qué siempre era su rostro el que recibía el repudio y la furia de las familias cuando la muerte ganaba la partida?

    El impacto lo había derribado contra el frío linóleo del pasillo, y el latido punzante en el centro de su rostro le advertía que, muy probablemente, le habían fracturado la nariz. Estaba aturdido. La sangre caliente comenzaba a resbalar por su labio superior mientras escuchaba, como si estuviera sumergido bajo el agua, los alaridos rotos y las preguntas incriminatorias del hombre enfurecido frente a él. ¿Por qué su hija no había salido viva del quirófano?

    Elias también anhelaba saberlo. Había seguido cada protocolo con precisión milimétrica, e incluso se había aventurado en terrenos que otros cirujanos temían: ejecutó una craneotomía descompresiva de emergencia combinada con un bypass extracraneal-intracraneal de altísimo riesgo, navegando a ciegas entre el tejido para drenar una hemorragia masiva que ya estaba asfixiando el tronco encefálico. Había suturado arterias microscópicas durante ocho agónicas horas... pero fue inútil. La necrosis fue inclemente.

    Sin embargo, lo que le helaba la sangre y le aceleraba el pulso no era la amenaza de recibir un segundo golpe por parte de aquel hombre. Era esa macabra y asfixiante sensación de déjà vu. La escena le resultaba tan familiar... tan dolorosamente calcada de su pasado.

    Tirado en el suelo, llevándose una mano temblorosa al rostro ensangrentado, Elias se sintió minúsculo. Volvía a tener diez años en lugar de 28. El pasillo del hospital se desvaneció, siendo reemplazado por la lúgubre sala de su infancia. Y el hombre que le gritaba ya no era un padre en duelo, sino la imponente y aterradora sombra de su propio progenitor, moliéndolo a golpes sin piedad, castigando con furia el más mínimo error en una práctica de disección.
    Jamás se había caracterizado por ser un médico petulante, ni había abusado de su autoridad frente a sus colegas, a pesar del abrumador peso que suponía ostentar la Jefatura de Cirugía a su edad. Poseía la facultad de delegar el trabajo, pero su estoica devoción siempre lo empujaba a colocarse en la primera línea de los casos más críticos. Hacía todo lo humana y científicamente posible. El noventa por ciento de sus intervenciones culminaba en éxito, desafiando a menudo las nefastas estadísticas... Elias se desvivía por ser un cirujano de excelencia, un buen hombre, un ser humano competente. ¿Entonces por qué? ¿Por qué el universo se ensañaba con él? ¿Por qué siempre era su rostro el que recibía el repudio y la furia de las familias cuando la muerte ganaba la partida? El impacto lo había derribado contra el frío linóleo del pasillo, y el latido punzante en el centro de su rostro le advertía que, muy probablemente, le habían fracturado la nariz. Estaba aturdido. La sangre caliente comenzaba a resbalar por su labio superior mientras escuchaba, como si estuviera sumergido bajo el agua, los alaridos rotos y las preguntas incriminatorias del hombre enfurecido frente a él. ¿Por qué su hija no había salido viva del quirófano? Elias también anhelaba saberlo. Había seguido cada protocolo con precisión milimétrica, e incluso se había aventurado en terrenos que otros cirujanos temían: ejecutó una craneotomía descompresiva de emergencia combinada con un bypass extracraneal-intracraneal de altísimo riesgo, navegando a ciegas entre el tejido para drenar una hemorragia masiva que ya estaba asfixiando el tronco encefálico. Había suturado arterias microscópicas durante ocho agónicas horas... pero fue inútil. La necrosis fue inclemente. Sin embargo, lo que le helaba la sangre y le aceleraba el pulso no era la amenaza de recibir un segundo golpe por parte de aquel hombre. Era esa macabra y asfixiante sensación de déjà vu. La escena le resultaba tan familiar... tan dolorosamente calcada de su pasado. Tirado en el suelo, llevándose una mano temblorosa al rostro ensangrentado, Elias se sintió minúsculo. Volvía a tener diez años en lugar de 28. El pasillo del hospital se desvaneció, siendo reemplazado por la lúgubre sala de su infancia. Y el hombre que le gritaba ya no era un padre en duelo, sino la imponente y aterradora sombra de su propio progenitor, moliéndolo a golpes sin piedad, castigando con furia el más mínimo error en una práctica de disección.
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  • Para cambiar tu vida por fuera debes cambiar tú por dentro. En el momento en que te dispones a cambiar, es asombroso cómo el universo comienza ayudarte, y te trae lo que necesitas.
    Para cambiar tu vida por fuera debes cambiar tú por dentro. En el momento en que te dispones a cambiar, es asombroso cómo el universo comienza ayudarte, y te trae lo que necesitas.
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  • ---

    Sagrada rosa de textiles, inusual como ninguna que haya conocido:
    Son el tañido de las campanas que brotan en tus cosenos;
    los abren el espacio de unos labios que anhelan la geografía de tus eras;
    el solsticio de tus níveos espejismos,
    como se cuenta un encuentro, que ya no es anhelo, si no el efecto de las mariposas;
    de astros de dulzura,
    de vías lácteas a la inversa,
    de galaxias que no cesan.

    Y entonces se aman con delineados y goteos de naranjas,
    de agua miel y paraíso.

    Oh, de encontrarnos, madre de nocturna alada,
    Tú y tan sólo tú, vivirías en un castillo en el cielo,
    como una virgen de ébano; de marfil edificado.
    Desde la tierra de sidéreos amores y los océanos de tinta;
    que nos envuelven y nos engañan con los hechizos del amor.

    Con un dios en tus laureles y amatistas engarzado en los cabellos,
    que son ríos de rosáceas salinas,
    piedras que arrojan desde las nubes en un enjambre;
    de solícitas cosas, como nadas, nadie y mañanas.
    perdurables en un tiempo y espacio conocido.

    Su presencia engaña a mi realidad,
    ella es inocencia merecida;
    realidad sumida en los volcanes de la ensoñación,
    y entreveo la madera que engloba la hoguera de mi corazón;
    con el motivo de nombrarme como un arar de secuencias;
    de pócimas, de amor tenue, como un roble de mareas,
    que se encandila al vislumbrar;
    las puestas de doble sol, de doble luna, de doble estrellas.

    Ah, como un principio y fin de sigilos y finales en los que no hay fin,
    si no el sino de un principio.

    Oh, acúsame de herirte el corazón con este amor que no concibo,
    no es deseo lo que siento; sino una marea que te nombra;
    con el destino en los labios, como un anhelo de arte.
    Pero me hinco y pido por esta alma de un Dios que pelea por mí,
    y no me marcho.
    No para alejarme, si no acércame más a ti.

    Oh, en donde no hay llanto, ni dolor, si no la resurrección de todos los ponientes;
    de este umbral de mundos de muros solitarios;
    en los que germinaban las rosas más gloriosas;
    en las que tú y tan sólo tú;
    hurtaste la que fuera mi corazón.

    Y desde ese momento;
    nos convertimos en un solo ser vestido,
    con el maná y la ilusión de nuestros dioses.
    Que no tienen fin sino principio.
    Ya encontrados como los que son vestidos, en lo que se cante y en el cómo son adorados.
    Los terrenos de un cielo sin nombre, en el que tu nombre;
    ya es uno con la verdad del universo.
    --- Sagrada rosa de textiles, inusual como ninguna que haya conocido: Son el tañido de las campanas que brotan en tus cosenos; los abren el espacio de unos labios que anhelan la geografía de tus eras; el solsticio de tus níveos espejismos, como se cuenta un encuentro, que ya no es anhelo, si no el efecto de las mariposas; de astros de dulzura, de vías lácteas a la inversa, de galaxias que no cesan. Y entonces se aman con delineados y goteos de naranjas, de agua miel y paraíso. Oh, de encontrarnos, madre de nocturna alada, Tú y tan sólo tú, vivirías en un castillo en el cielo, como una virgen de ébano; de marfil edificado. Desde la tierra de sidéreos amores y los océanos de tinta; que nos envuelven y nos engañan con los hechizos del amor. Con un dios en tus laureles y amatistas engarzado en los cabellos, que son ríos de rosáceas salinas, piedras que arrojan desde las nubes en un enjambre; de solícitas cosas, como nadas, nadie y mañanas. perdurables en un tiempo y espacio conocido. Su presencia engaña a mi realidad, ella es inocencia merecida; realidad sumida en los volcanes de la ensoñación, y entreveo la madera que engloba la hoguera de mi corazón; con el motivo de nombrarme como un arar de secuencias; de pócimas, de amor tenue, como un roble de mareas, que se encandila al vislumbrar; las puestas de doble sol, de doble luna, de doble estrellas. Ah, como un principio y fin de sigilos y finales en los que no hay fin, si no el sino de un principio. Oh, acúsame de herirte el corazón con este amor que no concibo, no es deseo lo que siento; sino una marea que te nombra; con el destino en los labios, como un anhelo de arte. Pero me hinco y pido por esta alma de un Dios que pelea por mí, y no me marcho. No para alejarme, si no acércame más a ti. Oh, en donde no hay llanto, ni dolor, si no la resurrección de todos los ponientes; de este umbral de mundos de muros solitarios; en los que germinaban las rosas más gloriosas; en las que tú y tan sólo tú; hurtaste la que fuera mi corazón. Y desde ese momento; nos convertimos en un solo ser vestido, con el maná y la ilusión de nuestros dioses. Que no tienen fin sino principio. Ya encontrados como los que son vestidos, en lo que se cante y en el cómo son adorados. Los terrenos de un cielo sin nombre, en el que tu nombre; ya es uno con la verdad del universo.
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  • Dos Soles en el Atardecer
    Fandom Oc
    Categoría Fantasía
    Shane Miller

    *A petición de su hermana mayor Zoey, esta me confió la tarea de ayudar a entrenar a su hermana menor y descubrir la totalidad de sus poderes y habilidades como Deidad, dado que en su estado actual aún existe cierta inestabilidad, lo cual no le permite el dominio total de su poder.*

    *Llevé a Shane a un lugar lejos del ruido de la ciudad y lejos del bullicio de la batalla, en primera instancia para recuperar sus heridas después de haber sido sorpresivamente lastimada, y en dicho proceso de recuperación, el poder meditar para que pueda visualizar su poder interior.*

    "Shane, aún estás muy herida para comenzar de inmediato un entrenamiento físico así que primero debes conectar con tu propia esencia. Te explico brevemente. Todo el universo que nosotros habitamos está bajo el poder de 5 soles que nos permiten manejar la magia, a través del maná que estos emanan. Estos son de colores Blanco, Azul, Negro, rojo, y verde, y los mismos no se pueden ver a simple vista, por lo que solo podrás detectar su esencia por medio de los ojos de tu alma, así que te pediré que los cierres y dime qué es lo que colores puedes visualizar."
    [ShaneMiller2000] *A petición de su hermana mayor Zoey, esta me confió la tarea de ayudar a entrenar a su hermana menor y descubrir la totalidad de sus poderes y habilidades como Deidad, dado que en su estado actual aún existe cierta inestabilidad, lo cual no le permite el dominio total de su poder.* *Llevé a Shane a un lugar lejos del ruido de la ciudad y lejos del bullicio de la batalla, en primera instancia para recuperar sus heridas después de haber sido sorpresivamente lastimada, y en dicho proceso de recuperación, el poder meditar para que pueda visualizar su poder interior.* "Shane, aún estás muy herida para comenzar de inmediato un entrenamiento físico así que primero debes conectar con tu propia esencia. Te explico brevemente. Todo el universo que nosotros habitamos está bajo el poder de 5 soles que nos permiten manejar la magia, a través del maná que estos emanan. Estos son de colores Blanco, Azul, Negro, rojo, y verde, y los mismos no se pueden ver a simple vista, por lo que solo podrás detectar su esencia por medio de los ojos de tu alma, así que te pediré que los cierres y dime qué es lo que colores puedes visualizar."
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  • —Cada desicion de nuestra vida influye, ninguna desicion es por una razón vacía sin sentido, la vida de Hank James Wimbleton no es una excepción, desde que decidio la forma que se vestiría para sus encargos hasta la desicion de no seguir las ordenes de su padre hasta, he aquí nuestra premisa " ¿Y si las cosas hubieran sido diferentes? ", aquí veremos algunas de las historias más relevantes alrededor de las miles de millones de universos—
    —Cada desicion de nuestra vida influye, ninguna desicion es por una razón vacía sin sentido, la vida de Hank James Wimbleton no es una excepción, desde que decidio la forma que se vestiría para sus encargos hasta la desicion de no seguir las ordenes de su padre hasta, he aquí nuestra premisa " ¿Y si las cosas hubieran sido diferentes? ", aquí veremos algunas de las historias más relevantes alrededor de las miles de millones de universos—
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  • •Las crónicas de Fenrir Queen•

    KAEL VIREON — ORIGEN

    “El niño que aprendió a romper”

    Antes de que nombres como Fenrir Queen o Yrus alteraran el equilibrio del universo, hubo una guerra. No fue una guerra cualquiera, sino una invasión que desgarró mundos enteros. El cielo se abría como si fuera frágil, la tierra se partía bajo fuerzas imposibles y civilizaciones completas desaparecían sin dejar rastro. En medio de ese caos, donde la destrucción era ley, un niño sobrevivía.

    Herido, abandonado y al borde de la muerte, Kael yacía en una cueva oculta entre montañas devastadas. Su respiración era débil, irregular, y sus heridas no eran normales; no solo estaba roto por fuera, algo en su interior ya mostraba señales de inestabilidad, como si la propia realidad rechazara su existencia.

    Fue allí donde lo encontró una niña. Fenrir, aún joven e inocente, sin comprender la magnitud de la guerra ni el papel que su propia familia jugaba en ella, solo vio a alguien que iba a morir… y decidió que no podía permitirlo. Se acercó lentamente, se arrodilló a su lado y apoyó sus manos sobre la herida. No sabía usar su poder, no lo controlaba, ni siquiera entendía lo que hacía, pero lo intentó. Su energía, pura e inestable, comenzó a fluir de forma torpe y desigual. La curación no fue inmediata ni perfecta; fue lenta, dolorosa, incompleta… pero constante.

    Pasaron días, y esos días se convirtieron en semanas. Fenrir regresaba cada jornada a la cueva, llevándole agua, comida y algo que Kael ya no tenía: compañía. Al principio él apenas reaccionaba, pero con el tiempo empezó a abrir los ojos más seguido, a observarla en silencio, a escucharla. Luego a responder. Poco a poco, sin darse cuenta, dejó de estar completamente solo.

    Una tarde, mientras la luz se colaba débilmente por la entrada de la cueva, ambos estaban sentados en silencio.

    —¿Siempre hablas tanto? —murmuró Kael, con la voz aún débil.

    Fenrir lo miró, sorprendida… y luego sonrió levemente.

    —¿Siempre eres tan serio?

    Kael desvió la mirada.

    —No.

    —Pues deberías —respondió ella, apoyando el mentón sobre sus rodillas—. Si no hablas, todo se vuelve más aburrido.

    —No creo que este lugar pueda ser más aburrido.

    Fenrir soltó una pequeña risa.

    —Entonces tendré que esforzarme más.

    Hubo un breve silencio, pero esta vez no era incómodo.

    —¿Cómo te llamas? —preguntó ella.

    Kael tardó unos segundos en responder.

    —Kael.

    —Kael… —repitió ella, como si probara el nombre—. Suena bien.

    —¿Y tú?

    —Fenrir.

    Kael frunció ligeramente el ceño.

    —Es un nombre raro.

    —El tuyo también —respondió ella sin dudar.

    Por un momento, ambos se miraron… y una ligera sonrisa apareció en el rostro de Kael.

    —Supongo que estamos igual.

    Días después, el ambiente ya no era tan tenso. Kael podía sentarse sin dificultad, y Fenrir seguía llegando cada día con la misma constancia.

    —¿Qué hay fuera? —preguntó Kael un día, mirando hacia la entrada.

    Fenrir dudó.

    —Cosas… malas.

    —¿Guerra?

    Ella bajó la mirada.

    —Creo que sí.

    Kael guardó silencio unos segundos.

    —¿Tienes miedo?

    Fenrir negó lentamente.

    —No… pero tampoco me gusta.

    —A mí tampoco.

    Ella lo miró con curiosidad.

    —Entonces, cuando todo termine… ¿qué harás?

    Kael pensó por un momento.

    —No lo sé… supongo que volver a casa.

    Fenrir sonrió suavemente.

    —Entonces asegúrate de llegar.

    Kael la observó en silencio, como si quisiera decir algo más, pero no lo hizo.

    —¿Y tú? —preguntó finalmente.

    Fenrir levantó la vista hacia el exterior.

    —Creo que… tengo que irme a algún lugar.

    —¿Volverás?

    Ella no respondió de inmediato.

    —…sí.

    Pero en su mirada había duda.

    Pasaron más días. Momentos simples, pequeñas conversaciones, silencios compartidos. Durante ese breve periodo, la guerra dejó de existir para ellos. Eran solo dos niños, construyendo un refugio en medio del fin del mundo.

    Hasta que un día, Fenrir dejó de venir.

    Kael despertó completamente recuperado, solo en la cueva que había sido su refugio. Esperó. Un día, luego otro, y otro más, pero Fenrir no regresó. Finalmente salió al exterior… y el mundo real lo golpeó sin piedad. Su hogar había desaparecido. Todo estaba destruido. El aire era denso, cargado de muerte, y los cuerpos cubrían el suelo como un recordatorio silencioso de lo ocurrido. Los pocos sobrevivientes tenían miradas vacías, rotas. Sus padres… ya no estaban.

    Fue entonces cuando, en la distancia, algo captó su atención. Una nave se elevaba lentamente, abandonando aquel mundo destruido. En ella viajaban los responsables, aquellos que habían causado la guerra, aquellos que lo habían arrebatado todo. Y entre ellos… estaba Fenrir. De pie, sin mirar atrás, marchándose junto a quienes habían provocado la masacre.

    No hubo gritos, ni lágrimas, ni desesperación visible. Solo una comprensión silenciosa, distorsionada y profunda. Sus manos temblaron levemente, y por primera vez el aire a su alrededor se quebró. Una pequeña grieta apareció, casi imperceptible, como si la realidad misma no pudiera sostener lo que estaba naciendo dentro de él. En ese instante, Kael entendió el mundo a su manera, una forma fría y definitiva que marcaría su destino para siempre.

    Ese momento no dio origen a un monstruo ni a un villano. Dio origen a algo mucho más peligroso: alguien que percibía la realidad como algo defectuoso, algo inherentemente roto. Desde ese día, Kael Vireon dejó de ver el mundo como algo estable y comenzó a entenderlo como algo que podía quebrarse, distorsionarse y corregirse. Porque en lo más profundo de su ser, una verdad quedó grabada para siempre: todo lo que existe puede romperse, incluso aquello que una vez te salvó.
    •Las crónicas de Fenrir Queen• 🔥 KAEL VIREON — ORIGEN “El niño que aprendió a romper” Antes de que nombres como Fenrir Queen o Yrus alteraran el equilibrio del universo, hubo una guerra. No fue una guerra cualquiera, sino una invasión que desgarró mundos enteros. El cielo se abría como si fuera frágil, la tierra se partía bajo fuerzas imposibles y civilizaciones completas desaparecían sin dejar rastro. En medio de ese caos, donde la destrucción era ley, un niño sobrevivía. Herido, abandonado y al borde de la muerte, Kael yacía en una cueva oculta entre montañas devastadas. Su respiración era débil, irregular, y sus heridas no eran normales; no solo estaba roto por fuera, algo en su interior ya mostraba señales de inestabilidad, como si la propia realidad rechazara su existencia. Fue allí donde lo encontró una niña. Fenrir, aún joven e inocente, sin comprender la magnitud de la guerra ni el papel que su propia familia jugaba en ella, solo vio a alguien que iba a morir… y decidió que no podía permitirlo. Se acercó lentamente, se arrodilló a su lado y apoyó sus manos sobre la herida. No sabía usar su poder, no lo controlaba, ni siquiera entendía lo que hacía, pero lo intentó. Su energía, pura e inestable, comenzó a fluir de forma torpe y desigual. La curación no fue inmediata ni perfecta; fue lenta, dolorosa, incompleta… pero constante. Pasaron días, y esos días se convirtieron en semanas. Fenrir regresaba cada jornada a la cueva, llevándole agua, comida y algo que Kael ya no tenía: compañía. Al principio él apenas reaccionaba, pero con el tiempo empezó a abrir los ojos más seguido, a observarla en silencio, a escucharla. Luego a responder. Poco a poco, sin darse cuenta, dejó de estar completamente solo. Una tarde, mientras la luz se colaba débilmente por la entrada de la cueva, ambos estaban sentados en silencio. —¿Siempre hablas tanto? —murmuró Kael, con la voz aún débil. Fenrir lo miró, sorprendida… y luego sonrió levemente. —¿Siempre eres tan serio? Kael desvió la mirada. —No. —Pues deberías —respondió ella, apoyando el mentón sobre sus rodillas—. Si no hablas, todo se vuelve más aburrido. —No creo que este lugar pueda ser más aburrido. Fenrir soltó una pequeña risa. —Entonces tendré que esforzarme más. Hubo un breve silencio, pero esta vez no era incómodo. —¿Cómo te llamas? —preguntó ella. Kael tardó unos segundos en responder. —Kael. —Kael… —repitió ella, como si probara el nombre—. Suena bien. —¿Y tú? —Fenrir. Kael frunció ligeramente el ceño. —Es un nombre raro. —El tuyo también —respondió ella sin dudar. Por un momento, ambos se miraron… y una ligera sonrisa apareció en el rostro de Kael. —Supongo que estamos igual. Días después, el ambiente ya no era tan tenso. Kael podía sentarse sin dificultad, y Fenrir seguía llegando cada día con la misma constancia. —¿Qué hay fuera? —preguntó Kael un día, mirando hacia la entrada. Fenrir dudó. —Cosas… malas. —¿Guerra? Ella bajó la mirada. —Creo que sí. Kael guardó silencio unos segundos. —¿Tienes miedo? Fenrir negó lentamente. —No… pero tampoco me gusta. —A mí tampoco. Ella lo miró con curiosidad. —Entonces, cuando todo termine… ¿qué harás? Kael pensó por un momento. —No lo sé… supongo que volver a casa. Fenrir sonrió suavemente. —Entonces asegúrate de llegar. Kael la observó en silencio, como si quisiera decir algo más, pero no lo hizo. —¿Y tú? —preguntó finalmente. Fenrir levantó la vista hacia el exterior. —Creo que… tengo que irme a algún lugar. —¿Volverás? Ella no respondió de inmediato. —…sí. Pero en su mirada había duda. Pasaron más días. Momentos simples, pequeñas conversaciones, silencios compartidos. Durante ese breve periodo, la guerra dejó de existir para ellos. Eran solo dos niños, construyendo un refugio en medio del fin del mundo. Hasta que un día, Fenrir dejó de venir. Kael despertó completamente recuperado, solo en la cueva que había sido su refugio. Esperó. Un día, luego otro, y otro más, pero Fenrir no regresó. Finalmente salió al exterior… y el mundo real lo golpeó sin piedad. Su hogar había desaparecido. Todo estaba destruido. El aire era denso, cargado de muerte, y los cuerpos cubrían el suelo como un recordatorio silencioso de lo ocurrido. Los pocos sobrevivientes tenían miradas vacías, rotas. Sus padres… ya no estaban. Fue entonces cuando, en la distancia, algo captó su atención. Una nave se elevaba lentamente, abandonando aquel mundo destruido. En ella viajaban los responsables, aquellos que habían causado la guerra, aquellos que lo habían arrebatado todo. Y entre ellos… estaba Fenrir. De pie, sin mirar atrás, marchándose junto a quienes habían provocado la masacre. No hubo gritos, ni lágrimas, ni desesperación visible. Solo una comprensión silenciosa, distorsionada y profunda. Sus manos temblaron levemente, y por primera vez el aire a su alrededor se quebró. Una pequeña grieta apareció, casi imperceptible, como si la realidad misma no pudiera sostener lo que estaba naciendo dentro de él. En ese instante, Kael entendió el mundo a su manera, una forma fría y definitiva que marcaría su destino para siempre. Ese momento no dio origen a un monstruo ni a un villano. Dio origen a algo mucho más peligroso: alguien que percibía la realidad como algo defectuoso, algo inherentemente roto. Desde ese día, Kael Vireon dejó de ver el mundo como algo estable y comenzó a entenderlo como algo que podía quebrarse, distorsionarse y corregirse. Porque en lo más profundo de su ser, una verdad quedó grabada para siempre: todo lo que existe puede romperse, incluso aquello que una vez te salvó.
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  • 𝐂𝐫𝐨́𝐧𝐢𝐜𝐚 𝐝𝐞 𝐒𝐢𝐞𝐠𝐦𝐞𝐲𝐞𝐫 "𝐿𝑎 𝐶𝑎𝑝𝑖𝑙𝑙𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑀𝑖𝑟𝑜́ 𝑑𝑒 𝑉𝑢𝑒𝑙𝑡𝑎".

    La niebla se pegaba a mis botas como un sudario vivo aquella noche de hace más de 200 años. Marchaba al frente de la compañía del Reino de Valdris. Doce hombres, entre ellos tres inquisidores con sus cruces de hierro al cuello, dos caballeros juramentados y el resto mercenarios como yo. El rey nos había enviado a este rincón olvidado del mundo porque los campesinos hablaban de una capilla donde los herejes invocaban demonios. “Blasfemia”, decían. “Brujería”. A estas alturas ya había visto de todo y pensé que sería otro nido de cultistas baratos.

    El camino fue largo y el viento olía a tierra podrida. Los árboles se torcían como dedos rotos, sin hojas, solo ramas que parecían susurrar nombres que no eran de este mundo. Al fin, bajo un cielo que parecía una herida abierta, apareció la capilla. Exactamente como en mis pesadillas de hoy. Madera negra, aguja puntiaguda que rasgaba las nubes, ventanas en arco que brillaban con una luz interna que no era luz. Y figuras, tres o cuatro siluetas encapuchadas, como nosotros, que se arrastraban hacia la puerta principal. No huían. Caminaban como quien va a misa o a la tumba.

    Entramos y dentro no había altar, no había crucifijo. Solo un vacío que se tragaba el sonido de nuestras botas. El aire era espeso, como si respiráramos agua fría. Los inquisidores empezaron a recitar salmos, pero sus voces se ahogaban antes de llegar a las paredes. Entonces lo oímos, un latido lento, profundo, que no provenía de ninguna garganta. Venía de arriba, del techo, del cielo mismo.
    Miré hacia las ventanas altas, y vi.

    No eran demonios, ni ángeles caídos. Eran algo más antiguo. Tentáculos gruesos como troncos de roble, cubiertos de ventosas que se abrían y cerraban como bocas ciegas, descendiendo desde una oscuridad que no era oscuridad, sino la ausencia misma de todo lo que conocemos. Se movían con una lentitud deliberada, como si el tiempo no les importara. Uno de ellos rozó la aguja de la capilla y la madera gimió, no de dolor, sino de placer. Otro se enroscó alrededor de un inquisidor antes de que pudiera gritar. Lo levantó. Lo apretó y sus huesos crujieron como ramas secas y su sangre cayó sobre nosotros como lluvia tibia.

    Grité, todos gritamos, pero los gritos se convertían en risas. En oraciones que nadie había enseñado. Uno de los caballeros se arrodilló, quitó su yelmo y comenzó a arrancarse los ojos con los dedos, murmurando que “al fin veía la verdad”. Otro mercenario corrió hacia la puerta y un tentáculo lo atravesó por la espalda, sacándolo por la boca como un pez ensartado. La sangre dibujaba símbolos que yo reconocí de pesadillas que no eran mías.

    Sentí que mi mente se rompía, no era miedo, era comprensión. Una comprensión que ningún hombre debería tener, que este lugar no era un templo profanado. Que la capilla era solo una costra, una herida abierta en la piel del mundo, y que algo inmenso, indiferente y hambriento la estaba usando como boca. Que nuestros dioses, nuestros demonios, nuestras cruzadas, todo era un chiste para esa cosa. Que el universo entero era un chiste.

    Caí de rodillas y sentí cómo uno de esos tentáculos me envolvía la cintura. La presión fue lenta, cariñosa. Mis costillas se rompieron una a una. La sangre me llenó la boca, había muerto. Pero mi propia maldición no me lo permitió. Desperté horas después, o días, no lo sé. La capilla seguía allí, pero ahora estaba en silencio. Los tentáculos habían regresado al cielo, dejando solo un agujero en las nubes que no se cerraba. Los cuerpos de mis compañeros yacían desparramados, sus bocas abiertas en una sonrisa que nunca se borraría. Intente varias veces levantarme hasta que mis pies volvieron a sentirse firmes. Mis heridas ya se cerraban. Mi mente tardó años en volver a ser mía. Aún hoy, tengo pesadillas recordando algo que pasó hace muchos años. Hay cosas peores que nuestras creencias, el bien y el mal son moldeables.
    𝐂𝐫𝐨́𝐧𝐢𝐜𝐚 𝐝𝐞 𝐒𝐢𝐞𝐠𝐦𝐞𝐲𝐞𝐫 "𝐿𝑎 𝐶𝑎𝑝𝑖𝑙𝑙𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑀𝑖𝑟𝑜́ 𝑑𝑒 𝑉𝑢𝑒𝑙𝑡𝑎". La niebla se pegaba a mis botas como un sudario vivo aquella noche de hace más de 200 años. Marchaba al frente de la compañía del Reino de Valdris. Doce hombres, entre ellos tres inquisidores con sus cruces de hierro al cuello, dos caballeros juramentados y el resto mercenarios como yo. El rey nos había enviado a este rincón olvidado del mundo porque los campesinos hablaban de una capilla donde los herejes invocaban demonios. “Blasfemia”, decían. “Brujería”. A estas alturas ya había visto de todo y pensé que sería otro nido de cultistas baratos. El camino fue largo y el viento olía a tierra podrida. Los árboles se torcían como dedos rotos, sin hojas, solo ramas que parecían susurrar nombres que no eran de este mundo. Al fin, bajo un cielo que parecía una herida abierta, apareció la capilla. Exactamente como en mis pesadillas de hoy. Madera negra, aguja puntiaguda que rasgaba las nubes, ventanas en arco que brillaban con una luz interna que no era luz. Y figuras, tres o cuatro siluetas encapuchadas, como nosotros, que se arrastraban hacia la puerta principal. No huían. Caminaban como quien va a misa o a la tumba. Entramos y dentro no había altar, no había crucifijo. Solo un vacío que se tragaba el sonido de nuestras botas. El aire era espeso, como si respiráramos agua fría. Los inquisidores empezaron a recitar salmos, pero sus voces se ahogaban antes de llegar a las paredes. Entonces lo oímos, un latido lento, profundo, que no provenía de ninguna garganta. Venía de arriba, del techo, del cielo mismo. Miré hacia las ventanas altas, y vi. No eran demonios, ni ángeles caídos. Eran algo más antiguo. Tentáculos gruesos como troncos de roble, cubiertos de ventosas que se abrían y cerraban como bocas ciegas, descendiendo desde una oscuridad que no era oscuridad, sino la ausencia misma de todo lo que conocemos. Se movían con una lentitud deliberada, como si el tiempo no les importara. Uno de ellos rozó la aguja de la capilla y la madera gimió, no de dolor, sino de placer. Otro se enroscó alrededor de un inquisidor antes de que pudiera gritar. Lo levantó. Lo apretó y sus huesos crujieron como ramas secas y su sangre cayó sobre nosotros como lluvia tibia. Grité, todos gritamos, pero los gritos se convertían en risas. En oraciones que nadie había enseñado. Uno de los caballeros se arrodilló, quitó su yelmo y comenzó a arrancarse los ojos con los dedos, murmurando que “al fin veía la verdad”. Otro mercenario corrió hacia la puerta y un tentáculo lo atravesó por la espalda, sacándolo por la boca como un pez ensartado. La sangre dibujaba símbolos que yo reconocí de pesadillas que no eran mías. Sentí que mi mente se rompía, no era miedo, era comprensión. Una comprensión que ningún hombre debería tener, que este lugar no era un templo profanado. Que la capilla era solo una costra, una herida abierta en la piel del mundo, y que algo inmenso, indiferente y hambriento la estaba usando como boca. Que nuestros dioses, nuestros demonios, nuestras cruzadas, todo era un chiste para esa cosa. Que el universo entero era un chiste. Caí de rodillas y sentí cómo uno de esos tentáculos me envolvía la cintura. La presión fue lenta, cariñosa. Mis costillas se rompieron una a una. La sangre me llenó la boca, había muerto. Pero mi propia maldición no me lo permitió. Desperté horas después, o días, no lo sé. La capilla seguía allí, pero ahora estaba en silencio. Los tentáculos habían regresado al cielo, dejando solo un agujero en las nubes que no se cerraba. Los cuerpos de mis compañeros yacían desparramados, sus bocas abiertas en una sonrisa que nunca se borraría. Intente varias veces levantarme hasta que mis pies volvieron a sentirse firmes. Mis heridas ya se cerraban. Mi mente tardó años en volver a ser mía. Aún hoy, tengo pesadillas recordando algo que pasó hace muchos años. Hay cosas peores que nuestras creencias, el bien y el mal son moldeables.
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  • hoy el universo es injusto con todos pues me ha permitido moverme por las sombras pero ya no como metafora hoy porfin me puedo mover de una sombra a otra lo cual no es mucho pero en las manos correctas hoy la libertad terminara para alguien y mejor mantente en una luz por que ire por ti

    hoy el universo es injusto con todos pues me ha permitido moverme por las sombras pero ya no como metafora hoy porfin me puedo mover de una sombra a otra lo cual no es mucho pero en las manos correctas hoy la libertad terminara para alguien y mejor mantente en una luz por que ire por ti
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