• ╔════════════❖[𝙰 𝚀𝚄𝙸𝙲𝙺-𝙵𝙸𝚇-]❖════════════╗

    <<El viaje inició después de completar las actividades que ya tenían programadas a mitad de la noche. ¿Por qué a esas horas? Simple… porque la oscuridad de la noche les protegería de los posibles testigos entorpeciendo su buena visión ante la escasez de la luz del astro rey. Impidiendo ser identificados a ojo de los curiosos, que seguramente se volverían testigos importantes de aquel suceso. O al menos que los hayasen encontrado por mera casualidad.

    Sólo así se reducían los riesgos.

    Tres tripulantes abordaron el auto negro y se dieron a la fuga a gran velocidad, logrando salir de aquella ciudad tras cumplir dos ciclos de aquella manecilla larga del reloj.

    Giovanni se había sentado a la derecha del conductor que era el mismo Boris, un hombre corpulento al que conoció al poco tiempo de salir del servicio militar. Giovanni giró su cabeza para mirar hacia el asiento trasero de dicho auto. Un Mercedes Sedán negro, sin placas.

    Al mirar al tercer hombre en la zona de pasajeros, un semblante lleno de disgusto apareció en su rostro. Orillándolo a fruncir el entrecejo.

    — ¿Qué es lo que haces? Te dije que te sentaras en el asiento de en medio. — llevó su mano izquierda hasta el puente de su entrecejo y apretó, era una clara señal de estrés y hartazgo. — ¿Por qué tenemos que andar haciendo esto repetidamente? — cuestiona, la molestia era clara.

    — ¿Es mucho pedir un poco de cortesía cuando prácticamente nosotros te estamos llevando en auto? — Siguió moviendo la misma mano en un acto de sincronización con lo que decía, tratando de evocar algo de empatía por lo que ellos hacían con aquel pasajero. Giovanni cambió su expresión a consternación. — ¿Acaso no establecimos que nuestro límite de simetría está por aquí? — Señaló el punto medio entre asientos.

    Ahora se tornaba un reclamo.
    — Claramente no te das cuenta de que tu desprecio por la armonía geométrica espacial se está yendo a la mierda con tu muy molesta necedad. — Alzó una ceja sin dejar de mirarlo. Quería hacerle entender que a veces habían que seguir ciertos protocolos y, éste, era el suyo. — En serio, dime… ¿Es eso lo que quieres? ¿Es eso lo que quieres lograr? — Le miró inquisitivo, pareciera que la necedad de aquel pasajero desafiaba al mismo Giovanni Di Vincenzo. — ¡¿Es eso?! ¡¿Asimetría?! — Exclamó al sujeto atrás.

    Y era en la parte de atrás, un hombre atado de manos y pies, amordazado con un pedazo de tela, querían evitar que hablara o gritara para pedir ayuda. Aquel sujeto miró a Giovanni igual que un perrito regañado, confundido por lo que sucedía y lo que estaba por ocurrir con él.

    Pasaron unos segundos.
    Giovanni le miró molesto y en reacción, aquel sujeto se acomodó como pudo pues estaba recostado en el asiento a base de saltitos hasta sentarse nuevamente en donde le indicó. Mientras tanto, Boris miró por el retrovisor para cerciorarse de que nadie les estuviese siguiendo.

    ???: — ¿Mn-mmf? (¿Así?) — cuestionó el sujeto con cara de arrepentimiento, alzando sus cejas y descenso que no sacaran su arma y terminasen el trabajo ahí.

    — Sí… es una mejora, muchas gracias por comprender. — Respondió Giovanni con su calma habitual, complacido por que aquel sujeto entendió su punto. Pero eso no quedó ahí, pues no tardó aquel sujeto en comenzar a sollozar con el sonido ahogado por la mordaza. No se dió cuenta aquel sujeto que lloraba cerca de Boris, eso sin duda le molestó. Tanto, que giró su rostro para gruñirle e intimidar al chico cautivo.

    Boris: — ¡Aaaaagh! ¡Basta! — Exclamó hasta asustar a su rehén, ocasionando que éste se recorriera al asiento atrás de Giovanni, a lo que éste último no tardó en expresar su disgusto y protesta.

    — Ví eso y lo hiciste a propósito… — apuntó con su índice a Boris.

    Boris: — ¡Agh! Ya vamos a empezar… ¡Siempre estan llorando al oído, y eso me desconcentra de conducir! ¡Son molestos! — replicó sin mostrar miedo hacia su jefe, más que nada era una plática entre dos personas, antes de la relación jefe-subordinado.

    — ¿Por qué no mejor admites que odias la simetría? ¡Nunca te gustó! — contradijo Giovanni.
    Boris: — ¡Y también tu ruido! — volvió a decir.
    — Dime una cosa… ¿También me mentiste cuando dijiste que te gustaba la gramática? — volvió a argumentar. Esto ya se estaba saliendo de proporción.
    Boris: — ¡Nada de lo que dices tiene sentido! — ya se estaba molestando, no tardaba en soltar sus puños contra Gio.

    — ¡Eres un fraude! ¡Incluso tu fachada es toda una mentira asimetrica! — reclamó a su amigo, pues era cierto que Boris tenía algunas cicatrices que dejaban su rostro disparejo, en especial las quemaduras de su lado izquierdo. — ¡Pero ahorita voy a arreglar eso! — Amenazó Giovanni.

    Ambos comenzaron a pelear, se tomaron de los cuellos de sus camisas y comenzaron a forcejear, dejando que el auto se sacudiera por la falta de control en su dirección. Se salieron de camino y se internaron a un campo de maíz mientras que el chico maniatado atrás se sacudió a lo ancho del vehículo, golpeándose en ambos lados del mismo.

    Tan pronto como la marcha se detuvo, una gallina voló golpeando el parabrisas hasta que los hombres al frente detuvieron su pelea para mirar a su alrededor. Se quedaron inmóviles ante el momento. No sabían exactamente qué lugar era ese, pero unos segundos después se encargaron de su pasajero, lo sacaron del auto y terminaron su trabajo…

    Minutos más tarde Boris y Giovanni entraron al auto, excepto su peculiar pasajero. Ambos condujeron de vuelta a la ciudad.>>
    ╚═══════════❖═════════════❖═══════════╝
    ╔════════════❖[𝙰 𝚀𝚄𝙸𝙲𝙺-𝙵𝙸𝚇-]❖════════════╗ <<El viaje inició después de completar las actividades que ya tenían programadas a mitad de la noche. ¿Por qué a esas horas? Simple… porque la oscuridad de la noche les protegería de los posibles testigos entorpeciendo su buena visión ante la escasez de la luz del astro rey. Impidiendo ser identificados a ojo de los curiosos, que seguramente se volverían testigos importantes de aquel suceso. O al menos que los hayasen encontrado por mera casualidad. Sólo así se reducían los riesgos. Tres tripulantes abordaron el auto negro y se dieron a la fuga a gran velocidad, logrando salir de aquella ciudad tras cumplir dos ciclos de aquella manecilla larga del reloj. Giovanni se había sentado a la derecha del conductor que era el mismo Boris, un hombre corpulento al que conoció al poco tiempo de salir del servicio militar. Giovanni giró su cabeza para mirar hacia el asiento trasero de dicho auto. Un Mercedes Sedán negro, sin placas. Al mirar al tercer hombre en la zona de pasajeros, un semblante lleno de disgusto apareció en su rostro. Orillándolo a fruncir el entrecejo. — ¿Qué es lo que haces? Te dije que te sentaras en el asiento de en medio. — llevó su mano izquierda hasta el puente de su entrecejo y apretó, era una clara señal de estrés y hartazgo. — ¿Por qué tenemos que andar haciendo esto repetidamente? — cuestiona, la molestia era clara. — ¿Es mucho pedir un poco de cortesía cuando prácticamente nosotros te estamos llevando en auto? — Siguió moviendo la misma mano en un acto de sincronización con lo que decía, tratando de evocar algo de empatía por lo que ellos hacían con aquel pasajero. Giovanni cambió su expresión a consternación. — ¿Acaso no establecimos que nuestro límite de simetría está por aquí? — Señaló el punto medio entre asientos. Ahora se tornaba un reclamo. — Claramente no te das cuenta de que tu desprecio por la armonía geométrica espacial se está yendo a la mierda con tu muy molesta necedad. — Alzó una ceja sin dejar de mirarlo. Quería hacerle entender que a veces habían que seguir ciertos protocolos y, éste, era el suyo. — En serio, dime… ¿Es eso lo que quieres? ¿Es eso lo que quieres lograr? — Le miró inquisitivo, pareciera que la necedad de aquel pasajero desafiaba al mismo Giovanni Di Vincenzo. — ¡¿Es eso?! ¡¿Asimetría?! — Exclamó al sujeto atrás. Y era en la parte de atrás, un hombre atado de manos y pies, amordazado con un pedazo de tela, querían evitar que hablara o gritara para pedir ayuda. Aquel sujeto miró a Giovanni igual que un perrito regañado, confundido por lo que sucedía y lo que estaba por ocurrir con él. Pasaron unos segundos. Giovanni le miró molesto y en reacción, aquel sujeto se acomodó como pudo pues estaba recostado en el asiento a base de saltitos hasta sentarse nuevamente en donde le indicó. Mientras tanto, Boris miró por el retrovisor para cerciorarse de que nadie les estuviese siguiendo. ???: — ¿Mn-mmf? (¿Así?) — cuestionó el sujeto con cara de arrepentimiento, alzando sus cejas y descenso que no sacaran su arma y terminasen el trabajo ahí. — Sí… es una mejora, muchas gracias por comprender. — Respondió Giovanni con su calma habitual, complacido por que aquel sujeto entendió su punto. Pero eso no quedó ahí, pues no tardó aquel sujeto en comenzar a sollozar con el sonido ahogado por la mordaza. No se dió cuenta aquel sujeto que lloraba cerca de Boris, eso sin duda le molestó. Tanto, que giró su rostro para gruñirle e intimidar al chico cautivo. Boris: — ¡Aaaaagh! ¡Basta! — Exclamó hasta asustar a su rehén, ocasionando que éste se recorriera al asiento atrás de Giovanni, a lo que éste último no tardó en expresar su disgusto y protesta. — Ví eso y lo hiciste a propósito… — apuntó con su índice a Boris. Boris: — ¡Agh! Ya vamos a empezar… ¡Siempre estan llorando al oído, y eso me desconcentra de conducir! ¡Son molestos! — replicó sin mostrar miedo hacia su jefe, más que nada era una plática entre dos personas, antes de la relación jefe-subordinado. — ¿Por qué no mejor admites que odias la simetría? ¡Nunca te gustó! — contradijo Giovanni. Boris: — ¡Y también tu ruido! — volvió a decir. — Dime una cosa… ¿También me mentiste cuando dijiste que te gustaba la gramática? — volvió a argumentar. Esto ya se estaba saliendo de proporción. Boris: — ¡Nada de lo que dices tiene sentido! — ya se estaba molestando, no tardaba en soltar sus puños contra Gio. — ¡Eres un fraude! ¡Incluso tu fachada es toda una mentira asimetrica! — reclamó a su amigo, pues era cierto que Boris tenía algunas cicatrices que dejaban su rostro disparejo, en especial las quemaduras de su lado izquierdo. — ¡Pero ahorita voy a arreglar eso! — Amenazó Giovanni. Ambos comenzaron a pelear, se tomaron de los cuellos de sus camisas y comenzaron a forcejear, dejando que el auto se sacudiera por la falta de control en su dirección. Se salieron de camino y se internaron a un campo de maíz mientras que el chico maniatado atrás se sacudió a lo ancho del vehículo, golpeándose en ambos lados del mismo. Tan pronto como la marcha se detuvo, una gallina voló golpeando el parabrisas hasta que los hombres al frente detuvieron su pelea para mirar a su alrededor. Se quedaron inmóviles ante el momento. No sabían exactamente qué lugar era ese, pero unos segundos después se encargaron de su pasajero, lo sacaron del auto y terminaron su trabajo… Minutos más tarde Boris y Giovanni entraron al auto, excepto su peculiar pasajero. Ambos condujeron de vuelta a la ciudad.>> ╚═══════════❖═════════════❖═══════════╝
    Me gusta
    Me enjaja
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • —Luego de la patética estadía en prisión, la joven torpe decidió pasar el rato en un evento de cosplay—
    —Luego de la patética estadía en prisión, la joven torpe decidió pasar el rato en un evento de cosplay—
    Me gusta
    Me enjaja
    Me encocora
    7
    0 turnos 0 maullidos
  • Rastros de Mr. M
    Fandom Free rol
    Categoría Suspenso
    ACTA DE INSPECCIÓN Y LEVANTAMIENTO DE INDICIOS N.º 47

    Fecha: Registrada en horas postreras de la noche.

    Lugar: Marisma boscosa situada en la periferia septentrional del distrito.

    Intervinientes: Agente de la guardia local y el presbítero investigador Zelkova Legasov.

    Relación de los hechos: Conforme a diversos rumores concernientes a una corrupción de origen incierto que afligía los contornos de la comarca, el joven clérigo Zelkova Legasov emprendió pesquisas junto a un oficial veterano, sujeto conocido por su manifiesto hastío respecto a las torpezas y negligencias de la administración civil.

    Mientras ambos transitaban por un soto cenagoso, cubierto de neblina y lodos pestilentes, sostuvo el reverendo la siguiente observación:

    ●Espero que no estés en lo cierto o, si no...

    A lo cual respondió el agente:

    ☆Créeme, muchacho. Es peor de lo que imaginas, y puede estar relacionado con tu pasado eclesiástico.

    Prosiguieron la marcha bajo la escasa luminaria lunar, internándose entre juncales, cipreses anegados y espesuras infestadas de insectos. Aproximadamente pasada la medianoche, los comparecientes descubrieron un cadáver femenino dispuesto en una escena de singular atrocidad.

    La occisa, de edad juvenil, yacía inmóvil sobre el fango. Presentaba una extraña sigila grabada en la región dorsal. Asimismo, unos cuernos de venado habían sido fijados a su cabeza de manera deliberada, otorgándole una apariencia grotesca y ceremonial. Las manos se hallaban cosidas entre sí, colocadas en posición semejante a una plegaria, aunque desprovista de toda sacralidad y revestida, en cambio, de una impronta ominosa y sacrílega.

    El hedor desprendido por el cuerpo era particularmente nauseabundo. El agente manifestó visible consternación y declaró:

    ☆Esto es horrible... Tiene la edad de mi hija.

    No obstante, el sacerdote Legasov conservó notable compostura. Sin apartar la vista de la escena, procedió a registrar observaciones en una bitácora de cuero, consignando minuciosamente cada detalle del hallazgo.

    Durante el examen de la marca inscrita en la espalda de la víctima, se advirtió un repentino cambio en el semblante del presbítero. El color abandonó su rostro y sus facciones adquirieron una rigidez impropia de quien hasta entonces se había mostrado impasible.

    El oficial, percibiendo tal alteración, inquirió:

    ☆¿Qué sucede?

    Tras una breve pausa, añadió:

    ☆Si me lo preguntas, parece una suerte de mensaje o señal de lindero, como las que dejan las bestias para marcar territorio.

    El reverendo respondió con tono acerbo:

    ●No... Es el Culto de Saturno.

    La respuesta fue seguida por un prolongado silencio. El agente no mostró reconocimiento alguno ante dicha denominación, como si jamás hubiese escuchado referencia semejante.

    Según consta en las anotaciones recogidas posteriormente, el sacerdote permaneció varios instantes contemplando la marca. Finalmente, en voz apenas perceptible, pronunció las siguientes palabras:

    ●Sé que estás metido en esto, Mr. M... Y juro, que Dios me escuche, voy a por ti.

    Observaciones finales:

    Se deja constancia de que el presbítero Zelkova Legasov exhibió una reacción impropia de un investigador ajeno al caso, sugiriendo conocimiento previo respecto de la simbología encontrada y de posibles implicados. La naturaleza ritual del crimen, la disposición mortuoria de la víctima y la referencia al denominado Culto de "Saturno" indican la probable existencia de una organización clandestina vinculada a prácticas heréticas, sacrificios ceremoniales y otros actos de extrema perversidad.

    Fin del informe.
    ACTA DE INSPECCIÓN Y LEVANTAMIENTO DE INDICIOS N.º 47 Fecha: Registrada en horas postreras de la noche. Lugar: Marisma boscosa situada en la periferia septentrional del distrito. Intervinientes: Agente de la guardia local y el presbítero investigador Zelkova Legasov. Relación de los hechos: Conforme a diversos rumores concernientes a una corrupción de origen incierto que afligía los contornos de la comarca, el joven clérigo Zelkova Legasov emprendió pesquisas junto a un oficial veterano, sujeto conocido por su manifiesto hastío respecto a las torpezas y negligencias de la administración civil. Mientras ambos transitaban por un soto cenagoso, cubierto de neblina y lodos pestilentes, sostuvo el reverendo la siguiente observación: ●Espero que no estés en lo cierto o, si no... A lo cual respondió el agente: ☆Créeme, muchacho. Es peor de lo que imaginas, y puede estar relacionado con tu pasado eclesiástico. Prosiguieron la marcha bajo la escasa luminaria lunar, internándose entre juncales, cipreses anegados y espesuras infestadas de insectos. Aproximadamente pasada la medianoche, los comparecientes descubrieron un cadáver femenino dispuesto en una escena de singular atrocidad. La occisa, de edad juvenil, yacía inmóvil sobre el fango. Presentaba una extraña sigila grabada en la región dorsal. Asimismo, unos cuernos de venado habían sido fijados a su cabeza de manera deliberada, otorgándole una apariencia grotesca y ceremonial. Las manos se hallaban cosidas entre sí, colocadas en posición semejante a una plegaria, aunque desprovista de toda sacralidad y revestida, en cambio, de una impronta ominosa y sacrílega. El hedor desprendido por el cuerpo era particularmente nauseabundo. El agente manifestó visible consternación y declaró: ☆Esto es horrible... Tiene la edad de mi hija. No obstante, el sacerdote Legasov conservó notable compostura. Sin apartar la vista de la escena, procedió a registrar observaciones en una bitácora de cuero, consignando minuciosamente cada detalle del hallazgo. Durante el examen de la marca inscrita en la espalda de la víctima, se advirtió un repentino cambio en el semblante del presbítero. El color abandonó su rostro y sus facciones adquirieron una rigidez impropia de quien hasta entonces se había mostrado impasible. El oficial, percibiendo tal alteración, inquirió: ☆¿Qué sucede? Tras una breve pausa, añadió: ☆Si me lo preguntas, parece una suerte de mensaje o señal de lindero, como las que dejan las bestias para marcar territorio. El reverendo respondió con tono acerbo: ●No... Es el Culto de Saturno. La respuesta fue seguida por un prolongado silencio. El agente no mostró reconocimiento alguno ante dicha denominación, como si jamás hubiese escuchado referencia semejante. Según consta en las anotaciones recogidas posteriormente, el sacerdote permaneció varios instantes contemplando la marca. Finalmente, en voz apenas perceptible, pronunció las siguientes palabras: ●Sé que estás metido en esto, Mr. M... Y juro, que Dios me escuche, voy a por ti. Observaciones finales: Se deja constancia de que el presbítero Zelkova Legasov exhibió una reacción impropia de un investigador ajeno al caso, sugiriendo conocimiento previo respecto de la simbología encontrada y de posibles implicados. La naturaleza ritual del crimen, la disposición mortuoria de la víctima y la referencia al denominado Culto de "Saturno" indican la probable existencia de una organización clandestina vinculada a prácticas heréticas, sacrificios ceremoniales y otros actos de extrema perversidad. Fin del informe.
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    15
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    Me shockea
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • 〔 𝐗-𝐌𝖾𐓣 𝐀𝐔 〕


    El trabajo en la madrugada siempre era lo peor. Esas horas muertas donde la soledad se hacía más pesada y el silencio más ruidoso que estar en medio de una fiesta. Alaska lo odiaba demasiado. Lo único que podía romper ese silencio eran los zumbidos de los tubos fluorescentes dentro de la gasolinera y uno de los ventiladores de las heladeras funcionando mal. Pero incluso así había algo más en el ambiente que ella no podía discernir con claridad, pero a la vez sabía que era algo malo.

    Decidió salir, tomar un poco de aire tal vez ayudaría a calmar el creciente dolor en su cabeza, justo detrás de la frente. Sacó su paquete de cigarrillos y tomó uno para encenderlo, pero le costó más de lo usual. Tuvo que intentarlo cinco veces hasta que finalmente se encendió, aquello la estresó un poco, sintiendo escalofríos. No era por estar fuera, ese frío venía desde dentro.

    Dio una calada larga para llenar bien sus pulmones de humo y nicotina, y lo mantuvo allí un momento antes de expulsarlo con lentitud. Sus hombros se relajaron de a poco. Duró poco antes que el letrero de fuera empezara a parpadear. Tal vez un error, podía pasar, había ocurrido antes. El problema era que el dueño lo había mandado arreglar hacía dos días y, al mismo tiempo, el dolor de cabeza se intensificaba. Se quejó apenas antes de cerrar los ojos.

    —...ᵗᵉ ᵉˢᵗáⁿ ᵐⁱʳᵃⁿᵈᵒ. —el susurro se escuchó demasiado cerca, justo al lado de su oreja. Abrió los ojos de golpe y casi se echó a correr. De no ser porque su cuerpo quedó medio congelado lo habría hecho, pero solo se alejó unos pasos mientras miró alrededor. Nada, nadie.

    —Solo tu imaginación, Alaska. —se dijo a sí misma antes de dar otra calada. Y ahí escuchó un motor, luego vio las luces de vehículo antes de poder vislumbrar bien que se trataba de una camioneta negra. La música se hizo presente enseguida también, demasiado alta como para que dentro pudiera escuchar algo desde afuera. Tenía algunos símbolos dibujados con aerosol rojo y blanco. Apartó la vista de inmediato apenas una de las puertas traseras se abrió, por alguna razón no le dio buena espina.

    Cuatro hombres salieron, riéndose con demasiada fuerza, uno de ellos la miró al instante, más de lo necesario.

    —Miren nada más... no solo dejan a cualquiera trabajar a estar horas, también tienen que ser... ¿qué? ¿Sobreviviente de homicidio o algo? —se burló de la cicatriz de la chica, sin apartar la vista de ella. vaya descaro. Pero la chica hizo caso omiso mientras apagó el cigarrillo contra la pared y volvió al interior de la estación. No quería más problemas de los que ya tenía.

    Las luces titilaron de repente, de forma muy rápida y tenue, pero ella lo notó enseguida. Lo quiso ignorar, pero después de pasar por la puerta tuvo que detenerse en seco por la puntada de dolor que sintió en la cabeza, llevando una mano a su sien al mismo tiempo que cerró los ojos.

    —Oye —llamó otro hombre mientras pasó por su lado, observándola con confusión—, ¿te pasa algo?

    —Estoy... bien... —abrir los ojos le provocó dolor también, se quejó con levedad. Por desgracia no termino ahí, pues un pitido empezó a sonar en su oreja derecha, luego la izquierda, era tan agudo que sintió que los tímpanos iban a reventar.

    —...¿Qué le pasa? —el pequeño grupo se la quedó viendo, atentos. Eso la puso más nerviosa.

    Antes de siquiera poder llevar la mano hacia su nariz sintió la sangre caer. No fue demasiada, solo lo suficiente para notarlo. Ahí supo que tenía que encontrar la forma de calmarse de inmediato. Se movió de nuevo, algo torpe, y cuando posó una mano en el mostrador las luces volvieron a titilar, las botellas en las heladeras tintineando y los vidrios de éstas vibrando.

    —Hey... —de nuevo llamaron su atención— ¿Qué carajo eres?

    —¡ᵀᵉ ᵉˢᵗáⁿ ᵐⁱʳᵃⁿᵈᵒ! ¡ⱽᵃⁿ ᵃ ᵐᵃᵗᵃʳᵗᵉ! —el susurro de nuevo, pero ahora era como un grito lejano. Alaska respiró con pesadez, retrocediendo mientras notó que los hombres se acercaban a ella. Se estaba sobrecargando, sentía que algo empujaba desde dentro de su cráneo, como si fuera demasiado pequeño para contenerlo. No podía pensar bien aunque sentía que debía salir corriendo. No creía poder hacerlo a tiempo.




    // Puede responder cualquiera, por cierto. Pero si se dificulta, pido perdón. ;w;
    〔 𝐗-𝐌𝖾𐓣 𝐀𝐔 〕 El trabajo en la madrugada siempre era lo peor. Esas horas muertas donde la soledad se hacía más pesada y el silencio más ruidoso que estar en medio de una fiesta. Alaska lo odiaba demasiado. Lo único que podía romper ese silencio eran los zumbidos de los tubos fluorescentes dentro de la gasolinera y uno de los ventiladores de las heladeras funcionando mal. Pero incluso así había algo más en el ambiente que ella no podía discernir con claridad, pero a la vez sabía que era algo malo. Decidió salir, tomar un poco de aire tal vez ayudaría a calmar el creciente dolor en su cabeza, justo detrás de la frente. Sacó su paquete de cigarrillos y tomó uno para encenderlo, pero le costó más de lo usual. Tuvo que intentarlo cinco veces hasta que finalmente se encendió, aquello la estresó un poco, sintiendo escalofríos. No era por estar fuera, ese frío venía desde dentro. Dio una calada larga para llenar bien sus pulmones de humo y nicotina, y lo mantuvo allí un momento antes de expulsarlo con lentitud. Sus hombros se relajaron de a poco. Duró poco antes que el letrero de fuera empezara a parpadear. Tal vez un error, podía pasar, había ocurrido antes. El problema era que el dueño lo había mandado arreglar hacía dos días y, al mismo tiempo, el dolor de cabeza se intensificaba. Se quejó apenas antes de cerrar los ojos. —...ᵗᵉ ᵉˢᵗáⁿ ᵐⁱʳᵃⁿᵈᵒ. —el susurro se escuchó demasiado cerca, justo al lado de su oreja. Abrió los ojos de golpe y casi se echó a correr. De no ser porque su cuerpo quedó medio congelado lo habría hecho, pero solo se alejó unos pasos mientras miró alrededor. Nada, nadie. —Solo tu imaginación, Alaska. —se dijo a sí misma antes de dar otra calada. Y ahí escuchó un motor, luego vio las luces de vehículo antes de poder vislumbrar bien que se trataba de una camioneta negra. La música se hizo presente enseguida también, demasiado alta como para que dentro pudiera escuchar algo desde afuera. Tenía algunos símbolos dibujados con aerosol rojo y blanco. Apartó la vista de inmediato apenas una de las puertas traseras se abrió, por alguna razón no le dio buena espina. Cuatro hombres salieron, riéndose con demasiada fuerza, uno de ellos la miró al instante, más de lo necesario. —Miren nada más... no solo dejan a cualquiera trabajar a estar horas, también tienen que ser... ¿qué? ¿Sobreviviente de homicidio o algo? —se burló de la cicatriz de la chica, sin apartar la vista de ella. vaya descaro. Pero la chica hizo caso omiso mientras apagó el cigarrillo contra la pared y volvió al interior de la estación. No quería más problemas de los que ya tenía. Las luces titilaron de repente, de forma muy rápida y tenue, pero ella lo notó enseguida. Lo quiso ignorar, pero después de pasar por la puerta tuvo que detenerse en seco por la puntada de dolor que sintió en la cabeza, llevando una mano a su sien al mismo tiempo que cerró los ojos. —Oye —llamó otro hombre mientras pasó por su lado, observándola con confusión—, ¿te pasa algo? —Estoy... bien... —abrir los ojos le provocó dolor también, se quejó con levedad. Por desgracia no termino ahí, pues un pitido empezó a sonar en su oreja derecha, luego la izquierda, era tan agudo que sintió que los tímpanos iban a reventar. —...¿Qué le pasa? —el pequeño grupo se la quedó viendo, atentos. Eso la puso más nerviosa. Antes de siquiera poder llevar la mano hacia su nariz sintió la sangre caer. No fue demasiada, solo lo suficiente para notarlo. Ahí supo que tenía que encontrar la forma de calmarse de inmediato. Se movió de nuevo, algo torpe, y cuando posó una mano en el mostrador las luces volvieron a titilar, las botellas en las heladeras tintineando y los vidrios de éstas vibrando. —Hey... —de nuevo llamaron su atención— ¿Qué carajo eres? —¡ᵀᵉ ᵉˢᵗáⁿ ᵐⁱʳᵃⁿᵈᵒ! ¡ⱽᵃⁿ ᵃ ᵐᵃᵗᵃʳᵗᵉ! —el susurro de nuevo, pero ahora era como un grito lejano. Alaska respiró con pesadez, retrocediendo mientras notó que los hombres se acercaban a ella. Se estaba sobrecargando, sentía que algo empujaba desde dentro de su cráneo, como si fuera demasiado pequeño para contenerlo. No podía pensar bien aunque sentía que debía salir corriendo. No creía poder hacerlo a tiempo. // Puede responder cualquiera, por cierto. Pero si se dificulta, pido perdón. ;w;
    Me encocora
    Me gusta
    5
    0 turnos 0 maullidos
  • *En algún lugar perdido como en un purgatorio de la conciencia, una bicotomía dolorosa hacia que me arrodillara, sintiendo un dolor intenso, como si estuviera intentando resistirme a la transformación Final, vomitando mi sangre negra ocasionalmente por el estrés de contrastar mi poder en contra del poder del dragón.*

    Jero: "¡Vete! ¡Vete de aquí! ¡Ya no soy tú! ¡Aaaaaaaghhhh!"

    Crosis: "¡TÚ ERES SOLO UN ALTER EGO! ¡SOLO UN CASCARÓN!" "¡TU FUTIL E INNECESARIA EXISTENCIA DEBE LLEGAR A SU FIN!"

    Jero: "¡No....No voy a permitir que.. te apoderes de mi ser! ¡Ahhhhhhh!"

    Crosis: "¡TU INUTILIDAD SOLO HA ENTORPECIDO LA MISIÓN QUE TÚ PROPUSISTE! ¡NO HAGAS MAS DIFICIL TU MUERTE GUSANO!"

    Jero: "¡No...voy a ..... Rendirme!"

    *Un dolor inconmensurable se apoderaba de mi ser intentando no sucumbir a mi verdadera naturaleza.*

    Crosis: "¡VOLVERÁS A SER EL PADRE DE LAS ABERRACIONES! ¡VOLVERÁS A SER PARTE DE LA GRIETA DEL VACIO! ¡DESPIDETE DE TU CONCIENCIA BASURA!"

    Jero: "¡AHHHHHHHHHHHH!"

    *Un enorme grito de dolor retumba por todas partes.*
    *En algún lugar perdido como en un purgatorio de la conciencia, una bicotomía dolorosa hacia que me arrodillara, sintiendo un dolor intenso, como si estuviera intentando resistirme a la transformación Final, vomitando mi sangre negra ocasionalmente por el estrés de contrastar mi poder en contra del poder del dragón.* Jero: "¡Vete! ¡Vete de aquí! ¡Ya no soy tú! ¡Aaaaaaaghhhh!" Crosis: "¡TÚ ERES SOLO UN ALTER EGO! ¡SOLO UN CASCARÓN!" "¡TU FUTIL E INNECESARIA EXISTENCIA DEBE LLEGAR A SU FIN!" Jero: "¡No....No voy a permitir que.. te apoderes de mi ser! ¡Ahhhhhhh!" Crosis: "¡TU INUTILIDAD SOLO HA ENTORPECIDO LA MISIÓN QUE TÚ PROPUSISTE! ¡NO HAGAS MAS DIFICIL TU MUERTE GUSANO!" Jero: "¡No...voy a ..... Rendirme!" *Un dolor inconmensurable se apoderaba de mi ser intentando no sucumbir a mi verdadera naturaleza.* Crosis: "¡VOLVERÁS A SER EL PADRE DE LAS ABERRACIONES! ¡VOLVERÁS A SER PARTE DE LA GRIETA DEL VACIO! ¡DESPIDETE DE TU CONCIENCIA BASURA!" Jero: "¡AHHHHHHHHHHHH!" *Un enorme grito de dolor retumba por todas partes.*
    Me shockea
    Me entristece
    Me gusta
    9
    0 turnos 0 maullidos
  • 𝔒𝔡𝔢𝔱𝔱𝔢 ℌ𝔢𝔪𝔩𝔬𝔠𝔨

    Hacía apenas unas horas que lo habían asaltado. Cuatro bandidos desesperados, famélicos y con los ojos hundidos por la peste reciente. Lo emboscaron en un recodo del camino viejo, donde los árboles se cerraban como dedos huesudos. Gritaban que querían su armadura, su espada, cualquier cosa que pudieran vender.

    El caballero ni siquiera intentó razonar. Solo desenvainó. Mató a tres con golpes pesados y torpes. El cuarto le clavó una lanza oxidada entre las placas del costado antes de que le partiera el cráneo con el pomo de la espada. Sangró mucho. Pero como siempre, la herida ya empezaba a cerrarse mientras el cuerpo aún estaba caliente en el barro.

    Ahora caminaba más lento. La sangre seca le pegaba la camisa a la piel bajo la armadura. Había dejado los cadáveres atrás sin enterrarlos. ¿Para qué? Mañana habría más. O cuervos, daba igual. Solo siguió el sendero que se adentraba en el bosque. No sabía hacia dónde iba, habian pasado dias que habia perdido el rumbo, de seguro el camino que llevaba al capitolio del sur, lo había errado mucho antes, ya ni siquiera fingía que tenía una meta. Solo ponía un pie delante del otro, con la armadura manchada de sangre ajena y propia, la capa rota y el yelmo ligeramente abollado en un lado nuevo.

    La niebla colgaba como un velo de luto sobre el sendero olvidado, denso, frío y cargado del olor a tierra húmeda y hojas en descomposición. El mundo parecía haber olvidado este lugar, igual que había olvidado a tantos otros.

    La figura alta y pesada seguia caminando, su armadura de placas, antaño pulida, estaba ahora cubierta de óxido, sangre seca y grietas que hablaban de batallas perdidas en el tiempo. La gran espada colgaba a su espalda, envainada, pero su peso parecía tirar de sus hombros hacia abajo. Cada paso era lento, deliberado, como si caminar ya fuera un acto de terca resignación.

    Una figura solitaria más adelante, envuelta en un manto negro raído. Caminaba con paso medido, cargando un bolso de cuero que tintineaba suavemente. No parecía una simple viajera. De seguro a lo lejos pudo oir el sonido de las placas chocando al caminar, Siegmeyer se detuvo a unos metros de la mujer del manto negro. No la conocía. Para él solo era otra silueta en un camino que ya no llevaba a ninguna parte que importara.

    Sus ojos azulados, fríos y apagados tras las ranuras del yelmo, la observaron sin prisa. No había curiosidad, solo una quietud pesada.

    — Mujer. —

    Su voz era grave, ronca. No levantó la mano. No hizo gesto alguno de saludo.

    — Probablemente este camino se vuelve más oscuro cuando cae la noche. Bandidos, bestias o simplemente el silencio que termina devorándolo todo.

    Una pausa larga. El viento movió su capa raída sin entusiasmo.

    — Soy Siegmeyer. Mi armadura no significa nada además de protección, es decir no soy parte del clero o reino. —

    Su mirada bajó un instante al bolso de cuero que ella llevaba, luego volvió a su rostro.

    — Lo digo para que no creas que hay otra intencion. Si tus pasos van en la misma dirección que los míos… no te molestaré. Puedo ser compañía. —

    El silencio volvió a llenar el aire entre ellos, pesado como su propia armadura.

    — O sigue sola. Como prefieras. Ya nada cambia mucho al final. —

    Se quedó inmóvil, esperando.
    [orbit_turquoise_elephant_485] Hacía apenas unas horas que lo habían asaltado. Cuatro bandidos desesperados, famélicos y con los ojos hundidos por la peste reciente. Lo emboscaron en un recodo del camino viejo, donde los árboles se cerraban como dedos huesudos. Gritaban que querían su armadura, su espada, cualquier cosa que pudieran vender. El caballero ni siquiera intentó razonar. Solo desenvainó. Mató a tres con golpes pesados y torpes. El cuarto le clavó una lanza oxidada entre las placas del costado antes de que le partiera el cráneo con el pomo de la espada. Sangró mucho. Pero como siempre, la herida ya empezaba a cerrarse mientras el cuerpo aún estaba caliente en el barro. Ahora caminaba más lento. La sangre seca le pegaba la camisa a la piel bajo la armadura. Había dejado los cadáveres atrás sin enterrarlos. ¿Para qué? Mañana habría más. O cuervos, daba igual. Solo siguió el sendero que se adentraba en el bosque. No sabía hacia dónde iba, habian pasado dias que habia perdido el rumbo, de seguro el camino que llevaba al capitolio del sur, lo había errado mucho antes, ya ni siquiera fingía que tenía una meta. Solo ponía un pie delante del otro, con la armadura manchada de sangre ajena y propia, la capa rota y el yelmo ligeramente abollado en un lado nuevo. La niebla colgaba como un velo de luto sobre el sendero olvidado, denso, frío y cargado del olor a tierra húmeda y hojas en descomposición. El mundo parecía haber olvidado este lugar, igual que había olvidado a tantos otros. La figura alta y pesada seguia caminando, su armadura de placas, antaño pulida, estaba ahora cubierta de óxido, sangre seca y grietas que hablaban de batallas perdidas en el tiempo. La gran espada colgaba a su espalda, envainada, pero su peso parecía tirar de sus hombros hacia abajo. Cada paso era lento, deliberado, como si caminar ya fuera un acto de terca resignación. Una figura solitaria más adelante, envuelta en un manto negro raído. Caminaba con paso medido, cargando un bolso de cuero que tintineaba suavemente. No parecía una simple viajera. De seguro a lo lejos pudo oir el sonido de las placas chocando al caminar, Siegmeyer se detuvo a unos metros de la mujer del manto negro. No la conocía. Para él solo era otra silueta en un camino que ya no llevaba a ninguna parte que importara. Sus ojos azulados, fríos y apagados tras las ranuras del yelmo, la observaron sin prisa. No había curiosidad, solo una quietud pesada. — Mujer. — Su voz era grave, ronca. No levantó la mano. No hizo gesto alguno de saludo. — Probablemente este camino se vuelve más oscuro cuando cae la noche. Bandidos, bestias o simplemente el silencio que termina devorándolo todo. Una pausa larga. El viento movió su capa raída sin entusiasmo. — Soy Siegmeyer. Mi armadura no significa nada además de protección, es decir no soy parte del clero o reino. — Su mirada bajó un instante al bolso de cuero que ella llevaba, luego volvió a su rostro. — Lo digo para que no creas que hay otra intencion. Si tus pasos van en la misma dirección que los míos… no te molestaré. Puedo ser compañía. — El silencio volvió a llenar el aire entre ellos, pesado como su propia armadura. — O sigue sola. Como prefieras. Ya nada cambia mucho al final. — Se quedó inmóvil, esperando.
    Me gusta
    Me encocora
    2
    14 turnos 0 maullidos
  • El joven cura caminaba con tranquilidad por los estrechos callejones húmedos, ignorando las miradas hostiles que aparecían entre la oscuridad. El sonido de sus botas resonaba contra el pavimento mientras sostenía con firmeza la vieja maleta junto a su costado. Graso error.

    -¿hm? No quiero problemas. Ustedes tampoco quieren problemas conmigo.

    Un grupo de pandilleros emergió desde las sombras, bloqueándole el paso. Entre risas burlonas y una lluvia de insultos, comenzaron a rodearlo como animales hambrientos. Zelkova intentó retroceder con calma, pero uno de ellos sacó una navaja oxidada y se lanzó directo hacia él.

    -Estupido.

    El reflejo fue inmediato, apartó el brazo armado de un golpe seco y respondió con el puño desnudo, impactando el rostro del agresor. Entonces todo se volvió caos. Recibió golpes en el abdomen, otro directo al rostro que le abrió la ceja y lo hizo caer contra el suelo mojado. La maleta casi resbaló de sus manos, pero la sujetó con desesperación antes de volver a levantarse. Respiraba con dificultad.

    -¡Vengan cuantos quieran!

    Otro pandillero se abalanzó sobre él y Zelkova respondió con violencia torpe pero decidida, usando el peso de su cuerpo y años de cargar culpa más que experiencia en peleas. Un codazo, un empujón contra la pared, otro golpe recibido en las costillas. Sangre descendía lentamente por su rostro mientras seguía levantándose una y otra vez.

    -Tengo un Dios que me hará ganar mis guerras. ¡Porque él es ÉL!

    Hasta que finalmente el callejón quedó en silencio.

    -S-se los dije...

    Los agresores huyeron maldiciendo, dejando al joven sacerdote solo entre respiraciones agitadas y el eco lejano de la ciudad nocturna.

    -Esperen... aún pueden encaminarse...

    Zelkova terminó apoyado contra la pared de ladrillo, temblando ligeramente. La sangre recorría su mejilla y caía desde su frente hasta el cuello del abrigo. Entre sus brazos abrazaba con fuerza la maleta que contenía la vasija, como si temiera que el mundo entero quisiera arrebatársela.

    -Aquí estás...te tengo..

    Cerró los ojos unos segundos y dejó escapar una sonrisa rota, apenas visible.

    -Por una vez… pude protegerte…
    El joven cura caminaba con tranquilidad por los estrechos callejones húmedos, ignorando las miradas hostiles que aparecían entre la oscuridad. El sonido de sus botas resonaba contra el pavimento mientras sostenía con firmeza la vieja maleta junto a su costado. Graso error. -¿hm? No quiero problemas. Ustedes tampoco quieren problemas conmigo. Un grupo de pandilleros emergió desde las sombras, bloqueándole el paso. Entre risas burlonas y una lluvia de insultos, comenzaron a rodearlo como animales hambrientos. Zelkova intentó retroceder con calma, pero uno de ellos sacó una navaja oxidada y se lanzó directo hacia él. -Estupido. El reflejo fue inmediato, apartó el brazo armado de un golpe seco y respondió con el puño desnudo, impactando el rostro del agresor. Entonces todo se volvió caos. Recibió golpes en el abdomen, otro directo al rostro que le abrió la ceja y lo hizo caer contra el suelo mojado. La maleta casi resbaló de sus manos, pero la sujetó con desesperación antes de volver a levantarse. Respiraba con dificultad. -¡Vengan cuantos quieran! Otro pandillero se abalanzó sobre él y Zelkova respondió con violencia torpe pero decidida, usando el peso de su cuerpo y años de cargar culpa más que experiencia en peleas. Un codazo, un empujón contra la pared, otro golpe recibido en las costillas. Sangre descendía lentamente por su rostro mientras seguía levantándose una y otra vez. -Tengo un Dios que me hará ganar mis guerras. ¡Porque él es ÉL! Hasta que finalmente el callejón quedó en silencio. -S-se los dije... Los agresores huyeron maldiciendo, dejando al joven sacerdote solo entre respiraciones agitadas y el eco lejano de la ciudad nocturna. -Esperen... aún pueden encaminarse... Zelkova terminó apoyado contra la pared de ladrillo, temblando ligeramente. La sangre recorría su mejilla y caía desde su frente hasta el cuello del abrigo. Entre sus brazos abrazaba con fuerza la maleta que contenía la vasija, como si temiera que el mundo entero quisiera arrebatársela. -Aquí estás...te tengo.. Cerró los ojos unos segundos y dejó escapar una sonrisa rota, apenas visible. -Por una vez… pude protegerte…
    Me gusta
    1
    12 turnos 0 maullidos
  • Frente a una sencilla lápida cubierta por la neblina de la mañana, el joven cura permanecía inclinado en silencio mientras depositaba un ramo de flores moradas sobre la piedra fría. El viento movía suavemente los pétalos y también los bordes de su abrigo oscuro, pero él no apartaba la mirada del nombre grabado frente a sus ojos. Con una voz baja y temblorosa murmuró:

    -No estoy preocupado… porque sé que estás a salvo en el cielo.

    Permaneció unos segundos inmóvil antes de enderezarse lentamente. Guardó ambas manos en los bolsillos de su abrigo, adoptando una postura torpe y vulnerable, casi como la de un niño intentando ocultar sus miedos. Bajó un poco la cabeza y confesó con honestidad quebrada:

    -Solo estoy pensando si seré capaz de cumplir con mi cometido. Estoy asustado y temo volver a decepcionarte.

    El silencio del cementerio pareció abrazar sus palabras. Finalmente, se santiguó, cerrando los ojos por un instante antes de susurrar con una tristeza cálida y sincera:

    -Te amo.
    Frente a una sencilla lápida cubierta por la neblina de la mañana, el joven cura permanecía inclinado en silencio mientras depositaba un ramo de flores moradas sobre la piedra fría. El viento movía suavemente los pétalos y también los bordes de su abrigo oscuro, pero él no apartaba la mirada del nombre grabado frente a sus ojos. Con una voz baja y temblorosa murmuró: -No estoy preocupado… porque sé que estás a salvo en el cielo. Permaneció unos segundos inmóvil antes de enderezarse lentamente. Guardó ambas manos en los bolsillos de su abrigo, adoptando una postura torpe y vulnerable, casi como la de un niño intentando ocultar sus miedos. Bajó un poco la cabeza y confesó con honestidad quebrada: -Solo estoy pensando si seré capaz de cumplir con mi cometido. Estoy asustado y temo volver a decepcionarte. El silencio del cementerio pareció abrazar sus palabras. Finalmente, se santiguó, cerrando los ojos por un instante antes de susurrar con una tristeza cálida y sincera: -Te amo.
    Me shockea
    Me entristece
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • [La hora del alimento y lo que regularmente escucha la criatura como "hora de cena" ha tardado el día de hoy. El científico lider a cargo del sector Q de Umbra corp. El Dr Stephen Steel. Se acerca a la celda y graba un pista de audio].

    Dr Stephen Steel: -De acuerdo a la solicitud de los directivos. Hemos decido comprobar la resistencia física del sujeto de prueba número #1054 alias "Unknown" ya que aún no hemos definido el nombre en código que recibirá cuando se aliste a nuestras unidades activas para combate. *Dice con voz fría* Iniciaremos con comprobar su tolerancia a la hambruna y sed. Debido a que anticipamos que se comportará de forma hostil hemos reforzado al triple la seguridad del sector y se ha añadido una capa adicional al vidrio de su celda de contención. Esta fabricado con un alineamiento especial que contiene el componente "deterium". Haciendo que sea básicamente indestructible. Ni un lanzacohetes podría atravesarlo. Fin del reporte.

    *Unknown se impacienta. No ve las bandejas con las que habitualmente acude el científico a alimentarle. Apoya sus brazos en el vidrio. Si bien desconoce su significado. Su expresión cambia a una levemente triste. Intenta en su desesperación al sentir el gruñido de su propio estomago utilizar sus cuerdas vocales como a veces lo hace en secreto cuándo no hay cientificos frente a su celda*

    Unknown: *Su garganta emite sonidos guturales que hacen que el Dr Stephen permanezca en el lugar aún cuándo ha terminado su reporte* -Ce... Ce... *Articula torpemente con voz susurrante y rasposa debido al casi nulo uso de sus cuerdas vocales* -Ce... Ce... *Dice con mayor desesperación* -Ce... Ce... Na... Ce... Na...

    Dr Stephen Steel: *Palidece y se acerca más al vidrio* -¿Acabas de hablar?. No es posible... No te hemos enseñado como. *Dice con voz algo mas empática mientras se acerca un poco más al vidrio*

    *Una voz suena en el auricular del Dr Stephen. Se trata de Edgar Markov. Director general del sector Q de umbra corp*

    Edgar Markov: -¿Ocurre algo doctor?. ¿Necesita refuerzos?. De no ser ese el caso. Mántengase apegado al protocolo. *Dice con un subtono pasivo agresivo*

    Dr Stephen Steel: -Yo... No nada. No ocurre nada. Entendido señor. Me dispondré a seguir con mi itinerario. *Intenta ocultar sus deseos de alimentarle de todas formas. De lo cruel que parece todo esto. Los sujetos de prueba "NO SON HUMANOS" intenta repetirse a él mismo y continua su camino ignorando a Unknown quién sigue intentando comunicar su hambre*
    [La hora del alimento y lo que regularmente escucha la criatura como "hora de cena" ha tardado el día de hoy. El científico lider a cargo del sector Q de Umbra corp. El Dr Stephen Steel. Se acerca a la celda y graba un pista de audio]. Dr Stephen Steel: -De acuerdo a la solicitud de los directivos. Hemos decido comprobar la resistencia física del sujeto de prueba número #1054 alias "Unknown" ya que aún no hemos definido el nombre en código que recibirá cuando se aliste a nuestras unidades activas para combate. *Dice con voz fría* Iniciaremos con comprobar su tolerancia a la hambruna y sed. Debido a que anticipamos que se comportará de forma hostil hemos reforzado al triple la seguridad del sector y se ha añadido una capa adicional al vidrio de su celda de contención. Esta fabricado con un alineamiento especial que contiene el componente "deterium". Haciendo que sea básicamente indestructible. Ni un lanzacohetes podría atravesarlo. Fin del reporte. *Unknown se impacienta. No ve las bandejas con las que habitualmente acude el científico a alimentarle. Apoya sus brazos en el vidrio. Si bien desconoce su significado. Su expresión cambia a una levemente triste. Intenta en su desesperación al sentir el gruñido de su propio estomago utilizar sus cuerdas vocales como a veces lo hace en secreto cuándo no hay cientificos frente a su celda* Unknown: *Su garganta emite sonidos guturales que hacen que el Dr Stephen permanezca en el lugar aún cuándo ha terminado su reporte* -Ce... Ce... *Articula torpemente con voz susurrante y rasposa debido al casi nulo uso de sus cuerdas vocales* -Ce... Ce... *Dice con mayor desesperación* -Ce... Ce... Na... Ce... Na... Dr Stephen Steel: *Palidece y se acerca más al vidrio* -¿Acabas de hablar?. No es posible... No te hemos enseñado como. *Dice con voz algo mas empática mientras se acerca un poco más al vidrio* *Una voz suena en el auricular del Dr Stephen. Se trata de Edgar Markov. Director general del sector Q de umbra corp* Edgar Markov: -¿Ocurre algo doctor?. ¿Necesita refuerzos?. De no ser ese el caso. Mántengase apegado al protocolo. *Dice con un subtono pasivo agresivo* Dr Stephen Steel: -Yo... No nada. No ocurre nada. Entendido señor. Me dispondré a seguir con mi itinerario. *Intenta ocultar sus deseos de alimentarle de todas formas. De lo cruel que parece todo esto. Los sujetos de prueba "NO SON HUMANOS" intenta repetirse a él mismo y continua su camino ignorando a Unknown quién sigue intentando comunicar su hambre*
    Me shockea
    Me gusta
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • Me gusta la naturaleza,la luna es mi guía ,es mi marca de nacimiento,soy una heroína ,ser torpe ,creer amor cuento de hadas,principe azul .
    ¿Qué haces a estas horas, son las tres de la madrugada? , ¿Intentas obtener algo de mi?
    Me gusta la naturaleza,la luna es mi guía ,es mi marca de nacimiento,soy una heroína ,ser torpe ,creer amor cuento de hadas,principe azul . ¿Qué haces a estas horas, son las tres de la madrugada? , ¿Intentas obtener algo de mi?
    Me encocora
    Me gusta
    9
    2 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados