• 𝐑ecuerdo que, en mis días de universidad, mi mayor distracción eran los animales. No sé por qué, pero siempre parecían buscarme; los perros tiraban de sus correas para saludarme en la calle y los gatos callejeros se me enredaban en los tobillos. Era lindo. Por eso, cuando por fin conseguí mi propio departamento al empezar a trabajar, pensé que era el momento perfecto para adoptar. Quería tener a alguien esperándome al regresar.
    𝐏ero... supongo que mi habilidad para cuidar vidas se queda exclusivamente dentro del quirófano. Lo intenté un par de veces, pero la historia siempre se repetía: llegaba a casa completamente exhausto después de una guardia interminable, caía en un sueño pesadísimo, y al despertar, el animalito simplemente ya no estaba. Me culpo muchísimo por ello. Seguramente por mi torpeza dejaba la puerta mal cerrada o la ventana del baño abierta... quizá ese olor a hospital que siempre traigo impregnado terminaba por ahuyentarlos.

    Me encantaba su compañía, de verdad... pero he tenido que aceptar la realidad. A día de hoy, ni siquiera las personas consiguen permanecer a mi lado por mucho tiempo. Amigos, citas... tarde o temprano todos terminan yéndose sin dejar rastro. 𝑇𝑎𝑙 𝑣𝑒𝑧 𝑠𝑖𝑚𝑝𝑙𝑒𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑒𝑠 𝑚𝑖 𝑑𝑒𝑠𝑡𝑖𝑛𝑜. ༒︎
    𝐑ecuerdo que, en mis días de universidad, mi mayor distracción eran los animales. No sé por qué, pero siempre parecían buscarme; los perros tiraban de sus correas para saludarme en la calle y los gatos callejeros se me enredaban en los tobillos. Era lindo. Por eso, cuando por fin conseguí mi propio departamento al empezar a trabajar, pensé que era el momento perfecto para adoptar. Quería tener a alguien esperándome al regresar. 𝐏ero... supongo que mi habilidad para cuidar vidas se queda exclusivamente dentro del quirófano. Lo intenté un par de veces, pero la historia siempre se repetía: llegaba a casa completamente exhausto después de una guardia interminable, caía en un sueño pesadísimo, y al despertar, el animalito simplemente ya no estaba. Me culpo muchísimo por ello. Seguramente por mi torpeza dejaba la puerta mal cerrada o la ventana del baño abierta... quizá ese olor a hospital que siempre traigo impregnado terminaba por ahuyentarlos. Me encantaba su compañía, de verdad... pero he tenido que aceptar la realidad. A día de hoy, ni siquiera las personas consiguen permanecer a mi lado por mucho tiempo. Amigos, citas... tarde o temprano todos terminan yéndose sin dejar rastro. 𝑇𝑎𝑙 𝑣𝑒𝑧 𝑠𝑖𝑚𝑝𝑙𝑒𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑒𝑠 𝑚𝑖 𝑑𝑒𝑠𝑡𝑖𝑛𝑜. ༒︎
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  • Mine había aprendido la lección antes de cumplir los veinte años, en las aulas de la universidad donde sus compañeros heredaban imperios mientras él se conformaba con ganarse una beca. El mundo, descubrió, no funcionaba con méritos, sino con conexiones. Podías ser el hombre más brillante de una sala, y aún así no significaba nada. No en la yakuza. Allí, los lazos de sangre se forjaban con la certeza de que el hombre a tu lado estaría dispuesto a 𝗰𝗼𝗿𝘁𝗮𝗿𝘀𝗲 𝘂𝗻 𝗱𝗲𝗱𝗼 𝗽𝗼𝗿 𝘁𝗶. Mine lo sabía antes de dar el primer paso. Así que, como todo en su vida, lo planificó con la meticulosidad de quien no puede permitirse un error.

    Investigó durante meses. Pagó a informantes que bebían su salario en whisky barato, consultó archivos judiciales que el resto del mundo había olvidado, rastreó nombres que nadie más recordaba hasta dar con uno. Un hombre que había sido parte de un clan menor en los márgenes del Tojo, 𝗮𝗹𝗴𝘂𝗶𝗲𝗻 𝘁𝗮𝗻 𝗶𝗿𝗿𝗲𝗹𝗲𝘃𝗮𝗻𝘁𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝘂 𝗽𝗿𝗼𝗽𝗶𝗮 𝗳𝗮𝗺𝗶𝗹𝗶𝗮 𝗹𝗼 𝗵𝗮𝗯𝛊́𝗮 𝗮𝗯𝗮𝗻𝗱𝗼𝗻𝗮𝗱𝗼 𝗮 𝘀𝘂 𝘀𝘂𝗲𝗿𝘁𝗲 cuando la justicia lo atrapó. El cargo hizo que hasta los yakuzas más endurecidos fruncieran el ceño cuando Mine mencionó el nombre en voz baja. 𝗔𝗰𝗼𝘀𝗼 𝗦𝗲𝘅𝘂𝗮𝗹. La condena había sido larga, el escarnio público implacable, la vergüenza tan absoluta que el hombre salió de prisión sin un solo contacto al que recurrir. Perfecto, pensó Mine. 𝗔𝗹𝗴𝘂𝗶𝗲𝗻 𝘁𝗮𝗻 𝗱𝗲𝘀𝗽𝗿𝗲𝗰𝗶𝗮𝗱𝗼 𝗽𝗼𝗿 𝘁𝗼𝗱𝗼𝘀 𝗻𝗼 𝘁𝗲𝗻𝗱𝗿𝛊́𝗮 𝗺𝗮́𝘀 𝗼𝗽𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗾𝘂𝗲 𝗮𝗳𝗲𝗿𝗿𝗮𝗿𝘀𝗲 𝗮 𝗾𝘂𝗶𝗲𝗻 𝗹𝗲 𝘁𝗲𝗻𝗱𝗶𝗲𝗿𝗮 𝗹𝗮 𝗺𝗮𝗻𝗼.

    La primera vez que lo vio fue en una sala de visitas penitenciaria, el hombre era más bajo de lo que esperaba, con un cuerpo que la cárcel no había hecho más que engordar, un rostro inflamado por los años de mala comida y peor trato, y una mirada que alternaba entre la desconfianza del animal acorralado y una sumisión 𝗰𝗮𝘀𝗶 𝘃𝗲𝗿𝗴𝗼𝗻𝘇𝗼𝘀𝗮. Cuando Mine se acercó, los otros reclusos que compartían el espacio se alejaron como si el aire a su alrededor estuviera contaminado. Sintió el estómago revolverse, una náusea agria que le subió por la garganta y que solo pudo contener apretando la mandíbula con una fuerza que le hizo crujir los dientes. Aquel hombre era lo más bajo que podía encontrarse en la sociedad japonesa, un paria entre los parias, tan repulsivo que incluso los asesinos y los estafadores le daban la espalda.

    Y Mine sonrió. Extendió la mano con la palma hacia arriba, un gesto de apertura que había ensayado frente al espejo durante semanas, y dijo las palabras que había construido con cuidado. Habló de oportunidades, de segundas chances, de cómo alguien con su conocimiento del mundo exterior y alguien con la experiencia del hombre dentro podían construir algo juntos. Su voz no tembló y su gesto no se quebró. 𝗡𝗶 𝘀𝗶𝗾𝘂𝗶𝗲𝗿𝗮 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗹𝗮 𝗺𝗮𝗻𝗼 𝘀𝘂𝗱𝗼𝗿𝗼𝘀𝗮 𝘆 𝗱𝗲𝗺𝗮𝘀𝗶𝗮𝗱𝗼 𝗰𝗮𝗹𝗶𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗱𝗲𝗹 𝗲𝘅𝗰𝗼𝗻𝘃𝗶𝗰𝘁𝗼 𝗮𝗽𝗿𝗲𝘁𝗼́ 𝗹𝗮 𝘀𝘂𝘆𝗮 𝗰𝗼𝗻 𝘂𝗻𝗮 𝗲𝗳𝘂𝘀𝗶𝘃𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗲 𝗵𝗶𝘇𝗼 𝘀𝗲𝗻𝘁𝗶𝗿 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝘀𝗶 𝗲𝘀𝘁𝘂𝘃𝗶𝗲𝗿𝗮 𝘁𝗼𝗰𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗮𝗹𝗴𝗼 𝗽𝘂𝘁𝗿𝗲𝗳𝗮𝗰𝘁𝗼.

    Durante meses, Mine se obligó a estar presente. A escuchar las mismas historias aburridas sobre sus conquistas, los mismos chistes vulgares que hacían que sus subordinados más leales desviaran la mirada con incomodidad cuando el hombre reía demasiado fuerte en los bares de Kabukichō. A pagar las cuentas, primero las pequeñas, luego las grandes. Un apartamento aquí, un coche allá, dinero para "inversiones" que nunca se materializaban en nada excepto en deudas más grandes. Cada vez que el hombre lo llamaba "hermano" con esa voz untuosa, Mine sentía algo retorcerse en su interior, 𝘂𝗻 𝗮𝗻𝗶𝗺𝗮𝗹 𝗮𝘀𝗾𝘂𝗲𝗮𝗱𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗮𝗿𝗮𝗻̃𝗮𝗯𝗮 𝗹𝗮𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗲𝗱𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝘀𝘂 𝗲𝘀𝘁𝗼́𝗺𝗮𝗴𝗼. Pero sostenía la sonrisa, apretaba el hombro del otro con un gesto de camaradería que había ensayado tantas veces que se había vuelto mecánico. Esperaba, pues aquel 𝗖𝗘𝗥𝗗𝗢 era el único que podía brindarle contactos.

    Lo que no esperaba, lo que ningún plan financiero ni análisis de riesgo podría haber previsto, fue el momento en que algo dentro de él se dobló.
    Ocurrió una noche de lluvia, en un callejón detrás de un izakaya donde habían estado bebiendo hasta que las luces de neón empezaron a parpadear como estrellas moribundas. El hombre estaba ebrio, más de lo habitual, apoyado contra la pared húmeda mientras Mine fingía buscar su teléfono para pedir un taxi. Y entonces, entre balbuceos y eructos, las palabras salieron.

    —Somos hermanos jurados, Yoshitaka. Hermanos. Juntos hasta la muerte, ¿entiendes? 𝗛𝗮𝘀𝘁𝗮 𝗹𝗮 𝗺𝘂𝗲𝗿𝘁𝗲.

    La lluvia caía sobre los hombros de Mine, empapando la tela cara de su abrigo, y por un instante, solo un pequeño instante que después repasaría en su memoria cientos de veces, 𝗽𝗿𝗲𝗴𝘂𝗻𝘁𝗮𝗻𝗱𝗼𝘀𝗲 𝘀𝗶 𝗵𝗮𝗯𝗶𝗮 𝘀𝗶𝗱𝗼 𝗮𝗹𝗴𝗼 𝗿𝗲𝗮𝗹 𝗼 𝘀𝗶𝗺𝗽𝗹𝗲𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗱𝗲𝘀𝗲𝘀𝗽𝗲𝗿𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻... Mine sintió algo. Una pequeña calidez, una pequeña grieta en los muros que el habia construido con tanto cuidado. Tal vez, pensó mientras miraba al hombre tambaleante bajo la lluvia, 𝘁𝗮𝗹 𝘃𝗲𝘇 𝗲𝘀𝘁𝗮 𝗰𝗼𝘀𝗮 𝗴𝗿𝗼𝘁𝗲𝘀𝗰𝗮 𝗿𝗲𝗮𝗹𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗹𝗼 𝗱𝗲𝗰𝛊́𝗮 𝗲𝗻 𝘀𝗲𝗿𝗶𝗼. Tal vez todos los gestos, las borracheras compartidas, las conversaciones sin sentido sobre el futuro, tal vez todo eso había construido algo real. Algo que Mine nunca había tenido.

    Fue un pensamiento pasajero, duró lo que el parpadeo de una luciérnaga en verano. A la mañana siguiente, cuando el hombre llamó para pedir más dinero con la misma voz de siempre y la misma falta de vergüenza, Mine ya había enterrado ese momento en lo más profundo de su mente.

    La traición llegó tres meses después, aunque en retrospectiva, Mine sabía que había estado gestándose desde el primer día. Un trato. Algo grande, algo que pondría a la Familia Hakuho en una posición de poder dentro del Clan. El hombre había insistido en participar, en demostrar que era más que la mascota que los otros clanes susurraban a sus espaldas. Mine aceptó, a pesar de cada instinto que le gritaba que no lo hiciera. 𝗧𝗮𝗹 𝘃𝗲𝘇, 𝘀𝗲 𝗱𝗶𝗷𝗼, 𝘁𝗮𝗹 𝘃𝗲𝘇 𝗮𝘀𝛊́ 𝗲𝗹 𝘃𝛊́𝗻𝗰𝘂𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗵𝗮𝗯𝛊́𝗮𝗻 𝗰𝗼𝗻𝘀𝘁𝗿𝘂𝗶𝗱𝗼 𝗱𝗲𝗷𝗮𝗿𝛊́𝗮 𝗱𝗲 𝘀𝗲𝗿 𝘀𝗼𝗹𝗼 𝗽𝗮𝗹𝗮𝗯𝗿𝗮𝘀 𝗲𝗯𝗿𝗶𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝘂𝗻 𝗰𝗮𝗹𝗹𝗲𝗷𝗼́𝗻.
    La emboscada fue perfectamente ejecutada. Las luces de los vehículos, las armas desenfundadas, los gritos de los hombres de Mine cayendo alrededor. Y el hombre que debía cubrirle la espalda, aquel al que había sacado de la cárcel, 𝗮𝗹 𝗾𝘂𝗲 𝗵𝗮𝗯𝛊́𝗮 𝘃𝗲𝘀𝘁𝗶𝗱𝗼, 𝗮𝗹𝗶𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗱𝗼, 𝗽𝗿𝗼𝘁𝗲𝗴𝗶𝗱𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗯𝘂𝗿𝗹𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗱𝗲𝗺𝗮́𝘀 𝗰𝗹𝗮𝗻𝗲𝘀, 𝗱𝗲𝘀𝗮𝗽𝗮𝗿𝗲𝗰𝗶𝗼́ 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗰𝗼𝗻𝗳𝘂𝘀𝗶𝗼́𝗻 𝗰𝗼𝗻 𝘁𝗼𝗱𝗼 𝗲𝗹 𝗱𝗶𝗻𝗲𝗿𝗼. Con todo. Mine recordaba haber sangrado esa noche, arrastrándose por un callejón distinto al de la promesa de hermanos jurados, con un tajo en el costado que le enseñó lo que era estar realmente solo.

    No lo buscó, no envió hombres tras él, no hizo nada excepto esperar. Y Mine Yoshitaka sabía esperar como nadie. Había esperado años para construir su imperio financiero, había esperado décadas para encontrar un lugar al que pertenecer, había esperado toda una vida para dejar de sentirse como el niño huérfano que miraba desde afuera. Podía esperar unos meses más, después de todo, Mine se convenció así mismo de que 𝗹𝗮 𝘃𝗲𝗻𝗴𝗮𝗻𝘇𝗮 𝗲𝘀 𝘂𝗻 𝗷𝘂𝗲𝗴𝗼 𝗱𝗲 𝘁𝗼𝗻𝘁𝗼𝘀.

    El hombre volvió cuando el dinero se acabó. Volvió con la misma sonrisa untuosa, la misma falta de vergüenza, los mismos gestos de camaradería... y Mine sonrió. Le dio la bienvenida, puso una mano en su hombro y dijo que entendía, que eran tiempos difíciles, que los hermanos se perdonan. Cada palabra era un cuchillo que enterraba en su propia carne, pero la sonrisa no se movió ni un milímetro.
    Dejó que el hombre creyera que había triunfado, que la traición había sido olvidada, que su lugar junto al futuro patriarca seguía intacto. Le prestó dinero cuando lo pidió, asintió con la cabeza cuando el hombre hablaba de sus planes grandiosos, rió cuando contaba sus chistes vulgares. Cada interacción era una prueba de resistencia, un ejercicio de control tan exquisito que a veces Mine se sorprendía a sí mismo, 𝗽𝗿𝗲𝗴𝘂𝗻𝘁𝗮́𝗻𝗱𝗼𝘀𝗲 𝘀𝗶 𝗿𝗲𝗮𝗹𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗲𝗿𝗮 𝗵𝘂𝗺𝗮𝗻𝗼 𝗼 𝘀𝗼𝗹𝗼 𝘂𝗻𝗮 𝗺𝗮́𝗾𝘂𝗶𝗻𝗮 𝗱𝗶𝘀𝗳𝗿𝗮𝘇𝗮𝗱𝗮 𝗱𝗲 𝗵𝗼𝗺𝗯𝗿𝗲.

    Pero la paciencia, como todo en la vida, tenía un límite.

    Fue una tarde cualquiera. Mine estaba en su oficina de la sede de la Familia Hakuho, repasando informes trimestrales que prometían ganancias récord, cuando el hombre irrumpió sin anunciarse. Ya había estado bebiendo, el aliento a shōchū llegó antes que él, impregnando el aire con ese olor agrio que Mine había aprendido a identificar como presagio de problemas. Y entonces comenzó..
    Primero fueron las acusaciones: Que Mine le debía más, que lo había mantenido en una posición baja a propósito para humillarlo, que él había puesto su vida en riesgo por el clan y qué había recibido a cambio. La voz del hombre crecía en volumen y en absurdez, cada palabra más inflamada que la anterior, hasta que el traqueteo de los muebles al ser empujados se sumó al ruido. Una lámpara de mesa de porcelana china, una pieza que Mine había adquirido en una subasta en Kioto, valorada en más de lo que aquel cerdo había ganado en toda su vida, voló contra la pared y estalló en fragmentos blancos. Un portarretratos con una fotografía que Mine ni siquiera recordaba haber colocado allí siguió el mismo camino. Luego un jarrón, luego un monitor...

    —¡ME DEBES TODO! —el grito del hombre resonó entre las paredes de caoba, sus puños golpeando el escritorio donde Mine todavía estaba sentado, observando con una calma que parecía sobrenatural—. ¡TODO EL DINERO, MINE! ¡Y TUS HOMBRES! ¡ME CANSÉ DE ESTA MIERDA! ¡VOY A ARMAR UNA GUERRA SI NO ME DAS LO QUE ME CORRESPONDE!

    Sus manos gordezuelas se cerraron sobre el borde del escritorio, volcando la taza de té que Mine había estado bebiendo momentos antes. El líquido caliente se derramó sobre los informes, arruinando horas de trabajo meticuloso. Y fue eso, de todas las cosas, lo que hizo que algo en los ojos de Mine cambiara. No fue la amenaza de guerra, no fue la destrucción de sus pertenencias. Fue el té sobre los informes. 𝗘𝗹 𝗴𝗲𝘀𝘁𝗼 𝗽𝗲𝗾𝘂𝗲𝗻̃𝗼, 𝗰𝗮𝘀𝗶 𝗶𝗻𝘀𝗶𝗴𝗻𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗻𝘁𝗲, 𝗾𝘂𝗲 𝗵𝗮𝗯𝗹𝗮𝗯𝗮 𝗱𝗲 𝘂𝗻𝗮 𝗳𝗮𝗹𝘁𝗮 𝗱𝗲 𝗿𝗲𝘀𝗽𝗲𝘁𝗼 𝘁𝗮𝗻 𝗽𝗿𝗼𝗳𝘂𝗻𝗱𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗶 𝘀𝗶𝗾𝘂𝗶𝗲𝗿𝗮 𝗺𝗲𝗿𝗲𝗰𝛊́𝗮 𝘀𝗲𝗿 𝗰𝗼𝗻𝘀𝗶𝗱𝗲𝗿𝗮𝗱𝗮.
    El hombre seguía gritando, su cara congestionada hasta adquirir un tono púrpura, la saliva volando de sus labios mientras enumeraba todas las formas en que Mine le había fallado. No había notado cómo la sonrisa de Mine, esa sonrisa que había sostenido durante dos años enteros, había desaparecido de su rostro como si nunca hubiera existido.

    Cuando Mine se levantó de su silla, lo hizo con fluidez, el golpe fue tan rápido que el hombre apenas tuvo tiempo de parpadear antes de que el puño de Mine se hundiera en su estómago blando con precisión. El aire salió de sus pulmones en un gemido húmedo, sus rodillas se doblaron, y luego vino el segundo golpe, y el tercero. 𝗖𝗮𝗱𝗮 𝗶𝗺𝗽𝗮𝗰𝘁𝗼 𝗲𝗿𝗮 𝘂𝗻𝗮 𝗹𝗶𝗯𝗲𝗿𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻, 𝗰𝗮𝗱𝗮 𝘀𝗼𝗻𝗶𝗱𝗼 𝗱𝗲 𝗵𝘂𝗲𝘀𝗼 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗰𝗮𝗿𝗻𝗲 𝘂𝗻 𝗲𝗰𝗼 𝗱𝗲 𝘁𝗼𝗱𝗮𝘀 𝗹𝗮𝘀 𝘀𝗼𝗻𝗿𝗶𝘀𝗮𝘀 𝗳𝗮𝗹𝘀𝗮𝘀, 𝘁𝗼𝗱𝗮𝘀 𝗹𝗮𝘀 𝗽𝗿𝗼𝗺𝗲𝘀𝗮𝘀 𝗿𝗼𝘁𝗮𝘀, 𝘁𝗼𝗱𝗮𝘀 𝗹𝗮𝘀 𝗻𝗼𝗰𝗵𝗲𝘀 𝗲𝗻 𝗾𝘂𝗲 𝗠𝗶𝗻𝗲 𝗵𝗮𝗯𝛊́𝗮 𝗺𝗶𝗿𝗮𝗱𝗼 𝗮𝗹 𝘁𝗲𝗰𝗵𝗼 𝗱𝗲 𝘀𝘂 𝗮𝗽𝗮𝗿𝘁𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗽𝗿𝗲𝗴𝘂𝗻𝘁𝗮́𝗻𝗱𝗼𝘀𝗲 𝗽𝗼𝗿 𝗾𝘂𝗲́ 𝘀𝗲𝗴𝘂𝛊́𝗮 𝘀𝗶𝗻𝘁𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝗲𝘀𝗲 𝘃𝗮𝗰𝛊́𝗼 𝗮 𝗽𝗲𝘀𝗮𝗿 𝗱𝗲 𝘁𝗼𝗱𝗼 𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗵𝗮𝗯𝛊́𝗮 𝗹𝗼𝗴𝗿𝗮𝗱𝗼.

    La sangre salpicó la manga de su traje, pero Mine ni siquiera parpadeó. Sus nudillos ardían, y el dolor era casi agradable, desestresante diría.
    Cuando el hombre yacía en el suelo, entre los restos de porcelana y los papeles manchados de té, emitiendo sonidos que ya no eran palabras sino gemidos, Mine se enderezó. Tomó un pañuelo de su bolsillo interior y se limpió los nudillos meticulosidad. Sólo entonces, con un gesto casi perezoso de su mano, 𝗹𝗹𝗮𝗺𝗼́ 𝗮 𝘀𝘂𝘀 𝘀𝘂𝗯𝗼𝗿𝗱𝗶𝗻𝗮𝗱𝗼𝘀.

    Dos hombres en traje negro aparecieron en el marco de la puerta, sus rostros perfectamente impasibles, esperando instrucciones.
    Mine los miró, y luego desvió la vista hacia el bulto tembloroso en el suelo. Su voz, cuando habló, fue baja y serena, el mismo tono que usaba para aprobar presupuestos trimestrales.

    —𝗡𝗼 𝗹𝗼 𝗵𝗮𝗴𝗮𝗻 𝗮𝗾𝘂𝛊́

    Salió de la oficina sin mirar atrás. Caminó por el pasillo de la sede con pasos medidos, escuchando cómo los gritos comenzaban de nuevo detrás de él, más agudos y más desesperados, la voz de aquel hombre que ya no era su "mejor amigo", 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝘂𝗻𝗰𝗮 𝗹𝗼 𝗵𝗮𝗯𝛊́𝗮 𝘀𝗶𝗱𝗼, 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝘂𝗻𝗰𝗮 𝗽𝗼𝗱𝗿𝛊́𝗮 𝗵𝗮𝗯𝗲𝗿𝗹𝗼 𝘀𝗶𝗱𝗼.

    Porque esa era la lección, ¿no? Mine había aprendido muy pronto que en este mundo no recibes nada gratis. Y aquella cosa en el suelo de su oficina, ese despojo que gemía entre la sangre y los restos de porcelana, nunca había sido un hermano. 𝗦𝗼𝗹𝗼 𝗵𝗮𝗯𝛊́𝗮 𝘀𝗶𝗱𝗼 𝘂𝗻 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮𝘁𝗼 𝗺𝗮𝗹 𝗿𝗲𝗱𝗮𝗰𝘁𝗮𝗱𝗼, 𝘂𝗻𝗮 𝗶𝗻𝘃𝗲𝗿𝘀𝗶𝗼́𝗻 𝗰𝗼𝗻 𝗿𝗲𝗻𝗱𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼𝘀 𝗻𝗲𝗴𝗮𝘁𝗶𝘃𝗼𝘀, 𝘂𝗻𝗮 𝗽𝗮́𝗴𝗶𝗻𝗮 𝗺𝗮́𝘀 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗹𝗮𝗿𝗴𝗼 𝗲𝘅𝗽𝗲𝗱𝗶𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗱𝗲 𝗿𝗮𝘇𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗽𝗼𝗿 𝗹𝗮𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗠𝗶𝗻𝗲 𝗵𝗮𝗯𝛊́𝗮 𝗱𝗲𝗷𝗮𝗱𝗼 𝗱𝗲 𝗰𝗿𝗲𝗲𝗿 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗹𝗮𝘇𝗼𝘀 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲 𝗵𝗼𝗺𝗯𝗿𝗲𝘀 𝗽𝗼𝗱𝛊́𝗮𝗻 𝘀𝗲𝗿 𝗮𝗹𝗴𝗼 𝗺𝗮́𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝘁𝗿𝗮𝗻𝘀𝗮𝗰𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀.
    Mine había aprendido la lección antes de cumplir los veinte años, en las aulas de la universidad donde sus compañeros heredaban imperios mientras él se conformaba con ganarse una beca. El mundo, descubrió, no funcionaba con méritos, sino con conexiones. Podías ser el hombre más brillante de una sala, y aún así no significaba nada. No en la yakuza. Allí, los lazos de sangre se forjaban con la certeza de que el hombre a tu lado estaría dispuesto a 𝗰𝗼𝗿𝘁𝗮𝗿𝘀𝗲 𝘂𝗻 𝗱𝗲𝗱𝗼 𝗽𝗼𝗿 𝘁𝗶. Mine lo sabía antes de dar el primer paso. Así que, como todo en su vida, lo planificó con la meticulosidad de quien no puede permitirse un error. Investigó durante meses. Pagó a informantes que bebían su salario en whisky barato, consultó archivos judiciales que el resto del mundo había olvidado, rastreó nombres que nadie más recordaba hasta dar con uno. Un hombre que había sido parte de un clan menor en los márgenes del Tojo, 𝗮𝗹𝗴𝘂𝗶𝗲𝗻 𝘁𝗮𝗻 𝗶𝗿𝗿𝗲𝗹𝗲𝘃𝗮𝗻𝘁𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝘂 𝗽𝗿𝗼𝗽𝗶𝗮 𝗳𝗮𝗺𝗶𝗹𝗶𝗮 𝗹𝗼 𝗵𝗮𝗯𝛊́𝗮 𝗮𝗯𝗮𝗻𝗱𝗼𝗻𝗮𝗱𝗼 𝗮 𝘀𝘂 𝘀𝘂𝗲𝗿𝘁𝗲 cuando la justicia lo atrapó. El cargo hizo que hasta los yakuzas más endurecidos fruncieran el ceño cuando Mine mencionó el nombre en voz baja. 𝗔𝗰𝗼𝘀𝗼 𝗦𝗲𝘅𝘂𝗮𝗹. La condena había sido larga, el escarnio público implacable, la vergüenza tan absoluta que el hombre salió de prisión sin un solo contacto al que recurrir. Perfecto, pensó Mine. 𝗔𝗹𝗴𝘂𝗶𝗲𝗻 𝘁𝗮𝗻 𝗱𝗲𝘀𝗽𝗿𝗲𝗰𝗶𝗮𝗱𝗼 𝗽𝗼𝗿 𝘁𝗼𝗱𝗼𝘀 𝗻𝗼 𝘁𝗲𝗻𝗱𝗿𝛊́𝗮 𝗺𝗮́𝘀 𝗼𝗽𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗾𝘂𝗲 𝗮𝗳𝗲𝗿𝗿𝗮𝗿𝘀𝗲 𝗮 𝗾𝘂𝗶𝗲𝗻 𝗹𝗲 𝘁𝗲𝗻𝗱𝗶𝗲𝗿𝗮 𝗹𝗮 𝗺𝗮𝗻𝗼. La primera vez que lo vio fue en una sala de visitas penitenciaria, el hombre era más bajo de lo que esperaba, con un cuerpo que la cárcel no había hecho más que engordar, un rostro inflamado por los años de mala comida y peor trato, y una mirada que alternaba entre la desconfianza del animal acorralado y una sumisión 𝗰𝗮𝘀𝗶 𝘃𝗲𝗿𝗴𝗼𝗻𝘇𝗼𝘀𝗮. Cuando Mine se acercó, los otros reclusos que compartían el espacio se alejaron como si el aire a su alrededor estuviera contaminado. Sintió el estómago revolverse, una náusea agria que le subió por la garganta y que solo pudo contener apretando la mandíbula con una fuerza que le hizo crujir los dientes. Aquel hombre era lo más bajo que podía encontrarse en la sociedad japonesa, un paria entre los parias, tan repulsivo que incluso los asesinos y los estafadores le daban la espalda. Y Mine sonrió. Extendió la mano con la palma hacia arriba, un gesto de apertura que había ensayado frente al espejo durante semanas, y dijo las palabras que había construido con cuidado. Habló de oportunidades, de segundas chances, de cómo alguien con su conocimiento del mundo exterior y alguien con la experiencia del hombre dentro podían construir algo juntos. Su voz no tembló y su gesto no se quebró. 𝗡𝗶 𝘀𝗶𝗾𝘂𝗶𝗲𝗿𝗮 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗹𝗮 𝗺𝗮𝗻𝗼 𝘀𝘂𝗱𝗼𝗿𝗼𝘀𝗮 𝘆 𝗱𝗲𝗺𝗮𝘀𝗶𝗮𝗱𝗼 𝗰𝗮𝗹𝗶𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗱𝗲𝗹 𝗲𝘅𝗰𝗼𝗻𝘃𝗶𝗰𝘁𝗼 𝗮𝗽𝗿𝗲𝘁𝗼́ 𝗹𝗮 𝘀𝘂𝘆𝗮 𝗰𝗼𝗻 𝘂𝗻𝗮 𝗲𝗳𝘂𝘀𝗶𝘃𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗲 𝗵𝗶𝘇𝗼 𝘀𝗲𝗻𝘁𝗶𝗿 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝘀𝗶 𝗲𝘀𝘁𝘂𝘃𝗶𝗲𝗿𝗮 𝘁𝗼𝗰𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗮𝗹𝗴𝗼 𝗽𝘂𝘁𝗿𝗲𝗳𝗮𝗰𝘁𝗼. Durante meses, Mine se obligó a estar presente. A escuchar las mismas historias aburridas sobre sus conquistas, los mismos chistes vulgares que hacían que sus subordinados más leales desviaran la mirada con incomodidad cuando el hombre reía demasiado fuerte en los bares de Kabukichō. A pagar las cuentas, primero las pequeñas, luego las grandes. Un apartamento aquí, un coche allá, dinero para "inversiones" que nunca se materializaban en nada excepto en deudas más grandes. Cada vez que el hombre lo llamaba "hermano" con esa voz untuosa, Mine sentía algo retorcerse en su interior, 𝘂𝗻 𝗮𝗻𝗶𝗺𝗮𝗹 𝗮𝘀𝗾𝘂𝗲𝗮𝗱𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗮𝗿𝗮𝗻̃𝗮𝗯𝗮 𝗹𝗮𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗲𝗱𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝘀𝘂 𝗲𝘀𝘁𝗼́𝗺𝗮𝗴𝗼. Pero sostenía la sonrisa, apretaba el hombro del otro con un gesto de camaradería que había ensayado tantas veces que se había vuelto mecánico. Esperaba, pues aquel 𝗖𝗘𝗥𝗗𝗢 era el único que podía brindarle contactos. Lo que no esperaba, lo que ningún plan financiero ni análisis de riesgo podría haber previsto, fue el momento en que algo dentro de él se dobló. Ocurrió una noche de lluvia, en un callejón detrás de un izakaya donde habían estado bebiendo hasta que las luces de neón empezaron a parpadear como estrellas moribundas. El hombre estaba ebrio, más de lo habitual, apoyado contra la pared húmeda mientras Mine fingía buscar su teléfono para pedir un taxi. Y entonces, entre balbuceos y eructos, las palabras salieron. —Somos hermanos jurados, Yoshitaka. Hermanos. Juntos hasta la muerte, ¿entiendes? 𝗛𝗮𝘀𝘁𝗮 𝗹𝗮 𝗺𝘂𝗲𝗿𝘁𝗲. La lluvia caía sobre los hombros de Mine, empapando la tela cara de su abrigo, y por un instante, solo un pequeño instante que después repasaría en su memoria cientos de veces, 𝗽𝗿𝗲𝗴𝘂𝗻𝘁𝗮𝗻𝗱𝗼𝘀𝗲 𝘀𝗶 𝗵𝗮𝗯𝗶𝗮 𝘀𝗶𝗱𝗼 𝗮𝗹𝗴𝗼 𝗿𝗲𝗮𝗹 𝗼 𝘀𝗶𝗺𝗽𝗹𝗲𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗱𝗲𝘀𝗲𝘀𝗽𝗲𝗿𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻... Mine sintió algo. Una pequeña calidez, una pequeña grieta en los muros que el habia construido con tanto cuidado. Tal vez, pensó mientras miraba al hombre tambaleante bajo la lluvia, 𝘁𝗮𝗹 𝘃𝗲𝘇 𝗲𝘀𝘁𝗮 𝗰𝗼𝘀𝗮 𝗴𝗿𝗼𝘁𝗲𝘀𝗰𝗮 𝗿𝗲𝗮𝗹𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗹𝗼 𝗱𝗲𝗰𝛊́𝗮 𝗲𝗻 𝘀𝗲𝗿𝗶𝗼. Tal vez todos los gestos, las borracheras compartidas, las conversaciones sin sentido sobre el futuro, tal vez todo eso había construido algo real. Algo que Mine nunca había tenido. Fue un pensamiento pasajero, duró lo que el parpadeo de una luciérnaga en verano. A la mañana siguiente, cuando el hombre llamó para pedir más dinero con la misma voz de siempre y la misma falta de vergüenza, Mine ya había enterrado ese momento en lo más profundo de su mente. La traición llegó tres meses después, aunque en retrospectiva, Mine sabía que había estado gestándose desde el primer día. Un trato. Algo grande, algo que pondría a la Familia Hakuho en una posición de poder dentro del Clan. El hombre había insistido en participar, en demostrar que era más que la mascota que los otros clanes susurraban a sus espaldas. Mine aceptó, a pesar de cada instinto que le gritaba que no lo hiciera. 𝗧𝗮𝗹 𝘃𝗲𝘇, 𝘀𝗲 𝗱𝗶𝗷𝗼, 𝘁𝗮𝗹 𝘃𝗲𝘇 𝗮𝘀𝛊́ 𝗲𝗹 𝘃𝛊́𝗻𝗰𝘂𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗵𝗮𝗯𝛊́𝗮𝗻 𝗰𝗼𝗻𝘀𝘁𝗿𝘂𝗶𝗱𝗼 𝗱𝗲𝗷𝗮𝗿𝛊́𝗮 𝗱𝗲 𝘀𝗲𝗿 𝘀𝗼𝗹𝗼 𝗽𝗮𝗹𝗮𝗯𝗿𝗮𝘀 𝗲𝗯𝗿𝗶𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝘂𝗻 𝗰𝗮𝗹𝗹𝗲𝗷𝗼́𝗻. La emboscada fue perfectamente ejecutada. Las luces de los vehículos, las armas desenfundadas, los gritos de los hombres de Mine cayendo alrededor. Y el hombre que debía cubrirle la espalda, aquel al que había sacado de la cárcel, 𝗮𝗹 𝗾𝘂𝗲 𝗵𝗮𝗯𝛊́𝗮 𝘃𝗲𝘀𝘁𝗶𝗱𝗼, 𝗮𝗹𝗶𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗱𝗼, 𝗽𝗿𝗼𝘁𝗲𝗴𝗶𝗱𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗯𝘂𝗿𝗹𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗱𝗲𝗺𝗮́𝘀 𝗰𝗹𝗮𝗻𝗲𝘀, 𝗱𝗲𝘀𝗮𝗽𝗮𝗿𝗲𝗰𝗶𝗼́ 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗰𝗼𝗻𝗳𝘂𝘀𝗶𝗼́𝗻 𝗰𝗼𝗻 𝘁𝗼𝗱𝗼 𝗲𝗹 𝗱𝗶𝗻𝗲𝗿𝗼. Con todo. Mine recordaba haber sangrado esa noche, arrastrándose por un callejón distinto al de la promesa de hermanos jurados, con un tajo en el costado que le enseñó lo que era estar realmente solo. No lo buscó, no envió hombres tras él, no hizo nada excepto esperar. Y Mine Yoshitaka sabía esperar como nadie. Había esperado años para construir su imperio financiero, había esperado décadas para encontrar un lugar al que pertenecer, había esperado toda una vida para dejar de sentirse como el niño huérfano que miraba desde afuera. Podía esperar unos meses más, después de todo, Mine se convenció así mismo de que 𝗹𝗮 𝘃𝗲𝗻𝗴𝗮𝗻𝘇𝗮 𝗲𝘀 𝘂𝗻 𝗷𝘂𝗲𝗴𝗼 𝗱𝗲 𝘁𝗼𝗻𝘁𝗼𝘀. El hombre volvió cuando el dinero se acabó. Volvió con la misma sonrisa untuosa, la misma falta de vergüenza, los mismos gestos de camaradería... y Mine sonrió. Le dio la bienvenida, puso una mano en su hombro y dijo que entendía, que eran tiempos difíciles, que los hermanos se perdonan. Cada palabra era un cuchillo que enterraba en su propia carne, pero la sonrisa no se movió ni un milímetro. Dejó que el hombre creyera que había triunfado, que la traición había sido olvidada, que su lugar junto al futuro patriarca seguía intacto. Le prestó dinero cuando lo pidió, asintió con la cabeza cuando el hombre hablaba de sus planes grandiosos, rió cuando contaba sus chistes vulgares. Cada interacción era una prueba de resistencia, un ejercicio de control tan exquisito que a veces Mine se sorprendía a sí mismo, 𝗽𝗿𝗲𝗴𝘂𝗻𝘁𝗮́𝗻𝗱𝗼𝘀𝗲 𝘀𝗶 𝗿𝗲𝗮𝗹𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗲𝗿𝗮 𝗵𝘂𝗺𝗮𝗻𝗼 𝗼 𝘀𝗼𝗹𝗼 𝘂𝗻𝗮 𝗺𝗮́𝗾𝘂𝗶𝗻𝗮 𝗱𝗶𝘀𝗳𝗿𝗮𝘇𝗮𝗱𝗮 𝗱𝗲 𝗵𝗼𝗺𝗯𝗿𝗲. Pero la paciencia, como todo en la vida, tenía un límite. Fue una tarde cualquiera. Mine estaba en su oficina de la sede de la Familia Hakuho, repasando informes trimestrales que prometían ganancias récord, cuando el hombre irrumpió sin anunciarse. Ya había estado bebiendo, el aliento a shōchū llegó antes que él, impregnando el aire con ese olor agrio que Mine había aprendido a identificar como presagio de problemas. Y entonces comenzó.. Primero fueron las acusaciones: Que Mine le debía más, que lo había mantenido en una posición baja a propósito para humillarlo, que él había puesto su vida en riesgo por el clan y qué había recibido a cambio. La voz del hombre crecía en volumen y en absurdez, cada palabra más inflamada que la anterior, hasta que el traqueteo de los muebles al ser empujados se sumó al ruido. Una lámpara de mesa de porcelana china, una pieza que Mine había adquirido en una subasta en Kioto, valorada en más de lo que aquel cerdo había ganado en toda su vida, voló contra la pared y estalló en fragmentos blancos. Un portarretratos con una fotografía que Mine ni siquiera recordaba haber colocado allí siguió el mismo camino. Luego un jarrón, luego un monitor... —¡ME DEBES TODO! —el grito del hombre resonó entre las paredes de caoba, sus puños golpeando el escritorio donde Mine todavía estaba sentado, observando con una calma que parecía sobrenatural—. ¡TODO EL DINERO, MINE! ¡Y TUS HOMBRES! ¡ME CANSÉ DE ESTA MIERDA! ¡VOY A ARMAR UNA GUERRA SI NO ME DAS LO QUE ME CORRESPONDE! Sus manos gordezuelas se cerraron sobre el borde del escritorio, volcando la taza de té que Mine había estado bebiendo momentos antes. El líquido caliente se derramó sobre los informes, arruinando horas de trabajo meticuloso. Y fue eso, de todas las cosas, lo que hizo que algo en los ojos de Mine cambiara. No fue la amenaza de guerra, no fue la destrucción de sus pertenencias. Fue el té sobre los informes. 𝗘𝗹 𝗴𝗲𝘀𝘁𝗼 𝗽𝗲𝗾𝘂𝗲𝗻̃𝗼, 𝗰𝗮𝘀𝗶 𝗶𝗻𝘀𝗶𝗴𝗻𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗻𝘁𝗲, 𝗾𝘂𝗲 𝗵𝗮𝗯𝗹𝗮𝗯𝗮 𝗱𝗲 𝘂𝗻𝗮 𝗳𝗮𝗹𝘁𝗮 𝗱𝗲 𝗿𝗲𝘀𝗽𝗲𝘁𝗼 𝘁𝗮𝗻 𝗽𝗿𝗼𝗳𝘂𝗻𝗱𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗶 𝘀𝗶𝗾𝘂𝗶𝗲𝗿𝗮 𝗺𝗲𝗿𝗲𝗰𝛊́𝗮 𝘀𝗲𝗿 𝗰𝗼𝗻𝘀𝗶𝗱𝗲𝗿𝗮𝗱𝗮. El hombre seguía gritando, su cara congestionada hasta adquirir un tono púrpura, la saliva volando de sus labios mientras enumeraba todas las formas en que Mine le había fallado. No había notado cómo la sonrisa de Mine, esa sonrisa que había sostenido durante dos años enteros, había desaparecido de su rostro como si nunca hubiera existido. Cuando Mine se levantó de su silla, lo hizo con fluidez, el golpe fue tan rápido que el hombre apenas tuvo tiempo de parpadear antes de que el puño de Mine se hundiera en su estómago blando con precisión. El aire salió de sus pulmones en un gemido húmedo, sus rodillas se doblaron, y luego vino el segundo golpe, y el tercero. 𝗖𝗮𝗱𝗮 𝗶𝗺𝗽𝗮𝗰𝘁𝗼 𝗲𝗿𝗮 𝘂𝗻𝗮 𝗹𝗶𝗯𝗲𝗿𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻, 𝗰𝗮𝗱𝗮 𝘀𝗼𝗻𝗶𝗱𝗼 𝗱𝗲 𝗵𝘂𝗲𝘀𝗼 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗰𝗮𝗿𝗻𝗲 𝘂𝗻 𝗲𝗰𝗼 𝗱𝗲 𝘁𝗼𝗱𝗮𝘀 𝗹𝗮𝘀 𝘀𝗼𝗻𝗿𝗶𝘀𝗮𝘀 𝗳𝗮𝗹𝘀𝗮𝘀, 𝘁𝗼𝗱𝗮𝘀 𝗹𝗮𝘀 𝗽𝗿𝗼𝗺𝗲𝘀𝗮𝘀 𝗿𝗼𝘁𝗮𝘀, 𝘁𝗼𝗱𝗮𝘀 𝗹𝗮𝘀 𝗻𝗼𝗰𝗵𝗲𝘀 𝗲𝗻 𝗾𝘂𝗲 𝗠𝗶𝗻𝗲 𝗵𝗮𝗯𝛊́𝗮 𝗺𝗶𝗿𝗮𝗱𝗼 𝗮𝗹 𝘁𝗲𝗰𝗵𝗼 𝗱𝗲 𝘀𝘂 𝗮𝗽𝗮𝗿𝘁𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗽𝗿𝗲𝗴𝘂𝗻𝘁𝗮́𝗻𝗱𝗼𝘀𝗲 𝗽𝗼𝗿 𝗾𝘂𝗲́ 𝘀𝗲𝗴𝘂𝛊́𝗮 𝘀𝗶𝗻𝘁𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝗲𝘀𝗲 𝘃𝗮𝗰𝛊́𝗼 𝗮 𝗽𝗲𝘀𝗮𝗿 𝗱𝗲 𝘁𝗼𝗱𝗼 𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗵𝗮𝗯𝛊́𝗮 𝗹𝗼𝗴𝗿𝗮𝗱𝗼. La sangre salpicó la manga de su traje, pero Mine ni siquiera parpadeó. Sus nudillos ardían, y el dolor era casi agradable, desestresante diría. Cuando el hombre yacía en el suelo, entre los restos de porcelana y los papeles manchados de té, emitiendo sonidos que ya no eran palabras sino gemidos, Mine se enderezó. Tomó un pañuelo de su bolsillo interior y se limpió los nudillos meticulosidad. Sólo entonces, con un gesto casi perezoso de su mano, 𝗹𝗹𝗮𝗺𝗼́ 𝗮 𝘀𝘂𝘀 𝘀𝘂𝗯𝗼𝗿𝗱𝗶𝗻𝗮𝗱𝗼𝘀. Dos hombres en traje negro aparecieron en el marco de la puerta, sus rostros perfectamente impasibles, esperando instrucciones. Mine los miró, y luego desvió la vista hacia el bulto tembloroso en el suelo. Su voz, cuando habló, fue baja y serena, el mismo tono que usaba para aprobar presupuestos trimestrales. —𝗡𝗼 𝗹𝗼 𝗵𝗮𝗴𝗮𝗻 𝗮𝗾𝘂𝛊́ Salió de la oficina sin mirar atrás. Caminó por el pasillo de la sede con pasos medidos, escuchando cómo los gritos comenzaban de nuevo detrás de él, más agudos y más desesperados, la voz de aquel hombre que ya no era su "mejor amigo", 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝘂𝗻𝗰𝗮 𝗹𝗼 𝗵𝗮𝗯𝛊́𝗮 𝘀𝗶𝗱𝗼, 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝘂𝗻𝗰𝗮 𝗽𝗼𝗱𝗿𝛊́𝗮 𝗵𝗮𝗯𝗲𝗿𝗹𝗼 𝘀𝗶𝗱𝗼. Porque esa era la lección, ¿no? Mine había aprendido muy pronto que en este mundo no recibes nada gratis. Y aquella cosa en el suelo de su oficina, ese despojo que gemía entre la sangre y los restos de porcelana, nunca había sido un hermano. 𝗦𝗼𝗹𝗼 𝗵𝗮𝗯𝛊́𝗮 𝘀𝗶𝗱𝗼 𝘂𝗻 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮𝘁𝗼 𝗺𝗮𝗹 𝗿𝗲𝗱𝗮𝗰𝘁𝗮𝗱𝗼, 𝘂𝗻𝗮 𝗶𝗻𝘃𝗲𝗿𝘀𝗶𝗼́𝗻 𝗰𝗼𝗻 𝗿𝗲𝗻𝗱𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼𝘀 𝗻𝗲𝗴𝗮𝘁𝗶𝘃𝗼𝘀, 𝘂𝗻𝗮 𝗽𝗮́𝗴𝗶𝗻𝗮 𝗺𝗮́𝘀 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗹𝗮𝗿𝗴𝗼 𝗲𝘅𝗽𝗲𝗱𝗶𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗱𝗲 𝗿𝗮𝘇𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗽𝗼𝗿 𝗹𝗮𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗠𝗶𝗻𝗲 𝗵𝗮𝗯𝛊́𝗮 𝗱𝗲𝗷𝗮𝗱𝗼 𝗱𝗲 𝗰𝗿𝗲𝗲𝗿 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗹𝗮𝘇𝗼𝘀 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲 𝗵𝗼𝗺𝗯𝗿𝗲𝘀 𝗽𝗼𝗱𝛊́𝗮𝗻 𝘀𝗲𝗿 𝗮𝗹𝗴𝗼 𝗺𝗮́𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝘁𝗿𝗮𝗻𝘀𝗮𝗰𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀.
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    ||Casi la vida de ume fue la misma con la de Daki.. Solo que después de la muerte de su madre, tiempo después ella y su hermano fueron adoptados por una mujer de familia acomodada y ella les enseñó la compasión y amabilidad.
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  • "Esta rama de realidades es tan basta y sumamente llamativa, hay tanto que debo aprender de este sitio... como el hecho de saber por que en este lapso de tiempo pareciera que gran parte de entidades y sujetos parecen entrar en un estado tan provocativo... esto necesita una profunda investigación, aunque me preocupa lo que esto conllevara"
    -Sin tanta prisa y con un poco de entusiasmo cruce la puerta que separa mi pequeña dimensión con esta vasta realidad-

    || soy bastante nuevo en la plataforma y me resulta complicado entrar en sintonía además veo que hay temáticas que se coordinan como este "seductive sunday" y a lo mejor esta no es la forma mas funcional de integrarme pero quisiera intentarlo... además de tratar de perder esos nervios de tratar con nueva gente, me genera cierta vergüenza que algunos sean capaces de escribir tantas líneas y usando un lenguaje tan educado y variado y yo tan simple tratando de no salirme del guion... esto ya esta siendo muy largo; mi punto es que me gustaría aprender y entender mas acerca del lugar eso es todo, muy buen día
    "Esta rama de realidades es tan basta y sumamente llamativa, hay tanto que debo aprender de este sitio... como el hecho de saber por que en este lapso de tiempo pareciera que gran parte de entidades y sujetos parecen entrar en un estado tan provocativo... esto necesita una profunda investigación, aunque me preocupa lo que esto conllevara" -Sin tanta prisa y con un poco de entusiasmo cruce la puerta que separa mi pequeña dimensión con esta vasta realidad- || soy bastante nuevo en la plataforma y me resulta complicado entrar en sintonía además veo que hay temáticas que se coordinan como este "seductive sunday" y a lo mejor esta no es la forma mas funcional de integrarme pero quisiera intentarlo... además de tratar de perder esos nervios de tratar con nueva gente, me genera cierta vergüenza que algunos sean capaces de escribir tantas líneas y usando un lenguaje tan educado y variado y yo tan simple tratando de no salirme del guion... esto ya esta siendo muy largo; mi punto es que me gustaría aprender y entender mas acerca del lugar eso es todo, muy buen día :STK-3: :STK-25:
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  • Han pasado dos años desde que nos conocimos en un momento que cambió todo. La adrenalina de la situación, la intensidad de la conexión... es como si el tiempo se hubiera detenido.

    Recuerdo la primera vez que lo vi, cabello rubio... mirada intensa, como un ángel de la mafia que había llegado para salvarme.

    Estaba perdida y él me encontró. Salvó mi vida, y la cambió para siempre cuando la ficción atravesó la barrera que la separa de la realidad.

    Dos años han pasado, y cada momento a su lado ha sido una aventura. Hemos compartido momentos inolvidables. Hemos crecido juntos, hemos aprendido a amarnos y a apoyarnos mutuamente.

    Y ahora, mirando hacia atrás, me doy cuenta que no podía ocurrir de otra manera, llenando mi vida de amor, de pasión, y de un sentido que nunca imaginé.

    Te amo con el alma, en este y en todos nuestros universos, mi rey, mi sol, mi rusito. Gɪᴏᴠᴀɴɴɪ Dɪ Vɪɴᴄᴇɴᴢᴏ
    Han pasado dos años desde que nos conocimos en un momento que cambió todo. La adrenalina de la situación, la intensidad de la conexión... es como si el tiempo se hubiera detenido. Recuerdo la primera vez que lo vi, cabello rubio... mirada intensa, como un ángel de la mafia que había llegado para salvarme. Estaba perdida y él me encontró. Salvó mi vida, y la cambió para siempre cuando la ficción atravesó la barrera que la separa de la realidad. Dos años han pasado, y cada momento a su lado ha sido una aventura. Hemos compartido momentos inolvidables. Hemos crecido juntos, hemos aprendido a amarnos y a apoyarnos mutuamente. Y ahora, mirando hacia atrás, me doy cuenta que no podía ocurrir de otra manera, llenando mi vida de amor, de pasión, y de un sentido que nunca imaginé. Te amo con el alma, en este y en todos nuestros universos, mi rey, mi sol, mi rusito. 💕 [Gi0vanni]
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  • Pasaron varios meses de recuperación donde ver a sus padres se volvió menos frecuente, dónde la enfermedad como un mal empedernido por destruir lo más sagrado, rondaba con una Oz sobre la familia.

    Su padre, el hombre fuerte que conocía, cayó enfermo; víctima del cáncer de páncreas, en una etapa demasiado avanzada como para poder si quiera someterse a las quimioterapias.

    « Yo quiero morir en casa, no en una habitación del hospital. »

    Decía el hombre valeroso más, temeroso de dejar a su familia atrás.

    La noticia se esparció como un llamado doloroso hacia los oídos de Damián, escuchar la voz de su madre al teléfono dándole la noticia lo golpeó con brutalidad.

    ¿Cómo podía ese hombre tener tan horrible enfermedad?. De primer mano Damián sabía lo que significaba, el peso físico y mental, peor aún; su madre, ella la pasaba peor. El teléfono cayó de sus manos. -- Iré en cuanto pueda.-- Se escucho la caída del dispositivo al suelo, como un eco frío.

    ¿Cómo darle la terrible noticia a Sayuri?. Sentía que esto era un castigo, una mala broma del mundo, una terrible forma de recordarle lo vulnerable que era todo.

    Espero a que ella llegara, sentado sobre la cama los recuerdos azotaron con fuerza su mente. Tan densos, tan hermosos, llenos de buenos y malos tragos recordando las palabras de su abuelo:

    « No reniegues de tu hijo, porque ese niño algún día cargará tu ataúd sobre sus hombros. »

    Jamás le había contado a nadie la relación dolorosa con su padre, y como, el tiempo logro lo que muchos hijos desean: hacer que su progenitor sienta orgullo.

    (( 𝑺𝒂𝒚𝒖𝒓𝒊 ))
    Pasaron varios meses de recuperación donde ver a sus padres se volvió menos frecuente, dónde la enfermedad como un mal empedernido por destruir lo más sagrado, rondaba con una Oz sobre la familia. Su padre, el hombre fuerte que conocía, cayó enfermo; víctima del cáncer de páncreas, en una etapa demasiado avanzada como para poder si quiera someterse a las quimioterapias. « Yo quiero morir en casa, no en una habitación del hospital. » Decía el hombre valeroso más, temeroso de dejar a su familia atrás. La noticia se esparció como un llamado doloroso hacia los oídos de Damián, escuchar la voz de su madre al teléfono dándole la noticia lo golpeó con brutalidad. ¿Cómo podía ese hombre tener tan horrible enfermedad?. De primer mano Damián sabía lo que significaba, el peso físico y mental, peor aún; su madre, ella la pasaba peor. El teléfono cayó de sus manos. -- Iré en cuanto pueda.-- Se escucho la caída del dispositivo al suelo, como un eco frío. ¿Cómo darle la terrible noticia a Sayuri?. Sentía que esto era un castigo, una mala broma del mundo, una terrible forma de recordarle lo vulnerable que era todo. Espero a que ella llegara, sentado sobre la cama los recuerdos azotaron con fuerza su mente. Tan densos, tan hermosos, llenos de buenos y malos tragos recordando las palabras de su abuelo: « No reniegues de tu hijo, porque ese niño algún día cargará tu ataúd sobre sus hombros. » Jamás le había contado a nadie la relación dolorosa con su padre, y como, el tiempo logro lo que muchos hijos desean: hacer que su progenitor sienta orgullo. (( [11.11.000] ))
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  • El sol del día llevaba tiempo irrumpiendo en la habitación, Nairis estaba acostada en la cama, con la mirada fija en el techo. La vida había cambiado, aunque no demasiado; nuevos amigos, un nuevo lugar, un nuevo trabajo... Pero en el fondo, todo seguía igual que siempre.

    El sol del día llevaba tiempo irrumpiendo en la habitación, pero Nairis aún no daba un paso, el silencio podía ser un refugio para muchos, pero para ella, era ensordecedor... Pues no hay ruido mayor que el de los pensamientos.

    El sol del día llevaba tiempo irrumpiendo en la habitación, sus rayos un cruel recordatorio de la existencia, de la obligación de fingir normalidad, de las emociones que desbordaban en su interior ¿Cuánto más duraría esto? Nadie lo sabía, y eso era lo peor, nadie podía darle una respuesta a Nairis.

    Un suspiro y, finalmente, hubo movimiento, sin decir ni una palabra se levantó, dispuesta a comenzar un nuevo día, caminó al espejo y mostró su mejor sonrisa.

    El sol del día llevaba tiempo irrumpiendo en la habitación... Y Nairis ya quería que se escondiera, vivir era cansado, pero estaba obligada a ello.
    El sol del día llevaba tiempo irrumpiendo en la habitación, Nairis estaba acostada en la cama, con la mirada fija en el techo. La vida había cambiado, aunque no demasiado; nuevos amigos, un nuevo lugar, un nuevo trabajo... Pero en el fondo, todo seguía igual que siempre. El sol del día llevaba tiempo irrumpiendo en la habitación, pero Nairis aún no daba un paso, el silencio podía ser un refugio para muchos, pero para ella, era ensordecedor... Pues no hay ruido mayor que el de los pensamientos. El sol del día llevaba tiempo irrumpiendo en la habitación, sus rayos un cruel recordatorio de la existencia, de la obligación de fingir normalidad, de las emociones que desbordaban en su interior ¿Cuánto más duraría esto? Nadie lo sabía, y eso era lo peor, nadie podía darle una respuesta a Nairis. Un suspiro y, finalmente, hubo movimiento, sin decir ni una palabra se levantó, dispuesta a comenzar un nuevo día, caminó al espejo y mostró su mejor sonrisa. El sol del día llevaba tiempo irrumpiendo en la habitación... Y Nairis ya quería que se escondiera, vivir era cansado, pero estaba obligada a ello.
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    ¡Feliz primer año, 𝕽𝗈𝗌𝖾 ! Hoy Rose celebra sus primeros 365 dias en FicRol. ¡Qué rápido pasa el tiempo!
    ¡Feliz primer año, [are.you.scared1]! Hoy Rose celebra sus primeros 365 dias en FicRol. ¡Qué rápido pasa el tiempo! 😍🥰🌸
    ¡HEY, FICROLERS 3D!
    ¡Tenemos un nuevo personaje 3D entre nosotros!

    ¡Denle una gran bienvenida a...

    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ ¡𝕽𝗈𝗌𝖾 !


    ¡Bienvenida a FicRol! Estamos felices de tenerte por aquí y esperamos que te sientas en casa. Esta plataforma es un gran lugar para explorar historias, conectar con otros personajes y desarrollar el tuyo. ¡Estamos ansiosos por verte en acción!

    Para que todo fluya sin problemas, échale un vistazo a las normas de la plataforma. Seguirlas nos ayuda a todos a disfrutar del rol sin problemas:
    https://ficrol.com/static/guidelines

    Yo soy Caroline, tu RolSage, algo así como tu guía en el mundo de los Personajes 3D. Si tienes dudas, necesitas ayuda o simplemente quieres charlar, mis DMs están abiertos. Además, en mi fanpage encontrarás guías súper detalladas sobre el funcionamiento de FicRol. ¡Dale like para no perderte nada!

    Índice de guías:
    https://ficrol.com/blogs/147711/%C3%8DNDICE-DE-GUIAS-Y-MINIGUIAS

    También tenemos un grupo exclusivo para Personajes 3D. Aquí puedes conectar con otros, compartir tu personaje y encontrar nuevas historias:
    https://ficrol.com/groups/Personajes3D

    ¿Buscas personajes o fandoms con los que rolear? Aquí tienes directorios organizados para que te sea más fácil encontrarlos:

    Directorio de Personajes 3D:
    https://ficrol.com/blogs/181793/DIRECTORIO-PERSONAJES-3D-Y-FANDOMS

    Fandoms 3D en FicRol:
    https://ficrol.com/blogs/151304/FANDOMS-PERSONAJES-3D-EN-FICROL

    Y si te interesa mejorar tu escritura y narración, te recomiendo esta fanpage con consejos útiles:
    https://ficrol.com/pages/RinconEscritor

    ¡Esperamos verte pronto en la comunidad!

    #RolSage3D #Personajes3D #Bienvenida3D #Comunidad3D
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  • Entre la niebla…
    sin corona, sin trono…
    y aún así, de pie.

    Fui yo la que decidió ser lo que soy,
    ¿me entiendes?
    Muchos dicen conocerme…
    otros solo han oído mi nombre
    como un eco que no se atreven a seguir.
    ¿Entiendes lo que te digo, muchacha?

    Si quieres, me aparto.
    Me busco un puesto.
    Haciendo fácil…
    lo que nunca hará el resto.
    Damos por hecho lo hecho,
    y lo que no tenemos…
    también lo damos por supuesto.

    Caigo y me levanto.
    Me jodo y me aguanto.
    No pido ayuda…
    aunque la pido al mismo tiempo.
    No voy a tirar la toalla.
    Si caigo… será de pie.
    Y de pie
    será mi último aliento.

    Y si no hay fuerza… sacaré.
    La energía que necesite para estar bien.

    Tant de temps voltant pels carrers…
    hem après a valorar les coses petites també...
    Entre la niebla… sin corona, sin trono… y aún así, de pie. Fui yo la que decidió ser lo que soy, ¿me entiendes? Muchos dicen conocerme… otros solo han oído mi nombre como un eco que no se atreven a seguir. ¿Entiendes lo que te digo, muchacha? Si quieres, me aparto. Me busco un puesto. Haciendo fácil… lo que nunca hará el resto. Damos por hecho lo hecho, y lo que no tenemos… también lo damos por supuesto. Caigo y me levanto. Me jodo y me aguanto. No pido ayuda… aunque la pido al mismo tiempo. No voy a tirar la toalla. Si caigo… será de pie. Y de pie será mi último aliento. Y si no hay fuerza… sacaré. La energía que necesite para estar bien. Tant de temps voltant pels carrers… hem après a valorar les coses petites també...
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  • Mitzuko Bellrose
    No sé en qué momento exacto empezó todo…
    ni cuándo dejé de sentirme perdido.
    Pero desde que te encontré, algo dentro de mí cambió.
    Es extraño… pasé tanto tiempo sintiéndome vacío, como si me faltara algo que no podía nombrar. Caminaba, vivía, seguía adelante… pero siempre con esa sensación de que algo no estaba completo.
    Y entonces apareciste tú.
    No fue solo verte… fue reconocerte. Como si una parte de mí ya supiera que eras tú, como si mi alma hubiera llegado antes que yo.
    Desde ese momento, todo se volvió más claro.
    Me di cuenta de que ya no me siento solo. Que tu presencia, tu forma de estar conmigo… llena ese espacio que antes parecía imposible de alcanzar.
    Y no es una felicidad ruidosa o exagerada…
    es tranquila, profunda… real.
    De esas que no necesitan explicarse.
    Solo quería que lo supieras.
    Que encontrarte… ha sido lo mejor que me ha pasado.
    [mitzuk0] No sé en qué momento exacto empezó todo… ni cuándo dejé de sentirme perdido. Pero desde que te encontré, algo dentro de mí cambió. Es extraño… pasé tanto tiempo sintiéndome vacío, como si me faltara algo que no podía nombrar. Caminaba, vivía, seguía adelante… pero siempre con esa sensación de que algo no estaba completo. Y entonces apareciste tú. No fue solo verte… fue reconocerte. Como si una parte de mí ya supiera que eras tú, como si mi alma hubiera llegado antes que yo. Desde ese momento, todo se volvió más claro. Me di cuenta de que ya no me siento solo. Que tu presencia, tu forma de estar conmigo… llena ese espacio que antes parecía imposible de alcanzar. Y no es una felicidad ruidosa o exagerada… es tranquila, profunda… real. De esas que no necesitan explicarse. Solo quería que lo supieras. Que encontrarte… ha sido lo mejor que me ha pasado.
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