• 𓅫_𓅫_𓅫_𓅫_𓅫_𓅫....

    𓅌Cuanto tiempo ha pasado... es verdad, 117 mil millones de segundos... "¡Esto es emocionante!"
    𓅫_𓅫_𓅫_𓅫_𓅫_𓅫.... 𓅌Cuanto tiempo ha pasado... es verdad, 117 mil millones de segundos... "¡Esto es emocionante!"
    Me gusta
    Me shockea
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • Hahh, al fin encontré a am@, donde estuvo todo este tiempo?
    Hahh, al fin encontré a am@, donde estuvo todo este tiempo? 🐾✨
    Me gusta
    Me encocora
    Me enjaja
    Me endiabla
    6
    2 turnos 0 maullidos
  • Sentádo en el suelo, llevó la mano a su frente, luego a su nariz, retirándola; sus dedos estaban manchados de rojo. La sangre, aún tibia, era real, imposible de negar. No era un sueño mal construido ni pesadilla: era dolor auténtico, humano.

    —Creí que ser humano era sentir poco y olvidar rápido —reflexionó. 

    Llevaba tanto tiempo en el reino de la vigilia que comenzaba a hacer estragos en él. Lo estaba volviendo humano y vulnerable. Era su primer asalto. Y aunque no poseía nada, lo habían golpeado por creerse invencible. 
    Sentádo en el suelo, llevó la mano a su frente, luego a su nariz, retirándola; sus dedos estaban manchados de rojo. La sangre, aún tibia, era real, imposible de negar. No era un sueño mal construido ni pesadilla: era dolor auténtico, humano. —Creí que ser humano era sentir poco y olvidar rápido —reflexionó.  Llevaba tanto tiempo en el reino de la vigilia que comenzaba a hacer estragos en él. Lo estaba volviendo humano y vulnerable. Era su primer asalto. Y aunque no poseía nada, lo habían golpeado por creerse invencible. 
    Me gusta
    4
    3 turnos 0 maullidos
  • Después de lo que podría llamarse 'una operación de limpieza estratégica' -es decir, amontonar el desorden detrás de las cortinas y bajo la cama, con la ayuda de Veyra Leˑron que parecía entender a la perfección el arte de ocultar caos como una experta(?)-, y una misión de compras de último minuto, la habitación de Kazuha estaba... presentable. (?)

    Ya tenía una montaña de snacks con altos niveles de azúcar, una tabla de ouija, un mazo de cartas del tarot, una selección de té de hierbas sospechosas, su laptop, y en una caja aparte, 'suministros logísticos' para más tarde.

    Eran las 6:45p.m., pero era necesario empezar temprano para que les diera tiempo de hacer todo lo que habían planeado. Sacó su teléfono y escribió al grupo que habían usado antes para la salida a la playa.

    : ¡Ya todo está listo!
    : Les aconsejo llegar temprano... para que nos de tiempo de poder salir a ejecutar cierto delito (?)
    : ¡Las espero!

    Shacya Naeko Thalya Valcourt Hanary Naeko Veyra Leˑron
    Después de lo que podría llamarse 'una operación de limpieza estratégica' -es decir, amontonar el desorden detrás de las cortinas y bajo la cama, con la ayuda de [vey.ra] que parecía entender a la perfección el arte de ocultar caos como una experta(?)-, y una misión de compras de último minuto, la habitación de Kazuha estaba... presentable. (?) Ya tenía una montaña de snacks con altos niveles de azúcar, una tabla de ouija, un mazo de cartas del tarot, una selección de té de hierbas sospechosas, su laptop, y en una caja aparte, 'suministros logísticos' para más tarde. Eran las 6:45p.m., pero era necesario empezar temprano para que les diera tiempo de hacer todo lo que habían planeado. Sacó su teléfono y escribió al grupo que habían usado antes para la salida a la playa. 💬: ¡Ya todo está listo! 💬: Les aconsejo llegar temprano... para que nos de tiempo de poder salir a ejecutar cierto delito (?) 💬: ¡Las espero! [phantom_blue_zebra_376] [quasar_aqua_scorpion_350] [tidal_titanium_lion_574] [vey.ra]
    Me encocora
    Me gusta
    6
    20 turnos 0 maullidos
  • Hiro
    —hirooo~ eres la cosita mas adorable que vi en mucho tiempo¡ ¿Me dejarías hacerte un peinado? Porfavoooor~
    [Hiritox3] —hirooo~ ✨ eres la cosita mas adorable que vi en mucho tiempo¡ ¿Me dejarías hacerte un peinado? Porfavoooor~
    Me gusta
    Me encocora
    4
    14 turnos 0 maullidos
  • Italia llama, un nuevo sol
    Fandom Oc propio
    Categoría Romance
    Me desperté antes del amanecer con la sensación de cansancio más grande que alguna vez sentí, llevaba apenas 2 días en Italia y lo que debía ser relajante se sentía tan pesado, ¿talvez estava relajándome más de lo que debía?.

    Aún lo recuerdo el día que decidí irme de vacaciones largas la casa estaba en penumbra y silencio por no decir también que en desastre por tantas maletas, una caja de croquetas medio abierta, una manta doblada, miré a mis hijos —los que no hablan pero lo dicen todo— y supe que no podía dejarlos atrás. Los perros se acomodaron a mi lado como si entendieran que el viaje no era una escapada sino un descanso necesario, un descanso de las pasarelas, un descanso del estrés de la ciudad, del miedo; los gatos, con su indiferencia aristocrática, aceptaron la jaula como un nuevo trono temporal.

    Vine a Italia por muchas razones, y ninguna de ellas era simple. Parte fue por seguridad: vi algo que no debía ver, una imagen que se quedó pegada en la retina y que me obligó a moverme, a cambiar de escenario como quien cambia de piel. Parte fue por necesidad de aire, de distancia, de un lugar donde las calles olieran a pan recién hecho y Gelato dulce y como olvidar el aroma de la pizza recién hecha. Y otra parte, la más pequeña y la más obstinada, fue por una esperanza terca: darme otra oportunidad para creer en lo que creí que ya no existía.

    La casa que alquile por un mes estaba en la costa —una casa con ventanas que miraban al mar y una cocina que pedía ser usada a gritos— .Un mes era tiempo suficiente para observar, para esconderme cuando fuera necesario, para dejar que la ciudad me enseñara sus costumbres, sus colores, sus paisajes cada pequeño detalle. Los primeros días han sido un mapa de pequeñas certezas: la siesta de los gatos en la alfombra, los perros persiguiendo sombras en el jardín, yo aprendiendo a preparar un café que supiera a hogar —salio mal—

    Italia tiene un aire que se mete por los poros. No es solo la brisa salada ni el rumor de las olas; es la manera en que la luz cae sobre las fachadas, cómo los ancianos discuten con pasión sobre cosas que a nadie más le importan, cómo los sabores se vuelven recuerdos instantáneos. Caminé por calles empedradas y sentí que mi pecho se aflojaba, que la tensión que había traído conmigo se disolvía en el aroma del albahaca y el humo de la leña. Me sorprendió lo rápido que el país me aceptó: en dos días ya conocía la ruta al mercado, el bar donde el camarero me llamaba por mi nombre y la panadería que guardaba croissants tibios hasta el mediodía. La ciudad tiene esa capacidad de ofrecer segundas lecturas: lo que fue una herida puede convertirse en una cicatriz con historia.

    Fue así como me encontré, una tarde templada, con un volante en la mano que anunciaba un evento de citas rápidas en un restaurante céntrico. La idea me pareció absurda y, al mismo tiempo, irresistible: cinco minutos por persona, cambio de asiento, risas forzadas y miradas que intentan adivinar lo que el otro no dice. Me reí sola en la cocina mientras los perros me miraban con esa mezcla de reproche y curiosidad que solo ellos saben. “¿Otra vez, Lilian?”, parecía decirme el mayor, con la cabeza ladeada. “Sí”, le respondí en voz baja, como si la palabra tuviera pena y miedo al mismo tiempo.

    La preparación para ese día me hacía sentir nerviosa pues era como si fuera a mi primera cita, no quería disfrazarme de alguien que no era; no necesitaba un traje de gala ni joyas de más. Quería verme como yo, Lilian Carson. Elegí un vestido con un corte sencillo, color marfil con ligeros detalles de flores bordadas. Me peiné con cuidado, dejando que el rubio cayera en ondas que parecían casuales pero dando un toque lindo y coqueto. Me puse un perfume que olía a madera y a flores nocturnas, algo que me recordara a casa y a misterio. Antes de salir, miré a mis hijos: los acaricié uno por uno, les susurré que volvería pronto y que no se preocuparan. Los perros se estiraron, los gatos parpadearon con esa indiferencia que es, en realidad, amor concentrado.

    En el camino al restaurante, sentí un ambiente mágico, cautivante, dulce como si de un nuevo comienzo se tratara, las luces se encendían una a una, y el aire traía conversaciones en italiano que sonaban a música. Llegué con tiempo, porque la impuntualidad es un lujo que no me permito. El local era íntimo: mesas pequeñas, velas que temblaban con la brisa de la puerta, una mezcla de risas nerviosas y copas que tintineaban. Me registré con una sonrisa que no era ni demasiado amplia ni demasiado contenida; era la sonrisa de alguien que ha aprendido a protegerse de las miradas

    Me asignaron una mesa junto a una ventana. Desde allí veía entrar a la gente: hombres y mujeres con historias en los ojos, algunos con la esperanza escrita en la frente, otros con la cautela como armadura al estar estáticos en una esquina del restaurante. El organizador explicó las reglas con voz clara: cinco minutos por encuentro, campana, cambio de asiento. “Cinco minutos para decir lo que importa”, pensé, y me pareció una metáfora perfecta.

    El primer encuentro fue con un hombre que tenía la voz grave y una sonrisa que parecía ensayada. Hablamos de banalidades al principio —trabajo, ciudades favoritas— y luego, cuando la campana sonó, hubo un silencio que no supe llenar. “¿Qué buscas?”, me preguntó, directo no respondí pues una parte de mi sabía que buscaba algo, buscaba esa emoción de enamorarme de nuevo de conocer a alguien, pero también por otra parte tenía el miedo de salir lastimada de nuevo, aún que no respondí el asintió, con esa cortesía que no siempre llega a la sinceridad. Cinco minutos pasan como un latido. Cuando me levanté cambiando de asiento y llevando conmigo un vaso con una vela.

    El segundo encuentro fue distinto. Él tenía manos que hablaban; movía los dedos como si cada gesto fuera una frase. Me contó de su trabajo con una pasión que me recordó a los viejos amores: intensidad sin pretensión. “¿Y tú?”, me preguntó, y yo le hablé de mi viaje, de la casa alquilada, de mis perros y gatos, no quería dar muchos detalles además no hablaba muy buen el Italiano. Sus ojos se abrieron con una mezcla de sorpresa y ternura. “Eso suena a una vida con raíces”, dijo. “O a una vida que está aprendiendo a echar raíces”, corregí.

    Hubo un momento, en uno de los cambios, en que me quedé mirando la vela en mi mesa. La llama temblaba y, por un instante, pensé en todas las veces que había huido creyendo que la distancia era la solución. Ahora la distancia me había traído de vuelta a un lugar donde podía elegir. Elegir no es lo mismo que lanzarse; elegir es medir el riesgo y aceptar la posibilidad de caer. Y yo, por primera vez en mucho tiempo, no quería que el miedo decidiera por mí.

    Y nuevamente sonó la campana ... Otra cambio
    Me desperté antes del amanecer con la sensación de cansancio más grande que alguna vez sentí, llevaba apenas 2 días en Italia y lo que debía ser relajante se sentía tan pesado, ¿talvez estava relajándome más de lo que debía?. Aún lo recuerdo el día que decidí irme de vacaciones largas la casa estaba en penumbra y silencio por no decir también que en desastre por tantas maletas, una caja de croquetas medio abierta, una manta doblada, miré a mis hijos —los que no hablan pero lo dicen todo— y supe que no podía dejarlos atrás. Los perros se acomodaron a mi lado como si entendieran que el viaje no era una escapada sino un descanso necesario, un descanso de las pasarelas, un descanso del estrés de la ciudad, del miedo; los gatos, con su indiferencia aristocrática, aceptaron la jaula como un nuevo trono temporal. Vine a Italia por muchas razones, y ninguna de ellas era simple. Parte fue por seguridad: vi algo que no debía ver, una imagen que se quedó pegada en la retina y que me obligó a moverme, a cambiar de escenario como quien cambia de piel. Parte fue por necesidad de aire, de distancia, de un lugar donde las calles olieran a pan recién hecho y Gelato dulce y como olvidar el aroma de la pizza recién hecha. Y otra parte, la más pequeña y la más obstinada, fue por una esperanza terca: darme otra oportunidad para creer en lo que creí que ya no existía. La casa que alquile por un mes estaba en la costa —una casa con ventanas que miraban al mar y una cocina que pedía ser usada a gritos— .Un mes era tiempo suficiente para observar, para esconderme cuando fuera necesario, para dejar que la ciudad me enseñara sus costumbres, sus colores, sus paisajes cada pequeño detalle. Los primeros días han sido un mapa de pequeñas certezas: la siesta de los gatos en la alfombra, los perros persiguiendo sombras en el jardín, yo aprendiendo a preparar un café que supiera a hogar —salio mal— Italia tiene un aire que se mete por los poros. No es solo la brisa salada ni el rumor de las olas; es la manera en que la luz cae sobre las fachadas, cómo los ancianos discuten con pasión sobre cosas que a nadie más le importan, cómo los sabores se vuelven recuerdos instantáneos. Caminé por calles empedradas y sentí que mi pecho se aflojaba, que la tensión que había traído conmigo se disolvía en el aroma del albahaca y el humo de la leña. Me sorprendió lo rápido que el país me aceptó: en dos días ya conocía la ruta al mercado, el bar donde el camarero me llamaba por mi nombre y la panadería que guardaba croissants tibios hasta el mediodía. La ciudad tiene esa capacidad de ofrecer segundas lecturas: lo que fue una herida puede convertirse en una cicatriz con historia. Fue así como me encontré, una tarde templada, con un volante en la mano que anunciaba un evento de citas rápidas en un restaurante céntrico. La idea me pareció absurda y, al mismo tiempo, irresistible: cinco minutos por persona, cambio de asiento, risas forzadas y miradas que intentan adivinar lo que el otro no dice. Me reí sola en la cocina mientras los perros me miraban con esa mezcla de reproche y curiosidad que solo ellos saben. “¿Otra vez, Lilian?”, parecía decirme el mayor, con la cabeza ladeada. “Sí”, le respondí en voz baja, como si la palabra tuviera pena y miedo al mismo tiempo. La preparación para ese día me hacía sentir nerviosa pues era como si fuera a mi primera cita, no quería disfrazarme de alguien que no era; no necesitaba un traje de gala ni joyas de más. Quería verme como yo, Lilian Carson. Elegí un vestido con un corte sencillo, color marfil con ligeros detalles de flores bordadas. Me peiné con cuidado, dejando que el rubio cayera en ondas que parecían casuales pero dando un toque lindo y coqueto. Me puse un perfume que olía a madera y a flores nocturnas, algo que me recordara a casa y a misterio. Antes de salir, miré a mis hijos: los acaricié uno por uno, les susurré que volvería pronto y que no se preocuparan. Los perros se estiraron, los gatos parpadearon con esa indiferencia que es, en realidad, amor concentrado. En el camino al restaurante, sentí un ambiente mágico, cautivante, dulce como si de un nuevo comienzo se tratara, las luces se encendían una a una, y el aire traía conversaciones en italiano que sonaban a música. Llegué con tiempo, porque la impuntualidad es un lujo que no me permito. El local era íntimo: mesas pequeñas, velas que temblaban con la brisa de la puerta, una mezcla de risas nerviosas y copas que tintineaban. Me registré con una sonrisa que no era ni demasiado amplia ni demasiado contenida; era la sonrisa de alguien que ha aprendido a protegerse de las miradas Me asignaron una mesa junto a una ventana. Desde allí veía entrar a la gente: hombres y mujeres con historias en los ojos, algunos con la esperanza escrita en la frente, otros con la cautela como armadura al estar estáticos en una esquina del restaurante. El organizador explicó las reglas con voz clara: cinco minutos por encuentro, campana, cambio de asiento. “Cinco minutos para decir lo que importa”, pensé, y me pareció una metáfora perfecta. El primer encuentro fue con un hombre que tenía la voz grave y una sonrisa que parecía ensayada. Hablamos de banalidades al principio —trabajo, ciudades favoritas— y luego, cuando la campana sonó, hubo un silencio que no supe llenar. “¿Qué buscas?”, me preguntó, directo no respondí pues una parte de mi sabía que buscaba algo, buscaba esa emoción de enamorarme de nuevo de conocer a alguien, pero también por otra parte tenía el miedo de salir lastimada de nuevo, aún que no respondí el asintió, con esa cortesía que no siempre llega a la sinceridad. Cinco minutos pasan como un latido. Cuando me levanté cambiando de asiento y llevando conmigo un vaso con una vela. El segundo encuentro fue distinto. Él tenía manos que hablaban; movía los dedos como si cada gesto fuera una frase. Me contó de su trabajo con una pasión que me recordó a los viejos amores: intensidad sin pretensión. “¿Y tú?”, me preguntó, y yo le hablé de mi viaje, de la casa alquilada, de mis perros y gatos, no quería dar muchos detalles además no hablaba muy buen el Italiano. Sus ojos se abrieron con una mezcla de sorpresa y ternura. “Eso suena a una vida con raíces”, dijo. “O a una vida que está aprendiendo a echar raíces”, corregí. Hubo un momento, en uno de los cambios, en que me quedé mirando la vela en mi mesa. La llama temblaba y, por un instante, pensé en todas las veces que había huido creyendo que la distancia era la solución. Ahora la distancia me había traído de vuelta a un lugar donde podía elegir. Elegir no es lo mismo que lanzarse; elegir es medir el riesgo y aceptar la posibilidad de caer. Y yo, por primera vez en mucho tiempo, no quería que el miedo decidiera por mí. Y nuevamente sonó la campana ... Otra cambio
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me encocora
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Semana finalizada con éxito. Es hora de desconectar los protocolos de trabajo y disfrutar de este viernes. El descanso no es una pérdida de tiempo, sino una inversión para lo que viene. Me lo he ganado... y usted también.♡
    Semana finalizada con éxito. Es hora de desconectar los protocolos de trabajo y disfrutar de este viernes. El descanso no es una pérdida de tiempo, sino una inversión para lo que viene. Me lo he ganado... y usted también.♡
    Me encocora
    2
    1 comentario 0 compartidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    ☆Cosas que deben saber si van a hacer rol conmigo☆

    • Entre semana suelo tener poca o nula actividad por trabajo y cansancio. Generalmente respondo los fines de semana.

    • Si les gusto como uss o les agrada mi personaje, genial; y si tienen algún problema conmigo o con mi personaje, prefiero que me lo comuniquen directamente por privado.

    • No me gustan las indirectas ni los dramas innecesarios. Prefiero la comunicación clara y directa.

    • No me gusta perder el tiempo ni hacérselo perder a nadie. Si sigo un rol, es porque me interesa de verdad.

    • No oculto cosas ni miento. Si no respondo, no es desinterés, es falta de tiempo.

    • Me gustaría poder estar más activo para que todo avance más rápido, pero tengo responsabilidades de vida adulta que van primero.

    • Si algo no funciona, prefiero hablarlo y cerrarlo bien, antes que dejarlo morir sin decir nada.

    El respeto mutuo es indispensable para que cualquier rol funcione
    ☆Cosas que deben saber si van a hacer rol conmigo☆ • Entre semana suelo tener poca o nula actividad por trabajo y cansancio. Generalmente respondo los fines de semana. • Si les gusto como uss o les agrada mi personaje, genial; y si tienen algún problema conmigo o con mi personaje, prefiero que me lo comuniquen directamente por privado. • No me gustan las indirectas ni los dramas innecesarios. Prefiero la comunicación clara y directa. • No me gusta perder el tiempo ni hacérselo perder a nadie. Si sigo un rol, es porque me interesa de verdad. • No oculto cosas ni miento. Si no respondo, no es desinterés, es falta de tiempo. • Me gustaría poder estar más activo para que todo avance más rápido, pero tengo responsabilidades de vida adulta que van primero. • Si algo no funciona, prefiero hablarlo y cerrarlo bien, antes que dejarlo morir sin decir nada. El respeto mutuo es indispensable para que cualquier rol funcione
    0 comentarios 0 compartidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    ☆Cosas que deben saber si van a hacer rol conmigo☆

    • Entre semana suelo tener poca o nula actividad por trabajo y cansancio. Generalmente respondo los fines de semana.

    • Si les gusto como uss o les agrada mi personaje, genial; y si tienen algún problema conmigo o con mi personaje, prefiero que me lo comuniquen directamente por privado.

    • No me gustan las indirectas ni los dramas innecesarios. Prefiero la comunicación clara y directa.

    • No me gusta perder el tiempo ni hacérselo perder a nadie. Si sigo un rol, es porque me interesa de verdad.

    • No oculto cosas ni miento. Si no respondo, no es desinterés, es falta de tiempo.

    • Me gustaría poder estar más activo para que todo avance más rápido, pero tengo responsabilidades de vida adulta que van primero.

    • Si algo no funciona, prefiero hablarlo y cerrarlo bien, antes que dejarlo morir sin decir nada.

    • El respeto mutuo es indispensable para que cualquier rol funcione.
    ☆Cosas que deben saber si van a hacer rol conmigo☆ • Entre semana suelo tener poca o nula actividad por trabajo y cansancio. Generalmente respondo los fines de semana. • Si les gusto como uss o les agrada mi personaje, genial; y si tienen algún problema conmigo o con mi personaje, prefiero que me lo comuniquen directamente por privado. • No me gustan las indirectas ni los dramas innecesarios. Prefiero la comunicación clara y directa. • No me gusta perder el tiempo ni hacérselo perder a nadie. Si sigo un rol, es porque me interesa de verdad. • No oculto cosas ni miento. Si no respondo, no es desinterés, es falta de tiempo. • Me gustaría poder estar más activo para que todo avance más rápido, pero tengo responsabilidades de vida adulta que van primero. • Si algo no funciona, prefiero hablarlo y cerrarlo bien, antes que dejarlo morir sin decir nada. • El respeto mutuo es indispensable para que cualquier rol funcione.
    Me gusta
    1
    0 comentarios 0 compartidos
  • Tal vez salir a un concierto de rock me anime un poco, hace tiempo que no voy a ver a Baby Metal.
    Tal vez salir a un concierto de rock me anime un poco, hace tiempo que no voy a ver a Baby Metal.
    Me gusta
    Me encocora
    8
    5 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados