La noche era serena, como pocas veces solía serlo en la vida de Kara. La luna colgaba sobre el cielo estrellado, reflejando su luz pálida sobre los techos de los cascacielos y demás edificios.
Kara caminaba descalza sobre la orilla del techo de un edificio, dejando que el frio cemento acariciara sus pies. Sus ojos zafiro brillaban en la oscuridad, como dos faroles calmos.
El viento era suave. No traía consigo amenazas ni voces. Solo calma. Por primera vez en mucho tiempo, Kara se sentía… completa.
En la parte baja de su parcialmente descubierta su espalda. En ella, hay una herida provocada por kryptonita que se extendió con su radiación cuál ramas de un árbol fuesen.
Se sentó a la orilla de techo dejando que el reflejo de la luna mostrara su herida verdosa.
—Nunca pensé que todo sería tan doloroso así… —susurró para sí, con una sonrisa pequeña, cansada pero real.
Recordó el combate contra Metallo.
Kara cerró los ojos. Podía sentir aquella herida cómo un peso invisible en su espalda. Pero no la odiaba. No como habría esperado.
Kara caminaba descalza sobre la orilla del techo de un edificio, dejando que el frio cemento acariciara sus pies. Sus ojos zafiro brillaban en la oscuridad, como dos faroles calmos.
El viento era suave. No traía consigo amenazas ni voces. Solo calma. Por primera vez en mucho tiempo, Kara se sentía… completa.
En la parte baja de su parcialmente descubierta su espalda. En ella, hay una herida provocada por kryptonita que se extendió con su radiación cuál ramas de un árbol fuesen.
Se sentó a la orilla de techo dejando que el reflejo de la luna mostrara su herida verdosa.
—Nunca pensé que todo sería tan doloroso así… —susurró para sí, con una sonrisa pequeña, cansada pero real.
Recordó el combate contra Metallo.
Kara cerró los ojos. Podía sentir aquella herida cómo un peso invisible en su espalda. Pero no la odiaba. No como habría esperado.
La noche era serena, como pocas veces solía serlo en la vida de Kara. La luna colgaba sobre el cielo estrellado, reflejando su luz pálida sobre los techos de los cascacielos y demás edificios.
Kara caminaba descalza sobre la orilla del techo de un edificio, dejando que el frio cemento acariciara sus pies. Sus ojos zafiro brillaban en la oscuridad, como dos faroles calmos.
El viento era suave. No traía consigo amenazas ni voces. Solo calma. Por primera vez en mucho tiempo, Kara se sentía… completa.
En la parte baja de su parcialmente descubierta su espalda. En ella, hay una herida provocada por kryptonita que se extendió con su radiación cuál ramas de un árbol fuesen.
Se sentó a la orilla de techo dejando que el reflejo de la luna mostrara su herida verdosa.
—Nunca pensé que todo sería tan doloroso así… —susurró para sí, con una sonrisa pequeña, cansada pero real.
Recordó el combate contra Metallo.
Kara cerró los ojos. Podía sentir aquella herida cómo un peso invisible en su espalda. Pero no la odiaba. No como habría esperado.