• Lyara había permanecido en silencio durante buena parte de la grabación, con los brazos cruzados sobre el pecho y la espalda hundida contra el respaldo del sofá. Desde fuera podía parecer tranquila, incluso distraída, pero la tensión que poco a poco se acumulaba en su mandíbula contaba una historia diferente. Había escuchado demasiados rumores desde que llegó a aquel mundo. Demasiadas pistas falsas. Demasiadas personas asegurando haber visto algo que al final no conducía a ninguna parte. Por eso se obligó a mantenerse quieta mientras el video avanzaba, analizando cada detalle con la misma paciencia que habría tenido frente a un enemigo desconocido.

    Sin embargo, conforme los nombres comenzaron a aparecer, aquella calma empezó a resquebrajarse. Apenas un ligero movimiento de cabeza, una ceja arqueada apenas notoria, una mirada más atenta hacia la pantalla y los dedos cerrándose lentamente sobre el reposabrazos. Reconocía algunas referencias. Otras simplemente encajaban demasiado bien con historias que había escuchado años atrás. Para cuando la grabación terminó, la expresión de Lyara ya no era la misma.

    Su mirada permaneció fija en la pantalla unos segundos más, inmóvil, repasando mentalmente cada palabra que había alcanzado a escuchar. Durante meses había intentado encontrarlos sin éxito, avanzando a ciegas por un mundo que ni siquiera comprendía del todo. Había esperado porque estaba herida, por que no sabía donde empezar.

    Dejó escapar el aire lentamente antes de incorporarse. El movimiento hizo protestar varias de las heridas que aún no terminaban de sanar, aunque aquello apenas consiguió arrancarle una pequeña mueca. Hacía tiempo que había aprendido a ignorar el dolor.

    — Necesitamos llegar ahí, Jason Ridlle

    Su voz rompió el silencio de la habitación sin elevarse demasiado. No era una orden, pero tampoco le estaba preguntando. Volvió la vista hacia Jason por encima de su hombro.

    — Los encontré.
    Lyara había permanecido en silencio durante buena parte de la grabación, con los brazos cruzados sobre el pecho y la espalda hundida contra el respaldo del sofá. Desde fuera podía parecer tranquila, incluso distraída, pero la tensión que poco a poco se acumulaba en su mandíbula contaba una historia diferente. Había escuchado demasiados rumores desde que llegó a aquel mundo. Demasiadas pistas falsas. Demasiadas personas asegurando haber visto algo que al final no conducía a ninguna parte. Por eso se obligó a mantenerse quieta mientras el video avanzaba, analizando cada detalle con la misma paciencia que habría tenido frente a un enemigo desconocido. Sin embargo, conforme los nombres comenzaron a aparecer, aquella calma empezó a resquebrajarse. Apenas un ligero movimiento de cabeza, una ceja arqueada apenas notoria, una mirada más atenta hacia la pantalla y los dedos cerrándose lentamente sobre el reposabrazos. Reconocía algunas referencias. Otras simplemente encajaban demasiado bien con historias que había escuchado años atrás. Para cuando la grabación terminó, la expresión de Lyara ya no era la misma. Su mirada permaneció fija en la pantalla unos segundos más, inmóvil, repasando mentalmente cada palabra que había alcanzado a escuchar. Durante meses había intentado encontrarlos sin éxito, avanzando a ciegas por un mundo que ni siquiera comprendía del todo. Había esperado porque estaba herida, por que no sabía donde empezar. Dejó escapar el aire lentamente antes de incorporarse. El movimiento hizo protestar varias de las heridas que aún no terminaban de sanar, aunque aquello apenas consiguió arrancarle una pequeña mueca. Hacía tiempo que había aprendido a ignorar el dolor. — Necesitamos llegar ahí, [Clock.Pov] Su voz rompió el silencio de la habitación sin elevarse demasiado. No era una orden, pero tampoco le estaba preguntando. Volvió la vista hacia Jason por encima de su hombro. — Los encontré.
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  • No había avisado a nadie en el bunker, simplemente había subido las escaleras de metal y había salido de la casa. Estaba seguro de que le habían escuchado salir, sobre todo Hope, a la tríbrida no se le escapaba absolutamente nada. Pero necesitaba unos momentos para él, unos momentos a solas, unos momentos para intentar deshacer el nudo que lastraba su pecho desde hacía horas.
    Dean no era un hombre dado a hablar de sus sentimientos o de sí mismo, él era siempre el pilar de los demás, por lo que no podia permitirse derrumbarse.
    Siempre había sido así, desde que tenía cuatro años había aprendido a no llorar, a no mostrar miedo, inseguridad o angustia para no asustar a su hermanito pequeño. Había aprendido a esconder todo aquello y tan solo a mostrarse fuerte y seguro de sí mismo.

    Después de treinta y seis años, no podia cambiarlo. Por esa razón caminaba por el bosque, de noche y solo, buscando alejarse lo suficiente, pero no es él quien decide cuando parar, sino un angustioso sollozo que sube por su pecho y se abre paso por su garganta. Un sollozo que va teñido de rabia, una rabia que deja salir estrellando el puño varias veces contra el tronco de un árbol, hasta que no es capaz de soportar más el peso de la culpa, la cual amenaza con aplastarle, de modo que se deja caer sobre un tronco tumbado sintiendo como unas lágrimas de las que no había sido consciente hasta el momento empapan su rostro, el cual esconde con su mano zurda, llorando sin consuelo.
    Llorando por sus amigos.
    Llorando por el miedo que había tenido.
    Llorando por su familia.
    Llorando por Hope y por el alma de Jack.
    Llorando por él mismo, por como Miguel le había utilizado.
    Llorando por todo lo que no podia dejar salir nunca.
    No había avisado a nadie en el bunker, simplemente había subido las escaleras de metal y había salido de la casa. Estaba seguro de que le habían escuchado salir, sobre todo Hope, a la tríbrida no se le escapaba absolutamente nada. Pero necesitaba unos momentos para él, unos momentos a solas, unos momentos para intentar deshacer el nudo que lastraba su pecho desde hacía horas. Dean no era un hombre dado a hablar de sus sentimientos o de sí mismo, él era siempre el pilar de los demás, por lo que no podia permitirse derrumbarse. Siempre había sido así, desde que tenía cuatro años había aprendido a no llorar, a no mostrar miedo, inseguridad o angustia para no asustar a su hermanito pequeño. Había aprendido a esconder todo aquello y tan solo a mostrarse fuerte y seguro de sí mismo. Después de treinta y seis años, no podia cambiarlo. Por esa razón caminaba por el bosque, de noche y solo, buscando alejarse lo suficiente, pero no es él quien decide cuando parar, sino un angustioso sollozo que sube por su pecho y se abre paso por su garganta. Un sollozo que va teñido de rabia, una rabia que deja salir estrellando el puño varias veces contra el tronco de un árbol, hasta que no es capaz de soportar más el peso de la culpa, la cual amenaza con aplastarle, de modo que se deja caer sobre un tronco tumbado sintiendo como unas lágrimas de las que no había sido consciente hasta el momento empapan su rostro, el cual esconde con su mano zurda, llorando sin consuelo. Llorando por sus amigos. Llorando por el miedo que había tenido. Llorando por su familia. Llorando por Hope y por el alma de Jack. Llorando por él mismo, por como Miguel le había utilizado. Llorando por todo lo que no podia dejar salir nunca.
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    Actualmente nos encontramos en búsqueda de usuarios interesados en interpretar algunos personajes importantes dentro de nuestra trama principal.

    ✦ Maredy (Ocupada)

    Impulsiva, ruidosa y absolutamente incapaz de quedarse callada cuando tiene algo que decir.

    Maredy es una persona extremadamente sociable, confianzuda y con una preocupante facilidad para poner apodos a cualquiera que se cruce en su camino. Tiene poca tolerancia a la frustración, suele reaccionar antes de pensar y rara vez deja pasar una oportunidad para meterse en problemas.

    A pesar de su actitud despreocupada, es ferozmente leal a quienes considera parte de su círculo cercano, especialmente a Anyel y Enthon. Cuando alguien toca a los suyos, deja de ser divertida muy rápido.

    ✦ Erison

    El corazón del grupo.

    Responsable, disciplinado y siempre dispuesto a tender una mano, Erison suele actuar como una figura de apoyo para quienes lo rodean. Es constante, comprometido y alguien en quien se puede confiar incluso en los momentos más complicados.

    Le apasiona el entrenamiento físico y el cuidado personal, por lo que suele motivar al resto a mantenerse activos y saludables. Posee una gran fortaleza tanto física como emocional, aunque rara vez la utiliza para imponerse sobre los demás.

    ✦ Joahnna (Ocupada)

    La organizadora. La responsable. El dolor de cabeza colectivo.

    Mientras los demás improvisan, Joahnna ya tiene un plan preparado. Es meticulosa, observadora y extremadamente previsora, hasta el punto de que dentro del grupo existe el chiste recurrente de amenazar con "acusarlos con Joahnna".

    Prefiere los libros a las personas, la lógica a las emociones y la preparación a la improvisación. Aunque no suele recurrir a insultos o gritos, posee una honestidad brutal que puede resultar mucho más hiriente.

    ✦ Enthon

    Problemático es quedarse corto.

    Enthon es agresivo, conflictivo, rencoroso y posee un talento especial para convertir cualquier situación en una pelea. Guarda resentimientos durante años y rara vez olvida una ofensa.

    Su relación con Anyel es especialmente complicada, marcada por rivalidades, conflictos y cuentas pendientes que todavía no han sido saldadas.

    Sin embargo, quienes logran atravesar todas esas capas de hostilidad descubren que existe una pequeña excepción a sus propias reglas. Con Maredy muestra una faceta completamente distinta, una que muy pocas personas tienen el privilegio de conocer.

    Ofrecemos lore desarrollado, tramas activas y apoyo para integrarse a la historia. Las imágenes utilizadas son únicamente una referencia visual y pueden adaptarse siempre que se conserve la esencia del personaje.

    Si alguno de ellos llama tu atención o deseas conocer más detalles sobre el mundo, la historia o los personajes disponibles, puedes comunicarte por mensaje privado.
    Actualmente nos encontramos en búsqueda de usuarios interesados en interpretar algunos personajes importantes dentro de nuestra trama principal. ✦ Maredy (Ocupada) Impulsiva, ruidosa y absolutamente incapaz de quedarse callada cuando tiene algo que decir. Maredy es una persona extremadamente sociable, confianzuda y con una preocupante facilidad para poner apodos a cualquiera que se cruce en su camino. Tiene poca tolerancia a la frustración, suele reaccionar antes de pensar y rara vez deja pasar una oportunidad para meterse en problemas. A pesar de su actitud despreocupada, es ferozmente leal a quienes considera parte de su círculo cercano, especialmente a Anyel y Enthon. Cuando alguien toca a los suyos, deja de ser divertida muy rápido. ✦ Erison El corazón del grupo. Responsable, disciplinado y siempre dispuesto a tender una mano, Erison suele actuar como una figura de apoyo para quienes lo rodean. Es constante, comprometido y alguien en quien se puede confiar incluso en los momentos más complicados. Le apasiona el entrenamiento físico y el cuidado personal, por lo que suele motivar al resto a mantenerse activos y saludables. Posee una gran fortaleza tanto física como emocional, aunque rara vez la utiliza para imponerse sobre los demás. ✦ Joahnna (Ocupada) La organizadora. La responsable. El dolor de cabeza colectivo. Mientras los demás improvisan, Joahnna ya tiene un plan preparado. Es meticulosa, observadora y extremadamente previsora, hasta el punto de que dentro del grupo existe el chiste recurrente de amenazar con "acusarlos con Joahnna". Prefiere los libros a las personas, la lógica a las emociones y la preparación a la improvisación. Aunque no suele recurrir a insultos o gritos, posee una honestidad brutal que puede resultar mucho más hiriente. ✦ Enthon Problemático es quedarse corto. Enthon es agresivo, conflictivo, rencoroso y posee un talento especial para convertir cualquier situación en una pelea. Guarda resentimientos durante años y rara vez olvida una ofensa. Su relación con Anyel es especialmente complicada, marcada por rivalidades, conflictos y cuentas pendientes que todavía no han sido saldadas. Sin embargo, quienes logran atravesar todas esas capas de hostilidad descubren que existe una pequeña excepción a sus propias reglas. Con Maredy muestra una faceta completamente distinta, una que muy pocas personas tienen el privilegio de conocer. Ofrecemos lore desarrollado, tramas activas y apoyo para integrarse a la historia. Las imágenes utilizadas son únicamente una referencia visual y pueden adaptarse siempre que se conserve la esencia del personaje. Si alguno de ellos llama tu atención o deseas conocer más detalles sobre el mundo, la historia o los personajes disponibles, puedes comunicarte por mensaje privado.
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  • El tintinear de la campanilla anunció el cierre de la tienda por última vez aquella tarde. Carmina giró el letrero hacia el "cerrado" y permaneció unos segundos observando el cristal de la puerta, como si estuviera reuniendo fuerzas antes de marcharse.

    Había sido un día largo.

    Y, sinceramente, ya no estaba segura de cuándo había dejado de serlo.

    Con las manos en los bolsillos de su abrigo, caminó sin rumbo fijo hasta un pequeño parque no muy lejos de allí. El sol comenzaba a descender lentamente, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y dorados. A esa hora, el lugar estaba tranquilo; apenas algunas personas dispersas aprovechaban los últimos momentos de luz.

    Eligió una banca algo apartada y se dejó caer sobre ella con un suspiro pesado.

    Después de unos instantes, sacó un cigarrillo. Lo encendió con movimientos automáticos, fruto de la costumbre más que del deseo. Observó cómo el humo se elevaba lentamente frente a ella antes de perderse en el aire.

    —Solo necesito resolver una cosa a la vez... una sola cosa. —murmuró para sí.

    Apoyó los codos sobre las rodillas y se pasó una mano por el rostro.

    La tienda.

    Las cuentas.

    Su abuela.

    El futuro.

    Todo parecía mezclarse en una maraña imposible de desenredar.

    Soltó una pequeña risa sin humor.

    —Qué gracioso... Siempre encuentro una solución para los problemas de los demás, pero cuando se trata de los míos no tengo idea de qué hacer. —

    Dio otra calada al cigarrillo.

    Allí podía hablar sola si quería. Nadie la miraría extraño. Y, más importante aún, no tendría que fingir que todo estaba bien para evitar preocupaciones innecesarias.

    —Quizá estoy cansada... —admitió en voz baja, observando el suelo bajo sus pies. — O quizá solo estoy fingiendo demasiado bien que puedo con todo. —

    El viento movió suavemente algunas hojas cercanas.

    Por primera vez en todo el día, el silencio parecía dispuesto a escucharla.
    [dream_silver_wolf_339]
    El tintinear de la campanilla anunció el cierre de la tienda por última vez aquella tarde. Carmina giró el letrero hacia el "cerrado" y permaneció unos segundos observando el cristal de la puerta, como si estuviera reuniendo fuerzas antes de marcharse. Había sido un día largo. Y, sinceramente, ya no estaba segura de cuándo había dejado de serlo. Con las manos en los bolsillos de su abrigo, caminó sin rumbo fijo hasta un pequeño parque no muy lejos de allí. El sol comenzaba a descender lentamente, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y dorados. A esa hora, el lugar estaba tranquilo; apenas algunas personas dispersas aprovechaban los últimos momentos de luz. Eligió una banca algo apartada y se dejó caer sobre ella con un suspiro pesado. Después de unos instantes, sacó un cigarrillo. Lo encendió con movimientos automáticos, fruto de la costumbre más que del deseo. Observó cómo el humo se elevaba lentamente frente a ella antes de perderse en el aire. —Solo necesito resolver una cosa a la vez... una sola cosa. —murmuró para sí. Apoyó los codos sobre las rodillas y se pasó una mano por el rostro. La tienda. Las cuentas. Su abuela. El futuro. Todo parecía mezclarse en una maraña imposible de desenredar. Soltó una pequeña risa sin humor. —Qué gracioso... Siempre encuentro una solución para los problemas de los demás, pero cuando se trata de los míos no tengo idea de qué hacer. — Dio otra calada al cigarrillo. Allí podía hablar sola si quería. Nadie la miraría extraño. Y, más importante aún, no tendría que fingir que todo estaba bien para evitar preocupaciones innecesarias. —Quizá estoy cansada... —admitió en voz baja, observando el suelo bajo sus pies. — O quizá solo estoy fingiendo demasiado bien que puedo con todo. — El viento movió suavemente algunas hojas cercanas. Por primera vez en todo el día, el silencio parecía dispuesto a escucharla. [dream_silver_wolf_339]
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  • ??: Pequeño... Rata. Maldito...
    ¿Pensaste que no usaría un cuchillo contra un meta-animal cómo tú?.
    Entonces, deberías haber escuchado cuando te dije que me des dinero y te fueras.

    -Sniffles increpó al sujeto que le exigía dinero por haber lastimado a su hijo y enviarlo al hospital. Sniffles ya no soportaba el bullying que recibían constantemente de ese bravucón compañero de universidad. Ahora es linchado por esa pandilla de malandras y no puede defenderse 3 contra uno.-
    ??: Pequeño... Rata. Maldito... ¿Pensaste que no usaría un cuchillo contra un meta-animal cómo tú?. Entonces, deberías haber escuchado cuando te dije que me des dinero y te fueras. -Sniffles increpó al sujeto que le exigía dinero por haber lastimado a su hijo y enviarlo al hospital. Sniffles ya no soportaba el bullying que recibían constantemente de ese bravucón compañero de universidad. Ahora es linchado por esa pandilla de malandras y no puede defenderse 3 contra uno.-
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  • Esta semana sin duda ha sido todo un completo torbellino, a parte de confrontar los grados de calor intensos (y eso que todavía oficialmente no hemos entrado en el verano)
    Las innumerables quejas y ostentosidades de mis clientes más leales a la vez que bastante famosos.
    Mientras a la vez hacia diferentes arreglos al segundo vestido de una de mis mejores amigas.
    Y encima aún no tengo ninguna maldita idea sobre el tema del que irá mi próximo modelo, para la semana de la moda en París.
    Lo sé, lo sé no es hasta otoño pero si no empiezo cuánto antes no llegaré ni de coña.
    Por si todo eso no fuera poco, no puedo quejarme por qué soy una privilegiada y otras personas tienen trabajos peores, con horarios y sueldos de espanto.

    Esta semana sin duda ha sido todo un completo torbellino, a parte de confrontar los grados de calor intensos (y eso que todavía oficialmente no hemos entrado en el verano) Las innumerables quejas y ostentosidades de mis clientes más leales a la vez que bastante famosos. Mientras a la vez hacia diferentes arreglos al segundo vestido de una de mis mejores amigas. Y encima aún no tengo ninguna maldita idea sobre el tema del que irá mi próximo modelo, para la semana de la moda en París. Lo sé, lo sé no es hasta otoño pero si no empiezo cuánto antes no llegaré ni de coña. Por si todo eso no fuera poco, no puedo quejarme por qué soy una privilegiada y otras personas tienen trabajos peores, con horarios y sueldos de espanto.
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  • -El Ogro en su tiempo libre, se encontraba sentado en su trono, a su lado habia una alta mesa que daba a unas botellas de colores, pequeñas para el Ogro pero llamativas por su contenido, por ende extendio sus dedos, atrapando una de esas botellas y la lanzo en el interior de su boca, como si fuera una pastilla-

    "Hm... esperaba un efecto mas divert.."

    -Sus palabras fueron interrumpidas por una poderosa punzada en su espalda, en su columna seguida de una descarga electrica total, al punto de hacer incendiar su propio cuerpo, las llamas se elevaron con fuerza en el lugar, el trono fue reducido a cenizas, las flamas consumieron su cuerpo hasta entregarle esa nueva apariencia, este observo su cuerpo con sorpresa, se veia mas bajito, mas delgado, media 2 metros de alto, su cuerpo habia perdido masa sobremuscular digna de los Grandes Ogros, ahora se veia como su yo de Juventud-

    "Esa posima... ha cambiado mi cuerpo a la fuerza, ogro verse mas joven, mas niño.. perder belleza musculosa, trabajar para conseguirlo de nuevo!"

    -Acto seguido levantaria sus brazos sobre su cuerpo, haciendo caer una enorme barra, en cada punta habian grandes pezas de 100 toneladas cada una, empezando a hacer ejercicio-
    -El Ogro en su tiempo libre, se encontraba sentado en su trono, a su lado habia una alta mesa que daba a unas botellas de colores, pequeñas para el Ogro pero llamativas por su contenido, por ende extendio sus dedos, atrapando una de esas botellas y la lanzo en el interior de su boca, como si fuera una pastilla- "Hm... esperaba un efecto mas divert.." -Sus palabras fueron interrumpidas por una poderosa punzada en su espalda, en su columna seguida de una descarga electrica total, al punto de hacer incendiar su propio cuerpo, las llamas se elevaron con fuerza en el lugar, el trono fue reducido a cenizas, las flamas consumieron su cuerpo hasta entregarle esa nueva apariencia, este observo su cuerpo con sorpresa, se veia mas bajito, mas delgado, media 2 metros de alto, su cuerpo habia perdido masa sobremuscular digna de los Grandes Ogros, ahora se veia como su yo de Juventud- "Esa posima... ha cambiado mi cuerpo a la fuerza, ogro verse mas joven, mas niño.. perder belleza musculosa, trabajar para conseguirlo de nuevo!" -Acto seguido levantaria sus brazos sobre su cuerpo, haciendo caer una enorme barra, en cada punta habian grandes pezas de 100 toneladas cada una, empezando a hacer ejercicio-
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  • -Ya casi estaba por amanecer, había sido una larga noche persiguiendo a su víctima, un cambia formas (De nombre Smy) que se hacía pasar por niños para engañar a los más pequeños y hacerles cosas horribles. Finalmente lo había alcanzado, cuando lo tuvo acorralado, lo empujó contra una pared, lo que lo hizo chocar la cara contra el muro.-

    S: A-agh!! Espera... P-podemos habl-

    -Smy intento poner sus mano sobre su cara para defenderse, pero fue pateado en el pecho contra la pared nuevamente, Teo lo sujeto de las muñecas, liberando un frío que pronto le congelo los antebrazos. Después comenzó a pisarle el rostro, de nuevo, y de nuevo, y de nuevo, y de nuevo. La sangre salpicaba contra la pared y el suelo. Smy comenzó a llorar de dolor mientras escupía sangre en el suelo.-

    S: P-por favor... ¡Cof cof! no l-lo volveré a- ¡COF!... A-ah por favor... T-te lo ruego... Ya me has golpeado s-suficiente, por favor...

    -Teo miro a Smy fijamente, viéndolo poner sus manos sobre su rostro para evitar más posibles golpes.-

    Tienes razón... ya te he golpeado lo suficiente...

    -Una leve luz comenzó a formarse en la palma de su mano, la aparición de leves brazas uniéndose en lo que se convertiría una bola de fuego terminaron por flamear sobre la piel del mago.-

    S: ¡¿Q-que estás haciendo?! ¡N-no puedes!, ya dije que no lo volveré a-

    -El rostro de Smy entro en contacto con la bola de fuego la cual se expandió en una explosión de llamas que lo rodearon por completo, ardiendo en el calor extremo hasta que su cuerpo dejo de retorcerse, el cadáver continuo quemandose hasta convertirse en cenizas que se llevó el viento.-

    Uff... Que asco me dan estos tipos, ahora si... a cobrar lo mío y comer una buena hamburguesa.
    -Ya casi estaba por amanecer, había sido una larga noche persiguiendo a su víctima, un cambia formas (De nombre Smy) que se hacía pasar por niños para engañar a los más pequeños y hacerles cosas horribles. Finalmente lo había alcanzado, cuando lo tuvo acorralado, lo empujó contra una pared, lo que lo hizo chocar la cara contra el muro.- S: A-agh!! Espera... P-podemos habl- -Smy intento poner sus mano sobre su cara para defenderse, pero fue pateado en el pecho contra la pared nuevamente, Teo lo sujeto de las muñecas, liberando un frío que pronto le congelo los antebrazos. Después comenzó a pisarle el rostro, de nuevo, y de nuevo, y de nuevo, y de nuevo. La sangre salpicaba contra la pared y el suelo. Smy comenzó a llorar de dolor mientras escupía sangre en el suelo.- S: P-por favor... ¡Cof cof! no l-lo volveré a- ¡COF!... A-ah por favor... T-te lo ruego... Ya me has golpeado s-suficiente, por favor... -Teo miro a Smy fijamente, viéndolo poner sus manos sobre su rostro para evitar más posibles golpes.- Tienes razón... ya te he golpeado lo suficiente... -Una leve luz comenzó a formarse en la palma de su mano, la aparición de leves brazas uniéndose en lo que se convertiría una bola de fuego terminaron por flamear sobre la piel del mago.- S: ¡¿Q-que estás haciendo?! ¡N-no puedes!, ya dije que no lo volveré a- -El rostro de Smy entro en contacto con la bola de fuego la cual se expandió en una explosión de llamas que lo rodearon por completo, ardiendo en el calor extremo hasta que su cuerpo dejo de retorcerse, el cadáver continuo quemandose hasta convertirse en cenizas que se llevó el viento.- Uff... Que asco me dan estos tipos, ahora si... a cobrar lo mío y comer una buena hamburguesa.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Tenlo en cuenta al responder.
    || Por si tenían la duda, en efecto, Masthian suena exactamente igual que el vocal de Wiplash, para sorpresa de nadie. Cuando piensen en él, que sepan quién les habla al menos.

    Y sí, sí canta bonito. ||
    || Por si tenían la duda, en efecto, Masthian suena exactamente igual que el vocal de Wiplash, para sorpresa de nadie. Cuando piensen en él, que sepan quién les habla al menos. Y sí, sí canta bonito. ||
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  • 。 𝗧𝗵𝗶𝘀 𝗰𝗶𝘁𝘆 𝗻𝗲𝘃𝗲𝗿 𝗳𝘂𝗰𝗸𝗶𝗻𝗴 𝘀𝗹𝗲𝗲𝗽.
    Categoría Original
    La lluvia no caía.

    Se desplomaba.

    Ácida. Enferma. Con el mismo ánimo de vivir que la mayoría de los habitantes.

    Bajaba desde un cielo sin estrellas, atravesado por anuncios holográficos que parpadeaban sobre los edificios como heridas de neón. Cada gota dejaba manchas iridiscentes sobre el asfalto, mezclándose con vómito, combustible y sangre vieja arrastrada desde algún callejón donde a nadie le importaba quién había gritado por última vez.

    La ciudad seguía viva.

    Y ese era el problema.

    Vivía como viven las cucarachas dentro de un cadáver: moviéndose entre carne podrida, comiendo lo que quedaba y fingiendo que aquello era el progreso.

    Los rascacielos corporativos se elevaban sobre los barrios bajos como dioses en vidrio blindado. Arriba, los ejecutivos bebían agua purificada y vendían guerras con sonrisas perfectas. Abajo, la gente empeñaba pulmones, recuerdos, brazos, córneas y dignidad por una noche más de calefacción, una dosis más de calma o una bala menos en la cabeza.

    Las pantallas gigantes repetían propaganda gubernamental entre comerciales de implantes militares y cuerpos sintéticos de alquiler.

    OBEDECE. CONSUME. MEJORA. SOBREVIVE.


    En mitad de aquella avenida desdentada, bajo el toldo roto de una clínica ilegal de ripperdocs, estaba él.

    El cazador.

    Nadie tenia claro si era su nombre, su oficio o simplemente una advertencia.

    Llevaba un sombrero viejo, empapado por la lluvia y deformado por años de mugre, balas y malas decisiones. El parche sobre su ojo derecho estaba hecho de cuero negro cuarteado, sujeto con una correa que le cruzaba la sien como una cicatriz más en el rostro. Un abrigo largo de fibra antibalas remendada, botas gastadas, guantes sin dedos y una camisa que había sobrevivido a demasiadas peleas para seguir llamándose así misma prenda.

    En su cintura colgaba una pistola pesada, vieja, brutal. No era elegante. No tenía luces decorativas ni asistencia inteligente. Solo era metal, con un retroceso brutal y una tendencia a dejar agujeros enormes sobre la carne humana.

    El cazador aspiró el humo de un cigarrillo y miró el cadáver del hombre tirado frente a él.

    O lo que quedaba.

    Tenía la mandíbula arrancada, cables nerviosos saliéndole del cuello como lombrices plateadas y media cara convertida en una masa brillante de carne, cromo y hueso pulverizado. Sus ojos ópticos seguían encendidos, enfocando y desenfocando el vacío mientras una voz interna repetía, completamente rota:

    — Error... Error... Error…

    El cazador soltó humo por la nariz.

    — Bienvenido al club, idiota.

    A un lado, una mujer con uniforme corporativo temblaba bajo un paraguas transparente. El logo de su empresa brillaba sobre su pecho con una pulcritud obscena, completamente fuera de lugar en una calle donde hasta las ratas parecían tener deudas.

    — Usted fue contratado para traerlo vivo. —dijo ella, intentando sonar firme.

    El cazador giró la cabeza.

    Su único ojo visible era pálido, cansado, hundido bajo una ceja marcada por cicatrices viejas. No había culpa en su expresión.

    Tampoco orgullo.

    Solo hastío.

    — Y él fue contratado para no intentar partirme en dos con unas mantis oxidadas. —respondió con voz ronca—. Mira qué noche tan llena de putas decepciones, ¿no?

    La ejecutiva tragó saliva. Evidentemente nerviosa.

    — La corporación no pagará el total.

    El cazador apagó el cigarrillo contra la chapa ensangrentada del cadáver.

    — La corporación puede meterse el contrato por el puerto neural y actualizarse hasta sangrar por el culo.

    Los drones policiales pasaron por encima, proyectando luces rojas sobre los charcos de sangre.

    Nadie se detuvo. Nadie preguntó.

    En aquella ciudad, si un muerto no bloqueaba el tráfico ni afectaba las acciones de una compañía; era simplemente decoración urbana.

    El cazador se agachó junto al cuerpo y arrancó de su nuca un chip bañado en sangre.

    Lo observó al sostenerlo entre dos dedos, viendo cómo los filamentos internos todavía chisporroteaban como nervios expuestos.

    — Al menos esto sí vale algo.

    La mujer dio un paso atrás.

    — Eso es propiedad privada.

    Él la miró.

    Pesado.

    Despacio.

    Con una paciencia tan podrida que parecía violencia concentrada.

    — Cariño, todo aquí es propiedad privada. Los edificios, la lluvia, tus órganos, mi maldito cansancio. La diferencia es que yo todavía tengo manos para tomar lo que necesito.

    Guardó el chip en el bolsillo interior del abrigo.

    Y la mujer se fue con prisa. Aterrada. Agradecida de no haber muerto.

    Entonces su comunicador vibró.

    Una llamada entrante. Número oculto. Señal encriptada.
    Demasiado limpia para venir de alguien pobre. Demasiado sucia para venir de alguien honesto.

    El cazador suspiró.

    — Fantástico. Más mierda cayendo sobre mí.

    Aceptó la llamada.

    Una voz distorsionada llenó su oído, fría como metal bajo la lengua.

    — Tenemos otro trabajo para ti.

    Él observó la avenida, las pantallas, los cuerpos bajo plástico negro, los niños con implantes baratos rebuscando comida entre contenedores marcados con advertencias químicas.

    Veía a la ciudad entera abrir la boca, masticar a su gente y pedir más.

    — Qué sorpresa... —murmuró—. Por un segundo pensé que el mundo había decidido dejarme pudrir en paz.

    La voz continuó.

    — Hay un activo que se ha rebelado. Tráela. Con vida. 

    El cazador se quedó quieto.

    La lluvia golpeó el ala de su sombrero.

    Una gota bajó por el borde de su parche.

    — ¿Con vida? Eso es complicado.

    — Solo nos sirve con vida. No lo arruines.

    Él soltó una risa baja, áspera, sin humor.

    — Pero ese es mi encanto.

    Hubo un silencio al otro lado de la línea.

    — El riesgo es elevado. La paga alta.

    El cazador cerró el ojo.

    Por un instante, pareció casi dormido de pie bajo la lluvia venenosa.

    Luego sonrió.

    Una mueca desgastada.

    Cansada.

    — Entonces supongo que volveré a vender otro pedazo de mi alma. Total, ya nadie compra el lote completo.

    Cortó la llamada.

    A lo lejos, más allá de los bloques residenciales carcomidos por óxido y pantallas pornográficas defectuosas; una torre abandonada se alzaba contra el cielo eléctrico. Sus ventanas estaban oscuras. Demasiado oscuras para una ciudad que nunca dejaba morir la luz.

    El cazador se acomodó el sombrero, revisó su pistola y empezó a caminar.

    Cada paso chapoteaba en agua sucia, sangre diluida y reflejos de neón.

    — Veamos con que me sorprende esta ciudad de mierda.

    Gruñó para sí mismo, pero siguió avanzando porque en aquel mundo nadie era libre.

    Solo existían distintos precios para la misma condena.
    La lluvia no caía. Se desplomaba. Ácida. Enferma. Con el mismo ánimo de vivir que la mayoría de los habitantes. Bajaba desde un cielo sin estrellas, atravesado por anuncios holográficos que parpadeaban sobre los edificios como heridas de neón. Cada gota dejaba manchas iridiscentes sobre el asfalto, mezclándose con vómito, combustible y sangre vieja arrastrada desde algún callejón donde a nadie le importaba quién había gritado por última vez. La ciudad seguía viva. Y ese era el problema. Vivía como viven las cucarachas dentro de un cadáver: moviéndose entre carne podrida, comiendo lo que quedaba y fingiendo que aquello era el progreso. Los rascacielos corporativos se elevaban sobre los barrios bajos como dioses en vidrio blindado. Arriba, los ejecutivos bebían agua purificada y vendían guerras con sonrisas perfectas. Abajo, la gente empeñaba pulmones, recuerdos, brazos, córneas y dignidad por una noche más de calefacción, una dosis más de calma o una bala menos en la cabeza. Las pantallas gigantes repetían propaganda gubernamental entre comerciales de implantes militares y cuerpos sintéticos de alquiler. OBEDECE. CONSUME. MEJORA. SOBREVIVE. En mitad de aquella avenida desdentada, bajo el toldo roto de una clínica ilegal de ripperdocs, estaba él. El cazador. Nadie tenia claro si era su nombre, su oficio o simplemente una advertencia. Llevaba un sombrero viejo, empapado por la lluvia y deformado por años de mugre, balas y malas decisiones. El parche sobre su ojo derecho estaba hecho de cuero negro cuarteado, sujeto con una correa que le cruzaba la sien como una cicatriz más en el rostro. Un abrigo largo de fibra antibalas remendada, botas gastadas, guantes sin dedos y una camisa que había sobrevivido a demasiadas peleas para seguir llamándose así misma prenda. En su cintura colgaba una pistola pesada, vieja, brutal. No era elegante. No tenía luces decorativas ni asistencia inteligente. Solo era metal, con un retroceso brutal y una tendencia a dejar agujeros enormes sobre la carne humana. El cazador aspiró el humo de un cigarrillo y miró el cadáver del hombre tirado frente a él. O lo que quedaba. Tenía la mandíbula arrancada, cables nerviosos saliéndole del cuello como lombrices plateadas y media cara convertida en una masa brillante de carne, cromo y hueso pulverizado. Sus ojos ópticos seguían encendidos, enfocando y desenfocando el vacío mientras una voz interna repetía, completamente rota: — Error... Error... Error… El cazador soltó humo por la nariz. — Bienvenido al club, idiota. A un lado, una mujer con uniforme corporativo temblaba bajo un paraguas transparente. El logo de su empresa brillaba sobre su pecho con una pulcritud obscena, completamente fuera de lugar en una calle donde hasta las ratas parecían tener deudas. — Usted fue contratado para traerlo vivo. —dijo ella, intentando sonar firme. El cazador giró la cabeza. Su único ojo visible era pálido, cansado, hundido bajo una ceja marcada por cicatrices viejas. No había culpa en su expresión. Tampoco orgullo. Solo hastío. — Y él fue contratado para no intentar partirme en dos con unas mantis oxidadas. —respondió con voz ronca—. Mira qué noche tan llena de putas decepciones, ¿no? La ejecutiva tragó saliva. Evidentemente nerviosa. — La corporación no pagará el total. El cazador apagó el cigarrillo contra la chapa ensangrentada del cadáver. — La corporación puede meterse el contrato por el puerto neural y actualizarse hasta sangrar por el culo. Los drones policiales pasaron por encima, proyectando luces rojas sobre los charcos de sangre. Nadie se detuvo. Nadie preguntó. En aquella ciudad, si un muerto no bloqueaba el tráfico ni afectaba las acciones de una compañía; era simplemente decoración urbana. El cazador se agachó junto al cuerpo y arrancó de su nuca un chip bañado en sangre. Lo observó al sostenerlo entre dos dedos, viendo cómo los filamentos internos todavía chisporroteaban como nervios expuestos. — Al menos esto sí vale algo. La mujer dio un paso atrás. — Eso es propiedad privada. Él la miró. Pesado. Despacio. Con una paciencia tan podrida que parecía violencia concentrada. — Cariño, todo aquí es propiedad privada. Los edificios, la lluvia, tus órganos, mi maldito cansancio. La diferencia es que yo todavía tengo manos para tomar lo que necesito. Guardó el chip en el bolsillo interior del abrigo. Y la mujer se fue con prisa. Aterrada. Agradecida de no haber muerto. Entonces su comunicador vibró. Una llamada entrante. Número oculto. Señal encriptada. Demasiado limpia para venir de alguien pobre. Demasiado sucia para venir de alguien honesto. El cazador suspiró. — Fantástico. Más mierda cayendo sobre mí. Aceptó la llamada. Una voz distorsionada llenó su oído, fría como metal bajo la lengua. — Tenemos otro trabajo para ti. Él observó la avenida, las pantallas, los cuerpos bajo plástico negro, los niños con implantes baratos rebuscando comida entre contenedores marcados con advertencias químicas. Veía a la ciudad entera abrir la boca, masticar a su gente y pedir más. — Qué sorpresa... —murmuró—. Por un segundo pensé que el mundo había decidido dejarme pudrir en paz. La voz continuó. — Hay un activo que se ha rebelado. Tráela. Con vida.  El cazador se quedó quieto. La lluvia golpeó el ala de su sombrero. Una gota bajó por el borde de su parche. — ¿Con vida? Eso es complicado. — Solo nos sirve con vida. No lo arruines. Él soltó una risa baja, áspera, sin humor. — Pero ese es mi encanto. Hubo un silencio al otro lado de la línea. — El riesgo es elevado. La paga alta. El cazador cerró el ojo. Por un instante, pareció casi dormido de pie bajo la lluvia venenosa. Luego sonrió. Una mueca desgastada. Cansada. — Entonces supongo que volveré a vender otro pedazo de mi alma. Total, ya nadie compra el lote completo. Cortó la llamada. A lo lejos, más allá de los bloques residenciales carcomidos por óxido y pantallas pornográficas defectuosas; una torre abandonada se alzaba contra el cielo eléctrico. Sus ventanas estaban oscuras. Demasiado oscuras para una ciudad que nunca dejaba morir la luz. El cazador se acomodó el sombrero, revisó su pistola y empezó a caminar. Cada paso chapoteaba en agua sucia, sangre diluida y reflejos de neón. — Veamos con que me sorprende esta ciudad de mierda. Gruñó para sí mismo, pero siguió avanzando porque en aquel mundo nadie era libre. Solo existían distintos precios para la misma condena.
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