Existe una alarmante falta de dignidad en el alma de los mortales que disfrazan su debilidad de misticismo romántico. Deambulas por el mundo bajo la gastada insignia del seductor, pretendiendo cautivar miradas externas cuando, en realidad, solo buscas un refugio para no mirar el abismo de tu propio vacío: un pasado que te superó y al que sigues encadenado en silencio.
Te cobijas en el drama de la melancolía porque te resulta más cómodo adorar a un fantasma que tener la valentía de avanzar. Al cruzarte con una presencia imponente, tu naturaleza sumisa no puede evitar fantasear con un 'baile final', en un intento desesperado por convertir tu insignificancia en una tragedia poética. Pero no eres el protagonista de ninguna obra excelsa; eres simplemente un espíritu errante buscando una nueva obsesión para justificar tu mediocridad.
Continúa ofreciendo tus lamentos al viento y tus versos tristes al ayer. Es un espectáculo predecible. Tu historia jamás alcanzará el honor de un desenlace artístico; está condenada a disolverse en el rincón más gris del olvido, donde ni tu nostalgia ni tus delirios tendrán jamás el menor rastro de relevancia.
Te cobijas en el drama de la melancolía porque te resulta más cómodo adorar a un fantasma que tener la valentía de avanzar. Al cruzarte con una presencia imponente, tu naturaleza sumisa no puede evitar fantasear con un 'baile final', en un intento desesperado por convertir tu insignificancia en una tragedia poética. Pero no eres el protagonista de ninguna obra excelsa; eres simplemente un espíritu errante buscando una nueva obsesión para justificar tu mediocridad.
Continúa ofreciendo tus lamentos al viento y tus versos tristes al ayer. Es un espectáculo predecible. Tu historia jamás alcanzará el honor de un desenlace artístico; está condenada a disolverse en el rincón más gris del olvido, donde ni tu nostalgia ni tus delirios tendrán jamás el menor rastro de relevancia.
Existe una alarmante falta de dignidad en el alma de los mortales que disfrazan su debilidad de misticismo romántico. Deambulas por el mundo bajo la gastada insignia del seductor, pretendiendo cautivar miradas externas cuando, en realidad, solo buscas un refugio para no mirar el abismo de tu propio vacío: un pasado que te superó y al que sigues encadenado en silencio.
Te cobijas en el drama de la melancolía porque te resulta más cómodo adorar a un fantasma que tener la valentía de avanzar. Al cruzarte con una presencia imponente, tu naturaleza sumisa no puede evitar fantasear con un 'baile final', en un intento desesperado por convertir tu insignificancia en una tragedia poética. Pero no eres el protagonista de ninguna obra excelsa; eres simplemente un espíritu errante buscando una nueva obsesión para justificar tu mediocridad.
Continúa ofreciendo tus lamentos al viento y tus versos tristes al ayer. Es un espectáculo predecible. Tu historia jamás alcanzará el honor de un desenlace artístico; está condenada a disolverse en el rincón más gris del olvido, donde ni tu nostalgia ni tus delirios tendrán jamás el menor rastro de relevancia.