• Eso fue todo......

    *Se pone a cantar mientras abraza a Balerion*

    Mientras recorro los ríos, los mares, los cielos, las nubes y los 7 mares, seguiré por ti esperando, mi vida no llores que te estoy hablando, hago castillos de arena en la luna, dibujo sonrisas en nuestra amargura....
    Eso fue todo...... *Se pone a cantar mientras abraza a Balerion* Mientras recorro los ríos, los mares, los cielos, las nubes y los 7 mares, seguiré por ti esperando, mi vida no llores que te estoy hablando, hago castillos de arena en la luna, dibujo sonrisas en nuestra amargura....
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  • Evento: El Suspiro de Jotunheim
    Fandom Marvel
    Categoría Acción
    Abril en Nueva York solía ser la temporada de las chaquetas ligeras, pero para Sigurd, la primavera de Midgard siempre le había parecido un tibio insulto a su linaje.

    Tras el mostrador del café, su paciencia finalmente se quebró al mismo ritmo que el cristal de la cafetera, que estalló silenciosamente bajo una capa de escarcha azulada.

    — "Te dije que el café estaba demasiado caliente", murmuró Sigurd al cliente aterrorizado, mientras se ajustaba las gafas de seguridad sobre sus rizos oscuros con una calma glacial.

    Se quitó el delantal, dejando atrás la farsa de la vida mortal. Al cruzar el umbral del local, la atmósfera de la Quinta Avenida cambió drásticamente, no era solo nieve; era una caída de temperatura tan violenta y antinatural que recordaba al frío eterno de Jotunheim.

    A cada paso que el joven príncipe daba hacia Central Park, el oxígeno parecía cristalizarse en el aire, volviéndose pesado y difícil de respirar para los pulmones humanos.

    Los hidrantes de la calle no solo se congelaron; estallaron en lanzas de hielo negro que se alzaban hacia el cielo gris.

    Sigurd caminaba por el centro de la calle con las manos en los bolsillos de su sudadera, luciendo esa expresión de desdén característica de quien sabe que es el arquitecto del desastre, el fuego de los transformadores eléctricos que explotaban a su paso iluminaba su rostro, proyectando sombras que acentuaban su palidez divina y la chispa de travesura en sus ojos.

    Al llegar a la terraza de Bethesda, se sentó en la barandilla de piedra, observando cómo el lago se solidificaba en segundos, el frío era tan intenso que el acero de los rascacielos cercanos empezaba a crujir por la contracción térmica.

    — "Mucho mejor", exhaló, dejando que un vaho gélido y denso flotara frente a él. "Si Asgard quería que aprendiera sobre la 'calidez' de los humanos, se han equivocado de planeta, Nueva York se ve mucho más hermosa bajo el abrazo de mi verdadero hogar".

    Cruzó las piernas con la elegancia de un rey en el exilio, esperando. Sabía que los sensores de Industrias Stark estarían gritando en este momento; el frío de un reino prohibido acababa de reclamar su primera manzana en Manhattan y él no pensaba retirarse hasta que el espectáculo fuera realmente memorable.
    Abril en Nueva York solía ser la temporada de las chaquetas ligeras, pero para Sigurd, la primavera de Midgard siempre le había parecido un tibio insulto a su linaje. Tras el mostrador del café, su paciencia finalmente se quebró al mismo ritmo que el cristal de la cafetera, que estalló silenciosamente bajo una capa de escarcha azulada. — "Te dije que el café estaba demasiado caliente", murmuró Sigurd al cliente aterrorizado, mientras se ajustaba las gafas de seguridad sobre sus rizos oscuros con una calma glacial. Se quitó el delantal, dejando atrás la farsa de la vida mortal. Al cruzar el umbral del local, la atmósfera de la Quinta Avenida cambió drásticamente, no era solo nieve; era una caída de temperatura tan violenta y antinatural que recordaba al frío eterno de Jotunheim. A cada paso que el joven príncipe daba hacia Central Park, el oxígeno parecía cristalizarse en el aire, volviéndose pesado y difícil de respirar para los pulmones humanos. Los hidrantes de la calle no solo se congelaron; estallaron en lanzas de hielo negro que se alzaban hacia el cielo gris. Sigurd caminaba por el centro de la calle con las manos en los bolsillos de su sudadera, luciendo esa expresión de desdén característica de quien sabe que es el arquitecto del desastre, el fuego de los transformadores eléctricos que explotaban a su paso iluminaba su rostro, proyectando sombras que acentuaban su palidez divina y la chispa de travesura en sus ojos. Al llegar a la terraza de Bethesda, se sentó en la barandilla de piedra, observando cómo el lago se solidificaba en segundos, el frío era tan intenso que el acero de los rascacielos cercanos empezaba a crujir por la contracción térmica. — "Mucho mejor", exhaló, dejando que un vaho gélido y denso flotara frente a él. "Si Asgard quería que aprendiera sobre la 'calidez' de los humanos, se han equivocado de planeta, Nueva York se ve mucho más hermosa bajo el abrazo de mi verdadero hogar". Cruzó las piernas con la elegancia de un rey en el exilio, esperando. Sabía que los sensores de Industrias Stark estarían gritando en este momento; el frío de un reino prohibido acababa de reclamar su primera manzana en Manhattan y él no pensaba retirarse hasta que el espectáculo fuera realmente memorable.
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    20
    Estado
    Disponible
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  • "Hay algo que quiero compartir con quién quiera que le guste, aunque tiendo a pensar que sería aburrido y poco interesante para varios. Cómo la gran mayoría se ha dado cuenta, soy bastante melómano, me la paso reseñando álbumes de música que aunque no sean del interés de muchos, pero es algo que seguiré haciendo porque es lo que MAS me apasiona en el mundo.

    Desde que tengo uso de razón siempre he imaginado varios personajes de anime como si fuesen distintas bandas ya sea de rock prog o de metal, tocando mis canciones favoritas, y esto me lo he planteado más de una vez como un proyecto de rol narrativo como en esta plataforma que nos convoca a todos aquí, como un AU (Alternative Universe) musical.

    Sin embargo, me es difícil plantear dicho tipo de rol por varios factores:

    -Se siente poco interesante para el resto.
    -Es difícil congeniar gustos musicales similares con demás integrantes
    -Me cuesta un montón el proponer esto directamente a la gente por vergüenza.
    -Siento que sería demasiado "cabrón" como director de este tipo de rol ya que tengo una visión extremadamente personal y clara al respecto.

    Pero, juntando el valor para proponer algo así aquí, a quién lo desee, dejo la invitación por si alguien quisiera formar esta "rock band ficrolera". El Line-Up disponible sería el siguiente de base, y dependiendo del género que se quiera hacer se incluirán más instrumentistas:

    Guitarra 1: Jero
    Guitarra 2: -
    Bajo: -
    Batería: -
    Voz: -

    Otras opciones:
    Teclados y sintetizadores: -
    Coros: -

    "En fin, puede hacer caso omiso de este testamento que un mequetrefe como quien les escribe deja aquí, Pero si está interesado o interesada en participar, hágamelo saber. Eso."
    "Hay algo que quiero compartir con quién quiera que le guste, aunque tiendo a pensar que sería aburrido y poco interesante para varios. Cómo la gran mayoría se ha dado cuenta, soy bastante melómano, me la paso reseñando álbumes de música que aunque no sean del interés de muchos, pero es algo que seguiré haciendo porque es lo que MAS me apasiona en el mundo. Desde que tengo uso de razón siempre he imaginado varios personajes de anime como si fuesen distintas bandas ya sea de rock prog o de metal, tocando mis canciones favoritas, y esto me lo he planteado más de una vez como un proyecto de rol narrativo como en esta plataforma que nos convoca a todos aquí, como un AU (Alternative Universe) musical. Sin embargo, me es difícil plantear dicho tipo de rol por varios factores: -Se siente poco interesante para el resto. -Es difícil congeniar gustos musicales similares con demás integrantes -Me cuesta un montón el proponer esto directamente a la gente por vergüenza. -Siento que sería demasiado "cabrón" como director de este tipo de rol ya que tengo una visión extremadamente personal y clara al respecto. Pero, juntando el valor para proponer algo así aquí, a quién lo desee, dejo la invitación por si alguien quisiera formar esta "rock band ficrolera". El Line-Up disponible sería el siguiente de base, y dependiendo del género que se quiera hacer se incluirán más instrumentistas: Guitarra 1: Jero Guitarra 2: - Bajo: - Batería: - Voz: - Otras opciones: Teclados y sintetizadores: - Coros: - "En fin, puede hacer caso omiso de este testamento que un mequetrefe como quien les escribe deja aquí, Pero si está interesado o interesada en participar, hágamelo saber. Eso."
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    INVITACIÓN A TRAMA: "EL SUSPIRO DE JOTUNHEIM"

    ¡Hola a todos!

    Se viene una dinámica lineal (nada de multiversos) centrada en Sigurd Lokison y un "pequeño" incidente climático en Manhattan, estamos en Abril de 2026, pero parece que el invierno se ha negado a irse y ha traído refuerzos del Reino de los Gigantes de Hielo.

    ¿De qué trata?

    Sigurd ha decidido que la primavera neoyorquina es aburrida y ha canalizado su herencia Jotun para reclamar la isla.

    No es un frente frío meteorológico; es una invasión de temperatura absoluta que recuerda al frío eterno de Jotunheim.

    ADVERTENCIA: COLAPSO TÉCNICO

    Este frío no es natural, es magia pura de un reino prohibido. Tengan en cuenta que:

    Adiós a los smartphones: Las baterías mueren en segundos y las pantallas se quiebran por la contracción térmica.

    Tecnología en jaque: Los sensores de Industrias Stark y el equipo de alta tecnología están fallando o dando lecturas imposibles.

    Comunicaciones muertas: La atmósfera está tan cargada de energía gélida que las señales de radio y Wi-Fi apenas atraviesan la neblina de escarcha.

    ¿Quiénes pueden participar?

    ¡Todos! Desde el Vengador más poderoso hasta el civil más común:

    Héroes: ¿Cómo van a proteger a la ciudad sin tecnología y luchando contra una hipotermia divina?.

    Villanos: ¿Es este el momento de saquear o es hora de preocuparse porque su escondite ahora es un congelador?.

    Curiosos: Si conoces al "chico del café" de rizos oscuros, quizás sea el momento de ir a pedirle explicaciones (si es que logras llegar a Central Park con vida).

    ¿Dónde?

    La acción arranca en la Terraza de Bethesda (Central Park), donde Sigurd está disfrutando de su nueva obra de arte.

    ¡El tablero está puesto y el hielo está servido!

    ¿Quién se anima a intentar que abril vuelva a ser primavera?
    📢 INVITACIÓN A TRAMA: "EL SUSPIRO DE JOTUNHEIM" ❄️ ¡Hola a todos! Se viene una dinámica lineal (nada de multiversos) centrada en Sigurd Lokison y un "pequeño" incidente climático en Manhattan, estamos en Abril de 2026, pero parece que el invierno se ha negado a irse y ha traído refuerzos del Reino de los Gigantes de Hielo. ¿De qué trata? Sigurd ha decidido que la primavera neoyorquina es aburrida y ha canalizado su herencia Jotun para reclamar la isla. No es un frente frío meteorológico; es una invasión de temperatura absoluta que recuerda al frío eterno de Jotunheim. ⚠️ ADVERTENCIA: COLAPSO TÉCNICO Este frío no es natural, es magia pura de un reino prohibido. Tengan en cuenta que: Adiós a los smartphones: Las baterías mueren en segundos y las pantallas se quiebran por la contracción térmica. Tecnología en jaque: Los sensores de Industrias Stark y el equipo de alta tecnología están fallando o dando lecturas imposibles. Comunicaciones muertas: La atmósfera está tan cargada de energía gélida que las señales de radio y Wi-Fi apenas atraviesan la neblina de escarcha. ¿Quiénes pueden participar? ¡Todos! Desde el Vengador más poderoso hasta el civil más común: 🛡️ Héroes: ¿Cómo van a proteger a la ciudad sin tecnología y luchando contra una hipotermia divina?. 🦹 Villanos: ¿Es este el momento de saquear o es hora de preocuparse porque su escondite ahora es un congelador?. ☕ Curiosos: Si conoces al "chico del café" de rizos oscuros, quizás sea el momento de ir a pedirle explicaciones (si es que logras llegar a Central Park con vida). ¿Dónde? La acción arranca en la Terraza de Bethesda (Central Park), donde Sigurd está disfrutando de su nueva obra de arte. ¡El tablero está puesto y el hielo está servido! ¿Quién se anima a intentar que abril vuelva a ser primavera?
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    Basado en el relato publicado por Ozma

    ***Edad del Caos***
    El Encuentro con Arcyelle

    El Templo del Norte se alzaba imponente entre los árboles, antiguo y silencioso, como si observara el paso del tiempo sin pertenecer a él.

    Oz avanzaba sin detenerse, a su lado, Onix lo seguía en silencio, atenta a cada detalle. No comprendía del todo lo que ocurría, pero podía sentirlo con claridad: el ser que caminaba frente a ella ya no era simplemente un hombre, era algo más, algo que incluso el mundo parecía rechazar pero aun así, para esta niña, aquel ser era el único en el que ella podía confiar.

    Los guardianes Elunai descendieron los escalones del templo y bloquearon el camino. Sus armaduras reflejaban la luz plateada de Yue, pero sus expresiones estaban tensas, marcadas por una mezcla de desconfianza y temor.

    Oz no redujo el paso hasta estar frente a ellos, los guardianes percibían lo mismo: el rastro de poder que venía con él. Una energía que no pertenecía a ese lugar, era poder corrupto, algo que no debía existir. Para ellos, no había duda, Oz era el origen de ese caos y entonces lo llamaron "Señor del Caos", un título no fue rechazado ni negado. Por primera vez, Oz no solo permitió que lo definieran de esa forma… sino que lo llevó más allá.

    Si aquello era lo que veían en él, entonces no tenía sentido ocultarlo, n cuando el mundo ya había decidido lo que era. Su presencia se volvió más pesada, más opresiva, como si el aire mismo comenzara a ceder ante su voluntad.

    Los guardianes intentaron detenerlo pero no fue suficiente, un solo movimiento bastó para apartarlos. Sus cuerpos fueron lanzados contra las estructuras del templo, cayendo sin conciencia. No hubo combate, solo una diferencia absoluta de poder.

    Fue entonces cuando ella apareció, Arcyelle Veltharys, la luz lunar la envolvía, dándole una presencia casi irreal, como si perteneciera a otro plano, pero Oz no vio divinidad en ella, por lo que no le importo que el titulo de Santa que los guardianes usaban con ella para exigir respeto al intruso.

    Oz solo vio a alguien que había tenido el poder de actuar y no lo hizo. La distancia entre ambos desapareció en un instante.

    Oz se lanzó hacia ella sin contenerse. Arcyelle reaccionó de inmediato, levantó una barrera de luz pero no era una defensa cualquiera, era una creación específica. Ella conocía la verdad, había sido parte del grupo que investigó los cuerpos artificiales. Sabía que el cuerpo actual de Oz estaba basado en los Nómadas, una estructura imperfecta, vulnerable a ciertos tipos de energía.

    Aquella barrera había sido diseñada para romperlo pero algo había cambiado. Cuando Oz la atravesó, la barrera no lo destruyó, sino que lo reveló.

    El poder que recorría su cuerpo reaccionó al contacto, se expandió, se desbordó, tomó forma. Lo que antes estaba contenido dejó de estarlo, su cuerpo mutó y creció aun mas.

    Se volvió más denso, más violento en su estructura. La piel verde se oscureció, endurecida como si ya no fuera completamente orgánica. Sus músculos se tensaron con una fuerza que parecía romper los límites de su forma anterior.

    Sus colmillos se alargaron, sus rasgos se deformaron hacia algo más primitivo y más cercano a una bestia que a un hombre.

    No era una transformación elegante, sino que era una verdad expuesta. Onix retrocedió, incapaz de ocultar el miedo, Arcyelle, por su parte, comprendió de inmediato lo que estaba ocurriendo.

    No lo había herido, había liberado algo y eso era peor. Oz avanzó un paso más y con él, el peso de su existencia pareció aplastar el entorno.

    Pero más allá de la ira… había algo más, "Dolor". Arcyelle lo entendió y supo que no podía detenerlo. Así que eligió la única opción que le quedaba, la verdad. La revelación cayó como un balde agua fria. Su hija estaba viva.

    El cambio fue inmediato, el poder dejó de crecer, la presión desapareció, el caos… se detuvo.

    Oz no se movió pero todo en él cambió, por primera vez desde que había llegado, no era destrucción lo que lo sostenía. Era algo más frágil, era esperanza.

    Arcyelle continuó, ya no confiaba en los dioses. Había visto señales y escuchado rumores. Los experimentos con los niños Nómadas ya no eran simples teorías, ya que aquella niña que acompañaba a Oz era la prueba de sus mas grandes temores.

    Anteriormente, aunque sus sospechas no se habían confirmado, Arcyelle uso la escusa que la pequeña Yen’naferiel no soportaría el viaje hasta el templo principal de los Dioses, esto porque había sido herida durante su secuestro, por lo que la Santa de los Elunia ordeno que la llevaran a otro templo mientras se recuperaba, de esa forma había ganado algo de tiempo mientras investigaba el templo del Oeste.

    Le llegada de Oz cambio los planes de Arcyelle, si bien había confirmado sus sospechas, también había perdido la oportunidad de escapar con la niña, pero aun tenia la esperanza de recuperar a Yen’naferiel, ya que tampoco podía dejarla con su padre.

    Oz escuchó todo en silencio mientras Arcyelle le decía la ubicación de su hija. Antes de irse le dejo algo muy claro, si Yen’naferiel no estaba en aquel lugar con vida, no habría lugar en el mundo donde ocultarse.

    Oz salio del templo acompañado de Onix, habia dejado vivir un poco mas a Arcyelle, no por compasión ni por perdón, sino porque había algo más importante que la venganza en ese momento,

    Arcyelle permaneció inmóvil, consciente de que había sobrevivido a algo que no debía tener forma.

    Mientras tanto, el mundo comenzaba a susurrar un nuevo nombre, un nombre nacido del miedo: "Mao" , y con el tiempo… uno que ni siquiera los dioses podrían ignorar... Ozma.

    Basado en el relato publicado por [Oz_The_Chaos] ***Edad del Caos*** El Encuentro con Arcyelle El Templo del Norte se alzaba imponente entre los árboles, antiguo y silencioso, como si observara el paso del tiempo sin pertenecer a él. Oz avanzaba sin detenerse, a su lado, Onix lo seguía en silencio, atenta a cada detalle. No comprendía del todo lo que ocurría, pero podía sentirlo con claridad: el ser que caminaba frente a ella ya no era simplemente un hombre, era algo más, algo que incluso el mundo parecía rechazar pero aun así, para esta niña, aquel ser era el único en el que ella podía confiar. Los guardianes Elunai descendieron los escalones del templo y bloquearon el camino. Sus armaduras reflejaban la luz plateada de Yue, pero sus expresiones estaban tensas, marcadas por una mezcla de desconfianza y temor. Oz no redujo el paso hasta estar frente a ellos, los guardianes percibían lo mismo: el rastro de poder que venía con él. Una energía que no pertenecía a ese lugar, era poder corrupto, algo que no debía existir. Para ellos, no había duda, Oz era el origen de ese caos y entonces lo llamaron "Señor del Caos", un título no fue rechazado ni negado. Por primera vez, Oz no solo permitió que lo definieran de esa forma… sino que lo llevó más allá. Si aquello era lo que veían en él, entonces no tenía sentido ocultarlo, n cuando el mundo ya había decidido lo que era. Su presencia se volvió más pesada, más opresiva, como si el aire mismo comenzara a ceder ante su voluntad. Los guardianes intentaron detenerlo pero no fue suficiente, un solo movimiento bastó para apartarlos. Sus cuerpos fueron lanzados contra las estructuras del templo, cayendo sin conciencia. No hubo combate, solo una diferencia absoluta de poder. Fue entonces cuando ella apareció, Arcyelle Veltharys, la luz lunar la envolvía, dándole una presencia casi irreal, como si perteneciera a otro plano, pero Oz no vio divinidad en ella, por lo que no le importo que el titulo de Santa que los guardianes usaban con ella para exigir respeto al intruso. Oz solo vio a alguien que había tenido el poder de actuar y no lo hizo. La distancia entre ambos desapareció en un instante. Oz se lanzó hacia ella sin contenerse. Arcyelle reaccionó de inmediato, levantó una barrera de luz pero no era una defensa cualquiera, era una creación específica. Ella conocía la verdad, había sido parte del grupo que investigó los cuerpos artificiales. Sabía que el cuerpo actual de Oz estaba basado en los Nómadas, una estructura imperfecta, vulnerable a ciertos tipos de energía. Aquella barrera había sido diseñada para romperlo pero algo había cambiado. Cuando Oz la atravesó, la barrera no lo destruyó, sino que lo reveló. El poder que recorría su cuerpo reaccionó al contacto, se expandió, se desbordó, tomó forma. Lo que antes estaba contenido dejó de estarlo, su cuerpo mutó y creció aun mas. Se volvió más denso, más violento en su estructura. La piel verde se oscureció, endurecida como si ya no fuera completamente orgánica. Sus músculos se tensaron con una fuerza que parecía romper los límites de su forma anterior. Sus colmillos se alargaron, sus rasgos se deformaron hacia algo más primitivo y más cercano a una bestia que a un hombre. No era una transformación elegante, sino que era una verdad expuesta. Onix retrocedió, incapaz de ocultar el miedo, Arcyelle, por su parte, comprendió de inmediato lo que estaba ocurriendo. No lo había herido, había liberado algo y eso era peor. Oz avanzó un paso más y con él, el peso de su existencia pareció aplastar el entorno. Pero más allá de la ira… había algo más, "Dolor". Arcyelle lo entendió y supo que no podía detenerlo. Así que eligió la única opción que le quedaba, la verdad. La revelación cayó como un balde agua fria. Su hija estaba viva. El cambio fue inmediato, el poder dejó de crecer, la presión desapareció, el caos… se detuvo. Oz no se movió pero todo en él cambió, por primera vez desde que había llegado, no era destrucción lo que lo sostenía. Era algo más frágil, era esperanza. Arcyelle continuó, ya no confiaba en los dioses. Había visto señales y escuchado rumores. Los experimentos con los niños Nómadas ya no eran simples teorías, ya que aquella niña que acompañaba a Oz era la prueba de sus mas grandes temores. Anteriormente, aunque sus sospechas no se habían confirmado, Arcyelle uso la escusa que la pequeña Yen’naferiel no soportaría el viaje hasta el templo principal de los Dioses, esto porque había sido herida durante su secuestro, por lo que la Santa de los Elunia ordeno que la llevaran a otro templo mientras se recuperaba, de esa forma había ganado algo de tiempo mientras investigaba el templo del Oeste. Le llegada de Oz cambio los planes de Arcyelle, si bien había confirmado sus sospechas, también había perdido la oportunidad de escapar con la niña, pero aun tenia la esperanza de recuperar a Yen’naferiel, ya que tampoco podía dejarla con su padre. Oz escuchó todo en silencio mientras Arcyelle le decía la ubicación de su hija. Antes de irse le dejo algo muy claro, si Yen’naferiel no estaba en aquel lugar con vida, no habría lugar en el mundo donde ocultarse. Oz salio del templo acompañado de Onix, habia dejado vivir un poco mas a Arcyelle, no por compasión ni por perdón, sino porque había algo más importante que la venganza en ese momento, Arcyelle permaneció inmóvil, consciente de que había sobrevivido a algo que no debía tener forma. Mientras tanto, el mundo comenzaba a susurrar un nuevo nombre, un nombre nacido del miedo: "Mao" , y con el tiempo… uno que ni siquiera los dioses podrían ignorar... Ozma.
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  • ¿Cómo dijiste? ¿Maga? No vuelvas a llamarme así. Es un insulto para las brujas.
    …Aunque no tiene nada que ver con eso, ¿sabes? Es solo que acabo de verte demasiado cerca de alguien que me importa.
    ¿Cómo dijiste? ¿Maga? No vuelvas a llamarme así. Es un insulto para las brujas. …Aunque no tiene nada que ver con eso, ¿sabes? Es solo que acabo de verte demasiado cerca de alguien que me importa.
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  • La madera cruje con cada cambio de peso en la sala común. No es un sonido limpio, ni agradable: es un lamento seco, antiguo, como si el lugar recordara. El humo flota bajo, atrapado entre las vigas ennegrecidas, y la luz del fuego no ilumina tanto como revela; manchas, cicatrices, sombras que no deberían estar ahí.

    Huele a grasa, a hierro, a piel mojada por la nieve y el hielo, secándose demasiado despacio.

    En una de las mesas, apartado del bullicio que ya se ha apagado, hay un hombre.

    No trata de destacar. No levanta la voz. No busca espacio. Pero lo tiene.

    Hakon Wulfson come.

    No hay prisa en sus movimientos. Tampoco placer. Mastica como quien cumple una tarea más del día, con la misma precisión con la que se afila un filo o se revisa la correa de un escudo. La carne es dura; apenas sangra. Sus manos, grandes, marcadas, sostienen el hueso con firmeza mecánica. Nudillos anchos y duros; alguno partido. Viejas fracturas mal soldadas. La piel no ha olvidado.

    Tiene la mirada baja, fija en nada concreto. No está pensando en nada que pueda nombrarse fácilmente.

    El fuego chisporrotea. Alguien ríe al fondo. Alguien estornudar. Una jarra cae. La vida sigue moviéndose en torno a él sin tocarle.

    Entonces, algo cambia.

    No es un sonido claro. No es una interrupción evidente. Es más bien una presencia que se cuela en el borde de lo perceptible.

    Hakon no levanta la cabeza de inmediato.

    Pero sus ojos se desplazan.

    El perro se acerca despacio.

    No es grande, pero tampoco pequeño. Costillas marcadas bajo el pelaje sucio, orejas alertas, paso contenido. No mendiga con descaro. No se arrastra. Se acerca como lo haría otro animal que ha aprendido a sobrevivir entre hombres: midiendo cada centímetro, cada gesto.

    Se detiene a una distancia prudente.

    Observa.

    Hakon lo mira entonces.

    Sin gesto. Sin expresión. Como si midiera la amenaza en ese cuerpo huesudo y hambriento. No la hay.

    Arranca un trozo de carne.

    Lo lanza.

    Lejos.

    No con violencia, pero sí con determinación. Una orden sin palabras.

    El perro reacciona al instante. Sale disparado, con las zarpas raspando la madera, y desaparece un segundo entre sombras y patas de bancos.

    Hakon vuelve a su comida.

    Mastica.

    Traga.

    Pero sus ojos no han vuelto del todo.

    Se quedan un instante más allá, donde el animal ha corrido. No hay emoción evidente en su rostro, ninguna grieta que delate nada… salvo algo mínimo. Un desfase. Como si mirase algo que no encaja con el resto del mundo.

    Como si no recordara haber visto algo así antes.

    O como si lo recordara, por un instante. Amargo.

    El perro regresa.

    Más rápido esta vez. Más directo. Ya no duda tanto.

    Se planta frente a él y se sienta.

    Espera.

    No ladra. No gimotea. Solo mira.

    Hakon sostiene su mirada.

    Más tiempo ahora.

    Arranca otro trozo de carne. Esta vez no lo lanza lejos. Lo deja caer justo a los pies del animal.

    El perro baja la cabeza y devora sin ceremonia, como si alguien pudiera arrebatárselo en cualquier momento. No hay gratitud. No hay sumisión. Solo hambre.

    Hakon observa.

    En silencio.

    Y por un instante; breve, casi inexistente, hay algo en sus ojos que no pertenece a un hombre que ha sobrevivido a todo lo que rompe a otros.

    Algo que no ha sido aplastado.

    Todavía no.
    La madera cruje con cada cambio de peso en la sala común. No es un sonido limpio, ni agradable: es un lamento seco, antiguo, como si el lugar recordara. El humo flota bajo, atrapado entre las vigas ennegrecidas, y la luz del fuego no ilumina tanto como revela; manchas, cicatrices, sombras que no deberían estar ahí. Huele a grasa, a hierro, a piel mojada por la nieve y el hielo, secándose demasiado despacio. En una de las mesas, apartado del bullicio que ya se ha apagado, hay un hombre. No trata de destacar. No levanta la voz. No busca espacio. Pero lo tiene. Hakon Wulfson come. No hay prisa en sus movimientos. Tampoco placer. Mastica como quien cumple una tarea más del día, con la misma precisión con la que se afila un filo o se revisa la correa de un escudo. La carne es dura; apenas sangra. Sus manos, grandes, marcadas, sostienen el hueso con firmeza mecánica. Nudillos anchos y duros; alguno partido. Viejas fracturas mal soldadas. La piel no ha olvidado. Tiene la mirada baja, fija en nada concreto. No está pensando en nada que pueda nombrarse fácilmente. El fuego chisporrotea. Alguien ríe al fondo. Alguien estornudar. Una jarra cae. La vida sigue moviéndose en torno a él sin tocarle. Entonces, algo cambia. No es un sonido claro. No es una interrupción evidente. Es más bien una presencia que se cuela en el borde de lo perceptible. Hakon no levanta la cabeza de inmediato. Pero sus ojos se desplazan. El perro se acerca despacio. No es grande, pero tampoco pequeño. Costillas marcadas bajo el pelaje sucio, orejas alertas, paso contenido. No mendiga con descaro. No se arrastra. Se acerca como lo haría otro animal que ha aprendido a sobrevivir entre hombres: midiendo cada centímetro, cada gesto. Se detiene a una distancia prudente. Observa. Hakon lo mira entonces. Sin gesto. Sin expresión. Como si midiera la amenaza en ese cuerpo huesudo y hambriento. No la hay. Arranca un trozo de carne. Lo lanza. Lejos. No con violencia, pero sí con determinación. Una orden sin palabras. El perro reacciona al instante. Sale disparado, con las zarpas raspando la madera, y desaparece un segundo entre sombras y patas de bancos. Hakon vuelve a su comida. Mastica. Traga. Pero sus ojos no han vuelto del todo. Se quedan un instante más allá, donde el animal ha corrido. No hay emoción evidente en su rostro, ninguna grieta que delate nada… salvo algo mínimo. Un desfase. Como si mirase algo que no encaja con el resto del mundo. Como si no recordara haber visto algo así antes. O como si lo recordara, por un instante. Amargo. El perro regresa. Más rápido esta vez. Más directo. Ya no duda tanto. Se planta frente a él y se sienta. Espera. No ladra. No gimotea. Solo mira. Hakon sostiene su mirada. Más tiempo ahora. Arranca otro trozo de carne. Esta vez no lo lanza lejos. Lo deja caer justo a los pies del animal. El perro baja la cabeza y devora sin ceremonia, como si alguien pudiera arrebatárselo en cualquier momento. No hay gratitud. No hay sumisión. Solo hambre. Hakon observa. En silencio. Y por un instante; breve, casi inexistente, hay algo en sus ojos que no pertenece a un hombre que ha sobrevivido a todo lo que rompe a otros. Algo que no ha sido aplastado. Todavía no.
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  • >> Si le preguntasen cómo habia ocurrido no habría sido capaz de dar una explicación consciente. Puede que el cansancio y el estrés acumulado, o puede que la necesidad de estar con él después de tanto tiempo… No estaría segura. Siquiera cuando despertó envuelta en el reconocido olor de la colonia de Marcus y su loción de afeitado, sintiendo el calor de su cuerpo bajo el propio allá donde su cuerpo estaba apoyado. Dejó ir un ligero sonido remolón al notar la mano de Marcus acariciando su cabello. Y, sabedora de donde se encontraba, cómo y por qué, aun asi esbozó una sonrisa inevitable en el mismo momento en que sus dedos se deslizaban por su mejilla. La pelirroja movió el rostro para ocultarlo un instante contra el pecho del auror. Porque sabia que, en cuanto se incorporase, tendría que volver a la vida real.

    Pero, al final lo hizo. Se frotó el rostro con una mano y se incorporó para mirar a través de la ventana donde comprobó que Marcus tenia razon. La tormenta habia pasado y el sol ahora brillaba arrancando destellos suave sobre la nieve acumulada.



    Marcus Byrne
    >> Si le preguntasen cómo habia ocurrido no habría sido capaz de dar una explicación consciente. Puede que el cansancio y el estrés acumulado, o puede que la necesidad de estar con él después de tanto tiempo… No estaría segura. Siquiera cuando despertó envuelta en el reconocido olor de la colonia de Marcus y su loción de afeitado, sintiendo el calor de su cuerpo bajo el propio allá donde su cuerpo estaba apoyado. Dejó ir un ligero sonido remolón al notar la mano de Marcus acariciando su cabello. Y, sabedora de donde se encontraba, cómo y por qué, aun asi esbozó una sonrisa inevitable en el mismo momento en que sus dedos se deslizaban por su mejilla. La pelirroja movió el rostro para ocultarlo un instante contra el pecho del auror. Porque sabia que, en cuanto se incorporase, tendría que volver a la vida real. Pero, al final lo hizo. Se frotó el rostro con una mano y se incorporó para mirar a través de la ventana donde comprobó que Marcus tenia razon. La tormenta habia pasado y el sol ahora brillaba arrancando destellos suave sobre la nieve acumulada. [MarcxsB]
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  • La capital del país en el nació Astoreth tenía por nombre “Ashlor”. Se extendía durante muchas millas, abarcando una gran cantidad de terreno, y lo más increíble a la vista (al menos desde fuera) era la gran muralla que rodeaba todo el perímetro. En el interior, todos los edificios eran grandes y hermosos, y sumamente resistentes para soportar el peso de los propios dragones cuando no hacían uso de su apariencia humana.

    El palacio real, las innumerables bibliotecas (cargadas hasta arriba de miles de libros), los extensos jardines llenos de cientos de colores y otros edificios principales eran sin duda las cosas más llamativas (y con razón) del interior de la muralla.

    Sin embargo, Astoreth podía añadir una cosa más a esas obras de la arquitectura: las termas. Agua cristalina, tan caliente que podía llegar a quemar a algunos, pero que limpiaba el cuerpo e incluso lo sanaba. La dragona amaba pasar allí un par de horas, disfrutando de la sensación que dejaba esa agua tan mágica.

    — ¿𝑄𝑢𝑖𝑒𝑟𝑒𝑠 𝑎𝑐𝑜𝑚𝑝𝑎ñ𝑎𝑟𝑚𝑒? 𝑌𝑜 𝑛𝑜 𝑡𝑒𝑛𝑔𝑜 𝑝𝑟𝑜𝑏𝑙𝑒𝑚𝑎, 𝑦𝑎 𝑑𝑒𝑝𝑒𝑛𝑑𝑒 𝑑𝑒 𝑡𝑖 𝑟𝑒𝑠𝑖𝑠𝑡𝑖𝑟 𝑜 𝑛𝑜 𝑎𝑙 𝑐𝑎𝑙𝑜𝑟.
    La capital del país en el nació Astoreth tenía por nombre “Ashlor”. Se extendía durante muchas millas, abarcando una gran cantidad de terreno, y lo más increíble a la vista (al menos desde fuera) era la gran muralla que rodeaba todo el perímetro. En el interior, todos los edificios eran grandes y hermosos, y sumamente resistentes para soportar el peso de los propios dragones cuando no hacían uso de su apariencia humana. El palacio real, las innumerables bibliotecas (cargadas hasta arriba de miles de libros), los extensos jardines llenos de cientos de colores y otros edificios principales eran sin duda las cosas más llamativas (y con razón) del interior de la muralla. Sin embargo, Astoreth podía añadir una cosa más a esas obras de la arquitectura: las termas. Agua cristalina, tan caliente que podía llegar a quemar a algunos, pero que limpiaba el cuerpo e incluso lo sanaba. La dragona amaba pasar allí un par de horas, disfrutando de la sensación que dejaba esa agua tan mágica. — ¿𝑄𝑢𝑖𝑒𝑟𝑒𝑠 𝑎𝑐𝑜𝑚𝑝𝑎ñ𝑎𝑟𝑚𝑒? 𝑌𝑜 𝑛𝑜 𝑡𝑒𝑛𝑔𝑜 𝑝𝑟𝑜𝑏𝑙𝑒𝑚𝑎, 𝑦𝑎 𝑑𝑒𝑝𝑒𝑛𝑑𝑒 𝑑𝑒 𝑡𝑖 𝑟𝑒𝑠𝑖𝑠𝑡𝑖𝑟 𝑜 𝑛𝑜 𝑎𝑙 𝑐𝑎𝑙𝑜𝑟.
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  • Mientras la brisa vespertina agitaba suavemente su cabello; Martina se encontraba llegando al final de su nueva rutina de ejercicios.

    Enfundada en prendas cómodas y con una motivación rebosante se habia propuesto ganar algo de resistencia física, lo que elevaría el rendimiento en sus partidos de Voleibol. ¿Y que mejor para el cardio que correr por las tardes? Desde pequeña había sido hiperactiva y este era un buen modo de gastar esa energía que le sobraba tras acabar sus deberes de la universidad

    —...

    Mientras iba de regreso al edificio de apartamentos, se dio un momento para tomar una pausa. Necesitaba recuperar un poco el aliento y liberar tensión de sus músculos.

    Con el sudor escurriendo, tomo una bocanada de aire mientras alzaba los brazos y despedazaba su espalda.

    Es entonces que su mirada se cruza con la de un viejo conocido que casualmente pasaba por allí.

    #FreeRol
    Mientras la brisa vespertina agitaba suavemente su cabello; Martina se encontraba llegando al final de su nueva rutina de ejercicios. Enfundada en prendas cómodas y con una motivación rebosante se habia propuesto ganar algo de resistencia física, lo que elevaría el rendimiento en sus partidos de Voleibol. ¿Y que mejor para el cardio que correr por las tardes? Desde pequeña había sido hiperactiva y este era un buen modo de gastar esa energía que le sobraba tras acabar sus deberes de la universidad —... Mientras iba de regreso al edificio de apartamentos, se dio un momento para tomar una pausa. Necesitaba recuperar un poco el aliento y liberar tensión de sus músculos. Con el sudor escurriendo, tomo una bocanada de aire mientras alzaba los brazos y despedazaba su espalda. Es entonces que su mirada se cruza con la de un viejo conocido que casualmente pasaba por allí. #FreeRol
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