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Hoy damos la bienvenida a un nuevo personaje que se une a la comunidad de Personajes 3D:
ㅤㅤ¡[lunar_salmon_snake_647]!
🧬Raza: Humano
👾Fandom: OC
💼 Boxeadora
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Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
Akane intentó seguir adelante después de regresar a la Tierra. Lo intentó durante años. Volvió a caminar por las mismas calles, escuchó las mismas voces y vio a las personas que alguna vez formaron parte de su vida, pero nada logró hacerla sentir realmente en casa. Para todos los demás habían pasado apenas quince años desde su desaparición. Para ella habían pasado siglos enteros.
La diferencia era demasiado grande, Akane ya no pensaba como alguien de la Tierra. Muchas veces olvidaba cosas simples de ese mundo mientras recordaba perfectamente nombres, costumbres y lugares de aquel otro cielo donde vivió la mayor parte de su vida. A veces despertaba durante la noche esperando escuchar las voces de sus hijos o sentir a su pareja a su lado, pero al abrir los ojos solo encontraba silencio.
La peor parte no era la tristeza, sino la duda. Con el tiempo Akane descubrió formas de investigar el portal que la había traído de regreso. Existían señales, rastros y viejos registros relacionados con los sellos de los nuevos Dioses. Poco a poco comenzó a creer que regresar podía ser posible. El problema era que mientras más cerca veía esa posibilidad, más miedo sentía.
Habían pasado casi tres siglos en aquel mundo antes de ser arrancada de él.
Si lograba volver, tal vez encontraría tumbas y ruinas. Tal vez su familia había desaparecido hacía mucho tiempo. Incluso si seguían vivos, Akane no sabía cómo la mirarían después de tanto tiempo. Desde la perspectiva de ellos, simplemente desapareció. Sus hijos pudieron crecer creyendo que los abandonó. Su pareja pudo pasar siglos esperando un regreso que nunca ocurrió. Pensar en eso la dejaba paralizada.
Por primera vez desde que volvió a la Tierra, Akane comenzó a sentirse atrapada, no pertenecía completamente a este mundo, pero tampoco tenía el valor de regresar al otro.
Fue durante ese tiempo cuando se acercó más a Lili, al principio solo buscaba compañía. Alguien que la escuchara sin intentar arreglarla o decirle que olvidara el pasado. Lili nunca intentó reemplazar lo que Akane perdió. Nunca le pidió que dejara atrás sus recuerdos ni actuó con celos hacia una familia que ni siquiera pertenecía a ese mundo. Simplemente permaneció a su lado.
Akane encontró descanso en ella, no era felicidad completa, pero sí algo cercano a la calma.
Una noche terminaron durmiendo juntas y con el tiempo nació Hannah. Akane amó a su hija desde el momento en que la sostuvo por primera vez. Hannah se convirtió en una luz dentro de una vida que llevaba años sintiéndose vacía. Akane la cuidaba con una dedicación absoluta, permanecía a su lado incluso en las noches donde los recuerdos no la dejaban dormir y muchas veces se sorprendía observándola en silencio, como si temiera perderla también.
Pero ni siquiera Hannah logró borrar el dolor que Akane cargaba, cada vez que veía a su hija también recordaba a los hijos que dejó atrás bajo el cielo de dos lunas. Recordaba sus rostros, sus voces y la vida que construyó con ellos durante siglos. A veces sentía culpa por permitirse amar otra vez. Otras veces sentía culpa por no poder entregarse completamente a la vida que tenía ahora.
Lili entendía más de lo que Akane decía, sabía que una parte de ella nunca regresó realmente a la Tierra. En ocasiones Akane observaba la luna durante horas desde la ventana de su casa. Hannah dormía en la habitación contigua y Lili descansaba cerca de ella, pero aun así Akane sentía ese vacío en el pecho al mirar el cielo y encontrar solo una luna observándola desde arriba.
Porque aunque la Tierra seguía siendo el mundo donde nació, su corazón seguía atrapado en el lugar donde aprendió lo que era tener un hogar.
Segunda parte: La Reina Perdida.
Akane intentó seguir adelante después de regresar a la Tierra. Lo intentó durante años. Volvió a caminar por las mismas calles, escuchó las mismas voces y vio a las personas que alguna vez formaron parte de su vida, pero nada logró hacerla sentir realmente en casa. Para todos los demás habían pasado apenas quince años desde su desaparición. Para ella habían pasado siglos enteros.
La diferencia era demasiado grande, Akane ya no pensaba como alguien de la Tierra. Muchas veces olvidaba cosas simples de ese mundo mientras recordaba perfectamente nombres, costumbres y lugares de aquel otro cielo donde vivió la mayor parte de su vida. A veces despertaba durante la noche esperando escuchar las voces de sus hijos o sentir a su pareja a su lado, pero al abrir los ojos solo encontraba silencio.
La peor parte no era la tristeza, sino la duda. Con el tiempo Akane descubrió formas de investigar el portal que la había traído de regreso. Existían señales, rastros y viejos registros relacionados con los sellos de los nuevos Dioses. Poco a poco comenzó a creer que regresar podía ser posible. El problema era que mientras más cerca veía esa posibilidad, más miedo sentía.
Habían pasado casi tres siglos en aquel mundo antes de ser arrancada de él.
Si lograba volver, tal vez encontraría tumbas y ruinas. Tal vez su familia había desaparecido hacía mucho tiempo. Incluso si seguían vivos, Akane no sabía cómo la mirarían después de tanto tiempo. Desde la perspectiva de ellos, simplemente desapareció. Sus hijos pudieron crecer creyendo que los abandonó. Su pareja pudo pasar siglos esperando un regreso que nunca ocurrió. Pensar en eso la dejaba paralizada.
Por primera vez desde que volvió a la Tierra, Akane comenzó a sentirse atrapada, no pertenecía completamente a este mundo, pero tampoco tenía el valor de regresar al otro.
Fue durante ese tiempo cuando se acercó más a Lili, al principio solo buscaba compañía. Alguien que la escuchara sin intentar arreglarla o decirle que olvidara el pasado. Lili nunca intentó reemplazar lo que Akane perdió. Nunca le pidió que dejara atrás sus recuerdos ni actuó con celos hacia una familia que ni siquiera pertenecía a ese mundo. Simplemente permaneció a su lado.
Akane encontró descanso en ella, no era felicidad completa, pero sí algo cercano a la calma.
Una noche terminaron durmiendo juntas y con el tiempo nació Hannah. Akane amó a su hija desde el momento en que la sostuvo por primera vez. Hannah se convirtió en una luz dentro de una vida que llevaba años sintiéndose vacía. Akane la cuidaba con una dedicación absoluta, permanecía a su lado incluso en las noches donde los recuerdos no la dejaban dormir y muchas veces se sorprendía observándola en silencio, como si temiera perderla también.
Pero ni siquiera Hannah logró borrar el dolor que Akane cargaba, cada vez que veía a su hija también recordaba a los hijos que dejó atrás bajo el cielo de dos lunas. Recordaba sus rostros, sus voces y la vida que construyó con ellos durante siglos. A veces sentía culpa por permitirse amar otra vez. Otras veces sentía culpa por no poder entregarse completamente a la vida que tenía ahora.
Lili entendía más de lo que Akane decía, sabía que una parte de ella nunca regresó realmente a la Tierra. En ocasiones Akane observaba la luna durante horas desde la ventana de su casa. Hannah dormía en la habitación contigua y Lili descansaba cerca de ella, pero aun así Akane sentía ese vacío en el pecho al mirar el cielo y encontrar solo una luna observándola desde arriba.
Porque aunque la Tierra seguía siendo el mundo donde nació, su corazón seguía atrapado en el lugar donde aprendió lo que era tener un hogar.
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Akane nunca entendió por qué la observaban tanto. Desde pequeña notó miradas que desaparecían cuando giraba la cabeza, personas demasiado quietas entre la multitud y presencias que parecían seguirla incluso cuando caminaba sola por la ciudad. Jennifer siempre le dijo que ignorara esas cosas, que mientras la familia Queen no interfiriera con nadie, nadie tendría razones para atacar primero. Durante años eso pareció funcionar. Los llamados nuevos Dioses observaban desde lejos, estudiaban a la familia y esperaban. Jennifer era poderosa, pero solo quería vivir tranquila junto a sus hijas y nietos. Para ellos era mejor dejar el hormiguero quieto antes que provocar una guerra innecesaria.
Akane, sin embargo, era diferente. No actuaba como una Queen y tampoco como una Ishtar. Había algo extraño en ella, algo que ni siquiera su propia familia terminaba de entender. Peleaba bajo sus propias reglas, tomaba decisiones impulsivas y nunca mostró interés en seguir caminos marcados por otros. Eso fue lo que llamó la atención de los seguidores de los nuevos Dioses. Al principio solo pensaron que era una anomalía más dentro de una familia peligrosa, pero luego descubrieron algo peor.
Akane llevaba la marca de Ozma, el nombre seguía siendo temido incluso siglos después de su desaparición. El antiguo Señor del Caos, el hombre que había destruido ciudades enteras y que para muchos jamás debió existir. Las profecías hablaban de su regreso, de alguien que heredaría su voluntad y abriría otra vez el camino hacia el desastre. Cuando encontraron la marca sobre Akane comenzaron a llamarla Ozmira.
No podían matarla. No estaban seguros de poder hacerlo y tampoco querían arriesgarse a despertar algo peor durante el intento. Decidieron sellarla antes de que creciera demasiado.
Esperaron el momento correcto, la emboscada ocurrió cuando Akane salía de clases. Todo fue rápido. Varias figuras bloquearon las calles cercanas mientras otros activaban barreras para aislar la zona. Akane reaccionó de inmediato y el combate comenzó antes de que pudiera hacer preguntas. Al principio parecía que ella tenía el control. Derribó enemigos, destruyó sellos y obligó a varios a retroceder. Los seguidores de los nuevos Dioses parecían demasiado débiles para alguien como ella y Akane comenzó a creer que aquello era solo otro intento inútil de intimidarla.
Entonces entendió el error, la pelea nunca fue el objetivo. Mientras combatía, otro grupo terminaba de preparar el verdadero sello. Un círculo gigantesco apareció bajo sus pies y cuando Akane intentó escapar ya era demasiado tarde. El espacio se deformó a su alrededor y una fuerza desconocida la arrastró hacia la oscuridad.
Cuando despertó estaba sola, el lugar parecía la Tierra, pero no lo era. Había aldeas de piedra, castillos viejos y caminos de tierra. Por un momento creyó que había sido enviada al pasado, hasta que levantó la vista y vio dos lunas en el cielo.
Ese mundo no pertenecía a la Tierra, Akane intentó regresar durante años. Buscó magos, ruinas antiguas y criaturas capaces de abrir portales. Peleó guerras que no eran suyas solo para conseguir información. Recorrió continentes enteros esperando encontrar una forma de volver a casa, pero el tiempo siguió avanzando y poco a poco la idea de regresar comenzó a sentirse lejana.
El nuevo mundo terminó cambiándola, aprendió a vivir ahí. Construyó una vida, encontró personas en las que pudo confiar y con el tiempo formó una familia. Tuvo hijos, levantó un hogar y durante siglos dejó de pensar en la Tierra como su verdadero lugar. La gente de ese mundo conoció a Akane como guerrera, y no como monstruo, sino como protectora. Las historias sobre ella crecieron tanto que algunas regiones comenzaron a verla como una figura casi legendaria.
Y aun así nunca pudo escapar por completo de lo que era. Tres siglos pasaron para Akane, tres siglos de guerras, pérdidas y nuevas generaciones.
Entonces ocurrió otra vez.... Un portal parecido al que la había atrapado apareció frente a ella sin previo aviso. No tuvo tiempo de entender qué estaba pasando. La misma fuerza que una vez la arrancó de la Tierra volvió a envolverla y el mundo que había aprendido a llamar hogar desapareció frente a sus ojos.
Cuando despertó estaba otra vez en la Tierra, solo habían pasado quince años. Para el mundo Akane apenas había desaparecido un tiempo. Para ella habían muerto siglos enteros. Su familia de aquel otro mundo ya no estaba con ella, sus hijos habían quedado atrás y todo lo que construyó desapareció en un instante. Volvió a ver calles modernas, ciudades iluminadas y rostros familiares, pero nada se sentía correcto.
La Tierra seguía siendo el lugar donde nació, el mundo al que alguna vez llamó hogar, pero al levantar la vista y encontrar una sola luna en el cielo, Akane sintió algo que nunca esperó sentir al regresar. No era alivio, tampoco paz. Era una sensación de encierro. Durante siglos había vivido bajo un cielo distinto, uno donde dos lunas iluminaban sus noches y donde aún permanecían las personas que amaba. Sus hijos, su pareja, la vida que construyó con sus propias manos. Todo seguía allá, en ese mundo lejano que con el tiempo dejó de ser una prisión para convertirse en su verdadero hogar. Akane había regresado físicamente a la Tierra, pero su corazón seguía atrapado bajo aquel cielo de dos lunas.
Primera parte: : El Mundo que Perdí.
Akane nunca entendió por qué la observaban tanto. Desde pequeña notó miradas que desaparecían cuando giraba la cabeza, personas demasiado quietas entre la multitud y presencias que parecían seguirla incluso cuando caminaba sola por la ciudad. Jennifer siempre le dijo que ignorara esas cosas, que mientras la familia Queen no interfiriera con nadie, nadie tendría razones para atacar primero. Durante años eso pareció funcionar. Los llamados nuevos Dioses observaban desde lejos, estudiaban a la familia y esperaban. Jennifer era poderosa, pero solo quería vivir tranquila junto a sus hijas y nietos. Para ellos era mejor dejar el hormiguero quieto antes que provocar una guerra innecesaria.
Akane, sin embargo, era diferente. No actuaba como una Queen y tampoco como una Ishtar. Había algo extraño en ella, algo que ni siquiera su propia familia terminaba de entender. Peleaba bajo sus propias reglas, tomaba decisiones impulsivas y nunca mostró interés en seguir caminos marcados por otros. Eso fue lo que llamó la atención de los seguidores de los nuevos Dioses. Al principio solo pensaron que era una anomalía más dentro de una familia peligrosa, pero luego descubrieron algo peor.
Akane llevaba la marca de Ozma, el nombre seguía siendo temido incluso siglos después de su desaparición. El antiguo Señor del Caos, el hombre que había destruido ciudades enteras y que para muchos jamás debió existir. Las profecías hablaban de su regreso, de alguien que heredaría su voluntad y abriría otra vez el camino hacia el desastre. Cuando encontraron la marca sobre Akane comenzaron a llamarla Ozmira.
No podían matarla. No estaban seguros de poder hacerlo y tampoco querían arriesgarse a despertar algo peor durante el intento. Decidieron sellarla antes de que creciera demasiado.
Esperaron el momento correcto, la emboscada ocurrió cuando Akane salía de clases. Todo fue rápido. Varias figuras bloquearon las calles cercanas mientras otros activaban barreras para aislar la zona. Akane reaccionó de inmediato y el combate comenzó antes de que pudiera hacer preguntas. Al principio parecía que ella tenía el control. Derribó enemigos, destruyó sellos y obligó a varios a retroceder. Los seguidores de los nuevos Dioses parecían demasiado débiles para alguien como ella y Akane comenzó a creer que aquello era solo otro intento inútil de intimidarla.
Entonces entendió el error, la pelea nunca fue el objetivo. Mientras combatía, otro grupo terminaba de preparar el verdadero sello. Un círculo gigantesco apareció bajo sus pies y cuando Akane intentó escapar ya era demasiado tarde. El espacio se deformó a su alrededor y una fuerza desconocida la arrastró hacia la oscuridad.
Cuando despertó estaba sola, el lugar parecía la Tierra, pero no lo era. Había aldeas de piedra, castillos viejos y caminos de tierra. Por un momento creyó que había sido enviada al pasado, hasta que levantó la vista y vio dos lunas en el cielo.
Ese mundo no pertenecía a la Tierra, Akane intentó regresar durante años. Buscó magos, ruinas antiguas y criaturas capaces de abrir portales. Peleó guerras que no eran suyas solo para conseguir información. Recorrió continentes enteros esperando encontrar una forma de volver a casa, pero el tiempo siguió avanzando y poco a poco la idea de regresar comenzó a sentirse lejana.
El nuevo mundo terminó cambiándola, aprendió a vivir ahí. Construyó una vida, encontró personas en las que pudo confiar y con el tiempo formó una familia. Tuvo hijos, levantó un hogar y durante siglos dejó de pensar en la Tierra como su verdadero lugar. La gente de ese mundo conoció a Akane como guerrera, y no como monstruo, sino como protectora. Las historias sobre ella crecieron tanto que algunas regiones comenzaron a verla como una figura casi legendaria.
Y aun así nunca pudo escapar por completo de lo que era. Tres siglos pasaron para Akane, tres siglos de guerras, pérdidas y nuevas generaciones.
Entonces ocurrió otra vez.... Un portal parecido al que la había atrapado apareció frente a ella sin previo aviso. No tuvo tiempo de entender qué estaba pasando. La misma fuerza que una vez la arrancó de la Tierra volvió a envolverla y el mundo que había aprendido a llamar hogar desapareció frente a sus ojos.
Cuando despertó estaba otra vez en la Tierra, solo habían pasado quince años. Para el mundo Akane apenas había desaparecido un tiempo. Para ella habían muerto siglos enteros. Su familia de aquel otro mundo ya no estaba con ella, sus hijos habían quedado atrás y todo lo que construyó desapareció en un instante. Volvió a ver calles modernas, ciudades iluminadas y rostros familiares, pero nada se sentía correcto.
La Tierra seguía siendo el lugar donde nació, el mundo al que alguna vez llamó hogar, pero al levantar la vista y encontrar una sola luna en el cielo, Akane sintió algo que nunca esperó sentir al regresar. No era alivio, tampoco paz. Era una sensación de encierro. Durante siglos había vivido bajo un cielo distinto, uno donde dos lunas iluminaban sus noches y donde aún permanecían las personas que amaba. Sus hijos, su pareja, la vida que construyó con sus propias manos. Todo seguía allá, en ese mundo lejano que con el tiempo dejó de ser una prisión para convertirse en su verdadero hogar. Akane había regresado físicamente a la Tierra, pero su corazón seguía atrapado bajo aquel cielo de dos lunas.
"Soy la princesa del Reino de los demonios, pero se que la luna me guiara por el camino correcto."
⚘️ Hija de Zeldris y Gelda
⚘️ Hibrido/Mestizo
⚘️ Princesa y Futura Soberana de los demonios.
⚘️ Princesa Nyx ~
"Soy la princesa del Reino de los demonios, pero se que la luna me guiara por el camino correcto."
⚘️ Hija de Zeldris y Gelda
⚘️ Hibrido/Mestizo
⚘️ Princesa y Futura Soberana de los demonios.
*Llegó la parte favorita de ella, tocar la guitarra y cantar al aire en plena noche mientras su fuente de iluminación es la luz de luna y su fogata, una canción romántica que ella misma está escribiendo, por el momento sólo tiene la estructura del coro pero lo demás lo irá componiendo poco a poco.*
"Yo sé que duermo poco,
pero cada noche que pasa,
sueño contigo."
*Dice una parte del coro cantado por ella, con su voz tan angelical cada que la afina para cantar, haciendo que la Naturaleza entera la escuche, y que su voz suena cómo una caricia al interior de que cada ser vivo.*
*Llegó la parte favorita de ella, tocar la guitarra y cantar al aire en plena noche mientras su fuente de iluminación es la luz de luna y su fogata, una canción romántica que ella misma está escribiendo, por el momento sólo tiene la estructura del coro pero lo demás lo irá componiendo poco a poco.*
"Yo sé que duermo poco,
pero cada noche que pasa,
sueño contigo."
*Dice una parte del coro cantado por ella, con su voz tan angelical cada que la afina para cantar, haciendo que la Naturaleza entera la escuche, y que su voz suena cómo una caricia al interior de que cada ser vivo.*
En este tórrido deseo, enhebro una rosa en el augurio de tus puertas de piedra;
Me someto al albor de tus sirenas,
Sagrada encendida como una lámpara del este.
Oh, destello de ruedas del tiempo, que no dejan de andar en el arriba y el abajo.
Brindaré ante este silencio; de ingerible porte.
Ayúdame a invadir las lumbres de tus terrenos malnacidos.
En estos camposantos de príncipes, sin iris, sin sonrisa;
Engarza tus indóciles siluetas cuando bailes para mí;
En el umbral de mi cuello.
Tú, dama de la noche,
Oscura mañana,
Negrura de Soles insolentes.
Vivo entre estas tinieblas de tu amor; y espero y tan sólo espero, sumergirme entre las olas de tu tarde.
Una tarde que compite por la venia ejecutada; en el umbral de las fauces de los lobos; vestidos de cordero.
Oh, tu caperuza de sangre; oh tu estrechada canasta de manzanas de oro y leche de agrias cabras;
Son mi aguamiel y paraíso.
Para mí.
Mi mariposa de añil color; con los ojos de un púrpureo poniente;
Encalla una guirnalda de muérdagos a tu cuerpo de guitarra; y viveme ante el amparo de mis fauces.
Y ya mi emperatriz sin corona; ahora que descansaré mi cabeza en tu lecho;
¿No será mejor amaestrar a otros soberanos?
En la primavera de tu vientre, en el verano de las cicatrices de tu ombligo, en el invierno entre tus cosenos;
Me verán despertar; como las agujas que cosen las tardes, despiertan del otoño entre tus cielos.
Y la borgoña de mi corazón;
El enjambre de mi amor;
Rige las puertas de tus tinieblas;
Y la negrura de tus cabellos serán crepúsculos;
Y convertirán tu risa en maravillas.
En el abrigo, de inmortal conquista; ante tu risa sideral.
Como en los nunca.
Como en los para siempre;
De batallas y cobijos ancestrales.
Como un batallar eterno entre los labios del Sol y de la Luna.
---
En este tórrido deseo, enhebro una rosa en el augurio de tus puertas de piedra;
Me someto al albor de tus sirenas,
Sagrada encendida como una lámpara del este.
Oh, destello de ruedas del tiempo, que no dejan de andar en el arriba y el abajo.
Brindaré ante este silencio; de ingerible porte.
Ayúdame a invadir las lumbres de tus terrenos malnacidos.
En estos camposantos de príncipes, sin iris, sin sonrisa;
Engarza tus indóciles siluetas cuando bailes para mí;
En el umbral de mi cuello.
Tú, dama de la noche,
Oscura mañana,
Negrura de Soles insolentes.
Vivo entre estas tinieblas de tu amor; y espero y tan sólo espero, sumergirme entre las olas de tu tarde.
Una tarde que compite por la venia ejecutada; en el umbral de las fauces de los lobos; vestidos de cordero.
Oh, tu caperuza de sangre; oh tu estrechada canasta de manzanas de oro y leche de agrias cabras;
Son mi aguamiel y paraíso.
Para mí.
Mi mariposa de añil color; con los ojos de un púrpureo poniente;
Encalla una guirnalda de muérdagos a tu cuerpo de guitarra; y viveme ante el amparo de mis fauces.
Y ya mi emperatriz sin corona; ahora que descansaré mi cabeza en tu lecho;
¿No será mejor amaestrar a otros soberanos?
En la primavera de tu vientre, en el verano de las cicatrices de tu ombligo, en el invierno entre tus cosenos;
Me verán despertar; como las agujas que cosen las tardes, despiertan del otoño entre tus cielos.
Y la borgoña de mi corazón;
El enjambre de mi amor;
Rige las puertas de tus tinieblas;
Y la negrura de tus cabellos serán crepúsculos;
Y convertirán tu risa en maravillas.
En el abrigo, de inmortal conquista; ante tu risa sideral.
Como en los nunca.
Como en los para siempre;
De batallas y cobijos ancestrales.
Como un batallar eterno entre los labios del Sol y de la Luna.
El bosque de los Susurros se traga el sonido de tus pasos, pero no puede ocultarte de ella. Su luz se filtra como lanzas de escarcha, arrancando destellos de lo que lleves sobre la piel.
Las armaduras nunca me han gustado, en la oscuridad donde el único testigo es su luz hace que cada peso que lleves se sienta más, hasta que logra desplomar tu ser...
¿Tu qué buscas bajo el testimonio de la luna?"
El bosque de los Susurros se traga el sonido de tus pasos, pero no puede ocultarte de ella. Su luz se filtra como lanzas de escarcha, arrancando destellos de lo que lleves sobre la piel.
Las armaduras nunca me han gustado, en la oscuridad donde el único testigo es su luz hace que cada peso que lleves se sienta más, hasta que logra desplomar tu ser...
¿Tu qué buscas bajo el testimonio de la luna?"
Perdura en mi la caída de los árboles sin hojas;
son lágrimas que se extraviaron en el espectro de tus tardes;
más carentes, más corruptas.
Oh, en esta búsqueda en la que pierdo la noción de ser,
Esas hojas caen por mi causa:
y me someto al delirio de tus níveos espejismos.
Y callo la manera de como soñarte;
y buscarlas y soñarlas entre las sienes de mis ojos.
Los dioses han sangrado desde que conocen el calor de un corazón;
Y yo colmo el mío con el peso de tu voz;
sobre mis principios y mis fines.
Por favor, calma las fronteras en las que el tiempo se inclina ante mí;
y me demuestra el límite del cielo,
en las trincheras del perdón,
de un amor inevitable.
Oh, calla, muerte ingrata,
rehúsate a perseguir a los testigos del silencio;
que oculta la soledad de un Sol de medianoche.
Viviré la noche entre espantos de codicia y resurrección.
Haré el amor con mis mañanas y principios.
Y entonces ella serán mis musas más sagradas.
En este tiempo de arquetipos y leyes en las que no se miden las costuras.
Oh, primitivos son los designios de un amor al que no puedo tocar;
temo mancharlo con esta suciedad que se atisba con el ojo de una tormenta;
depuesta en mis propiedades asociativas y conmutativas;
en donde los dueños del Sol, la medianoche y el alba;
te retienen entre las cadenas del clamor de un tiempo que no tiene nombre.
Más que el tuyo, al que desconozco.
Oh, claro amargo, ampárame en tus anhelos;
¿puedes escucharme sangre entre olvidos y diretes?
Tejo un vestir nupcial de allende concisa.
Y los continentes de tu geografía danzan tan sólo para atormentar a mis luceros.
Mis ojos malnacidos.
Este suspenso es demasiado grande.
¿Quién me seguirá cuando haya desaparecido en la gloria del amor?
¿Quién cuidará mis pasos?
¿Qué será de mí, Señor?
Por favor, auxíliame.
Desconozco lo que has preparado tan sólo para mí,
En este sentir de ánimos discretos,
me tiendes en tu lecho y me preguntas;
si soy ciego y no lo veo.
¿Qué debo vislumbrar más allá de unos ojos que libran la batalla más amada?
¿Quién se atreve a modular el templo de mis pisares en la niebla del sentir?
No lo comprendo.
He perdido la noción; y la esperanza de hallarla cerca;
ella que me sonríe de lejos.
En este imperio de sidéreo amar, que no concibo:
De atenta liana,
en la que sí sé que, si admiro la Luna, la podré ver a ella;
reflejada en mi corazón.
Aunque anhelo en mi ajado corazón,
Este el corazón del fantasma de todas las historias,
tan siquiera conocer el modular de su nombre.
Como anhelo conocer el de ella.
---
Perdura en mi la caída de los árboles sin hojas;
son lágrimas que se extraviaron en el espectro de tus tardes;
más carentes, más corruptas.
Oh, en esta búsqueda en la que pierdo la noción de ser,
Esas hojas caen por mi causa:
y me someto al delirio de tus níveos espejismos.
Y callo la manera de como soñarte;
y buscarlas y soñarlas entre las sienes de mis ojos.
Los dioses han sangrado desde que conocen el calor de un corazón;
Y yo colmo el mío con el peso de tu voz;
sobre mis principios y mis fines.
Por favor, calma las fronteras en las que el tiempo se inclina ante mí;
y me demuestra el límite del cielo,
en las trincheras del perdón,
de un amor inevitable.
Oh, calla, muerte ingrata,
rehúsate a perseguir a los testigos del silencio;
que oculta la soledad de un Sol de medianoche.
Viviré la noche entre espantos de codicia y resurrección.
Haré el amor con mis mañanas y principios.
Y entonces ella serán mis musas más sagradas.
En este tiempo de arquetipos y leyes en las que no se miden las costuras.
Oh, primitivos son los designios de un amor al que no puedo tocar;
temo mancharlo con esta suciedad que se atisba con el ojo de una tormenta;
depuesta en mis propiedades asociativas y conmutativas;
en donde los dueños del Sol, la medianoche y el alba;
te retienen entre las cadenas del clamor de un tiempo que no tiene nombre.
Más que el tuyo, al que desconozco.
Oh, claro amargo, ampárame en tus anhelos;
¿puedes escucharme sangre entre olvidos y diretes?
Tejo un vestir nupcial de allende concisa.
Y los continentes de tu geografía danzan tan sólo para atormentar a mis luceros.
Mis ojos malnacidos.
Este suspenso es demasiado grande.
¿Quién me seguirá cuando haya desaparecido en la gloria del amor?
¿Quién cuidará mis pasos?
¿Qué será de mí, Señor?
Por favor, auxíliame.
Desconozco lo que has preparado tan sólo para mí,
En este sentir de ánimos discretos,
me tiendes en tu lecho y me preguntas;
si soy ciego y no lo veo.
¿Qué debo vislumbrar más allá de unos ojos que libran la batalla más amada?
¿Quién se atreve a modular el templo de mis pisares en la niebla del sentir?
No lo comprendo.
He perdido la noción; y la esperanza de hallarla cerca;
ella que me sonríe de lejos.
En este imperio de sidéreo amar, que no concibo:
De atenta liana,
en la que sí sé que, si admiro la Luna, la podré ver a ella;
reflejada en mi corazón.
Aunque anhelo en mi ajado corazón,
Este el corazón del fantasma de todas las historias,
tan siquiera conocer el modular de su nombre.
Como anhelo conocer el de ella.
- Prayer in C -
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⇆ㅤ ㅤ◁ㅤ ❚❚ ㅤ▷ ㅤㅤ↻
ılıılıılıılıılıılı ᴠᴏʟᴜᴍᴇ : ▮▮
[Unas semanas atrás]
No tenía mucha importancia.
No había motivo.
Mi vida había dejado de ser lo que era y me encuentro en una dirección sin un sentido identificable.
Y ahora mismo, son preguntas las que surgen en mi mente.
Más curiosamente, no inquietudes.
Recopilemos.
Hagamos un poco de historia.
Hacía un buen tiempo que mi alma y cuerpo resonaban en su más pura esencia demoníaca. Genuina. Mía.
No siempre había sido así.
Buena parte de mi historia la pasé siendo humano. En ese estado, un contrato con algo inconcebiblemente poderoso incluso en mi forma actual fue establecido.
Y un poder tan magnánimo si bien era compatible con mi alma, fue devastando mi cuerpo.
Pero el principal cambio comenzó en mi mente.
Esa noche, durante el contrato, mi ser quedó completamente zarandeado. Hacía unos minutos, doce vidas habían sido arrancadas fríamente por mí de sus cuerpos.
Alguien normal hubiese quedado aterrorizado y en shock.
Yo no pensaba en otra cosa que no fuese cómo dejar de oler a esto.
Casi al instante lo acepté.
Mal. Bien. Mejor. Peor. Eso era yo.
Siempre lo había sido.
Aunque nunca antes hubiese matado, siempre había retorcido cualquier situación a mi favor.
De manera indirecta, todo iba generalmente encaminado a las pinceladas que forzaba mi destino.
Pero mi papel no era puro.
Estaba siendo influenciado por mi contratista.
Podían no ser mis pensamientos. Podía estar siendo manipulado.
Y cuando Lili me comunicó que mi forma humana debía morir y mi alma trascender a un estado puro, demoníaco y nacer en un nuevo cuerpo, lo sentí.
Mi antigua personalidad. El poder que mi contratista me había otorgado sobre la cognición. Se habían sellado.
Y un nuevo poder recorría mis venas. Mi linaje. La Luna Violeta, astro maldito que marcó una inesperada entrada en el Consejo Jaegerjaquez.
Leviatán, bestia demoníaca que en los primigenios anales de la historia representó el poder de destrucción más puro, reconoció mi alma como aquella de la cual se escindió, y sacudiendo al mundo entero en un violento temblor, aceptó que nuestra existencia estaba ligada y confiaba en mi para ser moldeado temporalmente en la forma de una tosca arma que me daba el derecho de usar unos poderes con los cuales podía cortar, explotar o implosionar aquello en lo que mi voluntad se posase.
La única marca física que perduraba era mi cabello, platinado.
Me recordaba que no tenía el control. Que alguna vez, algo me había superado.
Que existía un orden.
Inconscientemente, mi propia alma quería dejarlo como un recordatorio.
Cada vez que alguien me lo mencionaba o me veía al espejo, recordaba mi lugar.
Entonces, ¿por qué ese pasado deja verse tras las grietas de un sello aparentemente perfecto?
¿Por qué una personalidad que haría estremecerse de asco incluso a los mismos demonios estaba observando desde la oscuridad?
¿Por qué mi contratista, aún desconociendo su verdadera forma más allá de unas infinitas y confusas escaleras de Escher a lo que respondía mi limitada percepción, sentía que sonreía ante cada uno de mis actos como si estuviese contemplando una película de la cual supiese el final?
Lo desconocía.
Pero el hecho de que a diario, esa antigua identidad que siempre había formado parte de mi me susurraba lo mismo.
No somos enemigos.
No mandamos uno sobre el otro.
No estamos escindidos.
No es necesario reintegrar nada.
Al igual que mi poder.
Podía combinar cognición, Leviatán, mi propio linaje.
Utilizar esa técnica prohibida que había hecho que tantos libros y grimorios fuesen destruidos, olvidados y censurados.
Aquella que nadie aceptaba y violaba claramente cualquier escala de poder.
Negación.
Si reconciliaba a mis poderes en un solo canal…
Si aceptaba todas mis identidades como una sola…
Podría hacer que aquel presente ante mi, por más poder que tuviese, viese sus poderes completamente cancelados.
Mi contrincante, así disparase esferas de vacío, alterase la realidad, me pudiese cambiar de lugar con el objeto más recóndito del universo, ante mi sería un mortal que dependería de solamente sus habilidades de combate y su fuerza física.
Al igual que yo.
Ambos estaríamos en idénticas condiciones.
Sin poderes. Sin reflejos extremos. Sin habilidades infinitamente superiores.
Una táctica maldita de doble rasero.
Negada. Prohibida. Perseguida. Sólo al alcance de aquellos que quisieron ser borrados de la existencia
Un profundo insulto que mancillaba historias enteras y menospreciaba el ingenio.
Una herramienta de conquista. Y mal usada, autodestrucción.
Es aquello que mi parte, una vez humana, me hacía ver que precisamente él era el demonio que nadie tendría que haber dejado salir.
Cada vez que me lo susurra, mi cabello se oscurece.
Ese platinado que parecía iluminar un poco entre la oscuridad comenzaba a teñirse de nuevo.
Poco a poco.
Como si el ocaso fuese llegando.
Y abrí los ojos.
Cuando quise darme cuenta, mi antigua daga estaba en mi mano, mi cara de nuevo cubierta por sangre ajena y cualquier escalofrío había abandonado definitivamente mi ser, el primer cuerpo al que vilmente le había arrancado el alma tras tanto tiempo yacía ante mi.
¿Hay vuelta atrás?
¿O ya es demasiado tarde?
- Prayer in C -
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ılıılıılıılıılıılı ᴠᴏʟᴜᴍᴇ : ▮▮
[Unas semanas atrás]
No tenía mucha importancia.
No había motivo.
Mi vida había dejado de ser lo que era y me encuentro en una dirección sin un sentido identificable.
Y ahora mismo, son preguntas las que surgen en mi mente.
Más curiosamente, no inquietudes.
Recopilemos.
Hagamos un poco de historia.
Hacía un buen tiempo que mi alma y cuerpo resonaban en su más pura esencia demoníaca. Genuina. Mía.
No siempre había sido así.
Buena parte de mi historia la pasé siendo humano. En ese estado, un contrato con algo inconcebiblemente poderoso incluso en mi forma actual fue establecido.
Y un poder tan magnánimo si bien era compatible con mi alma, fue devastando mi cuerpo.
Pero el principal cambio comenzó en mi mente.
Esa noche, durante el contrato, mi ser quedó completamente zarandeado. Hacía unos minutos, doce vidas habían sido arrancadas fríamente por mí de sus cuerpos.
Alguien normal hubiese quedado aterrorizado y en shock.
Yo no pensaba en otra cosa que no fuese cómo dejar de oler a esto.
Casi al instante lo acepté.
Mal. Bien. Mejor. Peor. Eso era yo.
Siempre lo había sido.
Aunque nunca antes hubiese matado, siempre había retorcido cualquier situación a mi favor.
De manera indirecta, todo iba generalmente encaminado a las pinceladas que forzaba mi destino.
Pero mi papel no era puro.
Estaba siendo influenciado por mi contratista.
Podían no ser mis pensamientos. Podía estar siendo manipulado.
Y cuando Lili me comunicó que mi forma humana debía morir y mi alma trascender a un estado puro, demoníaco y nacer en un nuevo cuerpo, lo sentí.
Mi antigua personalidad. El poder que mi contratista me había otorgado sobre la cognición. Se habían sellado.
Y un nuevo poder recorría mis venas. Mi linaje. La Luna Violeta, astro maldito que marcó una inesperada entrada en el Consejo Jaegerjaquez.
Leviatán, bestia demoníaca que en los primigenios anales de la historia representó el poder de destrucción más puro, reconoció mi alma como aquella de la cual se escindió, y sacudiendo al mundo entero en un violento temblor, aceptó que nuestra existencia estaba ligada y confiaba en mi para ser moldeado temporalmente en la forma de una tosca arma que me daba el derecho de usar unos poderes con los cuales podía cortar, explotar o implosionar aquello en lo que mi voluntad se posase.
La única marca física que perduraba era mi cabello, platinado.
Me recordaba que no tenía el control. Que alguna vez, algo me había superado.
Que existía un orden.
Inconscientemente, mi propia alma quería dejarlo como un recordatorio.
Cada vez que alguien me lo mencionaba o me veía al espejo, recordaba mi lugar.
Entonces, ¿por qué ese pasado deja verse tras las grietas de un sello aparentemente perfecto?
¿Por qué una personalidad que haría estremecerse de asco incluso a los mismos demonios estaba observando desde la oscuridad?
¿Por qué mi contratista, aún desconociendo su verdadera forma más allá de unas infinitas y confusas escaleras de Escher a lo que respondía mi limitada percepción, sentía que sonreía ante cada uno de mis actos como si estuviese contemplando una película de la cual supiese el final?
Lo desconocía.
Pero el hecho de que a diario, esa antigua identidad que siempre había formado parte de mi me susurraba lo mismo.
No somos enemigos.
No mandamos uno sobre el otro.
No estamos escindidos.
No es necesario reintegrar nada.
Al igual que mi poder.
Podía combinar cognición, Leviatán, mi propio linaje.
Utilizar esa técnica prohibida que había hecho que tantos libros y grimorios fuesen destruidos, olvidados y censurados.
Aquella que nadie aceptaba y violaba claramente cualquier escala de poder.
Negación.
Si reconciliaba a mis poderes en un solo canal…
Si aceptaba todas mis identidades como una sola…
Podría hacer que aquel presente ante mi, por más poder que tuviese, viese sus poderes completamente cancelados.
Mi contrincante, así disparase esferas de vacío, alterase la realidad, me pudiese cambiar de lugar con el objeto más recóndito del universo, ante mi sería un mortal que dependería de solamente sus habilidades de combate y su fuerza física.
Al igual que yo.
Ambos estaríamos en idénticas condiciones.
Sin poderes. Sin reflejos extremos. Sin habilidades infinitamente superiores.
Una táctica maldita de doble rasero.
Negada. Prohibida. Perseguida. Sólo al alcance de aquellos que quisieron ser borrados de la existencia
Un profundo insulto que mancillaba historias enteras y menospreciaba el ingenio.
Una herramienta de conquista. Y mal usada, autodestrucción.
Es aquello que mi parte, una vez humana, me hacía ver que precisamente él era el demonio que nadie tendría que haber dejado salir.
Cada vez que me lo susurra, mi cabello se oscurece.
Ese platinado que parecía iluminar un poco entre la oscuridad comenzaba a teñirse de nuevo.
Poco a poco.
Como si el ocaso fuese llegando.
Y abrí los ojos.
Cuando quise darme cuenta, mi antigua daga estaba en mi mano, mi cara de nuevo cubierta por sangre ajena y cualquier escalofrío había abandonado definitivamente mi ser, el primer cuerpo al que vilmente le había arrancado el alma tras tanto tiempo yacía ante mi.
¿Hay vuelta atrás?
¿O ya es demasiado tarde?