*La fría brisa nocturna acariciaba suavemente su cabello mientras permanecía de pie en el amplio balcón de su residencia.
Aquella noche había decidido adoptar una apariencia más humana. Su figura alta descansaba contra la barandilla de piedra, envuelta por la luz plateada de la luna. Los ojos, normalmente llenos de curiosidad y vida, reflejaban ahora una profunda incertidumbre mientras observaban las incontables estrellas que adornaban el firmamento.
El mundo estaba en calma.
Y, sin embargo, su mente era un caos.
Había regresado.
Después de aquel largo sueño del que apenas conservaba recuerdos. Un sueño tan profundo que a veces le parecía una segunda muerte. Desde entonces, fragmentos de memorias aparecían y desaparecían sin previo aviso, como hojas arrastradas por el viento.
Sabía que algo faltaba.
Sabía que había personas que alguna vez fueron importantes.
Lugares que había amado.
Momentos que habían marcado su existencia.
Pero todo se encontraba cubierto por una espesa neblina que le impedía ver con claridad.
Apoyó los brazos sobre la barandilla y elevó la mirada hacia las constelaciones.
Normalmente, las estrellas le resultaban familiares. Eran compañeras eternas que siempre parecían susurrarle secretos del universo. Pero aquella noche incluso ellas parecían guardar silencio.
Cerró los ojos.
Y entonces volvió a verlo.
Una silueta.
Borrosa.
Distante.
La sensación de una sonrisa.
Una voz que no lograba comprender.
Una presencia que aparecía una y otra vez en sus sueños.
Su pecho se oprimió.
Era extraño.
No recordaba un rostro.
No recordaba un nombre.
Pero sí recordaba cómo aquella persona lo hacía sentir.
Una mezcla de seguridad, afecto y añoranza tan intensa que resultaba dolorosa.
Abrió lentamente los ojos.*
—¿Quién eres...?
*La pregunta escapó de sus labios casi en un susurro.
El viento nocturno fue la única respuesta.
Stolas observó el cielo durante largos segundos, buscando algo entre las estrellas que pudiera devolverle aquello que había perdido.*
—¿Por qué sigo soñando contigo...?
*Murmuró para sí mismo.
Sus dedos se cerraron suavemente sobre la piedra del balcón.
Por alguna razón, estaba convencido de que aquella persona había significado mucho para él.
Demasiado.
Y aunque su memoria se negara a mostrarle el rostro que buscaba, su corazón parecía recordarlo perfectamente.
Por eso continuó allí, bajo la luz de la luna, contemplando las constelaciones con una melancólica expresión, esperando que algún día aquellos recuerdos borrosos dejaran de ser simples sombras y finalmente revelaran la verdad que había olvidado.*
✨🌙
*La fría brisa nocturna acariciaba suavemente su cabello mientras permanecía de pie en el amplio balcón de su residencia.
Aquella noche había decidido adoptar una apariencia más humana. Su figura alta descansaba contra la barandilla de piedra, envuelta por la luz plateada de la luna. Los ojos, normalmente llenos de curiosidad y vida, reflejaban ahora una profunda incertidumbre mientras observaban las incontables estrellas que adornaban el firmamento.
El mundo estaba en calma.
Y, sin embargo, su mente era un caos.
Había regresado.
Después de aquel largo sueño del que apenas conservaba recuerdos. Un sueño tan profundo que a veces le parecía una segunda muerte. Desde entonces, fragmentos de memorias aparecían y desaparecían sin previo aviso, como hojas arrastradas por el viento.
Sabía que algo faltaba.
Sabía que había personas que alguna vez fueron importantes.
Lugares que había amado.
Momentos que habían marcado su existencia.
Pero todo se encontraba cubierto por una espesa neblina que le impedía ver con claridad.
Apoyó los brazos sobre la barandilla y elevó la mirada hacia las constelaciones.
Normalmente, las estrellas le resultaban familiares. Eran compañeras eternas que siempre parecían susurrarle secretos del universo. Pero aquella noche incluso ellas parecían guardar silencio.
Cerró los ojos.
Y entonces volvió a verlo.
Una silueta.
Borrosa.
Distante.
La sensación de una sonrisa.
Una voz que no lograba comprender.
Una presencia que aparecía una y otra vez en sus sueños.
Su pecho se oprimió.
Era extraño.
No recordaba un rostro.
No recordaba un nombre.
Pero sí recordaba cómo aquella persona lo hacía sentir.
Una mezcla de seguridad, afecto y añoranza tan intensa que resultaba dolorosa.
Abrió lentamente los ojos.*
—¿Quién eres...?
*La pregunta escapó de sus labios casi en un susurro.
El viento nocturno fue la única respuesta.
Stolas observó el cielo durante largos segundos, buscando algo entre las estrellas que pudiera devolverle aquello que había perdido.*
—¿Por qué sigo soñando contigo...?
*Murmuró para sí mismo.
Sus dedos se cerraron suavemente sobre la piedra del balcón.
Por alguna razón, estaba convencido de que aquella persona había significado mucho para él.
Demasiado.
Y aunque su memoria se negara a mostrarle el rostro que buscaba, su corazón parecía recordarlo perfectamente.
Por eso continuó allí, bajo la luz de la luna, contemplando las constelaciones con una melancólica expresión, esperando que algún día aquellos recuerdos borrosos dejaran de ser simples sombras y finalmente revelaran la verdad que había olvidado.*
0
turnos
0
maullidos