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    ¡Bienvenid@ a FicRol!
    Hoy damos la bienvenida a un nuevo personaje que se une a la comunidad de Personajes 3D:

    ㅤㅤ¡Natasha Rusell!
    Raza: Humana
    Fandom: Oc
    Dependienta de boutique " cazadora de lobos"

    Es un placer tenerte por aquí . Esperamos que disfrutes creando historias, conexiones y momentos memorables en FicRol.

    Soy Arwen, RolSage de Personajes 3D. Si tienes dudas, necesitas orientación o simplemente quieres charlar, mis DMs están abiertos. En mi fanpage encontrarás guías útiles para moverte por la plataforma.

    Recursos útiles para empezar:

    Normas básicas: https://ficrol.com/static/guidelines

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    ✨ ¡Bienvenid@ a FicRol! ✨ Hoy damos la bienvenida a un nuevo personaje que se une a la comunidad de Personajes 3D: ㅤㅤ¡[ThxHunter93]! 🧬Raza: Humana 👾Fandom: Oc 💼 Dependienta de boutique " cazadora de lobos" Es un placer tenerte por aquí 🍂. Esperamos que disfrutes creando historias, conexiones y momentos memorables en FicRol. 🧙‍♀️ Soy Arwen, RolSage de Personajes 3D. Si tienes dudas, necesitas orientación o simplemente quieres charlar, mis DMs están abiertos. En mi fanpage encontrarás guías útiles para moverte por la plataforma. 🔎 Recursos útiles para empezar: Normas básicas: https://ficrol.com/static/guidelines Guías y miniguías: https://ficrol.com/posts/147711 Grupo de Personajes 3D: https://ficrol.com/groups/Personajes3D Directorio 3D: https://ficrol.com/posts/181793 ¡Nos vemos en el Inicio! 🍁 #RolSage3D #Personajes3D #Bienvenida3D
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    NOCHE perfecta para BAILANDO CON LOBOS¡¡¡
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  • "Ayúdame"
    Fandom Sobrenatural ~ Crónicas Vampíricas
    Categoría Crossover
    sᴛᴀʀᴛᴇʀ ᴘᴀʀᴀ: 𝐒A𝐌 W𝐈N𝐂H𝐄S𝐓E𝐑

    Las manadas de hombres lobo ya no eran tan escasas como lo fueron antaño. Siglos atrás los hombres lobo eran una de las especies dominantes sobre la tierra, pero la proliferación de vampiros y cazadores habia obligado a las manadas a esconderse. A ocultarse en pueblos, en las montañas, en lugares donde poder pasar desapercibidos. Y asi, poco a poco, el gen del hombre lobo durmió. No todos los descendientes de las grandes manadas activaban su maldición lupina. Hombres y mujeres vivían y morían sin activar nunca su maldición y, poco a poco, se perdió el legado.

    Pero ese no habia sido el caso de los Wood. De las familias licántropas, los pertenecientes a la manada Apisi, ahora disgregada por el país, los Wood eran los únicos que todavia reconocían y recordaban su legado, sus leyendas. Asentados en Kansas, disfrutaban de la licantropía y no la consideraban una maldición. El dolor de la transformación, a diferencia de para otras familias, se tornaba cada vez más soportable con cada luna llena. Y, en lugar de encerrarse y encadenarse en sótanos y celdas, la familia Wood corría por el bosque. Libres. Aullando a la luna y disfrutando del instinto y las horas lupinas. Asi habia sido desde que Hazel tenia uso de razón. Desde que desatara su maldición a los diecisiete años se habia transformado con cada luna llena al resguardo y cobijo de sus padres y su familia. Su padre, era el alfa de la manada o al menos, de aquel grupo de lobos y, algún día, esperaba que su hija ocupara su lugar. Para ello la habia criado…

    Hasta aquella luna llena…

    Hazel corría por el bosque, olfateando, sintiendo el aire en su pelaje, sintiéndose libre. Sus patas parecían volar sobre el suelo, corriendo a tal velocidad que nada podía pararla. Nada salvo… Aquel sonido estridente y desgarrador. La loba alzó sus orejas irguiendo el cuello, alarmada, preocupada. Un aullido de dolor y muerte llegó hasta ella. Cercano y fulminante. Y supo que habia perdido a alguien de su manada.

    Un nuevo disparo. Un nuevo aullido mortecino.

    Hazel no se quedó a esperar su turno. Echó a correr en dirección contraria sabiendo que no podía regresar a casa. Porque si esos cazadores los habían encontrado allí era porque sabían exactamente cómo y dónde Vivian. Asi que Hazel corrió a toda velocidad, huyendo de los disparos y la muerte que amenazaba con alcanzarla.

    Un proyectil le acertó en el costado en plena carrera y la loba, herida y magullada, cayó estrepitosamente contra el suelo. Resollaba, asustada. Dolía, quemaba. Aquella herida le habia quitado el aliento y sabia que se desangraba. Pero no podía dejar que su manada terminara asi. Tenia que vivir.

    Asi que tratando de hacer caso omiso a los disparos que llenaban el ambiente, Hazel volvio a erguirse sobre sus cuatro patas. Sanaria. Aquella herida sanaría gracias a la magia de la luna llena. Sanaria… Echó a correr de nuevo, esta vez algo más cansada, algo más lenta. Pero corrió todo cuanto daban sus patas. Y corrió toda la noche, cruzando pueblos, atravesando bosques mientras aquella ultima noche de luna llena duraba. Corrió hasta que los disparos ya eran inexistentes en el eco de la noche.

    >> Despertó desnuda en medio del bosque. Con la salida del sol su cuerpo habia recuperado su forma humana y ella se habia desmayado entre ramas y pequeños arbustos. Profirió un quejido llevándose una mano al costado allí donde la herida de bala aun sanaba lentamente. La sangre teñía su piel bronceada. Pero sabia que, aunque dolía, estaba fuera de peligro. Sobreviviría. Lo haría.

    Era la única superviviente de su manada. Y la certeza y la soledad de aquel pensamiento la abrumaron haciendo que la muchacha dejara ir un ligero y corto sollozo. Por todos los que queria, que habia perdido y que no volvería a ver. Se llevó una mano a los labios y se encogió sobre si misma, llorando a los caídos, a aquella terrorífica noche. Y cuando sintió que se quedaba sin aire, decidió que tenia que salir de allí.

    Desnuda recorrió el bosque hasta encontrar civilización. Y cuando el cansancio hizo que sus piernas temblaran, finalmente encontró un pequeño camping de caravanas. Le llegaban voces. Niños, familias. Salpicaduras de agua en una piscina. El olor de una barbacoa, podía ver la pequeña columna de humo alzarse entre algunas caravanas… Y allí, delante de ella, desprotegida… una cuerda de tender con algo de ropa. No se paró a ver qué era. Llegó hasta allí, y cogió lo primero que pilló. Una camiseta blanca de manga corta, una chaqueta vaquera y unos pantalones de chándal. Y, con las mismas, salió de allí volviendo a internarse en el bosque.

    Porque habia algo que no os he contado. Y es que la familia Wood tenia una leyenda. Una leyenda inmemorial. Su padre siempre le habia contado que la razon por la que su bisabuelo se habia instalado allí con su manada era una muy sencilla. Protección. La manada protegía a un grupo de Hombres. Los Hombres de Letras. Y ellos los protegían tambien. Un acuerdo del pasado, un pacto de no dañarse mutuamente nunca más. Un pacto de hermandad. No estaba firmado en ninguna parte y nadie podía corroborar que fuera real. Pero tenia una localización. Lebanon. Y hasta allí le habían conducido sus pisadas. Si quedaba alguien allí, habrían de ayudarla, darle cobijo o un lugar donde averiguar quién le habia arrebatado a su familia..

    “A las puertas de Lebanon, interno en el bosque, accesible por pocos caminos, se yergue el orgulloso bastión. Lobos y hombres lo consideran su salvación”

    Era una mierda de rima y parecía demasiado barata para ser una leyenda demasiado antigua, pero Hazel siempre habia creído que su bisabuelo no tendría demasiada idea de mensajes crípticos. Hubiera sido un espía terrible.

    Pero al menos tenia una pista. A las afueras de Lebanon, en el bosque…

    Caminó descalza por la tierra, indemne a las ramas o piedras. Cansada, desolada y sangrando. La sangre se habia transferido a su camiseta, y sin alimento y descanso correcto, aquella herida no sanaba de forma correcta.

    Escuchó los pasos de una carrera. Cerca de ella. Pero no lo advirtió tan a tiempo como podría haberlo hecho en pleno uso de sus facultades físicas. Antes de que la vista se le nublase pudo ver como un hombre se acercaba a ella haciendo footing y se detenía al verla en el camino. Quizás se lo habia imaginado, quizás no. Pero…

    -Ayuda… me… -dijo Hazel antes de perder el sentido y caer, desmayada, en medio del camino.
    sᴛᴀʀᴛᴇʀ ᴘᴀʀᴀ: [SAM.MY] Las manadas de hombres lobo ya no eran tan escasas como lo fueron antaño. Siglos atrás los hombres lobo eran una de las especies dominantes sobre la tierra, pero la proliferación de vampiros y cazadores habia obligado a las manadas a esconderse. A ocultarse en pueblos, en las montañas, en lugares donde poder pasar desapercibidos. Y asi, poco a poco, el gen del hombre lobo durmió. No todos los descendientes de las grandes manadas activaban su maldición lupina. Hombres y mujeres vivían y morían sin activar nunca su maldición y, poco a poco, se perdió el legado. Pero ese no habia sido el caso de los Wood. De las familias licántropas, los pertenecientes a la manada Apisi, ahora disgregada por el país, los Wood eran los únicos que todavia reconocían y recordaban su legado, sus leyendas. Asentados en Kansas, disfrutaban de la licantropía y no la consideraban una maldición. El dolor de la transformación, a diferencia de para otras familias, se tornaba cada vez más soportable con cada luna llena. Y, en lugar de encerrarse y encadenarse en sótanos y celdas, la familia Wood corría por el bosque. Libres. Aullando a la luna y disfrutando del instinto y las horas lupinas. Asi habia sido desde que Hazel tenia uso de razón. Desde que desatara su maldición a los diecisiete años se habia transformado con cada luna llena al resguardo y cobijo de sus padres y su familia. Su padre, era el alfa de la manada o al menos, de aquel grupo de lobos y, algún día, esperaba que su hija ocupara su lugar. Para ello la habia criado… Hasta aquella luna llena… Hazel corría por el bosque, olfateando, sintiendo el aire en su pelaje, sintiéndose libre. Sus patas parecían volar sobre el suelo, corriendo a tal velocidad que nada podía pararla. Nada salvo… Aquel sonido estridente y desgarrador. La loba alzó sus orejas irguiendo el cuello, alarmada, preocupada. Un aullido de dolor y muerte llegó hasta ella. Cercano y fulminante. Y supo que habia perdido a alguien de su manada. Un nuevo disparo. Un nuevo aullido mortecino. Hazel no se quedó a esperar su turno. Echó a correr en dirección contraria sabiendo que no podía regresar a casa. Porque si esos cazadores los habían encontrado allí era porque sabían exactamente cómo y dónde Vivian. Asi que Hazel corrió a toda velocidad, huyendo de los disparos y la muerte que amenazaba con alcanzarla. Un proyectil le acertó en el costado en plena carrera y la loba, herida y magullada, cayó estrepitosamente contra el suelo. Resollaba, asustada. Dolía, quemaba. Aquella herida le habia quitado el aliento y sabia que se desangraba. Pero no podía dejar que su manada terminara asi. Tenia que vivir. Asi que tratando de hacer caso omiso a los disparos que llenaban el ambiente, Hazel volvio a erguirse sobre sus cuatro patas. Sanaria. Aquella herida sanaría gracias a la magia de la luna llena. Sanaria… Echó a correr de nuevo, esta vez algo más cansada, algo más lenta. Pero corrió todo cuanto daban sus patas. Y corrió toda la noche, cruzando pueblos, atravesando bosques mientras aquella ultima noche de luna llena duraba. Corrió hasta que los disparos ya eran inexistentes en el eco de la noche. >> Despertó desnuda en medio del bosque. Con la salida del sol su cuerpo habia recuperado su forma humana y ella se habia desmayado entre ramas y pequeños arbustos. Profirió un quejido llevándose una mano al costado allí donde la herida de bala aun sanaba lentamente. La sangre teñía su piel bronceada. Pero sabia que, aunque dolía, estaba fuera de peligro. Sobreviviría. Lo haría. Era la única superviviente de su manada. Y la certeza y la soledad de aquel pensamiento la abrumaron haciendo que la muchacha dejara ir un ligero y corto sollozo. Por todos los que queria, que habia perdido y que no volvería a ver. Se llevó una mano a los labios y se encogió sobre si misma, llorando a los caídos, a aquella terrorífica noche. Y cuando sintió que se quedaba sin aire, decidió que tenia que salir de allí. Desnuda recorrió el bosque hasta encontrar civilización. Y cuando el cansancio hizo que sus piernas temblaran, finalmente encontró un pequeño camping de caravanas. Le llegaban voces. Niños, familias. Salpicaduras de agua en una piscina. El olor de una barbacoa, podía ver la pequeña columna de humo alzarse entre algunas caravanas… Y allí, delante de ella, desprotegida… una cuerda de tender con algo de ropa. No se paró a ver qué era. Llegó hasta allí, y cogió lo primero que pilló. Una camiseta blanca de manga corta, una chaqueta vaquera y unos pantalones de chándal. Y, con las mismas, salió de allí volviendo a internarse en el bosque. Porque habia algo que no os he contado. Y es que la familia Wood tenia una leyenda. Una leyenda inmemorial. Su padre siempre le habia contado que la razon por la que su bisabuelo se habia instalado allí con su manada era una muy sencilla. Protección. La manada protegía a un grupo de Hombres. Los Hombres de Letras. Y ellos los protegían tambien. Un acuerdo del pasado, un pacto de no dañarse mutuamente nunca más. Un pacto de hermandad. No estaba firmado en ninguna parte y nadie podía corroborar que fuera real. Pero tenia una localización. Lebanon. Y hasta allí le habían conducido sus pisadas. Si quedaba alguien allí, habrían de ayudarla, darle cobijo o un lugar donde averiguar quién le habia arrebatado a su familia.. “A las puertas de Lebanon, interno en el bosque, accesible por pocos caminos, se yergue el orgulloso bastión. Lobos y hombres lo consideran su salvación” Era una mierda de rima y parecía demasiado barata para ser una leyenda demasiado antigua, pero Hazel siempre habia creído que su bisabuelo no tendría demasiada idea de mensajes crípticos. Hubiera sido un espía terrible. Pero al menos tenia una pista. A las afueras de Lebanon, en el bosque… Caminó descalza por la tierra, indemne a las ramas o piedras. Cansada, desolada y sangrando. La sangre se habia transferido a su camiseta, y sin alimento y descanso correcto, aquella herida no sanaba de forma correcta. Escuchó los pasos de una carrera. Cerca de ella. Pero no lo advirtió tan a tiempo como podría haberlo hecho en pleno uso de sus facultades físicas. Antes de que la vista se le nublase pudo ver como un hombre se acercaba a ella haciendo footing y se detenía al verla en el camino. Quizás se lo habia imaginado, quizás no. Pero… -Ayuda… me… -dijo Hazel antes de perder el sentido y caer, desmayada, en medio del camino.
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  • Meeting at the Bayou
    Fandom The Originals
    Categoría Slice of Life
    ㅤㅤㅤㅤㅤ
    ㅤㅤㅤㅤㅤ𝘴𝐭𝙖𝙧𝐭𝙚𝙧 𝑟𝑜𝘭 𝐩𝗮𝙧𝑎 Aeryn Virek



    ㅤㅤㅤㅤㅤHabia intentado dar un sentido a lo que habia ocurrido durante las ultimas semanas. Regresar de la muerte no era algo fácil de asimilar. Tampoco saber que estaban ligados de forma mística a una bruja nigromante milenaria… Y tampoco el hecho de que Elijah parecía estar experimentando extraños trastornos y visiones provocados por aquella marca. Si bien los Mikaelson habían vuelto a reunirse, nunca podía llover a gusto de todos. Nunca podrían tener un encuentro tranquilo sin dolor, sin pena…

    Volver a ver a Hope, en cambio, habia sido el mayor de los alivios para Hayley. Su hija era todo lo que alguna vez esperó de ella. Era preciosa, fuerte y valiente. Y habia salido de su exilio en un lugar seguro donde estaba protegida de una amenaza superior, tan solo para regresar a casa y ayudar a su familia a lidiar con aquel mal.

    La noticia de seres sobrenaturales resucitando a lo largo y ancho del mundo se extendió como la pólvora por todo el planeta y, aunque los Mikaelson temían el regreso de sus más formidables enemigos, Hayley a pesar de todo habia esperado secretamente el regreso de algunas personas: sus padres, a los que nunca pudo conocer. Y Jackson. No estaba confundida. Hayley sabia que estaba enamorada de Elijah Mikaelson, que murió enamorada de él y que siempre lo estaría. Pero tenia tantas conversaciones pendientes con él…

    Puede que esa fuera la razón que le hizo conducir hasta el Pantano, ese lugar de Nueva Orleans donde algunos lobos, los que se habían resistido a regresar al barrio Francés (tras la salida de Marcel y sus vampiros) todavia aguardaban.

    Poco sabia la hibrida que aquel día disfrutaría de un nuevo rencuentro, si bien no el que ella esperaba, uno que necesitaba. Porque nunca se tenían demasiados amigos.
    ㅤㅤㅤㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤ𝘴𝐭𝙖𝙧𝐭𝙚𝙧 𝑟𝑜𝘭 𝐩𝗮𝙧𝑎 [SH3WOLF] ㅤ ㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤHabia intentado dar un sentido a lo que habia ocurrido durante las ultimas semanas. Regresar de la muerte no era algo fácil de asimilar. Tampoco saber que estaban ligados de forma mística a una bruja nigromante milenaria… Y tampoco el hecho de que Elijah parecía estar experimentando extraños trastornos y visiones provocados por aquella marca. Si bien los Mikaelson habían vuelto a reunirse, nunca podía llover a gusto de todos. Nunca podrían tener un encuentro tranquilo sin dolor, sin pena… Volver a ver a Hope, en cambio, habia sido el mayor de los alivios para Hayley. Su hija era todo lo que alguna vez esperó de ella. Era preciosa, fuerte y valiente. Y habia salido de su exilio en un lugar seguro donde estaba protegida de una amenaza superior, tan solo para regresar a casa y ayudar a su familia a lidiar con aquel mal. La noticia de seres sobrenaturales resucitando a lo largo y ancho del mundo se extendió como la pólvora por todo el planeta y, aunque los Mikaelson temían el regreso de sus más formidables enemigos, Hayley a pesar de todo habia esperado secretamente el regreso de algunas personas: sus padres, a los que nunca pudo conocer. Y Jackson. No estaba confundida. Hayley sabia que estaba enamorada de Elijah Mikaelson, que murió enamorada de él y que siempre lo estaría. Pero tenia tantas conversaciones pendientes con él… Puede que esa fuera la razón que le hizo conducir hasta el Pantano, ese lugar de Nueva Orleans donde algunos lobos, los que se habían resistido a regresar al barrio Francés (tras la salida de Marcel y sus vampiros) todavia aguardaban. Poco sabia la hibrida que aquel día disfrutaría de un nuevo rencuentro, si bien no el que ella esperaba, uno que necesitaba. Porque nunca se tenían demasiados amigos.
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    ˖ ݁𖥔. ݁ . 𝑬𝒍 𝑫𝒊𝒂𝒓𝒊𝒐 𝒅𝒆 𝑺𝒄𝒂𝒓𝒍𝒆𝒕𝒕 . ݁.𖥔 ݁ ˖

    
𝑪𝒂𝒑í𝒕𝒖𝒍𝒐 𝑰𝑽: 𝑪𝒐𝒏𝒕𝒓𝒂𝒕𝒐 𝒆𝒏 𝑹𝒖𝒃í

    Querido diario…

    La mañana después de mi llegada al burdel no olía a pecado.

    Olía a café oscuro.

    A madera pulida.


    A decisiones.
    Mirena Blackwood no me observaba como mercancía.

    Me observaba como inversión.
    Yo ya había visto esa mirada antes, en salones cubiertos de oro y promesas firmadas con anillos.

    En contratos disfrazados de matrimonio.

    La diferencia era que aquí nadie fingía pureza.
    evaluaba mi postura o mis manos…
    Me hizo una sola pregunta.

    —¿Quién eres?

    No fue curiosidad.

    Fue diagnóstico.
    Y por alguna razón que todavía no entiendo… respondí.

    Le hablé de la corona italiana que nunca se nombraba en voz alta, pero que marcaba cada cena.
De la Mansión Moretti.

    Del compromiso arreglado con Nikolai Romanov.

    Del anillo que pesaba más que el oro porque no era promesa… era sentencia.
    Le conté que huí.

    Que rompí el espejo la noche en que entendí que mi reflejo ya no me pertenecía.

    Que prefería el escándalo al encierro elegante.
    No omití nada.
    Y mientras hablaba, no me interrumpió.
    Cuando terminé, el silencio no fue incómodo.
Fue evaluador.
    Entonces sí lo dijo.

    —Eres hermosa —murmuró sin dulzura—
Y la belleza sin inteligencia es carne fresca para lobos.

    No bajé la mirada.
    Ya no.

    —No soy un cordero.

    Fue en ese momento cuando algo cambió.
    No vio una víctima.

    No vio una fugitiva.

    Vio a alguien que había tenido el mundo a sus pies… y aun así eligió incendiarlo.
    Me explicó cómo funcionaba su mundo.

    Las chicas no eran obligadas.
Eran entrenadas.
Educadas.
Pulidas como piedras preciosas antes de tocar la vitrina

    —Aquí no se vende el cuerpo —dijo mientras servía el café—Se vende ilusión.

    Y la ilusión es más cara.

    Los hombres que cruzaban esas puertas no eran bestias comunes.


    Eran políticos.
    
Empresarios.

    Herederos.


    Apellidos que no se escribían.
    
Voces que no se grababan.
    No buscaban placer.

    Buscaban silencio.
    Yo aún no entendía todas las reglas.
Pero comenzaba a reconocer el tablero.

    —No te arrojaré a los lobos —continuó—…

    Te enseñaré a sentarte a la mesa con ellos… hasta que olviden que podrían morderte.

    Entonces llegó la verdadera propuesta.
    Aprendería idiomas.

    Finanzas.

    Arte.

    Negociación.

    Aprendería a leer a un hombre antes de que terminara su primera mentira.

    Me sostuvo la mirada como si ya hubiera tomado la decisión.

    —Te convertiré en algo que no puedan comprar por completo —dijo finalmente—


    Lo verdaderamente exclusivo no es lo que se posee…
es lo que nunca se termina de alcanzar.

    Ahí entendí lo que había visto en mí.
    No mi historia.

    No mi apellido.
    Mi contención.
    Mientras otras chicas aprendían a agradar, yo sabía observar.

    Mientras ellas ofrecían, yo retenía.
Mientras suplicaban atención, yo sabía retirarla.
    No reaccionaba.


    Medía.

    No buscaba protección.

    Evaluaba riesgos.
    Eso no se enseña.

    Se sobrevive.
    A cambio, trabajaría para ella.
    No sería exhibida.

    Sería insinuada.
    La pausa antes del deseo.

    La conversación que vale más que cualquier joya.

    La fantasía servida en cristal fino… que nunca se vacía del todo.
    Y oficialmente…
    Sería su protegida.
    Su “hija”.
    La palabra me atravesó el pecho.
    No fue ternura.


    Fue estrategia.

    Yo había dejado de ser hija la noche en que rompí el espejo.

    Pero entendí lo que significaba en su mundo:
    Lo que se protege…
    se vuelve invaluable.

    —¿Y qué gana usted? —pregunté.
    Mirena llenó dos copas de vino.


    El rojo brilló como rubí líquido.
    —Lealtad —respondió—…..

    Y una heredera que entienda que el poder no se implora… se administra.
    No era cariño lo que veía en mí.


    Era potencial.

    “Scarlett no era frágil.

    Estaba sin tallar.”

    Deslizó una copa hacia mí.
    —Los diamantes se forman bajo presión —dijo—
Pero el rubí… el rubí nace del fuego.

    Pensé en la corona.

    En el anillo.

    En la vida exhibida como porcelana.
    Allá mi destino era adornar.

    Aquí… podía aprender a dirigir.

    —Acepto.

    No temblé.
    No fue un gesto maternal cuando extendió la mano.

    Fue un contrato.
    Chocamos las copas.
    El sonido fue delicado.

    Elegante.

    Definitivo.

    Contrato en rubí.
    Después del brindis, Mirena se acercó a un pequeño escritorio y tomó una pluma
    —Si vas a renacer —dijo— necesitas un nombre que no tiemble.

    Escribió en un papel grueso, color marfil:
Scarlett Eleonor Moretti
    Mi segundo nombre.
    
El que mi madre pronunciaba cuando quería recordarme que la debilidad nunca fue una opción.
    Mirena observó el apellido unos segundos.

    Luego, con precisión fría, trazó una línea firme sobre él.
    
Scarlett Eleonor ̶M̶o̶r̶e̶t̶t̶i̶ ̶.

    El gesto no fue desprecio.
    
Fue desafío.

    Sentí el peso del silencio entre nosotras.
    Tomé la pluma de su mano.
Y debajo del apellido tachado… lo escribí otra vez.

    Scarlett Eleonor Moretti.


    Más firme

    Más mío.

    Mirena no sonrió.

    Asintió—Bien —murmuró—
La sangre no se abandona.

    Se domina.

    Entonces extendió la hoja hacia ella nuevamente.

    Añadió, con tinta roja profunda, una última palabra al final del nombre

    Scarlett Eleonor Moretti Blackwood.

    El contraste era evidente.

    Uno era herencia.

    El otro, elección.

    —Moretti es tu origen —dijo con voz serena—
Blackwood será tu escudo.
    Observé el nombre completo.


    No sentí ruptura.

    Sentí expansión.

    No estaba dejando atrás mi linaje.
Estaba sumando poder al mío.
    Me miré en el espejo intacto.

    No sonaba a huida.

    Sonaba a advertencia.

    Y comprendí algo, querido diario…
    Algunas mujeres nacen con un apellido.


    Otras lo construyen.


    Yo acababa de decidir portar ambos.

    Scarlett Eleonor Moretti Blackwood.ᢉ𐭩
    ˖ ݁𖥔. ݁ . 𝑬𝒍 𝑫𝒊𝒂𝒓𝒊𝒐 𝒅𝒆 𝑺𝒄𝒂𝒓𝒍𝒆𝒕𝒕 . ݁.𖥔 ݁ ˖ 
𝑪𝒂𝒑í𝒕𝒖𝒍𝒐 𝑰𝑽: 𝑪𝒐𝒏𝒕𝒓𝒂𝒕𝒐 𝒆𝒏 𝑹𝒖𝒃í Querido diario… La mañana después de mi llegada al burdel no olía a pecado.
 Olía a café oscuro.
 A madera pulida.
 A decisiones. Mirena Blackwood no me observaba como mercancía.
 Me observaba como inversión. Yo ya había visto esa mirada antes, en salones cubiertos de oro y promesas firmadas con anillos.
 En contratos disfrazados de matrimonio.
 La diferencia era que aquí nadie fingía pureza. evaluaba mi postura o mis manos… Me hizo una sola pregunta. —¿Quién eres? No fue curiosidad.
 Fue diagnóstico. Y por alguna razón que todavía no entiendo… respondí. Le hablé de la corona italiana que nunca se nombraba en voz alta, pero que marcaba cada cena.
De la Mansión Moretti.
 Del compromiso arreglado con Nikolai Romanov.
 Del anillo que pesaba más que el oro porque no era promesa… era sentencia. Le conté que huí.
 Que rompí el espejo la noche en que entendí que mi reflejo ya no me pertenecía.
 Que prefería el escándalo al encierro elegante. No omití nada. Y mientras hablaba, no me interrumpió. Cuando terminé, el silencio no fue incómodo.
Fue evaluador. Entonces sí lo dijo. —Eres hermosa —murmuró sin dulzura—
Y la belleza sin inteligencia es carne fresca para lobos. No bajé la mirada. Ya no. —No soy un cordero. Fue en ese momento cuando algo cambió. No vio una víctima.
 No vio una fugitiva.
 Vio a alguien que había tenido el mundo a sus pies… y aun así eligió incendiarlo. Me explicó cómo funcionaba su mundo.
 Las chicas no eran obligadas.
Eran entrenadas.
Educadas.
Pulidas como piedras preciosas antes de tocar la vitrina —Aquí no se vende el cuerpo —dijo mientras servía el café—Se vende ilusión. Y la ilusión es más cara. Los hombres que cruzaban esas puertas no eran bestias comunes.
 Eran políticos. 
Empresarios.
 Herederos.
 Apellidos que no se escribían. 
Voces que no se grababan. No buscaban placer.
 Buscaban silencio. Yo aún no entendía todas las reglas.
Pero comenzaba a reconocer el tablero. —No te arrojaré a los lobos —continuó—… Te enseñaré a sentarte a la mesa con ellos… hasta que olviden que podrían morderte. Entonces llegó la verdadera propuesta. Aprendería idiomas.
 Finanzas.
 Arte.
 Negociación. Aprendería a leer a un hombre antes de que terminara su primera mentira. Me sostuvo la mirada como si ya hubiera tomado la decisión. —Te convertiré en algo que no puedan comprar por completo —dijo finalmente—
 Lo verdaderamente exclusivo no es lo que se posee…
es lo que nunca se termina de alcanzar. Ahí entendí lo que había visto en mí. No mi historia.
 No mi apellido. Mi contención. Mientras otras chicas aprendían a agradar, yo sabía observar.
 Mientras ellas ofrecían, yo retenía.
Mientras suplicaban atención, yo sabía retirarla. No reaccionaba.
 Medía. No buscaba protección.
 Evaluaba riesgos. Eso no se enseña.
 Se sobrevive. A cambio, trabajaría para ella. No sería exhibida.
 Sería insinuada. La pausa antes del deseo.
 La conversación que vale más que cualquier joya.
 La fantasía servida en cristal fino… que nunca se vacía del todo. Y oficialmente… Sería su protegida. Su “hija”. La palabra me atravesó el pecho. No fue ternura.
 Fue estrategia. Yo había dejado de ser hija la noche en que rompí el espejo.
 Pero entendí lo que significaba en su mundo: Lo que se protege… se vuelve invaluable. —¿Y qué gana usted? —pregunté. Mirena llenó dos copas de vino.
 El rojo brilló como rubí líquido. —Lealtad —respondió—….. Y una heredera que entienda que el poder no se implora… se administra. No era cariño lo que veía en mí.
 Era potencial. “Scarlett no era frágil.
 Estaba sin tallar.” Deslizó una copa hacia mí. —Los diamantes se forman bajo presión —dijo—
Pero el rubí… el rubí nace del fuego. Pensé en la corona.
 En el anillo.
 En la vida exhibida como porcelana. Allá mi destino era adornar.
 Aquí… podía aprender a dirigir. —Acepto. No temblé. No fue un gesto maternal cuando extendió la mano.
 Fue un contrato. Chocamos las copas. El sonido fue delicado.
 Elegante.
 Definitivo. Contrato en rubí. Después del brindis, Mirena se acercó a un pequeño escritorio y tomó una pluma —Si vas a renacer —dijo— necesitas un nombre que no tiemble. Escribió en un papel grueso, color marfil:
Scarlett Eleonor Moretti Mi segundo nombre. 
El que mi madre pronunciaba cuando quería recordarme que la debilidad nunca fue una opción. Mirena observó el apellido unos segundos.
 Luego, con precisión fría, trazó una línea firme sobre él. 
Scarlett Eleonor ̶M̶o̶r̶e̶t̶t̶i̶ ̶. El gesto no fue desprecio. 
Fue desafío.
 Sentí el peso del silencio entre nosotras. Tomé la pluma de su mano.
Y debajo del apellido tachado… lo escribí otra vez. Scarlett Eleonor Moretti.
 Más firme Más mío. Mirena no sonrió.
 Asintió—Bien —murmuró—
La sangre no se abandona. Se domina. Entonces extendió la hoja hacia ella nuevamente.
 Añadió, con tinta roja profunda, una última palabra al final del nombre Scarlett Eleonor Moretti Blackwood. El contraste era evidente.
 Uno era herencia.
 El otro, elección. —Moretti es tu origen —dijo con voz serena—
Blackwood será tu escudo. Observé el nombre completo.
 No sentí ruptura.
 Sentí expansión.
 No estaba dejando atrás mi linaje.
Estaba sumando poder al mío. Me miré en el espejo intacto. No sonaba a huida.
 Sonaba a advertencia.
 Y comprendí algo, querido diario… Algunas mujeres nacen con un apellido.
 Otras lo construyen.
 Yo acababa de decidir portar ambos. Scarlett Eleonor Moretti Blackwood.ᢉ𐭩
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  • ╔═.✾. ═════════════╗
    𝗠𝗔𝗡𝗔𝗗𝗔 𝗖𝗢𝗟𝗠𝗜𝗟𝗟𝗢 𝗚𝗥𝗜𝗦.
    ╚═════════════.✾. ═╝

    𝐀𝐥𝐟𝐚 𝐀𝐥𝐚𝐫𝐢𝐜 𝐕𝐚𝐥𝐤𝐚𝐞𝐫.

    Nombre: Alaric Valkaer

    Edad: 48 años

    Raza: Lobo de sangre pura

    Manada: Colmillo Gris (territorio medio-fuerte, estratégico pero no dominante)

    Rango: Alfa absoluto

    Rol en la manada: Líder supremo, estratega y gobernante.

    Historia

    Alaric nació para gobernar, pero su ambición y miedo al fracaso lo convirtieron en un lobo cruel. Durante la profecía de la Luna Roja, detectó el potencial descomunal de Aerynthia y decidió sellar su poder, borrarle su apellido y forzarla a vivir como Omega. Creyó que así mantendría su dominio absoluto y aseguraría que su heredera aparente, Vaelira, consolidara su poder mediante alianzas estratégicas con otras manadas, especialmente con el Alfa más fuerte del continente.

    Su obsesión con el control lo lleva a humillar, castigar y manipular constantemente a Aerynthia.

    Personalidad

    Dominante y autoritario, implacable en la toma de decisiones.

    Cruel, frío y manipulador, sobre todo con su familia.

    Calculador y estratégico: cada movimiento es pensado para mantener y aumentar su poder.

    Teme perder control más que a la muerte.

    Habilidades

    Combate cuerpo a cuerpo avanzado.

    Estratega militar y político.

    Manipulación psicológica.

    Capacidad para detectar el potencial de otros lobos.

    Relaciones

    Aerynthia: desprecio público. La maldijo, pero reconoce su poder.

    Vaelira: heredera predilecta, la usa como instrumento para alianzas políticas.

    Colmillo Gris: mantiene respeto férreo y disciplina estricta, aunque algunos miembros cuestionan su autoridad.

    𝐕𝐚𝐞𝐥𝐢𝐫𝐚 𝐕𝐚𝐥𝐤𝐚𝐞𝐫.

    Nombre: Vaelira Valkaer

    Edad: 23 años

    Raza: Loba de sangre pura

    Rango: Hija predilecta del Alfa

    Rol: Heredera

    Historia

    Vaelira nació siete minutos después que Aerynthia. Desde pequeña, su padre la entrenó como heredera “legítima”, mientras que su hermana era moldeada para servirla. Inteligente y manipuladora, aprendió rápidamente a usar la crueldad como herramienta.

    Su objetivo: consolidar su poder y posición, incluso a costa de su propia hermana.

    Personalidad

    Ambiciosa y calculadora.

    Cruel, disfruta humillar y controlar.

    Inteligente, estratega social y política.

    No soporta ser opacada; busca constantemente superioridad.

    Habilidades

    Estratega y manipuladora social.

    Combate básico a nivel guerrera entrenada, superior a la media.

    Capacidad para leer a otros lobos y explotarlos psicológicamente.

    Relaciones

    Aerynthia: sombra, objeto de desprecio y manipulación.

    Alaric: favorita del padre, usa su posición para asegurar alianzas.

    Colmillo Gris: proyecta imagen de perfección y liderazgo.

    MANADA — COLMILLO GRIS.

    Territorio: Colinas del Norte

    Fuerza relativa: Media-alta; estratégica y disciplinada, pero no la más poderosa del continente.

    Jerarquía:

    Alfa: Alaric Valkaer

    Beta: Sumamente leal.

    Gamma: Entrenadora de guerreros

    Delta: Guerreros élite

    Omegas: Rango bajo.

    Historia y rol

    Colmillo Gris es fuerte en número y disciplina, pero no tiene magia avanzada ni aliados dominantes. Su poder depende de la estrategia y de mantener control interno.

    Personalidad de la Manada

    Estricta y jerárquica.

    Tradicionalista, con respeto a linajes y jerarquías.

    Fuerte disciplina, castigos claros y cumplimiento absoluto de órdenes.

    Algunos miembros dudan de la legitimidad de Vaelira, pero el miedo a Alaric mantiene el orden.
    ╔═.✾. ═════════════╗ 𝗠𝗔𝗡𝗔𝗗𝗔 𝗖𝗢𝗟𝗠𝗜𝗟𝗟𝗢 𝗚𝗥𝗜𝗦. ╚═════════════.✾. ═╝ 𝐀𝐥𝐟𝐚 𝐀𝐥𝐚𝐫𝐢𝐜 𝐕𝐚𝐥𝐤𝐚𝐞𝐫. Nombre: Alaric Valkaer Edad: 48 años Raza: Lobo de sangre pura Manada: Colmillo Gris (territorio medio-fuerte, estratégico pero no dominante) Rango: Alfa absoluto Rol en la manada: Líder supremo, estratega y gobernante. Historia Alaric nació para gobernar, pero su ambición y miedo al fracaso lo convirtieron en un lobo cruel. Durante la profecía de la Luna Roja, detectó el potencial descomunal de Aerynthia y decidió sellar su poder, borrarle su apellido y forzarla a vivir como Omega. Creyó que así mantendría su dominio absoluto y aseguraría que su heredera aparente, Vaelira, consolidara su poder mediante alianzas estratégicas con otras manadas, especialmente con el Alfa más fuerte del continente. Su obsesión con el control lo lleva a humillar, castigar y manipular constantemente a Aerynthia. Personalidad Dominante y autoritario, implacable en la toma de decisiones. Cruel, frío y manipulador, sobre todo con su familia. Calculador y estratégico: cada movimiento es pensado para mantener y aumentar su poder. Teme perder control más que a la muerte. Habilidades Combate cuerpo a cuerpo avanzado. Estratega militar y político. Manipulación psicológica. Capacidad para detectar el potencial de otros lobos. Relaciones Aerynthia: desprecio público. La maldijo, pero reconoce su poder. Vaelira: heredera predilecta, la usa como instrumento para alianzas políticas. Colmillo Gris: mantiene respeto férreo y disciplina estricta, aunque algunos miembros cuestionan su autoridad. 𝐕𝐚𝐞𝐥𝐢𝐫𝐚 𝐕𝐚𝐥𝐤𝐚𝐞𝐫. Nombre: Vaelira Valkaer Edad: 23 años Raza: Loba de sangre pura Rango: Hija predilecta del Alfa Rol: Heredera Historia Vaelira nació siete minutos después que Aerynthia. Desde pequeña, su padre la entrenó como heredera “legítima”, mientras que su hermana era moldeada para servirla. Inteligente y manipuladora, aprendió rápidamente a usar la crueldad como herramienta. Su objetivo: consolidar su poder y posición, incluso a costa de su propia hermana. Personalidad Ambiciosa y calculadora. Cruel, disfruta humillar y controlar. Inteligente, estratega social y política. No soporta ser opacada; busca constantemente superioridad. Habilidades Estratega y manipuladora social. Combate básico a nivel guerrera entrenada, superior a la media. Capacidad para leer a otros lobos y explotarlos psicológicamente. Relaciones Aerynthia: sombra, objeto de desprecio y manipulación. Alaric: favorita del padre, usa su posición para asegurar alianzas. Colmillo Gris: proyecta imagen de perfección y liderazgo. MANADA — COLMILLO GRIS. Territorio: Colinas del Norte Fuerza relativa: Media-alta; estratégica y disciplinada, pero no la más poderosa del continente. Jerarquía: Alfa: Alaric Valkaer Beta: Sumamente leal. Gamma: Entrenadora de guerreros Delta: Guerreros élite Omegas: Rango bajo. Historia y rol Colmillo Gris es fuerte en número y disciplina, pero no tiene magia avanzada ni aliados dominantes. Su poder depende de la estrategia y de mantener control interno. Personalidad de la Manada Estricta y jerárquica. Tradicionalista, con respeto a linajes y jerarquías. Fuerte disciplina, castigos claros y cumplimiento absoluto de órdenes. Algunos miembros dudan de la legitimidad de Vaelira, pero el miedo a Alaric mantiene el orden.
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  • El eco de las sirenas se pierde con el ventarrón nocturno. Desde las alturas, la ciudad parece tan indómita como impasible; mas el incandescente escenario teñido de neón esconde a quienes se atreven a vivir como si no existiera el peligro de la obliteración.

    Fauces impredecibles, silenciosas y disformes advirtieron, pero quienes decidieron no escuchar frustran el frágil ordenamiento que impide un nuevo colapso.

    Perseguidos, castigados. No obstante, la retribución carece de sentido ante la laxitud nacida de la necesidad. Y quien desentiende la misericordia declara que no hay lugar para la reinserción.

    No todo puede salvarse: la carne se viste de pecado, y es su labor desollar a los lobos entre corderos.

    Una sombra que se vuelve mito urbano; brutalidad que escandaliza, pero que, por algún motivo, es encubierta para no tentar a la desobediencia colectiva. Reclamarán justicia humana quienes son los primeros en ofenderla.

    El recuerdo carmesí, inmortalizado en el pavimento: una vida que solo genera decepción e hiriente frustración. La voz enmudecida y el terror se manifiestan eternamente en los maxilares; una advertencia para quienes escuchan a través de la sombra, un terror viviente para quienes temen, y absolución para aquellos a quienes encuentra bajo su rojiza mirada.

    Desnudada la carcasa de la humanidad, contempla las cuencas vacías bajo la oscuridad formada por la capucha. Una extremidad que ya no se molesta en ocultar; el reflejo de presionar y hacer crujir las contadas soldaduras del ejemplar óseo.

    Era una noche más en la nueva ciudad fundada tras la catástrofe del Limbo. Dormirán y reirán quienes necesiten refugiarse en la ignorancia; los ángeles son reales y están dispuestos a acechar desde las alturas.

    Malaventurado quien encuentre en la noche a su cómplice.
    El eco de las sirenas se pierde con el ventarrón nocturno. Desde las alturas, la ciudad parece tan indómita como impasible; mas el incandescente escenario teñido de neón esconde a quienes se atreven a vivir como si no existiera el peligro de la obliteración. Fauces impredecibles, silenciosas y disformes advirtieron, pero quienes decidieron no escuchar frustran el frágil ordenamiento que impide un nuevo colapso. Perseguidos, castigados. No obstante, la retribución carece de sentido ante la laxitud nacida de la necesidad. Y quien desentiende la misericordia declara que no hay lugar para la reinserción. No todo puede salvarse: la carne se viste de pecado, y es su labor desollar a los lobos entre corderos. Una sombra que se vuelve mito urbano; brutalidad que escandaliza, pero que, por algún motivo, es encubierta para no tentar a la desobediencia colectiva. Reclamarán justicia humana quienes son los primeros en ofenderla. El recuerdo carmesí, inmortalizado en el pavimento: una vida que solo genera decepción e hiriente frustración. La voz enmudecida y el terror se manifiestan eternamente en los maxilares; una advertencia para quienes escuchan a través de la sombra, un terror viviente para quienes temen, y absolución para aquellos a quienes encuentra bajo su rojiza mirada. Desnudada la carcasa de la humanidad, contempla las cuencas vacías bajo la oscuridad formada por la capucha. Una extremidad que ya no se molesta en ocultar; el reflejo de presionar y hacer crujir las contadas soldaduras del ejemplar óseo. Era una noche más en la nueva ciudad fundada tras la catástrofe del Limbo. Dormirán y reirán quienes necesiten refugiarse en la ignorancia; los ángeles son reales y están dispuestos a acechar desde las alturas. Malaventurado quien encuentre en la noche a su cómplice.
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  • Habia pasado todo el día entre planes y consejos con Tormund, Sir Davos y los capitanes de las casas que habían decidido unirse a su causa. Todos intentando dar su punto de vista de cual seria un mejor plan de ataque al enfrentarse contra Ramsay Bolton. El mapa sobre la mesa de la tienda estaba lleno de estatuillas de lobos, osos, hombres desollados... Un autentico ajedrez que ahora se habia convertido en un dolor de cabeza. Y, durante las dos horas siguientes, mientras Jon cavilaba y, de tanto en tanto cambiaba alguna efigie de lugar, habia estado tallando algo en un trozo plano de madera.

    Sir Davos le habia enseñado a hacerlo unas semanas atrás. Según él, calmaba el estrés de la guerra venidera. Para Jon aquello era un foco más de ansiedad. Aun así ponía en este todo su empeño. Sabia qué día era ese. El día del Nombre de Sansa. Y queria hacer algo que mereciera la pena. Puede que aun no pudiera poner Invernalia a sus pies, ese hubiera sido un gran presente, pero aquel regalo que ahora repasaba con la yema de su dedo para eliminar el serrín y las esquirlas de madera era algo real y sincero.

    Sansa entró en la carpa y Jon dejó el cuchillo sobre la mesa alzando la mirada hacia ella.

    -Dime que Tormund no te envía para hacerme pensar en otra de sus locas ideas de ataque...- dijo con cierto aire divertido y cansado mientras se acercaba a 🜲 ㅤ𝑆𝑎𝑛𝑠𝑎 𝑆𝑡𝑎𝑟𝑘.

    Tomó la mano de la pelirroja y posó sobre esta el trozo de madera tallado con el emblema de la casa Stark.

    -He pensado que puede que este al fin sea un día del Nombre feliz... -le dijo- Lo celebraremos en casa. Pronto.
    Habia pasado todo el día entre planes y consejos con Tormund, Sir Davos y los capitanes de las casas que habían decidido unirse a su causa. Todos intentando dar su punto de vista de cual seria un mejor plan de ataque al enfrentarse contra Ramsay Bolton. El mapa sobre la mesa de la tienda estaba lleno de estatuillas de lobos, osos, hombres desollados... Un autentico ajedrez que ahora se habia convertido en un dolor de cabeza. Y, durante las dos horas siguientes, mientras Jon cavilaba y, de tanto en tanto cambiaba alguna efigie de lugar, habia estado tallando algo en un trozo plano de madera. Sir Davos le habia enseñado a hacerlo unas semanas atrás. Según él, calmaba el estrés de la guerra venidera. Para Jon aquello era un foco más de ansiedad. Aun así ponía en este todo su empeño. Sabia qué día era ese. El día del Nombre de Sansa. Y queria hacer algo que mereciera la pena. Puede que aun no pudiera poner Invernalia a sus pies, ese hubiera sido un gran presente, pero aquel regalo que ahora repasaba con la yema de su dedo para eliminar el serrín y las esquirlas de madera era algo real y sincero. Sansa entró en la carpa y Jon dejó el cuchillo sobre la mesa alzando la mirada hacia ella. -Dime que Tormund no te envía para hacerme pensar en otra de sus locas ideas de ataque...- dijo con cierto aire divertido y cansado mientras se acercaba a [N.Q.Stark]. Tomó la mano de la pelirroja y posó sobre esta el trozo de madera tallado con el emblema de la casa Stark. -He pensado que puede que este al fin sea un día del Nombre feliz... -le dijo- Lo celebraremos en casa. Pronto.
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  • I'll use you as a focal point, so I don't lose sight of what I want
    Fandom Harry Potter
    Categoría Fantasía
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    La biblioteca siempre era el lugar seguro para Hermione, su refugio cuando necesitaba concentrarse o relajarse, y también cuando estaba furiosa y no quería soltar palabras mordaces que pocos solían entender como un insulto o un ataque, entonces necesitaba aislarse. El aroma a pergamino antiguo, de algún modo, le recordaba que mientras tuviera un libro frente a ella, el caos del mundo exterior —la nieve, los T.I.M.O. o, desde hacía unas horas, la insoportable idea de compartir un caldero con un compañero de clase tan prejuicioso como lo era Malfoy— podía quedar reducido a un ruido de fondo.

    Aún así, esa tarde nada parecía funcionar, y el silencio de la biblioteca la resultaba sofocante.

    Frente a ella descansaba el tomo de "𝑇𝑒𝑜𝑟𝜄́𝑎 𝑑𝑒 𝑀𝑎𝑔𝑖𝑎 𝐷𝑒𝑓𝑒𝑛𝑠𝑖𝑣𝑎", de Wilbert Slinkhard, libro que había leído en su totalidad dos veces antes del inicio de clases creyendo que ése año finalmente podría superar a su mejor amigo en la materia que mejor se le daba (a él, claramente). Eso no estaba ocurriendo. De hecho, esa misma mañana había vuelto a fallar al querer conjurar un hechizo durante la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Mientras Harry lograba desviar un ataque con un movimiento fluido de muñeca, ella se había quedado allí, con la cara ligeramente ruborizada de la vergüenza tras que su varita emitiera un chispazo plateado en lugar de un escudo que la protegiera en su totalidad.

    La teoría la tenía dominada. ¿Pero la ejecución? Se sentía como intentar gritar bajo el agua.

    Ya vería cómo realizarlo. Ahora debía repasar otros encantamientos, como por ejemplo...

    ...el 𝐌𝐨𝐛𝐢𝐥𝐢𝐜𝐨𝐫𝐩𝐮𝐬. Sus dedos recorrieron las líneas gastadas del manual, deteniéndose en la descripción de los "hilos invisibles". El texto explicaba cómo el hechizo debía anclarse en tres puntos de presión específicos: las muñecas, el cuello y las rodillas. "𝑄𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑙𝑜 𝑙𝑎𝑛𝑧𝑎 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜𝑙𝑎𝑟 𝑎 𝑠𝑢 𝑜𝑏𝑗𝑒𝑡𝑖𝑣𝑜 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑖 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑎 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑟𝑖𝑜𝑛𝑒𝑡𝑎", leyó frunciendo el ceño. No solo debía elevar el cuerpo, sino también sostenerlo.

    Cerró los ojos un instante, tratando de visualizar cómo debía verse el hechizo en acción. En la teoría, el Mobilicorpus era una extensión lógica de los encantamientos de levitación básicos que había aprendido en sus inicios en Hogwarts, pero éste requería una sintonía de su destreza física que aún no dominaba. Si todavía no podía crear un escudo de manera no verbal, ¿cómo esperaba manejar la complejidad de mover un cuerpo entero con la precisión que exigía el texto? Porque esa palabra, 𝐩𝐫𝐞𝐜𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧, se repetía varias veces a lo largo de la descripción.

    Al volver a abrir los ojos, las letras sobre las hojas parecieron bailar frente a ella mientras intentaba enfocarse. La frustración, que hasta entonces había mantenido controlada, se convirtió en una llama. Una que se reflejó inmediatamente en su mirada cuando la desvió inevitablemente hacia el pergamino que asomaba bajo su libro de defensa. Era la nota de Snape.

    Su profesor le había asignado una nueva tarea hacia el final de la clase de Pociones, cuando ya no quedaba nadie más que ella dentro del aula, con esa voz siseante y monótona que le recordaba lo poco que se agradaban mutuamente. Por "𝑜́𝑟𝑑𝑒𝑛𝑒𝑠 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑜𝑟", se requería una provisión extra de Poción Matalobos ya que Snape estaría abocado a otras tareas para la Orden. Era una tarea extremadamente delicada cuyo margen de error debía ser nulo, y por eso se necesitaban dos de los mejores alumnos de quinto año. Después de todo, eran pocos los que conocían la existencia de la organización, y no podían arriesgarse a involucrar alumnos de otros años.

    Pero Snape no la había emparejado con alguno de sus amigos, ni siquiera con un Ravenclaw competente que podría estar a su altura — o al menos acercarse a ella. Su compañero era el Slytherin que la odiaba, y que casualmente era también el otro alumno destacado en Pociones.

    Cada vez que leía el nombre "Draco Malfoy" junto al suyo, sentía una punzada de indignación en el estómago. La poción era una de las más peligrosas y difíciles de elaborar; un solo error en el manejo del acónito y los efectos podrían ser catastróficos. Dumbledore confiaba en ella, eso estaba claro, ¿pero por qué obligarla a trabajar con alguien que pasaba la mitad del tiempo burlándose de sus amigos?

    Y al menos ella sabía porqué estaría haciéndola los siguientes meses, como le repitió su profesor antes de dejarla ir, y cuáles eran los beneficios. ¿Pero cómo lograría convencer al otro estudiante? A pesar de su enojo, le intrigaba saber qué había en juego para su, lamentablemente, nuevo compañero. Él no podía saber de la Orden, ni tampoco que estaría ayudando a Lupin, o de seguro se reiría y no aceptaría. ¿Entonces...?

    Luego trataría de averiguarlo.

    Tener que pasar horas en una habitación en el sótano más frío del castillo compartiendo espacio con Draco Malfoy era su idea personal del infierno. El solo pensar en sus comentarios sarcásticos sobre su linaje, acompañados por esa sonrisa estúpida con aires de superioridad, o en las instancias de pelea que generaría solo para hacerla enojar, le quitaban cualquier intención de calmar su enojo.

    La fémina cerró el libro de golpe con un sonido seco que resonó entree las paredes de la biblioteca. El eco pareció despertar a Madam Pince, quien asomó su rostro por encima de una estantería de libros de Transformaciones. Un leve “Lo siento” escapó en un murmullo de sus labios antes de recoger sus cosas.

    «Precisión», recordó mentalmente mientras guardaba el pergamino de Snape dentro de su túnica. Esa palabra aplicaba al hechizo de levitación, y también a la poción que aprendería esa noche.

    Mientras bajaba las escaleras hacia las mazmorras, cargando con una mochila más pesada de lo habitual debido a los tomos extra de consulta que había pedido prestados y a los elementos que Snape le había indicado debía llevar a la sesión, una sensación distinta comenzó a abrirse paso entre la indignación. Estaba enojada aún, más de lo que le gustaría admitir, pero cuanto más vueltas le daba a la idea, más fuerza iba ganando una pequeña chispa de ambición. Un orgullo que no podía ignorar porque había sido elegida, entre tantos alumnos de aquel colegio, por el mismísimo Dumbledore para una tarea que podía salvar vidas. Y era otra oportunidad más para demostrar su valor.

    𝙳𝚁𝙰𝙲𝙾 𝙼𝙰𝙻𝙵𝙾𝚈
    STARTER La biblioteca siempre era el lugar seguro para Hermione, su refugio cuando necesitaba concentrarse o relajarse, y también cuando estaba furiosa y no quería soltar palabras mordaces que pocos solían entender como un insulto o un ataque, entonces necesitaba aislarse. El aroma a pergamino antiguo, de algún modo, le recordaba que mientras tuviera un libro frente a ella, el caos del mundo exterior —la nieve, los T.I.M.O. o, desde hacía unas horas, la insoportable idea de compartir un caldero con un compañero de clase tan prejuicioso como lo era Malfoy— podía quedar reducido a un ruido de fondo. Aún así, esa tarde nada parecía funcionar, y el silencio de la biblioteca la resultaba sofocante. Frente a ella descansaba el tomo de "𝑇𝑒𝑜𝑟𝜄́𝑎 𝑑𝑒 𝑀𝑎𝑔𝑖𝑎 𝐷𝑒𝑓𝑒𝑛𝑠𝑖𝑣𝑎", de Wilbert Slinkhard, libro que había leído en su totalidad dos veces antes del inicio de clases creyendo que ése año finalmente podría superar a su mejor amigo en la materia que mejor se le daba (a él, claramente). Eso no estaba ocurriendo. De hecho, esa misma mañana había vuelto a fallar al querer conjurar un hechizo durante la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Mientras Harry lograba desviar un ataque con un movimiento fluido de muñeca, ella se había quedado allí, con la cara ligeramente ruborizada de la vergüenza tras que su varita emitiera un chispazo plateado en lugar de un escudo que la protegiera en su totalidad. La teoría la tenía dominada. ¿Pero la ejecución? Se sentía como intentar gritar bajo el agua. Ya vería cómo realizarlo. Ahora debía repasar otros encantamientos, como por ejemplo... ...el 𝐌𝐨𝐛𝐢𝐥𝐢𝐜𝐨𝐫𝐩𝐮𝐬. Sus dedos recorrieron las líneas gastadas del manual, deteniéndose en la descripción de los "hilos invisibles". El texto explicaba cómo el hechizo debía anclarse en tres puntos de presión específicos: las muñecas, el cuello y las rodillas. "𝑄𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑙𝑜 𝑙𝑎𝑛𝑧𝑎 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜𝑙𝑎𝑟 𝑎 𝑠𝑢 𝑜𝑏𝑗𝑒𝑡𝑖𝑣𝑜 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑖 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑎 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑟𝑖𝑜𝑛𝑒𝑡𝑎", leyó frunciendo el ceño. No solo debía elevar el cuerpo, sino también sostenerlo. Cerró los ojos un instante, tratando de visualizar cómo debía verse el hechizo en acción. En la teoría, el Mobilicorpus era una extensión lógica de los encantamientos de levitación básicos que había aprendido en sus inicios en Hogwarts, pero éste requería una sintonía de su destreza física que aún no dominaba. Si todavía no podía crear un escudo de manera no verbal, ¿cómo esperaba manejar la complejidad de mover un cuerpo entero con la precisión que exigía el texto? Porque esa palabra, 𝐩𝐫𝐞𝐜𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧, se repetía varias veces a lo largo de la descripción. Al volver a abrir los ojos, las letras sobre las hojas parecieron bailar frente a ella mientras intentaba enfocarse. La frustración, que hasta entonces había mantenido controlada, se convirtió en una llama. Una que se reflejó inmediatamente en su mirada cuando la desvió inevitablemente hacia el pergamino que asomaba bajo su libro de defensa. Era la nota de Snape. Su profesor le había asignado una nueva tarea hacia el final de la clase de Pociones, cuando ya no quedaba nadie más que ella dentro del aula, con esa voz siseante y monótona que le recordaba lo poco que se agradaban mutuamente. Por "𝑜́𝑟𝑑𝑒𝑛𝑒𝑠 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑜𝑟", se requería una provisión extra de Poción Matalobos ya que Snape estaría abocado a otras tareas para la Orden. Era una tarea extremadamente delicada cuyo margen de error debía ser nulo, y por eso se necesitaban dos de los mejores alumnos de quinto año. Después de todo, eran pocos los que conocían la existencia de la organización, y no podían arriesgarse a involucrar alumnos de otros años. Pero Snape no la había emparejado con alguno de sus amigos, ni siquiera con un Ravenclaw competente que podría estar a su altura — o al menos acercarse a ella. Su compañero era el Slytherin que la odiaba, y que casualmente era también el otro alumno destacado en Pociones. Cada vez que leía el nombre "Draco Malfoy" junto al suyo, sentía una punzada de indignación en el estómago. La poción era una de las más peligrosas y difíciles de elaborar; un solo error en el manejo del acónito y los efectos podrían ser catastróficos. Dumbledore confiaba en ella, eso estaba claro, ¿pero por qué obligarla a trabajar con alguien que pasaba la mitad del tiempo burlándose de sus amigos? Y al menos ella sabía porqué estaría haciéndola los siguientes meses, como le repitió su profesor antes de dejarla ir, y cuáles eran los beneficios. ¿Pero cómo lograría convencer al otro estudiante? A pesar de su enojo, le intrigaba saber qué había en juego para su, lamentablemente, nuevo compañero. Él no podía saber de la Orden, ni tampoco que estaría ayudando a Lupin, o de seguro se reiría y no aceptaría. ¿Entonces...? Luego trataría de averiguarlo. Tener que pasar horas en una habitación en el sótano más frío del castillo compartiendo espacio con Draco Malfoy era su idea personal del infierno. El solo pensar en sus comentarios sarcásticos sobre su linaje, acompañados por esa sonrisa estúpida con aires de superioridad, o en las instancias de pelea que generaría solo para hacerla enojar, le quitaban cualquier intención de calmar su enojo. La fémina cerró el libro de golpe con un sonido seco que resonó entree las paredes de la biblioteca. El eco pareció despertar a Madam Pince, quien asomó su rostro por encima de una estantería de libros de Transformaciones. Un leve “Lo siento” escapó en un murmullo de sus labios antes de recoger sus cosas. «Precisión», recordó mentalmente mientras guardaba el pergamino de Snape dentro de su túnica. Esa palabra aplicaba al hechizo de levitación, y también a la poción que aprendería esa noche. Mientras bajaba las escaleras hacia las mazmorras, cargando con una mochila más pesada de lo habitual debido a los tomos extra de consulta que había pedido prestados y a los elementos que Snape le había indicado debía llevar a la sesión, una sensación distinta comenzó a abrirse paso entre la indignación. Estaba enojada aún, más de lo que le gustaría admitir, pero cuanto más vueltas le daba a la idea, más fuerza iba ganando una pequeña chispa de ambición. Un orgullo que no podía ignorar porque había sido elegida, entre tantos alumnos de aquel colegio, por el mismísimo Dumbledore para una tarea que podía salvar vidas. Y era otra oportunidad más para demostrar su valor. [PUREBL00D]
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  • San...valentin...que demonios es eso?....solo veo gente con globos...y corazones...el unico corazon que eh visto es el de mis objetivos. Porque serian bonitos....
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