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    // Iba a salir a comprar para comer y de repente se empezó a caer el cielo con la lluvia... Creo que no voy a comprar nada y me quedo sin comer.(?)
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  • —Todo se sentía más fácil cuando era más complicado. No tiene mucho sentido, pero igual sucede. Como una lluvia atemporal de primavera.
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  • Murmurator
    Fandom Crossover - Castlevania
    Categoría Original
    (Quest: Persecución)

    El número de muertos seguía creciendo, la altiplanicie se volvía una tumba repleta de números que ningún testigo reclamo.

    La noticia se esparció como pólvora férrea, los cazadores temían el despertar del Conde susurrándoles en la nuca, temían por su vida que no se atrevían a ir contra esa voluntad mientras no fuesen sus cuellos los que peligraran.

    Pero los magistrados veían esto con otros ojos: sus cuellos colgando.

    Anunciaron en el tablero una nueva misión de ejecución para encontrar al victimario que ha estado decapitando cuerpos sin ningún tipo de piedad. Llegaron a Claude, impasible y desinteresado, solemne como agua clara en medio de la lluvia.

    Su mirada siempre clavada en el revolver. Llegar a él y convencerlo de trabajar fuera de horas era una tortura, siempre hacia todo acorde a un horario. Pero esta vez la paga era algo que le interesaba mucho, música clásica.

    Era un privilegio para sus oídos capturar las notas en un silencio sepulcral, donde nada ni nadie perturba la belleza sinfónica. El trato de cerro y Claude partió al último poblado atacado.

    No hablaba si no era necesario.
    Planeaba con cuidado cada movimiento, pulía sus habilidades en medio de la batalla, las llevaba a una perfección enfermiza.

    El carruaje que lo trasladaba se detuvo de golpe.
    - No puedo llevarlo más allá de este punto, los caballos no... se mueven...- Hablo en conductor recorriendo la cortina, encontrándose con un par de monedas pero sin la imagen del hombre.

    Entendía muy bien el lenguaje del miedo y que nadie sacrificaría su vida por desconocidos, fuera cual fuera la excusa lo aproximo tanto como pudo al objetivo.

    Ya establecido un paso firme, el viento helado taciturno golpeo su rostro meciendo su cabello, su mirada impasible vislumbro el pueblo arruinado, el aura que dejaba una masacre era una marca imborrable para un ejecutor que de cerca conocía estos factores.

    Se adentro, extrañado por una luz en una de las casas. Algo estaba fuera de lugar. ¿Sobrevivientes acaso? ¿Ladrones?. Lo averiguaría a punta de disparos.

    // Rol privado.
    (Quest: Persecución) El número de muertos seguía creciendo, la altiplanicie se volvía una tumba repleta de números que ningún testigo reclamo. La noticia se esparció como pólvora férrea, los cazadores temían el despertar del Conde susurrándoles en la nuca, temían por su vida que no se atrevían a ir contra esa voluntad mientras no fuesen sus cuellos los que peligraran. Pero los magistrados veían esto con otros ojos: sus cuellos colgando. Anunciaron en el tablero una nueva misión de ejecución para encontrar al victimario que ha estado decapitando cuerpos sin ningún tipo de piedad. Llegaron a Claude, impasible y desinteresado, solemne como agua clara en medio de la lluvia. Su mirada siempre clavada en el revolver. Llegar a él y convencerlo de trabajar fuera de horas era una tortura, siempre hacia todo acorde a un horario. Pero esta vez la paga era algo que le interesaba mucho, música clásica. Era un privilegio para sus oídos capturar las notas en un silencio sepulcral, donde nada ni nadie perturba la belleza sinfónica. El trato de cerro y Claude partió al último poblado atacado. No hablaba si no era necesario. Planeaba con cuidado cada movimiento, pulía sus habilidades en medio de la batalla, las llevaba a una perfección enfermiza. El carruaje que lo trasladaba se detuvo de golpe. - No puedo llevarlo más allá de este punto, los caballos no... se mueven...- Hablo en conductor recorriendo la cortina, encontrándose con un par de monedas pero sin la imagen del hombre. Entendía muy bien el lenguaje del miedo y que nadie sacrificaría su vida por desconocidos, fuera cual fuera la excusa lo aproximo tanto como pudo al objetivo. Ya establecido un paso firme, el viento helado taciturno golpeo su rostro meciendo su cabello, su mirada impasible vislumbro el pueblo arruinado, el aura que dejaba una masacre era una marca imborrable para un ejecutor que de cerca conocía estos factores. Se adentro, extrañado por una luz en una de las casas. Algo estaba fuera de lugar. ¿Sobrevivientes acaso? ¿Ladrones?. Lo averiguaría a punta de disparos. // Rol privado.
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  • ♡: El pelirrojo se encontraba solo, iluminado únicamente por las luces de la cafetería que atravesaban la ventana a sus espaldas, la banca era sorpresivamente cómoda y la lluvia aproximándose solo creaba una ambientación perfecta para continuar con...lo que sea que estuviese haciendo afuera a tan altas horas de la noche. Sacó un pequeño libro de la bolsa que cargaba consigo y observó la portada, después fijó su mirada sobre la luna, justo frente a él -

    Creo que... si yo tuviese unos zapatos iguales los usaría de inmediato, aunque no tengo la más remota idea de a dónde me llevarían.

    - Sus ojos volvieron de nuevo al libro. Lo abrió justo donde lo había dejado, pero no lo leyó de inmediato, sus ojos pasaban por las palabras sin detenerse hasta que recordó esa frase "no hay lugar como el hogar" -

    No… no es un lugar… - corrigió, con un pequeño gesto de frustración - es… algo más...
    ♡: El pelirrojo se encontraba solo, iluminado únicamente por las luces de la cafetería que atravesaban la ventana a sus espaldas, la banca era sorpresivamente cómoda y la lluvia aproximándose solo creaba una ambientación perfecta para continuar con...lo que sea que estuviese haciendo afuera a tan altas horas de la noche. Sacó un pequeño libro de la bolsa que cargaba consigo y observó la portada, después fijó su mirada sobre la luna, justo frente a él - Creo que... si yo tuviese unos zapatos iguales los usaría de inmediato, aunque no tengo la más remota idea de a dónde me llevarían. - Sus ojos volvieron de nuevo al libro. Lo abrió justo donde lo había dejado, pero no lo leyó de inmediato, sus ojos pasaban por las palabras sin detenerse hasta que recordó esa frase "no hay lugar como el hogar" - No… no es un lugar… - corrigió, con un pequeño gesto de frustración - es… algo más...
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  • La lluvia daño mi protesis, este definitivamente no es mi día.
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  • Who Are You?
    Categoría Slice of Life
    privado con [legend_green_zebra_692]

    El cielo de la ciudad se deshace en una lluvia fina que hiela el aire.

    Jules llega a la academia mucho antes de que las puertas se abran, destacando entre el gris que todo lo cubre con un abrigo de vinilo transparente sobre un conjunto de punto lavanda y botas de plataforma cromadas que parecen sacadas de una fantasía espacial.

    Entra en la cafetería, un refugio frecuente para ella, buscando animar un poco la mañana con una buena dosis de azúcar.

    Con las mejillas encendidas y los sentidos tentados por los deliciosos aromas, se acerca al mostrador, dejando que su bolso de cuentas iridiscentes repose en la barra. Pide un chocolate caliente mientras la estática baila en sus dedos, rozando el cristal de los postres con una vibración que le hace apartar la mano al instante. Pretende que nada ha pasado mientras sus ojos, enmarcados por un delineado cuidado, rebotan indecisos entre un croissant de almendras y un muffin de arándanos.

    — Dios, qué difícil... —murmura para sí misma, volcando su atención en un cheesecake de chocolate— ¿Si pido uno de cada uno?
    privado con [legend_green_zebra_692] El cielo de la ciudad se deshace en una lluvia fina que hiela el aire. Jules llega a la academia mucho antes de que las puertas se abran, destacando entre el gris que todo lo cubre con un abrigo de vinilo transparente sobre un conjunto de punto lavanda y botas de plataforma cromadas que parecen sacadas de una fantasía espacial. Entra en la cafetería, un refugio frecuente para ella, buscando animar un poco la mañana con una buena dosis de azúcar. Con las mejillas encendidas y los sentidos tentados por los deliciosos aromas, se acerca al mostrador, dejando que su bolso de cuentas iridiscentes repose en la barra. Pide un chocolate caliente mientras la estática baila en sus dedos, rozando el cristal de los postres con una vibración que le hace apartar la mano al instante. Pretende que nada ha pasado mientras sus ojos, enmarcados por un delineado cuidado, rebotan indecisos entre un croissant de almendras y un muffin de arándanos. — Dios, qué difícil... —murmura para sí misma, volcando su atención en un cheesecake de chocolate— ¿Si pido uno de cada uno?
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  • En la vigilia, la paleógrafa podía fingir; en los sueños, la Arcángel recordaba.

    La pesadilla siempre empezaba como un paraíso. En su letargo, la mente humana perdía el control y su esencia divina intentaba expandirse a su tamaño original. De pronto, Raziel volvía a sentir las raíces del Árbol de la Sabiduría enredándose cálidamente en su espina dorsal. Podía escuchar de nuevo la sinfonía de los planetas orbitando, leer los pensamientos de las estrellas y comprender el abecedario de la lluvia. La omnisciencia inundaba su cabeza como luz pura. En su sueño, sentía el tirón en la espalda y sus majestuosas alas doradas se desplegaban, rasgando el viento con esa libertad que solo conocían los seres celestiales.

    —Padre... —rogó en un murmullo roto y tembloroso—. ¿Cuándo volverás? ¿Cuándo terminará este silencio? Te lo ruego... no me dejes olvidarte.
    En la vigilia, la paleógrafa podía fingir; en los sueños, la Arcángel recordaba. La pesadilla siempre empezaba como un paraíso. En su letargo, la mente humana perdía el control y su esencia divina intentaba expandirse a su tamaño original. De pronto, Raziel volvía a sentir las raíces del Árbol de la Sabiduría enredándose cálidamente en su espina dorsal. Podía escuchar de nuevo la sinfonía de los planetas orbitando, leer los pensamientos de las estrellas y comprender el abecedario de la lluvia. La omnisciencia inundaba su cabeza como luz pura. En su sueño, sentía el tirón en la espalda y sus majestuosas alas doradas se desplegaban, rasgando el viento con esa libertad que solo conocían los seres celestiales. —Padre... —rogó en un murmullo roto y tembloroso—. ¿Cuándo volverás? ¿Cuándo terminará este silencio? Te lo ruego... no me dejes olvidarte.
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  • 𝑰 𝑨𝒎 𝑯𝒆𝒓𝒆 𝑵𝒐𝒘
    Categoría Original
    ⊶⊷⊶⊷❍⊶⊷⊶⊷
    Nairis Tzélmur
    ⊶⊷⊶⊷❍⊶⊷⊶⊷


    Los días de lluvia eran especiales para Naelune. No por algo de ella misma, era más bien por lo que la lluvia traía en esos momentos. Aunque no fuera en todos los casos, por mayoría sí que empezaban a sentirse más tristes, decaídos, cuando el clima se oscurecía de esa forma. Le resultaba divertido. Los humanos muchas veces relacionaban la lluvia con melancolía, con cosas que bajaban los ánimos.

    Había otra parte que disfrutaba de ello y se regocijaba; de esos también se alimentaba. Toda emoción lo suficientemente fuerte como para llamar su atención eran de sus preferidas. Significaba más sustento, más para exprimir. Pero... cuando eran negativas, con sufrimiento, daban más amplitud para sus juegos.

    Con un paraguas en mano, sus pasos eran lentos, premeditados casi, mientras se dejaba llevar por su propia percepción de lo que ocurría con cada persona con la que se cruzaba. No sabía exactamente qué o quién causaba tales sensaciones en los demás, para eso debía ser más directa, pero veía cómo se acumulaban, dónde quedaban estancadas. Ella podría ofrecer un alivio temporal, era lo que muchas veces buscaban, pero ninguna persona le interesaba lo suficiente en ese momento.

    Iba a darse por rendida hasta que sus pies se detuvieron de golpe. Fue como una pared invisible con la que estuvo a punto de darse de lleno. Había tanta confusión... tanto temor, duda; una crisis que iba en aumento cual bola de nieve en bajada. Eso sí era interesante. Quería desglosar más cada sentimiento, saber el núcleo de cada uno para tratarlos "mejor".

    Cambió su rumbo, sin apresurarse, pues la persona no parecía estar moviéndose, así que se tomó su tiempo, alejándose de las calles más ajetreadas hasta llegar a una parada de autobús. Ahí mismo había una joven sentada, la fuente que Naelune perseguía.

    La zona apenas estaba alumbrada por un poste de luz que se veía estaba en sus últimos momentos de vida útil. Emitía una luz cálida en vano, pues los colores alrededor eran tan fríos y apagados que no daban lugar a que esa iluminación diera algún tipo de cobijo.

    Continuó para acercarse lo suficiente, con una suave sonrisa en sus labios que delataba su diversión interna. Sin embargo, a cierta cercanía, de repente sintió otra cosa: un odio profundo, tan grande que no podía darle ninguna escala. Era muy diferente al odio del que se haya alimentado antes o que solo haya percibido. No la paralizó, pero sí que despertó más la curiosidad, porque hasta lo sentía un poco ajeno. ¿Venía de esa chica también?

    —No creo que llegue ningún autobús... el temporal ha dejado las calles poco transitables. —comentó con una calma que rozaba la frialdad por más que su rostro estaba atento a la joven. Ojos blancos y brillantes que la miraban fijo.

    '¿Qué es lo que te atormenta tanto?' se preguntó, empezando a trazar un plan para averiguarlo a toda costa.
    ⊶⊷⊶⊷❍⊶⊷⊶⊷ [Possesed_By_Myself] ⊶⊷⊶⊷❍⊶⊷⊶⊷ Los días de lluvia eran especiales para Naelune. No por algo de ella misma, era más bien por lo que la lluvia traía en esos momentos. Aunque no fuera en todos los casos, por mayoría sí que empezaban a sentirse más tristes, decaídos, cuando el clima se oscurecía de esa forma. Le resultaba divertido. Los humanos muchas veces relacionaban la lluvia con melancolía, con cosas que bajaban los ánimos. Había otra parte que disfrutaba de ello y se regocijaba; de esos también se alimentaba. Toda emoción lo suficientemente fuerte como para llamar su atención eran de sus preferidas. Significaba más sustento, más para exprimir. Pero... cuando eran negativas, con sufrimiento, daban más amplitud para sus juegos. Con un paraguas en mano, sus pasos eran lentos, premeditados casi, mientras se dejaba llevar por su propia percepción de lo que ocurría con cada persona con la que se cruzaba. No sabía exactamente qué o quién causaba tales sensaciones en los demás, para eso debía ser más directa, pero veía cómo se acumulaban, dónde quedaban estancadas. Ella podría ofrecer un alivio temporal, era lo que muchas veces buscaban, pero ninguna persona le interesaba lo suficiente en ese momento. Iba a darse por rendida hasta que sus pies se detuvieron de golpe. Fue como una pared invisible con la que estuvo a punto de darse de lleno. Había tanta confusión... tanto temor, duda; una crisis que iba en aumento cual bola de nieve en bajada. Eso sí era interesante. Quería desglosar más cada sentimiento, saber el núcleo de cada uno para tratarlos "mejor". Cambió su rumbo, sin apresurarse, pues la persona no parecía estar moviéndose, así que se tomó su tiempo, alejándose de las calles más ajetreadas hasta llegar a una parada de autobús. Ahí mismo había una joven sentada, la fuente que Naelune perseguía. La zona apenas estaba alumbrada por un poste de luz que se veía estaba en sus últimos momentos de vida útil. Emitía una luz cálida en vano, pues los colores alrededor eran tan fríos y apagados que no daban lugar a que esa iluminación diera algún tipo de cobijo. Continuó para acercarse lo suficiente, con una suave sonrisa en sus labios que delataba su diversión interna. Sin embargo, a cierta cercanía, de repente sintió otra cosa: un odio profundo, tan grande que no podía darle ninguna escala. Era muy diferente al odio del que se haya alimentado antes o que solo haya percibido. No la paralizó, pero sí que despertó más la curiosidad, porque hasta lo sentía un poco ajeno. ¿Venía de esa chica también? —No creo que llegue ningún autobús... el temporal ha dejado las calles poco transitables. —comentó con una calma que rozaba la frialdad por más que su rostro estaba atento a la joven. Ojos blancos y brillantes que la miraban fijo. '¿Qué es lo que te atormenta tanto?' se preguntó, empezando a trazar un plan para averiguarlo a toda costa.
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  • —Se quedó allí en silencio, parado bajo la lluvia mirando la luna en silencio, por primera vez en mucho tiempo no había calma en su mirada, no había tranquilidad... luego de terminar esa conversación con esa vieja amiga que tanto quería, se sentía diferente, incluso se sentía solo... solo dejo escapar una risita llena de tristeza y resignación mientras susurra más para si mismo que para alguien más “Ni siquiera siendo amor… fui suficiente para que te quedaras.”—
    —Se quedó allí en silencio, parado bajo la lluvia mirando la luna en silencio, por primera vez en mucho tiempo no había calma en su mirada, no había tranquilidad... luego de terminar esa conversación con esa vieja amiga que tanto quería, se sentía diferente, incluso se sentía solo... solo dejo escapar una risita llena de tristeza y resignación mientras susurra más para si mismo que para alguien más “Ni siquiera siendo amor… fui suficiente para que te quedaras.”—
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  • #Past

    El reinado de Iván el terrible había dejado una cicatriz en la tierra que sangraría hasta que el cielo se quiebre, tierras diezmadas, familias extintas y la fe tanto en dios como en la supervivencia decrecía con cada salir de la luna. Podría ser instinto o como quieran llamarlo, pero ya sabia lo que le esperaba, desde lejos podía oler los acrílicos incendiados mientras corría a toda velocidad a su casa.

    — No no no no no por favor, no ella, no eso. Por favor…

    En un momento dado las palabras cesaron de ser un sonido y comenzaron a retumbar pesadamente en su cabeza, tanto que su vista estaba casi nublada, ¿o serían las lágrimas? Imposible saber con la escasa preocupación por sí misma que tenía en ese momento, su mente estaba teñida de rojo con una furia que pocas veces había sentido. Al llegar pudo ver los escombros, el edificio estaba consumido hasta los cimientos, ¿su unidad habitacional? Fue lo primero que se fue abajo. Cayó de rodillas con una expresión vacía, sin lágrimas, sin gritos, solo un pequeño susurro casi inaudible escapando de sus labios entreabiertos, Ditru apareció unas horas después, corriendo igual que ella, y se detuvo en seco al verla allí arrodillada cubierta de nieve y cenizas en el centro de los escombros abrazando una máscara que en algún momento fue blanca sobre su regazo, cantando una canción de cuna mientras lloraba.

    — Zhazmin… lo siento… realmente quería creer que no sucedería, pero tenemos que irnos de inmediato antes de que regresen, sabes que esto fue una provocación para sacarnos de nuestro agujero y funciono, por favor, ven conmigo.

    El viejo cazador simplemente colocó su mano en el hombro de la jovencita y como si destrozara un encantamiento la dama estallo en un grito visceral, un doloroso berrinche que renegaba haber perdido lo único que amaba en ese triste mundo, que rogaba al cielo que le dejara morir para poder reunirse con ella. Morozov hacía mucho tiempo que estaba en el submundo, sabía la lluvia de flechas que se acercaba y quería llevarse a su niña del lugar, de un rápido y seco golpe a la nuca la dejo tendida sobre la ceniza inconsciente, alzándola en brazos junto a la máscara para llevarla al carro que llego detrás de él.

    — Descuida pequeña. Me encargaré que sus restos descansen junto a tu hogar. Pero aún no es tu momento…

    La siguiente noche recibió a la luna con la misma estampa que el día anterior, una niña cubierta de nieve sosteniendo un memento, rezando para morir.
    #Past El reinado de Iván el terrible había dejado una cicatriz en la tierra que sangraría hasta que el cielo se quiebre, tierras diezmadas, familias extintas y la fe tanto en dios como en la supervivencia decrecía con cada salir de la luna. Podría ser instinto o como quieran llamarlo, pero ya sabia lo que le esperaba, desde lejos podía oler los acrílicos incendiados mientras corría a toda velocidad a su casa. — No no no no no por favor, no ella, no eso. Por favor… En un momento dado las palabras cesaron de ser un sonido y comenzaron a retumbar pesadamente en su cabeza, tanto que su vista estaba casi nublada, ¿o serían las lágrimas? Imposible saber con la escasa preocupación por sí misma que tenía en ese momento, su mente estaba teñida de rojo con una furia que pocas veces había sentido. Al llegar pudo ver los escombros, el edificio estaba consumido hasta los cimientos, ¿su unidad habitacional? Fue lo primero que se fue abajo. Cayó de rodillas con una expresión vacía, sin lágrimas, sin gritos, solo un pequeño susurro casi inaudible escapando de sus labios entreabiertos, Ditru apareció unas horas después, corriendo igual que ella, y se detuvo en seco al verla allí arrodillada cubierta de nieve y cenizas en el centro de los escombros abrazando una máscara que en algún momento fue blanca sobre su regazo, cantando una canción de cuna mientras lloraba. — Zhazmin… lo siento… realmente quería creer que no sucedería, pero tenemos que irnos de inmediato antes de que regresen, sabes que esto fue una provocación para sacarnos de nuestro agujero y funciono, por favor, ven conmigo. El viejo cazador simplemente colocó su mano en el hombro de la jovencita y como si destrozara un encantamiento la dama estallo en un grito visceral, un doloroso berrinche que renegaba haber perdido lo único que amaba en ese triste mundo, que rogaba al cielo que le dejara morir para poder reunirse con ella. Morozov hacía mucho tiempo que estaba en el submundo, sabía la lluvia de flechas que se acercaba y quería llevarse a su niña del lugar, de un rápido y seco golpe a la nuca la dejo tendida sobre la ceniza inconsciente, alzándola en brazos junto a la máscara para llevarla al carro que llego detrás de él. — Descuida pequeña. Me encargaré que sus restos descansen junto a tu hogar. Pero aún no es tu momento… La siguiente noche recibió a la luna con la misma estampa que el día anterior, una niña cubierta de nieve sosteniendo un memento, rezando para morir.
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