• (Otro) Mal día
    Fandom Oc's, criminal minds, 911, etc, no powers au
    Categoría Otros
    Había tomado el café de la mañana más de una vez, sentía una incomodidad más intensa de la normal. El regalo aún estaba sobre la mesa, era obvio que le encantaría el obsequio, estaba segura. Por desgracia no lo estaba de llevarlo hasta la homenajeada

    Por suerte tenía el resto del día para pensarlo, tomó lo más importante: su bolsa, llaves y cigarros. Lista para comenzar su rutina en el trabajo. De salida notó que su puerta estaba algo recia, a veces se ponía así en tiempos de lluvia, era de esa madera mala que se hinchaba solo con pasarle por al lado con vaso con agua. Lo único raro era que no había llovido en días. Eso levantó sus sospechas y la hizo revisar la parte inferior de esta. En efecto, la puerta tenía una nota, escrita en un cartón grueso, para que se notara, supuso. La nota era de aquel vecino que era como un padre para ella, se había quedado sin café y sin tiempo para comprar más así que le pedía de favor que se encargara de eso.

    Anotando en su mente ese pequeño desvío se dirigió hacia la salida del edificio dos pisos abajo incluyendo el suyo. El lugar favorito de su vecino no quedaba muy lejos de su trabajo. Era una pequeña tienda a mediación de calle en donde vendían café hecho y en bolsas. El odio a las filas largas es algo común entre la gente, pero para Narelle en específico era una tortura así que solo rezaba porque el lugar estuviera vacío.

    Frente a ella solo vió a una persona en la fila, por suerte. La persona frente a ella le sonrió y la dejó pasar, al parecer no encontraba su dinero. Narelle le agradeció y tomó su turno, compró lo que debía y se fué. Iba a penas por la esquina de esa calle cuando sintió un estruendo que la hizo voltear. De un momento a otro el lugar estaba en llamas, no parecía haber tantos heridos debido a que el lugar estaba casi vacío. Su instinto la hizo correr hacia la cafetería, dejando sus compras y su bolsa en el suelo y solo llevando su teléfono con ella. Rápidamente llamó a los bomberos mientras le gritaba todos que se alejara, que era paramédico y sabía que podría volver a explotar dependiendo de el motivo inicial.

    Entre la multitud de encontró con que había alguien en el suelo, la persona que le había dado el turno minutos antes. Ayudó a que se levantara y ambos se movieron un poco lejos del lugar. Enseguida le dió primeros auxilios hasta que por fin reaccionó

    —Estás bien? Puedes respirar bien o moverte? Sabes qué pasó allí?

    Se quedó mirando, esperando una reacción de esa persona, una respuesta
    Había tomado el café de la mañana más de una vez, sentía una incomodidad más intensa de la normal. El regalo aún estaba sobre la mesa, era obvio que le encantaría el obsequio, estaba segura. Por desgracia no lo estaba de llevarlo hasta la homenajeada Por suerte tenía el resto del día para pensarlo, tomó lo más importante: su bolsa, llaves y cigarros. Lista para comenzar su rutina en el trabajo. De salida notó que su puerta estaba algo recia, a veces se ponía así en tiempos de lluvia, era de esa madera mala que se hinchaba solo con pasarle por al lado con vaso con agua. Lo único raro era que no había llovido en días. Eso levantó sus sospechas y la hizo revisar la parte inferior de esta. En efecto, la puerta tenía una nota, escrita en un cartón grueso, para que se notara, supuso. La nota era de aquel vecino que era como un padre para ella, se había quedado sin café y sin tiempo para comprar más así que le pedía de favor que se encargara de eso. Anotando en su mente ese pequeño desvío se dirigió hacia la salida del edificio dos pisos abajo incluyendo el suyo. El lugar favorito de su vecino no quedaba muy lejos de su trabajo. Era una pequeña tienda a mediación de calle en donde vendían café hecho y en bolsas. El odio a las filas largas es algo común entre la gente, pero para Narelle en específico era una tortura así que solo rezaba porque el lugar estuviera vacío. Frente a ella solo vió a una persona en la fila, por suerte. La persona frente a ella le sonrió y la dejó pasar, al parecer no encontraba su dinero. Narelle le agradeció y tomó su turno, compró lo que debía y se fué. Iba a penas por la esquina de esa calle cuando sintió un estruendo que la hizo voltear. De un momento a otro el lugar estaba en llamas, no parecía haber tantos heridos debido a que el lugar estaba casi vacío. Su instinto la hizo correr hacia la cafetería, dejando sus compras y su bolsa en el suelo y solo llevando su teléfono con ella. Rápidamente llamó a los bomberos mientras le gritaba todos que se alejara, que era paramédico y sabía que podría volver a explotar dependiendo de el motivo inicial. Entre la multitud de encontró con que había alguien en el suelo, la persona que le había dado el turno minutos antes. Ayudó a que se levantara y ambos se movieron un poco lejos del lugar. Enseguida le dió primeros auxilios hasta que por fin reaccionó —Estás bien? Puedes respirar bien o moverte? Sabes qué pasó allí? Se quedó mirando, esperando una reacción de esa persona, una respuesta
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  • -en lo alto de un edificio, se encontraba una mujer con una mirada fría, bajo la lluvia, no le importaba mojarse, solo cumplir lo que le ordenaron. buscaba su objetivo usando un franco tirador, para ser más exactos un remington 700, lo seguia con la mira del arma, buscando la oportunidad perfecta para disparar-

    No es personal, nunca lo es... Pero hoy debes morir

    -Murmurro para si misma, en el momento que encontro la oportunidad, estaba lista para jalar el gatillo-
    -en lo alto de un edificio, se encontraba una mujer con una mirada fría, bajo la lluvia, no le importaba mojarse, solo cumplir lo que le ordenaron. buscaba su objetivo usando un franco tirador, para ser más exactos un remington 700, lo seguia con la mira del arma, buscando la oportunidad perfecta para disparar- No es personal, nunca lo es... Pero hoy debes morir -Murmurro para si misma, en el momento que encontro la oportunidad, estaba lista para jalar el gatillo-
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  • Cuentan (aunque nadie se atreve a preguntarle)que hubo un tiempo en que Hakuja no conocía el miedo. La serpiente blanca no albergaba malicia en su corazón; era antigua, sí, pero no cruel, después de todo había visto siglos pasar.

    Aquella noche, la lluvia caía con una insistencia casi dolorosa cuando lo encontró: un humano herido, apenas consciente, abandonado a su suerte; Hakuja no dudó y enroscó su cuerpo alrededor de él, no para aprisionarlo sino para protegerlo del frío, cubríendo su respiración como si fuera un tesoro. Lo cuidó hasta que el humano despertó y sus ojos se encontraron: los de ella, grandes y translúcidos, llenos de una calma imposible; los de él… llenos de intención, porque donde Hakuja veía vida, él vio oportunidad.

    Esperó lo suficiente, paciente en su miseria, hasta que el cansancio venció a la criatura que nunca aprendió a desconfiar, y cuando Hakuja cerró los ojos, el humano mostró lo que realmente era: con manos torpes, movidas por codicia y miedo, desgarró su párpado sin honor ni duelo, solo violencia cruda, y arrancó uno de sus ojos como si fuera un objeto, no parte de un ser que sentía; el bosque entero guardó silencio, con horror.

    Hakuja despertó con un grito que no pertenecía a este mundo… pero no atacó, no lo persiguió, no buscó venganza ni reclamó lo que era suyo; solo lloró, y sus lágrimas, pesadas marcaban la tierra como si el suelo mismo recordara su dolor, porque lo que realmente se rompió no fue su cuerpo sino su creencia: había pensado que si era buena, el mundo lo sería también, y esa idea fue lo que la destruyó por dentro.

    Dicen que sus sollozos viajaron tan lejos que incluso un dios los escuchó, uno cruel, cansado del ruido del mundo; descendió no por compasión, sino por curiosidad, y lo que encontró lo detuvo: una criatura poderosa, rota no por debilidad, sino por haber creído demasiado.

    Sin palabras, el dios se acercó, al tocarla, cerró la herida y devolvió el ojo a su lugar; entonces Hakuja alzó la mirada, y por primera vez en su larga existencia no había fe en ella… solo silencio.

    Desde entonces sigue vagando, noble y gentil pero aun con el dolor de no comprender qué hizo para merecer aquel ataque.
    Cuentan (aunque nadie se atreve a preguntarle)que hubo un tiempo en que Hakuja no conocía el miedo. La serpiente blanca no albergaba malicia en su corazón; era antigua, sí, pero no cruel, después de todo había visto siglos pasar. Aquella noche, la lluvia caía con una insistencia casi dolorosa cuando lo encontró: un humano herido, apenas consciente, abandonado a su suerte; Hakuja no dudó y enroscó su cuerpo alrededor de él, no para aprisionarlo sino para protegerlo del frío, cubríendo su respiración como si fuera un tesoro. Lo cuidó hasta que el humano despertó y sus ojos se encontraron: los de ella, grandes y translúcidos, llenos de una calma imposible; los de él… llenos de intención, porque donde Hakuja veía vida, él vio oportunidad. Esperó lo suficiente, paciente en su miseria, hasta que el cansancio venció a la criatura que nunca aprendió a desconfiar, y cuando Hakuja cerró los ojos, el humano mostró lo que realmente era: con manos torpes, movidas por codicia y miedo, desgarró su párpado sin honor ni duelo, solo violencia cruda, y arrancó uno de sus ojos como si fuera un objeto, no parte de un ser que sentía; el bosque entero guardó silencio, con horror. Hakuja despertó con un grito que no pertenecía a este mundo… pero no atacó, no lo persiguió, no buscó venganza ni reclamó lo que era suyo; solo lloró, y sus lágrimas, pesadas marcaban la tierra como si el suelo mismo recordara su dolor, porque lo que realmente se rompió no fue su cuerpo sino su creencia: había pensado que si era buena, el mundo lo sería también, y esa idea fue lo que la destruyó por dentro. Dicen que sus sollozos viajaron tan lejos que incluso un dios los escuchó, uno cruel, cansado del ruido del mundo; descendió no por compasión, sino por curiosidad, y lo que encontró lo detuvo: una criatura poderosa, rota no por debilidad, sino por haber creído demasiado. Sin palabras, el dios se acercó, al tocarla, cerró la herida y devolvió el ojo a su lugar; entonces Hakuja alzó la mirada, y por primera vez en su larga existencia no había fe en ella… solo silencio. Desde entonces sigue vagando, noble y gentil pero aun con el dolor de no comprender qué hizo para merecer aquel ataque.
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  • —...
    *El dios defectuoso se encontraba debajo de la lluvía en medio de un bosque oscuro, con cada minuto la lluvia se volvía mas fuerte pero aún así el conejo avanzó para adelante, en un momento luego de avanzar un largo tiempo; mort se detuvo al encontrarse con Hiro . El conejo dudó un poco pero se acercó al robot*
    —niño.. ¿Estas bien? No deberías estar afuera con este clima tan fuerte
    —... *El dios defectuoso se encontraba debajo de la lluvía en medio de un bosque oscuro, con cada minuto la lluvia se volvía mas fuerte pero aún así el conejo avanzó para adelante, en un momento luego de avanzar un largo tiempo; mort se detuvo al encontrarse con [Hiritox3] . El conejo dudó un poco pero se acercó al robot* —niño.. ¿Estas bien? No deberías estar afuera con este clima tan fuerte
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  • La lluvia me relaja... ¿a ti no?
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  • Las lluvias han arriado velas y se han largado mar adentro… y ahora el sol vuelve a calentar la cubierta
    Las lluvias han arriado velas y se han largado mar adentro… y ahora el sol vuelve a calentar la cubierta
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  • // OPEN ROL// Ok con respuesta en mensaje privado, nuevo tema o en comentarios.//

    ────────────────────────────────────────

    Todos podemos caer, todos podemos fallar. Pero existe un momento aún más peligroso que la caída misma: ese instante silencioso en el que la mente se abre apenas lo suficiente para que los viejos horrores respiren desde dentro.

    Las pesadillas no siempre nacen afuera; muchas veces viven agazapadas en lo profundo, esperando pacientemente el momento de debilidad que les permita filtrarse. Incluso los monstruos que dominan la noche conocen esa sensación. Incluso los depredadores que han sobrevivido siglos entienden lo que es la vulnerabilidad.


    La noche llegó con su elegancia habitual, como un telón de terciopelo cayendo sobre la ciudad, y con ella la necesidad natural de alimentarse de Zenith.

    Para la mujer aquello no era una urgencia salvaje, sino un ritual casi íntimo: el mismo camino discreto, el mismo bar de luces cálidas donde el humo de cigarro y el olor a alcohol barato se mezclaban con la música suave y las conversaciones sin importancia.


    Un lugar perfecto para que un depredador civilizado pasara desapercibido entre humanos que jamás sospecharían lo que caminaba entre ellos.


    Pero apenas cruzó la puerta supo que algo estaba mal...muuuy mal.


    No fue un ruido. Fue la ausencia de todos ellos.
    En lugar del aroma rancio del tabaco y el whisky, su olfato captó algo distinto: cloro, pero debajo de este, escondido como una firma imposible de ocultar… pólvora.


    Caminó hacia la barra con pasos tranquilos, elegantes, como si nada en el mundo pudiera perturbar su calma. El lugar estaba impecable; las mesas alineadas, el suelo húmedo como si alguien hubiese intentado borrar todo rastro de vida.
    Se sentó lentamente en uno de los taburetes y apoyó los codos sobre la madera pulida mientras su mirada se levantaba hacia el espejo que colgaba detrás de la barra, aquel espejo donde ella no se reflejaba.
    Una pequeña sonrisa apareció en sus labios, una mezcla de diversión y desprecio que apenas curvó la comisura de su boca.


    ─── ¿Todo esto para cazarme solo a mí?

    Preguntó con una calma casi insultante mientras se levantaba apoyando su torso en la barra buscando alguna botella y darles a aquellos tipos la vista de su ropa interior de encaje que se alcanzaba a ver en el bode de su vestido corto.

    Cuando tomó una botella de whisky regreso a sentarse bebiendo directamente de la botella.

    ─── Debe ser triste creer que mi tranquilidad significa debilidad.

    El sonido de varios seguros de armas deslizándose al mismo tiempo rompió el silencio. Un instante después, las luces se apagaron de golpe y la oscuridad se apoderó del lugar.

    El primer disparo llegó acompañado por el estallido de los cristales cuando focos ultravioletas inundaron el bar con una luz brutal, seguida por una lluvia de balas trazadoras que cortaron el aire con precisión militar.

    Pero para cuando los cazadores comenzaron a disparar, la silla en la que ella estaba sentada ya estaba vacía.

    El primer hombre apenas alcanzó a girar la cabeza antes de sentir cómo algo se movía detrás de él con una velocidad imposible. Su garganta se abrió en un instante y su cuerpo cayó al suelo mientras el segundo disparaba una escopeta cargada con estacas comprimidas que atravesaron la barra de madera.

    Ella apareció a su lado como una sombra sólida, torció el arma con una fuerza sobrehumana y lo arrojó contra una mesa que se partió en dos con el impacto.

    Los atacantes descendieron desde las vigas y las escaleras laterales con disciplina perfecta: trajes tácticos, máscaras filtradas, armas modificadas para enfrentar criaturas como ella. Granadas de plata rodaron por el suelo antes de detonar con destellos blancos; redes metálicas electrificadas se dispararon desde dispositivos montados en los brazos; rifles automáticos vomitaron munición especializada diseñada para penetrar carne inmortal.

    Claramente habían estudiado cada mito, cada debilidad, cada historia transmitida entre generaciones de cazadores.

    --Pero cometieron un error.--

    Pensaron que estaban cazando a una simple vampiresa. Y en realidad estaban atacando a una criatura que llevaba siglos perfeccionando la guerra.

    Ella se movió entre los disparos con la fluidez de una danza mortal las balas no rozaban ni su cabello mientras saltaba sobre la barra destruida y arrebataba un arma de las manos de uno de los cazadores para vaciar el cargador a quemarropa contra sus propios compañeros.

    Otro intentó atraparla con una cadena electrificada, pero ella la sujetó en el aire, tiró de ella con violencia y lo arrastró hasta estrellarlo contra el suelo con tal fuerza que el impacto resonó en todo el bar.

    Un flash más reveló aquel rostro de bestia, fauces enormes, colmillos bañados en sangre.

    En menos de cinco muntos, el silencio regresó.

    El humo flotaba en el aire mezclado con el olor metálico de la sangre. Cuerpos yacían esparcidos entre las mesas rotas, las luces de emergencia parpadeaban en rojo.

    Ella permanecía de pie en el centro del bar, completamente inmóvil, observando la escena como si simplemente evaluara una obra mal ejecutada.


    Uno de los hombres aún respiraba.
    Se arrastraba hacia la puerta dejando un rastro oscuro detrás de él.

    Zenith caminó hacia él con pasos tranquilos, el sonido de sus tacones resonando sobre el suelo húmedo mientras se agachaba frente a su rostro. Sus ojos brillaban en la penumbra con un fulgor antiguo, algo que no pertenecía del todo a este mundo.
    ─── La próxima vez…
    Murmuró mientras su brazo cambia a una ala de murciélago.
    ─── entiendan que cantidad no es igual a calidad.

    Detrás de ella, el espejo del bar volvió a temblar con el parpadeo de las luces de emergencia, y por un instante su reflejo de bestia hibrida apareció brevemente en el cristal como si algo en la oscuridad hubiera decidido reconocer su presencia.

    Ella lo notó, aunque no dijo nada, porque en ese preciso momento comprendió que aquella emboscada no fue casualidad, alguien ya estaba detrás de ella....otra vez.

    Era hora de irse, no solo del bar, si no de esa zona por completo.
    // OPEN ROL// Ok con respuesta en mensaje privado, nuevo tema o en comentarios.// ──────────────────────────────────────── Todos podemos caer, todos podemos fallar. Pero existe un momento aún más peligroso que la caída misma: ese instante silencioso en el que la mente se abre apenas lo suficiente para que los viejos horrores respiren desde dentro. Las pesadillas no siempre nacen afuera; muchas veces viven agazapadas en lo profundo, esperando pacientemente el momento de debilidad que les permita filtrarse. Incluso los monstruos que dominan la noche conocen esa sensación. Incluso los depredadores que han sobrevivido siglos entienden lo que es la vulnerabilidad. La noche llegó con su elegancia habitual, como un telón de terciopelo cayendo sobre la ciudad, y con ella la necesidad natural de alimentarse de Zenith. Para la mujer aquello no era una urgencia salvaje, sino un ritual casi íntimo: el mismo camino discreto, el mismo bar de luces cálidas donde el humo de cigarro y el olor a alcohol barato se mezclaban con la música suave y las conversaciones sin importancia. Un lugar perfecto para que un depredador civilizado pasara desapercibido entre humanos que jamás sospecharían lo que caminaba entre ellos. Pero apenas cruzó la puerta supo que algo estaba mal...muuuy mal. No fue un ruido. Fue la ausencia de todos ellos. En lugar del aroma rancio del tabaco y el whisky, su olfato captó algo distinto: cloro, pero debajo de este, escondido como una firma imposible de ocultar… pólvora. Caminó hacia la barra con pasos tranquilos, elegantes, como si nada en el mundo pudiera perturbar su calma. El lugar estaba impecable; las mesas alineadas, el suelo húmedo como si alguien hubiese intentado borrar todo rastro de vida. Se sentó lentamente en uno de los taburetes y apoyó los codos sobre la madera pulida mientras su mirada se levantaba hacia el espejo que colgaba detrás de la barra, aquel espejo donde ella no se reflejaba. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios, una mezcla de diversión y desprecio que apenas curvó la comisura de su boca. ─── ¿Todo esto para cazarme solo a mí? Preguntó con una calma casi insultante mientras se levantaba apoyando su torso en la barra buscando alguna botella y darles a aquellos tipos la vista de su ropa interior de encaje que se alcanzaba a ver en el bode de su vestido corto. Cuando tomó una botella de whisky regreso a sentarse bebiendo directamente de la botella. ─── Debe ser triste creer que mi tranquilidad significa debilidad. El sonido de varios seguros de armas deslizándose al mismo tiempo rompió el silencio. Un instante después, las luces se apagaron de golpe y la oscuridad se apoderó del lugar. El primer disparo llegó acompañado por el estallido de los cristales cuando focos ultravioletas inundaron el bar con una luz brutal, seguida por una lluvia de balas trazadoras que cortaron el aire con precisión militar. Pero para cuando los cazadores comenzaron a disparar, la silla en la que ella estaba sentada ya estaba vacía. El primer hombre apenas alcanzó a girar la cabeza antes de sentir cómo algo se movía detrás de él con una velocidad imposible. Su garganta se abrió en un instante y su cuerpo cayó al suelo mientras el segundo disparaba una escopeta cargada con estacas comprimidas que atravesaron la barra de madera. Ella apareció a su lado como una sombra sólida, torció el arma con una fuerza sobrehumana y lo arrojó contra una mesa que se partió en dos con el impacto. Los atacantes descendieron desde las vigas y las escaleras laterales con disciplina perfecta: trajes tácticos, máscaras filtradas, armas modificadas para enfrentar criaturas como ella. Granadas de plata rodaron por el suelo antes de detonar con destellos blancos; redes metálicas electrificadas se dispararon desde dispositivos montados en los brazos; rifles automáticos vomitaron munición especializada diseñada para penetrar carne inmortal. Claramente habían estudiado cada mito, cada debilidad, cada historia transmitida entre generaciones de cazadores. --Pero cometieron un error.-- Pensaron que estaban cazando a una simple vampiresa. Y en realidad estaban atacando a una criatura que llevaba siglos perfeccionando la guerra. Ella se movió entre los disparos con la fluidez de una danza mortal las balas no rozaban ni su cabello mientras saltaba sobre la barra destruida y arrebataba un arma de las manos de uno de los cazadores para vaciar el cargador a quemarropa contra sus propios compañeros. Otro intentó atraparla con una cadena electrificada, pero ella la sujetó en el aire, tiró de ella con violencia y lo arrastró hasta estrellarlo contra el suelo con tal fuerza que el impacto resonó en todo el bar. Un flash más reveló aquel rostro de bestia, fauces enormes, colmillos bañados en sangre. En menos de cinco muntos, el silencio regresó. El humo flotaba en el aire mezclado con el olor metálico de la sangre. Cuerpos yacían esparcidos entre las mesas rotas, las luces de emergencia parpadeaban en rojo. Ella permanecía de pie en el centro del bar, completamente inmóvil, observando la escena como si simplemente evaluara una obra mal ejecutada. Uno de los hombres aún respiraba. Se arrastraba hacia la puerta dejando un rastro oscuro detrás de él. Zenith caminó hacia él con pasos tranquilos, el sonido de sus tacones resonando sobre el suelo húmedo mientras se agachaba frente a su rostro. Sus ojos brillaban en la penumbra con un fulgor antiguo, algo que no pertenecía del todo a este mundo. ─── La próxima vez… Murmuró mientras su brazo cambia a una ala de murciélago. ─── entiendan que cantidad no es igual a calidad. Detrás de ella, el espejo del bar volvió a temblar con el parpadeo de las luces de emergencia, y por un instante su reflejo de bestia hibrida apareció brevemente en el cristal como si algo en la oscuridad hubiera decidido reconocer su presencia. Ella lo notó, aunque no dijo nada, porque en ese preciso momento comprendió que aquella emboscada no fue casualidad, alguien ya estaba detrás de ella....otra vez. Era hora de irse, no solo del bar, si no de esa zona por completo.
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  • Un lugar desconocido
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    | Rol abierto. Si gustas, puedes responder. |



    La noche del viernes había llegado a su fin. Comenzaba un nuevo día. Pero para Elias era el comienzo de otro infierno. Ya no sabía qué podría ser mejor, si no recordar y saber que igual cometía cosas horribles o todas las consecuencias posteriores.

    Todavía no recordaba nada, tenía una bruma mental que no le permitía siquiera acordarse cómo es que su cuerpo se transformó la noche anterior. Sin embargo, lo que tenía era dolor. Desde muscular y óseo hasta una jaqueca que no lo dejaba mover demasiado los ojos. También sentía un horrible dolor estomacal, parecía estar revolviéndose con violencia.

    Sintió algo de frío y húmedo. Pero no tuvo tiempo de registrar nada. Tuvo que darse la vuelta (pues estaba de espaldas) para apoyarse en el suelo con ambas manos antes de comenzar a vomitar. El contenido que salía de su boca era espeso, con algún que otro resto sólido que... no sabía lo que era exactamente y tampoco quiso averiguarlo. Tenía un hedor nauseabundo que provocaba que vomitara más. Además el color era completamente negro. Para ese punto sus ojos estaban acumulando un poco de lágrimas al no poder detenerse y por el olor horrible.

    Cuando finalmente cesó, pasó el dorso de su mano izquierda por su boca para limpiarse un poco. Luego levantó la vista con lentitud.

    "Entonces el hedor no era sólo del vómito" pensó mientras se dio cuenta que estaba en un vertedero. Lo malo es que no lo conocía (ya había estado en otro antes). Lo iba a pensar mejor después. Primero lo primero: conseguir ropa. Estaba desnudo y no quería llegar a casa en ese estado.

    Como pudo se puso de pie, el dolor haciéndose más presente aún en lo que se estabilizaba. Cerró los ojos un momento, dolía el tenerlos abiertos. "No hay de otra".

    Empezó a caminar para buscar si por ahí habría algo que le sirviera para cubrirse. Apenas dio tres pasos cuando el ruido de un trueno irrumpió el silencio, poco después siendo seguido por una fuerte lluvia. Ya lo imaginó por cómo el cielo estaba tan gris. Lo bueno es que iba a poder quitarse el barro y sangre que tuviera en la piel.

    Tras unos diez minutos de estar buscando encontró un overall que más o menos le quedaba. No se podía permitir lujos en ese momento y, de todos modos, tampoco estaba tan roto. Solo algo descocido en ciertas zonas, pero daba igual. Se lo colocó con más dificultad de la que le gustó. Después se puso en marcha para buscar la salida. Por suerte no le costó demasiado, viendo la ciudad a lo lejos.

    Suspiró. Estaba cansado, el dolor era constante y no creía poder llegar. Tuvo que esforzarse en cambiar esa mentalidad. Así, a pura fuerza de voluntad caminó en dirección a todos los edificios a la distancia.

    Pasó el tiempo, no supo cuánto, hasta que pudo pisar concreto, tratando de dirigirse hacia el centro. Sin embargo, algo estaba mal.

    No conocía en absoluto la ciudad.

    Eso nunca ocurrió antes. Siempre se despertaba en SU ciudad o alrededores o lugares donde podía ubicarse fácilmente. Ahora era distinto y eso hizo que las ganas de desplomarse aumentaran. ¿Dónde diablos estaba?
    | Rol abierto. Si gustas, puedes responder. | La noche del viernes había llegado a su fin. Comenzaba un nuevo día. Pero para Elias era el comienzo de otro infierno. Ya no sabía qué podría ser mejor, si no recordar y saber que igual cometía cosas horribles o todas las consecuencias posteriores. Todavía no recordaba nada, tenía una bruma mental que no le permitía siquiera acordarse cómo es que su cuerpo se transformó la noche anterior. Sin embargo, lo que tenía era dolor. Desde muscular y óseo hasta una jaqueca que no lo dejaba mover demasiado los ojos. También sentía un horrible dolor estomacal, parecía estar revolviéndose con violencia. Sintió algo de frío y húmedo. Pero no tuvo tiempo de registrar nada. Tuvo que darse la vuelta (pues estaba de espaldas) para apoyarse en el suelo con ambas manos antes de comenzar a vomitar. El contenido que salía de su boca era espeso, con algún que otro resto sólido que... no sabía lo que era exactamente y tampoco quiso averiguarlo. Tenía un hedor nauseabundo que provocaba que vomitara más. Además el color era completamente negro. Para ese punto sus ojos estaban acumulando un poco de lágrimas al no poder detenerse y por el olor horrible. Cuando finalmente cesó, pasó el dorso de su mano izquierda por su boca para limpiarse un poco. Luego levantó la vista con lentitud. "Entonces el hedor no era sólo del vómito" pensó mientras se dio cuenta que estaba en un vertedero. Lo malo es que no lo conocía (ya había estado en otro antes). Lo iba a pensar mejor después. Primero lo primero: conseguir ropa. Estaba desnudo y no quería llegar a casa en ese estado. Como pudo se puso de pie, el dolor haciéndose más presente aún en lo que se estabilizaba. Cerró los ojos un momento, dolía el tenerlos abiertos. "No hay de otra". Empezó a caminar para buscar si por ahí habría algo que le sirviera para cubrirse. Apenas dio tres pasos cuando el ruido de un trueno irrumpió el silencio, poco después siendo seguido por una fuerte lluvia. Ya lo imaginó por cómo el cielo estaba tan gris. Lo bueno es que iba a poder quitarse el barro y sangre que tuviera en la piel. Tras unos diez minutos de estar buscando encontró un overall que más o menos le quedaba. No se podía permitir lujos en ese momento y, de todos modos, tampoco estaba tan roto. Solo algo descocido en ciertas zonas, pero daba igual. Se lo colocó con más dificultad de la que le gustó. Después se puso en marcha para buscar la salida. Por suerte no le costó demasiado, viendo la ciudad a lo lejos. Suspiró. Estaba cansado, el dolor era constante y no creía poder llegar. Tuvo que esforzarse en cambiar esa mentalidad. Así, a pura fuerza de voluntad caminó en dirección a todos los edificios a la distancia. Pasó el tiempo, no supo cuánto, hasta que pudo pisar concreto, tratando de dirigirse hacia el centro. Sin embargo, algo estaba mal. No conocía en absoluto la ciudad. Eso nunca ocurrió antes. Siempre se despertaba en SU ciudad o alrededores o lugares donde podía ubicarse fácilmente. Ahora era distinto y eso hizo que las ganas de desplomarse aumentaran. ¿Dónde diablos estaba?
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Witsi Witsi araña subió a su telaraña,
    Vino la lluvia y se la llevó.
    Salió el sol y se secó la lluvia,
    Y Witsi Witsi araña otra vez subió.
    Witsi Witsi araña subió a su telaraña, Vino la lluvia y se la llevó. Salió el sol y se secó la lluvia, Y Witsi Witsi araña otra vez subió.
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  • La lluvia arreciaba.

    Los terrenos de Shin'ya se hacían presentes.

    Era momento de encontrar a alguien. ¿Un bocadillo? ¿Su próxima obsesión? ¿Un juguete difícil de romper?

    La emoción le invadía, pero su rostro sereno lo ocultaba.

    El falso dios estaba ahí para ayudar a quien buscara refugio, de la lluvia que él ocasionaba.

    ⸻⸻ 𝖤𝗌 𝗎𝗇𝖺 𝖿𝗎𝖾𝗋𝗍𝖾 𝗅𝗅𝗎𝗏𝗂𝖺. 𝖵𝖾𝗇 𝖼𝗈𝗇𝗆𝗂𝗀𝗈.
    La lluvia arreciaba. Los terrenos de Shin'ya se hacían presentes. Era momento de encontrar a alguien. ¿Un bocadillo? ¿Su próxima obsesión? ¿Un juguete difícil de romper? La emoción le invadía, pero su rostro sereno lo ocultaba. El falso dios estaba ahí para ayudar a quien buscara refugio, de la lluvia que él ocasionaba. ⸻⸻ 𝖤𝗌 𝗎𝗇𝖺 𝖿𝗎𝖾𝗋𝗍𝖾 𝗅𝗅𝗎𝗏𝗂𝖺. 𝖵𝖾𝗇 𝖼𝗈𝗇𝗆𝗂𝗀𝗈.
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