• |Rol libre:

    Zhamira caminó por el pasillo con la espalda recta y la mirada al frente, como si los susurros no existieran. Pero existían. Siempre existían.
    —“Ahí va la hija de la concubina…”
    —“Seguro quiere atención…”
    Las risas apagadas no la hacían bajar la cabeza. Al contrario, parecían templar su carácter. Cuando una compañera dejó caer “accidentalmente” sus libros frente a ella, Zhamira no dudó en sostenerle la mirada.
    —Si vas a hablar de mí, hazlo fuerte —respondió con voz firme—. Así al menos no parecerá que tienes miedo.
    El silencio fue incómodo. Nadie esperaba que contestara con tanta seguridad. Ella recogió sus propios cuadernos, acomodó su uniforme y entró al aula como si nada hubiese pasado.
    Minutos después, el profesor anunció la llegada de un estudiante transferido. Un murmullo curioso recorrió la sala mientras el chico entraba, algo desorientado pero con una sonrisa educada.
    —Puedes sentarte al fondo, junto a Zhamira —indicó el docente.
    Varias miradas se cruzaron con sorpresa y malicia. Ella, en cambio, simplemente levantó la vista desde su cuaderno.
    El nuevo se acomodó a su lado.
    —Hola… soy nuevo aquí. Parece que llegué en mal momento —susurró con una pequeña risa nerviosa.
    Zhamira lo observó unos segundos antes de responder.
    —Aquí nunca es mal momento. Solo tienes que aprender a ignorar el ruido.
    —¿El ruido?
    Ella sonrió apenas.
    —Los rumores, los cuchicheos… este lugar tiene más drama que tareas.
    Él soltó una risa genuina.
    —Entonces creo que me sentaron junto a la guía turística indicada.
    —No te emociones —replicó ella, cruzándose de brazos con aire orgulloso—. No doy tours gratis.
    La conversación fluyó con inesperada naturalidad. Hablaron de asignaturas, del uniforme incómodo y de lo extraño que era cambiar de escuela a mitad de año. Él la vio como alguien segura, directa, incluso divertida. No como la chica aislada que el resto murmuraba odiar.
    Y mientras el resto de la clase los observaba en silencio, Zhamira se permitió algo que rara vez hacía: relajarse.
    Por primera vez en mucho tiempo, alguien la miraba sin prejuicios.
    Y él aún no sabía que estaba sentado junto a la chica más odiada del salón.
    |Rol libre: Zhamira caminó por el pasillo con la espalda recta y la mirada al frente, como si los susurros no existieran. Pero existían. Siempre existían. —“Ahí va la hija de la concubina…” —“Seguro quiere atención…” Las risas apagadas no la hacían bajar la cabeza. Al contrario, parecían templar su carácter. Cuando una compañera dejó caer “accidentalmente” sus libros frente a ella, Zhamira no dudó en sostenerle la mirada. —Si vas a hablar de mí, hazlo fuerte —respondió con voz firme—. Así al menos no parecerá que tienes miedo. El silencio fue incómodo. Nadie esperaba que contestara con tanta seguridad. Ella recogió sus propios cuadernos, acomodó su uniforme y entró al aula como si nada hubiese pasado. Minutos después, el profesor anunció la llegada de un estudiante transferido. Un murmullo curioso recorrió la sala mientras el chico entraba, algo desorientado pero con una sonrisa educada. —Puedes sentarte al fondo, junto a Zhamira —indicó el docente. Varias miradas se cruzaron con sorpresa y malicia. Ella, en cambio, simplemente levantó la vista desde su cuaderno. El nuevo se acomodó a su lado. —Hola… soy nuevo aquí. Parece que llegué en mal momento —susurró con una pequeña risa nerviosa. Zhamira lo observó unos segundos antes de responder. —Aquí nunca es mal momento. Solo tienes que aprender a ignorar el ruido. —¿El ruido? Ella sonrió apenas. —Los rumores, los cuchicheos… este lugar tiene más drama que tareas. Él soltó una risa genuina. —Entonces creo que me sentaron junto a la guía turística indicada. —No te emociones —replicó ella, cruzándose de brazos con aire orgulloso—. No doy tours gratis. La conversación fluyó con inesperada naturalidad. Hablaron de asignaturas, del uniforme incómodo y de lo extraño que era cambiar de escuela a mitad de año. Él la vio como alguien segura, directa, incluso divertida. No como la chica aislada que el resto murmuraba odiar. Y mientras el resto de la clase los observaba en silencio, Zhamira se permitió algo que rara vez hacía: relajarse. Por primera vez en mucho tiempo, alguien la miraba sin prejuicios. Y él aún no sabía que estaba sentado junto a la chica más odiada del salón.
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  • UMBRELLA CORPORATION
    DIVISIÓN DE SEGURIDAD – U.S.S.
    CLASIFICACIÓN: NIVEL ROJO

    CALLSIGN: LONE WOLF
    NACIONALIDAD: Canadiense
    EDAD: 32–35 (aprox.)
    FORMACIÓN ACADÉMICA: Ingeniería aplicada / Logística estructural (verificado)
    ESTADO CIVIL: No declarado
    CONTACTOS DE EMERGENCIA: No registrados

    ESPECIALIZACIÓN:
    – Contención biológica en entornos urbanos
    – Extracción de activos de alto valor
    – Neutralización selectiva
    – Operaciones con visibilidad reducida

    EVALUACIÓN PSICOLÓGICA:
    Operativo altamente funcional.
    Tendencia al análisis independiente.
    Moralidad residual identificada; no interfiere con desempeño en el 93% de los casos documentados.
    Recomendación: mantener en equipos pequeños o en asignaciones de autonomía controlada.

    OBSERVACIONES DE CAMPO:
    – Cumple órdenes sin demora visible.
    – Presenta micro-pausas previas a ejecución bajo escenarios con presencia civil.
    – Rendimiento superior al promedio en condiciones de estrés prolongado.
    – Baja interacción interpersonal; no genera fricción operativa.

    RIESGO:
    Moderado.
    No por inestabilidad, sino por criterio.

    NOTA INTERNA:
    El sujeto no muestra signos de radicalización ni deslealtad.
    Sin embargo, conserva un núcleo de juicio individual no completamente alineado con protocolos corporativos.

    Monitoreo pasivo recomendado.
    UMBRELLA CORPORATION DIVISIÓN DE SEGURIDAD – U.S.S. CLASIFICACIÓN: NIVEL ROJO CALLSIGN: LONE WOLF NACIONALIDAD: Canadiense EDAD: 32–35 (aprox.) FORMACIÓN ACADÉMICA: Ingeniería aplicada / Logística estructural (verificado) ESTADO CIVIL: No declarado CONTACTOS DE EMERGENCIA: No registrados ESPECIALIZACIÓN: – Contención biológica en entornos urbanos – Extracción de activos de alto valor – Neutralización selectiva – Operaciones con visibilidad reducida EVALUACIÓN PSICOLÓGICA: Operativo altamente funcional. Tendencia al análisis independiente. Moralidad residual identificada; no interfiere con desempeño en el 93% de los casos documentados. Recomendación: mantener en equipos pequeños o en asignaciones de autonomía controlada. OBSERVACIONES DE CAMPO: – Cumple órdenes sin demora visible. – Presenta micro-pausas previas a ejecución bajo escenarios con presencia civil. – Rendimiento superior al promedio en condiciones de estrés prolongado. – Baja interacción interpersonal; no genera fricción operativa. RIESGO: Moderado. No por inestabilidad, sino por criterio. NOTA INTERNA: El sujeto no muestra signos de radicalización ni deslealtad. Sin embargo, conserva un núcleo de juicio individual no completamente alineado con protocolos corporativos. Monitoreo pasivo recomendado.
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    — Despójate de tus ambiciones mundanas antes de entrar. Has sido admitido en presencia de la encarnación del rayo. Aquí, el tiempo se detiene y solo prevalece la Eternidad. Observa bien, pues mi voluntad es el juicio final.
    — Despójate de tus ambiciones mundanas antes de entrar. Has sido admitido en presencia de la encarnación del rayo. Aquí, el tiempo se detiene y solo prevalece la Eternidad. Observa bien, pues mi voluntad es el juicio final.⚡️
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    ╔═══ೋೋೋ ❖ೋೋೋ═══╗
    𝕴𝖘𝖍𝖙𝖆𝖗’𝖘 𝖁𝖊𝖝
    Revista Oficial — Ishtar´s Demonic Déesse Infernal Glamour
    ╚═══ೋೋೋ ❖ೋೋೋ═══╝

    ✦ ═══════ • ✧ • ═══════ ✦

    ☀ EDICIÓN: The Sun’s Reckoning
    ✦ TEMA CENTRAL: Destino vs Voluntad Divina
    ✦ ESTILO: Fantasía Apocalíptica Editorial
    ✦ CLASIFICACIÓN: Edición Mítica Suprema

    ✦ ═══════ • ✧ • ═══════ ✦

    ⚔ MODELOS ESTELARES EN PORTADA ⚔

    ╭─〔 ❄ REX HIROSHI JAEGERJAQUEZ ISHTAR ❄ 〕─╮
    ✦ Guerrero Astral del Juicio Helado
    ✦ Portador de la Blade of the Frozen Star
    ✦ Aura: Determinación Glacial
    ✦ Símbolo: Voluntad que desafía el destino
    ╰────────────────────────╯

    ╭─〔 IGNIA ISHTAR 〕─╮
    ✦ Heraldo Solar del Juicio Final
    ✦ Armas: Arcos Divinos Gemelos
    ✦ Aura: Supremacía Celestial
    ✦ Símbolo: Destino inevitable
    ╰────────────────────────╯

    ✦ ═══════ • ✧ • ═══════ ✦

    ESCENA EDITORIAL
    En el instante donde el universo se fractura,
    dos linajes divinos chocan bajo un sol que estalla.
    No es batalla… es profecía manifestándose.

    ✦ ═══════ • ✧ • ═══════ ✦

    DIRECCIÓN CREATIVA
    ➤ Concepto: Belleza en el Caos Divino
    ➤ Inspiración: Mitología Astral + Alta Costura Bélica
    ➤ Mensaje:

    El poder no se hereda… se despierta.

    ✦ ═══════ • ✧ • ═══════ ✦

    VALOR LORE EDITORIAL
    Esta edición marca el inicio de la Saga Ishtar y es conocida como:
    “La Portada que Despertó a los Dioses.”

    ✦ ═══════ • ✧ • ═══════ ✦

    ✧ RANGO DE LA REVISTA: Reliquia Visual Legendaria
    ✧ ESTATUS: Coleccionable de Dimensión Mítica

    ╔═══ೋೋೋ ❖ೋೋೋ═══╗
    ISHTAR’S VEX — NO ES MODA, ES DESTINO.
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    ╔═══ೋೋೋ ❖ೋೋೋ═══╗ 🔥 𝕴𝖘𝖍𝖙𝖆𝖗’𝖘 𝖁𝖊𝖝 🔥 Revista Oficial — Ishtar´s Demonic Déesse Infernal Glamour ╚═══ೋೋೋ ❖ೋೋೋ═══╝ ✦ ═══════ • ✧ • ═══════ ✦ ☀ EDICIÓN: The Sun’s Reckoning ✦ TEMA CENTRAL: Destino vs Voluntad Divina ✦ ESTILO: Fantasía Apocalíptica Editorial ✦ CLASIFICACIÓN: Edición Mítica Suprema ✦ ═══════ • ✧ • ═══════ ✦ ⚔ MODELOS ESTELARES EN PORTADA ⚔ ╭─〔 ❄ REX HIROSHI JAEGERJAQUEZ ISHTAR ❄ 〕─╮ ✦ Guerrero Astral del Juicio Helado ✦ Portador de la Blade of the Frozen Star ✦ Aura: Determinación Glacial ✦ Símbolo: Voluntad que desafía el destino ╰────────────────────────╯ ╭─〔 🔥 IGNIA ISHTAR 🔥 〕─╮ ✦ Heraldo Solar del Juicio Final ✦ Armas: Arcos Divinos Gemelos ✦ Aura: Supremacía Celestial ✦ Símbolo: Destino inevitable ╰────────────────────────╯ ✦ ═══════ • ✧ • ═══════ ✦ 🌌 ESCENA EDITORIAL En el instante donde el universo se fractura, dos linajes divinos chocan bajo un sol que estalla. No es batalla… es profecía manifestándose. ✦ ═══════ • ✧ • ═══════ ✦ 👑 DIRECCIÓN CREATIVA ➤ Concepto: Belleza en el Caos Divino ➤ Inspiración: Mitología Astral + Alta Costura Bélica ➤ Mensaje: El poder no se hereda… se despierta. ✦ ═══════ • ✧ • ═══════ ✦ 📜 VALOR LORE EDITORIAL Esta edición marca el inicio de la Saga Ishtar y es conocida como: “La Portada que Despertó a los Dioses.” ✦ ═══════ • ✧ • ═══════ ✦ ✧ RANGO DE LA REVISTA: Reliquia Visual Legendaria ✧ ESTATUS: Coleccionable de Dimensión Mítica ╔═══ೋೋೋ ❖ೋೋೋ═══╗ ISHTAR’S VEX — NO ES MODA, ES DESTINO. ╚═══ೋೋೋ ❖ೋೋೋ═══╝
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  • Caminare frime hasta el fimal y el comiemzo del ragnarök , y mi juicio .
    Caminare frime hasta el fimal y el comiemzo del ragnarök , y mi juicio .
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  • ¿Qué es más valioso: el sacrificio de Jesús o que un padre se sacrifique por su hijo?
    Yo también moriría por tus pecados si resucitara al tercer día.
    Hay una diferencia abismal entre el padre que muere para que su hijo viva y el semidiós que se deja ejecutar sabiendo que su sangre comprará la adoración de los siglos.
    El sacrificio de un humano es trágico porque es definitivo; el de un Dios es teatral porque es reversible.
    Si sabes que vas a resucitar y que serás el centro de la historia, morir no es un sacrifico, es una inversión de capital simbólico.
    El ego de Dios requiere un mártir para poder ejercer el perdón.
    ¿Por qué un Dios omnipotente necesita sangre para "limpiar" errores?
    Es el colmo de la vanidad: crear un sistema donde la única moneda de cambio es la agonía de su propio hijo.
    No fue un acto de entrega, fue una puesta en escena de poder.
    Se necesitó un libro y una estructura religiosa para convencerte de que ese evento fue "grande", cuando en realidad, cualquier madre que muere por su hijo en una calle oscura, sin cámaras ni evangelios, tiene una dignidad moral infinitamente superior.
    Ella pierde su todo para siempre; Él solo perdió un fin de semana para ganar la eternidad.
    El "sacrificio" es el anzuelo para que te sientas eternamente en deuda.
    Notas que ésto genera un vínculo de apego ansioso.
    Te hacen sentir culpable de una muerte que no pediste para que aceptes una salvación que no puedes rechazar.
    El "amor" de Jesús es la herramienta perfecta del ego divino: "Mira lo que hice por ti, ahora dame tu voluntad".
    Al final, no fue amor, fue el pago de una fianza en un juicio donde el Juez, el Verdugo y el Abogado son la misma persona.
    ¿Qué es más valioso: el sacrificio de Jesús o que un padre se sacrifique por su hijo? Yo también moriría por tus pecados si resucitara al tercer día. Hay una diferencia abismal entre el padre que muere para que su hijo viva y el semidiós que se deja ejecutar sabiendo que su sangre comprará la adoración de los siglos. El sacrificio de un humano es trágico porque es definitivo; el de un Dios es teatral porque es reversible. Si sabes que vas a resucitar y que serás el centro de la historia, morir no es un sacrifico, es una inversión de capital simbólico. El ego de Dios requiere un mártir para poder ejercer el perdón. ¿Por qué un Dios omnipotente necesita sangre para "limpiar" errores? Es el colmo de la vanidad: crear un sistema donde la única moneda de cambio es la agonía de su propio hijo. No fue un acto de entrega, fue una puesta en escena de poder. Se necesitó un libro y una estructura religiosa para convencerte de que ese evento fue "grande", cuando en realidad, cualquier madre que muere por su hijo en una calle oscura, sin cámaras ni evangelios, tiene una dignidad moral infinitamente superior. Ella pierde su todo para siempre; Él solo perdió un fin de semana para ganar la eternidad. El "sacrificio" es el anzuelo para que te sientas eternamente en deuda. Notas que ésto genera un vínculo de apego ansioso. Te hacen sentir culpable de una muerte que no pediste para que aceptes una salvación que no puedes rechazar. El "amor" de Jesús es la herramienta perfecta del ego divino: "Mira lo que hice por ti, ahora dame tu voluntad". Al final, no fue amor, fue el pago de una fianza en un juicio donde el Juez, el Verdugo y el Abogado son la misma persona.
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  • Me quedare asi sola , sin amar a nadie con la luz del final esperando por mi en el dia del juicio
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  • ¿Cambiarías algo de tu pasado si pudieras...?

    [Alemania. - Berlín. - En el piso de Morana. - 22:18]

    El aire frío se colaba por la puerta del balcón, combatiendo con el vapor que salía del baño por ocupar la estancia. El ambiente parecía normal, solitario, quizás, pues el piso debería estar vacío ahora mismo.

    La escena en el baño era lo suficientemente normal. Morana dándose una ducha, el ruido del agua cayendo era lo único rompiendo el silencio que se había instalado en el lugar.

    La mirada de Morana, esos espejos plateados que todo lo veían, que tanto analizaban a los demás, esa mirada normalmente impasible, indescifrable, ahora revelaba todo lo que nadie era capaz de ver...

    Sus ojos eran dos cascadas de lágrimas.
    Su cuerpo era la cárcel.
    Su mente era el verdugo.
    Los recuerdos eran su cicuta.

    Los gritos eran audibles incluso tras un milenio, los recuerdos eran tan intensos que podía sentir que estaba nuevamente allí, observando como toda su familia ardía, como su esposo ardía, asesinados por un pueblo que ella amaba, por una fe que ella compartía.

    Cerró el grifo de la ducha, sus pasos eran lentos, llenos de duda y con un rostro que no reflejaba la vorágine que anidaba en ella. Su mirada se posó en el centro de su pecho, en el lugar donde un corazón debía latir, no quedaba más que el recuerdo, un órgano que apenas funcionaba, literal y metafóricamente.

    Fue alzándose, hasta que se encontró con sus propios ojos, y donde otros solamente verían a una mujer, ella veía una mirada llena de juicio, un odio tan intenso que si las miradas mataran, ella hubiera muerto 1000 veces. Se despreciaba a si misma, desde el inicio fue el origen de todos los problemas ¿Quizás el mundo hubiera sido mejor si ella nunca hubiera nacido?

    Tenerla a ella sería la perdición de su familia.
    Su madre perdió su título.
    Su padre comenzó a abusar de ambas.
    Su esposo perdió un ojo protegiéndola.

    Y finalmente, todos perdieron la vida de la misma forma horrible, ardiendo entre las llamas, rodeados de los insultos de una muchedumbre.

    Mientras aún lloraba, su rostro se llenó de rabia y con rapidez, propinó un golpe al cristal que reflejaba su desgracia. — ¡Cállate! — La desesperación era palpable en su voz ¿A quién se dirigía? Seguramente ni ella lo sabía... Quizás una plegaria en vano a su mente. — ¡Yo no elegí esta vida!¡Yo no elegí nacer así! — Se llevó una mano a la cabeza, haciendo su pelo mojado hacia atrás, mientras observó su otra mano, la cual, temblorosa, se acercó hacia su pecho.

    La sangre brotaba del reciente corte, aunque la herida ya se estaba cerrando... Su inmortalidad era una cárcel, la vida era su penitencia. — Yo no los maté a todos... — Su voz salió más débil, con una tristeza que era impensable ver en ella. — Gerhard... Te juro que no fue mi culpa... — Comenzó a sollozar, palabras vacías, sabía bien que era la responsable de todo lo que había ocurrido... Aunque nunca lo hubiera deseado. — No puedo más... Por favor... — Otra súplica en vano...

    Se encogió, apoyando el pecho sobre sus rodillas, y con una lentitud que reflejaba su pérdida de fuerzas, cayó hacia un lado. El frío del suelo le caló hasta los huesos más fuerte de lo que debería mientras las lágrimas fluían cual cascada.

    Allí, con su impotencia se mantuvo, llorando a todo pulmón, una escena que nadie deberá ver, pues su tortura es lo único que hace que pueda seguir considerándose humana.
    ¿Cambiarías algo de tu pasado si pudieras...? [Alemania. - Berlín. - En el piso de Morana. - 22:18] El aire frío se colaba por la puerta del balcón, combatiendo con el vapor que salía del baño por ocupar la estancia. El ambiente parecía normal, solitario, quizás, pues el piso debería estar vacío ahora mismo. La escena en el baño era lo suficientemente normal. Morana dándose una ducha, el ruido del agua cayendo era lo único rompiendo el silencio que se había instalado en el lugar. La mirada de Morana, esos espejos plateados que todo lo veían, que tanto analizaban a los demás, esa mirada normalmente impasible, indescifrable, ahora revelaba todo lo que nadie era capaz de ver... Sus ojos eran dos cascadas de lágrimas. Su cuerpo era la cárcel. Su mente era el verdugo. Los recuerdos eran su cicuta. Los gritos eran audibles incluso tras un milenio, los recuerdos eran tan intensos que podía sentir que estaba nuevamente allí, observando como toda su familia ardía, como su esposo ardía, asesinados por un pueblo que ella amaba, por una fe que ella compartía. Cerró el grifo de la ducha, sus pasos eran lentos, llenos de duda y con un rostro que no reflejaba la vorágine que anidaba en ella. Su mirada se posó en el centro de su pecho, en el lugar donde un corazón debía latir, no quedaba más que el recuerdo, un órgano que apenas funcionaba, literal y metafóricamente. Fue alzándose, hasta que se encontró con sus propios ojos, y donde otros solamente verían a una mujer, ella veía una mirada llena de juicio, un odio tan intenso que si las miradas mataran, ella hubiera muerto 1000 veces. Se despreciaba a si misma, desde el inicio fue el origen de todos los problemas ¿Quizás el mundo hubiera sido mejor si ella nunca hubiera nacido? Tenerla a ella sería la perdición de su familia. Su madre perdió su título. Su padre comenzó a abusar de ambas. Su esposo perdió un ojo protegiéndola. Y finalmente, todos perdieron la vida de la misma forma horrible, ardiendo entre las llamas, rodeados de los insultos de una muchedumbre. Mientras aún lloraba, su rostro se llenó de rabia y con rapidez, propinó un golpe al cristal que reflejaba su desgracia. — ¡Cállate! — La desesperación era palpable en su voz ¿A quién se dirigía? Seguramente ni ella lo sabía... Quizás una plegaria en vano a su mente. — ¡Yo no elegí esta vida!¡Yo no elegí nacer así! — Se llevó una mano a la cabeza, haciendo su pelo mojado hacia atrás, mientras observó su otra mano, la cual, temblorosa, se acercó hacia su pecho. La sangre brotaba del reciente corte, aunque la herida ya se estaba cerrando... Su inmortalidad era una cárcel, la vida era su penitencia. — Yo no los maté a todos... — Su voz salió más débil, con una tristeza que era impensable ver en ella. — Gerhard... Te juro que no fue mi culpa... — Comenzó a sollozar, palabras vacías, sabía bien que era la responsable de todo lo que había ocurrido... Aunque nunca lo hubiera deseado. — No puedo más... Por favor... — Otra súplica en vano... Se encogió, apoyando el pecho sobre sus rodillas, y con una lentitud que reflejaba su pérdida de fuerzas, cayó hacia un lado. El frío del suelo le caló hasta los huesos más fuerte de lo que debería mientras las lágrimas fluían cual cascada. Allí, con su impotencia se mantuvo, llorando a todo pulmón, una escena que nadie deberá ver, pues su tortura es lo único que hace que pueda seguir considerándose humana.
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  • ♧ ¿Ahora te doy miedo? Por favor… no haría nada… a menos que tengas oscuras intenciones al acercarte. En ese caso, sí te destriparía (?) -Últimamente había permanecido entre las sombras, cada paso, cada silencio, tenía un propósito, recuperar el territorio que alguna vez le perteneció. El caos se acercaba cada vez más… y eso, eso encendía su alma. La hacía arder. La despertaba.

    Que tiemblen, entonces. Porque de las sombras no surge la duda… surge el juicio.





    // Lamento la ausencia. No me morí por si las dudas (?) JAJA. La vida de adulto...
    ♧ ¿Ahora te doy miedo? Por favor… no haría nada… a menos que tengas oscuras intenciones al acercarte. En ese caso, sí te destriparía (?) -Últimamente había permanecido entre las sombras, cada paso, cada silencio, tenía un propósito, recuperar el territorio que alguna vez le perteneció. El caos se acercaba cada vez más… y eso, eso encendía su alma. La hacía arder. La despertaba. Que tiemblen, entonces. Porque de las sombras no surge la duda… surge el juicio. // Lamento la ausencia. No me morí por si las dudas (?) JAJA. La vida de adulto...
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  • I'll use you as a focal point, so I don't lose sight of what I want
    Fandom Harry Potter
    Categoría Fantasía
    STARTER

    La biblioteca siempre era el lugar seguro para Hermione, su refugio cuando necesitaba concentrarse o relajarse, y también cuando estaba furiosa y no quería soltar palabras mordaces que pocos solían entender como un insulto o un ataque, entonces necesitaba aislarse. El aroma a pergamino antiguo, de algún modo, le recordaba que mientras tuviera un libro frente a ella, el caos del mundo exterior —la nieve, los T.I.M.O. o, desde hacía unas horas, la insoportable idea de compartir un caldero con un compañero de clase tan prejuicioso como lo era Malfoy— podía quedar reducido a un ruido de fondo.

    Aún así, esa tarde nada parecía funcionar, y el silencio de la biblioteca la resultaba sofocante.

    Frente a ella descansaba el tomo de "𝑇𝑒𝑜𝑟𝜄́𝑎 𝑑𝑒 𝑀𝑎𝑔𝑖𝑎 𝐷𝑒𝑓𝑒𝑛𝑠𝑖𝑣𝑎", de Wilbert Slinkhard, libro que había leído en su totalidad dos veces antes del inicio de clases creyendo que ése año finalmente podría superar a su mejor amigo en la materia que mejor se le daba (a él, claramente). Eso no estaba ocurriendo. De hecho, esa misma mañana había vuelto a fallar al querer conjurar un hechizo durante la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Mientras Harry lograba desviar un ataque con un movimiento fluido de muñeca, ella se había quedado allí, con la cara ligeramente ruborizada de la vergüenza tras que su varita emitiera un chispazo plateado en lugar de un escudo que la protegiera en su totalidad.

    La teoría la tenía dominada. ¿Pero la ejecución? Se sentía como intentar gritar bajo el agua.

    Ya vería cómo realizarlo. Ahora debía repasar otros encantamientos, como por ejemplo...

    ...el 𝐌𝐨𝐛𝐢𝐥𝐢𝐜𝐨𝐫𝐩𝐮𝐬. Sus dedos recorrieron las líneas gastadas del manual, deteniéndose en la descripción de los "hilos invisibles". El texto explicaba cómo el hechizo debía anclarse en tres puntos de presión específicos: las muñecas, el cuello y las rodillas. "𝑄𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑙𝑜 𝑙𝑎𝑛𝑧𝑎 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜𝑙𝑎𝑟 𝑎 𝑠𝑢 𝑜𝑏𝑗𝑒𝑡𝑖𝑣𝑜 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑖 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑎 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑟𝑖𝑜𝑛𝑒𝑡𝑎", leyó frunciendo el ceño. No solo debía elevar el cuerpo, sino también sostenerlo.

    Cerró los ojos un instante, tratando de visualizar cómo debía verse el hechizo en acción. En la teoría, el Mobilicorpus era una extensión lógica de los encantamientos de levitación básicos que había aprendido en sus inicios en Hogwarts, pero éste requería una sintonía de su destreza física que aún no dominaba. Si todavía no podía crear un escudo de manera no verbal, ¿cómo esperaba manejar la complejidad de mover un cuerpo entero con la precisión que exigía el texto? Porque esa palabra, 𝐩𝐫𝐞𝐜𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧, se repetía varias veces a lo largo de la descripción.

    Al volver a abrir los ojos, las letras sobre las hojas parecieron bailar frente a ella mientras intentaba enfocarse. La frustración, que hasta entonces había mantenido controlada, se convirtió en una llama. Una que se reflejó inmediatamente en su mirada cuando la desvió inevitablemente hacia el pergamino que asomaba bajo su libro de defensa. Era la nota de Snape.

    Su profesor le había asignado una nueva tarea hacia el final de la clase de Pociones, cuando ya no quedaba nadie más que ella dentro del aula, con esa voz siseante y monótona que le recordaba lo poco que se agradaban mutuamente. Por "𝑜́𝑟𝑑𝑒𝑛𝑒𝑠 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑜𝑟", se requería una provisión extra de Poción Matalobos ya que Snape estaría abocado a otras tareas para la Orden. Era una tarea extremadamente delicada cuyo margen de error debía ser nulo, y por eso se necesitaban dos de los mejores alumnos de quinto año. Después de todo, eran pocos los que conocían la existencia de la organización, y no podían arriesgarse a involucrar alumnos de otros años.

    Pero Snape no la había emparejado con alguno de sus amigos, ni siquiera con un Ravenclaw competente que podría estar a su altura — o al menos acercarse a ella. Su compañero era el Slytherin que la odiaba, y que casualmente era también el otro alumno destacado en Pociones.

    Cada vez que leía el nombre "Draco Malfoy" junto al suyo, sentía una punzada de indignación en el estómago. La poción era una de las más peligrosas y difíciles de elaborar; un solo error en el manejo del acónito y los efectos podrían ser catastróficos. Dumbledore confiaba en ella, eso estaba claro, ¿pero por qué obligarla a trabajar con alguien que pasaba la mitad del tiempo burlándose de sus amigos?

    Y al menos ella sabía porqué estaría haciéndola los siguientes meses, como le repitió su profesor antes de dejarla ir, y cuáles eran los beneficios. ¿Pero cómo lograría convencer al otro estudiante? A pesar de su enojo, le intrigaba saber qué había en juego para su, lamentablemente, nuevo compañero. Él no podía saber de la Orden, ni tampoco que estaría ayudando a Lupin, o de seguro se reiría y no aceptaría. ¿Entonces...?

    Luego trataría de averiguarlo.

    Tener que pasar horas en una habitación en el sótano más frío del castillo compartiendo espacio con Draco Malfoy era su idea personal del infierno. El solo pensar en sus comentarios sarcásticos sobre su linaje, acompañados por esa sonrisa estúpida con aires de superioridad, o en las instancias de pelea que generaría solo para hacerla enojar, le quitaban cualquier intención de calmar su enojo.

    La fémina cerró el libro de golpe con un sonido seco que resonó entree las paredes de la biblioteca. El eco pareció despertar a Madam Pince, quien asomó su rostro por encima de una estantería de libros de Transformaciones. Un leve “Lo siento” escapó en un murmullo de sus labios antes de recoger sus cosas.

    «Precisión», recordó mentalmente mientras guardaba el pergamino de Snape dentro de su túnica. Esa palabra aplicaba al hechizo de levitación, y también a la poción que aprendería esa noche.

    Mientras bajaba las escaleras hacia las mazmorras, cargando con una mochila más pesada de lo habitual debido a los tomos extra de consulta que había pedido prestados y a los elementos que Snape le había indicado debía llevar a la sesión, una sensación distinta comenzó a abrirse paso entre la indignación. Estaba enojada aún, más de lo que le gustaría admitir, pero cuanto más vueltas le daba a la idea, más fuerza iba ganando una pequeña chispa de ambición. Un orgullo que no podía ignorar porque había sido elegida, entre tantos alumnos de aquel colegio, por el mismísimo Dumbledore para una tarea que podía salvar vidas. Y era otra oportunidad más para demostrar su valor.

    𝙳𝚁𝙰𝙲𝙾 𝙼𝙰𝙻𝙵𝙾𝚈
    STARTER La biblioteca siempre era el lugar seguro para Hermione, su refugio cuando necesitaba concentrarse o relajarse, y también cuando estaba furiosa y no quería soltar palabras mordaces que pocos solían entender como un insulto o un ataque, entonces necesitaba aislarse. El aroma a pergamino antiguo, de algún modo, le recordaba que mientras tuviera un libro frente a ella, el caos del mundo exterior —la nieve, los T.I.M.O. o, desde hacía unas horas, la insoportable idea de compartir un caldero con un compañero de clase tan prejuicioso como lo era Malfoy— podía quedar reducido a un ruido de fondo. Aún así, esa tarde nada parecía funcionar, y el silencio de la biblioteca la resultaba sofocante. Frente a ella descansaba el tomo de "𝑇𝑒𝑜𝑟𝜄́𝑎 𝑑𝑒 𝑀𝑎𝑔𝑖𝑎 𝐷𝑒𝑓𝑒𝑛𝑠𝑖𝑣𝑎", de Wilbert Slinkhard, libro que había leído en su totalidad dos veces antes del inicio de clases creyendo que ése año finalmente podría superar a su mejor amigo en la materia que mejor se le daba (a él, claramente). Eso no estaba ocurriendo. De hecho, esa misma mañana había vuelto a fallar al querer conjurar un hechizo durante la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Mientras Harry lograba desviar un ataque con un movimiento fluido de muñeca, ella se había quedado allí, con la cara ligeramente ruborizada de la vergüenza tras que su varita emitiera un chispazo plateado en lugar de un escudo que la protegiera en su totalidad. La teoría la tenía dominada. ¿Pero la ejecución? Se sentía como intentar gritar bajo el agua. Ya vería cómo realizarlo. Ahora debía repasar otros encantamientos, como por ejemplo... ...el 𝐌𝐨𝐛𝐢𝐥𝐢𝐜𝐨𝐫𝐩𝐮𝐬. Sus dedos recorrieron las líneas gastadas del manual, deteniéndose en la descripción de los "hilos invisibles". El texto explicaba cómo el hechizo debía anclarse en tres puntos de presión específicos: las muñecas, el cuello y las rodillas. "𝑄𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑙𝑜 𝑙𝑎𝑛𝑧𝑎 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜𝑙𝑎𝑟 𝑎 𝑠𝑢 𝑜𝑏𝑗𝑒𝑡𝑖𝑣𝑜 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑠𝑖 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑎 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑟𝑖𝑜𝑛𝑒𝑡𝑎", leyó frunciendo el ceño. No solo debía elevar el cuerpo, sino también sostenerlo. Cerró los ojos un instante, tratando de visualizar cómo debía verse el hechizo en acción. En la teoría, el Mobilicorpus era una extensión lógica de los encantamientos de levitación básicos que había aprendido en sus inicios en Hogwarts, pero éste requería una sintonía de su destreza física que aún no dominaba. Si todavía no podía crear un escudo de manera no verbal, ¿cómo esperaba manejar la complejidad de mover un cuerpo entero con la precisión que exigía el texto? Porque esa palabra, 𝐩𝐫𝐞𝐜𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧, se repetía varias veces a lo largo de la descripción. Al volver a abrir los ojos, las letras sobre las hojas parecieron bailar frente a ella mientras intentaba enfocarse. La frustración, que hasta entonces había mantenido controlada, se convirtió en una llama. Una que se reflejó inmediatamente en su mirada cuando la desvió inevitablemente hacia el pergamino que asomaba bajo su libro de defensa. Era la nota de Snape. Su profesor le había asignado una nueva tarea hacia el final de la clase de Pociones, cuando ya no quedaba nadie más que ella dentro del aula, con esa voz siseante y monótona que le recordaba lo poco que se agradaban mutuamente. Por "𝑜́𝑟𝑑𝑒𝑛𝑒𝑠 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑑𝑖𝑟𝑒𝑐𝑡𝑜𝑟", se requería una provisión extra de Poción Matalobos ya que Snape estaría abocado a otras tareas para la Orden. Era una tarea extremadamente delicada cuyo margen de error debía ser nulo, y por eso se necesitaban dos de los mejores alumnos de quinto año. Después de todo, eran pocos los que conocían la existencia de la organización, y no podían arriesgarse a involucrar alumnos de otros años. Pero Snape no la había emparejado con alguno de sus amigos, ni siquiera con un Ravenclaw competente que podría estar a su altura — o al menos acercarse a ella. Su compañero era el Slytherin que la odiaba, y que casualmente era también el otro alumno destacado en Pociones. Cada vez que leía el nombre "Draco Malfoy" junto al suyo, sentía una punzada de indignación en el estómago. La poción era una de las más peligrosas y difíciles de elaborar; un solo error en el manejo del acónito y los efectos podrían ser catastróficos. Dumbledore confiaba en ella, eso estaba claro, ¿pero por qué obligarla a trabajar con alguien que pasaba la mitad del tiempo burlándose de sus amigos? Y al menos ella sabía porqué estaría haciéndola los siguientes meses, como le repitió su profesor antes de dejarla ir, y cuáles eran los beneficios. ¿Pero cómo lograría convencer al otro estudiante? A pesar de su enojo, le intrigaba saber qué había en juego para su, lamentablemente, nuevo compañero. Él no podía saber de la Orden, ni tampoco que estaría ayudando a Lupin, o de seguro se reiría y no aceptaría. ¿Entonces...? Luego trataría de averiguarlo. Tener que pasar horas en una habitación en el sótano más frío del castillo compartiendo espacio con Draco Malfoy era su idea personal del infierno. El solo pensar en sus comentarios sarcásticos sobre su linaje, acompañados por esa sonrisa estúpida con aires de superioridad, o en las instancias de pelea que generaría solo para hacerla enojar, le quitaban cualquier intención de calmar su enojo. La fémina cerró el libro de golpe con un sonido seco que resonó entree las paredes de la biblioteca. El eco pareció despertar a Madam Pince, quien asomó su rostro por encima de una estantería de libros de Transformaciones. Un leve “Lo siento” escapó en un murmullo de sus labios antes de recoger sus cosas. «Precisión», recordó mentalmente mientras guardaba el pergamino de Snape dentro de su túnica. Esa palabra aplicaba al hechizo de levitación, y también a la poción que aprendería esa noche. Mientras bajaba las escaleras hacia las mazmorras, cargando con una mochila más pesada de lo habitual debido a los tomos extra de consulta que había pedido prestados y a los elementos que Snape le había indicado debía llevar a la sesión, una sensación distinta comenzó a abrirse paso entre la indignación. Estaba enojada aún, más de lo que le gustaría admitir, pero cuanto más vueltas le daba a la idea, más fuerza iba ganando una pequeña chispa de ambición. Un orgullo que no podía ignorar porque había sido elegida, entre tantos alumnos de aquel colegio, por el mismísimo Dumbledore para una tarea que podía salvar vidas. Y era otra oportunidad más para demostrar su valor. [PUREBL00D]
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