• El ático en el piso cincuenta y dos de Manhattan olía a una mezcla costosa y decadente de perfume francés, tabaco frío y el rastro metálico del champán derramado. Deianira Zhorkeas estaba desplomada sobre el sofá de terciopelo esmeralda, con una pierna colgando hacia el suelo y la otra flexionada, revelando la silueta infinita que le había ganado portadas en las tres ediciones principales de Vogue solo ese año.

    La luz de la luna se filtraba por los ventanales de suelo a techo, iluminando las facciones de una mujer que parecía esculpida en mármol, si el mármol pudiera sudar ansiedad. Sus ojos, de un azul tan pálido que resultaba inquietante, estaban fijos en el techo, dilatados por algo más que la oscuridad. A su lado, sobre la mesa de cristal, descansaba su teléfono —estallando con notificaciones de su equipo de relaciones públicas y propuestas de negocios millonarios— junto a una línea de polvo blanco a medio terminar y una botella de whisky que costaba más que el alquiler mensual de la mayoría de la gente.

    —Qué aburrimiento... —susurró, su voz era una caricia áspera, dañada por los excesos—. Todo este maldito mundo a mis pies y sigo sintiendo que me falta el aire.

    Se incorporó con una gracia felina y peligrosa, el tirante de su vestido de seda deslizándose por su hombro. Deianira no solo era la cara de la moda internacional y la mente tras un imperio de cosméticos; era un agujero negro que devoraba todo a su paso. Su deseo no conocía límites, su sed no tenía fin, y su paciencia para la sobriedad se había agotado hacía años.

    Dio un trago largo directamente de la botella, sintiendo el ardor bajar por su garganta mientras buscaba a ciegas su bolso en busca de "el siguiente nivel". Necesitaba a alguien. No importaba quién, pero necesitaba un cuerpo contra el suyo, una distracción, una nueva forma de autodestruirse o, quizás, alguien que tuviera el valor de intentar seguirle el ritmo.

    Se giró hacia la puerta al escuchar un sonido, con una sonrisa depredadora dibujándose en sus labios pintados de carmín oscuro.

    —Llegas tarde —dijo, sin saber siquiera quién estaba allí, pero dispuesta a convertir a quien fuera en su próximo vicio—. Espero que traigas algo interesante, porque tengo una noche entera que olvidar.
    El ático en el piso cincuenta y dos de Manhattan olía a una mezcla costosa y decadente de perfume francés, tabaco frío y el rastro metálico del champán derramado. Deianira Zhorkeas estaba desplomada sobre el sofá de terciopelo esmeralda, con una pierna colgando hacia el suelo y la otra flexionada, revelando la silueta infinita que le había ganado portadas en las tres ediciones principales de Vogue solo ese año. La luz de la luna se filtraba por los ventanales de suelo a techo, iluminando las facciones de una mujer que parecía esculpida en mármol, si el mármol pudiera sudar ansiedad. Sus ojos, de un azul tan pálido que resultaba inquietante, estaban fijos en el techo, dilatados por algo más que la oscuridad. A su lado, sobre la mesa de cristal, descansaba su teléfono —estallando con notificaciones de su equipo de relaciones públicas y propuestas de negocios millonarios— junto a una línea de polvo blanco a medio terminar y una botella de whisky que costaba más que el alquiler mensual de la mayoría de la gente. —Qué aburrimiento... —susurró, su voz era una caricia áspera, dañada por los excesos—. Todo este maldito mundo a mis pies y sigo sintiendo que me falta el aire. Se incorporó con una gracia felina y peligrosa, el tirante de su vestido de seda deslizándose por su hombro. Deianira no solo era la cara de la moda internacional y la mente tras un imperio de cosméticos; era un agujero negro que devoraba todo a su paso. Su deseo no conocía límites, su sed no tenía fin, y su paciencia para la sobriedad se había agotado hacía años. Dio un trago largo directamente de la botella, sintiendo el ardor bajar por su garganta mientras buscaba a ciegas su bolso en busca de "el siguiente nivel". Necesitaba a alguien. No importaba quién, pero necesitaba un cuerpo contra el suyo, una distracción, una nueva forma de autodestruirse o, quizás, alguien que tuviera el valor de intentar seguirle el ritmo. Se giró hacia la puerta al escuchar un sonido, con una sonrisa depredadora dibujándose en sus labios pintados de carmín oscuro. —Llegas tarde —dijo, sin saber siquiera quién estaba allí, pero dispuesta a convertir a quien fuera en su próximo vicio—. Espero que traigas algo interesante, porque tengo una noche entera que olvidar.
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  • Shoot to thrill, play to kill
    Too many women with too many pills, yeah!!
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    I got my gun at the ready, gonna fire at will, yeah !!!
    Shoot to thrill, play to kill Too many women with too many pills, yeah!! Shoot to thrill, play to kill I got my gun at the ready, gonna fire at will, yeah !!!
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  • Ha permanecido fuera un tiempo, se nota el descuido creciendo en su cabeza.

    " Deberíamos estar cerca. "

    Piensa, ya no lo dicta. Su ánimo está agotado.
    Ha permanecido fuera un tiempo, se nota el descuido creciendo en su cabeza. " Deberíamos estar cerca. " Piensa, ya no lo dicta. Su ánimo está agotado.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    ¡IMPORTANTE! ¡QUIEN SEA O NO SEA MI AMIGO! QUIERO QUE LEAN ESTO!!!

    //Muy bien… Todo lo que voy a decir en esta publicación será completamente fuera de rol.

    Voy a explicar una situación bastante larga para dejar en evidencia a ciertas personas —dos, para ser exacta. A una de ellas aún la respeto, porque no me atacó directamente a mí, sino al personaje que muchos conocen como “Kaida Ichiryūsai, la dragón de sangre”. Y eso lo respeto, porque Kaida es solo un personaje.

    Pero hay otros dos “pjs” —si es que se les puede llamar así— que han estado atacando constantemente a la user detrás de Kaida. Sí, tengo pruebas, y las mostraré más adelante. Primero quiero contar todo con claridad, sin mentiras ni exageraciones.

    Cuando llegué a la app de fic, fui aprendiendo poco a poco cómo funcionaba todo. Empecé a conocer personajes y a rolear con ellos. En ese proceso, Kaida comenzó a interactuar con un personaje de hombre lobo (no diré su nombre, porque terminamos en buenos términos fuera de rol y no tiene nada que ver con esto). Con el tiempo, Kaida se fue enamorando, hasta que se confesó. Sin embargo, ese personaje estaba con varios pjs al mismo tiempo, y como eso no era lo que yo quería para mi personaje, decidí terminar la relación ahí.

    Todo quedó bien… hasta que apareció otro pj. Yo realmente pensaba que estábamos roleando (énfasis en eso). Kaida mostró interés por él, pero desde mi punto de vista, ese personaje no estaba realmente enamorado. Revisando su perfil, vi que llevaba tiempo buscando a alguien porque se sentía solo, lo que me hizo dudar más.

    Kaida, siendo insegura, le preguntó si realmente la amaba. Su respuesta fue algo como: “Creo que ya sé por dónde va esto”, insinuando que Kaida quería volver con el hombre lobo. Eso dejó claro que no confiaba en ella. Intenté explicarlo, pero no me creyó. Así que decidí terminar la relación.

    Aquí admito un error mío: le escribí por privado y luego borré el chat, olvidando que en esta app desaparece para ambos. Después, dejé un mensaje en una publicación suya dando por terminada la relación, pensando que todo quedaría ahí… pero no fue así.

    Luego apareció una familiar de ese pj a discutir en una publicación. Después, en otra publicación mía, expresé que el personaje del hombre lobo había sido un idiota (sin insultar al user), explicando cómo eso había afectado a Kaida emocionalmente.

    Este pj volvió a intervenir, creyendo que hablaba de él, y empezó a molestar. Intenté aclararlo, pero nuevamente no me creyó. Ya agotada por la situación, decidí borrar mi cuenta junto con el personaje de Kaida.

    Yo vine a esta app a rolear y divertirme, no a ser acosada fuera de rol. Porque sí: estas personas comenzaron a atacarme a mí como user, no al personaje.

    Más adelante volví con otro pj (Yuki), intentando evitar el acoso. Pero la situación continuó. Incluso llegaron a pensar que yo usaba cuentas falsas para interactuar con el personaje del hombre lobo, lo cual es completamente falso.

    Intenté reportar la situación, pero no aún no puedo hablar con nadie, ustedes diran “bloquéalos y ya”, no es tan simple: esto no solo me afecta a mí, también afecta a otras personas que solo quieren rolear tranquilamente.

    Por eso hago esta publicación.

    Las personas involucradas son:

    Seiko Nura Nanao

    Kairi Nura

    Ambos me han llamado “patética” y por supuestamente cambiarme a un pj que no tiene nada que ver conmigo.

    Los etiqueto para que sepan con quién están tratando. Porque si algo no sale como ellos quieren en "rol", lo llevan a lo personal.

    Y si intenten reportar esto, no hay problema. Tengo este msj guardado y si me lo borran lo vuelvo a publicar sin problemas.

    Tanto que predicabas "amar" a Kaida y te andas ligando a alguien más... Tan obsesionado con Kaida y no se que... Acosando a una pobre chica que nada que ver.

    Ahora sí, para quienes pensaban que yo era la mala…
    ¿lo siguen pensando?

    Pido mil disculpas a los involucrados que no tenían nada que ver con todo esto...

    Ahora para que lo sepas seiko... ¡Kaida ya está con alguien!

    ¡JODANSE!

    ¿Felices? Que bueno.

    Al final¿Quien quedó de patético?
    ¡IMPORTANTE! ¡QUIEN SEA O NO SEA MI AMIGO! QUIERO QUE LEAN ESTO!!! //Muy bien… Todo lo que voy a decir en esta publicación será completamente fuera de rol. Voy a explicar una situación bastante larga para dejar en evidencia a ciertas personas —dos, para ser exacta. A una de ellas aún la respeto, porque no me atacó directamente a mí, sino al personaje que muchos conocen como “Kaida Ichiryūsai, la dragón de sangre”. Y eso lo respeto, porque Kaida es solo un personaje. Pero hay otros dos “pjs” —si es que se les puede llamar así— que han estado atacando constantemente a la user detrás de Kaida. Sí, tengo pruebas, y las mostraré más adelante. Primero quiero contar todo con claridad, sin mentiras ni exageraciones. Cuando llegué a la app de fic, fui aprendiendo poco a poco cómo funcionaba todo. Empecé a conocer personajes y a rolear con ellos. En ese proceso, Kaida comenzó a interactuar con un personaje de hombre lobo (no diré su nombre, porque terminamos en buenos términos fuera de rol y no tiene nada que ver con esto). Con el tiempo, Kaida se fue enamorando, hasta que se confesó. Sin embargo, ese personaje estaba con varios pjs al mismo tiempo, y como eso no era lo que yo quería para mi personaje, decidí terminar la relación ahí. Todo quedó bien… hasta que apareció otro pj. Yo realmente pensaba que estábamos roleando (énfasis en eso). Kaida mostró interés por él, pero desde mi punto de vista, ese personaje no estaba realmente enamorado. Revisando su perfil, vi que llevaba tiempo buscando a alguien porque se sentía solo, lo que me hizo dudar más. Kaida, siendo insegura, le preguntó si realmente la amaba. Su respuesta fue algo como: “Creo que ya sé por dónde va esto”, insinuando que Kaida quería volver con el hombre lobo. Eso dejó claro que no confiaba en ella. Intenté explicarlo, pero no me creyó. Así que decidí terminar la relación. Aquí admito un error mío: le escribí por privado y luego borré el chat, olvidando que en esta app desaparece para ambos. Después, dejé un mensaje en una publicación suya dando por terminada la relación, pensando que todo quedaría ahí… pero no fue así. Luego apareció una familiar de ese pj a discutir en una publicación. Después, en otra publicación mía, expresé que el personaje del hombre lobo había sido un idiota (sin insultar al user), explicando cómo eso había afectado a Kaida emocionalmente. Este pj volvió a intervenir, creyendo que hablaba de él, y empezó a molestar. Intenté aclararlo, pero nuevamente no me creyó. Ya agotada por la situación, decidí borrar mi cuenta junto con el personaje de Kaida. Yo vine a esta app a rolear y divertirme, no a ser acosada fuera de rol. Porque sí: estas personas comenzaron a atacarme a mí como user, no al personaje. Más adelante volví con otro pj (Yuki), intentando evitar el acoso. Pero la situación continuó. Incluso llegaron a pensar que yo usaba cuentas falsas para interactuar con el personaje del hombre lobo, lo cual es completamente falso. Intenté reportar la situación, pero no aún no puedo hablar con nadie, ustedes diran “bloquéalos y ya”, no es tan simple: esto no solo me afecta a mí, también afecta a otras personas que solo quieren rolear tranquilamente. Por eso hago esta publicación. Las personas involucradas son: [orbit_sapphire_monkey_475] [shimmer_teal_buffalo_985] Ambos me han llamado “patética” y por supuestamente cambiarme a un pj que no tiene nada que ver conmigo. Los etiqueto para que sepan con quién están tratando. Porque si algo no sale como ellos quieren en "rol", lo llevan a lo personal. Y si intenten reportar esto, no hay problema. Tengo este msj guardado y si me lo borran lo vuelvo a publicar sin problemas. Tanto que predicabas "amar" a Kaida y te andas ligando a alguien más... Tan obsesionado con Kaida y no se que... Acosando a una pobre chica que nada que ver. Ahora sí, para quienes pensaban que yo era la mala… ¿lo siguen pensando? Pido mil disculpas a los involucrados que no tenían nada que ver con todo esto... Ahora para que lo sepas seiko... ¡Kaida ya está con alguien! ¡JODANSE! ¿Felices? Que bueno. Al final¿Quien quedó de patético?
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  • Mmmm, no se como toma esto, gracias sr de expedicion 33.
    Me halaga que un alguien de un mundo (juego) goty, me visitará.
    Mmmm, no se como toma esto, gracias sr de expedicion 33. Me halaga que un alguien de un mundo (juego) goty, me visitará.
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  • Uno nunca se acostumbra del todo al frío. Aprende a cubrirse, a calentarse; que debe secarse los pies o perderá dedos; que el calor humano es raro y escaso.

    Se cubre mejor con la capa hasta el mentón y echa a andar. Sin rumbo. Como siempre.

    Luego está la nieve. Cruje. Te recuerda que está ahí. Que si uno la oye, otros también. La nieve deja rastro y cubre los muertos.

    La de hoy es demasiado blanca.

    Y entonces el pensamiento llega.

    Sin avisar.

    Habían transcurrido más de diez años. A veces sentía que podía oler el humo de aquella noche, pues no estaba adherido a su piel: lo estaba a su consciencia.

    El humo denso y negro fue un presagio. Tiró la leña al suelo y corrió tanto como le permitieron las piernas. Cuando llegó, lo que vio le golpeó tan fuerte que se atragantó con su propia saliva. El olor a humo. La nieve sucia por las pisadas. La choza ardía y los culpables seguían allí. Los reconoció a todos. Y ellos a él.

    Tiraron sus antorchas con prisa y sacaron sus armas. Él sujetaba hacha con ambas manos. La madera del asta crujió.

    Gritó tan fuerte que la garganta se agrietó. Y se abalanzó. No eran guerreros. No como él. No para él. No tenían la menor oportunidad y aún así, consiguieron lacerar la carne de Hakon. Un corte en el brazo. Un pinchazo en la pierna. Un golpe en las costillas. Pero uno a uno era masacrados.

    El hacha rodó por el aire y se clavó en un cráneo. Él recuperó una espada de la nieve y la usó para abrir vientres y atravesar corazones.

    Volvió a gritar con la boca desencajada. Los que quedaban dieron un paso atrás. Uno no retrocedió. Su saex se clavó en el abdomen de Hakon. Éste le miró a los ojos cuando le metió el filo en la boca y se lo sacó por la nuca. Aún temblaba cuando cayó a un lado, desangrándose.

    De los dos restantes, alguien importante de la asamblea, se arrodilló temblando. El otro, alguna vez le llamó por su nombre y esa noche se lanzó con la espada por delante. Hakon la desvió y sus hombros chocaron. La fuerza hizo rebotar al otro. Él no se movió ni un centímetro. Volteó la espada, golpeó con el pomo en la cara. La mandíbula se le dislocó. Lo derribó después. En el suelo le asestó tantos cortes, que toda su cara quedó salpicada.

    Se irguió y miró al último.

    La sangre resbalaba por el filo de su acero y caía gota a gota sobre la nieve.

    Rojo sobre blanco.

    El aire le quemaba los pulmones. La mandíbula estaba tan tensa, que las muelas chirriaron. Los músculos se endurecieron como el acero que empuñaba, y el cuero se quejó bajo los nudillos blancos.

    La choza seguía ardiendo y frente a ella siete cuerpos yacían sin vida en el suelo. Solo uno respiraba, entre sus semejantes. Sus ojos desorbitados entendieron que aquel hombre que tenía frente a él, no era un hombre común.

    No aquella noche.

    Y nunca más desde entonces.

    Tras la puerta que colgaba de una de sus bisagras, el pálido brazo de una mujer.

    Un pilar solo es una piedra alta y fría. Lo que lo hacía noble era sostener el arco con ella. El arco había caído.

    Hakon era solo un pilar sin nada que sostener.

    Salvo una espada.

    Y ese hombre con los ojos enrojecidos de dolor y rabia, la sostenía.

    Había cedido amargamente el control al dolor. La adrenalina le impedía sentir el profundo corte en su abdomen, o el frío que lo azotaba. El pulso acelerado le latía en las sienes como un tambor de guerra.

    Aquel hombre arrodillado balbuceaba súplicas que no estaban siendo escuchadas. Hakon ya no oía nada. Lo único que lo mantenía cuerdo yacía sin vida sobre un charco de sangre, dentro de un edificio de madera que se consumía y se desmoronaba.

    La cadena se había roto.

    —¡Hakon, por Odin! ¡No lo hagas!

    La bestia rugió.

    —¡Dónde estaba Odin esta noche!

    Fue un corte limpio y letal. La cabeza del desdichado cayó al suelo con un golpe seco. No rodó, se clavó en la nieve.

    Ese golpe se repite en su cabeza en ese instante. Su cuerpo incluso se resiente al revivir el momento y sus manos se aprietan en un gesto que logra contener sin esfuerzo.

    Un suspiro escapa entre sus labios.

    Corto. Fuerte.

    El vaho se expande hasta difuminarse ante sus ojos. En este momento más brillantes que hace un rato. Pero no se permite esa concesión, y afila la mirada antes de seguir descendiendo la ladera.
    Uno nunca se acostumbra del todo al frío. Aprende a cubrirse, a calentarse; que debe secarse los pies o perderá dedos; que el calor humano es raro y escaso. Se cubre mejor con la capa hasta el mentón y echa a andar. Sin rumbo. Como siempre. Luego está la nieve. Cruje. Te recuerda que está ahí. Que si uno la oye, otros también. La nieve deja rastro y cubre los muertos. La de hoy es demasiado blanca. Y entonces el pensamiento llega. Sin avisar. Habían transcurrido más de diez años. A veces sentía que podía oler el humo de aquella noche, pues no estaba adherido a su piel: lo estaba a su consciencia. El humo denso y negro fue un presagio. Tiró la leña al suelo y corrió tanto como le permitieron las piernas. Cuando llegó, lo que vio le golpeó tan fuerte que se atragantó con su propia saliva. El olor a humo. La nieve sucia por las pisadas. La choza ardía y los culpables seguían allí. Los reconoció a todos. Y ellos a él. Tiraron sus antorchas con prisa y sacaron sus armas. Él sujetaba hacha con ambas manos. La madera del asta crujió. Gritó tan fuerte que la garganta se agrietó. Y se abalanzó. No eran guerreros. No como él. No para él. No tenían la menor oportunidad y aún así, consiguieron lacerar la carne de Hakon. Un corte en el brazo. Un pinchazo en la pierna. Un golpe en las costillas. Pero uno a uno era masacrados. El hacha rodó por el aire y se clavó en un cráneo. Él recuperó una espada de la nieve y la usó para abrir vientres y atravesar corazones. Volvió a gritar con la boca desencajada. Los que quedaban dieron un paso atrás. Uno no retrocedió. Su saex se clavó en el abdomen de Hakon. Éste le miró a los ojos cuando le metió el filo en la boca y se lo sacó por la nuca. Aún temblaba cuando cayó a un lado, desangrándose. De los dos restantes, alguien importante de la asamblea, se arrodilló temblando. El otro, alguna vez le llamó por su nombre y esa noche se lanzó con la espada por delante. Hakon la desvió y sus hombros chocaron. La fuerza hizo rebotar al otro. Él no se movió ni un centímetro. Volteó la espada, golpeó con el pomo en la cara. La mandíbula se le dislocó. Lo derribó después. En el suelo le asestó tantos cortes, que toda su cara quedó salpicada. Se irguió y miró al último. La sangre resbalaba por el filo de su acero y caía gota a gota sobre la nieve. Rojo sobre blanco. El aire le quemaba los pulmones. La mandíbula estaba tan tensa, que las muelas chirriaron. Los músculos se endurecieron como el acero que empuñaba, y el cuero se quejó bajo los nudillos blancos. La choza seguía ardiendo y frente a ella siete cuerpos yacían sin vida en el suelo. Solo uno respiraba, entre sus semejantes. Sus ojos desorbitados entendieron que aquel hombre que tenía frente a él, no era un hombre común. No aquella noche. Y nunca más desde entonces. Tras la puerta que colgaba de una de sus bisagras, el pálido brazo de una mujer. Un pilar solo es una piedra alta y fría. Lo que lo hacía noble era sostener el arco con ella. El arco había caído. Hakon era solo un pilar sin nada que sostener. Salvo una espada. Y ese hombre con los ojos enrojecidos de dolor y rabia, la sostenía. Había cedido amargamente el control al dolor. La adrenalina le impedía sentir el profundo corte en su abdomen, o el frío que lo azotaba. El pulso acelerado le latía en las sienes como un tambor de guerra. Aquel hombre arrodillado balbuceaba súplicas que no estaban siendo escuchadas. Hakon ya no oía nada. Lo único que lo mantenía cuerdo yacía sin vida sobre un charco de sangre, dentro de un edificio de madera que se consumía y se desmoronaba. La cadena se había roto. —¡Hakon, por Odin! ¡No lo hagas! La bestia rugió. —¡Dónde estaba Odin esta noche! Fue un corte limpio y letal. La cabeza del desdichado cayó al suelo con un golpe seco. No rodó, se clavó en la nieve. Ese golpe se repite en su cabeza en ese instante. Su cuerpo incluso se resiente al revivir el momento y sus manos se aprietan en un gesto que logra contener sin esfuerzo. Un suspiro escapa entre sus labios. Corto. Fuerte. El vaho se expande hasta difuminarse ante sus ojos. En este momento más brillantes que hace un rato. Pero no se permite esa concesión, y afila la mirada antes de seguir descendiendo la ladera.
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  • -El sonido seco de los golpes aún parecía resonar en las paredes del gimnasio, aunque ya no quedaba nadie más. El aire estaba cargado, denso, mezclado con el olor a sudor y esfuerzo reciente.
    Leon dejó escapar un suspiro pesado mientras se inclinaba ligeramente hacia adelante, apoyando las manos sobre sus rodillas por unos segundos antes de enderezarse. Una gota de sudor recorrió su sien hasta la mandíbula, pero no se molestó en limpiarla de inmediato. Estaba acostumbrado.-


    Tch… nada mal

    —murmuró para sí mismo, aunque su tono no sonaba del todo satisfecho.
    Se llevó una mano a la nuca, estirando los músculos con lentitud. El entrenamiento había sido más duro de lo habitual o quizá él mismo había decidido llevarse al límite otra vez. No era raro en él.
    Caminó hacia una banca cercana, tomando la toalla que había dejado ahí. Se la pasó por el rostro y el cuello con movimientos firmes, intentando bajar la intensidad que aún ardía en su cuerpo.
    Pero su mente no estaba en calma.
    Siempre volvía a lo mismo.
    Misiones. Errores. Rostros.
    Apretó ligeramente la tela entre sus dedos.-

    …Aún no es suficiente.

    -Su voz fue apenas un susurro, más una confesión que una queja.-
    -El sonido seco de los golpes aún parecía resonar en las paredes del gimnasio, aunque ya no quedaba nadie más. El aire estaba cargado, denso, mezclado con el olor a sudor y esfuerzo reciente. Leon dejó escapar un suspiro pesado mientras se inclinaba ligeramente hacia adelante, apoyando las manos sobre sus rodillas por unos segundos antes de enderezarse. Una gota de sudor recorrió su sien hasta la mandíbula, pero no se molestó en limpiarla de inmediato. Estaba acostumbrado.- Tch… nada mal —murmuró para sí mismo, aunque su tono no sonaba del todo satisfecho. Se llevó una mano a la nuca, estirando los músculos con lentitud. El entrenamiento había sido más duro de lo habitual o quizá él mismo había decidido llevarse al límite otra vez. No era raro en él. Caminó hacia una banca cercana, tomando la toalla que había dejado ahí. Se la pasó por el rostro y el cuello con movimientos firmes, intentando bajar la intensidad que aún ardía en su cuerpo. Pero su mente no estaba en calma. Siempre volvía a lo mismo. Misiones. Errores. Rostros. Apretó ligeramente la tela entre sus dedos.- …Aún no es suficiente. -Su voz fue apenas un susurro, más una confesión que una queja.-
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  • Es una coneja, pero en Pascua se puso a buscar huevos, es decir, las pechugotas de Deirdre
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  • — No te mentiré, han sido días agotadores, interminables. Necesito vacaciones, librarme de esas molestas paredes de la procuraduría.

    El suspiro hondo enfatizó, colocando en evidencia la extenuación mental y sobre todo, física. Si bien, los constantes labores de esa profesión llegaban a requerir un mayor rendimiento día tras día, algo que a fin de cuentas su cuerpo terminaría por sufrir las consecuencia.
    — No te mentiré, han sido días agotadores, interminables. Necesito vacaciones, librarme de esas molestas paredes de la procuraduría. El suspiro hondo enfatizó, colocando en evidencia la extenuación mental y sobre todo, física. Si bien, los constantes labores de esa profesión llegaban a requerir un mayor rendimiento día tras día, algo que a fin de cuentas su cuerpo terminaría por sufrir las consecuencia.
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  • "Creo que hoy estoy con el cerebro algo agotado, no sé qué comentarle a la gente que aprecio y no salen las ideas, así que creo que mañana en cuanto pueda sigo con los roles. Tengan buena jornada. Estaré 'en las sombras' si alguien me necesita. (Lo dudo, Pero qué se le va a hacer)"

    *Me recosté al aire libre en mi jardín un rato para sentir algo de frescor a ver si no se me recuecen los sesos.*
    "Creo que hoy estoy con el cerebro algo agotado, no sé qué comentarle a la gente que aprecio y no salen las ideas, así que creo que mañana en cuanto pueda sigo con los roles. Tengan buena jornada. Estaré 'en las sombras' si alguien me necesita. (Lo dudo, Pero qué se le va a hacer)" *Me recosté al aire libre en mi jardín un rato para sentir algo de frescor a ver si no se me recuecen los sesos.*
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