• “EL ENCUENTRO CON YRUS”

    Aquel día que la conocí… tenía apenas seis años y estaba con mamá y papá de viaje, en uno de los tantos mundos que solíamos visitar, nunca nos quedábamos demasiado tiempo en un mismo lugar, siempre había algo que los mantenía alerta, algo que yo no terminaba de entender, recuerdo que estaban distraídos, hablando entre ellos con esa seriedad que a veces tenían, y como siempre, me habían dicho que no me alejara, que no saliera porque ese mundo podía ser peligroso… pero entonces la vi, una leve luz a lo lejos, tan suave que casi parecía un espejismo, rosada, con pequeños destellos en verde menta que parpadeaban como si estuvieran vivos, no sabía qué era, no entendía por qué, pero me llamaba, no de una forma normal, no era simple curiosidad… era como si algo dentro de mí la reconociera, como si ya la hubiera visto antes aunque fuera imposible, miré una vez más hacia atrás, ellos seguían sin darse cuenta, y en ese instante supe que no iba a obedecer, que no podía quedarme ahí, así que sin pensarlo demasiado di un paso, luego otro, y antes de darme cuenta ya me estaba alejando de ellos, avanzando hacia aquella luz sin su permiso, mientras el ambiente a mi alrededor empezaba a cambiar, el aire se volvía más frío, más denso, el silencio lo envolvía todo de una forma extraña, como si el mundo entero estuviera conteniendo la respiración…y entonces la veo….Ya no es una simple luz.

    — E-eres tú??….

    Suspendida en el aire, como si no perteneciera a ese mundo, como si la realidad misma no supiera cómo sostenerla, su forma cambia constantemente, fragmentos de energía rosada y verde menta giran a su alrededor como si estuvieran vivos, como si respiraran, como si me estuvieran observando incluso antes de que yo pueda reaccionar, mi cuerpo debería tener miedo, debería salir corriendo, debería gritar… pero no lo hago, no puedo, porque en el momento en que la miro… lo entiendo, no sé cómo explicarlo, no tiene sentido, pero lo siento con una claridad aterradora

    —Q-que… eres?… —

    El aire se vuelve aún más pesado, el tiempo parece detenerse, y sin moverse realmente… se acerca, no caminando, no flotando… simplemente estando cada vez más cerca, como si la distancia dejara de existir, y entonces lo siento, no es un toque, no es algo físico, es algo mucho más profundo, algo que atraviesa todo mi cuerpo, mi mente, mi alma, imágenes que no entiendo, emociones que no son mías, una soledad inmensa, un poder contenido, algo antiguo… algo que ha estadoesperando y una voz que no escucho con los oídos… Pero la siento dentro de mí.

    “Por fin…”

    …y entonces la veo, ya no es una simple luz, está ahí, frente a mí, pero no es tranquila, no es suave… es inestable, su forma se expande de manera violenta como si estuviera conteniéndose a sí misma, fragmentos de energía rosa oscuro y verde menta profundo se agitan a su alrededor chocando entre sí como si fueran llamas vivas, su presencia presiona el aire, lo rompe, lo distorsiona, y por un instante entiendo por qué mis padres nunca querían que me acercara a cosas como esta, es peligrosa… muy peligrosa, sus “ojos” brillan con una intensidad imposible de ignorar, no es ira exactamente pero tampoco es calma, es algo más primitivo, más instintivo, como si estuviera lista para reaccionar ante cualquier cosa que no reconozca, y aun así no retrocedo, no sé por qué, no debería acercarme, todo en mi cuerpo debería estar gritándome que huya pero no lo hace, al contrario, levanto la mano lentamente, sin pensar, como si algo dentro de mí supiera exactamente lo que estaba haciendo, y en el momento en que mi palma queda frente a ella todo cambia, su energía se detiene, no desaparece ni se apaga pero deja de ser caótica, como si me estuviera escuchando, como si me reconociera, el movimiento violento de su forma empieza a ralentizarse, los colores oscuros comienzan a aclararse poco a poco, el rosa profundo se vuelve más suave, el verde menta deja de ser agresivo y pasa a brillar con una luz más limpia, su tamaño empieza a reducirse, como si ya no necesitara imponerse, como si ya no tuviera que defenderse, y entonces se acerca, esta vez sin presión, sin amenaza… solo hacia mí, y cuando finalmente toca la palma de mi mano no hay dolor, no hay impacto, solo un silencio absoluto que lo envuelve todo, su forma colapsa suavemente sobre sí misma, la enorme presencia que llenaba el espacio desaparece en un instante, transformándose en algo pequeño, ligero… algo que cabe perfectamente en mi mano, ahora está tranquila, completamente calmada, como si nunca hubiera sido peligrosa… pero en ese mismo instante entiendo algo que no sabría explicar con palabras, algo que siento más que pienso… que podría volver a serlo en cualquier momento… pero no conmigo
    “EL ENCUENTRO CON YRUS” Aquel día que la conocí… tenía apenas seis años y estaba con mamá y papá de viaje, en uno de los tantos mundos que solíamos visitar, nunca nos quedábamos demasiado tiempo en un mismo lugar, siempre había algo que los mantenía alerta, algo que yo no terminaba de entender, recuerdo que estaban distraídos, hablando entre ellos con esa seriedad que a veces tenían, y como siempre, me habían dicho que no me alejara, que no saliera porque ese mundo podía ser peligroso… pero entonces la vi, una leve luz a lo lejos, tan suave que casi parecía un espejismo, rosada, con pequeños destellos en verde menta que parpadeaban como si estuvieran vivos, no sabía qué era, no entendía por qué, pero me llamaba, no de una forma normal, no era simple curiosidad… era como si algo dentro de mí la reconociera, como si ya la hubiera visto antes aunque fuera imposible, miré una vez más hacia atrás, ellos seguían sin darse cuenta, y en ese instante supe que no iba a obedecer, que no podía quedarme ahí, así que sin pensarlo demasiado di un paso, luego otro, y antes de darme cuenta ya me estaba alejando de ellos, avanzando hacia aquella luz sin su permiso, mientras el ambiente a mi alrededor empezaba a cambiar, el aire se volvía más frío, más denso, el silencio lo envolvía todo de una forma extraña, como si el mundo entero estuviera conteniendo la respiración…y entonces la veo….Ya no es una simple luz. — E-eres tú??…. Suspendida en el aire, como si no perteneciera a ese mundo, como si la realidad misma no supiera cómo sostenerla, su forma cambia constantemente, fragmentos de energía rosada y verde menta giran a su alrededor como si estuvieran vivos, como si respiraran, como si me estuvieran observando incluso antes de que yo pueda reaccionar, mi cuerpo debería tener miedo, debería salir corriendo, debería gritar… pero no lo hago, no puedo, porque en el momento en que la miro… lo entiendo, no sé cómo explicarlo, no tiene sentido, pero lo siento con una claridad aterradora —Q-que… eres?… — El aire se vuelve aún más pesado, el tiempo parece detenerse, y sin moverse realmente… se acerca, no caminando, no flotando… simplemente estando cada vez más cerca, como si la distancia dejara de existir, y entonces lo siento, no es un toque, no es algo físico, es algo mucho más profundo, algo que atraviesa todo mi cuerpo, mi mente, mi alma, imágenes que no entiendo, emociones que no son mías, una soledad inmensa, un poder contenido, algo antiguo… algo que ha estadoesperando y una voz que no escucho con los oídos… Pero la siento dentro de mí. “Por fin…” …y entonces la veo, ya no es una simple luz, está ahí, frente a mí, pero no es tranquila, no es suave… es inestable, su forma se expande de manera violenta como si estuviera conteniéndose a sí misma, fragmentos de energía rosa oscuro y verde menta profundo se agitan a su alrededor chocando entre sí como si fueran llamas vivas, su presencia presiona el aire, lo rompe, lo distorsiona, y por un instante entiendo por qué mis padres nunca querían que me acercara a cosas como esta, es peligrosa… muy peligrosa, sus “ojos” brillan con una intensidad imposible de ignorar, no es ira exactamente pero tampoco es calma, es algo más primitivo, más instintivo, como si estuviera lista para reaccionar ante cualquier cosa que no reconozca, y aun así no retrocedo, no sé por qué, no debería acercarme, todo en mi cuerpo debería estar gritándome que huya pero no lo hace, al contrario, levanto la mano lentamente, sin pensar, como si algo dentro de mí supiera exactamente lo que estaba haciendo, y en el momento en que mi palma queda frente a ella todo cambia, su energía se detiene, no desaparece ni se apaga pero deja de ser caótica, como si me estuviera escuchando, como si me reconociera, el movimiento violento de su forma empieza a ralentizarse, los colores oscuros comienzan a aclararse poco a poco, el rosa profundo se vuelve más suave, el verde menta deja de ser agresivo y pasa a brillar con una luz más limpia, su tamaño empieza a reducirse, como si ya no necesitara imponerse, como si ya no tuviera que defenderse, y entonces se acerca, esta vez sin presión, sin amenaza… solo hacia mí, y cuando finalmente toca la palma de mi mano no hay dolor, no hay impacto, solo un silencio absoluto que lo envuelve todo, su forma colapsa suavemente sobre sí misma, la enorme presencia que llenaba el espacio desaparece en un instante, transformándose en algo pequeño, ligero… algo que cabe perfectamente en mi mano, ahora está tranquila, completamente calmada, como si nunca hubiera sido peligrosa… pero en ese mismo instante entiendo algo que no sabría explicar con palabras, algo que siento más que pienso… que podría volver a serlo en cualquier momento… pero no conmigo
    Me gusta
    Me encocora
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • La mañana en Brattvåg comenzó con un murmullo inquietante que recorrió los pasillos de servicio hasta llegar a los oídos de Gunnar. El capitán fue informado por dos de sus hombres encargados de hacer guardia la noche anterior

    ​—Capitán —dijo uno de ellos, extendiendo un pedazo de tela de algodón fino—Anoche encontramos esto en la cocina, no vimos a nadie entrar ni salir, señor —aseguró el guardia, nervioso— Pero el aire ahí dentro todavía se siente... cargado y está todo hecho un desastre.

    Gunnar tomó el fajín, reconociendo de inmediato que la calidad del tejido y el tinte no eran locales. Pero lo que lo hizo apretar la mandíbula fue el informe de la servidumbre. Los cocineros hablaban de una escena de caos absoluto... sacos de grano reventados, una capa de harina cubriendo el suelo y lo más alarmante, la madera de la puerta de la alacena estaba carbonizada.
    Con el fajín apretado en el puño, se dirigió a los aposentos reales

    Dentro de su alcoba Elizabeth acababa de despertar, disponiéndose para empezar a cumplir sus labores a pesar del dolor que recorría todo su cuerpo se sentía con energías de sobra.

    ​Un golpe seco en la puerta la hizo sobresaltarse.

    ​—¡Mi Reina! —la voz de Gunnar sonó desesperada a través de la puerta — No ingresaré, asumo que está en paños menores, pero necesito que se presente en el Gran Salón de inmediato. He convocado a los siete consejeros. Tenemos un asunto de seguridad que necesita su atención urgente

    ​Elizabeth cerró los ojos un instante, respirando hondo. El corazón le golpeaba el pecho con latidos fuertes.

    ✴ ─ Muy bien Gunnar, iré de inmediato.

    ​Descartó sus túnicas habituales por un vestido de terciopelo pesado que la hacía ver imponente, pero el problema eran las marcas... Se miró al espejo, viendo las huellas púrpuras de su piel, las pruebas físicas de su "traición" a la corona.
    Entonces, tomó una decisión inusual, buscó en un cofre olvidado una gargantilla de encaje negro, una pieza de joyería intrincada con incrustaciones de obsidiana y pedrería que cubría su cuello por completo.
    ​Sentía el peso de las joyas como una cadena mientras caminaba hacia el Gran Salón, cada paso era una lucha por mantener la espalda recta.

    Al entrar, el aire se volvió pesado. Los siete consejeros ya estaban allí, y Milenka la observaba desde su posición habitual.

    Elizabeth hizo su entrada, sus músculos protestaban mientra daba pasos firmes hasta el fondo de la habitación. Se sentó en el trono con una elegancia que rozaba la soberbia.
    La gargantilla de encaje negro con incrustaciones de pedrería que cubría su cuello desde la base hasta la mandíbula llamó de inmediato la atención de Milenka causándole dudas, era una pieza hermosa, pero extraña en una mujer como la reina que despreciaba los adornos.

    Gunnar dio un paso al frente.
    ​—Majestad, honorables consejeros —el gran hombre mostró el fajín con un gesto violento— Anoche, este castillo fue escenario de un desorden inexplicable. La alacena ha sido destruida. Esta tela de algodón no es de Brattvåg y estaba en el suelo de las cocinas... ¡ la prueba de quién es el culpable de todo! ¡TRAIGAN AL ACUSADO!

    Cuando las puertas se abrieron y Kazuo entró escoltado, Elizabeth sintió que el mundo se encogía. Al verlo caminando tan sereno a pesar de la situación, el recuerdo de la noche anterior la asaltó con una fuerza devastadora. Se obligó a clavar las uñas en los brazos del trono para no flaquear.

    ​—Este extranjero parece haber confundido vuestra hospitalidad con una licencia para el vandalismo o algo peor. Juzguen ustedes ─ Dijo Gunnar al consejo claramente exaltado mientras azotaba el fajín delante del rostro de Kazuo quien había llegado a su lado mientras los soldados que lo traían se retiraban a los costados.

    ​Elizabeth tomó la palabra. Su voz salió fría, cortante, una máscara perfecta que ocultaba el volcán que sentía por dentro.

    ✴ ─Kazuo —dijo, interpelándolo directamente—El Capitán Gunnar ha presentado una prueba física que te sitúa en el centro de un incidente vandálico en mis dependencias. La alacena está en ruinas y tu prenda estaba allí.

    ​Hizo una pausa, su mirada chocaba con la de él, tratando de comunicarle mil cosas en un solo segundo sin que nadie lo notara

    ​✴ ─¿Qué tienes que decir en tu defensa?
    La mañana en Brattvåg comenzó con un murmullo inquietante que recorrió los pasillos de servicio hasta llegar a los oídos de Gunnar. El capitán fue informado por dos de sus hombres encargados de hacer guardia la noche anterior ​—Capitán —dijo uno de ellos, extendiendo un pedazo de tela de algodón fino—Anoche encontramos esto en la cocina, no vimos a nadie entrar ni salir, señor —aseguró el guardia, nervioso— Pero el aire ahí dentro todavía se siente... cargado y está todo hecho un desastre. Gunnar tomó el fajín, reconociendo de inmediato que la calidad del tejido y el tinte no eran locales. Pero lo que lo hizo apretar la mandíbula fue el informe de la servidumbre. Los cocineros hablaban de una escena de caos absoluto... sacos de grano reventados, una capa de harina cubriendo el suelo y lo más alarmante, la madera de la puerta de la alacena estaba carbonizada. Con el fajín apretado en el puño, se dirigió a los aposentos reales Dentro de su alcoba Elizabeth acababa de despertar, disponiéndose para empezar a cumplir sus labores a pesar del dolor que recorría todo su cuerpo se sentía con energías de sobra. ​Un golpe seco en la puerta la hizo sobresaltarse. ​—¡Mi Reina! —la voz de Gunnar sonó desesperada a través de la puerta — No ingresaré, asumo que está en paños menores, pero necesito que se presente en el Gran Salón de inmediato. He convocado a los siete consejeros. Tenemos un asunto de seguridad que necesita su atención urgente ​Elizabeth cerró los ojos un instante, respirando hondo. El corazón le golpeaba el pecho con latidos fuertes. ✴ ─ Muy bien Gunnar, iré de inmediato. ​Descartó sus túnicas habituales por un vestido de terciopelo pesado que la hacía ver imponente, pero el problema eran las marcas... Se miró al espejo, viendo las huellas púrpuras de su piel, las pruebas físicas de su "traición" a la corona. Entonces, tomó una decisión inusual, buscó en un cofre olvidado una gargantilla de encaje negro, una pieza de joyería intrincada con incrustaciones de obsidiana y pedrería que cubría su cuello por completo. ​Sentía el peso de las joyas como una cadena mientras caminaba hacia el Gran Salón, cada paso era una lucha por mantener la espalda recta. Al entrar, el aire se volvió pesado. Los siete consejeros ya estaban allí, y Milenka la observaba desde su posición habitual. Elizabeth hizo su entrada, sus músculos protestaban mientra daba pasos firmes hasta el fondo de la habitación. Se sentó en el trono con una elegancia que rozaba la soberbia. La gargantilla de encaje negro con incrustaciones de pedrería que cubría su cuello desde la base hasta la mandíbula llamó de inmediato la atención de Milenka causándole dudas, era una pieza hermosa, pero extraña en una mujer como la reina que despreciaba los adornos. Gunnar dio un paso al frente. ​—Majestad, honorables consejeros —el gran hombre mostró el fajín con un gesto violento— Anoche, este castillo fue escenario de un desorden inexplicable. La alacena ha sido destruida. Esta tela de algodón no es de Brattvåg y estaba en el suelo de las cocinas... ¡ la prueba de quién es el culpable de todo! ¡TRAIGAN AL ACUSADO! Cuando las puertas se abrieron y [8KazuoAihara8] entró escoltado, Elizabeth sintió que el mundo se encogía. Al verlo caminando tan sereno a pesar de la situación, el recuerdo de la noche anterior la asaltó con una fuerza devastadora. Se obligó a clavar las uñas en los brazos del trono para no flaquear. ​—Este extranjero parece haber confundido vuestra hospitalidad con una licencia para el vandalismo o algo peor. Juzguen ustedes ─ Dijo Gunnar al consejo claramente exaltado mientras azotaba el fajín delante del rostro de Kazuo quien había llegado a su lado mientras los soldados que lo traían se retiraban a los costados. ​Elizabeth tomó la palabra. Su voz salió fría, cortante, una máscara perfecta que ocultaba el volcán que sentía por dentro. ​ ✴ ─Kazuo —dijo, interpelándolo directamente—El Capitán Gunnar ha presentado una prueba física que te sitúa en el centro de un incidente vandálico en mis dependencias. La alacena está en ruinas y tu prenda estaba allí. ​Hizo una pausa, su mirada chocaba con la de él, tratando de comunicarle mil cosas en un solo segundo sin que nadie lo notara ​✴ ─¿Qué tienes que decir en tu defensa?
    Me endiabla
    Me gusta
    Me encocora
    4
    4 turnos 1 maullido
  • "En mi defensa, pensé que irían a limpiar colmenas infestadas y querían relajarse un poco."
    "En mi defensa, pensé que irían a limpiar colmenas infestadas y querían relajarse un poco."
    Me gusta
    Me shockea
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • El viaje se hace pesado. Los sollozos de Hilda van silenciándose hasta que cae rendida en el regazo de su madre, quien acaricia y peina su cabello con lentitud. La madre mira de vez en cuando al hombre. Sigue encogiéndose como la primera vez.

    Cubre mejor a Hilda con la manta. Luego se sube ella el cuello de su abrigo. Se estremece. No sabe si por el frío.

    Al final se dirige a él.

    —Gracias.

    Él no se mueve. Mantiene la postura recta, la mirada al frente y la respiración calmada. Pero el cuero de las riendas cruje. Su espalda se tensa un poco más.

    El silencio entre ellos se hace pesado, roto por el sonido de las ruedas y los chirridos de los ejes al girar. La madre mira el fardo que antes era un buen hombre. Se queda un rato dejándose mecer por el traqueteo del carro. Respira hondo y exhala un suspiro tan leve, que apenas se escucha.

    —Si no hubieses estado, ellos...

    —Pero estaba.

    Ella se gira a mirarle. Ve la espalda ancha. La melena oscura desordenada y revuelta. Los brazos anchos envueltos en tela y metal. Luego gira su cara hacia su hija. Los rasgos relajados aún muestran las mejillas rojas y los ojos hinchados. Le acaricia con suavidad la mejilla con la yema de los dedos.

    El resto del trayecto se vuelve algo menos denso. Aunque oscurece. El olor a humo le llega antes que su luz, y le indica a Hakon que están llegando. En una desviación del camino de tierra, se levanta un pequeño poblado con varias casas pequeñas, y una de mayor tamaño tras todas ellas. Está demasiado oscuro, pero se pueden apreciar campos detrás y un pequeño pozo.

    Al llegar a la entrada, alguien reconoce el carro antes que a sus ocupantes y da la voz. Cuando entran en el poblado, un hombre mayor llama a la madre por su nombre: Gudrun. Varias mujeres se acercan. Despiertan a Hilda, que se abraza a su madre y luego, cuando baja, a una mujer más mayor que susurra palabras de consuelo.

    Hakon baja el último. Nadie se acerca. Se queda quieto a un lado del carro mientras todo sucede.

    Llegan los hombres y cargan el cuerpo. Lo llevan a una de las casas. Toda la comitiva detrás encabezada por Gudrun y Hilda. Esta gira su cabeza hacia Hakon. Se miran y ella lo hace hasta que desaparece dentro del edificio junto a los demás.

    La noche se ha vuelto más fría. El silencio se siente pesado. Él sigue junto al carro.
    No sabe cuánto tiempo pasa. Podría irse, pero se queda. Sus ojos vuelven al camino fuera del poblado y se quedan allí un segundo. Dos. Al tercer segundo, un ruido hace que voltee la cabeza. Aparece la mujer mayor que sostuvo a Hilda. Le ofrece una copa de peltre.

    —Gudrun nos lo ha explicado. Gracias por traer a mi hijo a casa.

    Hakon respira hondo. Baja la mirada a la copa y la toma. Los dedos la aprietan con más fuerza de la necesaria.

    —También me dijo que eras un hombre de pocas palabras —da un paso atrás—. Bebe. Te ayudará a entrar en calor.

    Él asiente una sola vez antes de llevarse la bebida a los labios. Bebe. Traga. El hidromiel le abrasa la garganta al bajar. Sostiene después la copa con ambas manos, mirando de vuelta a la mujer.

    Ella sostiene su mirada.

    —Te traeré algo de comer. Y una manta.

    El amanecer trae humedad y frío.

    La ceremonia se realiza con las primeras luces. Hakon escucha entonces el nombre del padre de Hilda varias veces: Leifur. Lo sacan los hombres del pueblo, sobre un lecho de maderas anudadas y tablones. Lo han vestido con sus mejores galas y lleva en su regazo un hacha.

    Le han preparado una pira y lo colocan sobre ella. Hakon no se acerca demasiado. Lo ve todo pero no participa. Gudrun deja su trenza sobre el pecho de Leifur. Lleva un tocado que cubre lo que queda de su melena. Hilda no suelta su mano.

    Alguien toca un instrumento de viento. Alguien canta. Otros se unen. La madre de Leifur habla de su hijo. Era un buen hombre. Hilda llora. Luego prenden fuego a la pira.

    Hakon observa el fuego y como consume la madera. El cuerpo de Leifur desaparece rápido entre las llamas. Ese olor de nuevo. Se obligan a mirar pero termina desviando la mirada a otro lugar. No puede dejar de respirar ese olor.

    Ve entonces los ojos de Hilda. La niña le mira. Está más pálida y tiene ojeras. Su madre también las tiene.

    Siente la sequedad en la boca. Aprieta los labios. También secos. Hace un ademán de cabeza. La niña lo imita. Ella sonríe. Distinto.

    Él no se va hasta que la niña y la mujer se van. Por entonces la pira se reduce a un montón de cenizas. La mitad ya se ha ido. La vida sigue. Él también.

    La anciana le intercepta en la salida del pueblo. No la va visto venir. No la ha olido. Solo huele el humo.

    —Imagino que te vas.

    Hakon solo asiente. Las manos se enredan la una en la otra sobre su regazo.

    —No tienes que hacerlo. Puedes pasar el invierno con nosotros. Gudrun ahora tiene sitio para alguien en su casa y te lo debe—dice bajando la mirada a las manos de Hakon—. El invierno es cruel aquí.

    Hakon se queda quieto. Es una estatua de piedra.

    —Sé que eres peligroso, pero has protegido a Hilda antes. Hazlo por ella. He enterrado hoy a mi hijo y no quiero enterrar a mi nieta. Ese no debe ser el orden de las cosas.

    —Estaba allí. Tenía que defenderme.

    —No es lo que Gudrun dice.

    La mandíbula de Hakon se tensa. Ella lo ve.

    —Estaba asustada —replica él.

    —Cualquiera lo estaría. Pero tú no —baja el tono y coloca su mano en el antebrazo de él—. Debes haber visto y hecho muchas cosas. Pero dime, ¿tienes lugar al que regresar? Una familia, un pueblo, un hogar.

    Hakon se queda quieto. Desaparece la tensión. Hay algo peor. Hay nada.

    —No —responde. La voz más grave. Más ronca—. Y no lo quiero.

    Él entonces se aparta un paso hacia atrás. La anciana recoge su mano y levanta la mirada a la de él.

    —Quédate un solo día. Ve con Hilda, ella te mira. Lo he visto. Ve algo en ti que nadie más ve y creo saber el qué.

    Los párpados caen. La mirada se vuelve de acero.

    —No pertenezco a este lugar.

    —A ninguno, me temo. Pero aquí hay comida, cama y techo.

    No le aparta la mirada.

    Hay un desajuste en la él. Sus ojos van a la casa donde ha visto entrar a la mujer y la niña.

    La anciana entorna la mirada.

    —Sólo un día.
    El viaje se hace pesado. Los sollozos de Hilda van silenciándose hasta que cae rendida en el regazo de su madre, quien acaricia y peina su cabello con lentitud. La madre mira de vez en cuando al hombre. Sigue encogiéndose como la primera vez. Cubre mejor a Hilda con la manta. Luego se sube ella el cuello de su abrigo. Se estremece. No sabe si por el frío. Al final se dirige a él. —Gracias. Él no se mueve. Mantiene la postura recta, la mirada al frente y la respiración calmada. Pero el cuero de las riendas cruje. Su espalda se tensa un poco más. El silencio entre ellos se hace pesado, roto por el sonido de las ruedas y los chirridos de los ejes al girar. La madre mira el fardo que antes era un buen hombre. Se queda un rato dejándose mecer por el traqueteo del carro. Respira hondo y exhala un suspiro tan leve, que apenas se escucha. —Si no hubieses estado, ellos... —Pero estaba. Ella se gira a mirarle. Ve la espalda ancha. La melena oscura desordenada y revuelta. Los brazos anchos envueltos en tela y metal. Luego gira su cara hacia su hija. Los rasgos relajados aún muestran las mejillas rojas y los ojos hinchados. Le acaricia con suavidad la mejilla con la yema de los dedos. El resto del trayecto se vuelve algo menos denso. Aunque oscurece. El olor a humo le llega antes que su luz, y le indica a Hakon que están llegando. En una desviación del camino de tierra, se levanta un pequeño poblado con varias casas pequeñas, y una de mayor tamaño tras todas ellas. Está demasiado oscuro, pero se pueden apreciar campos detrás y un pequeño pozo. Al llegar a la entrada, alguien reconoce el carro antes que a sus ocupantes y da la voz. Cuando entran en el poblado, un hombre mayor llama a la madre por su nombre: Gudrun. Varias mujeres se acercan. Despiertan a Hilda, que se abraza a su madre y luego, cuando baja, a una mujer más mayor que susurra palabras de consuelo. Hakon baja el último. Nadie se acerca. Se queda quieto a un lado del carro mientras todo sucede. Llegan los hombres y cargan el cuerpo. Lo llevan a una de las casas. Toda la comitiva detrás encabezada por Gudrun y Hilda. Esta gira su cabeza hacia Hakon. Se miran y ella lo hace hasta que desaparece dentro del edificio junto a los demás. La noche se ha vuelto más fría. El silencio se siente pesado. Él sigue junto al carro. No sabe cuánto tiempo pasa. Podría irse, pero se queda. Sus ojos vuelven al camino fuera del poblado y se quedan allí un segundo. Dos. Al tercer segundo, un ruido hace que voltee la cabeza. Aparece la mujer mayor que sostuvo a Hilda. Le ofrece una copa de peltre. —Gudrun nos lo ha explicado. Gracias por traer a mi hijo a casa. Hakon respira hondo. Baja la mirada a la copa y la toma. Los dedos la aprietan con más fuerza de la necesaria. —También me dijo que eras un hombre de pocas palabras —da un paso atrás—. Bebe. Te ayudará a entrar en calor. Él asiente una sola vez antes de llevarse la bebida a los labios. Bebe. Traga. El hidromiel le abrasa la garganta al bajar. Sostiene después la copa con ambas manos, mirando de vuelta a la mujer. Ella sostiene su mirada. —Te traeré algo de comer. Y una manta. El amanecer trae humedad y frío. La ceremonia se realiza con las primeras luces. Hakon escucha entonces el nombre del padre de Hilda varias veces: Leifur. Lo sacan los hombres del pueblo, sobre un lecho de maderas anudadas y tablones. Lo han vestido con sus mejores galas y lleva en su regazo un hacha. Le han preparado una pira y lo colocan sobre ella. Hakon no se acerca demasiado. Lo ve todo pero no participa. Gudrun deja su trenza sobre el pecho de Leifur. Lleva un tocado que cubre lo que queda de su melena. Hilda no suelta su mano. Alguien toca un instrumento de viento. Alguien canta. Otros se unen. La madre de Leifur habla de su hijo. Era un buen hombre. Hilda llora. Luego prenden fuego a la pira. Hakon observa el fuego y como consume la madera. El cuerpo de Leifur desaparece rápido entre las llamas. Ese olor de nuevo. Se obligan a mirar pero termina desviando la mirada a otro lugar. No puede dejar de respirar ese olor. Ve entonces los ojos de Hilda. La niña le mira. Está más pálida y tiene ojeras. Su madre también las tiene. Siente la sequedad en la boca. Aprieta los labios. También secos. Hace un ademán de cabeza. La niña lo imita. Ella sonríe. Distinto. Él no se va hasta que la niña y la mujer se van. Por entonces la pira se reduce a un montón de cenizas. La mitad ya se ha ido. La vida sigue. Él también. La anciana le intercepta en la salida del pueblo. No la va visto venir. No la ha olido. Solo huele el humo. —Imagino que te vas. Hakon solo asiente. Las manos se enredan la una en la otra sobre su regazo. —No tienes que hacerlo. Puedes pasar el invierno con nosotros. Gudrun ahora tiene sitio para alguien en su casa y te lo debe—dice bajando la mirada a las manos de Hakon—. El invierno es cruel aquí. Hakon se queda quieto. Es una estatua de piedra. —Sé que eres peligroso, pero has protegido a Hilda antes. Hazlo por ella. He enterrado hoy a mi hijo y no quiero enterrar a mi nieta. Ese no debe ser el orden de las cosas. —Estaba allí. Tenía que defenderme. —No es lo que Gudrun dice. La mandíbula de Hakon se tensa. Ella lo ve. —Estaba asustada —replica él. —Cualquiera lo estaría. Pero tú no —baja el tono y coloca su mano en el antebrazo de él—. Debes haber visto y hecho muchas cosas. Pero dime, ¿tienes lugar al que regresar? Una familia, un pueblo, un hogar. Hakon se queda quieto. Desaparece la tensión. Hay algo peor. Hay nada. —No —responde. La voz más grave. Más ronca—. Y no lo quiero. Él entonces se aparta un paso hacia atrás. La anciana recoge su mano y levanta la mirada a la de él. —Quédate un solo día. Ve con Hilda, ella te mira. Lo he visto. Ve algo en ti que nadie más ve y creo saber el qué. Los párpados caen. La mirada se vuelve de acero. —No pertenezco a este lugar. —A ninguno, me temo. Pero aquí hay comida, cama y techo. No le aparta la mirada. Hay un desajuste en la él. Sus ojos van a la casa donde ha visto entrar a la mujer y la niña. La anciana entorna la mirada. —Sólo un día.
    Me gusta
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • — En mi defensa, fue ella la que insistió
    — En mi defensa, fue ella la que insistió
    Me enjaja
    Me gusta
    Me encocora
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • “Fenrir no cubre sus ojos por temor…
    sino por misericordia.”
    💙 “Fenrir no cubre sus ojos por temor… sino por misericordia.”
    Me encocora
    Me gusta
    Me endiabla
    13
    11 turnos 0 maullidos
  • Pero mira nada más

    -menciono con la respiración agitada, había dado todo lo que tenía por tratar de retener las abstracciónes... Así es caine, no pensaba huir de su responsabilidad pero se confío tanto al sentirse un dios que no se dió cuenta que faltaba la abstracción más inteligente y solo se acordó de su existencia cuando ella misma lo inmovilizo bloqueando todos sus sistemas de defensa -

    ¿Les parece fácil derrotarme? Aún así jamás van a salir del circo
    Pero mira nada más -menciono con la respiración agitada, había dado todo lo que tenía por tratar de retener las abstracciónes... Así es caine, no pensaba huir de su responsabilidad pero se confío tanto al sentirse un dios que no se dió cuenta que faltaba la abstracción más inteligente y solo se acordó de su existencia cuando ella misma lo inmovilizo bloqueando todos sus sistemas de defensa - ¿Les parece fácil derrotarme? Aún así jamás van a salir del circo
    Me shockea
    Me endiabla
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • —Recuérdame otra vez ¿Por qué tenemos que ir por esa cosa nosotros?

    Ambos jóvenes caminaban por el árido desierto, el sol abrasador y el viento seco que levantaba la caliente arena hasta sus rostros hacía del camino a su objetivo fuera más complicado de lo que esperaban.

    —Primero, —dice la chica— no es una «cosa» es un artefacto.

    El camino parecía infinito, el calor hacía que el entorno se difuminara a la lejanía.

    —Segundo, —continuaba ella— Si no fuera por la culpa de «alguien» —dijo volteando su rostro hacia él con ojos entrecerrados— no tendríamos que buscar un nuevo catalizador para esta pobre e indefensa maga.

    Una sensación de vergüenza y culpa cosquilleó en el estómago del joven espadachín, sabía que estar en esta situación tan molesta era su culpa, por lo cual no rechistó y siguió su camino.

    —Bueno... supongo que es «en parte» mi culpa.
    —Recuérdame otra vez ¿Por qué tenemos que ir por esa cosa nosotros? Ambos jóvenes caminaban por el árido desierto, el sol abrasador y el viento seco que levantaba la caliente arena hasta sus rostros hacía del camino a su objetivo fuera más complicado de lo que esperaban. —Primero, —dice la chica— no es una «cosa» es un artefacto. El camino parecía infinito, el calor hacía que el entorno se difuminara a la lejanía. —Segundo, —continuaba ella— Si no fuera por la culpa de «alguien» —dijo volteando su rostro hacia él con ojos entrecerrados— no tendríamos que buscar un nuevo catalizador para esta pobre e indefensa maga. Una sensación de vergüenza y culpa cosquilleó en el estómago del joven espadachín, sabía que estar en esta situación tan molesta era su culpa, por lo cual no rechistó y siguió su camino. —Bueno... supongo que es «en parte» mi culpa.
    0 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    // Aviso que seguiré haciendo limpieza de cuentas. Yo envío solicitud de amistad cuando me interesa crear una trama con ese personaje. Cuando me llegan solicitudes de amistad las acepto creyendo que esa persona desea crear trama, pero nunca llega mensaje para ponernos de acuerdo si es lo que interesa realmente. Si es por qué quieren ver lo que escribo pueden simplemente darle a seguir y ahí les saldrá lo que escribo y mis escenas.

    También la mayoría de mis escenas están abiertas a que las personas puedan entrar a rolear a no ser que especialmente especifique al principio o a pié del texto que es una escena cerrada.

    No es con mala onda, en serio 🥹. Es solo que me gustaría no saturar mi perfil con personajes con los que parece que no se van a crear trama.

    Mi personaje se adapta muy bien a épocas y lugares sin perder su hilo narrativo principal, por qué puede viajar entre épocas y lugares a través del bosque. Al igual que as pueden encontrar con él en zonas de bosque o llegando a su templo por qué así lo quiso el destino.

    Así que eso. Si ven que de pronto no están en mi perfil y leen esto es sin intención de ofender. Y si después de eso están interesados en trama nos volvemos a agregar sin problemas.

    Gracias por leer hasta aquí 🫰//
    // Aviso que seguiré haciendo limpieza de cuentas. Yo envío solicitud de amistad cuando me interesa crear una trama con ese personaje. Cuando me llegan solicitudes de amistad las acepto creyendo que esa persona desea crear trama, pero nunca llega mensaje para ponernos de acuerdo si es lo que interesa realmente. Si es por qué quieren ver lo que escribo pueden simplemente darle a seguir y ahí les saldrá lo que escribo y mis escenas. También la mayoría de mis escenas están abiertas a que las personas puedan entrar a rolear a no ser que especialmente especifique al principio o a pié del texto que es una escena cerrada. No es con mala onda, en serio 🥹🙏. Es solo que me gustaría no saturar mi perfil con personajes con los que parece que no se van a crear trama. Mi personaje se adapta muy bien a épocas y lugares sin perder su hilo narrativo principal, por qué puede viajar entre épocas y lugares a través del bosque. Al igual que as pueden encontrar con él en zonas de bosque o llegando a su templo por qué así lo quiso el destino. Así que eso. Si ven que de pronto no están en mi perfil y leen esto es sin intención de ofender. Y si después de eso están interesados en trama nos volvemos a agregar sin problemas. Gracias por leer hasta aquí 🫰//
    Me gusta
    2
    2 comentarios 0 compartidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Basado en el relato publicado por Ozma

    ***Edad del Caos***
    El Encuentro con Arcyelle

    El Templo del Norte se alzaba imponente entre los árboles, antiguo y silencioso, como si observara el paso del tiempo sin pertenecer a él.

    Oz avanzaba sin detenerse, a su lado, Onix lo seguía en silencio, atenta a cada detalle. No comprendía del todo lo que ocurría, pero podía sentirlo con claridad: el ser que caminaba frente a ella ya no era simplemente un hombre, era algo más, algo que incluso el mundo parecía rechazar pero aun así, para esta niña, aquel ser era el único en el que ella podía confiar.

    Los guardianes Elunai descendieron los escalones del templo y bloquearon el camino. Sus armaduras reflejaban la luz plateada de Yue, pero sus expresiones estaban tensas, marcadas por una mezcla de desconfianza y temor.

    Oz no redujo el paso hasta estar frente a ellos, los guardianes percibían lo mismo: el rastro de poder que venía con él. Una energía que no pertenecía a ese lugar, era poder corrupto, algo que no debía existir. Para ellos, no había duda, Oz era el origen de ese caos y entonces lo llamaron "Señor del Caos", un título no fue rechazado ni negado. Por primera vez, Oz no solo permitió que lo definieran de esa forma… sino que lo llevó más allá.

    Si aquello era lo que veían en él, entonces no tenía sentido ocultarlo, n cuando el mundo ya había decidido lo que era. Su presencia se volvió más pesada, más opresiva, como si el aire mismo comenzara a ceder ante su voluntad.

    Los guardianes intentaron detenerlo pero no fue suficiente, un solo movimiento bastó para apartarlos. Sus cuerpos fueron lanzados contra las estructuras del templo, cayendo sin conciencia. No hubo combate, solo una diferencia absoluta de poder.

    Fue entonces cuando ella apareció, Arcyelle Veltharys, la luz lunar la envolvía, dándole una presencia casi irreal, como si perteneciera a otro plano, pero Oz no vio divinidad en ella, por lo que no le importo que el titulo de Santa que los guardianes usaban con ella para exigir respeto al intruso.

    Oz solo vio a alguien que había tenido el poder de actuar y no lo hizo. La distancia entre ambos desapareció en un instante.

    Oz se lanzó hacia ella sin contenerse. Arcyelle reaccionó de inmediato, levantó una barrera de luz pero no era una defensa cualquiera, era una creación específica. Ella conocía la verdad, había sido parte del grupo que investigó los cuerpos artificiales. Sabía que el cuerpo actual de Oz estaba basado en los Nómadas, una estructura imperfecta, vulnerable a ciertos tipos de energía.

    Aquella barrera había sido diseñada para romperlo pero algo había cambiado. Cuando Oz la atravesó, la barrera no lo destruyó, sino que lo reveló.

    El poder que recorría su cuerpo reaccionó al contacto, se expandió, se desbordó, tomó forma. Lo que antes estaba contenido dejó de estarlo, su cuerpo mutó y creció aun mas.

    Se volvió más denso, más violento en su estructura. La piel verde se oscureció, endurecida como si ya no fuera completamente orgánica. Sus músculos se tensaron con una fuerza que parecía romper los límites de su forma anterior.

    Sus colmillos se alargaron, sus rasgos se deformaron hacia algo más primitivo y más cercano a una bestia que a un hombre.

    No era una transformación elegante, sino que era una verdad expuesta. Onix retrocedió, incapaz de ocultar el miedo, Arcyelle, por su parte, comprendió de inmediato lo que estaba ocurriendo.

    No lo había herido, había liberado algo y eso era peor. Oz avanzó un paso más y con él, el peso de su existencia pareció aplastar el entorno.

    Pero más allá de la ira… había algo más, "Dolor". Arcyelle lo entendió y supo que no podía detenerlo. Así que eligió la única opción que le quedaba, la verdad. La revelación cayó como un balde agua fria. Su hija estaba viva.

    El cambio fue inmediato, el poder dejó de crecer, la presión desapareció, el caos… se detuvo.

    Oz no se movió pero todo en él cambió, por primera vez desde que había llegado, no era destrucción lo que lo sostenía. Era algo más frágil, era esperanza.

    Arcyelle continuó, ya no confiaba en los dioses. Había visto señales y escuchado rumores. Los experimentos con los niños Nómadas ya no eran simples teorías, ya que aquella niña que acompañaba a Oz era la prueba de sus mas grandes temores.

    Anteriormente, aunque sus sospechas no se habían confirmado, Arcyelle uso la escusa que la pequeña Yen’naferiel no soportaría el viaje hasta el templo principal de los Dioses, esto porque había sido herida durante su secuestro, por lo que la Santa de los Elunia ordeno que la llevaran a otro templo mientras se recuperaba, de esa forma había ganado algo de tiempo mientras investigaba el templo del Oeste.

    Le llegada de Oz cambio los planes de Arcyelle, si bien había confirmado sus sospechas, también había perdido la oportunidad de escapar con la niña, pero aun tenia la esperanza de recuperar a Yen’naferiel, ya que tampoco podía dejarla con su padre.

    Oz escuchó todo en silencio mientras Arcyelle le decía la ubicación de su hija. Antes de irse le dejo algo muy claro, si Yen’naferiel no estaba en aquel lugar con vida, no habría lugar en el mundo donde ocultarse.

    Oz salio del templo acompañado de Onix, habia dejado vivir un poco mas a Arcyelle, no por compasión ni por perdón, sino porque había algo más importante que la venganza en ese momento,

    Arcyelle permaneció inmóvil, consciente de que había sobrevivido a algo que no debía tener forma.

    Mientras tanto, el mundo comenzaba a susurrar un nuevo nombre, un nombre nacido del miedo: "Mao" , y con el tiempo… uno que ni siquiera los dioses podrían ignorar... Ozma.

    Basado en el relato publicado por [Oz_The_Chaos] ***Edad del Caos*** El Encuentro con Arcyelle El Templo del Norte se alzaba imponente entre los árboles, antiguo y silencioso, como si observara el paso del tiempo sin pertenecer a él. Oz avanzaba sin detenerse, a su lado, Onix lo seguía en silencio, atenta a cada detalle. No comprendía del todo lo que ocurría, pero podía sentirlo con claridad: el ser que caminaba frente a ella ya no era simplemente un hombre, era algo más, algo que incluso el mundo parecía rechazar pero aun así, para esta niña, aquel ser era el único en el que ella podía confiar. Los guardianes Elunai descendieron los escalones del templo y bloquearon el camino. Sus armaduras reflejaban la luz plateada de Yue, pero sus expresiones estaban tensas, marcadas por una mezcla de desconfianza y temor. Oz no redujo el paso hasta estar frente a ellos, los guardianes percibían lo mismo: el rastro de poder que venía con él. Una energía que no pertenecía a ese lugar, era poder corrupto, algo que no debía existir. Para ellos, no había duda, Oz era el origen de ese caos y entonces lo llamaron "Señor del Caos", un título no fue rechazado ni negado. Por primera vez, Oz no solo permitió que lo definieran de esa forma… sino que lo llevó más allá. Si aquello era lo que veían en él, entonces no tenía sentido ocultarlo, n cuando el mundo ya había decidido lo que era. Su presencia se volvió más pesada, más opresiva, como si el aire mismo comenzara a ceder ante su voluntad. Los guardianes intentaron detenerlo pero no fue suficiente, un solo movimiento bastó para apartarlos. Sus cuerpos fueron lanzados contra las estructuras del templo, cayendo sin conciencia. No hubo combate, solo una diferencia absoluta de poder. Fue entonces cuando ella apareció, Arcyelle Veltharys, la luz lunar la envolvía, dándole una presencia casi irreal, como si perteneciera a otro plano, pero Oz no vio divinidad en ella, por lo que no le importo que el titulo de Santa que los guardianes usaban con ella para exigir respeto al intruso. Oz solo vio a alguien que había tenido el poder de actuar y no lo hizo. La distancia entre ambos desapareció en un instante. Oz se lanzó hacia ella sin contenerse. Arcyelle reaccionó de inmediato, levantó una barrera de luz pero no era una defensa cualquiera, era una creación específica. Ella conocía la verdad, había sido parte del grupo que investigó los cuerpos artificiales. Sabía que el cuerpo actual de Oz estaba basado en los Nómadas, una estructura imperfecta, vulnerable a ciertos tipos de energía. Aquella barrera había sido diseñada para romperlo pero algo había cambiado. Cuando Oz la atravesó, la barrera no lo destruyó, sino que lo reveló. El poder que recorría su cuerpo reaccionó al contacto, se expandió, se desbordó, tomó forma. Lo que antes estaba contenido dejó de estarlo, su cuerpo mutó y creció aun mas. Se volvió más denso, más violento en su estructura. La piel verde se oscureció, endurecida como si ya no fuera completamente orgánica. Sus músculos se tensaron con una fuerza que parecía romper los límites de su forma anterior. Sus colmillos se alargaron, sus rasgos se deformaron hacia algo más primitivo y más cercano a una bestia que a un hombre. No era una transformación elegante, sino que era una verdad expuesta. Onix retrocedió, incapaz de ocultar el miedo, Arcyelle, por su parte, comprendió de inmediato lo que estaba ocurriendo. No lo había herido, había liberado algo y eso era peor. Oz avanzó un paso más y con él, el peso de su existencia pareció aplastar el entorno. Pero más allá de la ira… había algo más, "Dolor". Arcyelle lo entendió y supo que no podía detenerlo. Así que eligió la única opción que le quedaba, la verdad. La revelación cayó como un balde agua fria. Su hija estaba viva. El cambio fue inmediato, el poder dejó de crecer, la presión desapareció, el caos… se detuvo. Oz no se movió pero todo en él cambió, por primera vez desde que había llegado, no era destrucción lo que lo sostenía. Era algo más frágil, era esperanza. Arcyelle continuó, ya no confiaba en los dioses. Había visto señales y escuchado rumores. Los experimentos con los niños Nómadas ya no eran simples teorías, ya que aquella niña que acompañaba a Oz era la prueba de sus mas grandes temores. Anteriormente, aunque sus sospechas no se habían confirmado, Arcyelle uso la escusa que la pequeña Yen’naferiel no soportaría el viaje hasta el templo principal de los Dioses, esto porque había sido herida durante su secuestro, por lo que la Santa de los Elunia ordeno que la llevaran a otro templo mientras se recuperaba, de esa forma había ganado algo de tiempo mientras investigaba el templo del Oeste. Le llegada de Oz cambio los planes de Arcyelle, si bien había confirmado sus sospechas, también había perdido la oportunidad de escapar con la niña, pero aun tenia la esperanza de recuperar a Yen’naferiel, ya que tampoco podía dejarla con su padre. Oz escuchó todo en silencio mientras Arcyelle le decía la ubicación de su hija. Antes de irse le dejo algo muy claro, si Yen’naferiel no estaba en aquel lugar con vida, no habría lugar en el mundo donde ocultarse. Oz salio del templo acompañado de Onix, habia dejado vivir un poco mas a Arcyelle, no por compasión ni por perdón, sino porque había algo más importante que la venganza en ese momento, Arcyelle permaneció inmóvil, consciente de que había sobrevivido a algo que no debía tener forma. Mientras tanto, el mundo comenzaba a susurrar un nuevo nombre, un nombre nacido del miedo: "Mao" , y con el tiempo… uno que ni siquiera los dioses podrían ignorar... Ozma.
    Me gusta
    3
    1 comentario 0 compartidos
Ver más resultados
Patrocinados