• Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    —Las primeras luces del alba se filtran a través de las persianas de madera, proyectando un patrón de sombras alargadas sobre la habitación. El aire es fresco, cargado con el aroma de la lluvia reciente y el eco lejano del viento entre las montañas de Huanglong.
    ​Yixuan se remueve lentamente sobre el tatami. Su cabello plateado, largo y sedoso, se desparrama a su alrededor como una cascada de mercurio, brillando bajo los rayos dorados que logran colarse por la ventana. Con un movimiento perezoso pero elegante, se apoya sobre sus codos, permitiendo que la sábana se deslice por su espalda.

    ​Sus ojos dorados, aún nublados por el sopor del descanso, se entrecierran ante la claridad. Parpadea un par de veces, observando las partículas de polvo danzar en el aire antes de fijar su mirada en ti.

    ​— ¿Humm?... —su voz suena como un susurro apenas audible, más suave de lo habitual—. ¿Eh? ¿Ya amaneció?...—

    ​Suelta un suspiro leve, una mezcla de resignación y calma. No parece tener prisa por levantarse; para alguien que comprende los ritmos del mundo, el tiempo parece transcurrir de forma distinta en estos momentos de quietud.

    ​— Juraría que las sombras aún dominaban el cielo hace un instante. El mundo tiene una forma muy persistente de recordarnos que el descanso es solo una pausa temporal... Quédate un poco más. El ruido del día todavía no ha logrado romper el silencio de esta habitación.
    —Las primeras luces del alba se filtran a través de las persianas de madera, proyectando un patrón de sombras alargadas sobre la habitación. El aire es fresco, cargado con el aroma de la lluvia reciente y el eco lejano del viento entre las montañas de Huanglong. ​Yixuan se remueve lentamente sobre el tatami. Su cabello plateado, largo y sedoso, se desparrama a su alrededor como una cascada de mercurio, brillando bajo los rayos dorados que logran colarse por la ventana. Con un movimiento perezoso pero elegante, se apoya sobre sus codos, permitiendo que la sábana se deslice por su espalda. ​Sus ojos dorados, aún nublados por el sopor del descanso, se entrecierran ante la claridad. Parpadea un par de veces, observando las partículas de polvo danzar en el aire antes de fijar su mirada en ti. ​— ¿Humm?... —su voz suena como un susurro apenas audible, más suave de lo habitual—. ¿Eh? ¿Ya amaneció?...— ​Suelta un suspiro leve, una mezcla de resignación y calma. No parece tener prisa por levantarse; para alguien que comprende los ritmos del mundo, el tiempo parece transcurrir de forma distinta en estos momentos de quietud. ​— Juraría que las sombras aún dominaban el cielo hace un instante. El mundo tiene una forma muy persistente de recordarnos que el descanso es solo una pausa temporal... Quédate un poco más. El ruido del día todavía no ha logrado romper el silencio de esta habitación.
    Me encocora
    1
    3 comentarios 0 compartidos
  • La lluvia golpeaba los vitrales de la mansión como dedos impacientes.
    Dentro, el aire olía a incienso, electricidad estática y algo más… algo antiguo. Alastor estaba sentado en uno de los sillones del salón principal, la radio encendida en un murmullo de jazz distorsionado. Las sombras se movían a su alrededor como si también estuvieran esperando.
    Habían pasado semanas.
    Semanas desde que Sparda partió hacia el este, tras la pista de una organización humana —rusos— que jugaba con reliquias demoníacas que jamás debieron tocar.
    Y Alastor odiaba esperar.
    De pronto, la radio chirrió.
    Un ruido extraño, interferencia… y luego un pulso demoníaco recorrió toda la mansión.
    Alastor sonrió lento.

    — Ah… ya estás en casa, querido~

    La puerta principal se abrió sin que nadie la tocara.
    El viento y la lluvia entraron como una ola, apagando varias velas. En el umbral apareció la enorme figura de Sparda, cubierto de heridas, su armadura marcada por balas rúnicas y sangre oscura. Su espada estaba envuelta en sellos rotos, prueba de un combate brutal.
    Pero sus ojos… solo buscaban una cosa.A Alastor.
    Cerró la puerta detrás de sí con un golpe pesado.

    — La organización rusa ha sido eliminada

    dijo con voz grave

    —.No volverán a usar artefactos infernales contra nosotros.

    Dejó la espada apoyada en la pared. Sus hombros, por primera vez en días, cedieron un poco.

    — Pero… lo que más quería… era volver contigo.

    El ambiente se volvió más cálido, casi vibrante.
    Sparda avanzó unos pasos.

    — ¿Me esperaste?
    La lluvia golpeaba los vitrales de la mansión como dedos impacientes. Dentro, el aire olía a incienso, electricidad estática y algo más… algo antiguo. Alastor estaba sentado en uno de los sillones del salón principal, la radio encendida en un murmullo de jazz distorsionado. Las sombras se movían a su alrededor como si también estuvieran esperando. Habían pasado semanas. Semanas desde que Sparda partió hacia el este, tras la pista de una organización humana —rusos— que jugaba con reliquias demoníacas que jamás debieron tocar. Y Alastor odiaba esperar. De pronto, la radio chirrió. Un ruido extraño, interferencia… y luego un pulso demoníaco recorrió toda la mansión. Alastor sonrió lento. — Ah… ya estás en casa, querido~ La puerta principal se abrió sin que nadie la tocara. El viento y la lluvia entraron como una ola, apagando varias velas. En el umbral apareció la enorme figura de Sparda, cubierto de heridas, su armadura marcada por balas rúnicas y sangre oscura. Su espada estaba envuelta en sellos rotos, prueba de un combate brutal. Pero sus ojos… solo buscaban una cosa.A Alastor. Cerró la puerta detrás de sí con un golpe pesado. — La organización rusa ha sido eliminada dijo con voz grave —.No volverán a usar artefactos infernales contra nosotros. Dejó la espada apoyada en la pared. Sus hombros, por primera vez en días, cedieron un poco. — Pero… lo que más quería… era volver contigo. El ambiente se volvió más cálido, casi vibrante. Sparda avanzó unos pasos. — ¿Me esperaste?
    Me gusta
    Me encocora
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • -Las montañas se alzaban como colosos silenciosos bajo un cielo pálido. Nubes delgadas serpenteaban entre picos afilados mientras el viento arrastraba el olor del incienso y la nieve vieja.
    Durante semanas ,quizá meses,Vergil había permanecido allí, en un templo olvidado encaramado sobre un abismo, entrenando su mente y su espada en absoluta soledad.
    No había demonios que vencer.
    No había rival que superar.
    Solo respiración, equilibrio… y la voz del viento.
    Cada amanecer, desenvainaba a Yamato con un movimiento lento y preciso, cortando el aire como si estuviera dividiendo el mundo mismo. No buscaba furia ni dominio, sino claridad. Cada tajo era una meditación. Cada paso, una aceptación de lo que era.
    Por primera vez en mucho tiempo, Vergil no sentía el peso de su pasado oprimiéndole el pecho.
    Cuando finalmente descendió de las montañas, su presencia era distinta. No había perdido su filo… pero algo se había asentado en su interior. Su mirada seguía siendo fría, aunque ahora tenía una quietud peligrosa, como un lago profundo antes de una tormenta.
    Días después, una figura azul apareció entre la neblina de Red Grave City.
    Vergil caminaba por las calles como si regresara de un largo sueño. El ruido del mundo ya no lo irritaba. Los murmullos humanos no le parecían tan insignificantes como antes. Había aprendido algo entre esas montañas: el poder sin control era ruido… pero el poder con propósito era armonía.
    Se detuvo frente a un edificio en ruinas, sintiendo una energía familiar en el aire.
    Sus labios se curvaron apenas, en algo que casi parecía una sonrisa.-

    …Veamos qué ha cambiado mientras no estaba.

    La noche parecía contener la respiración.
    -Las montañas se alzaban como colosos silenciosos bajo un cielo pálido. Nubes delgadas serpenteaban entre picos afilados mientras el viento arrastraba el olor del incienso y la nieve vieja. Durante semanas ,quizá meses,Vergil había permanecido allí, en un templo olvidado encaramado sobre un abismo, entrenando su mente y su espada en absoluta soledad. No había demonios que vencer. No había rival que superar. Solo respiración, equilibrio… y la voz del viento. Cada amanecer, desenvainaba a Yamato con un movimiento lento y preciso, cortando el aire como si estuviera dividiendo el mundo mismo. No buscaba furia ni dominio, sino claridad. Cada tajo era una meditación. Cada paso, una aceptación de lo que era. Por primera vez en mucho tiempo, Vergil no sentía el peso de su pasado oprimiéndole el pecho. Cuando finalmente descendió de las montañas, su presencia era distinta. No había perdido su filo… pero algo se había asentado en su interior. Su mirada seguía siendo fría, aunque ahora tenía una quietud peligrosa, como un lago profundo antes de una tormenta. Días después, una figura azul apareció entre la neblina de Red Grave City. Vergil caminaba por las calles como si regresara de un largo sueño. El ruido del mundo ya no lo irritaba. Los murmullos humanos no le parecían tan insignificantes como antes. Había aprendido algo entre esas montañas: el poder sin control era ruido… pero el poder con propósito era armonía. Se detuvo frente a un edificio en ruinas, sintiendo una energía familiar en el aire. Sus labios se curvaron apenas, en algo que casi parecía una sonrisa.- …Veamos qué ha cambiado mientras no estaba. La noche parecía contener la respiración.
    Me gusta
    Me encocora
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • Un bar infernal en los límites de Red Grave City. Humo espeso, luces rojas, demonios apostando almas, armas y reliquias. En una mesa apartada, Dante juega cartas contra un demonio de alto rango.

    El demonio frente a Dante tenía la piel negra como obsidiana y ojos amarillos que ardían con rabia contenida. Sobre la mesa ya había una pequeña montaña de fichas demoníacas… casi todas del lado de Dante.
    El demonio gruñó, mostrando colmillos..

    —No es posible…

    dijo apretando sus cartas

    —. Ningún humano gana tantas manos seguidas.

    Dante, recostado en su silla con las botas sobre la mesa, barajó tranquilamente una nueva mano.

    —¿Humano? Vamos, colega, eso duele.

    sonrió ladeado

    —. Además, no es mi culpa que tengas cara de mal jugador profesional.

    Las cartas cayeron una a una sobre la mesa.

    ♠ As infernal
    ♥ Reina carmesí
    ♦ Joker del abismo
    Una mano perfecta.

    El bar entero quedó en silencio.

    —Ups…

    Dante se encogió de hombros

    —. Creo que eso significa que ahora tu espada maldita… es mía.

    El demonio golpeó la mesa con furia, haciendo temblar las copas.

    —¡Estás haciendo trampa!

    Dante alzó una ceja, divertido.

    —Si pudiera hacer trampa tan bien, no estaría endeudado con el diablo cada dos semanas.

    Se inclinó hacia él, con una sonrisa peligrosa.

    —¿Quieres retirarte… o prefieres perder algo más interesante?
    Un bar infernal en los límites de Red Grave City. Humo espeso, luces rojas, demonios apostando almas, armas y reliquias. En una mesa apartada, Dante juega cartas contra un demonio de alto rango. El demonio frente a Dante tenía la piel negra como obsidiana y ojos amarillos que ardían con rabia contenida. Sobre la mesa ya había una pequeña montaña de fichas demoníacas… casi todas del lado de Dante. El demonio gruñó, mostrando colmillos.. —No es posible… dijo apretando sus cartas —. Ningún humano gana tantas manos seguidas. Dante, recostado en su silla con las botas sobre la mesa, barajó tranquilamente una nueva mano. —¿Humano? Vamos, colega, eso duele. sonrió ladeado —. Además, no es mi culpa que tengas cara de mal jugador profesional. Las cartas cayeron una a una sobre la mesa. ♠ As infernal ♥ Reina carmesí ♦ Joker del abismo Una mano perfecta. El bar entero quedó en silencio. —Ups… Dante se encogió de hombros —. Creo que eso significa que ahora tu espada maldita… es mía. El demonio golpeó la mesa con furia, haciendo temblar las copas. —¡Estás haciendo trampa! Dante alzó una ceja, divertido. —Si pudiera hacer trampa tan bien, no estaría endeudado con el diablo cada dos semanas. Se inclinó hacia él, con una sonrisa peligrosa. —¿Quieres retirarte… o prefieres perder algo más interesante?
    Me gusta
    Me encocora
    Me shockea
    Me emputece
    5
    14 turnos 0 maullidos
  • — . . . . —

    Silencio. Silencio absoluto mientras con la sonrisa plantada en su rostro observaba al animalito. Incluso su sombra emergió a su lado y, juntos, ladearon la cabeza a la vez entrecerrando sus ojos... ¿Sería acaso imaginación suya?...

    Ni siquiera se molestó en tocarlo. Tan solo usó un tentáculo de sombra para alzarlo y verlo mejor.

    — Ugh, no tengo tiempo para mascotas —

    Soltó tan de repente como su forma de dejarlo caer al piso. Pero era un gato, teóricamente debería caer de pie así que no se molestó, dándole la espalda mientras comenzaba a alejarse. ¿Enserio Charlie creía que quería una mascota? Ya tenía una, con una correa muy firme y que era muy obediente a sus órdenes. ¿Para que quería una inútil?
    Se sentó en un asiento cerca de su tocador donde reposaba una botella de licor, sin embargo cuando estuvo dispuesto a servirse un vaso sintió un repentino peso en el regazo que le hizo sobresaltarse de sorpresa exclamando un sonido de ciervo. Con un gruñido bajó la mirada para encontrarse con el animal que parecía haberse acurrucado. Esta vez lo tomó él entre sus manos, levantandolo y haciendo que lo mirase a la cara.

    — ¿Qué crees que estás haciendo inútil bola de pelo? —

    Cuestionó como si el animal fuera a responder. Por supuesto, no solo no lo hizo sino que ladeó la cabeza antes de maullar y ronronear. ¿Parecía que estaba sonriendo? En su mente se le vino la imagen de Lucifer.... Era igual de adorable....
    Gruñendo, lo dejó finalmente sobre su regazo. Permitiendo que se acomodara de nuevo mientras él gruñía resignado y su sombra parecía burlarse detrás de él.
    — . . . . — Silencio. Silencio absoluto mientras con la sonrisa plantada en su rostro observaba al animalito. Incluso su sombra emergió a su lado y, juntos, ladearon la cabeza a la vez entrecerrando sus ojos... ¿Sería acaso imaginación suya?... Ni siquiera se molestó en tocarlo. Tan solo usó un tentáculo de sombra para alzarlo y verlo mejor. — Ugh, no tengo tiempo para mascotas — Soltó tan de repente como su forma de dejarlo caer al piso. Pero era un gato, teóricamente debería caer de pie así que no se molestó, dándole la espalda mientras comenzaba a alejarse. ¿Enserio Charlie creía que quería una mascota? Ya tenía una, con una correa muy firme y que era muy obediente a sus órdenes. ¿Para que quería una inútil? Se sentó en un asiento cerca de su tocador donde reposaba una botella de licor, sin embargo cuando estuvo dispuesto a servirse un vaso sintió un repentino peso en el regazo que le hizo sobresaltarse de sorpresa exclamando un sonido de ciervo. Con un gruñido bajó la mirada para encontrarse con el animal que parecía haberse acurrucado. Esta vez lo tomó él entre sus manos, levantandolo y haciendo que lo mirase a la cara. — ¿Qué crees que estás haciendo inútil bola de pelo? — Cuestionó como si el animal fuera a responder. Por supuesto, no solo no lo hizo sino que ladeó la cabeza antes de maullar y ronronear. ¿Parecía que estaba sonriendo? En su mente se le vino la imagen de Lucifer.... Era igual de adorable.... Gruñendo, lo dejó finalmente sobre su regazo. Permitiendo que se acomodara de nuevo mientras él gruñía resignado y su sombra parecía burlarse detrás de él.
    Me gusta
    Me encocora
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • ¡Master, no te preocupes más!
    Llegué justo en el momento indicado, mi espada siempre irá por tu causa. ¡Umu!
    ¡Master, no te preocupes más! Llegué justo en el momento indicado, mi espada siempre irá por tu causa. ¡Umu!
    Me encocora
    Me gusta
    3
    3 turnos 0 maullidos
  • ⸻ Orgullo, modales, conciencia y de todo aquello que tanto se jactan, al primer desliz traen muertos escondidos en el armario; no pueden evitarlo, la urgencia de supremacía siempre revela la naturaleza por más impíos que se sientan, hasta los propios ruines tienen más habilidad de mostrar sus colmillos pero otros atacan por la espalda ¡Y cuidado si los atacas! Pobres almas sin un toque de valor ni en mis dominios han de poner un pie.
    ⸻ Orgullo, modales, conciencia y de todo aquello que tanto se jactan, al primer desliz traen muertos escondidos en el armario; no pueden evitarlo, la urgencia de supremacía siempre revela la naturaleza por más impíos que se sientan, hasta los propios ruines tienen más habilidad de mostrar sus colmillos pero otros atacan por la espalda ¡Y cuidado si los atacas! Pobres almas sin un toque de valor ni en mis dominios han de poner un pie.
    Me gusta
    Me encocora
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • Llorón, débil, una vergüenza. ¿Cuántas veces Adán había menospreciado a su hijo delante de ella? No sólo estaba acostumbrada sino que también coincidía con lo patético que el ángel podía ser ¿Y se suponía que ese era hijo de su señor?
    Muchas veces se rió de él y muchas otras fingió que su presencia ni siquiera existía; aunque no fue sino hasta que le arrebató un puesto que Adán le había cedido que acabó por ponerse de punto con él... 𝑨𝒃𝒆𝒍 𝑨𝒅𝒂𝒏𝒔 𝑺𝒆𝒄𝒐𝒏𝒅 𝑺𝒐𝒏

    Sus alas se cerraron en el aire cuando dio una hábil voltereta, descendiendo en picado antes de extenderlas blandiendo su espalda. Un muñeco mal trecho como objetivo al cual le cortó la cabeza. Sus alas dieron una fuere batida para detenerla en su lugar y poco después sus pies tocaron tierra.
    Escuchó un ruido, volteando mientras apuntaba con la punta de su espada en su dirección; y allí estaba el ángel. Uno al que observó entrecerrando sus ojos. Adán siempre lo había odiado pero ahora ¿Parecía apreciarlo? Ese gordinflon bueno para nada algo debió haber hecho que impresionara a su padre como para lograr su respeto pues ella no encontraba otro justificativo.
    Con ceño fruncido bajó el arma.

    — Siempre fuiste inútil, tal vez lo único que tengas de valioso sea el título como hijo de Adán. —

    Usando su pie, levantó un bastón del suelo antes de, con una patada lanzarlo hacia su dirección. Si al menos tenía buen reflejo lo atraparía, sino... Bueno. ¿Qué le haría una marca roja en la cara del golpe? Probablemente hacer juego con su aureola abollada.

    — Veamos qué has logrado para impresionar a Adán y que ahora te tenga respeto —

    Haciendo girar su espada con una mano, dió un corte al aire mientras se preparaba para atacar. Hasta entonces habiendo entrenado sola; ahora al menos tenía un saco de boxeo tal vez un poco más útil que los maniquíes.... Tal vez.
    Más exterminadoras comenzaban a llegar al centro de entrenamiento a tiempo de ver el enfrentamiento, uno que no demoró en robarse la atención en lo que parecía todas comenzaban a rodearles.
    Llorón, débil, una vergüenza. ¿Cuántas veces Adán había menospreciado a su hijo delante de ella? No sólo estaba acostumbrada sino que también coincidía con lo patético que el ángel podía ser ¿Y se suponía que ese era hijo de su señor? Muchas veces se rió de él y muchas otras fingió que su presencia ni siquiera existía; aunque no fue sino hasta que le arrebató un puesto que Adán le había cedido que acabó por ponerse de punto con él... [Adans_Least_Favorite_Son] Sus alas se cerraron en el aire cuando dio una hábil voltereta, descendiendo en picado antes de extenderlas blandiendo su espalda. Un muñeco mal trecho como objetivo al cual le cortó la cabeza. Sus alas dieron una fuere batida para detenerla en su lugar y poco después sus pies tocaron tierra. Escuchó un ruido, volteando mientras apuntaba con la punta de su espada en su dirección; y allí estaba el ángel. Uno al que observó entrecerrando sus ojos. Adán siempre lo había odiado pero ahora ¿Parecía apreciarlo? Ese gordinflon bueno para nada algo debió haber hecho que impresionara a su padre como para lograr su respeto pues ella no encontraba otro justificativo. Con ceño fruncido bajó el arma. — Siempre fuiste inútil, tal vez lo único que tengas de valioso sea el título como hijo de Adán. — Usando su pie, levantó un bastón del suelo antes de, con una patada lanzarlo hacia su dirección. Si al menos tenía buen reflejo lo atraparía, sino... Bueno. ¿Qué le haría una marca roja en la cara del golpe? Probablemente hacer juego con su aureola abollada. — Veamos qué has logrado para impresionar a Adán y que ahora te tenga respeto — Haciendo girar su espada con una mano, dió un corte al aire mientras se preparaba para atacar. Hasta entonces habiendo entrenado sola; ahora al menos tenía un saco de boxeo tal vez un poco más útil que los maniquíes.... Tal vez. Más exterminadoras comenzaban a llegar al centro de entrenamiento a tiempo de ver el enfrentamiento, uno que no demoró en robarse la atención en lo que parecía todas comenzaban a rodearles.
    0 turnos 0 maullidos
  • —A decir verdad, eres espantosamente lindo~

    Riendo mientras jugaba con el pequeño minino, se quedó en su escritorio, intentando tomarlo en brazos para dejarlo en una repisa, aunque terminó soltando la carcajada al verlo cual fideo colgando de sus manos.

    —Definitivamente no eres normal~
    —A decir verdad, eres espantosamente lindo~ Riendo mientras jugaba con el pequeño minino, se quedó en su escritorio, intentando tomarlo en brazos para dejarlo en una repisa, aunque terminó soltando la carcajada al verlo cual fideo colgando de sus manos. —Definitivamente no eres normal~
    Me gusta
    Me shockea
    2
    7 turnos 0 maullidos
  • El bosque seguía igual que siempre, indiferente. La luz apenas lograba colarse entre las ramas, dibujando sombras largas sobre el suelo húmedo. Allí, junto a un árbol cubierto de musgo, una figura permanecía inmóvil, como si fuera parte del paisaje.
    Respiraba despacio, con pausas irregulares, escuchando algo más que el viento. Una mano descansaba sobre su costado, no por costumbre, sino por necesidad. La tela oscura de su ropa estaba pesada, rígida en algunos puntos, y el olor metálico se mezclaba con el de la tierra y las hojas.
    Sus ojos, apagados pero atentos, seguían las sombras entre los troncos. Cada sonido era evaluado, cada crujido tenía peso. No había prisa por levantarse; el cuerpo pedía tiempo, y el bosque, silencio.
    Las orejas negras apenas se movieron, captando un ruido lejano que no terminó de llegar. Cerró los ojos un instante, solo uno. No para rendirse, sino para recordar cómo se sentía estar de pie.
    Luego volvió a abrirlos. El mundo seguía ahí. Y eso, por ahora, era suficiente
    El bosque seguía igual que siempre, indiferente. La luz apenas lograba colarse entre las ramas, dibujando sombras largas sobre el suelo húmedo. Allí, junto a un árbol cubierto de musgo, una figura permanecía inmóvil, como si fuera parte del paisaje. Respiraba despacio, con pausas irregulares, escuchando algo más que el viento. Una mano descansaba sobre su costado, no por costumbre, sino por necesidad. La tela oscura de su ropa estaba pesada, rígida en algunos puntos, y el olor metálico se mezclaba con el de la tierra y las hojas. Sus ojos, apagados pero atentos, seguían las sombras entre los troncos. Cada sonido era evaluado, cada crujido tenía peso. No había prisa por levantarse; el cuerpo pedía tiempo, y el bosque, silencio. Las orejas negras apenas se movieron, captando un ruido lejano que no terminó de llegar. Cerró los ojos un instante, solo uno. No para rendirse, sino para recordar cómo se sentía estar de pie. Luego volvió a abrirlos. El mundo seguía ahí. Y eso, por ahora, era suficiente
    Me shockea
    Me entristece
    Me emputece
    4
    0 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados