• Nᴇʟʟɪᴇʟ Tᴜ Oᴅᴇʟsᴄʜᴡᴀɴᴄᴋ Tras una larga búsqueda por los largos e incontables pasillos del palacio Las Noches, logra dar con ella en la zona "exterior" de dicha estructura, sitio donde se simula un día despejado y muy iluminado, totalmente contrario a la noche eterna que era su mundo.

    Una vez dio con la Arrancar, llegó por detrás de ella, la rodeó desde atrás y se asomó desde un costado de ella. —Me prometiste que iríamos a cazar de nuevo, me lo debías, ¿Qué tanto haces aquí sola y en tu forma adulta?
    [Nellchiquita1] Tras una larga búsqueda por los largos e incontables pasillos del palacio Las Noches, logra dar con ella en la zona "exterior" de dicha estructura, sitio donde se simula un día despejado y muy iluminado, totalmente contrario a la noche eterna que era su mundo. Una vez dio con la Arrancar, llegó por detrás de ella, la rodeó desde atrás y se asomó desde un costado de ella. —Me prometiste que iríamos a cazar de nuevo, me lo debías, ¿Qué tanto haces aquí sola y en tu forma adulta?
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  • —Mmmmh... —bostezo exagerado— ¿Qué hora es en el tiempo lineal? ¿o ya abolimos los husos horarios como plan B?

    Shy Guy, uno de sus tentaculos le extiende una taza de café que burbujea sospechosamente. Ina lo mira con recelo antes de dar un sorbo...y parpadea lentamente al sentir que su alma se reorganiza.

    —¿Eso es...? —voz ronca, señalando el sándwich que Lanky le ofrece, entrecierra los ojos— ...Hmmmh...espero que solo sea jamón —suspira— da igual —le da un mordisco— Mmmh...sabe a arrepentimiento.

    Tiny, el tentáculo bebé, intenta ayudar limpiándole la cara con una servilleta. Luego se estira como un gato eldritch.

    —Bueno... —otro bostezo— hoy toca conquistar dimensiones, responder mensajes y... —susurro— encontrar donde deje mi otro zapato
    —Mmmmh... —bostezo exagerado— ¿Qué hora es en el tiempo lineal? ¿o ya abolimos los husos horarios como plan B? Shy Guy, uno de sus tentaculos le extiende una taza de café que burbujea sospechosamente. Ina lo mira con recelo antes de dar un sorbo...y parpadea lentamente al sentir que su alma se reorganiza. —¿Eso es...? —voz ronca, señalando el sándwich que Lanky le ofrece, entrecierra los ojos— ...Hmmmh...espero que solo sea jamón —suspira— da igual —le da un mordisco— Mmmh...sabe a arrepentimiento. Tiny, el tentáculo bebé, intenta ayudar limpiándole la cara con una servilleta. Luego se estira como un gato eldritch. —Bueno... —otro bostezo— hoy toca conquistar dimensiones, responder mensajes y... —susurro— encontrar donde deje mi otro zapato
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  • — ¿Esto es suficiente para donde vamos? Skaði —.
    — ¿Esto es suficiente para donde vamos? [Slay_skadi]—.
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  • - Eh? ¿Que donde esta Axel? Bueno.. el esta dormido, no lo quiero despertar, esta muy cansado después de un dia de trabajo duro

    - estaba algo sonrojada por la situación repentina que la encontraron con el pequeño axel entre sus almohadas -

    Axel Koroved
    - Eh? ¿Que donde esta Axel? Bueno.. el esta dormido, no lo quiero despertar, esta muy cansado después de un dia de trabajo duro - estaba algo sonrojada por la situación repentina que la encontraron con el pequeño axel entre sus almohadas - [Akly_5]
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  • Había despertado entre los brazos de DEAN WINCHESTER, el cual aún seguía durmiendo completa, y apaciblemente (aunque aquello fuera raro) así que se escabulle, sin saber que hora era gracias a la falta de ventanas en aquella maravilla de hogar que tenían.

    Al menos hasta que sus ojos enfocan las luces rojas que le dicen desde la mesilla del cazador que era casi medio día.

    Podría sentirse mal, podría si no fuera porque hacia a penas tres horas que ambos habían encontrado el sueño.
    Y como una bendita diferencia aquella noche no la habían pasado en blanco por una amenaza, o por investigar.

    Claire sonríe recordando los momentos que habían pasado, mientras recoge del suelo la camiseta básica blanca de Dean y se la pone, así como su ropa interior para poder salir de allí.
    Se muerde ligeramente el labio inferior, justo en la misma zona donde le cazador le había mordido tambien.

    Aún era capaz de sentir las caricias de aquellas manos ajenas sobre su piel, el aliento masculino en su cuello, sus labios trazando caminos inescrutables, que solo él conocía. Aquella noche no era consciente de donde terminaba ella y empezaba Dean. Se habían convertido en un solo ente, en una sola persona, sus latidos estaban por completo sincronizados, sus respiraciones formaban una perfecta armonía con los suaves gemidos y la palabras de amor que escapaban de sus labios.

    El silencio en el bunker le da la tranquilidad de que sus pies descalzos la guíen hasta la cocina, con el único objetivo de hacer café, mientras trataba de borrar de su rostro aquella sonrisa estúpida, y guardar en su mente el tacto y el sabor del cazador, la forma que tenia de acompañarla en el descenso a la locura, como él mismo le marcaba el camino. El agradable escozor que su barba de tres días dejaba en su piel, allí por donde pasaba... aún había pequeñas pruebas rosadas en su cuello, sus brazos, y su abdomen...

    Podría vivir así, perfectamente, porque aquella mañana, después de demasiado tiempo como para recordarlo, era completamente feliz.
    Había despertado entre los brazos de [JerkHuntxr], el cual aún seguía durmiendo completa, y apaciblemente (aunque aquello fuera raro) así que se escabulle, sin saber que hora era gracias a la falta de ventanas en aquella maravilla de hogar que tenían. Al menos hasta que sus ojos enfocan las luces rojas que le dicen desde la mesilla del cazador que era casi medio día. Podría sentirse mal, podría si no fuera porque hacia a penas tres horas que ambos habían encontrado el sueño. Y como una bendita diferencia aquella noche no la habían pasado en blanco por una amenaza, o por investigar. Claire sonríe recordando los momentos que habían pasado, mientras recoge del suelo la camiseta básica blanca de Dean y se la pone, así como su ropa interior para poder salir de allí. Se muerde ligeramente el labio inferior, justo en la misma zona donde le cazador le había mordido tambien. Aún era capaz de sentir las caricias de aquellas manos ajenas sobre su piel, el aliento masculino en su cuello, sus labios trazando caminos inescrutables, que solo él conocía. Aquella noche no era consciente de donde terminaba ella y empezaba Dean. Se habían convertido en un solo ente, en una sola persona, sus latidos estaban por completo sincronizados, sus respiraciones formaban una perfecta armonía con los suaves gemidos y la palabras de amor que escapaban de sus labios. El silencio en el bunker le da la tranquilidad de que sus pies descalzos la guíen hasta la cocina, con el único objetivo de hacer café, mientras trataba de borrar de su rostro aquella sonrisa estúpida, y guardar en su mente el tacto y el sabor del cazador, la forma que tenia de acompañarla en el descenso a la locura, como él mismo le marcaba el camino. El agradable escozor que su barba de tres días dejaba en su piel, allí por donde pasaba... aún había pequeñas pruebas rosadas en su cuello, sus brazos, y su abdomen... Podría vivir así, perfectamente, porque aquella mañana, después de demasiado tiempo como para recordarlo, era completamente feliz.
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  • Últimamente Kagehiro había estado saliendo mucho, no era como que a ella le molestara, pero ciertamente era extraño, incluso emocionalmente había estado un poco ausente, distraído, hasta cierto punto eso podía ser normal, al menos eso trataba de decirse a sí misma Ohime.

    Un día como tantos llegó de su trabajo, dejó las llaves en el espacio donde debían ir, bajó su mirada y miró unos recibos, otra vez Kagehiro no estaba en casa, los recibos eran cosas bastante peculiares para que el comprara, cosas de belleza adornos, ropa, entre otras, además algunos venían de la tienda de sanrio, sintió como una especie de punzada llegó hasta su pecho ¿Estaba saliendo con alguien más? la angustia comenzó a apoderarse del cuerpo de la rubia, temblaba, tomó los recibos y fue a la cocina, se hizo un té para tratar calmarse, después de hacerlo se sentó en la mesa, con su taza de té y observó aquellos.

    — No puede ser. . . Dios por favor que mis sospechas no sean verdad. —

    Pero sí Kagehiro le hubiera comprado esas cosas ya se las habría dado ¿No? Su cumpleaños no estaba cerca, ni su cumplemes, nada. Sin darse cuenta los ojos de Ohime comenzaron a sangrar transparentes lagrimas de dolor, al parecer el no era diferente a los demás hombres, sólo era un hombre fetichista más, con gusto por las jovencitas, se imaginó las peores cosas, el yendo a Kabukicho y recogiendo a una de las tantas estudiantes de preparatoria que se vendían a los hombres grandes, transpiró y colocó sus codos en la mesa y sus manos en la cabeza.

    — Tu no Kagehiro. . . MI K-san. —
    Últimamente Kagehiro había estado saliendo mucho, no era como que a ella le molestara, pero ciertamente era extraño, incluso emocionalmente había estado un poco ausente, distraído, hasta cierto punto eso podía ser normal, al menos eso trataba de decirse a sí misma Ohime. Un día como tantos llegó de su trabajo, dejó las llaves en el espacio donde debían ir, bajó su mirada y miró unos recibos, otra vez Kagehiro no estaba en casa, los recibos eran cosas bastante peculiares para que el comprara, cosas de belleza adornos, ropa, entre otras, además algunos venían de la tienda de sanrio, sintió como una especie de punzada llegó hasta su pecho ¿Estaba saliendo con alguien más? la angustia comenzó a apoderarse del cuerpo de la rubia, temblaba, tomó los recibos y fue a la cocina, se hizo un té para tratar calmarse, después de hacerlo se sentó en la mesa, con su taza de té y observó aquellos. — No puede ser. . . Dios por favor que mis sospechas no sean verdad. — Pero sí Kagehiro le hubiera comprado esas cosas ya se las habría dado ¿No? Su cumpleaños no estaba cerca, ni su cumplemes, nada. Sin darse cuenta los ojos de Ohime comenzaron a sangrar transparentes lagrimas de dolor, al parecer el no era diferente a los demás hombres, sólo era un hombre fetichista más, con gusto por las jovencitas, se imaginó las peores cosas, el yendo a Kabukicho y recogiendo a una de las tantas estudiantes de preparatoria que se vendían a los hombres grandes, transpiró y colocó sus codos en la mesa y sus manos en la cabeza. — Tu no Kagehiro. . . MI K-san. —
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  • Hoy juega el mejor adc que emoción qwq *espera leyendo manga porque perdió las llaves del cuarto donde estaba la pc* ;-;
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  • —Se coloca sus auriculares y comienzs a bailar y cantar, pensando ¿que son celos, es alguna comida típica? —

    Tengo una chica que me gusta, que me encanta
    Que me atrapa, me fascina, porque es una vampiresa
    Tengo una chica que me gusta, que me encanta
    Que me atrapa, me fascina, porque es una vampiresa
    Y que me para hasta la respiración, pu-pu
    Cuando me toca, me acaricia o me besa
    Y que me para hasta la respiración, pu-pu
    Cuando me toca, me acaricia o me besa
    Tengo una chica que me sube y que me baja
    Y que me aloca el corazón cada vez que ella lo desea
    Tengo una chica que me sube y que me baja
    Y que me aloca el corazón cada vez que ella lo desea
    Y se me sube, se me sube la presión, pu-pu
    Porque me chupa, es que es una vampiresa
    Y se me sube, se me sube la presión, pu-pu
    Porque me chupa, es que es una vampiresa
    Chúpame donde tú quieras
    Chúpame aquí, chúpame allá, no tengo miedo
    A mí me gusta que me chupes, que me chupes, vampiresa
    Chúpame donde tú quieras
    Chúpame aquí, chúpame allá, no tengo miedo
    A mí me gusta que me chupes, que me chupes, vampiresa
    —Se coloca sus auriculares y comienzs a bailar y cantar, pensando ¿que son celos, es alguna comida típica? — Tengo una chica que me gusta, que me encanta Que me atrapa, me fascina, porque es una vampiresa Tengo una chica que me gusta, que me encanta Que me atrapa, me fascina, porque es una vampiresa Y que me para hasta la respiración, pu-pu Cuando me toca, me acaricia o me besa Y que me para hasta la respiración, pu-pu Cuando me toca, me acaricia o me besa Tengo una chica que me sube y que me baja Y que me aloca el corazón cada vez que ella lo desea Tengo una chica que me sube y que me baja Y que me aloca el corazón cada vez que ella lo desea Y se me sube, se me sube la presión, pu-pu Porque me chupa, es que es una vampiresa Y se me sube, se me sube la presión, pu-pu Porque me chupa, es que es una vampiresa Chúpame donde tú quieras Chúpame aquí, chúpame allá, no tengo miedo A mí me gusta que me chupes, que me chupes, vampiresa Chúpame donde tú quieras Chúpame aquí, chúpame allá, no tengo miedo A mí me gusta que me chupes, que me chupes, vampiresa
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  • ⸻Observen con cuidado. A menudo se habla del olvido como un bálsamo, una liberación del peso del pasado. Pero esa es una visión parcial, casi ingenua. En su esencia más profunda, el olvido no conduce a la desesperación; el olvido es la desesperación misma.

    ⸻¿Por qué? Simple. Somos nuestra memoria. La identidad, el sentido de propósito, la conexión con otros y con nosotros mismos… todo se teje con los hilos del recuerdo. La memoria nos da contexto, nos da historia, nos da un ser.

    ⸻El olvido, entonces, no es solo perder detalles. Es la desintegración de esa estructura. Es el borrado sistemático del mapa que nos orienta. Cuando olvidas quién fuiste, qué amaste, qué te hirió y qué aprendiste, ¿qué queda? Queda un vacío. Un presente desconectado, flotando sin ancla. Y esa deriva sin sentido, esa ausencia de significado… eso es, precisamente, la desesperación en estado puro.

    ⸻Y aquí la clave: es inevitable. No es una tragedia personal evitable, es la condición inherente a la existencia finita. El tiempo erosiona, la mente es falible, las conexiones se desvanecen. La lucha por recordar es constante, pero la tendencia natural es hacia la disolución, hacia el olvido. Tarde o temprano, la niebla avanza.

    ⸻Por eso, la desesperación fundamental no reside en el sufrimiento recordado, sino en la nada que impone el olvido. Es la certeza de que todo lo que nos define está destinado a desvanecerse, no solo de la mente de otros, sino de la nuestra propia. Es la comprensión de que al final, solo queda el silencio donde antes hubo una historia. Y esa es la forma más absoluta e inescapable de la desesperación: la que ni siquiera deja rastro de lo que se ha perdido. Es, simplemente, el fin del significado ¿No estas de acuerdo?


    Hablaba hacia los cádaveres de unas personas de un pueblo recondito de una selva los cuales fueron exterminados por un grupo de mercenarios. Un ejemplo vivido de lo que hablaba. Almas las cuales su existencia sera negada.
    ⸻Observen con cuidado. A menudo se habla del olvido como un bálsamo, una liberación del peso del pasado. Pero esa es una visión parcial, casi ingenua. En su esencia más profunda, el olvido no conduce a la desesperación; el olvido es la desesperación misma. ⸻¿Por qué? Simple. Somos nuestra memoria. La identidad, el sentido de propósito, la conexión con otros y con nosotros mismos… todo se teje con los hilos del recuerdo. La memoria nos da contexto, nos da historia, nos da un ser. ⸻El olvido, entonces, no es solo perder detalles. Es la desintegración de esa estructura. Es el borrado sistemático del mapa que nos orienta. Cuando olvidas quién fuiste, qué amaste, qué te hirió y qué aprendiste, ¿qué queda? Queda un vacío. Un presente desconectado, flotando sin ancla. Y esa deriva sin sentido, esa ausencia de significado… eso es, precisamente, la desesperación en estado puro. ⸻Y aquí la clave: es inevitable. No es una tragedia personal evitable, es la condición inherente a la existencia finita. El tiempo erosiona, la mente es falible, las conexiones se desvanecen. La lucha por recordar es constante, pero la tendencia natural es hacia la disolución, hacia el olvido. Tarde o temprano, la niebla avanza. ⸻Por eso, la desesperación fundamental no reside en el sufrimiento recordado, sino en la nada que impone el olvido. Es la certeza de que todo lo que nos define está destinado a desvanecerse, no solo de la mente de otros, sino de la nuestra propia. Es la comprensión de que al final, solo queda el silencio donde antes hubo una historia. Y esa es la forma más absoluta e inescapable de la desesperación: la que ni siquiera deja rastro de lo que se ha perdido. Es, simplemente, el fin del significado ¿No estas de acuerdo? Hablaba hacia los cádaveres de unas personas de un pueblo recondito de una selva los cuales fueron exterminados por un grupo de mercenarios. Un ejemplo vivido de lo que hablaba. Almas las cuales su existencia sera negada.
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  • Eclipse Conjurado

    Fondo Musical:

    https://www.youtube.com/watch?v=H0vMGJXtTLc

    Emblemático, supremo, tan dadivoso que hasta las golondrinas podían sentirlo relucir de entre todos los entramados. Se mueve como una oruga, ondulante y de presteza acérrima; quién sino como en el cómo equilibrar la grandeza de su ensoñación. Eleva la crucialita de la aurora boreal de su rostro. Las gotas de sus cuencas, de vestimenta de bruna osadía, hieden a incienso y candores incorruptos. La rueda del tiempo cabalga sobre su pelvis, corrompida por los laureles que arropan la estructura de su corporeidad.

    Esa tan ajena a lo casual de las bestias y estrellas, sangre y altares que forman los aromas de su cuerpo.

    Se persigna, se persigna, se persigna. Sus treinta y tres extremidades hacen el amor con la anatomía de esa nieve lluvia, garganta, espalda, mano y sien que son sometidas a la tortura de sus ecos nacientes. Cercenadas sus primeras almas decaen en el pozo del purgatorio, como una cascada sobre el embrollo de sus versales, de tan crecientes crisálidas indistintas de parir a la villanía de sus pensamientos: venideros de su imaginación.

    Ondula, rasga, acalla su mudez. Muge, ladra, bala y su voz no perfora la pared de hierro, porque los cordeles del eclipse que lo ha reclamado como suyo, cala por sus huesos. Los clavos de la esclavitud con la que lo han condenado enciende la llamada de a los más santos soñadores.

    Frialdad inevitable, gala presea que degüella la profundidad de sus espejismos.

    Trocean los más inmolados la veintena de sus dedos; quedan otras docenas más por las que repartir entre las crías que escudan sus amainadas promesas. Crecen sus alabeos de desideratas. Decrecen sus solfeos de liras labradas con huesos de sus costillas.

    Dignifican el conjuro sobre el mural del teatro en el que representa la buena obra por la que ha arribado al equilibrio de ese planeta corrompido por sendos exterminios. Es un príncipe o una princesa, no se sabe cuál, a la espera de su propio yo. Corrompida su doblegues de premura acaudala; los primeros ritos, segundos compases, terceros valses provocan el emerger del coseno de su madre en el centro de las entrañas del mismísimo regente amanecido.

    Zinc, trigo, trigal, opio y hierro. Incierto. Cava profundo el pozo de su ausencia de rebeldía perenne. Zinc, trigo, trigal, opio y hierro. Incierto. Cava profundo el pozo de su ausencia de rebeldía perenne. Zinc, trigo, trigal, opio y hierro. Incierto. Cava profundo el pozo de su ausencia de rebeldía perenne. Zinc, trigo, trigal, opio y hierro. Incierto. Cava profundo el pozo de su ausencia de rebeldía perenne. Zinc, trigo, trigal, opio y hierro. Incierto. Cava profundo el pozo de su ausencia de rebeldía perenne.

    Equilibrio del conjurado que sostiene el machete sobre la bilis que ensucia sus labiales y el tronco de su garganta. Muge, ladra y bala con la espesura de un rosal, al instante en que encalla en las orillas. Le reciben con la locura anunciada a sus abismos de emancipación. Con canela desdobla los puntos de la playa. Crea y ejecuta empinadas obras maestras.

    Chocan y vibran, vibran y chocan en el terrario donde las mariposas son depuestas en frascos que encierran a sus deseos. Su garganta es cercenada y el manantial decae de entre el clamor de la comedia, que se luce en su ser con inevitables capacidades de ser riego de mantos y otros conjuros, que en la aldea se pueden sopesar como una buena nueva para los más propensos a ser nacimiento de esperanza.

    Gracia de lunares, en Fa sostenida. Equilibrio de pastizales sobre el puente de mis mejillas. Tersura de rostros, soy un príncipe de sueños. Un Ángel clandestino en tiempo de obsidianas. Maltrecho de corazón, ruego por nosotros en este orfanatorio de poetas muertos. Quien a la causa ennoblece sus extremidades, las junta con un entramado de prismas.

    Un sollozo de espinas renace de entre sus piernas. Muge, ladra y bala y la música sostiene el terror de su mente, la que te imagina con tu manzana dorada en el contraes del arrullo de tus labios. Arrullas a los gritos de otros prisioneros que se decapitan a sí mismos, con malsana y crudezas agallas.

    El eclipse que anuncia la prontitud de la mortandad, es una vez y sólo una vez, de amalgamas de otros tantos afluentes de libertad. De santos aparecidos. De santos cercenados. De otros tantos que se dan las manos en amaestra hambruna y que hacen el amor para romper la maldición de valles de crisantemos y cardenales de plata.
    Eclipse Conjurado Fondo Musical: https://www.youtube.com/watch?v=H0vMGJXtTLc Emblemático, supremo, tan dadivoso que hasta las golondrinas podían sentirlo relucir de entre todos los entramados. Se mueve como una oruga, ondulante y de presteza acérrima; quién sino como en el cómo equilibrar la grandeza de su ensoñación. Eleva la crucialita de la aurora boreal de su rostro. Las gotas de sus cuencas, de vestimenta de bruna osadía, hieden a incienso y candores incorruptos. La rueda del tiempo cabalga sobre su pelvis, corrompida por los laureles que arropan la estructura de su corporeidad. Esa tan ajena a lo casual de las bestias y estrellas, sangre y altares que forman los aromas de su cuerpo. Se persigna, se persigna, se persigna. Sus treinta y tres extremidades hacen el amor con la anatomía de esa nieve lluvia, garganta, espalda, mano y sien que son sometidas a la tortura de sus ecos nacientes. Cercenadas sus primeras almas decaen en el pozo del purgatorio, como una cascada sobre el embrollo de sus versales, de tan crecientes crisálidas indistintas de parir a la villanía de sus pensamientos: venideros de su imaginación. Ondula, rasga, acalla su mudez. Muge, ladra, bala y su voz no perfora la pared de hierro, porque los cordeles del eclipse que lo ha reclamado como suyo, cala por sus huesos. Los clavos de la esclavitud con la que lo han condenado enciende la llamada de a los más santos soñadores. Frialdad inevitable, gala presea que degüella la profundidad de sus espejismos. Trocean los más inmolados la veintena de sus dedos; quedan otras docenas más por las que repartir entre las crías que escudan sus amainadas promesas. Crecen sus alabeos de desideratas. Decrecen sus solfeos de liras labradas con huesos de sus costillas. Dignifican el conjuro sobre el mural del teatro en el que representa la buena obra por la que ha arribado al equilibrio de ese planeta corrompido por sendos exterminios. Es un príncipe o una princesa, no se sabe cuál, a la espera de su propio yo. Corrompida su doblegues de premura acaudala; los primeros ritos, segundos compases, terceros valses provocan el emerger del coseno de su madre en el centro de las entrañas del mismísimo regente amanecido. Zinc, trigo, trigal, opio y hierro. Incierto. Cava profundo el pozo de su ausencia de rebeldía perenne. Zinc, trigo, trigal, opio y hierro. Incierto. Cava profundo el pozo de su ausencia de rebeldía perenne. Zinc, trigo, trigal, opio y hierro. Incierto. Cava profundo el pozo de su ausencia de rebeldía perenne. Zinc, trigo, trigal, opio y hierro. Incierto. Cava profundo el pozo de su ausencia de rebeldía perenne. Zinc, trigo, trigal, opio y hierro. Incierto. Cava profundo el pozo de su ausencia de rebeldía perenne. Equilibrio del conjurado que sostiene el machete sobre la bilis que ensucia sus labiales y el tronco de su garganta. Muge, ladra y bala con la espesura de un rosal, al instante en que encalla en las orillas. Le reciben con la locura anunciada a sus abismos de emancipación. Con canela desdobla los puntos de la playa. Crea y ejecuta empinadas obras maestras. Chocan y vibran, vibran y chocan en el terrario donde las mariposas son depuestas en frascos que encierran a sus deseos. Su garganta es cercenada y el manantial decae de entre el clamor de la comedia, que se luce en su ser con inevitables capacidades de ser riego de mantos y otros conjuros, que en la aldea se pueden sopesar como una buena nueva para los más propensos a ser nacimiento de esperanza. Gracia de lunares, en Fa sostenida. Equilibrio de pastizales sobre el puente de mis mejillas. Tersura de rostros, soy un príncipe de sueños. Un Ángel clandestino en tiempo de obsidianas. Maltrecho de corazón, ruego por nosotros en este orfanatorio de poetas muertos. Quien a la causa ennoblece sus extremidades, las junta con un entramado de prismas. Un sollozo de espinas renace de entre sus piernas. Muge, ladra y bala y la música sostiene el terror de su mente, la que te imagina con tu manzana dorada en el contraes del arrullo de tus labios. Arrullas a los gritos de otros prisioneros que se decapitan a sí mismos, con malsana y crudezas agallas. El eclipse que anuncia la prontitud de la mortandad, es una vez y sólo una vez, de amalgamas de otros tantos afluentes de libertad. De santos aparecidos. De santos cercenados. De otros tantos que se dan las manos en amaestra hambruna y que hacen el amor para romper la maldición de valles de crisantemos y cardenales de plata.
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