• << El terrible y seco impacto contra el suelo se escuchó. Detrás de ello, un peso aún mayor cayó, y con ello el salpicar del agua del asfalto. Un charco formado por la intensa lluvia hasta hace un par de horas durante aquella noche. Un hombre había caído, o mejor dicho, había sido azotado contra el suelo mientras cuatro espectadores, que cobijados por la penumbra, yacían de pie mientras se encontraban a la espera de que aquel hombrecillo finalmente revelara la información que ellos tanto habían estado buscando.

    La humedad se alzaba dando frescura al ambiente y con ello el olor del tabaco del cigarro hacía más placentera la experiencia de fumar. De hecho, uno de ellos ya se encontraba en dicho acto, aunque el gusto no le duró demasiado al percibir el aroma a sangre filtrarse por la nariz pues aquel hombre en el suelo comenzaba a derramar algo del líquido vital debido a sus anteriores heridas durante el viaje en la van.

    —¿Qué es lo que quieren? Ya he respondido a sus preguntas.—

    Era joven, de tez morena y ojos rasgados, sin duda alguna de origen asiático. Su voz titubeaba ante la golpiza que le habían metido durante cinco minutos, pues su ojo derecho ya se hallaba hinchado. Un hilo de sangre corría por la comisura izquierda de su labio hasta su barbilla, seguramente le habían tirado algunos dientes.

    Con trabajos pudo adoptar una posición más cómoda debido a que sus manos estaban atadas con cinchos a su espalda, tan justo era su atadura que incluso el mismo plástico comenzaba a cortar las muñecas en un angustioso dolor.Y de pronto… una patada directa al rostro recibió para derribarlo de nuevo, no tuvo piedad, ahora la hemorragia era mucho peor. Aquel hombre que fumaba su cigarrillo había sido, aquel que se paraba en el medio de los otros tres.

    — Hemos sido pacientes, querido Terry, demasiado. Ahora quiero que hables… ¿Porqué morder la mano que alimentar a tu y tu familia? —

    Una voz ligeramente rasposa, pero joven; se escuchó finalmente de aquel grupo y con ello aquel se acercó tanto que incluso sostuvo firmemente la cabeza del interrogado con su derecha, pero de la cabellera del hombre caído. Sólo para azotarla contra el suelo un par de veces sin importarle si su cráneo estaba por quebrarse.

    — ¿Tan inconforme eres que obligarte a actuar en mi contra? —

    Giovanni, quien tenía una expresión terriblemente fría se detuvo y alzó el rostro del hombre que rondaba entre los cuarentas, ahora con el rostro bañado en sangre tierra y algo de agua. Había sido bastante paciente por el momento, pero sin duda alguna lo que había hecho aquella víctima era algo que el ruso no podía perdonar.

    Sujetó al sujeto ahora desde su mentón y procedió a sacar un cuchillo que guardaba en una funda adherida a su cinturón. Colocó el filo de dicho cuchillo ante sus ojos para que pudiese observarlo.

    — Escucha, Terry… necesito sinceridad. ¿Puedo tenerla de ti? — cuestionó sin desesperar.
    — Ya te dije todo… Mark el de contabilidad movió todo. — responde aquel hombre. — Yo solo me encargaba de los embarques. —.
    — Lo quieres de manera difícil ¿Terry? — cuestionó. —Será difícil… ¡Баженлос!—

    Tan pronto dio la orden aquellos hombres que aguardaban fueron al área de carga de la van y bajaron a otros dos sujetos que igual que Terry, estaban maniatados y con bolsas en la cabeza para evitar que sus secuestradores fuesen reconocidos. De manera forzada cayeron de rodillas en el asfalto, a la izquierda de Terry.

    — Vamos a hacer manera difícil, Terry..— declaró Giovanni. — Si no querer hablar, entonces motivación ayuda mucho. —

    Fue entonces que el cuchillo se acercó a la oreja de Terry amenazando con cortarla. Una táctica bastante brutal, pero efectiva a la hora de convencer a las víctimas de confesar a ponerlas en una situación de alta tensión, para presionar y para obtener lo que él buscaba.

    — Ya te dije todo lo que sé. No sé que más quieres que te diga. — agregó Terry con desesperación.
    — No lo sé, Terry, veo que hay cosas… — Giovanni comenzó a cortar el cartílago de la oreja de manera lenta y dolorosa, Terry sólo se limitaba a gritar con dolor y agonía.
    — Te lo dije ¡Aaaaah! — respondió mientras sus alaridos crecían y resonaban en el vacío callejón en el que se encontraban. Todo continuó hasta que finalmente separó la oreja del rostro de Terry.

    — Ahora… ¿Vas a hablar?— cuestiona el rubio sin ápice de remordimiento.
    — Está bien, está bien… fui yo, fui yo… yo ideé todo esto… — confesó Terry.
    — Eso ya lo sé, Terry. Decir cosas que yo ya conozco. — replicó Gio. — Quiero saber… por qué… Данте, стреляет. —

    En ese instante, uno de los tres ayudantes que le acompañaron retiró la capucha a uno de los que estaban ahí, en el suelo; disparó a quemarropa. Directo en la cabeza y de manera instantánea aquel otro sujeto cayó desplomado en el suelo, vertiendo su sangre en el suelo.

    — ¡No! ¡Philip! — exclamó Terry mientras lágrimas caían de sus ojos.
    — Terry, Terry, Terry… ¿En serio, ser tu nombre? ¿O debo decir Qian Zhou Xi?— reveló.
    — ¿Por qué Zhou? ¿Hablar? — reiteró el ruso.
    — Yo le dije a Mark que lo hiciera… — recalcó Terry en desesperación.
    — ¿Es verdad eso, Mark? — dijo.

    Giovanni chasqueó sus dedos para hacer que descubrieran al segundo hombre sometido a un lado del cadáver llamado Philip, y al igual que Terry, estos eran de origen asiático. Una detonación provocada por el revólver se hizo presente de nuevo, esta vez hiriendo la pierna de aquel tercer hombre. Era Mark.

    — ¡No diré nada! — dijo desafiante el llamado Mark. Fue entonces que un tercer disparo fue directo a su cabeza. Y mientras tanto, Giovanni cortó la garganta de Terry para que terminase desangrado.

    — Malditos perros mentirosos… ¡Пойдем!— >>
    << El terrible y seco impacto contra el suelo se escuchó. Detrás de ello, un peso aún mayor cayó, y con ello el salpicar del agua del asfalto. Un charco formado por la intensa lluvia hasta hace un par de horas durante aquella noche. Un hombre había caído, o mejor dicho, había sido azotado contra el suelo mientras cuatro espectadores, que cobijados por la penumbra, yacían de pie mientras se encontraban a la espera de que aquel hombrecillo finalmente revelara la información que ellos tanto habían estado buscando. La humedad se alzaba dando frescura al ambiente y con ello el olor del tabaco del cigarro hacía más placentera la experiencia de fumar. De hecho, uno de ellos ya se encontraba en dicho acto, aunque el gusto no le duró demasiado al percibir el aroma a sangre filtrarse por la nariz pues aquel hombre en el suelo comenzaba a derramar algo del líquido vital debido a sus anteriores heridas durante el viaje en la van. —¿Qué es lo que quieren? Ya he respondido a sus preguntas.— Era joven, de tez morena y ojos rasgados, sin duda alguna de origen asiático. Su voz titubeaba ante la golpiza que le habían metido durante cinco minutos, pues su ojo derecho ya se hallaba hinchado. Un hilo de sangre corría por la comisura izquierda de su labio hasta su barbilla, seguramente le habían tirado algunos dientes. Con trabajos pudo adoptar una posición más cómoda debido a que sus manos estaban atadas con cinchos a su espalda, tan justo era su atadura que incluso el mismo plástico comenzaba a cortar las muñecas en un angustioso dolor.Y de pronto… una patada directa al rostro recibió para derribarlo de nuevo, no tuvo piedad, ahora la hemorragia era mucho peor. Aquel hombre que fumaba su cigarrillo había sido, aquel que se paraba en el medio de los otros tres. — Hemos sido pacientes, querido Terry, demasiado. Ahora quiero que hables… ¿Porqué morder la mano que alimentar a tu y tu familia? — Una voz ligeramente rasposa, pero joven; se escuchó finalmente de aquel grupo y con ello aquel se acercó tanto que incluso sostuvo firmemente la cabeza del interrogado con su derecha, pero de la cabellera del hombre caído. Sólo para azotarla contra el suelo un par de veces sin importarle si su cráneo estaba por quebrarse. — ¿Tan inconforme eres que obligarte a actuar en mi contra? — Giovanni, quien tenía una expresión terriblemente fría se detuvo y alzó el rostro del hombre que rondaba entre los cuarentas, ahora con el rostro bañado en sangre tierra y algo de agua. Había sido bastante paciente por el momento, pero sin duda alguna lo que había hecho aquella víctima era algo que el ruso no podía perdonar. Sujetó al sujeto ahora desde su mentón y procedió a sacar un cuchillo que guardaba en una funda adherida a su cinturón. Colocó el filo de dicho cuchillo ante sus ojos para que pudiese observarlo. — Escucha, Terry… necesito sinceridad. ¿Puedo tenerla de ti? — cuestionó sin desesperar. — Ya te dije todo… Mark el de contabilidad movió todo. — responde aquel hombre. — Yo solo me encargaba de los embarques. —. — Lo quieres de manera difícil ¿Terry? — cuestionó. —Será difícil… ¡Баженлос!— Tan pronto dio la orden aquellos hombres que aguardaban fueron al área de carga de la van y bajaron a otros dos sujetos que igual que Terry, estaban maniatados y con bolsas en la cabeza para evitar que sus secuestradores fuesen reconocidos. De manera forzada cayeron de rodillas en el asfalto, a la izquierda de Terry. — Vamos a hacer manera difícil, Terry..— declaró Giovanni. — Si no querer hablar, entonces motivación ayuda mucho. — Fue entonces que el cuchillo se acercó a la oreja de Terry amenazando con cortarla. Una táctica bastante brutal, pero efectiva a la hora de convencer a las víctimas de confesar a ponerlas en una situación de alta tensión, para presionar y para obtener lo que él buscaba. — Ya te dije todo lo que sé. No sé que más quieres que te diga. — agregó Terry con desesperación. — No lo sé, Terry, veo que hay cosas… — Giovanni comenzó a cortar el cartílago de la oreja de manera lenta y dolorosa, Terry sólo se limitaba a gritar con dolor y agonía. — Te lo dije ¡Aaaaah! — respondió mientras sus alaridos crecían y resonaban en el vacío callejón en el que se encontraban. Todo continuó hasta que finalmente separó la oreja del rostro de Terry. — Ahora… ¿Vas a hablar?— cuestiona el rubio sin ápice de remordimiento. — Está bien, está bien… fui yo, fui yo… yo ideé todo esto… — confesó Terry. — Eso ya lo sé, Terry. Decir cosas que yo ya conozco. — replicó Gio. — Quiero saber… por qué… Данте, стреляет. — En ese instante, uno de los tres ayudantes que le acompañaron retiró la capucha a uno de los que estaban ahí, en el suelo; disparó a quemarropa. Directo en la cabeza y de manera instantánea aquel otro sujeto cayó desplomado en el suelo, vertiendo su sangre en el suelo. — ¡No! ¡Philip! — exclamó Terry mientras lágrimas caían de sus ojos. — Terry, Terry, Terry… ¿En serio, ser tu nombre? ¿O debo decir Qian Zhou Xi?— reveló. — ¿Por qué Zhou? ¿Hablar? — reiteró el ruso. — Yo le dije a Mark que lo hiciera… — recalcó Terry en desesperación. — ¿Es verdad eso, Mark? — dijo. Giovanni chasqueó sus dedos para hacer que descubrieran al segundo hombre sometido a un lado del cadáver llamado Philip, y al igual que Terry, estos eran de origen asiático. Una detonación provocada por el revólver se hizo presente de nuevo, esta vez hiriendo la pierna de aquel tercer hombre. Era Mark. — ¡No diré nada! — dijo desafiante el llamado Mark. Fue entonces que un tercer disparo fue directo a su cabeza. Y mientras tanto, Giovanni cortó la garganta de Terry para que terminase desangrado. — Malditos perros mentirosos… ¡Пойдем!— >>
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  • —«Bien, mi querido esposo... la noche anterior te permitiste disfrutar de cada placer a tus anchas, entregándote al libertinaje sin reserva alguna. Ahora, espero sinceramente que guardes ese mismo entusiasmo para lo que he preparado especialmente para ti; te aseguro que la diversión apenas comienza».—

    En ese instante, el aire pareció espesarse con una presencia maligna. Mis pequeños y grotescos diablillos emergieron de las sombras, deslizándose con una agilidad antinatural sobre el cuerpo de Dante. Sus risas, agudas y cargadas de una malevolencia maquiavélica, resonaban en la habitación mientras sostenían con fuerza largas y relucientes agujas de acupuntura, buscando los puntos exactos donde el dolor se convierte en arte.
    Al notar el pavor en su mirada, esbocé una sonrisa gélida y añadí:

    —«Oh, no me mires así... No tienes por qué preocuparte excesivamente... ese preciado tesoro que guardas con tanto celo entre tus piernas recibirá una atención... especial. Tendré un cuidado meticuloso para que cada sensación sea inolvidable».—

    Para asegurarme y no ser interrumpido por un intento de huida, mis tentáculos oscuros brotaron como látigos vivos, enroscándose con una fuerza asfixiante alrededor del torso y las extremidades de Dante. Quedó completamente inmovilizado, atrapado en un abrazo de pesadilla, mientras se preparaba para recibir la generosa e implacable dosis de tortura que estaba a punto de desatarse sobre él.
    —«Bien, mi querido esposo... la noche anterior te permitiste disfrutar de cada placer a tus anchas, entregándote al libertinaje sin reserva alguna. Ahora, espero sinceramente que guardes ese mismo entusiasmo para lo que he preparado especialmente para ti; te aseguro que la diversión apenas comienza».— En ese instante, el aire pareció espesarse con una presencia maligna. Mis pequeños y grotescos diablillos emergieron de las sombras, deslizándose con una agilidad antinatural sobre el cuerpo de Dante. Sus risas, agudas y cargadas de una malevolencia maquiavélica, resonaban en la habitación mientras sostenían con fuerza largas y relucientes agujas de acupuntura, buscando los puntos exactos donde el dolor se convierte en arte. Al notar el pavor en su mirada, esbocé una sonrisa gélida y añadí: —«Oh, no me mires así... No tienes por qué preocuparte excesivamente... ese preciado tesoro que guardas con tanto celo entre tus piernas recibirá una atención... especial. Tendré un cuidado meticuloso para que cada sensación sea inolvidable».— Para asegurarme y no ser interrumpido por un intento de huida, mis tentáculos oscuros brotaron como látigos vivos, enroscándose con una fuerza asfixiante alrededor del torso y las extremidades de Dante. Quedó completamente inmovilizado, atrapado en un abrazo de pesadilla, mientras se preparaba para recibir la generosa e implacable dosis de tortura que estaba a punto de desatarse sobre él.
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  • -Eh? Perdón, me distraje un poco. Estaba pensando cómo usar estas pinzas para causarte dolor... ¿qué quieres?
    -Eh? Perdón, me distraje un poco. Estaba pensando cómo usar estas pinzas para causarte dolor... ¿qué quieres?
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  • Un movimiento en falso, las cosas no ocurrieron como debía.
    El monstruoso poder contra el que se había encontrado era.. sencillamente superior.
    Ni las balas, ni los golpes, ni siquiera su energía condensada fue suficiente.

    Golpe tras golpe, fue perdiendo cada una de las extremidades.

    Las piernas fueron las primeras, para evitar que escapara.
    Se desintegraron como si una mano levantara apenas un puñado de arena.

    El dolor ni siquiera fue insoportable. Fue tan rápido, que no le dio tiempo al cerebro de procesarlo.

    Después, de su espalda arrancaron algo que ocultaba desde hacía siglos. No se veía, pero se intuía. Rastros de sangre, humo, y alguna pluma gris, mismos que se desvanecieron en el aire.

    Finalmente, los brazos fueron separados de su lugar original, cual si fuera un rompecabezas enfermizo mal formado.

    Cada pieza iba desapareciendo, gradualmente, salvajemente.

    Finalmente, cuando solo en sus ojos se reflejaba la resignación de la muerte, una sonrisa se dibujó. Sabía lo que seguiría.

    Tras una batalla donde claramente lo superaban en todo aspecto, todo acabó.
    No quedó rastro alguno de su cuerpo, ni de su existencia misma.
    Elaris, Jason Elaris, ha muerto.








    ——————— 𝓐𝓹𝓻𝓲𝓵 𝓕𝓸𝓸𝓵'𝓼.... ̶o̶̶r̶ ̶n̶̶o̶̶t̶?
    #AprilFools
    Un movimiento en falso, las cosas no ocurrieron como debía. El monstruoso poder contra el que se había encontrado era.. sencillamente superior. Ni las balas, ni los golpes, ni siquiera su energía condensada fue suficiente. Golpe tras golpe, fue perdiendo cada una de las extremidades. Las piernas fueron las primeras, para evitar que escapara. Se desintegraron como si una mano levantara apenas un puñado de arena. El dolor ni siquiera fue insoportable. Fue tan rápido, que no le dio tiempo al cerebro de procesarlo. Después, de su espalda arrancaron algo que ocultaba desde hacía siglos. No se veía, pero se intuía. Rastros de sangre, humo, y alguna pluma gris, mismos que se desvanecieron en el aire. Finalmente, los brazos fueron separados de su lugar original, cual si fuera un rompecabezas enfermizo mal formado. Cada pieza iba desapareciendo, gradualmente, salvajemente. Finalmente, cuando solo en sus ojos se reflejaba la resignación de la muerte, una sonrisa se dibujó. Sabía lo que seguiría. Tras una batalla donde claramente lo superaban en todo aspecto, todo acabó. No quedó rastro alguno de su cuerpo, ni de su existencia misma. Elaris, Jason Elaris, ha muerto. ——————— 𝓐𝓹𝓻𝓲𝓵 𝓕𝓸𝓸𝓵'𝓼.... ̶o̶̶r̶ ̶n̶̶o̶̶t̶? #AprilFools
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  • Bueno, es hora de tomar los datos del placiente, nombre completo porfavor, edad, sexo, estatura y peso, y si es posible para tener el registro, que es lo que siente? ♥ dolor, fiebre, nauseas? ♥ digame ♥
    Bueno, es hora de tomar los datos del placiente, nombre completo porfavor, edad, sexo, estatura y peso, y si es posible para tener el registro, que es lo que siente? ♥ dolor, fiebre, nauseas? ♥ digame ♥
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  • A veces, me acongoja de ver a las personas sufriendo cuál sea el motivo de su dolor y no puedo ayudarlos.
    A veces, me acongoja de ver a las personas sufriendo cuál sea el motivo de su dolor y no puedo ayudarlos.
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  • ((Escena cerrada. Referencia a https://ficrol.com/posts/361632 ))

    Solo por una noche.
    Solo por una noche —por menos de lo que duró aquella— dejaron las etiquetas de lado. Hubo confesiones: algunas, secretos ancestrales; otras, verdades crudas; otras más, fragmentos de pasados marcados por el dolor compartido.

    Dejaron atrás, aunque fuera por un instante, todo aquello que los definía, para ser simplemente dos jóvenes: uno en espíritu y la otra en edad. Parecían cómplices de una travesura entre los largos pasillos de piedra, aferrándose a una adrenalina que, en algún momento, les fue arrebatada por las circunstancias que habían moldeado sus vidas.

    Ambos se sintieron vulnerables entre palabras, miradas y gestos. Temían incluso de sí mismos, al descubrir emociones para las que aún no existía un nombre.
    Aquella noche no fueron “el sanador” ni “su majestad”… Aquella noche fueron Kazuo y Elizabeth, sin miradas que juzgaran sus palabras o sus actos.

    Pero lo triste de aquella historia era que la realidad siempre termina golpeando con fuerza. Sus mundos —y sus propios miedos— alzaban muros que parecían impenetrables. Y aun así… siempre existía la posibilidad de encontrar alguna grieta entre ellos.

    𝑬𝒍𝒊𝒛𝒂𝒃𝒆𝒕𝒉
    ((Escena cerrada. Referencia a https://ficrol.com/posts/361632 )) Solo por una noche. Solo por una noche —por menos de lo que duró aquella— dejaron las etiquetas de lado. Hubo confesiones: algunas, secretos ancestrales; otras, verdades crudas; otras más, fragmentos de pasados marcados por el dolor compartido. Dejaron atrás, aunque fuera por un instante, todo aquello que los definía, para ser simplemente dos jóvenes: uno en espíritu y la otra en edad. Parecían cómplices de una travesura entre los largos pasillos de piedra, aferrándose a una adrenalina que, en algún momento, les fue arrebatada por las circunstancias que habían moldeado sus vidas. Ambos se sintieron vulnerables entre palabras, miradas y gestos. Temían incluso de sí mismos, al descubrir emociones para las que aún no existía un nombre. Aquella noche no fueron “el sanador” ni “su majestad”… Aquella noche fueron Kazuo y Elizabeth, sin miradas que juzgaran sus palabras o sus actos. Pero lo triste de aquella historia era que la realidad siempre termina golpeando con fuerza. Sus mundos —y sus propios miedos— alzaban muros que parecían impenetrables. Y aun así… siempre existía la posibilidad de encontrar alguna grieta entre ellos. [Liz_bloodFlame]
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Maral Romanov no recordaba haber sentido el aire tan pesado.

    —Vladimir… —empezó, pero la palabra se le rompió en la garganta.

    Se obligó a enderezar la espalda. No podía quebrarse. No todavía. Sus manos temblaban, así que las entrelazó con fuerza frente a su cuerpo, clavando las uñas en la piel hasta sentir un leve dolor que la mantuviera presente.

    —Vladimir está muerto.

    El silencio que siguió fue antinatural, como si el mundo mismo se negara a aceptar lo que acababa de decir.

    Miró a sus padres.

    Los ojos de su padre eran dos pozos oscuros, inmóviles, esperando… negando. Pero fue su madre quien reaccionó primero.

    —No… —susurró, y luego el susurro se convirtió en un grito desgarrador—. ¡No!

    El sonido le atravesó el pecho a Maral.

    Su madre cayó de rodillas, las manos temblorosas buscando algo que ya no estaba, algo que nunca volvería a estar. Su llanto llenó la habitación, crudo, sin dignidad, sin control. Era el dolor en su forma más pura.

    Maral sintió cómo algo dentro de ella se resquebrajaba.

    No llores.

    No llores.

    No llores.

    Se repitió esas palabras como una oración mientras su visión se nublaba apenas. Parpadeó con rapidez, tragándose el ardor en los ojos. No podía permitirse caer. No ahora. No frente a ellos.

    Su padre se movió al fin.

    Se inclinó para sostener a su esposa, envolviéndola con una fuerza que no era consuelo, sino contención. Sus manos temblaban también. Maral lo notó. Nadie más lo habría hecho, pero ella sí.

    Y entonces habló.

    —¿Quién?

    Una sola palabra. Fría. Mortal.

    Maral sintió cómo su voz quería traicionarla otra vez, cómo el temblor amenazaba con romper su fachada cuidadosamente construida.

    —Aún no lo sabemos —respondió, aunque cada sílaba le raspó la garganta—. Pero lo sabremos.

    Su madre seguía llorando, llamando el nombre de Vladimir una y otra vez, como si pudiera traerlo de vuelta. Como si el amor fuera suficiente para vencer a la muerte.

    Maral desvió la mirada apenas un segundo.

    Solo un segundo.

    Y en ese instante, el dolor la atravesó completa. Un vacío brutal, un golpe seco en el pecho, como si le hubieran arrancado algo esencial. Su hermano. Su compañero. Su historia compartida.

    Casi se rompe.

    Pero no.

    Volvió a alzar la mirada.

    Su padre la observaba ahora, y en sus ojos ya no había solo dolor.

    Había fuego.

    —Sangre por sangre —dijo él, con una voz baja, cargada de una promesa oscura.

    Maral respiró hondo.

    Sintió el temblor… y lo aplastó.

    —Sangre por sangre —repitió.

    Y esta vez, su voz no tembló.
    Maral Romanov no recordaba haber sentido el aire tan pesado. —Vladimir… —empezó, pero la palabra se le rompió en la garganta. Se obligó a enderezar la espalda. No podía quebrarse. No todavía. Sus manos temblaban, así que las entrelazó con fuerza frente a su cuerpo, clavando las uñas en la piel hasta sentir un leve dolor que la mantuviera presente. —Vladimir está muerto. El silencio que siguió fue antinatural, como si el mundo mismo se negara a aceptar lo que acababa de decir. Miró a sus padres. Los ojos de su padre eran dos pozos oscuros, inmóviles, esperando… negando. Pero fue su madre quien reaccionó primero. —No… —susurró, y luego el susurro se convirtió en un grito desgarrador—. ¡No! El sonido le atravesó el pecho a Maral. Su madre cayó de rodillas, las manos temblorosas buscando algo que ya no estaba, algo que nunca volvería a estar. Su llanto llenó la habitación, crudo, sin dignidad, sin control. Era el dolor en su forma más pura. Maral sintió cómo algo dentro de ella se resquebrajaba. No llores. No llores. No llores. Se repitió esas palabras como una oración mientras su visión se nublaba apenas. Parpadeó con rapidez, tragándose el ardor en los ojos. No podía permitirse caer. No ahora. No frente a ellos. Su padre se movió al fin. Se inclinó para sostener a su esposa, envolviéndola con una fuerza que no era consuelo, sino contención. Sus manos temblaban también. Maral lo notó. Nadie más lo habría hecho, pero ella sí. Y entonces habló. —¿Quién? Una sola palabra. Fría. Mortal. Maral sintió cómo su voz quería traicionarla otra vez, cómo el temblor amenazaba con romper su fachada cuidadosamente construida. —Aún no lo sabemos —respondió, aunque cada sílaba le raspó la garganta—. Pero lo sabremos. Su madre seguía llorando, llamando el nombre de Vladimir una y otra vez, como si pudiera traerlo de vuelta. Como si el amor fuera suficiente para vencer a la muerte. Maral desvió la mirada apenas un segundo. Solo un segundo. Y en ese instante, el dolor la atravesó completa. Un vacío brutal, un golpe seco en el pecho, como si le hubieran arrancado algo esencial. Su hermano. Su compañero. Su historia compartida. Casi se rompe. Pero no. Volvió a alzar la mirada. Su padre la observaba ahora, y en sus ojos ya no había solo dolor. Había fuego. —Sangre por sangre —dijo él, con una voz baja, cargada de una promesa oscura. Maral respiró hondo. Sintió el temblor… y lo aplastó. —Sangre por sangre —repitió. Y esta vez, su voz no tembló.
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  • Recuerdo el frío de todas las mañanas, y no hablo por el clima… sino por la dureza de quienes me entrenaban.

    Cada caída no era un error, era una lección que quedaba grabada en la carne y hueso; literalmente. Hubo días en los que el sonido de mis propios huesos fracturándose se volvió parte del entrenamiento, dándome cuenta de que el dolor fue el verdadero maestro. No había consuelo, ni siquiera pausas… solo la exigencia de levantarme una y otra vez, con el cuerpo temblando al borde del colapso.

    Supongo que fue ahí donde entendí que la fuerza no nace del poder… Es sobrevivir a aquello que debería haberte destruido.
    Recuerdo el frío de todas las mañanas, y no hablo por el clima… sino por la dureza de quienes me entrenaban. Cada caída no era un error, era una lección que quedaba grabada en la carne y hueso; literalmente. Hubo días en los que el sonido de mis propios huesos fracturándose se volvió parte del entrenamiento, dándome cuenta de que el dolor fue el verdadero maestro. No había consuelo, ni siquiera pausas… solo la exigencia de levantarme una y otra vez, con el cuerpo temblando al borde del colapso. Supongo que fue ahí donde entendí que la fuerza no nace del poder… Es sobrevivir a aquello que debería haberte destruido.
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  • "𝑆𝑜𝑙𝑜 𝑢𝑛 𝑚𝑜𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑦 𝑚𝑒 𝑙𝑒𝑣𝑎𝑛𝑡𝑜 𝑝𝑎𝑟𝑎 ℎ𝑎𝑐𝑒𝑟 𝑐𝑎𝑓𝑒́"
    Había caído en aquel pensamiento demasiadas veces, y una parte de él sabia que no era cierto, que si se dejaba vencer en ese momento, amanecería allí mismo, sin haber descansado y con dolor de espalda y cuello.

    Pero el cansancio y el sueño vencen, como casi siempre, porque en lugar de hacer caso a las señales y dejar la investigación cuando las letras se juntan unas con otras, el menor de los Winchester exprimía el tiempo y cerebro hasta el final.

    #Personajes3D #3D #Comunidad3D
    "𝑆𝑜𝑙𝑜 𝑢𝑛 𝑚𝑜𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑦 𝑚𝑒 𝑙𝑒𝑣𝑎𝑛𝑡𝑜 𝑝𝑎𝑟𝑎 ℎ𝑎𝑐𝑒𝑟 𝑐𝑎𝑓𝑒́" Había caído en aquel pensamiento demasiadas veces, y una parte de él sabia que no era cierto, que si se dejaba vencer en ese momento, amanecería allí mismo, sin haber descansado y con dolor de espalda y cuello. Pero el cansancio y el sueño vencen, como casi siempre, porque en lugar de hacer caso a las señales y dejar la investigación cuando las letras se juntan unas con otras, el menor de los Winchester exprimía el tiempo y cerebro hasta el final. #Personajes3D #3D #Comunidad3D
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