• Tras un día largo de trabajo lo que más necesitaba era una ducha, había sido una jordana larga. Para rematar había un " animal " en la zona que iba dejando por ahí cuerpos colgados, sin duda era todo un desastre.

    Pero no lo puedo evitar pensar de qué se trata de algún vampiro que ha llegado al pueblo....

    Tras la ducha me seque bien el cuerpo, para luego observar un pequeño bulto en mi seno derecho. No lo tomé demasiada importancia porque después de todo soy una mujer que tiene lunares por todo su cuerpo, así que no era de extrañar que me hubiera salido otro. Me vesti para ponerme ropa cómoda y ponerme a leer uno de los tantos libros que Caroline me había regalado en estas navidades pasadas. Necesitaba desconectar.
    Tras un día largo de trabajo lo que más necesitaba era una ducha, había sido una jordana larga. Para rematar había un " animal " en la zona que iba dejando por ahí cuerpos colgados, sin duda era todo un desastre. Pero no lo puedo evitar pensar de qué se trata de algún vampiro que ha llegado al pueblo.... Tras la ducha me seque bien el cuerpo, para luego observar un pequeño bulto en mi seno derecho. No lo tomé demasiada importancia porque después de todo soy una mujer que tiene lunares por todo su cuerpo, así que no era de extrañar que me hubiera salido otro. Me vesti para ponerme ropa cómoda y ponerme a leer uno de los tantos libros que Caroline me había regalado en estas navidades pasadas. Necesitaba desconectar.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    — Despójate de tus ambiciones mundanas antes de entrar. Has sido admitido en presencia de la encarnación del rayo. Aquí, el tiempo se detiene y solo prevalece la Eternidad. Observa bien, pues mi voluntad es el juicio final.
    — Despójate de tus ambiciones mundanas antes de entrar. Has sido admitido en presencia de la encarnación del rayo. Aquí, el tiempo se detiene y solo prevalece la Eternidad. Observa bien, pues mi voluntad es el juicio final.⚡️
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  • —¿Podría ser posible...? ¿Acaso he ganado peso?—

    Observé mi reflejo en el cristal con un disgusto que ni siquiera mi sonrisa habitual lograba disipar.

    —Qué visión tan... deplorable. Me pregunto a qué se deberá este humor tan irritante que me carcome los nervios. Quizás sea esta persistente falta de sueño, una debilidad biológica que detesto admitir.—

    Giré la vista hacia el rincón, donde mis pequeñas crías descansaban tras el festín. Parecían auténticos angelitos, sumidos en un silencio sepulcral después de haber sido alimentados. Una imagen casi pintoresca, si no fuera porque el caos que me espera cuendo esos diablillos despierten.
    Sacudí la cabeza, intentando sintonizar otra frecuencia.

    —Debo ignorar estas inseguridades mundanas; después de todo, uno debe mantener la estampa impecable para sus queridos esposos. No permitiré que el descuido sea parte de mi sintonía.
    Mmm... sí. Esta camisa es mucho más adecuada. La elegancia, después de todo, es la mejor máscara para el cansancio.—
    —¿Podría ser posible...? ¿Acaso he ganado peso?— Observé mi reflejo en el cristal con un disgusto que ni siquiera mi sonrisa habitual lograba disipar. —Qué visión tan... deplorable. Me pregunto a qué se deberá este humor tan irritante que me carcome los nervios. Quizás sea esta persistente falta de sueño, una debilidad biológica que detesto admitir.— Giré la vista hacia el rincón, donde mis pequeñas crías descansaban tras el festín. Parecían auténticos angelitos, sumidos en un silencio sepulcral después de haber sido alimentados. Una imagen casi pintoresca, si no fuera porque el caos que me espera cuendo esos diablillos despierten. Sacudí la cabeza, intentando sintonizar otra frecuencia. —Debo ignorar estas inseguridades mundanas; después de todo, uno debe mantener la estampa impecable para sus queridos esposos. No permitiré que el descuido sea parte de mi sintonía. Mmm... sí. Esta camisa es mucho más adecuada. La elegancia, después de todo, es la mejor máscara para el cansancio.—
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  • « Cereal con tuercas, tornillos y rondanas con un poquito de aceite, ñomi ñomi. »
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  • La noche de los desaparecidos
    Fandom X-Files
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    Antes de entrar en la oficina, Dana Scully había pasado por la cafetería que había al final de la calle. Si iba a tener que aguantar a Fox "Spooky" Mulder iba a necesitar un café bien cargado, por lo que tomando asiento en la barra, y dejando el bolso que llevaba en su regazo, pidió uno.

    Hubiera sido para llevar, pero vio que el periódico se encontraba sobre la barra, sin nadie que lo estuviera leyendo y pensó que podría leerlo mientras se lo tomaba. Necesitaba algo con coherencia antes de bajar al sótano y volver a todas esas cintas, películas antiguas y diapositivas que probablemente hubieran tenido errores a la hora de crearlas y eso explicaba todas las cosas que Mulder llamaba "sobrenaturales". Pero Dana no tenía ganas de discutirle, no estaba allí para eso, sino para documentar el método científico que usaba en los casos.

    Sin embargo, Dana chasqueó la lengua, pensando que ni en ese momento de tranquilidad iba a poder librarse de las cosas "extrañas". Su café había llegado y estaba abriendo el sobre de azúcar para echárselo, mientras leía el titular de la noticia. "Apareció tras diez años desaparecido".

    El artículo hablaba de cosas que habían estado sucediendo en Eugene, Oregón, había vivido en las últimas semanas una extraña situación. Personas que habían estado desapareciendo en los últimos 15 años, y que ya habían sido declaradas muertas, habían ido apareciendo. El primer caso era el de Mike Thompson, un muchacho de 20 años que desapareció mientras iba a la universidad y que al volver, no sólo era como si el tiempo no hubiera pasado para él, pues seguía igual, sino que hablaba como si todavía siguiera con su rutina de hace 14 años.

    El último de los casos había sido el de Mila Gomes, una señora que había desaparecido hacía 10 años, mientras estaba fuera, haciendo la compra y que al volver, hasta los productos que llevaba se sentían como si no hubieran caducado, a pesar de que la mayoría tenían una fecha muy anterior.

    Dana leyó el artículo, chasqueando la lengua, y pensando que aquello era sólo personas queriendo aprovecharse de situaciones así. Terminó el café, pagó y dejó el periódico sobre la barra para el siguiente cliente, antes de salir de la cafetería.

    Cruzó la entrada del edificio gubernamental, pasando su identificación y sin perder el tiempo se dirigió al ascensor. Saludó a algunos compañeros por el camino, y bajó.

    Mientras recorría el pequeño y estrecho pasillo desde el ascensor, hasta la oficina de los X-Files, Dana sólo deseó que Mulder no hubiera leído aquella mañana el periódico y que allí no hubiera un caso o varios casos, ligados a esas desapariciones.
    [TRUSTNO1] Antes de entrar en la oficina, Dana Scully había pasado por la cafetería que había al final de la calle. Si iba a tener que aguantar a Fox "Spooky" Mulder iba a necesitar un café bien cargado, por lo que tomando asiento en la barra, y dejando el bolso que llevaba en su regazo, pidió uno. Hubiera sido para llevar, pero vio que el periódico se encontraba sobre la barra, sin nadie que lo estuviera leyendo y pensó que podría leerlo mientras se lo tomaba. Necesitaba algo con coherencia antes de bajar al sótano y volver a todas esas cintas, películas antiguas y diapositivas que probablemente hubieran tenido errores a la hora de crearlas y eso explicaba todas las cosas que Mulder llamaba "sobrenaturales". Pero Dana no tenía ganas de discutirle, no estaba allí para eso, sino para documentar el método científico que usaba en los casos. Sin embargo, Dana chasqueó la lengua, pensando que ni en ese momento de tranquilidad iba a poder librarse de las cosas "extrañas". Su café había llegado y estaba abriendo el sobre de azúcar para echárselo, mientras leía el titular de la noticia. "Apareció tras diez años desaparecido". El artículo hablaba de cosas que habían estado sucediendo en Eugene, Oregón, había vivido en las últimas semanas una extraña situación. Personas que habían estado desapareciendo en los últimos 15 años, y que ya habían sido declaradas muertas, habían ido apareciendo. El primer caso era el de Mike Thompson, un muchacho de 20 años que desapareció mientras iba a la universidad y que al volver, no sólo era como si el tiempo no hubiera pasado para él, pues seguía igual, sino que hablaba como si todavía siguiera con su rutina de hace 14 años. El último de los casos había sido el de Mila Gomes, una señora que había desaparecido hacía 10 años, mientras estaba fuera, haciendo la compra y que al volver, hasta los productos que llevaba se sentían como si no hubieran caducado, a pesar de que la mayoría tenían una fecha muy anterior. Dana leyó el artículo, chasqueando la lengua, y pensando que aquello era sólo personas queriendo aprovecharse de situaciones así. Terminó el café, pagó y dejó el periódico sobre la barra para el siguiente cliente, antes de salir de la cafetería. Cruzó la entrada del edificio gubernamental, pasando su identificación y sin perder el tiempo se dirigió al ascensor. Saludó a algunos compañeros por el camino, y bajó. Mientras recorría el pequeño y estrecho pasillo desde el ascensor, hasta la oficina de los X-Files, Dana sólo deseó que Mulder no hubiera leído aquella mañana el periódico y que allí no hubiera un caso o varios casos, ligados a esas desapariciones.
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  • Tan tranquilo estaba el ambiente a esa hora de la madrugada. Silencio, completo silencio en medio de la gran urbe en Shibuya. Su distracción únicamente eran los faros de los automóviles que iluminaban las calles. Su mente comenzaba a entrar en un estado de paz, casi disociativo. Entre sus dedos sostenía un cigarro que llevó a su boca al doblar su brazo, atinó a suspirar y encendió el tabaco, caló tranquilamente y se quedó mirando a la nada. — Tsk, tanta miseria mundana... Creo que empiezo a acostumbrarme. —
    Tan tranquilo estaba el ambiente a esa hora de la madrugada. Silencio, completo silencio en medio de la gran urbe en Shibuya. Su distracción únicamente eran los faros de los automóviles que iluminaban las calles. Su mente comenzaba a entrar en un estado de paz, casi disociativo. Entre sus dedos sostenía un cigarro que llevó a su boca al doblar su brazo, atinó a suspirar y encendió el tabaco, caló tranquilamente y se quedó mirando a la nada. — Tsk, tanta miseria mundana... Creo que empiezo a acostumbrarme. —
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  • 𝟓:𝟎𝟎𝐩𝐦 - 𝐂𝐮𝐚𝐫𝐭𝐞𝐥 𝐆𝐞𝐧𝐞𝐫𝐚𝐥
    -Llegaron los nuevos informes, y al parecer hay unos cuantos problemas con las rutas de suministros de las provincias del norte. Siempre fue un lugar complicado a causa del terreno.
    ¿Y saben qué significa esto?
    Que tendré que quedarme hasta más tarde hoy para poder encontrar una solución. No puedo dejar a los cuarteles sin suministros a puertas de las épocas de las heladas.
    Al menos mi cafe me acompañara en la jordana
    𝟓:𝟎𝟎𝐩𝐦 - 𝐂𝐮𝐚𝐫𝐭𝐞𝐥 𝐆𝐞𝐧𝐞𝐫𝐚𝐥 -Llegaron los nuevos informes, y al parecer hay unos cuantos problemas con las rutas de suministros de las provincias del norte. Siempre fue un lugar complicado a causa del terreno. ¿Y saben qué significa esto? Que tendré que quedarme hasta más tarde hoy para poder encontrar una solución. No puedo dejar a los cuarteles sin suministros a puertas de las épocas de las heladas. Al menos mi cafe me acompañara en la jordana
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  • No hay nada que ame mas que usar estas prendas, la ropa mundana normal no es lo mío, me gusta mas esto
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  • Que bonito amanecer, empezaré a buscar algún trabajo humano pero primero a aprender cosas mundanas... Esto de hacerlo sola es complicado, mis hijos aprendieron por mi sobrino pero me imagino lo dificil que fue para ellos
    Que bonito amanecer, empezaré a buscar algún trabajo humano pero primero a aprender cosas mundanas... Esto de hacerlo sola es complicado, mis hijos aprendieron por mi sobrino pero me imagino lo dificil que fue para ellos
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  • La campanilla de la puerta tintineó suavemente cuando Kaelith entró en la cafetería-bar de su hermano, un lugar elegante y cálido, donde las luces bajas acariciaban los muebles de madera oscura y los cristales brillaban con reflejos ámbar. Noah había tenido que ausentarse por una reunión importante, y por primera vez en semanas, Kaelith se veía obligado a encargarse de atender el lugar personalmente.

    Respiró hondo, ajustando la chaqueta de su traje oscuro y dejando que la calma que siempre emanaba fluyera. Su cabello blanco caía ligeramente sobre sus hombros mientras sus ojos plateados recorrían el espacio, evaluando cada detalle con precisión. No necesitaba instrucciones: la disposición de las mesas, los copas en la barra, incluso los gestos de los clientes eran notas en la sinfonía que él controlaba con naturalidad.

    —Bienvenidos —dijo con voz profunda, medida, mientras un cliente se acercaba al mostrador—. ¿Desean algo en especial?

    Su presencia era suficiente para que las conversaciones bajaran unos tonos y todos los presentes sintieran, aunque fuera subconscientemente, que estaban bajo su control. Kaelith movía cada taza y plato con delicadeza, sirviendo cafés y cocteles como si fueran rituales de precisión. No era un simple acto de cortesía; cada movimiento mostraba su disciplina, su atención al detalle y, en cierto modo, su autoridad innata.

    Mientras equilibraba una bandeja con varios cafés, notó un pequeño destello en la esquina del bar: Kurogane, su lobo espiritual, apenas visible, observando con sus ojos azul eléctrico cualquier indicio de problemas. Kaelith sonrió apenas perceptiblemente; la presencia del espíritu le daba seguridad y un recordatorio de que, aunque pareciera todo control y calma, siempre estaba listo para lo inesperado.

    —Aquí tienen —anunció, dejando las bebidas frente a los clientes con un gesto preciso, casi ceremonial—. Que disfruten.

    A medida que el flujo de personas continuaba, Kaelith caminaba entre las mesas con pasos medidos, corrigiendo un detalle en una servilleta, ajustando un asiento, asegurándose de que todo fuera perfecto. Para él, atender el bar no era simplemente una tarea; era un juego de estrategia, observación y control, y lo hacía sin esfuerzo, aunque la gente solo viera un hombre elegante sirviendo cafés.

    Cuando una bandeja se le resbaló casi imperceptiblemente, Kaelith reaccionó con rapidez sobrehumana, atrapándola antes de que cayera. Nadie notó el instante, salvo Kurogane, que emitió un leve gruñido de aprobación, invisible para los demás. Sonrió internamente. Incluso en tareas mundanas, su instinto de lobo y su naturaleza híbrida se mostraban sutilmente, como un recordatorio de que no era solo un empresario o un hermano: era Kaelith Veiryth, Alfa, híbrido, protector.

    Mientras servía un último café a una pareja sentada junto a la ventana, pensó en Noah. “Hoy será un buen día… aunque no me gusta estar lejos del control total de mi mundo, al menos aquí todo está bajo mi supervisión.” Su mirada plateada recorrió la barra y, por un instante, sus ojos se encontraron con Kurogane. Un vínculo silencioso, una promesa tácita: cuidaría este lugar, este mundo, mientras fuera necesario, con la misma fiereza con la que protegería a su hermano o a cualquier aliado.
    La campanilla de la puerta tintineó suavemente cuando Kaelith entró en la cafetería-bar de su hermano, un lugar elegante y cálido, donde las luces bajas acariciaban los muebles de madera oscura y los cristales brillaban con reflejos ámbar. Noah había tenido que ausentarse por una reunión importante, y por primera vez en semanas, Kaelith se veía obligado a encargarse de atender el lugar personalmente. Respiró hondo, ajustando la chaqueta de su traje oscuro y dejando que la calma que siempre emanaba fluyera. Su cabello blanco caía ligeramente sobre sus hombros mientras sus ojos plateados recorrían el espacio, evaluando cada detalle con precisión. No necesitaba instrucciones: la disposición de las mesas, los copas en la barra, incluso los gestos de los clientes eran notas en la sinfonía que él controlaba con naturalidad. —Bienvenidos —dijo con voz profunda, medida, mientras un cliente se acercaba al mostrador—. ¿Desean algo en especial? Su presencia era suficiente para que las conversaciones bajaran unos tonos y todos los presentes sintieran, aunque fuera subconscientemente, que estaban bajo su control. Kaelith movía cada taza y plato con delicadeza, sirviendo cafés y cocteles como si fueran rituales de precisión. No era un simple acto de cortesía; cada movimiento mostraba su disciplina, su atención al detalle y, en cierto modo, su autoridad innata. Mientras equilibraba una bandeja con varios cafés, notó un pequeño destello en la esquina del bar: Kurogane, su lobo espiritual, apenas visible, observando con sus ojos azul eléctrico cualquier indicio de problemas. Kaelith sonrió apenas perceptiblemente; la presencia del espíritu le daba seguridad y un recordatorio de que, aunque pareciera todo control y calma, siempre estaba listo para lo inesperado. —Aquí tienen —anunció, dejando las bebidas frente a los clientes con un gesto preciso, casi ceremonial—. Que disfruten. A medida que el flujo de personas continuaba, Kaelith caminaba entre las mesas con pasos medidos, corrigiendo un detalle en una servilleta, ajustando un asiento, asegurándose de que todo fuera perfecto. Para él, atender el bar no era simplemente una tarea; era un juego de estrategia, observación y control, y lo hacía sin esfuerzo, aunque la gente solo viera un hombre elegante sirviendo cafés. Cuando una bandeja se le resbaló casi imperceptiblemente, Kaelith reaccionó con rapidez sobrehumana, atrapándola antes de que cayera. Nadie notó el instante, salvo Kurogane, que emitió un leve gruñido de aprobación, invisible para los demás. Sonrió internamente. Incluso en tareas mundanas, su instinto de lobo y su naturaleza híbrida se mostraban sutilmente, como un recordatorio de que no era solo un empresario o un hermano: era Kaelith Veiryth, Alfa, híbrido, protector. Mientras servía un último café a una pareja sentada junto a la ventana, pensó en Noah. “Hoy será un buen día… aunque no me gusta estar lejos del control total de mi mundo, al menos aquí todo está bajo mi supervisión.” Su mirada plateada recorrió la barra y, por un instante, sus ojos se encontraron con Kurogane. Un vínculo silencioso, una promesa tácita: cuidaría este lugar, este mundo, mientras fuera necesario, con la misma fiereza con la que protegería a su hermano o a cualquier aliado.
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