• «Toda vida tiene un valor, toda historia representa una vida»
    Categoría Slice of Life
    París siempre huele a lluvia vieja y a asfalto húmedo cuando la tarde decide retirarse sin pedir permiso. Es de esas ciudades melancólicas que avivan las emociones de los bien aventurados; llámense enamorados o incrédulos del romanticismo barato. Su folclor y cabizbajo ambiente citadino se impregna en la memoria como la fotografía de una infancia calurosa, y entre callejuelas, cada una más vagabunda que la anterior, se encuentran plasmados los retazos de una historia antigua que respeta a sus ancestros y padres fundadores.

    Es así como escondida en una de las venas adoquinadas del los suburbios adormecidos, la biblioteca popular se levanta como un santuario de madera crujiente y techos asfixiados por hileras interminables de estanterías. El ambiente dentro es denso, cargado de una quietud sagrada que solo se interrumpe por el susurro ocasional de una página al girar o el goteo rítmico del agua contra los ventanales altos. La luz filtrada por los cristales sucios es de un oro pálido, casi enfermo, que hace bailar los miles de motas de polvo en el aire como si fueran estrellas enanas flotando en un nexo olvidado. Huele a cuero gastado, a pegamento de encuadernación reseco y a esa dulce decadencia del papel antiguo que ha sobrevivido a demasiadas manos mortales. Para el común de los hombres, es solo un edificio viejo; para él, es un cementerio de intenciones y destinos atrapados en tinta.

    Entre los pasillos estrechos se mueve con la parsimonia de un felino que conoce de memoria los límites de su jaula. Sus botas apenas provocan un quejido en el parqué encerado. Viste con una sencillez oscura que contrasta con la opulencia de algunos tomos clásicos: una camiseta negra holgada que deja al descubierto la musculatura definida de sus brazos y la intrincada caligrafía de las runas que serpentean por sus antebrazos. Lleva las manos sepultadas en los bolsillos, adoptando una postura ligeramente encorvada, perezosa, como si el peso de su propia inmortalidad le fatigara los hombros. Al detenerse frente a una sección de poesía francesa del siglo XIX, alza la mano izquierda y, con un movimiento lento del índice, se baja apenas las gafas redondas de sol. El fucsia artificial de sus ojos divinos relampaguea un milisegundo en la penumbra, escaneando los títulos grabados en pan de oro con el hambre fría de un corrector de pruebas que busca un error en la creación.

    «Cuánta belleza inútil se acumula en los estantes de los hombres», piensa él, mientras el dedo índice de su otra mano juguetea de forma inconsciente con el expansor negro de su oreja derecha, haciéndolo girar sobre su propio eje.

    Colaboración: -𝓨𝐯𝐨𝐧𝐧𝐞
    París siempre huele a lluvia vieja y a asfalto húmedo cuando la tarde decide retirarse sin pedir permiso. Es de esas ciudades melancólicas que avivan las emociones de los bien aventurados; llámense enamorados o incrédulos del romanticismo barato. Su folclor y cabizbajo ambiente citadino se impregna en la memoria como la fotografía de una infancia calurosa, y entre callejuelas, cada una más vagabunda que la anterior, se encuentran plasmados los retazos de una historia antigua que respeta a sus ancestros y padres fundadores. Es así como escondida en una de las venas adoquinadas del los suburbios adormecidos, la biblioteca popular se levanta como un santuario de madera crujiente y techos asfixiados por hileras interminables de estanterías. El ambiente dentro es denso, cargado de una quietud sagrada que solo se interrumpe por el susurro ocasional de una página al girar o el goteo rítmico del agua contra los ventanales altos. La luz filtrada por los cristales sucios es de un oro pálido, casi enfermo, que hace bailar los miles de motas de polvo en el aire como si fueran estrellas enanas flotando en un nexo olvidado. Huele a cuero gastado, a pegamento de encuadernación reseco y a esa dulce decadencia del papel antiguo que ha sobrevivido a demasiadas manos mortales. Para el común de los hombres, es solo un edificio viejo; para él, es un cementerio de intenciones y destinos atrapados en tinta. Entre los pasillos estrechos se mueve con la parsimonia de un felino que conoce de memoria los límites de su jaula. Sus botas apenas provocan un quejido en el parqué encerado. Viste con una sencillez oscura que contrasta con la opulencia de algunos tomos clásicos: una camiseta negra holgada que deja al descubierto la musculatura definida de sus brazos y la intrincada caligrafía de las runas que serpentean por sus antebrazos. Lleva las manos sepultadas en los bolsillos, adoptando una postura ligeramente encorvada, perezosa, como si el peso de su propia inmortalidad le fatigara los hombros. Al detenerse frente a una sección de poesía francesa del siglo XIX, alza la mano izquierda y, con un movimiento lento del índice, se baja apenas las gafas redondas de sol. El fucsia artificial de sus ojos divinos relampaguea un milisegundo en la penumbra, escaneando los títulos grabados en pan de oro con el hambre fría de un corrector de pruebas que busca un error en la creación. «Cuánta belleza inútil se acumula en los estantes de los hombres», piensa él, mientras el dedo índice de su otra mano juguetea de forma inconsciente con el expansor negro de su oreja derecha, haciéndolo girar sobre su propio eje. Colaboración: -[doucevi3]
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    𝒜 𝓋𝑒𝒸𝑒𝓈 𝑒𝓁 𝒹𝑒𝓈𝓉𝒾𝓃𝑜 𝓃𝑜 𝓊𝓃𝑒 𝒶 𝒹𝑜𝓈 𝓅𝑒𝓇𝓈𝑜𝓃𝒶𝓈 𝓅𝒶𝓇𝒶 𝓆𝓊𝑒 𝓋𝓊𝑒𝓁𝓋𝒶𝓃 𝒶 𝒶𝓂𝒶𝓇𝓈𝑒,
    𝓈𝒾𝓃𝑜 𝓅𝒶𝓇𝒶 𝓆𝓊𝑒 𝓅𝓊𝑒𝒹𝒶𝓃 𝒹𝑒𝓈𝓅𝑒𝒹𝒾𝓇𝓈𝑒 𝒹𝑒 𝓁𝒶 𝒽𝑒𝓇𝒾𝒹𝒶 𝓆𝓊𝑒 𝒹𝑒𝒿𝒶𝓇𝑜𝓃 𝒶𝒷𝒾𝑒𝓇𝓉𝒶.

    𝐸𝓁𝓁𝑜𝓈 𝓈𝑒 𝑒𝓃𝒸𝑜𝓃𝓉𝓇𝒶𝓇𝑜𝓃 𝑜𝓉𝓇𝒶 𝓋𝑒𝓏 𝒹𝑒𝓈𝓅𝓊𝑒́𝓈 𝒹𝑒 𝓉𝒶𝓃𝓉𝑜𝓈 𝒶𝓃̃𝑜𝓈,
    𝒸𝑜𝓃 𝓂𝒶́𝓈 𝓈𝒾𝓁𝑒𝓃𝒸𝒾𝑜𝓈 𝓆𝓊𝑒 𝓅𝒶𝓁𝒶𝒷𝓇𝒶𝓈,
    𝒸𝑜𝓃 𝓁𝒶 𝓂𝒾𝓇𝒶𝒹𝒶 𝒸𝒶𝓃𝓈𝒶𝒹𝒶
    𝓎 𝑒𝓁 𝒸𝑜𝓇𝒶𝓏𝑜́𝓃 𝓁𝓁𝑒𝓃𝑜 𝒹𝑒 𝓉𝑜𝒹𝑜 𝒶𝓆𝓊𝑒𝓁𝓁𝑜 𝓆𝓊𝑒 𝓃𝓊𝓃𝒸𝒶 𝓈𝑒 𝒹𝒾𝒿𝑒𝓇𝑜𝓃.

    𝒴𝒶 𝓃𝑜 𝑒𝓇𝒶𝓃 𝓁𝑜𝓈 𝓂𝒾𝓈𝓂𝑜𝓈.
    𝐿𝒶 𝓋𝒾𝒹𝒶 𝓁𝑜𝓈 𝒽𝒶𝒷𝜄́𝒶 𝒸𝒶𝓂𝒷𝒾𝒶𝒹𝑜.
    𝐻𝒶𝒷𝜄́𝒶𝓃 𝒶𝓅𝓇𝑒𝓃𝒹𝒾𝒹𝑜 𝒶 𝓈𝑜𝒷𝓇𝑒𝓋𝒾𝓋𝒾𝓇 𝓈𝒾𝓃 𝑒𝓁 𝑜𝓉𝓇𝑜,
    𝒶𝓊𝓃𝓆𝓊𝑒 𝑒𝓃 𝒶𝓁𝑔𝓊́𝓃 𝓇𝒾𝓃𝒸𝑜́𝓃 𝒹𝑒𝓁 𝒶𝓁𝓂𝒶
    𝓉𝑜𝒹𝒶𝓋𝜄́𝒶 𝒹𝑜𝓁𝒾𝑒𝓇𝒶 𝑒𝓁 𝓇𝑒𝒸𝓊𝑒𝓇𝒹𝑜 𝒹𝑒 𝓁𝑜 𝓆𝓊𝑒 𝓃𝑜 𝓅𝓊𝒹𝑜 𝓈𝑒𝓇.

    𝒴 𝒶𝓊𝓃 𝒶𝓈𝜄́,
    𝒸𝓊𝒶𝓃𝒹𝑜 𝓋𝑜𝓁𝓋𝒾𝑒𝓇𝑜𝓃 𝒶 𝓋𝑒𝓇𝓈𝑒,
    𝒶𝓁𝑔𝑜 𝒹𝑒𝓃𝓉𝓇𝑜 𝒹𝑒 𝑒𝓁𝓁𝑜𝓈 𝒹𝑒𝒿𝑜́ 𝒹𝑒 𝓈𝒶𝓃𝑔𝓇𝒶𝓇.

    𝒩𝑜 𝒽𝒾𝒸𝒾𝑒𝓇𝑜𝓃 𝓅𝓇𝑜𝓂𝑒𝓈𝒶𝓈.
    𝒩𝑜 𝒽𝒶𝒷𝓁𝒶𝓇𝑜𝓃 𝒹𝑒 𝓇𝑒𝑔𝓇𝑒𝓈𝒶𝓇.
    𝒩𝑜 𝒾𝓃𝓉𝑒𝓃𝓉𝒶𝓇𝑜𝓃 𝓇𝑒𝒸𝓊𝓅𝑒𝓇𝒶𝓇 𝑒𝓁 𝓉𝒾𝑒𝓂𝓅𝑜 𝓅𝑒𝓇𝒹𝒾𝒹𝑜.
    𝒮𝑜𝓁𝑜 𝓈𝑒 𝓂𝒾𝓇𝒶𝓇𝑜𝓃 𝒸𝑜𝓂𝑜 𝒹𝑜𝓈 𝓅𝑒𝓇𝓈𝑜𝓃𝒶𝓈
    𝓆𝓊𝑒 𝒶𝓁𝑔𝓊𝓃𝒶 𝓋𝑒𝓏 𝓈𝑒 𝒶𝓂𝒶𝓇𝑜𝓃 𝓅𝓇𝑜𝒻𝓊𝓃𝒹𝒶𝓂𝑒𝓃𝓉𝑒
    𝓎 𝑒𝓃𝓉𝑒𝓃𝒹𝒾𝑒𝓇𝑜𝓃 𝓆𝓊𝑒 𝑒𝓁 𝒶𝓂𝑜𝓇 𝓉𝒶𝓂𝒷𝒾𝑒́𝓃 𝓅𝓊𝑒𝒹𝑒 𝑒𝓍𝒾𝓈𝓉𝒾𝓇
    𝓈𝒾𝓃 𝓃𝑒𝒸𝑒𝓈𝒾𝒹𝒶𝒹 𝒹𝑒 𝓆𝓊𝑒𝒹𝒶𝓇𝓈𝑒.

    𝒫𝑜𝓇𝓆𝓊𝑒 𝒽𝒶𝓎 𝓅𝑒𝓇𝓈𝑜𝓃𝒶𝓈 𝓆𝓊𝑒 𝓃𝑜 𝓋𝓊𝑒𝓁𝓋𝑒𝓃 𝓅𝒶𝓇𝒶 𝒸𝑜𝓂𝑒𝓃𝓏𝒶𝓇 𝒹𝑒 𝓃𝓊𝑒𝓋𝑜,
    𝓈𝒾𝓃𝑜 𝓅𝒶𝓇𝒶 𝓈𝒶𝓃𝒶𝓇 𝓁𝒶 𝓅𝒶𝓇𝓉𝑒 𝒹𝑒 𝓃𝑜𝓈𝑜𝓉𝓇𝑜𝓈
    𝓆𝓊𝑒 𝓈𝑒 𝓆𝓊𝑒𝒹𝑜́ 𝒶𝓉𝓇𝒶𝓅𝒶𝒹𝒶 𝑒𝓃 𝑒𝓁 𝓅𝒶𝓈𝒶𝒹𝑜.

    𝒴 𝒶𝓈𝜄́ 𝒻𝓊𝑒 𝒸𝑜𝓂𝑜 𝓈𝑒 𝒹𝑒𝒿𝒶𝓇𝑜𝓃 𝒾𝓇 𝓅𝑜𝓇 𝓈𝑒𝑔𝓊𝓃𝒹𝒶 𝓋𝑒𝓏…
    𝓅𝑒𝓇𝑜 𝑒𝓈𝓉𝒶 𝓋𝑒𝓏 𝓈𝒾𝓃 𝓇𝑒𝓃𝒸𝑜𝓇,
    𝓈𝒾𝓃 𝓅𝓇𝑒𝑔𝓊𝓃𝓉𝒶𝓈,
    𝓈𝒾𝓃 𝒹𝑜𝓁𝑜𝓇.

    𝒮𝑜𝓁𝑜 𝒸𝑜𝓃 𝓁𝒶 𝓉𝓇𝒶𝓃𝓆𝓊𝒾𝓁𝒾𝒹𝒶𝒹 𝒹𝑒 𝓈𝒶𝒷𝑒𝓇
    𝓆𝓊𝑒, 𝒶𝓊𝓃𝓆𝓊𝑒 𝓃𝓊𝓃𝒸𝒶 𝓋𝑜𝓁𝓋𝒾𝑒𝓇𝑜𝓃 𝒶 𝑒𝓈𝓉𝒶𝓇 𝒿𝓊𝓃𝓉𝑜𝓈,
    𝓅𝑜𝓇 𝒻𝒾𝓃 𝒽𝒶𝒷𝜄́𝒶𝓃 𝒶𝓅𝓇𝑒𝓃𝒹𝒾𝒹𝑜 𝒶 𝓅𝑒𝓇𝒹𝑜𝓃𝒶𝓇𝓈𝑒.

    — Un poeta solitario.

    #poesia #dedicatoria #poeta #Amor #cartasdeamor
    𝒜 𝓋𝑒𝒸𝑒𝓈 𝑒𝓁 𝒹𝑒𝓈𝓉𝒾𝓃𝑜 𝓃𝑜 𝓊𝓃𝑒 𝒶 𝒹𝑜𝓈 𝓅𝑒𝓇𝓈𝑜𝓃𝒶𝓈 𝓅𝒶𝓇𝒶 𝓆𝓊𝑒 𝓋𝓊𝑒𝓁𝓋𝒶𝓃 𝒶 𝒶𝓂𝒶𝓇𝓈𝑒, 𝓈𝒾𝓃𝑜 𝓅𝒶𝓇𝒶 𝓆𝓊𝑒 𝓅𝓊𝑒𝒹𝒶𝓃 𝒹𝑒𝓈𝓅𝑒𝒹𝒾𝓇𝓈𝑒 𝒹𝑒 𝓁𝒶 𝒽𝑒𝓇𝒾𝒹𝒶 𝓆𝓊𝑒 𝒹𝑒𝒿𝒶𝓇𝑜𝓃 𝒶𝒷𝒾𝑒𝓇𝓉𝒶. 𝐸𝓁𝓁𝑜𝓈 𝓈𝑒 𝑒𝓃𝒸𝑜𝓃𝓉𝓇𝒶𝓇𝑜𝓃 𝑜𝓉𝓇𝒶 𝓋𝑒𝓏 𝒹𝑒𝓈𝓅𝓊𝑒́𝓈 𝒹𝑒 𝓉𝒶𝓃𝓉𝑜𝓈 𝒶𝓃̃𝑜𝓈, 𝒸𝑜𝓃 𝓂𝒶́𝓈 𝓈𝒾𝓁𝑒𝓃𝒸𝒾𝑜𝓈 𝓆𝓊𝑒 𝓅𝒶𝓁𝒶𝒷𝓇𝒶𝓈, 𝒸𝑜𝓃 𝓁𝒶 𝓂𝒾𝓇𝒶𝒹𝒶 𝒸𝒶𝓃𝓈𝒶𝒹𝒶 𝓎 𝑒𝓁 𝒸𝑜𝓇𝒶𝓏𝑜́𝓃 𝓁𝓁𝑒𝓃𝑜 𝒹𝑒 𝓉𝑜𝒹𝑜 𝒶𝓆𝓊𝑒𝓁𝓁𝑜 𝓆𝓊𝑒 𝓃𝓊𝓃𝒸𝒶 𝓈𝑒 𝒹𝒾𝒿𝑒𝓇𝑜𝓃. 𝒴𝒶 𝓃𝑜 𝑒𝓇𝒶𝓃 𝓁𝑜𝓈 𝓂𝒾𝓈𝓂𝑜𝓈. 𝐿𝒶 𝓋𝒾𝒹𝒶 𝓁𝑜𝓈 𝒽𝒶𝒷𝜄́𝒶 𝒸𝒶𝓂𝒷𝒾𝒶𝒹𝑜. 𝐻𝒶𝒷𝜄́𝒶𝓃 𝒶𝓅𝓇𝑒𝓃𝒹𝒾𝒹𝑜 𝒶 𝓈𝑜𝒷𝓇𝑒𝓋𝒾𝓋𝒾𝓇 𝓈𝒾𝓃 𝑒𝓁 𝑜𝓉𝓇𝑜, 𝒶𝓊𝓃𝓆𝓊𝑒 𝑒𝓃 𝒶𝓁𝑔𝓊́𝓃 𝓇𝒾𝓃𝒸𝑜́𝓃 𝒹𝑒𝓁 𝒶𝓁𝓂𝒶 𝓉𝑜𝒹𝒶𝓋𝜄́𝒶 𝒹𝑜𝓁𝒾𝑒𝓇𝒶 𝑒𝓁 𝓇𝑒𝒸𝓊𝑒𝓇𝒹𝑜 𝒹𝑒 𝓁𝑜 𝓆𝓊𝑒 𝓃𝑜 𝓅𝓊𝒹𝑜 𝓈𝑒𝓇. 𝒴 𝒶𝓊𝓃 𝒶𝓈𝜄́, 𝒸𝓊𝒶𝓃𝒹𝑜 𝓋𝑜𝓁𝓋𝒾𝑒𝓇𝑜𝓃 𝒶 𝓋𝑒𝓇𝓈𝑒, 𝒶𝓁𝑔𝑜 𝒹𝑒𝓃𝓉𝓇𝑜 𝒹𝑒 𝑒𝓁𝓁𝑜𝓈 𝒹𝑒𝒿𝑜́ 𝒹𝑒 𝓈𝒶𝓃𝑔𝓇𝒶𝓇. 𝒩𝑜 𝒽𝒾𝒸𝒾𝑒𝓇𝑜𝓃 𝓅𝓇𝑜𝓂𝑒𝓈𝒶𝓈. 𝒩𝑜 𝒽𝒶𝒷𝓁𝒶𝓇𝑜𝓃 𝒹𝑒 𝓇𝑒𝑔𝓇𝑒𝓈𝒶𝓇. 𝒩𝑜 𝒾𝓃𝓉𝑒𝓃𝓉𝒶𝓇𝑜𝓃 𝓇𝑒𝒸𝓊𝓅𝑒𝓇𝒶𝓇 𝑒𝓁 𝓉𝒾𝑒𝓂𝓅𝑜 𝓅𝑒𝓇𝒹𝒾𝒹𝑜. 𝒮𝑜𝓁𝑜 𝓈𝑒 𝓂𝒾𝓇𝒶𝓇𝑜𝓃 𝒸𝑜𝓂𝑜 𝒹𝑜𝓈 𝓅𝑒𝓇𝓈𝑜𝓃𝒶𝓈 𝓆𝓊𝑒 𝒶𝓁𝑔𝓊𝓃𝒶 𝓋𝑒𝓏 𝓈𝑒 𝒶𝓂𝒶𝓇𝑜𝓃 𝓅𝓇𝑜𝒻𝓊𝓃𝒹𝒶𝓂𝑒𝓃𝓉𝑒 𝓎 𝑒𝓃𝓉𝑒𝓃𝒹𝒾𝑒𝓇𝑜𝓃 𝓆𝓊𝑒 𝑒𝓁 𝒶𝓂𝑜𝓇 𝓉𝒶𝓂𝒷𝒾𝑒́𝓃 𝓅𝓊𝑒𝒹𝑒 𝑒𝓍𝒾𝓈𝓉𝒾𝓇 𝓈𝒾𝓃 𝓃𝑒𝒸𝑒𝓈𝒾𝒹𝒶𝒹 𝒹𝑒 𝓆𝓊𝑒𝒹𝒶𝓇𝓈𝑒. 𝒫𝑜𝓇𝓆𝓊𝑒 𝒽𝒶𝓎 𝓅𝑒𝓇𝓈𝑜𝓃𝒶𝓈 𝓆𝓊𝑒 𝓃𝑜 𝓋𝓊𝑒𝓁𝓋𝑒𝓃 𝓅𝒶𝓇𝒶 𝒸𝑜𝓂𝑒𝓃𝓏𝒶𝓇 𝒹𝑒 𝓃𝓊𝑒𝓋𝑜, 𝓈𝒾𝓃𝑜 𝓅𝒶𝓇𝒶 𝓈𝒶𝓃𝒶𝓇 𝓁𝒶 𝓅𝒶𝓇𝓉𝑒 𝒹𝑒 𝓃𝑜𝓈𝑜𝓉𝓇𝑜𝓈 𝓆𝓊𝑒 𝓈𝑒 𝓆𝓊𝑒𝒹𝑜́ 𝒶𝓉𝓇𝒶𝓅𝒶𝒹𝒶 𝑒𝓃 𝑒𝓁 𝓅𝒶𝓈𝒶𝒹𝑜. 𝒴 𝒶𝓈𝜄́ 𝒻𝓊𝑒 𝒸𝑜𝓂𝑜 𝓈𝑒 𝒹𝑒𝒿𝒶𝓇𝑜𝓃 𝒾𝓇 𝓅𝑜𝓇 𝓈𝑒𝑔𝓊𝓃𝒹𝒶 𝓋𝑒𝓏… 𝓅𝑒𝓇𝑜 𝑒𝓈𝓉𝒶 𝓋𝑒𝓏 𝓈𝒾𝓃 𝓇𝑒𝓃𝒸𝑜𝓇, 𝓈𝒾𝓃 𝓅𝓇𝑒𝑔𝓊𝓃𝓉𝒶𝓈, 𝓈𝒾𝓃 𝒹𝑜𝓁𝑜𝓇. 𝒮𝑜𝓁𝑜 𝒸𝑜𝓃 𝓁𝒶 𝓉𝓇𝒶𝓃𝓆𝓊𝒾𝓁𝒾𝒹𝒶𝒹 𝒹𝑒 𝓈𝒶𝒷𝑒𝓇 𝓆𝓊𝑒, 𝒶𝓊𝓃𝓆𝓊𝑒 𝓃𝓊𝓃𝒸𝒶 𝓋𝑜𝓁𝓋𝒾𝑒𝓇𝑜𝓃 𝒶 𝑒𝓈𝓉𝒶𝓇 𝒿𝓊𝓃𝓉𝑜𝓈, 𝓅𝑜𝓇 𝒻𝒾𝓃 𝒽𝒶𝒷𝜄́𝒶𝓃 𝒶𝓅𝓇𝑒𝓃𝒹𝒾𝒹𝑜 𝒶 𝓅𝑒𝓇𝒹𝑜𝓃𝒶𝓇𝓈𝑒. — Un poeta solitario. #poesia #dedicatoria #poeta #Amor #cartasdeamor
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  • Una buena práctica para despejar la mente

    ♣Dije tranquilamente, su que lo que no se veía en cámara era al hombre atado y amordazado, con una manzana en la cabeza ♣

    Xx:m-mmmm!!!

    ♣El hombre se movía aterrado, mientras yo tensaba el arco apuntando♣

    Si por tu culpa fallo el tiro, te juro que el segundo no será en la manzana
    Una buena práctica para despejar la mente ♣Dije tranquilamente, su que lo que no se veía en cámara era al hombre atado y amordazado, con una manzana en la cabeza ♣ Xx:m-mmmm!!! ♣El hombre se movía aterrado, mientras yo tensaba el arco apuntando♣ Si por tu culpa fallo el tiro, te juro que el segundo no será en la manzana
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  • No cabía ninguna duda, lo había sentido en aquel planeta; era una presencia fuera de lo común.

    El espacio profundo, con su silencio absoluto que tanto deleitaba sus sentidos, se vio interrumpido por una perturbación invisible en el tejido de la energía cósmica.

    Valerius detuvo su avance en el vacío. Sus ojos carmesí, profundos como brasas moribundas en la oscuridad, destellaron con la intensidad de una supernova. Sus venas doradas se traslucieron bajo sus escamas brillando con fuerza a medida que su mente procesaba el estímulo de forma clínica.

    Como un maestro estratega analizando un tablero de ajedrez, calculó la trayectoria el pulso magnético no pertenecía a ninguna de las razas inferiores que usualmente infectaban el cosmos.

    Aquella firma térmica, aunque distante y amortiguada por la atmósfera de un mundo desconocido, poseía la misma vibración de alta densidad que su propio plasma solar.

    — ¿Un remanente? —murmuró — ¿Alguien de mi propia sangre? Imposible. —

    Su lógica le dictaba que su linaje dinástico había sido extirpado por completo en el pasado. Sin perder un solo segundo en vacilaciones emocionales, trazó la ruta hacia el tercer planeta de un sistema solar joven y promedio: la Tierra.

    La llegada al planeta fue silenciosa, un acto de infiltración perfecto a pesar de su tamaño, el aire alrededor de su cuerpo vibraba con violencia debido al calor residual de sus células, pero para los radares humanos, solo fue una estrella fugaz desvaneciéndose en el cielo nocturno.

    El contraste entre la frialdad del aire terrestre y el aura ardiente que arrastraba tras de sí creó una leve neblina a su alrededor. Dio un paso al frente y extendió sus alas, permitiendo que sus escamas doradas respiraran el aire de este nuevo tablero de juego.

    Se dio un momento para recobrar energías y adaptarse al sol en aquel sitio, solo para de nuevo elevarse hacia los cielos.

    No había prisa en sus movimientos, comenzó a planear sobre el territorio, cortaba las nubes mientras volaba por el sitio, sus ojos escudriñaban la superficie del planeta con una sonrisa ladina y autosuficiente.

    Era cuestión de tiempo para encontrar al dueño de aquella radiación de calor.

    FT: Asʜᴇɴᴏʀᴅ

    No cabía ninguna duda, lo había sentido en aquel planeta; era una presencia fuera de lo común. El espacio profundo, con su silencio absoluto que tanto deleitaba sus sentidos, se vio interrumpido por una perturbación invisible en el tejido de la energía cósmica. Valerius detuvo su avance en el vacío. Sus ojos carmesí, profundos como brasas moribundas en la oscuridad, destellaron con la intensidad de una supernova. Sus venas doradas se traslucieron bajo sus escamas brillando con fuerza a medida que su mente procesaba el estímulo de forma clínica. Como un maestro estratega analizando un tablero de ajedrez, calculó la trayectoria el pulso magnético no pertenecía a ninguna de las razas inferiores que usualmente infectaban el cosmos. Aquella firma térmica, aunque distante y amortiguada por la atmósfera de un mundo desconocido, poseía la misma vibración de alta densidad que su propio plasma solar. — ¿Un remanente? —murmuró — ¿Alguien de mi propia sangre? Imposible. — Su lógica le dictaba que su linaje dinástico había sido extirpado por completo en el pasado. Sin perder un solo segundo en vacilaciones emocionales, trazó la ruta hacia el tercer planeta de un sistema solar joven y promedio: la Tierra. La llegada al planeta fue silenciosa, un acto de infiltración perfecto a pesar de su tamaño, el aire alrededor de su cuerpo vibraba con violencia debido al calor residual de sus células, pero para los radares humanos, solo fue una estrella fugaz desvaneciéndose en el cielo nocturno. El contraste entre la frialdad del aire terrestre y el aura ardiente que arrastraba tras de sí creó una leve neblina a su alrededor. Dio un paso al frente y extendió sus alas, permitiendo que sus escamas doradas respiraran el aire de este nuevo tablero de juego. Se dio un momento para recobrar energías y adaptarse al sol en aquel sitio, solo para de nuevo elevarse hacia los cielos. No había prisa en sus movimientos, comenzó a planear sobre el territorio, cortaba las nubes mientras volaba por el sitio, sus ojos escudriñaban la superficie del planeta con una sonrisa ladina y autosuficiente. Era cuestión de tiempo para encontrar al dueño de aquella radiación de calor. FT: [sun.dragon]
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  • 𝐿𝑎 𝑃𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟𝑎 𝑦 𝐸𝑡𝑒𝑟𝑛𝑎 𝐿𝑙𝑎𝑚𝑎
    Fandom OC
    Categoría Drama
    Ambient: https://youtu.be/reiZrOUYpjY?si=aBIYTpySt-M_Q6_g

    En el claro del bosque antiguo, donde la luz dorada se filtraba entre las hojas como un recuerdo que se niega a morir, Siegmeyer se arrodilló. Su armadura , marcada por el paso de incontables batallas, brillaba débilmente bajo el sol del atardecer. La capa roja, raída y descolorida por el tiempo, caía pesadamente sobre sus hombros. Su gran espada descansaba en su espalda, testigo silencioso de una pena que nunca sanaba.

    Habían pasado más de siglos. Y aun así, el dolor era fresco como la mañana en que la perdió. Su nombre era Liora. Su primer amor. La mujer que le enseñó que un corazón inmortal podía latir con la misma fuerza que uno mortal. La conoció cuando él aún era joven en espíritu, recién bendecido (o maldecido) con la inmortalidad. Ella era una simple sanadora de una aldea fronteriza, cabello castaño que brillaba como miel bajo el sol, ojos verdes llenos de una calidez que hacía que el mundo entero pareciera menos cruel. No era una guerrera, ni una princesa, ni una maga poderosa. Solo era ella y eso bastaba.

    Se enamoraron despacio, como crecen las flores silvestres primero como compañeros, ella curaba sus heridas después de cada batalla, riendo suavemente cuando él intentaba impresionarla con historias de dragones y ejércitos caídos. Eres un tonto Siegmeyer”, le susurraba mientras pasaba sus dedos por su rostro.

    Compartieron años que para él fueron un suspiro. Caminatas por este mismo bosque, noches bajo las estrellas donde ella apoyaba la cabeza en su pecho y soñaba en voz alta con una vida sencilla, una casa pequeña, hijos corriendo entre las flores, envejecer juntos. Siegmeyer nunca tuvo el valor de decirle que él no envejecería. Que mientras ella hablaba de canas y arrugas, él ya sabía que la vería marchitarse.

    La enfermedad llegó sin aviso. Una plaga oscura que ni sus hierbas ni sus oraciones pudieron detener. Siegmeyer lo intentó todo. Cabalgó días enteros en busca de curanderos legendarios, ofreció su propia sangre a dioses que en ese entonces creía, se arrodilló en templos olvidados rogando un milagro, pero nada funcionó.

    En sus últimos días, yacía en la cama de su humilde cabaña, frágil como una hoja seca. Tomó su mano grande y callosa entre las suyas, ya temblorosas y frías.

    —Prométeme algo. —Le dijo con voz débil pero serena—. No dejes que esto te convierta en piedra. Ama de nuevo. Ríe. Vive… por los dos. —

    El caballero que había enfrentado dragones y ejércitos sin temblar, rompió a llorar como un niño.

    —No puedo. — Susurró. — No quiero vivir sin ti. —

    Liora sonrió con esfuerzo, esa sonrisa que siempre lograba calmar sus tormentas internas.

    — Entonces vive por mí. Cada vez que protejas a alguien, cada vez que mires una flor silvestre o escuches el viento entre los árboles… que sea por mí. Yo estaré ahí, en tus recuerdos. No me dejes ir del todo. —

    Murió al amanecer, con la mano aún entrelazada con la de él. Siegmeyer se quedó allí, inmóvil, sosteniendo un cuerpo que ya no era ella. El sol salió igual que siempre, indiferente a su dolor.

    Siglos despues, cuando todo se habia tornado mas oscuro. Las lágrimas caían silenciosas bajo el yelmo. Había tenido otros compañeros desde entonces, y los había amado a cada uno. Pero ella fue la primera. Antes de marcharse, tocó con los dedos la pequeña piedra que había tallado siglos atrás junto al claro, solo un nombre y una frase sencilla.

    “Liora. Mi primer amanecer.”

    || Disculpen lo meloso. ||
    Ambient: https://youtu.be/reiZrOUYpjY?si=aBIYTpySt-M_Q6_g En el claro del bosque antiguo, donde la luz dorada se filtraba entre las hojas como un recuerdo que se niega a morir, Siegmeyer se arrodilló. Su armadura , marcada por el paso de incontables batallas, brillaba débilmente bajo el sol del atardecer. La capa roja, raída y descolorida por el tiempo, caía pesadamente sobre sus hombros. Su gran espada descansaba en su espalda, testigo silencioso de una pena que nunca sanaba. Habían pasado más de siglos. Y aun así, el dolor era fresco como la mañana en que la perdió. Su nombre era Liora. Su primer amor. La mujer que le enseñó que un corazón inmortal podía latir con la misma fuerza que uno mortal. La conoció cuando él aún era joven en espíritu, recién bendecido (o maldecido) con la inmortalidad. Ella era una simple sanadora de una aldea fronteriza, cabello castaño que brillaba como miel bajo el sol, ojos verdes llenos de una calidez que hacía que el mundo entero pareciera menos cruel. No era una guerrera, ni una princesa, ni una maga poderosa. Solo era ella y eso bastaba. Se enamoraron despacio, como crecen las flores silvestres primero como compañeros, ella curaba sus heridas después de cada batalla, riendo suavemente cuando él intentaba impresionarla con historias de dragones y ejércitos caídos. Eres un tonto Siegmeyer”, le susurraba mientras pasaba sus dedos por su rostro. Compartieron años que para él fueron un suspiro. Caminatas por este mismo bosque, noches bajo las estrellas donde ella apoyaba la cabeza en su pecho y soñaba en voz alta con una vida sencilla, una casa pequeña, hijos corriendo entre las flores, envejecer juntos. Siegmeyer nunca tuvo el valor de decirle que él no envejecería. Que mientras ella hablaba de canas y arrugas, él ya sabía que la vería marchitarse. La enfermedad llegó sin aviso. Una plaga oscura que ni sus hierbas ni sus oraciones pudieron detener. Siegmeyer lo intentó todo. Cabalgó días enteros en busca de curanderos legendarios, ofreció su propia sangre a dioses que en ese entonces creía, se arrodilló en templos olvidados rogando un milagro, pero nada funcionó. En sus últimos días, yacía en la cama de su humilde cabaña, frágil como una hoja seca. Tomó su mano grande y callosa entre las suyas, ya temblorosas y frías. —Prométeme algo. —Le dijo con voz débil pero serena—. No dejes que esto te convierta en piedra. Ama de nuevo. Ríe. Vive… por los dos. — El caballero que había enfrentado dragones y ejércitos sin temblar, rompió a llorar como un niño. —No puedo. — Susurró. — No quiero vivir sin ti. — Liora sonrió con esfuerzo, esa sonrisa que siempre lograba calmar sus tormentas internas. — Entonces vive por mí. Cada vez que protejas a alguien, cada vez que mires una flor silvestre o escuches el viento entre los árboles… que sea por mí. Yo estaré ahí, en tus recuerdos. No me dejes ir del todo. — Murió al amanecer, con la mano aún entrelazada con la de él. Siegmeyer se quedó allí, inmóvil, sosteniendo un cuerpo que ya no era ella. El sol salió igual que siempre, indiferente a su dolor. Siglos despues, cuando todo se habia tornado mas oscuro. Las lágrimas caían silenciosas bajo el yelmo. Había tenido otros compañeros desde entonces, y los había amado a cada uno. Pero ella fue la primera. Antes de marcharse, tocó con los dedos la pequeña piedra que había tallado siglos atrás junto al claro, solo un nombre y una frase sencilla. “Liora. Mi primer amanecer.” || Disculpen lo meloso. ||
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  • Supongo que enamorarse no sería mala idea...
    Aunque temeria no ser correspondida.
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  • Anne
    Fandom Romance
    Categoría Romance
    ✦ Ficha de Rol ✦

    Nombre: Anne
    Edad: 22 años
    Raza: Humana
    Orientación: Bisexual
    Ocupación: Estudiante universitaria (último año de Psicología)

    ✦ Apariencia

    Altura: 1.74 m.

    Complexión: Delgada con figura curvilínea.

    Cabello: Rubio claro, largo y sedoso.

    Ojos: Rojizos con un brillo cálido.

    Piel: Clara.

    Siempre lleva una sonrisa dulce que contrasta con su carácter provocador.


    ✦ Personalidad

    Extrovertida, inteligente y carismática. Disfruta coquetear y desafiar a quienes llaman su atención, aunque detrás de esa seguridad se esconde una chica sensible que teme ser rechazada. Es muy protectora con quienes ama y no se rinde fácilmente cuando desea algo.

    ✦ Gustos

    Café y librerías.

    Paseos al atardecer.

    Música acústica.

    Contacto físico y muestras de afecto.

    Relaciones con mucha tensión romántica (slow burn).

    Diferencia de edad.

    Dinámicas BDSM consensuadas, especialmente con un equilibrio entre confianza, comunicación y entrega.


    ✦ Disgustos

    Las mentiras.

    La inmadurez.

    Que la subestimen.

    Las relaciones sin compromiso.


    ✦ Historia

    Anne siempre fue una estudiante brillante. En la universidad conoció a un/a profesor/a cuya inteligencia, paciencia y forma de enseñar despertaron en ella una admiración que, poco a poco, terminó convirtiéndose en un enamoramiento.

    Sabe que involucrarse sentimentalmente con un/a docente puede traer complicaciones, por lo que intenta mantener las apariencias. Sin embargo, cada tutoría, cada conversación después de clase y cada mirada hacen que le resulte más difícil ocultar lo que siente.

    ✦ Busco en el rol

    Romance GL o bisexual.

    Desarrollo lento (slow burn).

    Diferencia de edad.

    Mucha tensión emocional.

    Celos, drama ligero y momentos tiernos.

    Dinámicas BDSM basadas en la confianza, el consentimiento y la comunicación.

    Final abierto: puede ser un romance feliz o una historia agridulce.


    Frase: "Dicen que algunas líneas no deberían cruzarse... pero nunca dijeron que dejaran de ser irresistibles."
    ✦ Ficha de Rol ✦ Nombre: Anne Edad: 22 años Raza: Humana Orientación: Bisexual Ocupación: Estudiante universitaria (último año de Psicología) ✦ Apariencia Altura: 1.74 m. Complexión: Delgada con figura curvilínea. Cabello: Rubio claro, largo y sedoso. Ojos: Rojizos con un brillo cálido. Piel: Clara. Siempre lleva una sonrisa dulce que contrasta con su carácter provocador. ✦ Personalidad Extrovertida, inteligente y carismática. Disfruta coquetear y desafiar a quienes llaman su atención, aunque detrás de esa seguridad se esconde una chica sensible que teme ser rechazada. Es muy protectora con quienes ama y no se rinde fácilmente cuando desea algo. ✦ Gustos Café y librerías. Paseos al atardecer. Música acústica. Contacto físico y muestras de afecto. Relaciones con mucha tensión romántica (slow burn). Diferencia de edad. Dinámicas BDSM consensuadas, especialmente con un equilibrio entre confianza, comunicación y entrega. ✦ Disgustos Las mentiras. La inmadurez. Que la subestimen. Las relaciones sin compromiso. ✦ Historia Anne siempre fue una estudiante brillante. En la universidad conoció a un/a profesor/a cuya inteligencia, paciencia y forma de enseñar despertaron en ella una admiración que, poco a poco, terminó convirtiéndose en un enamoramiento. Sabe que involucrarse sentimentalmente con un/a docente puede traer complicaciones, por lo que intenta mantener las apariencias. Sin embargo, cada tutoría, cada conversación después de clase y cada mirada hacen que le resulte más difícil ocultar lo que siente. ✦ Busco en el rol Romance GL o bisexual. Desarrollo lento (slow burn). Diferencia de edad. Mucha tensión emocional. Celos, drama ligero y momentos tiernos. Dinámicas BDSM basadas en la confianza, el consentimiento y la comunicación. Final abierto: puede ser un romance feliz o una historia agridulce. Frase: "Dicen que algunas líneas no deberían cruzarse... pero nunca dijeron que dejaran de ser irresistibles."
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  • 𝐒𝗂ᥣ𝖾𐓣𝖼𝗂ⱺ, αᥣ 𝖿𝗂𐓣.
    Categoría Otros
    El sol se estaba poniendo en el horizonte, poco a poco. Los últimos rayos del atardecer daban una luz cálida y preciosa al área. Los árboles y el pasto se veían más verdes y las lápidas con más brillo.

    Alaska detuvo sus pasos, amortiguados por la hierba debajo de sus botines, justo frente a dos lápidas. En los grabados se podían ver los nombres: Anika Goldberg-Crowley y Dylan Crowley. Sus padres.

    No era el aniversario de sus muertes, pero necesitaba estar ahí. Las últimas semanas se sintieron más infierno que lo usual. Muchas veces iba allí para hablar con ellos, si es que acaso la escuchaban. Le gustaba pensar que sí. Le gustaba pensar que la veían aunque ella no podía verlos a ellos. Que, al menos en ese lugar, podían estar presentes.

    Se arrodilló, dejando dos rosas blancas en cada tumba, luego usó ambas manos para limpiar un poco la tierra y hojas de las lápidas.

    —Espero que estén bien... Estos días fueron... más duros de lo usual. Quise hablar con Owen, pero, bueno, ya saben cómo es. Al menos ustedes son buenos escuchando. —intentó bromear para evitar sentirse triste, aunque ese sentimiento siempre estaba ahí cada vez que los visitaba. También la culpa y algo de miedo.

    —¿ᴾᵒʳ ૧ᵘé ʳᵃᶻóⁿ ᵗᵉ ᵉˢᶜᵘᶜʰᵃʳíᵃⁿ? ᵀᵉ ᵒᵈⁱᵃⁿ. —un susurro que no venía de afuera, sino desde el interior de su cabeza; había aprendido a distinguir eso hacía tiempo. Era molesto. Siempre que estaba allí las voces no dejaban de decirle esa clase de cosas, pero siempre las ignoraba. Sin embargo, estaban especialmente activas hoy.

    —ᴇʀᴇs ᴍᴏʟᴇsᴛᴀ. sɪ ᴍᴜᴇʀᴇs sᴇɢᴜʀᴏ ǫᴜᴇ ᴛᴀᴍᴘᴏᴄᴏ ᴠᴀɴ ᴀ ǫᴜᴇʀᴇʀ ᴠᴇʀᴛᴇ.

    —¡𝗗𝗲𝗷𝗮 𝗱𝗲 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗻𝘁𝗮𝗿𝗹𝗼❟ 𝗲𝘀𝘁á𝗻 𝗱𝗲𝗺𝗮𝘀𝗶𝗮𝗱𝗼 𝗼𝗰𝘂𝗽𝗮𝗱𝗼𝘀 𝗮𝗿𝗱𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗶𝗻𝗳𝗶𝗲𝗿𝗻𝗼! —Alaska cerró los ojos con esa frase, pues un sonido de interferencia le hizo doler los oídos. Llevó ambas manos a las orejas, quejándose apenas. Las voces empezaron a gritar al mismo tiempo, no podía distinguir demasiado bien, pero eso no quitaba que fuera una horrible experiencia cada vez.

    Y, de repente, todo quedó en silencio ensordecedor. Abrió los ojos, notando que su respiración se había acelerado un poco mientras bajó las manos lentamente. Parpadeó una, dos, tres veces. Tenía una sensación extraña. Nunca quedaba tan en silencio, era muy... raro, pero a la vez daba alivio.

    —ᴱˢᵗᵃ ᵃ૧ᵘⁱ... —miró alrededor de inmediato, viendo algunas personas a lo lejos, en otras tumbas. Pero no era ninguno de ellos. Fue entonces que giró un poco su cabeza y cuerpo para ver hacia atrás, buscando la respuesta a lo que sea que la voz se refirió.

    Angyar Marwolaeth
    El sol se estaba poniendo en el horizonte, poco a poco. Los últimos rayos del atardecer daban una luz cálida y preciosa al área. Los árboles y el pasto se veían más verdes y las lápidas con más brillo. Alaska detuvo sus pasos, amortiguados por la hierba debajo de sus botines, justo frente a dos lápidas. En los grabados se podían ver los nombres: Anika Goldberg-Crowley y Dylan Crowley. Sus padres. No era el aniversario de sus muertes, pero necesitaba estar ahí. Las últimas semanas se sintieron más infierno que lo usual. Muchas veces iba allí para hablar con ellos, si es que acaso la escuchaban. Le gustaba pensar que sí. Le gustaba pensar que la veían aunque ella no podía verlos a ellos. Que, al menos en ese lugar, podían estar presentes. Se arrodilló, dejando dos rosas blancas en cada tumba, luego usó ambas manos para limpiar un poco la tierra y hojas de las lápidas. —Espero que estén bien... Estos días fueron... más duros de lo usual. Quise hablar con Owen, pero, bueno, ya saben cómo es. Al menos ustedes son buenos escuchando. —intentó bromear para evitar sentirse triste, aunque ese sentimiento siempre estaba ahí cada vez que los visitaba. También la culpa y algo de miedo. —¿ᴾᵒʳ ૧ᵘé ʳᵃᶻóⁿ ᵗᵉ ᵉˢᶜᵘᶜʰᵃʳíᵃⁿ? ᵀᵉ ᵒᵈⁱᵃⁿ. —un susurro que no venía de afuera, sino desde el interior de su cabeza; había aprendido a distinguir eso hacía tiempo. Era molesto. Siempre que estaba allí las voces no dejaban de decirle esa clase de cosas, pero siempre las ignoraba. Sin embargo, estaban especialmente activas hoy. —ᴇʀᴇs ᴍᴏʟᴇsᴛᴀ. sɪ ᴍᴜᴇʀᴇs sᴇɢᴜʀᴏ ǫᴜᴇ ᴛᴀᴍᴘᴏᴄᴏ ᴠᴀɴ ᴀ ǫᴜᴇʀᴇʀ ᴠᴇʀᴛᴇ. —¡𝗗𝗲𝗷𝗮 𝗱𝗲 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗻𝘁𝗮𝗿𝗹𝗼❟ 𝗲𝘀𝘁á𝗻 𝗱𝗲𝗺𝗮𝘀𝗶𝗮𝗱𝗼 𝗼𝗰𝘂𝗽𝗮𝗱𝗼𝘀 𝗮𝗿𝗱𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗶𝗻𝗳𝗶𝗲𝗿𝗻𝗼! —Alaska cerró los ojos con esa frase, pues un sonido de interferencia le hizo doler los oídos. Llevó ambas manos a las orejas, quejándose apenas. Las voces empezaron a gritar al mismo tiempo, no podía distinguir demasiado bien, pero eso no quitaba que fuera una horrible experiencia cada vez. Y, de repente, todo quedó en silencio ensordecedor. Abrió los ojos, notando que su respiración se había acelerado un poco mientras bajó las manos lentamente. Parpadeó una, dos, tres veces. Tenía una sensación extraña. Nunca quedaba tan en silencio, era muy... raro, pero a la vez daba alivio. —ᴱˢᵗᵃ ᵃ૧ᵘⁱ... —miró alrededor de inmediato, viendo algunas personas a lo lejos, en otras tumbas. Pero no era ninguno de ellos. Fue entonces que giró un poco su cabeza y cuerpo para ver hacia atrás, buscando la respuesta a lo que sea que la voz se refirió. [Angyar_Marwolaeth]
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  • Elizabeth se había quedado con Mumei por su propia seguridad, han pasado mucho tiempo juntas, a solas, teniendo tiempo incluso para hablar de la infancia de cada una de ellas, de lo importante que era esa cercanía que tenían antes de que Elizabeth se vaya con Cecilia a formar parte de Justice.

    Tuvieron tiempo para hablar un poco de su vínculo entre ambas, sin embargo, Elizabeth nunca dejó de amar a Mumei, tuvieron una larga conversación en dónde Elizabeth se disculpó por todo lo que hizo mal que provocó que Mumei dejara de confiar en ella, la respuesta de la Miembro del Consejo sorprendió bastante.

    Mumei:
    — Descuida Liz, a pesar de todo... yo nunca te dejado de querer. —

    Fueron las palabras de ella, tomando por total sorpresa a Elizabeth, un rubor invadió parte de su rostro, la cercanía física se empezó a notar y sin más palabras, Elizabeth se acercó tanto a Mumei y le dijo mirándola a los ojos.

    — Mumei... Te amo. —

    Acto seguido, ese acto de amor y de afecto terminó por dar inicio a un beso cálido entre ambas, Elizabeth comenzó a besar los labios de Mumei mientras rodeada sus caderas con sus manos.


    Nanashi Mumei
    Elizabeth se había quedado con Mumei por su propia seguridad, han pasado mucho tiempo juntas, a solas, teniendo tiempo incluso para hablar de la infancia de cada una de ellas, de lo importante que era esa cercanía que tenían antes de que Elizabeth se vaya con Cecilia a formar parte de Justice. Tuvieron tiempo para hablar un poco de su vínculo entre ambas, sin embargo, Elizabeth nunca dejó de amar a Mumei, tuvieron una larga conversación en dónde Elizabeth se disculpó por todo lo que hizo mal que provocó que Mumei dejara de confiar en ella, la respuesta de la Miembro del Consejo sorprendió bastante. Mumei: — Descuida Liz, a pesar de todo... yo nunca te dejado de querer. — Fueron las palabras de ella, tomando por total sorpresa a Elizabeth, un rubor invadió parte de su rostro, la cercanía física se empezó a notar y sin más palabras, Elizabeth se acercó tanto a Mumei y le dijo mirándola a los ojos. — Mumei... Te amo. — Acto seguido, ese acto de amor y de afecto terminó por dar inicio a un beso cálido entre ambas, Elizabeth comenzó a besar los labios de Mumei mientras rodeada sus caderas con sus manos. [Mume1]
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  • ㅤㅤㅤㅤ
    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝗣𝗥𝗜𝗠𝗘𝗥 𝗘𝗡𝗖𝗨𝗘𝗡𝗧𝗥𝗢

    ㅤㅤㅤ⸻ 𝐸𝑥𝑡𝑟𝑎𝑐𝑡𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟 𝑒𝑛𝑐𝑢𝑒𝑛𝑡𝑟𝑜 𝑑𝑒 𝐻𝑜𝑝𝑒 𝑦
    ㅤㅤㅤㅤDean Winchester, 𝑟𝑜𝑙 𝑓𝑒𝑐ℎ𝑎𝑑𝑜 𝑒𝑙 12 𝑑𝑒 𝐴𝑏𝑟𝑖𝑙 𝑑𝑒 2024. ⸻
    ㅤㅤㅤ

    𝑫𝒆𝒂𝒏 𝑷𝑶𝑽:
    A ese enclave le había llevado su necesidad de despejar la mente, de salir de aquella deprimente habitación del motel, para seguir pensando en lo mismo pero al menos con una cerveza delante de él y el ruido de todo un bar de fondo.

    Ruido que se amortigua ligeramente cuando un distraído Dean, que sentado en un taburete, se apoyaba en la barra, con el codo izquierdo, mientras su mano derecha jugaba con un botellín de cerveza ya vacío, nota un suave movimiento a su lado.
    Sin poder evitarlo levanta la mirada, dirigiéndola a la recién llegada y recorriéndola de arriba abajo, de manera disimulada, o así lo consideraba él.
    Después de aquel examen, y tras alzar las cejas ligeramente, se gira hacia el camarero antes de que se fuera y le enseña su botella vacía.

    — Ponme lo mismo que a ella.—

    Tras lo cual su atención vuelve a la joven.

    — Felicidades, has conseguido la atención de todo el mundo, soy Dean, por cierto.—




    𝑯𝒐𝒑𝒆 𝑷𝑶𝑽:
    La voz masculina llamó la atención de la tríbrida, quien ladeó ligeramente la cabeza. Obviamente no había sido consciente del repaso que la mirada del mayor le había hecho, por lo que lo siguiente que hizo Hope fue más bien un acto de curiosidad que un pulso…

    Los ojos azules repasaron el cuerpo masculino. Si aquello se viera desde fuera, en una serie de televisión resultaría hasta cómico y el espectador reiría al pensar: míralos, son iguales…

    La mirada azul de la Mikaelson recorrió al Winchester de arriba abajo, desde su rostro y aquellos sinceros ojos verdes, hasta su regazo ya que estaba acomodado en aquel taburete del bar. No quedaba duda de que era un tío alto, tenia hombros anchos y la suficiente confianza en si mismo como para hablar a una chica en un bar. Obviamente llevaba haciendo aquello muchos años, y debía saber perfectamente que Hope había pasado la edad legal para beber. Un experto que no caería en el apuro de hacer algo ilegal… Al menos de esa índole.

    Pues… Si hay algo más fino que el oído de un vampiro tríbrido es su olfato y el de Hope era… como un puñetero detector de mentiras. Era capaz de oler las pequeñas partículas de sangre, de sudor, de transferencia de al menos una docena de seres sobrenaturales. Olía igual que los viejos diarios de Alaric Saltzman.

    Un cazador.

    Y Hope no era estúpida.

    -Bueno…-se encogió de hombros y miró ligeramente a su alrededor- Lo mío nunca ha sido pasar desapercibida, tengo encanto. ¿Qué puedo decir?

    La tríbrida alargó su mano y se la tendió suavemente.

    -Hope -se presentó también. Y cuando el camarero puso un vaso de bourbon también delante de Dean ella señaló este con la mirada- Veo que tenemos el mismo refinado gusto en licores… -tomó su propio vaso y lo alzó levemente para brindar con el contrario.


    ㅤㅤㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝗣𝗥𝗜𝗠𝗘𝗥 𝗘𝗡𝗖𝗨𝗘𝗡𝗧𝗥𝗢 ㅤㅤㅤ⸻ 𝐸𝑥𝑡𝑟𝑎𝑐𝑡𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟 𝑒𝑛𝑐𝑢𝑒𝑛𝑡𝑟𝑜 𝑑𝑒 𝐻𝑜𝑝𝑒 𝑦 ㅤㅤㅤㅤ[BxbyDriver], 𝑟𝑜𝑙 𝑓𝑒𝑐ℎ𝑎𝑑𝑜 𝑒𝑙 12 𝑑𝑒 𝐴𝑏𝑟𝑖𝑙 𝑑𝑒 2024. ⸻ ㅤㅤㅤ 𝑫𝒆𝒂𝒏 𝑷𝑶𝑽: A ese enclave le había llevado su necesidad de despejar la mente, de salir de aquella deprimente habitación del motel, para seguir pensando en lo mismo pero al menos con una cerveza delante de él y el ruido de todo un bar de fondo. Ruido que se amortigua ligeramente cuando un distraído Dean, que sentado en un taburete, se apoyaba en la barra, con el codo izquierdo, mientras su mano derecha jugaba con un botellín de cerveza ya vacío, nota un suave movimiento a su lado. Sin poder evitarlo levanta la mirada, dirigiéndola a la recién llegada y recorriéndola de arriba abajo, de manera disimulada, o así lo consideraba él. Después de aquel examen, y tras alzar las cejas ligeramente, se gira hacia el camarero antes de que se fuera y le enseña su botella vacía. — Ponme lo mismo que a ella.— Tras lo cual su atención vuelve a la joven. — Felicidades, has conseguido la atención de todo el mundo, soy Dean, por cierto.— 𝑯𝒐𝒑𝒆 𝑷𝑶𝑽: La voz masculina llamó la atención de la tríbrida, quien ladeó ligeramente la cabeza. Obviamente no había sido consciente del repaso que la mirada del mayor le había hecho, por lo que lo siguiente que hizo Hope fue más bien un acto de curiosidad que un pulso… Los ojos azules repasaron el cuerpo masculino. Si aquello se viera desde fuera, en una serie de televisión resultaría hasta cómico y el espectador reiría al pensar: míralos, son iguales… La mirada azul de la Mikaelson recorrió al Winchester de arriba abajo, desde su rostro y aquellos sinceros ojos verdes, hasta su regazo ya que estaba acomodado en aquel taburete del bar. No quedaba duda de que era un tío alto, tenia hombros anchos y la suficiente confianza en si mismo como para hablar a una chica en un bar. Obviamente llevaba haciendo aquello muchos años, y debía saber perfectamente que Hope había pasado la edad legal para beber. Un experto que no caería en el apuro de hacer algo ilegal… Al menos de esa índole. Pues… Si hay algo más fino que el oído de un vampiro tríbrido es su olfato y el de Hope era… como un puñetero detector de mentiras. Era capaz de oler las pequeñas partículas de sangre, de sudor, de transferencia de al menos una docena de seres sobrenaturales. Olía igual que los viejos diarios de Alaric Saltzman. Un cazador. Y Hope no era estúpida. -Bueno…-se encogió de hombros y miró ligeramente a su alrededor- Lo mío nunca ha sido pasar desapercibida, tengo encanto. ¿Qué puedo decir? La tríbrida alargó su mano y se la tendió suavemente. -Hope -se presentó también. Y cuando el camarero puso un vaso de bourbon también delante de Dean ella señaló este con la mirada- Veo que tenemos el mismo refinado gusto en licores… -tomó su propio vaso y lo alzó levemente para brindar con el contrario.
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