───── ❝Moᥒoroᥣ: Thᥱ tᥲρᥱstrყ of ᥣιfᥱ ❞ ─────

Ósea, que un ataque de ansiedad era así.
Su mundo se estaba desmoronando por momentos, y ella sentía que por mucho aire que intentara tomar, no llegaba ni una sola gota a sus pulmones.

Había conseguido hacer que la dejaran salir de las clases. Lo que menos necesitaba era las decenas de miradas de sus compañeros, y los cuchicheos que poco a poco iban llenando el silencio. Y en aquel momento, escondida en un callejón detrás del instituto, se sujetaba contra el muro de piedra, con los ojos cerrados y la frente pegada a la pared, intentando controlar los temblores de sus manos y luchando por hacer entender a su mente que no se estaba ahogando, que podía respirar con total normalidad.
Al menos con toda la normalidad que le dejaban tener las lagrimas que se deslizaban descontroladas por las mejillas, llevándose con ellas los rastros de rubor de sus mejillas y dejando pequeños surcos donde antes estaba el maquillaje.

De aquellas maneras la encuentra Mick. Aquel chico que decía ser su hermano. Aquel chico que había llegado a su vida para ponerla patas arriba, para decirle que todo cuanto había vivido, que todo cuanto había creído y dado por hecho, era mentira. Que sus padres no eran tales.
Que eran dos personas que por mucho que la hubieran salvado de una vida en la calle, como la que había llevado su recién descubierto hermano, lo cierto era que le habían mentido. Que le habían hecho creer que era una persona que no era. No era Poppy Jones. Su nombre era Poppy Davies. Y no sabia como ser Poppy Davies.

Después de no sabe cuanto rato, en el que Mick no se ha movido, no ha aflojado su abrazo entorno a ella ni un poco, y no ha dicho ni media palabra, tan solo mostrándose presente y protector, la pelirroja consigue ir tranquilizándose.
Un kleenex propiedad del chico limpia sus mejillas y sus ojos, aunque estos, rojos e hinchados, hablan por si solos de lo que acababa de ocurrir, y era una prueba que no se diluiría con rapidez.
Era cierto. No sabia como ser Poppy Davies, lo que si que tenia claro era que allí no lo iba a descubrir. Que ya no había lugar para ella en aquel idílico pueblecito.
Que sus ilusiones sobre estudiar moda, viajar por las capitales mundiales de esta, ver un amanecer en Francia, comprar aquellas boinas que tan segura estaba de que le iban a quedar de muerte.
Acudir a cualquier desfile en Milán.
Quizás en un futuro ideal, podría desfilar ella, o crear un desfile con su propia marca.

Todo aquello se le había escapado entre los dedos, se había esfumado como el humo. No, allí Poppy Davies no encajaba. De modo que seguiría a Mick, a Kendricks, a un mundo que era mucho mas aterrador que en el que había vivido hasta ese momento. Pero si estaban juntos, no podía ir tan mal. Él la protegería, por que eran familia. Por que era su hermano. Por que para eso la había buscado.
───── ❝Moᥒoroᥣ: Thᥱ tᥲρᥱstrყ of ᥣιfᥱ ❞ ───── Ósea, que un ataque de ansiedad era así. Su mundo se estaba desmoronando por momentos, y ella sentía que por mucho aire que intentara tomar, no llegaba ni una sola gota a sus pulmones. Había conseguido hacer que la dejaran salir de las clases. Lo que menos necesitaba era las decenas de miradas de sus compañeros, y los cuchicheos que poco a poco iban llenando el silencio. Y en aquel momento, escondida en un callejón detrás del instituto, se sujetaba contra el muro de piedra, con los ojos cerrados y la frente pegada a la pared, intentando controlar los temblores de sus manos y luchando por hacer entender a su mente que no se estaba ahogando, que podía respirar con total normalidad. Al menos con toda la normalidad que le dejaban tener las lagrimas que se deslizaban descontroladas por las mejillas, llevándose con ellas los rastros de rubor de sus mejillas y dejando pequeños surcos donde antes estaba el maquillaje. De aquellas maneras la encuentra Mick. Aquel chico que decía ser su hermano. Aquel chico que había llegado a su vida para ponerla patas arriba, para decirle que todo cuanto había vivido, que todo cuanto había creído y dado por hecho, era mentira. Que sus padres no eran tales. Que eran dos personas que por mucho que la hubieran salvado de una vida en la calle, como la que había llevado su recién descubierto hermano, lo cierto era que le habían mentido. Que le habían hecho creer que era una persona que no era. No era Poppy Jones. Su nombre era Poppy Davies. Y no sabia como ser Poppy Davies. Después de no sabe cuanto rato, en el que Mick no se ha movido, no ha aflojado su abrazo entorno a ella ni un poco, y no ha dicho ni media palabra, tan solo mostrándose presente y protector, la pelirroja consigue ir tranquilizándose. Un kleenex propiedad del chico limpia sus mejillas y sus ojos, aunque estos, rojos e hinchados, hablan por si solos de lo que acababa de ocurrir, y era una prueba que no se diluiría con rapidez. Era cierto. No sabia como ser Poppy Davies, lo que si que tenia claro era que allí no lo iba a descubrir. Que ya no había lugar para ella en aquel idílico pueblecito. Que sus ilusiones sobre estudiar moda, viajar por las capitales mundiales de esta, ver un amanecer en Francia, comprar aquellas boinas que tan segura estaba de que le iban a quedar de muerte. Acudir a cualquier desfile en Milán. Quizás en un futuro ideal, podría desfilar ella, o crear un desfile con su propia marca. Todo aquello se le había escapado entre los dedos, se había esfumado como el humo. No, allí Poppy Davies no encajaba. De modo que seguiría a Mick, a Kendricks, a un mundo que era mucho mas aterrador que en el que había vivido hasta ese momento. Pero si estaban juntos, no podía ir tan mal. Él la protegería, por que eran familia. Por que era su hermano. Por que para eso la había buscado.
Me entristece
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