Bajo el palio de un cielo de ceniza,
se despliega el imperio de la noche,
donde el viento feudal cesa su broche y la sombra del gótico agoniza.

En el huerto de piedra y de desvelos,allí donde la luz rinde su espada,brota la flor de sangre congelada,las rosas negras mirando a los cielos.

Son hijas del abismo y del olvido,
terciopelo impregnado de ponzoña,
que florecen allá donde la lisonja
se convierte en un eco consumido.
La luna, como un pálido sudario,
las baña con su plata mortuoria,
mientras la noche escribe su memoria en los muros de un viejo relicario.

¡Oh, rosas de la sombra soberana!
que albergáis el secreto del ocaso,
no temáis al invierno ni a su paso,
pues la noche os hará la herencia eterna.
Bajo el palio de un cielo de ceniza, se despliega el imperio de la noche, donde el viento feudal cesa su broche y la sombra del gótico agoniza. En el huerto de piedra y de desvelos,allí donde la luz rinde su espada,brota la flor de sangre congelada,las rosas negras mirando a los cielos. Son hijas del abismo y del olvido, terciopelo impregnado de ponzoña, que florecen allá donde la lisonja se convierte en un eco consumido. La luna, como un pálido sudario, las baña con su plata mortuoria, mientras la noche escribe su memoria en los muros de un viejo relicario. ¡Oh, rosas de la sombra soberana! que albergáis el secreto del ocaso, no temáis al invierno ni a su paso, pues la noche os hará la herencia eterna.
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