Nami
El atardecer era tranquilo como pocas veces arriba del thousand sunny. El sonido del oleaje y el olor a mar armonizaba el ambiente.
El cocinero había servido el mejor té endulzado con mandarinas para la navegante como era lo usual, pero esta vez Nami se encontraba revisando el periódico recién llegado. El rubio comenzó a ojearlo junto a ella.
— Nami-San... Nuestras recompensas aumentaron desde la última vez. — Suspiro mientras seguía leyendo. — Ahg... la diferencia con el cabeza de musgo es tan poca, pero siempre termina superándome por unos miserables berrys. —
El atardecer era tranquilo como pocas veces arriba del thousand sunny. El sonido del oleaje y el olor a mar armonizaba el ambiente.
El cocinero había servido el mejor té endulzado con mandarinas para la navegante como era lo usual, pero esta vez Nami se encontraba revisando el periódico recién llegado. El rubio comenzó a ojearlo junto a ella.
— Nami-San... Nuestras recompensas aumentaron desde la última vez. — Suspiro mientras seguía leyendo. — Ahg... la diferencia con el cabeza de musgo es tan poca, pero siempre termina superándome por unos miserables berrys. —
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El atardecer era tranquilo como pocas veces arriba del thousand sunny. El sonido del oleaje y el olor a mar armonizaba el ambiente.
El cocinero había servido el mejor té endulzado con mandarinas para la navegante como era lo usual, pero esta vez Nami se encontraba revisando el periódico recién llegado. El rubio comenzó a ojearlo junto a ella.
— Nami-San... Nuestras recompensas aumentaron desde la última vez. — Suspiro mientras seguía leyendo. — Ahg... la diferencia con el cabeza de musgo es tan poca, pero siempre termina superándome por unos miserables berrys. —