Después de asistir a la última clase del día, se quedó en el salón, en su escritorio junto a la ventana, los rayos solares del atardecer lo golpeaban justo en el rostro. Aún tenía unas horas antes de que llegara la puesta de sol. De su mochila sacó varias hojas de papel de distintos colores para comenzar a hacer figuras de origami, uno de los pocos hobbies que tiene y, puede permitirse mantener. Una actividad que va a la perfección con su comportamiento impecable, nadie en la escuela le ha visto perder la compostura, ni siquiera una sola vez, así de tranquilo es Yuki.
— Supongo que ya es hora de irme. —
Con un suspiro giró su mirada hacia la ventana, encontrándose con un cielo naranja, en cuestión de minutos caería la noche, no podía seguir en el instituto cuando llegara ese momento. Su escritorio había quedado lleno de figuras de papel. Comenzó a guardarlas una por una en su mochila para después ponerse de pie, antes de retirarse se tomó unos minutos para contemplar el paisaje a través de la ventana.
— Supongo que ya es hora de irme. —
Con un suspiro giró su mirada hacia la ventana, encontrándose con un cielo naranja, en cuestión de minutos caería la noche, no podía seguir en el instituto cuando llegara ese momento. Su escritorio había quedado lleno de figuras de papel. Comenzó a guardarlas una por una en su mochila para después ponerse de pie, antes de retirarse se tomó unos minutos para contemplar el paisaje a través de la ventana.
Después de asistir a la última clase del día, se quedó en el salón, en su escritorio junto a la ventana, los rayos solares del atardecer lo golpeaban justo en el rostro. Aún tenía unas horas antes de que llegara la puesta de sol. De su mochila sacó varias hojas de papel de distintos colores para comenzar a hacer figuras de origami, uno de los pocos hobbies que tiene y, puede permitirse mantener. Una actividad que va a la perfección con su comportamiento impecable, nadie en la escuela le ha visto perder la compostura, ni siquiera una sola vez, así de tranquilo es Yuki.
— Supongo que ya es hora de irme. —
Con un suspiro giró su mirada hacia la ventana, encontrándose con un cielo naranja, en cuestión de minutos caería la noche, no podía seguir en el instituto cuando llegara ese momento. Su escritorio había quedado lleno de figuras de papel. Comenzó a guardarlas una por una en su mochila para después ponerse de pie, antes de retirarse se tomó unos minutos para contemplar el paisaje a través de la ventana.