La vida es un don sagrado que solo se justifica en el resguardo y respeto de aquellos que caminan a nuestro lado. Quien alza su espada o su desdén contra su propia sangre y aliados, desgarra el tejido de su propia humanidad. No hay juicio más justo ni ley más firme: quien arrebata el valor a las vidas ajenas, ha firmado ya la sentencia de muerte de la suya propia.
La vida es un don sagrado que solo se justifica en el resguardo y respeto de aquellos que caminan a nuestro lado. Quien alza su espada o su desdén contra su propia sangre y aliados, desgarra el tejido de su propia humanidad. No hay juicio más justo ni ley más firme: quien arrebata el valor a las vidas ajenas, ha firmado ya la sentencia de muerte de la suya propia.