Un nuevo amanecer reclama el mundo exterior con su luz implacable, pero la calidez que me abraza entre estas sábanas es un refugio demasiado perfecto como para abandonarlo. El descanso es tan dulce y malditamente relajante... que prefiero mantener los ojos cerrados, suspendido en este tierno letargo. Me complazco en pretender, aunque sea por unos minutos más, que el tiempo se ha detenido y el deber no existe; sin embargo, al delinear el vacío en la almohada contigua, no puedo evitar pensar que este nido de seda y calma solo necesita un pequeño eco ajeno para ser, finalmente, eterno.
Un nuevo amanecer reclama el mundo exterior con su luz implacable, pero la calidez que me abraza entre estas sábanas es un refugio demasiado perfecto como para abandonarlo. El descanso es tan dulce y malditamente relajante... que prefiero mantener los ojos cerrados, suspendido en este tierno letargo. Me complazco en pretender, aunque sea por unos minutos más, que el tiempo se ha detenido y el deber no existe; sin embargo, al delinear el vacío en la almohada contigua, no puedo evitar pensar que este nido de seda y calma solo necesita un pequeño eco ajeno para ser, finalmente, eterno.
0 turnos 0 maullidos
Patrocinados
Patrocinados