{Las nieves perpetuas de las Montañas de Skalvik caían con suavidad sobre los tejados de piedra cuando Ivandore de Ebonhart atravesó las estrechas calles del antiguo poblado de Valdren. Montado sobre su fiel corcel, el caballero avanzaba lentamente entre los aldeanos, cuyos rostros reflejaban tanto respeto como curiosidad.}
{Hacía semanas que viajaba por los caminos helados del norte, siguiendo rumores sobre antiguos santuarios olvidados y reliquias sagradas perdidas durante las grandes cruzadas. Su armadura, marcada por incontables batallas, crujía bajo el peso de la escarcha, mientras el viento de las montañas agitaba los desgastados estandartes con la cruz roja que aún portaba con orgullo.}
{A lo lejos, sobre un promontorio rocoso, se alzaba la fortaleza de Frosthall, envuelta en niebla y leyendas. Allí, según las historias de los ancianos, reposaba un secreto capaz de cambiar el destino de Asteria.}
{Sin embargo, aquella tarde no buscaba gloria ni combate. Solo deseaba encontrar refugio antes de que la tormenta cubriese los caminos y transformase las montañas en una prisión de hielo. Pero el destino, como siempre, parecía tener otros planes para el caballero de Ebonhart.}
{Hacía semanas que viajaba por los caminos helados del norte, siguiendo rumores sobre antiguos santuarios olvidados y reliquias sagradas perdidas durante las grandes cruzadas. Su armadura, marcada por incontables batallas, crujía bajo el peso de la escarcha, mientras el viento de las montañas agitaba los desgastados estandartes con la cruz roja que aún portaba con orgullo.}
{A lo lejos, sobre un promontorio rocoso, se alzaba la fortaleza de Frosthall, envuelta en niebla y leyendas. Allí, según las historias de los ancianos, reposaba un secreto capaz de cambiar el destino de Asteria.}
{Sin embargo, aquella tarde no buscaba gloria ni combate. Solo deseaba encontrar refugio antes de que la tormenta cubriese los caminos y transformase las montañas en una prisión de hielo. Pero el destino, como siempre, parecía tener otros planes para el caballero de Ebonhart.}
{Las nieves perpetuas de las Montañas de Skalvik caían con suavidad sobre los tejados de piedra cuando Ivandore de Ebonhart atravesó las estrechas calles del antiguo poblado de Valdren. Montado sobre su fiel corcel, el caballero avanzaba lentamente entre los aldeanos, cuyos rostros reflejaban tanto respeto como curiosidad.}
{Hacía semanas que viajaba por los caminos helados del norte, siguiendo rumores sobre antiguos santuarios olvidados y reliquias sagradas perdidas durante las grandes cruzadas. Su armadura, marcada por incontables batallas, crujía bajo el peso de la escarcha, mientras el viento de las montañas agitaba los desgastados estandartes con la cruz roja que aún portaba con orgullo.}
{A lo lejos, sobre un promontorio rocoso, se alzaba la fortaleza de Frosthall, envuelta en niebla y leyendas. Allí, según las historias de los ancianos, reposaba un secreto capaz de cambiar el destino de Asteria.}
{Sin embargo, aquella tarde no buscaba gloria ni combate. Solo deseaba encontrar refugio antes de que la tormenta cubriese los caminos y transformase las montañas en una prisión de hielo. Pero el destino, como siempre, parecía tener otros planes para el caballero de Ebonhart.}