{La mano enguantada del caballero se posó sobre la pesada madera del gran pórtico de la catedral. Con un suave empuje, las antiguas puertas cedieron ante su fuerza, permitiéndole cruzar el umbral del templo. Tras él, las hojas volvieron a cerrarse con un sordo eco que se perdió entre las altas bóvedas de piedra.}
{Avanzó en silencio por la nave principal, mientras el tenue tintineo de las placas de su armadura acompañaba cada uno de sus pasos. La luz de los cirios danzaba sobre el acero ennegrecido cuando finalmente alcanzó el altar sagrado. Allí, inclinó la cabeza, hincó una rodilla en tierra y trazó sobre su pecho la santa cruz.}
—Perdonadme, hermana... pues he pecado.
{Y así permaneció, en humilde recogimiento, aguardando la bendición de la sacerdotisa.}
{Avanzó en silencio por la nave principal, mientras el tenue tintineo de las placas de su armadura acompañaba cada uno de sus pasos. La luz de los cirios danzaba sobre el acero ennegrecido cuando finalmente alcanzó el altar sagrado. Allí, inclinó la cabeza, hincó una rodilla en tierra y trazó sobre su pecho la santa cruz.}
—Perdonadme, hermana... pues he pecado.
{Y así permaneció, en humilde recogimiento, aguardando la bendición de la sacerdotisa.}
{La mano enguantada del caballero se posó sobre la pesada madera del gran pórtico de la catedral. Con un suave empuje, las antiguas puertas cedieron ante su fuerza, permitiéndole cruzar el umbral del templo. Tras él, las hojas volvieron a cerrarse con un sordo eco que se perdió entre las altas bóvedas de piedra.}
{Avanzó en silencio por la nave principal, mientras el tenue tintineo de las placas de su armadura acompañaba cada uno de sus pasos. La luz de los cirios danzaba sobre el acero ennegrecido cuando finalmente alcanzó el altar sagrado. Allí, inclinó la cabeza, hincó una rodilla en tierra y trazó sobre su pecho la santa cruz.}
—Perdonadme, hermana... pues he pecado.
{Y así permaneció, en humilde recogimiento, aguardando la bendición de la sacerdotisa.}