Una carta llegó a primera hora de la mañana, reconoció aquella caligrafía antes siquiera de leer su contenido, una tenue sonrisa apareció en el rostro de la mujer al leer la invitación. Hacía tiempo que no visitaba aquel hogar, y mucho menos desde la unión matrimonial que ahora festejaba alegre la llegada de su nuevo integrante.
Detrás de la puerta, el ambiente estaba impregnado de una calidez difícil de describir. Las felicitaciones, las risas y las voces bajas parecían girar alrededor de una pequeña cuna.
Con delicadeza, tomo al recién nacido en brazos, era tan diminuto que parecía imposible que un corazón tan pequeño pudiera albergar tanta vida. Sus diminutos dedos se cerraron alrededor del mío casi por instinto, arrancándome una sonrisa silenciosa.
—Es tan sublime la naturaleza... ningún tipo de magia podría crear un nuevo ser vivo por sí solo.
Sus ojos permanecieron fijos en aquel pequeño rostro, completamente ajeno a la inmensidad del mundo que algún día conocería.
—Es una bendición poder crear y dar vida a una cosita así de pequeña...
Con infinita suavidad acarició su cabecita antes de devolverlo a los brazos de su madre.
—Te deseo una vida larga y próspera, pequeño... Que nunca te falte un hogar donde regresar, personas que te amen y un motivo para sonreír cada mañana.
Detrás de la puerta, el ambiente estaba impregnado de una calidez difícil de describir. Las felicitaciones, las risas y las voces bajas parecían girar alrededor de una pequeña cuna.
Con delicadeza, tomo al recién nacido en brazos, era tan diminuto que parecía imposible que un corazón tan pequeño pudiera albergar tanta vida. Sus diminutos dedos se cerraron alrededor del mío casi por instinto, arrancándome una sonrisa silenciosa.
—Es tan sublime la naturaleza... ningún tipo de magia podría crear un nuevo ser vivo por sí solo.
Sus ojos permanecieron fijos en aquel pequeño rostro, completamente ajeno a la inmensidad del mundo que algún día conocería.
—Es una bendición poder crear y dar vida a una cosita así de pequeña...
Con infinita suavidad acarició su cabecita antes de devolverlo a los brazos de su madre.
—Te deseo una vida larga y próspera, pequeño... Que nunca te falte un hogar donde regresar, personas que te amen y un motivo para sonreír cada mañana.
Una carta llegó a primera hora de la mañana, reconoció aquella caligrafía antes siquiera de leer su contenido, una tenue sonrisa apareció en el rostro de la mujer al leer la invitación. Hacía tiempo que no visitaba aquel hogar, y mucho menos desde la unión matrimonial que ahora festejaba alegre la llegada de su nuevo integrante.
Detrás de la puerta, el ambiente estaba impregnado de una calidez difícil de describir. Las felicitaciones, las risas y las voces bajas parecían girar alrededor de una pequeña cuna.
Con delicadeza, tomo al recién nacido en brazos, era tan diminuto que parecía imposible que un corazón tan pequeño pudiera albergar tanta vida. Sus diminutos dedos se cerraron alrededor del mío casi por instinto, arrancándome una sonrisa silenciosa.
—Es tan sublime la naturaleza... ningún tipo de magia podría crear un nuevo ser vivo por sí solo.
Sus ojos permanecieron fijos en aquel pequeño rostro, completamente ajeno a la inmensidad del mundo que algún día conocería.
—Es una bendición poder crear y dar vida a una cosita así de pequeña...
Con infinita suavidad acarició su cabecita antes de devolverlo a los brazos de su madre.
—Te deseo una vida larga y próspera, pequeño... Que nunca te falte un hogar donde regresar, personas que te amen y un motivo para sonreír cada mañana.