— Oye. —

Aquello se escapó de sus labios junto con una bocanada de sangre. Aquel líquido oscuro descendió por su cuello mientras la herida abierta en su garganta comenzaba a cerrarse ante sus ojos, capa tras capa de tejido reconstruyéndose con una naturalidad antinatural.

El homúnculo apenas le dedicó una mirada. El dolor seguía allí, punzante y familiar, pero simplemente no le importaba. No tardó en limpiar la sangre de su boca con el dorso de su puño, para esta después disolverse sobre su piel latente.

Una advertencia de que bajo su carne, sus instintos más básicos y peligrosos seguían allí, expectantes. No obstante, no buscaba dejarse llevar. No ahora.

— Es la cuarta vez hasta ahora. —

Observó a la mujer a un costado suyo con detenimiento, aunque sin ira en su mirada ni tampoco algún ápice de molestia. En realidad, mostraba atención, como si estuviera intentando resolver un problema.

— Empiezo a pensar que no eres tú quien me golpea. —
— Oye. — Aquello se escapó de sus labios junto con una bocanada de sangre. Aquel líquido oscuro descendió por su cuello mientras la herida abierta en su garganta comenzaba a cerrarse ante sus ojos, capa tras capa de tejido reconstruyéndose con una naturalidad antinatural. El homúnculo apenas le dedicó una mirada. El dolor seguía allí, punzante y familiar, pero simplemente no le importaba. No tardó en limpiar la sangre de su boca con el dorso de su puño, para esta después disolverse sobre su piel latente. Una advertencia de que bajo su carne, sus instintos más básicos y peligrosos seguían allí, expectantes. No obstante, no buscaba dejarse llevar. No ahora. — Es la cuarta vez hasta ahora. — Observó a la mujer a un costado suyo con detenimiento, aunque sin ira en su mirada ni tampoco algún ápice de molestia. En realidad, mostraba atención, como si estuviera intentando resolver un problema. — Empiezo a pensar que no eres tú quien me golpea. —
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