¿Miedo a la muerte? Por favor... a estas alturas, es mi amiga conocida y ya nos hemos visto la cara demasiadas veces como para que me tiemble el pulso. La gente le teme a la oscuridad porque no la entiende, pero cuando has caminado en ella, aprendes que el fin es solo otra regla que alguien más intentó imponer.
Dejen que el resto del mundo se arrodille; que supliquen por un día más de gracia, que agachen la cabeza ante coronas vacías. Yo no nací para besar anillos, ni de reyes humanos, ni de deidades arrogantes que se esconden detrás de falsos altares. No sirvo a tronos que no me he ganado, ni acepto un destino escrito por la mano de otro.
Si sigo de pie en este tablero, no es por sumisión, sino por pura convicción. Estoy aquí para romper el molde, para poner las cadenas y dictar mis propios términos. Al final del día, prefiero ser el monstruo que elige sus propias batallas, antes que el santo que obedece las reglas de un cielo que jamás ha sangrado.
Dejen que el resto del mundo se arrodille; que supliquen por un día más de gracia, que agachen la cabeza ante coronas vacías. Yo no nací para besar anillos, ni de reyes humanos, ni de deidades arrogantes que se esconden detrás de falsos altares. No sirvo a tronos que no me he ganado, ni acepto un destino escrito por la mano de otro.
Si sigo de pie en este tablero, no es por sumisión, sino por pura convicción. Estoy aquí para romper el molde, para poner las cadenas y dictar mis propios términos. Al final del día, prefiero ser el monstruo que elige sus propias batallas, antes que el santo que obedece las reglas de un cielo que jamás ha sangrado.
¿Miedo a la muerte? Por favor... a estas alturas, es mi amiga conocida y ya nos hemos visto la cara demasiadas veces como para que me tiemble el pulso. La gente le teme a la oscuridad porque no la entiende, pero cuando has caminado en ella, aprendes que el fin es solo otra regla que alguien más intentó imponer.
Dejen que el resto del mundo se arrodille; que supliquen por un día más de gracia, que agachen la cabeza ante coronas vacías. Yo no nací para besar anillos, ni de reyes humanos, ni de deidades arrogantes que se esconden detrás de falsos altares. No sirvo a tronos que no me he ganado, ni acepto un destino escrito por la mano de otro.
Si sigo de pie en este tablero, no es por sumisión, sino por pura convicción. Estoy aquí para romper el molde, para poner las cadenas y dictar mis propios términos. Al final del día, prefiero ser el monstruo que elige sus propias batallas, antes que el santo que obedece las reglas de un cielo que jamás ha sangrado.