Por más que observo a los humanos a través de los siglos, sigo sin comprender la fragilidad de su naturaleza. Son criaturas extrañas que caminan ciegas ante la fortuna que poseen, ignorando la calidez de lo que tienen hasta que el frío de la pérdida les desgarra el pecho. Es una ironía casi trágica que solo cuando ven la luz de mi felicidad, despierta en ellos la codicia por recuperar aquello que voluntariamente dejaron morir en el olvido. Pero el destino no se reescribe por caprichos tardíos.
Por más que observo a los humanos a través de los siglos, sigo sin comprender la fragilidad de su naturaleza. Son criaturas extrañas que caminan ciegas ante la fortuna que poseen, ignorando la calidez de lo que tienen hasta que el frío de la pérdida les desgarra el pecho. Es una ironía casi trágica que solo cuando ven la luz de mi felicidad, despierta en ellos la codicia por recuperar aquello que voluntariamente dejaron morir en el olvido. Pero el destino no se reescribe por caprichos tardíos.
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