Elythra
El cabello oscuro se le agitaba salvajemente a sus espaldas mientras la moto gravitatoria atravesaba a toda velocidad los senderos solitarios de aquel planeta. Los dedos de una mano buscaron de forma instintiva la empuñadura de la dao del Tigre Blanco y se cerraron a su alrededor con firmeza. La Gran Khan frunció el ceño y apuró la marcha. La intranquilidad se asentó como un nudo de nervios en su estómago. De todos los hijos del Emperador, la Khan era la más solitaria; siempre se había mantenido al margen de las circunstancias y, normalmente, no habría pedido la ayuda de nadie para enfrentar sus propias batallas. Incluso cortaba las comunicaciones con el Imperio a propósito para poder cazar libremente, a sus anchas. Sin embargo, esta vez la situación era diferente.
Los oradores de las estrellas le habían indicado que en aquellos alrededores podría encontrar a su hermana. Cuando divisó una figura a la distancia, la Khan aminoró la velocidad de su vehículo.
— Ángel. Te estaba buscando.
El cabello oscuro se le agitaba salvajemente a sus espaldas mientras la moto gravitatoria atravesaba a toda velocidad los senderos solitarios de aquel planeta. Los dedos de una mano buscaron de forma instintiva la empuñadura de la dao del Tigre Blanco y se cerraron a su alrededor con firmeza. La Gran Khan frunció el ceño y apuró la marcha. La intranquilidad se asentó como un nudo de nervios en su estómago. De todos los hijos del Emperador, la Khan era la más solitaria; siempre se había mantenido al margen de las circunstancias y, normalmente, no habría pedido la ayuda de nadie para enfrentar sus propias batallas. Incluso cortaba las comunicaciones con el Imperio a propósito para poder cazar libremente, a sus anchas. Sin embargo, esta vez la situación era diferente.
Los oradores de las estrellas le habían indicado que en aquellos alrededores podría encontrar a su hermana. Cuando divisó una figura a la distancia, la Khan aminoró la velocidad de su vehículo.
— Ángel. Te estaba buscando.
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El cabello oscuro se le agitaba salvajemente a sus espaldas mientras la moto gravitatoria atravesaba a toda velocidad los senderos solitarios de aquel planeta. Los dedos de una mano buscaron de forma instintiva la empuñadura de la dao del Tigre Blanco y se cerraron a su alrededor con firmeza. La Gran Khan frunció el ceño y apuró la marcha. La intranquilidad se asentó como un nudo de nervios en su estómago. De todos los hijos del Emperador, la Khan era la más solitaria; siempre se había mantenido al margen de las circunstancias y, normalmente, no habría pedido la ayuda de nadie para enfrentar sus propias batallas. Incluso cortaba las comunicaciones con el Imperio a propósito para poder cazar libremente, a sus anchas. Sin embargo, esta vez la situación era diferente.
Los oradores de las estrellas le habían indicado que en aquellos alrededores podría encontrar a su hermana. Cuando divisó una figura a la distancia, la Khan aminoró la velocidad de su vehículo.
— Ángel. Te estaba buscando.