La luz del atardecer se filtraba entre las hojas, dibujando manchas doradas sobre el sendero de piedra. La joven mujer avanzaba lentamente, sosteniendo un viejo libro. Había escapado del bullicio de la academia una vez más después de mucho tiempo. Los estudiantes, las reuniones y las responsabilidades podían esperar unas horas.

El bosque, fuera de ser exigente, la deliraba con el suave murmullo de las hojas y el canto lejano de las aves. El cálido piso de piedra le recordaba, que no importaba que tan imponente fuera su apellido o que tan alta sea su reputación, aún podía permitirse sentir con libertad.

Todo resultaba tan íntimo hasta que la inconfundible sensación de que alguien la observaba desde algún lugar se presentó.
Sue levantó la mirada lentamente y examinó su alrededor.

—Puedes salir.

Su voz fue serena.

—No te haré daño, solo dime ¿Que he hecho para ser vigilada?
La luz del atardecer se filtraba entre las hojas, dibujando manchas doradas sobre el sendero de piedra. La joven mujer avanzaba lentamente, sosteniendo un viejo libro. Había escapado del bullicio de la academia una vez más después de mucho tiempo. Los estudiantes, las reuniones y las responsabilidades podían esperar unas horas. El bosque, fuera de ser exigente, la deliraba con el suave murmullo de las hojas y el canto lejano de las aves. El cálido piso de piedra le recordaba, que no importaba que tan imponente fuera su apellido o que tan alta sea su reputación, aún podía permitirse sentir con libertad. Todo resultaba tan íntimo hasta que la inconfundible sensación de que alguien la observaba desde algún lugar se presentó. Sue levantó la mirada lentamente y examinó su alrededor. —Puedes salir. Su voz fue serena. —No te haré daño, solo dime ¿Que he hecho para ser vigilada?
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