La muerte y los sueños son dos caras de una misma moneda intangible.

Mientras los primeros nos permiten escapar de la realidad y rozar la eternidad, la segunda nos recuerda, con su sombra silenciosa, que el tiempo es limitado.

No somos más que historias suspendidas entre lo que anhelamos y lo que dejamos ir,
donde cada fantasía nocturna es un breve ensayo para el descanso definitivo, y el final del camino no es el olvido, sino el despertar de este gran sueño terrenal.
La muerte y los sueños son dos caras de una misma moneda intangible. Mientras los primeros nos permiten escapar de la realidad y rozar la eternidad, la segunda nos recuerda, con su sombra silenciosa, que el tiempo es limitado. No somos más que historias suspendidas entre lo que anhelamos y lo que dejamos ir, donde cada fantasía nocturna es un breve ensayo para el descanso definitivo, y el final del camino no es el olvido, sino el despertar de este gran sueño terrenal.
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