*Manteniendo la mirada fija en el horizonte, con una seriedad imperturbable y una calma gélida que corta el aire, acaricio el frío metal de mi arma mientras dicto mi propia sentencia sobre el suelo que piso.*

El destino no está escrito, pero hay leyes del alma que ningún rebelde puede ignorar: aquel que se atreve a extinguir la luz de un inocente, rompe el hilo de su propia existencia. Quien arrebata una vida desarmada, renuncia con ese mismo acto al derecho de conservar la suya, y no habrá rincón en este mundo donde pueda esconderse de mi juicio.
*Manteniendo la mirada fija en el horizonte, con una seriedad imperturbable y una calma gélida que corta el aire, acaricio el frío metal de mi arma mientras dicto mi propia sentencia sobre el suelo que piso.* El destino no está escrito, pero hay leyes del alma que ningún rebelde puede ignorar: aquel que se atreve a extinguir la luz de un inocente, rompe el hilo de su propia existencia. Quien arrebata una vida desarmada, renuncia con ese mismo acto al derecho de conservar la suya, y no habrá rincón en este mundo donde pueda esconderse de mi juicio.
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