Bajo un cielo blanquecino, sin rastro del azul que se acostumbra observar, en las colinas cercanas a la academia —donde ejercia como maestra— un joven curioso aspirante a mago que había escuchado de la segunda señorita Pendragon la busco para estar unos meses junto a ella y que está le enseñará lo que es creía necesario para entrar a la academia de magia.
—Patetico... No te esfuerzas lo suficiente.
Su voz resonó con dureza, el viento movía con total libertad su cabellera. Su expresión reflejaba una mezcla de aburrimiento y descontento.
—Tu interés es superficial, por eso tu maná es débil.
Cruzo los brazos observando el torpe intento de conjuro deshacerse frente a sus ojos una vez más.
—La magia responde a voluntad y creencia, sino eres capaz de comprometerte jamás responderá a tus llamados.
—Patetico... No te esfuerzas lo suficiente.
Su voz resonó con dureza, el viento movía con total libertad su cabellera. Su expresión reflejaba una mezcla de aburrimiento y descontento.
—Tu interés es superficial, por eso tu maná es débil.
Cruzo los brazos observando el torpe intento de conjuro deshacerse frente a sus ojos una vez más.
—La magia responde a voluntad y creencia, sino eres capaz de comprometerte jamás responderá a tus llamados.
Bajo un cielo blanquecino, sin rastro del azul que se acostumbra observar, en las colinas cercanas a la academia —donde ejercia como maestra— un joven curioso aspirante a mago que había escuchado de la segunda señorita Pendragon la busco para estar unos meses junto a ella y que está le enseñará lo que es creía necesario para entrar a la academia de magia.
—Patetico... No te esfuerzas lo suficiente.
Su voz resonó con dureza, el viento movía con total libertad su cabellera. Su expresión reflejaba una mezcla de aburrimiento y descontento.
—Tu interés es superficial, por eso tu maná es débil.
Cruzo los brazos observando el torpe intento de conjuro deshacerse frente a sus ojos una vez más.
—La magia responde a voluntad y creencia, sino eres capaz de comprometerte jamás responderá a tus llamados.