La muerte no es el final del camino, sino el último poema que el alma le dicta al silencio. Viene como una amante silenciosa, vestida de misterio, deshojando los días con la delicadeza de quien arranca los pétalos de una rosa marchita.
Le cœur se tait, mais l'amour demeure. El corazón se calla, pero el amor permanece.
No debemos temerle a esa última sombra, porque morir a la francesa es hacer del adiós una obra de arte. Es cruzar el umbral con el spleen grabado en el pecho, sabiendo que dejamos en la tierra el eco de nuestros besos y el perfume de lo que fuimos. Al final, la mort es una melodía lenta que nos devuelve a la eternidad, dejando un suspiro en los labios y una herida de luz en el corazón de quienes nos amaron.
Le cœur se tait, mais l'amour demeure. El corazón se calla, pero el amor permanece.
No debemos temerle a esa última sombra, porque morir a la francesa es hacer del adiós una obra de arte. Es cruzar el umbral con el spleen grabado en el pecho, sabiendo que dejamos en la tierra el eco de nuestros besos y el perfume de lo que fuimos. Al final, la mort es una melodía lenta que nos devuelve a la eternidad, dejando un suspiro en los labios y una herida de luz en el corazón de quienes nos amaron.
La muerte no es el final del camino, sino el último poema que el alma le dicta al silencio. Viene como una amante silenciosa, vestida de misterio, deshojando los días con la delicadeza de quien arranca los pétalos de una rosa marchita.
Le cœur se tait, mais l'amour demeure. El corazón se calla, pero el amor permanece.
No debemos temerle a esa última sombra, porque morir a la francesa es hacer del adiós una obra de arte. Es cruzar el umbral con el spleen grabado en el pecho, sabiendo que dejamos en la tierra el eco de nuestros besos y el perfume de lo que fuimos. Al final, la mort es una melodía lenta que nos devuelve a la eternidad, dejando un suspiro en los labios y una herida de luz en el corazón de quienes nos amaron.
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