|Arco de la Academia Absalon|

-El Jardin permanecia en silencio bajo la luz calida del atardecer. Los altos muros y torres de la academia se teñian de tonos dorados y violetas mientras una suave brisa recorria los senderos cubiertos de Flores. En medio de aquel paisaje tranquilo, el joven Ogro permanecia sentado sobre la hierba, inmovil, con las piernas cruzadas y las manos descansando sobre su regazo, Sus ojos estaban cerrados. Su respiracion era lenta y constante, tan serena que parecia formar parte del propio entorno. No meditaba por obligacion ni por disciplina, simplemente habia entrado en un estado de calma tan profundo que el mundo a su alrededor parecia olvidarse de que era una criatura capaz de partir montañas con sus propias manos-

-En Aquel instante no era un guerrero ni una bestia imponente. Era solo una presencia tranquila en medio de la naturaleza, quizas por eso los pequeños animales acudian a el sin temor. Varias aves descansaban sobre su cabeza y sus hombros, mientras ardillas y diminutos roedores se acomodaban entre sus piernas o sobre sus brazos. Ninguno parecia inquieto. Ninguno mostraba miedo. Como si percibieran bondad en el ogro-


|Arco de la Academia Absalon| -El Jardin permanecia en silencio bajo la luz calida del atardecer. Los altos muros y torres de la academia se teñian de tonos dorados y violetas mientras una suave brisa recorria los senderos cubiertos de Flores. En medio de aquel paisaje tranquilo, el joven Ogro permanecia sentado sobre la hierba, inmovil, con las piernas cruzadas y las manos descansando sobre su regazo, Sus ojos estaban cerrados. Su respiracion era lenta y constante, tan serena que parecia formar parte del propio entorno. No meditaba por obligacion ni por disciplina, simplemente habia entrado en un estado de calma tan profundo que el mundo a su alrededor parecia olvidarse de que era una criatura capaz de partir montañas con sus propias manos- -En Aquel instante no era un guerrero ni una bestia imponente. Era solo una presencia tranquila en medio de la naturaleza, quizas por eso los pequeños animales acudian a el sin temor. Varias aves descansaban sobre su cabeza y sus hombros, mientras ardillas y diminutos roedores se acomodaban entre sus piernas o sobre sus brazos. Ninguno parecia inquieto. Ninguno mostraba miedo. Como si percibieran bondad en el ogro-
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