Puedo revivir ese olor. Ese sabor dulzón en mi garganta. También la amargura que me dejó después.

Me siento bajo la lluvia. El café aún humeante en mi mano. Siento el frescor de la noche. Su humedad. Su silencio. Su quietud.

En mi cabeza, un naufragio. Rojo.

Y soplo. Fuerte. Vaciando mis pulmones.

Sin una sola gota de bourbon para anestesiar esta sensación extraña en los dedos, similar a disparar varias ráfagas largas con un fusil de gran calibre.

Pero no hay enemigo. No hay objetivo. No hay misión. No hay contrato. No hay recuento de bajas. No hay olor a pólvora, ni a hierro, ni a humo. No hay que limpiar el cuchillo. No hay que recargar. No hay que coser heridas. No tengo las herramientas.

Hay mentiras y promesas vacías envueltas en lazos de seda.

—Me cago en mi puta vida.
Puedo revivir ese olor. Ese sabor dulzón en mi garganta. También la amargura que me dejó después. Me siento bajo la lluvia. El café aún humeante en mi mano. Siento el frescor de la noche. Su humedad. Su silencio. Su quietud. En mi cabeza, un naufragio. Rojo. Y soplo. Fuerte. Vaciando mis pulmones. Sin una sola gota de bourbon para anestesiar esta sensación extraña en los dedos, similar a disparar varias ráfagas largas con un fusil de gran calibre. Pero no hay enemigo. No hay objetivo. No hay misión. No hay contrato. No hay recuento de bajas. No hay olor a pólvora, ni a hierro, ni a humo. No hay que limpiar el cuchillo. No hay que recargar. No hay que coser heridas. No tengo las herramientas. Hay mentiras y promesas vacías envueltas en lazos de seda. —Me cago en mi puta vida.
Me gusta
Me encocora
2
10 turnos 0 maullidos
Patrocinados
Patrocinados