Fᴀʙᴜʟᴀᴇ Mᴀʟᴇғɪᴄᴀʀᴜᴍ - ☨ ─────── 〘 F O R T U I T U S 〙
Tʀɪʙᴇᴄᴀ, Nᴜᴇᴠᴀ Yᴏʀᴋ. ── 9:32 P.M.
Cʟᴜʙ LVPERCA | Pᴇɴᴛʜᴏᴜsᴇ Sᴘᴇᴀᴋᴇᴀsʏ
Fᴇᴀᴛᴜʀɪɴɢ: 𝐃𝐫𝐚 𝐒𝐚𝐦𝐚𝐧𝐭𝐡𝐚 𝐓𝐚𝐤𝐚𝐡𝐚𝐬𝐡𝐢
「 Ambiance: https://youtu.be/gjGUT34rZQc 」
─────── ☨ ───────
Las puertas automáticas se cerraron detrás de ella, finalmente enclaustrándola en el interior del pequeño elevador, y con ello se ahogó por completo el festivo bullicio de las decenas de personas que abarrotaban el piso principal del club, el estruendo tan solo potenciado por el incesante ritmo de la aguda tarola que contrastaba con el pesado bajo del hard dub techno que retumbaba y reverberaba dentro de lo que probablemente habría sido un almacén industrial hace tan solo unos pocos años en el Bajo Manhattan.
Parpadeó un par de veces, deslumbrada por el brillo del alumbrado contra el mármol negro que conformaba las paredes del pequeño compartimento, ni siquiera sintiendo cuando este comenzó a moverse, llevándole hasta el último piso del edificio en cuestión de apenas unos instantes. Sathôna se sentía conflictuada──su mente estaba abrumada y agotada, pero por alguna razón, su cuerpo rebosaba de una caótica energía. Habían sido días pesados, después de todo.
Tenía ya seis meses trabajando para el grupo BlackRock Financial como investigadora cuantitativa de inversiones, y el puesto era excesivamente demandante, sin contar el hecho de que aquello era en realidad una fachada para adentrarse tras bambalinas y sacar de su agujero al director regional, miembro de una célula sectaria rosacruz cuyas raíces se extendían hasta los principios de la orden templaria, quién – se aferraba ella a la idea – debía tener por lo menos un vínculo concreto con el culto del Cubo Negro de Saturno.
« Seis meses. Seis malditos meses y apenas he tenido una mísera puta junta por videollamada con él. »
Entrecerró los ojos con una expresión apática, aun cuando lo que sentía por dentro era una iracunda frustración. Pero siendo un viernes por la noche, no tenía mucho sentido pensar en ello. Y fue el tintineo digital que anunció la llegada a su destino que le arrancó justamente de aquellos pensamientos que le habían obsesionado sin parar. Para su alivio, fue recibida por el suave deep house y las luces tenues del bar LVPERCA.
❝Ma’am.❞
El anfitrión le recibió y ofreció tomar su abrigo y bolso, pero con un gesto elegante de su mano le dio a entender que aquello no era necesario. Se encaminó entonces hacía la barra, el piso alfombrado amortiguando el chasqueo de sus altísimos stilettos, mientras dejaba caer el asa de su bolso desde su hombro para colgarla en el respaldo de una de las sillas altas, tomando asiento justo enseguida.
───Buenas noches. Un Vesper. Y nada de Beefeater o Tanqueray, hazlo con Monkey 47 o Roku.
Espetó apenas el barman se aproximó, quien tan solo le dedicó una sonrisa amable y asintió con la cabeza cuando ella enunció su orden. Apoyó el codo del fornido brazo izquierdo sobre la barra y plantó el mentón sobre la palma de la mano, a la par de que exhalaba un suspiro agotado. Con la diestra, se quitó los lentes, y fue en ese instante que observó con el rabillo del ojo a una mujer de frondosa cabellera blanca al otro extremo.
Se lo pensó por un momento, manteniendo la mirada sobre ella a la espera de que volteara. Pero decidió que no tenía sentido dejar pasar la iniciativa. Sin mucha discreción, se levantó de su asiento, tomó el bolso, y con apenas un par de zancadas de sus largas y atléticas piernas, se posicionó en el asiento contiguo al de ella. Al fondo, el barman ya estaba batiendo el trago en la mezcladora, los hielos sonando dentro de esta.
──¿No deberías estar allá abajo? ───Preguntó a la mujer sin voltear a verla, y justo en ese momento el hombre colocó la copa para martinis enfriada frente a ella, para después comenzar a verter el coctel sobre la misma con sumo cuidado. Finalmente, lo adornó con una rodaja de cáscara de limón amarillo.
───Pensaba que el speakeasy solo era para los que teníamos de treinta para arriba y no aguantábamos el ruido. Seguro podrías beber sin pagar un solo dólar en el VIP del piso principal. Aunque más de algún listillo querría cobrártelo de otra forma, sin duda.
Tʀɪʙᴇᴄᴀ, Nᴜᴇᴠᴀ Yᴏʀᴋ. ── 9:32 P.M.
Cʟᴜʙ LVPERCA | Pᴇɴᴛʜᴏᴜsᴇ Sᴘᴇᴀᴋᴇᴀsʏ
Fᴇᴀᴛᴜʀɪɴɢ: 𝐃𝐫𝐚 𝐒𝐚𝐦𝐚𝐧𝐭𝐡𝐚 𝐓𝐚𝐤𝐚𝐡𝐚𝐬𝐡𝐢
「 Ambiance: https://youtu.be/gjGUT34rZQc 」
─────── ☨ ───────
Las puertas automáticas se cerraron detrás de ella, finalmente enclaustrándola en el interior del pequeño elevador, y con ello se ahogó por completo el festivo bullicio de las decenas de personas que abarrotaban el piso principal del club, el estruendo tan solo potenciado por el incesante ritmo de la aguda tarola que contrastaba con el pesado bajo del hard dub techno que retumbaba y reverberaba dentro de lo que probablemente habría sido un almacén industrial hace tan solo unos pocos años en el Bajo Manhattan.
Parpadeó un par de veces, deslumbrada por el brillo del alumbrado contra el mármol negro que conformaba las paredes del pequeño compartimento, ni siquiera sintiendo cuando este comenzó a moverse, llevándole hasta el último piso del edificio en cuestión de apenas unos instantes. Sathôna se sentía conflictuada──su mente estaba abrumada y agotada, pero por alguna razón, su cuerpo rebosaba de una caótica energía. Habían sido días pesados, después de todo.
Tenía ya seis meses trabajando para el grupo BlackRock Financial como investigadora cuantitativa de inversiones, y el puesto era excesivamente demandante, sin contar el hecho de que aquello era en realidad una fachada para adentrarse tras bambalinas y sacar de su agujero al director regional, miembro de una célula sectaria rosacruz cuyas raíces se extendían hasta los principios de la orden templaria, quién – se aferraba ella a la idea – debía tener por lo menos un vínculo concreto con el culto del Cubo Negro de Saturno.
« Seis meses. Seis malditos meses y apenas he tenido una mísera puta junta por videollamada con él. »
Entrecerró los ojos con una expresión apática, aun cuando lo que sentía por dentro era una iracunda frustración. Pero siendo un viernes por la noche, no tenía mucho sentido pensar en ello. Y fue el tintineo digital que anunció la llegada a su destino que le arrancó justamente de aquellos pensamientos que le habían obsesionado sin parar. Para su alivio, fue recibida por el suave deep house y las luces tenues del bar LVPERCA.
❝Ma’am.❞
El anfitrión le recibió y ofreció tomar su abrigo y bolso, pero con un gesto elegante de su mano le dio a entender que aquello no era necesario. Se encaminó entonces hacía la barra, el piso alfombrado amortiguando el chasqueo de sus altísimos stilettos, mientras dejaba caer el asa de su bolso desde su hombro para colgarla en el respaldo de una de las sillas altas, tomando asiento justo enseguida.
───Buenas noches. Un Vesper. Y nada de Beefeater o Tanqueray, hazlo con Monkey 47 o Roku.
Espetó apenas el barman se aproximó, quien tan solo le dedicó una sonrisa amable y asintió con la cabeza cuando ella enunció su orden. Apoyó el codo del fornido brazo izquierdo sobre la barra y plantó el mentón sobre la palma de la mano, a la par de que exhalaba un suspiro agotado. Con la diestra, se quitó los lentes, y fue en ese instante que observó con el rabillo del ojo a una mujer de frondosa cabellera blanca al otro extremo.
Se lo pensó por un momento, manteniendo la mirada sobre ella a la espera de que volteara. Pero decidió que no tenía sentido dejar pasar la iniciativa. Sin mucha discreción, se levantó de su asiento, tomó el bolso, y con apenas un par de zancadas de sus largas y atléticas piernas, se posicionó en el asiento contiguo al de ella. Al fondo, el barman ya estaba batiendo el trago en la mezcladora, los hielos sonando dentro de esta.
──¿No deberías estar allá abajo? ───Preguntó a la mujer sin voltear a verla, y justo en ese momento el hombre colocó la copa para martinis enfriada frente a ella, para después comenzar a verter el coctel sobre la misma con sumo cuidado. Finalmente, lo adornó con una rodaja de cáscara de limón amarillo.
───Pensaba que el speakeasy solo era para los que teníamos de treinta para arriba y no aguantábamos el ruido. Seguro podrías beber sin pagar un solo dólar en el VIP del piso principal. Aunque más de algún listillo querría cobrártelo de otra forma, sin duda.
Fᴀʙᴜʟᴀᴇ Mᴀʟᴇғɪᴄᴀʀᴜᴍ - ☨ ─────── 〘 F O R T U I T U S 〙
Tʀɪʙᴇᴄᴀ, Nᴜᴇᴠᴀ Yᴏʀᴋ. ── 9:32 P.M.
Cʟᴜʙ LVPERCA | Pᴇɴᴛʜᴏᴜsᴇ Sᴘᴇᴀᴋᴇᴀsʏ
Fᴇᴀᴛᴜʀɪɴɢ: [Samantha_Takahashi]
「 Ambiance: https://youtu.be/gjGUT34rZQc 」
─────── ☨ ───────
Las puertas automáticas se cerraron detrás de ella, finalmente enclaustrándola en el interior del pequeño elevador, y con ello se ahogó por completo el festivo bullicio de las decenas de personas que abarrotaban el piso principal del club, el estruendo tan solo potenciado por el incesante ritmo de la aguda tarola que contrastaba con el pesado bajo del hard dub techno que retumbaba y reverberaba dentro de lo que probablemente habría sido un almacén industrial hace tan solo unos pocos años en el Bajo Manhattan.
Parpadeó un par de veces, deslumbrada por el brillo del alumbrado contra el mármol negro que conformaba las paredes del pequeño compartimento, ni siquiera sintiendo cuando este comenzó a moverse, llevándole hasta el último piso del edificio en cuestión de apenas unos instantes. Sathôna se sentía conflictuada──su mente estaba abrumada y agotada, pero por alguna razón, su cuerpo rebosaba de una caótica energía. Habían sido días pesados, después de todo.
Tenía ya seis meses trabajando para el grupo BlackRock Financial como investigadora cuantitativa de inversiones, y el puesto era excesivamente demandante, sin contar el hecho de que aquello era en realidad una fachada para adentrarse tras bambalinas y sacar de su agujero al director regional, miembro de una célula sectaria rosacruz cuyas raíces se extendían hasta los principios de la orden templaria, quién – se aferraba ella a la idea – debía tener por lo menos un vínculo concreto con el culto del Cubo Negro de Saturno.
« Seis meses. Seis malditos meses y apenas he tenido una mísera puta junta por videollamada con él. »
Entrecerró los ojos con una expresión apática, aun cuando lo que sentía por dentro era una iracunda frustración. Pero siendo un viernes por la noche, no tenía mucho sentido pensar en ello. Y fue el tintineo digital que anunció la llegada a su destino que le arrancó justamente de aquellos pensamientos que le habían obsesionado sin parar. Para su alivio, fue recibida por el suave deep house y las luces tenues del bar LVPERCA.
❝Ma’am.❞
El anfitrión le recibió y ofreció tomar su abrigo y bolso, pero con un gesto elegante de su mano le dio a entender que aquello no era necesario. Se encaminó entonces hacía la barra, el piso alfombrado amortiguando el chasqueo de sus altísimos stilettos, mientras dejaba caer el asa de su bolso desde su hombro para colgarla en el respaldo de una de las sillas altas, tomando asiento justo enseguida.
───Buenas noches. Un Vesper. Y nada de Beefeater o Tanqueray, hazlo con Monkey 47 o Roku.
Espetó apenas el barman se aproximó, quien tan solo le dedicó una sonrisa amable y asintió con la cabeza cuando ella enunció su orden. Apoyó el codo del fornido brazo izquierdo sobre la barra y plantó el mentón sobre la palma de la mano, a la par de que exhalaba un suspiro agotado. Con la diestra, se quitó los lentes, y fue en ese instante que observó con el rabillo del ojo a una mujer de frondosa cabellera blanca al otro extremo.
Se lo pensó por un momento, manteniendo la mirada sobre ella a la espera de que volteara. Pero decidió que no tenía sentido dejar pasar la iniciativa. Sin mucha discreción, se levantó de su asiento, tomó el bolso, y con apenas un par de zancadas de sus largas y atléticas piernas, se posicionó en el asiento contiguo al de ella. Al fondo, el barman ya estaba batiendo el trago en la mezcladora, los hielos sonando dentro de esta.
──¿No deberías estar allá abajo? ───Preguntó a la mujer sin voltear a verla, y justo en ese momento el hombre colocó la copa para martinis enfriada frente a ella, para después comenzar a verter el coctel sobre la misma con sumo cuidado. Finalmente, lo adornó con una rodaja de cáscara de limón amarillo.
───Pensaba que el speakeasy solo era para los que teníamos de treinta para arriba y no aguantábamos el ruido. Seguro podrías beber sin pagar un solo dólar en el VIP del piso principal. Aunque más de algún listillo querría cobrártelo de otra forma, sin duda.