Rodeado de puertas shōji y estancias ornadas al uso del lejano Yamato, Zelkova reposaba sobre un futón, ceñido en vendajes de cabo a rabo. Aunque bien pudiera haber restañado sus llagas desde el primer instante, prefirió aparentar quebranto para averiguar qué designios albergaban sus anfitriones. Por doquier se divisaban armaduras, katanas y otros enseres propios de nobles bushi.

Tomando una taza entre sus manos, dio un sorbo al brebaje y esbozó una leve sonrisa.

●¡A fe mía, este té es verdaderamente exquisito!

Pronunció con manifiesto agrado.
Rodeado de puertas shōji y estancias ornadas al uso del lejano Yamato, Zelkova reposaba sobre un futón, ceñido en vendajes de cabo a rabo. Aunque bien pudiera haber restañado sus llagas desde el primer instante, prefirió aparentar quebranto para averiguar qué designios albergaban sus anfitriones. Por doquier se divisaban armaduras, katanas y otros enseres propios de nobles bushi. Tomando una taza entre sus manos, dio un sorbo al brebaje y esbozó una leve sonrisa. ●¡A fe mía, este té es verdaderamente exquisito! Pronunció con manifiesto agrado.
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