𝐒𝗂ᥣ𝖾𐓣𝖼𝗂ⱺ, αᥣ 𝖿𝗂𐓣.
Categoría Otros
El sol se estaba poniendo en el horizonte, poco a poco. Los últimos rayos del atardecer daban una luz cálida y preciosa al área. Los árboles y el pasto se veían más verdes y las lápidas con más brillo.
Alaska detuvo sus pasos, amortiguados por la hierba debajo de sus botines, justo frente a dos lápidas. En los grabados se podían ver los nombres: Anika Goldberg-Crowley y Dylan Crowley. Sus padres.
No era el aniversario de sus muertes, pero necesitaba estar ahí. Las últimas semanas se sintieron más infierno que lo usual. Muchas veces iba allí para hablar con ellos, si es que acaso la escuchaban. Le gustaba pensar que sí. Le gustaba pensar que la veían aunque ella no podía verlos a ellos. Que, al menos en ese lugar, podían estar presentes.
Se arrodilló, dejando dos rosas blancas en cada tumba, luego usó ambas manos para limpiar un poco la tierra y hojas de las lápidas.
—Espero que estén bien... Estos días fueron... más duros de lo usual. Quise hablar con Owen, pero, bueno, ya saben cómo es. Al menos ustedes son buenos escuchando. —intentó bromear para evitar sentirse triste, aunque ese sentimiento siempre estaba ahí cada vez que los visitaba. También la culpa y algo de miedo.
—¿ᴾᵒʳ ૧ᵘé ʳᵃᶻóⁿ ᵗᵉ ᵉˢᶜᵘᶜʰᵃʳíᵃⁿ? ᵀᵉ ᵒᵈⁱᵃⁿ. —un susurro que no venía de afuera, sino desde el interior de su cabeza; había aprendido a distinguir eso hacía tiempo. Era molesto. Siempre que estaba allí las voces no dejaban de decirle esa clase de cosas, pero siempre las ignoraba. Sin embargo, estaban especialmente activas hoy.
—ᴇʀᴇs ᴍᴏʟᴇsᴛᴀ. sɪ ᴍᴜᴇʀᴇs sᴇɢᴜʀᴏ ǫᴜᴇ ᴛᴀᴍᴘᴏᴄᴏ ᴠᴀɴ ᴀ ǫᴜᴇʀᴇʀ ᴠᴇʀᴛᴇ.
—¡𝗗𝗲𝗷𝗮 𝗱𝗲 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗻𝘁𝗮𝗿𝗹𝗼❟ 𝗲𝘀𝘁á𝗻 𝗱𝗲𝗺𝗮𝘀𝗶𝗮𝗱𝗼 𝗼𝗰𝘂𝗽𝗮𝗱𝗼𝘀 𝗮𝗿𝗱𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗶𝗻𝗳𝗶𝗲𝗿𝗻𝗼! —Alaska cerró los ojos con esa frase, pues un sonido de interferencia le hizo doler los oídos. Llevó ambas manos a las orejas, quejándose apenas. Las voces empezaron a gritar al mismo tiempo, no podía distinguir demasiado bien, pero eso no quitaba que fuera una horrible experiencia cada vez.
Y, de repente, todo quedó en silencio ensordecedor. Abrió los ojos, notando que su respiración se había acelerado un poco mientras bajó las manos lentamente. Parpadeó una, dos, tres veces. Tenía una sensación extraña. Nunca quedaba tan en silencio, era muy... raro, pero a la vez daba alivio.
—ᴱˢᵗᵃ ᵃ૧ᵘⁱ... —miró alrededor de inmediato, viendo algunas personas a lo lejos, en otras tumbas. Pero no era ninguno de ellos. Fue entonces que giró un poco su cabeza y cuerpo para ver hacia atrás, buscando la respuesta a lo que sea que la voz se refirió.
Angyar Marwolaeth
Alaska detuvo sus pasos, amortiguados por la hierba debajo de sus botines, justo frente a dos lápidas. En los grabados se podían ver los nombres: Anika Goldberg-Crowley y Dylan Crowley. Sus padres.
No era el aniversario de sus muertes, pero necesitaba estar ahí. Las últimas semanas se sintieron más infierno que lo usual. Muchas veces iba allí para hablar con ellos, si es que acaso la escuchaban. Le gustaba pensar que sí. Le gustaba pensar que la veían aunque ella no podía verlos a ellos. Que, al menos en ese lugar, podían estar presentes.
Se arrodilló, dejando dos rosas blancas en cada tumba, luego usó ambas manos para limpiar un poco la tierra y hojas de las lápidas.
—Espero que estén bien... Estos días fueron... más duros de lo usual. Quise hablar con Owen, pero, bueno, ya saben cómo es. Al menos ustedes son buenos escuchando. —intentó bromear para evitar sentirse triste, aunque ese sentimiento siempre estaba ahí cada vez que los visitaba. También la culpa y algo de miedo.
—¿ᴾᵒʳ ૧ᵘé ʳᵃᶻóⁿ ᵗᵉ ᵉˢᶜᵘᶜʰᵃʳíᵃⁿ? ᵀᵉ ᵒᵈⁱᵃⁿ. —un susurro que no venía de afuera, sino desde el interior de su cabeza; había aprendido a distinguir eso hacía tiempo. Era molesto. Siempre que estaba allí las voces no dejaban de decirle esa clase de cosas, pero siempre las ignoraba. Sin embargo, estaban especialmente activas hoy.
—ᴇʀᴇs ᴍᴏʟᴇsᴛᴀ. sɪ ᴍᴜᴇʀᴇs sᴇɢᴜʀᴏ ǫᴜᴇ ᴛᴀᴍᴘᴏᴄᴏ ᴠᴀɴ ᴀ ǫᴜᴇʀᴇʀ ᴠᴇʀᴛᴇ.
—¡𝗗𝗲𝗷𝗮 𝗱𝗲 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗻𝘁𝗮𝗿𝗹𝗼❟ 𝗲𝘀𝘁á𝗻 𝗱𝗲𝗺𝗮𝘀𝗶𝗮𝗱𝗼 𝗼𝗰𝘂𝗽𝗮𝗱𝗼𝘀 𝗮𝗿𝗱𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗶𝗻𝗳𝗶𝗲𝗿𝗻𝗼! —Alaska cerró los ojos con esa frase, pues un sonido de interferencia le hizo doler los oídos. Llevó ambas manos a las orejas, quejándose apenas. Las voces empezaron a gritar al mismo tiempo, no podía distinguir demasiado bien, pero eso no quitaba que fuera una horrible experiencia cada vez.
Y, de repente, todo quedó en silencio ensordecedor. Abrió los ojos, notando que su respiración se había acelerado un poco mientras bajó las manos lentamente. Parpadeó una, dos, tres veces. Tenía una sensación extraña. Nunca quedaba tan en silencio, era muy... raro, pero a la vez daba alivio.
—ᴱˢᵗᵃ ᵃ૧ᵘⁱ... —miró alrededor de inmediato, viendo algunas personas a lo lejos, en otras tumbas. Pero no era ninguno de ellos. Fue entonces que giró un poco su cabeza y cuerpo para ver hacia atrás, buscando la respuesta a lo que sea que la voz se refirió.
Angyar Marwolaeth
El sol se estaba poniendo en el horizonte, poco a poco. Los últimos rayos del atardecer daban una luz cálida y preciosa al área. Los árboles y el pasto se veían más verdes y las lápidas con más brillo.
Alaska detuvo sus pasos, amortiguados por la hierba debajo de sus botines, justo frente a dos lápidas. En los grabados se podían ver los nombres: Anika Goldberg-Crowley y Dylan Crowley. Sus padres.
No era el aniversario de sus muertes, pero necesitaba estar ahí. Las últimas semanas se sintieron más infierno que lo usual. Muchas veces iba allí para hablar con ellos, si es que acaso la escuchaban. Le gustaba pensar que sí. Le gustaba pensar que la veían aunque ella no podía verlos a ellos. Que, al menos en ese lugar, podían estar presentes.
Se arrodilló, dejando dos rosas blancas en cada tumba, luego usó ambas manos para limpiar un poco la tierra y hojas de las lápidas.
—Espero que estén bien... Estos días fueron... más duros de lo usual. Quise hablar con Owen, pero, bueno, ya saben cómo es. Al menos ustedes son buenos escuchando. —intentó bromear para evitar sentirse triste, aunque ese sentimiento siempre estaba ahí cada vez que los visitaba. También la culpa y algo de miedo.
—¿ᴾᵒʳ ૧ᵘé ʳᵃᶻóⁿ ᵗᵉ ᵉˢᶜᵘᶜʰᵃʳíᵃⁿ? ᵀᵉ ᵒᵈⁱᵃⁿ. —un susurro que no venía de afuera, sino desde el interior de su cabeza; había aprendido a distinguir eso hacía tiempo. Era molesto. Siempre que estaba allí las voces no dejaban de decirle esa clase de cosas, pero siempre las ignoraba. Sin embargo, estaban especialmente activas hoy.
—ᴇʀᴇs ᴍᴏʟᴇsᴛᴀ. sɪ ᴍᴜᴇʀᴇs sᴇɢᴜʀᴏ ǫᴜᴇ ᴛᴀᴍᴘᴏᴄᴏ ᴠᴀɴ ᴀ ǫᴜᴇʀᴇʀ ᴠᴇʀᴛᴇ.
—¡𝗗𝗲𝗷𝗮 𝗱𝗲 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗻𝘁𝗮𝗿𝗹𝗼❟ 𝗲𝘀𝘁á𝗻 𝗱𝗲𝗺𝗮𝘀𝗶𝗮𝗱𝗼 𝗼𝗰𝘂𝗽𝗮𝗱𝗼𝘀 𝗮𝗿𝗱𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗶𝗻𝗳𝗶𝗲𝗿𝗻𝗼! —Alaska cerró los ojos con esa frase, pues un sonido de interferencia le hizo doler los oídos. Llevó ambas manos a las orejas, quejándose apenas. Las voces empezaron a gritar al mismo tiempo, no podía distinguir demasiado bien, pero eso no quitaba que fuera una horrible experiencia cada vez.
Y, de repente, todo quedó en silencio ensordecedor. Abrió los ojos, notando que su respiración se había acelerado un poco mientras bajó las manos lentamente. Parpadeó una, dos, tres veces. Tenía una sensación extraña. Nunca quedaba tan en silencio, era muy... raro, pero a la vez daba alivio.
—ᴱˢᵗᵃ ᵃ૧ᵘⁱ... —miró alrededor de inmediato, viendo algunas personas a lo lejos, en otras tumbas. Pero no era ninguno de ellos. Fue entonces que giró un poco su cabeza y cuerpo para ver hacia atrás, buscando la respuesta a lo que sea que la voz se refirió.
[Angyar_Marwolaeth]
Tipo
Grupal
Líneas
Cualquier línea
Estado
Disponible