Zelkova frunció el ceño y alzó la vista hacia la bandada que se arremolinaba en una espira sobre los cielos. Un desasosiego le recorrió las entrañas.
●¿Qué agüeros son éstos...?
Contempló las aves por un instante, mas no tardó en colegir la verdad. Aunque le pesase admitirlo, comprendió que sus adversarios velaban sus pasos desde la lontananza, acechándole con sigilo y mala intención.
●¿Qué agüeros son éstos...?
Contempló las aves por un instante, mas no tardó en colegir la verdad. Aunque le pesase admitirlo, comprendió que sus adversarios velaban sus pasos desde la lontananza, acechándole con sigilo y mala intención.
Zelkova frunció el ceño y alzó la vista hacia la bandada que se arremolinaba en una espira sobre los cielos. Un desasosiego le recorrió las entrañas.
●¿Qué agüeros son éstos...?
Contempló las aves por un instante, mas no tardó en colegir la verdad. Aunque le pesase admitirlo, comprendió que sus adversarios velaban sus pasos desde la lontananza, acechándole con sigilo y mala intención.