El viento sobre las grandes montañas era frío. Me acomodaria entre la hierba, buscando una postura donde las placas de mi armadura no se claven en mis costillas. Era extraño estar ahí, vistiendo metal pesado solo para leer, pero en estos páramos la prudencia manda.
Pasaría los dedos entre la página desgastada del libro. Los detalles tan absortos en los antiguos rituales que detallaba la escritura harían perder mis pensamientos por mi menete, por un momento olvidando el peso de mi deber y la razón por la cual estaba ahí.
De pronto, el crujido de una bota contra la hierba rompería mi concentración.
Mantendría el dedo entre las páginas para no perder la lectura y levanto la mirada lentamente hacia el provenir del sonido, dejando que mis ojos se ajusten a la luz del sol.
—Es fascinante lo que se pierde cuando el tiempo se traga la historia
Mi voz sonaría algo ronca por el desuso
—Estaba leyendo sobre los antiguos habitantes de estas ruinas. Tenían una visión de la vida y la muerte mucho más flexible que la nuestra.
Apoyo el libro en mi regazo, sosteniéndolo con cuidado con el
guantelete, y te estudio con atención.
—No esperaba compañía hoy. ¿Qué te trae por este rincón olvidado?
Pasaría los dedos entre la página desgastada del libro. Los detalles tan absortos en los antiguos rituales que detallaba la escritura harían perder mis pensamientos por mi menete, por un momento olvidando el peso de mi deber y la razón por la cual estaba ahí.
De pronto, el crujido de una bota contra la hierba rompería mi concentración.
Mantendría el dedo entre las páginas para no perder la lectura y levanto la mirada lentamente hacia el provenir del sonido, dejando que mis ojos se ajusten a la luz del sol.
—Es fascinante lo que se pierde cuando el tiempo se traga la historia
Mi voz sonaría algo ronca por el desuso
—Estaba leyendo sobre los antiguos habitantes de estas ruinas. Tenían una visión de la vida y la muerte mucho más flexible que la nuestra.
Apoyo el libro en mi regazo, sosteniéndolo con cuidado con el
guantelete, y te estudio con atención.
—No esperaba compañía hoy. ¿Qué te trae por este rincón olvidado?
El viento sobre las grandes montañas era frío. Me acomodaria entre la hierba, buscando una postura donde las placas de mi armadura no se claven en mis costillas. Era extraño estar ahí, vistiendo metal pesado solo para leer, pero en estos páramos la prudencia manda.
Pasaría los dedos entre la página desgastada del libro. Los detalles tan absortos en los antiguos rituales que detallaba la escritura harían perder mis pensamientos por mi menete, por un momento olvidando el peso de mi deber y la razón por la cual estaba ahí.
De pronto, el crujido de una bota contra la hierba rompería mi concentración.
Mantendría el dedo entre las páginas para no perder la lectura y levanto la mirada lentamente hacia el provenir del sonido, dejando que mis ojos se ajusten a la luz del sol.
—Es fascinante lo que se pierde cuando el tiempo se traga la historia
Mi voz sonaría algo ronca por el desuso
—Estaba leyendo sobre los antiguos habitantes de estas ruinas. Tenían una visión de la vida y la muerte mucho más flexible que la nuestra.
Apoyo el libro en mi regazo, sosteniéndolo con cuidado con el
guantelete, y te estudio con atención.
—No esperaba compañía hoy. ¿Qué te trae por este rincón olvidado?
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