Fᴀʙᴜʟᴀᴇ Mᴀʟᴇғɪᴄᴀʀᴜᴍ - ☨ ─────── 〘 P E S T I L E N T I A 〙

Bʀɪsʙᴀɴᴇ, Aᴜsᴛʀᴀʟɪᴀ. ── 7:26 P.M.

Dᴇᴋᴀᴘʜᴀʀᴍᴀ Rx Sᴏʟᴜᴛɪᴏɴs | Bʀᴀɴᴄʜ #00013

Fᴇᴀᴛᴜʀɪɴɢ: Triskaidekaphobia


La hora pico finalmente cedió, mitigando el poco flujo del tráfico en las arterias principales de Fortitude Valley, propiciando así que el corazón del distrito financiero comenzase a vaciarse todavía más conforme el cobijo de la noche arropaba el cielo, ahogando con ello los últimos retazos de la luz del sol que apenas y se colaban entre los edificios. Estos últimos finalmente ensombrecieron por completo las calles, que ahora se iluminaban poco a poco con las luces artificiales de los pequeños comercios que persistían fuera de lo que se podría considerar un horario laboral decente.

En medio de la calle Brunswick, ahora lúgubre y vacía, uno de esos pequeños “comercios” persistía. La más pequeña y olvidada sucursal de Dekapharma; tan solo uno de los tentáculos de un monstruoso conglomerado corporativo que había devorado el ramo farmacéutico en años recientes, sus acciones estallando en valor luego de lanzar al mercado numerosos tratamientos paliativos para el denominado “Virus Rojo” que había azotado y diezmado a la humanidad hace tan solo tres años. Sin cura alguna, pero sí con múltiples opciones para llevar de la mano hasta la tumba a sus afligidos.

Dentro del local, el zumbido eléctrico producido por los balastros de las luces fluorescentes parecía ser el único sonido presente, constante e imperante. Aquello, hasta que en los ductos de ventilación ocultos tras el techo de tablaroca, pareció escucharse un golpeteo rítmico que fue creciendo poco a poco, aproximándose hasta la zona del mostrador. Distante y suave, poco a poco acercándose. Hasta que los balastros fallaron, y las luces comenzaron a parpadear esporádicamente.

Súbitamente, el golpeteo contra la lamina cobró vigor y se volvió incesante. Como si alguien, o algo, buscase su camino fuera de este intentando reventar el metal. Cada vez más, y más cerca. Los tubos de flúor de la iluminación no paraban de centellear, a momentos dejando apenas un par de segundos de escasa y casi nula luz, solo para volver a encenderse con un abrumador fulgor.

Hasta que en lo que pareció ser un agonizante destello que prolongó su tenue y endeble luz por un par de segundos, se pudo apreciar un líquido negro y viscoso como la brea borboteando desde la rendija de ventilación, y derramándose sonoramente sobre el suelo con un sonido húmedo y pesado. Las luces cedieron, y por un minuto que fácilmente podría haberse confundido por una hora, la oscuridad se apoderó del lugar, junto con un silencio ensordecedor.

Una incómoda calma reinó.

Hasta que de pronto las luces parpadearon en una ráfaga cegadora, y como si encontraran su equilibrio, se quedaron encendidas de nuevo. El zumbido de los balastros volvió a ser el sonido de fondo, y todo pareció regresar a la normalidad. Excepto por la imponente figura de una mujer morena, vestida en lo que parecía ser un atuendo de negocios ────más provocativo que formal──── justo frente al mostrador.

De pronto, las puertas corredizas y automatizadas en la fachada del local se abrieron solas, y luego volvieron a cerrarse lentamente, el sonido digitalizado de una campanilla anunciando una entrada que nunca ocurrió. Sathôna se limitó a voltear hacia atrás para ver como se cerraban, y con una sonrisa enérgica y llena de perfidia, devolvió su mirada hacía el frente. Su voz ronca sonaba intrínsecamente como una amenaza, a pesar de la suavidad con la que pronunciaba sus palabras.

────Espero no haber llegado fuera del horario de servicio. Pero incluso en ese caso, seguramente una excepción se podría hacer, ¿no es así? Todos hemos sufrido tanto con lo que ha pasado recientemente, al fin y al cabo …

Fᴀʙᴜʟᴀᴇ Mᴀʟᴇғɪᴄᴀʀᴜᴍ - ☨ ─────── 〘 P E S T I L E N T I A 〙 Bʀɪsʙᴀɴᴇ, Aᴜsᴛʀᴀʟɪᴀ. ── 7:26 P.M. Dᴇᴋᴀᴘʜᴀʀᴍᴀ Rx Sᴏʟᴜᴛɪᴏɴs | Bʀᴀɴᴄʜ #00013 Fᴇᴀᴛᴜʀɪɴɢ: [x_i_i_i] La hora pico finalmente cedió, mitigando el poco flujo del tráfico en las arterias principales de Fortitude Valley, propiciando así que el corazón del distrito financiero comenzase a vaciarse todavía más conforme el cobijo de la noche arropaba el cielo, ahogando con ello los últimos retazos de la luz del sol que apenas y se colaban entre los edificios. Estos últimos finalmente ensombrecieron por completo las calles, que ahora se iluminaban poco a poco con las luces artificiales de los pequeños comercios que persistían fuera de lo que se podría considerar un horario laboral decente. En medio de la calle Brunswick, ahora lúgubre y vacía, uno de esos pequeños “comercios” persistía. La más pequeña y olvidada sucursal de Dekapharma; tan solo uno de los tentáculos de un monstruoso conglomerado corporativo que había devorado el ramo farmacéutico en años recientes, sus acciones estallando en valor luego de lanzar al mercado numerosos tratamientos paliativos para el denominado “Virus Rojo” que había azotado y diezmado a la humanidad hace tan solo tres años. Sin cura alguna, pero sí con múltiples opciones para llevar de la mano hasta la tumba a sus afligidos. Dentro del local, el zumbido eléctrico producido por los balastros de las luces fluorescentes parecía ser el único sonido presente, constante e imperante. Aquello, hasta que en los ductos de ventilación ocultos tras el techo de tablaroca, pareció escucharse un golpeteo rítmico que fue creciendo poco a poco, aproximándose hasta la zona del mostrador. Distante y suave, poco a poco acercándose. Hasta que los balastros fallaron, y las luces comenzaron a parpadear esporádicamente. Súbitamente, el golpeteo contra la lamina cobró vigor y se volvió incesante. Como si alguien, o algo, buscase su camino fuera de este intentando reventar el metal. Cada vez más, y más cerca. Los tubos de flúor de la iluminación no paraban de centellear, a momentos dejando apenas un par de segundos de escasa y casi nula luz, solo para volver a encenderse con un abrumador fulgor. Hasta que en lo que pareció ser un agonizante destello que prolongó su tenue y endeble luz por un par de segundos, se pudo apreciar un líquido negro y viscoso como la brea borboteando desde la rendija de ventilación, y derramándose sonoramente sobre el suelo con un sonido húmedo y pesado. Las luces cedieron, y por un minuto que fácilmente podría haberse confundido por una hora, la oscuridad se apoderó del lugar, junto con un silencio ensordecedor. Una incómoda calma reinó. Hasta que de pronto las luces parpadearon en una ráfaga cegadora, y como si encontraran su equilibrio, se quedaron encendidas de nuevo. El zumbido de los balastros volvió a ser el sonido de fondo, y todo pareció regresar a la normalidad. Excepto por la imponente figura de una mujer morena, vestida en lo que parecía ser un atuendo de negocios ────más provocativo que formal──── justo frente al mostrador. De pronto, las puertas corredizas y automatizadas en la fachada del local se abrieron solas, y luego volvieron a cerrarse lentamente, el sonido digitalizado de una campanilla anunciando una entrada que nunca ocurrió. Sathôna se limitó a voltear hacia atrás para ver como se cerraban, y con una sonrisa enérgica y llena de perfidia, devolvió su mirada hacía el frente. Su voz ronca sonaba intrínsecamente como una amenaza, a pesar de la suavidad con la que pronunciaba sus palabras. ────Espero no haber llegado fuera del horario de servicio. Pero incluso en ese caso, seguramente una excepción se podría hacer, ¿no es así? Todos hemos sufrido tanto con lo que ha pasado recientemente, al fin y al cabo …
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