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แตแตแตแต หขแตโฟหขโฑแตหกแต, แตแตแตสณแตหขโฑóโฟ, หขแตโฑแถโฑแตโฑแต.
El humo del cigarrillo se elevaba con una lentitud casi tortuosa y sin sentido. El tiempo se había ralentizado ahí dentro, en su cuarto. Con la ventana cerrada, el aroma del tabaco se intensificaba cada vez más, pero ella ya no lo sentía. Hacía unos minutos que dejó de sentir nada.
Hubo una discusión en donde ella terminó llorando, de nuevo, y su tío simplemente la dejó por su cuenta tras dar un portazo a la puerta principal. Sola, como lo usual, pero sus pensamientos ya no se quedaban tranquilos, iban a lugares oscuros.
โโโโโโโโโโโโโโโโโโโโโ
๐ถ๐, ๐ฐ ๐๐๐'๐ ๐๐๐๐๐, ๐๐๐ ๐ฐ ๐๐๐'๐ ๐๐ ๐๐ ๐๐๐๐ ๐๐๐๐๐
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โโโโโโโโโโโโโโโโโโโโโ
Seguía sin gustarle el fumar, pero era lo único que hacía que dejara de temblar, de estar ansiosa y que todo empeorara. La nicotina hacía su trabajo por ahora, pero se preguntaba cuánto tiempo tomaría hasta que tuviera que fumar cada vez más hasta que sus pulmones se convirtieran en humo únicamente.
Recostada en su cama, miraba hacia una de las esquinas del cuarto. Una mancha negra se expandía lentamente. Se veía como grasa cayendo desde el cielorraso por las paredes, pero también se ampliaba hacia las costados, como si tuviera vida propia. Y tal vez la tenía. Hacía minutos que un ojo de color púrpura la estaba observando. Nada más, solo mirándola fijo en silencio, parecía estar esperando algo.
—¿Qué debo hacer? —preguntó a la nada, o a lo que la estuviera escuchando—. Estoy cansada... de él... de ustedes... de mí.
El cigarrillo se movía con levedad mientras su boca articulaba cada palabra. Las cenizas caían de a poco sobre las sábanas.
โโโโโโโโโโโโโโโโโโโโโ
๐ซ๐ ๐๐๐ ๐๐๐๐ ๐๐๐๐?
๐ฐ ๐๐๐๐ ๐ฐ ๐ ๐๐'๐
๐พ๐๐๐ ๐๐ ๐๐๐ ๐๐ ๐๐๐๐
๐ซ๐ ๐๐๐ ๐๐๐๐ ๐๐๐๐, ๐๐๐๐, ๐๐๐๐?
โโโโโโโโโโโโโโโโโโโโโ
—...Sí. Es en vano seguir intentando. —su vista se dirigió hacia el cajón de su mesa de noche. Se arrastró apenas en la cama antes de extender el brazo y alcanzar a abrir el cajón. Rebuscó con lentitud antes de sacar el objeto que guardaba por si acaso.
Con el pulgar deslizó la perilla hacía arriba, de a poco revelando la cuchilla de acero inoxidable.
—Es la única forma para que él reaccione. Solo si termino en el hospital me presta atención... —las lágrimas se formaron de nuevo, pero no cayeron— pero dura tan poco... Estoy cansada.
Agachó la cabeza, apoyando el costado de la misma en su brazo izquierdo, el cigarrillo quedó olvidado en la sábana a la cual empezó a quemar de a poco.
—Y no puedo desaparecer sin más... Lo intento y nada funciona. ¿Entonces qué? No tengo a nadie. Si quiero hablar... no puedo... porque estoy mal de la cabeza. —la mano le empezó a temblar incluso antes de acercar la cuchilla a su muñeca.
La cosa en la esquina se movió como quien ajusta más el ángulo para ver mejor, al parecer estaba esperando ese momento.
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๐ซ๐ ๐๐๐ ๐๐๐๐—?
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Quería deslizarla, hacerlo con tanta fuerza que cortara músculo también, no solo piel. Llevar a venas, tendones, ligamentos.
Y es ahí cuando más sola se sentía. Quería ayuda. No de médicos, no de gente que la veía con frialdad o como si fuera una más. Quería ayuda de alguien cercano, que la viera de verdad, como familia, como una amistad real.
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El humo del cigarrillo se elevaba con una lentitud casi tortuosa y sin sentido. El tiempo se había ralentizado ahí dentro, en su cuarto. Con la ventana cerrada, el aroma del tabaco se intensificaba cada vez más, pero ella ya no lo sentía. Hacía unos minutos que dejó de sentir nada.
Hubo una discusión en donde ella terminó llorando, de nuevo, y su tío simplemente la dejó por su cuenta tras dar un portazo a la puerta principal. Sola, como lo usual, pero sus pensamientos ya no se quedaban tranquilos, iban a lugares oscuros.
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Seguía sin gustarle el fumar, pero era lo único que hacía que dejara de temblar, de estar ansiosa y que todo empeorara. La nicotina hacía su trabajo por ahora, pero se preguntaba cuánto tiempo tomaría hasta que tuviera que fumar cada vez más hasta que sus pulmones se convirtieran en humo únicamente.
Recostada en su cama, miraba hacia una de las esquinas del cuarto. Una mancha negra se expandía lentamente. Se veía como grasa cayendo desde el cielorraso por las paredes, pero también se ampliaba hacia las costados, como si tuviera vida propia. Y tal vez la tenía. Hacía minutos que un ojo de color púrpura la estaba observando. Nada más, solo mirándola fijo en silencio, parecía estar esperando algo.
—¿Qué debo hacer? —preguntó a la nada, o a lo que la estuviera escuchando—. Estoy cansada... de él... de ustedes... de mí.
El cigarrillo se movía con levedad mientras su boca articulaba cada palabra. Las cenizas caían de a poco sobre las sábanas.
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—...Sí. Es en vano seguir intentando. —su vista se dirigió hacia el cajón de su mesa de noche. Se arrastró apenas en la cama antes de extender el brazo y alcanzar a abrir el cajón. Rebuscó con lentitud antes de sacar el objeto que guardaba por si acaso.
Con el pulgar deslizó la perilla hacía arriba, de a poco revelando la cuchilla de acero inoxidable.
—Es la única forma para que él reaccione. Solo si termino en el hospital me presta atención... —las lágrimas se formaron de nuevo, pero no cayeron— pero dura tan poco... Estoy cansada.
Agachó la cabeza, apoyando el costado de la misma en su brazo izquierdo, el cigarrillo quedó olvidado en la sábana a la cual empezó a quemar de a poco.
—Y no puedo desaparecer sin más... Lo intento y nada funciona. ¿Entonces qué? No tengo a nadie. Si quiero hablar... no puedo... porque estoy mal de la cabeza. —la mano le empezó a temblar incluso antes de acercar la cuchilla a su muñeca.
La cosa en la esquina se movió como quien ajusta más el ángulo para ver mejor, al parecer estaba esperando ese momento.
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