Envuelto en el fulgor cambiante de las luces y el estrépito embriagador de la música, terminó por abandonar la distante serenidad que solía acompañarla. Y así, como sombra seducida por el fuego, se internó entre la multitud danzante, dejando que el ritmo vibrara bajo sus pasos con una libertad extrañamente humana.
Las risas, el roce fugaz de los cuerpos y el calor palpitante de la noche parecían alimentar una curiosa alegría en ella, quien alzó apenas una copa mientras giraba entre desconocidos con elegante ligereza y cerrando apenas los ojos; permitió que el vértigo de la música la arrastrara también.
Las risas, el roce fugaz de los cuerpos y el calor palpitante de la noche parecían alimentar una curiosa alegría en ella, quien alzó apenas una copa mientras giraba entre desconocidos con elegante ligereza y cerrando apenas los ojos; permitió que el vértigo de la música la arrastrara también.
Envuelto en el fulgor cambiante de las luces y el estrépito embriagador de la música, terminó por abandonar la distante serenidad que solía acompañarla. Y así, como sombra seducida por el fuego, se internó entre la multitud danzante, dejando que el ritmo vibrara bajo sus pasos con una libertad extrañamente humana.
Las risas, el roce fugaz de los cuerpos y el calor palpitante de la noche parecían alimentar una curiosa alegría en ella, quien alzó apenas una copa mientras giraba entre desconocidos con elegante ligereza y cerrando apenas los ojos; permitió que el vértigo de la música la arrastrara también.