𝑨𝒔𝒕𝒐𝒓𝒆𝒕𝒉

El caballero se encontraba solo en medio del vasto campo de flores rojas, esperando. El sol de la tarde teñía todo de un tono cálido y vibrante. Miles de pétalos escarlata se extendían hasta donde alcanzaba la vista, meciéndose suavemente con la brisa ligera que traía un dulce aroma floral. El lugar era hermoso y tranquilo.

Él estaba de pie, vestido con su armadura completa de placas plateadas, pulida pero con algunas marcas de uso que hablaban de batallas pasadas. El metal brillaba bajo la luz del sol. Había dejado el yelmo y la espada apoyados con cuidado sobre una roca plana cercana, junto a su capa doblada. Sin el yelmo, su rostro quedaba expuesto, un cabello negro ligeramente revuelto por el viento, ojos azules oscuros con una mirada caída, casi algo melancólica, y una barba desordenada de unos pocos días que le daba un aspecto algo cansado y descuidado.

Caminó lentamente unos pasos entre las flores, sus botas de placas aplastando suavemente algunos pétalos. Se detuvo, cruzó los brazos sobre el peto de la armadura y levantó la vista hacia el horizonte.

Sus pensamientos iban y venían. Había llegado temprano. La impaciencia lo había traído antes de lo acordado.
[astoreth04] El caballero se encontraba solo en medio del vasto campo de flores rojas, esperando. El sol de la tarde teñía todo de un tono cálido y vibrante. Miles de pétalos escarlata se extendían hasta donde alcanzaba la vista, meciéndose suavemente con la brisa ligera que traía un dulce aroma floral. El lugar era hermoso y tranquilo. Él estaba de pie, vestido con su armadura completa de placas plateadas, pulida pero con algunas marcas de uso que hablaban de batallas pasadas. El metal brillaba bajo la luz del sol. Había dejado el yelmo y la espada apoyados con cuidado sobre una roca plana cercana, junto a su capa doblada. Sin el yelmo, su rostro quedaba expuesto, un cabello negro ligeramente revuelto por el viento, ojos azules oscuros con una mirada caída, casi algo melancólica, y una barba desordenada de unos pocos días que le daba un aspecto algo cansado y descuidado. Caminó lentamente unos pasos entre las flores, sus botas de placas aplastando suavemente algunos pétalos. Se detuvo, cruzó los brazos sobre el peto de la armadura y levantó la vista hacia el horizonte. Sus pensamientos iban y venían. Había llegado temprano. La impaciencia lo había traído antes de lo acordado.
Me gusta
Me encocora
4
1 turno 0 maullidos
Patrocinados
Patrocinados