No era sorpresa que por lo acontecido recientemente, les quedaría cómo obligación abrir la cafetería a ellos dos, cosa que siempre era solo uno junto a la compañía de Thalya, su más fiel compañera cuándo respecta al negocio.
Por ello el milagro de ver a aquel par, desganados cómo nadie más, dirigiéndose a abrir la cafetería en plena mañana, especialmente cuándo se trata de Anyel, quién suele despertar tarde por llegar a altas horas de la noche a casa.
Desde que salieron de casa, a pie, porque escondió su moto de la vista de cualquier enana psicópata, había una sensación distinta pero a su vez familiar. Una presencia parecía haberse instalado nuevamente en su pueblo, una que resultaba sumamente familiar.
—¿También sientes eso? ¿Cómo si tú o Hanary estuvieran en casa de... —Hizo una pequeña pausa, levantó su vista al horizonte, incrédulo, no hubo aviso ni nada parecido, el grupo que tienen en la aplicación de mensajería no tenía ni un solo mensaje sin ver, imposible que llegase sin dar aviso.
Por ello el milagro de ver a aquel par, desganados cómo nadie más, dirigiéndose a abrir la cafetería en plena mañana, especialmente cuándo se trata de Anyel, quién suele despertar tarde por llegar a altas horas de la noche a casa.
Desde que salieron de casa, a pie, porque escondió su moto de la vista de cualquier enana psicópata, había una sensación distinta pero a su vez familiar. Una presencia parecía haberse instalado nuevamente en su pueblo, una que resultaba sumamente familiar.
—¿También sientes eso? ¿Cómo si tú o Hanary estuvieran en casa de... —Hizo una pequeña pausa, levantó su vista al horizonte, incrédulo, no hubo aviso ni nada parecido, el grupo que tienen en la aplicación de mensajería no tenía ni un solo mensaje sin ver, imposible que llegase sin dar aviso.
No era sorpresa que por lo acontecido recientemente, les quedaría cómo obligación abrir la cafetería a ellos dos, cosa que siempre era solo uno junto a la compañía de Thalya, su más fiel compañera cuándo respecta al negocio.
Por ello el milagro de ver a aquel par, desganados cómo nadie más, dirigiéndose a abrir la cafetería en plena mañana, especialmente cuándo se trata de Anyel, quién suele despertar tarde por llegar a altas horas de la noche a casa.
Desde que salieron de casa, a pie, porque escondió su moto de la vista de cualquier enana psicópata, había una sensación distinta pero a su vez familiar. Una presencia parecía haberse instalado nuevamente en su pueblo, una que resultaba sumamente familiar.
—¿También sientes eso? ¿Cómo si tú o Hanary estuvieran en casa de... —Hizo una pequeña pausa, levantó su vista al horizonte, incrédulo, no hubo aviso ni nada parecido, el grupo que tienen en la aplicación de mensajería no tenía ni un solo mensaje sin ver, imposible que llegase sin dar aviso.